por Alberto López Girondo | May 15, 2023 | Sin categoría
Bien dicen que la única encuesta válida es la que se verifica en las urnas. Y también, que los partidos deben jugarse en la cancha y no en los escritorios. El resultado de las elecciones de este domingo en tres provincias dejó en claro que el «cuco» Javier Milei, en el interior del país, no asusta de la misma forma que resuena en los medios concentrados de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y que tampoco la oferta de Juntos por el Cambio es tan deslumbrante como parece desprenderse desde los comunicadores capitalinos. Pero, además, la sorpresiva y cuestionada decisión de la Corte Suprema de Justicia de suspender los comicios en San Juan y Tucumán quizás no hizo sino encender localismo de los votantes de las otras tres provincias, La Pampa, Tierra del Fuego y Salta, que acudieron a expresar su voluntad de manera masiva en favor de los líderes oficialistas, esos que desde el sector «libertario» se tildan de «casta». Hubo, sí, diferencias en cada distrito, y es remarcable que quienes tuvieron más para festejar fueron en el Frente de Todos.
Otro tema previo de «escritorio» fue el cruce por el anuncio del titular del INDEC, Marco Lavagna, de posponer el informe sobre la inflación de abril a este lunes. El argumento era que podía incidir en las elecciones provinciales, ya que se iba a conocer en período de veda. Ante el rechazo generalizado de la oposición, el organismo difundió el lacerante 8,4% de incremento el viernes, como estaba programado. No da la impresión de que hubiera impactado en el resultado final en las provincias. Tal vez porque ya se sentía en los bolsillos desde mucho antes. De todas maneras, este mismo lunes el expresidente Mauricio Macri ocupó las portadas con declaraciones contra el gobierno de Alberto Fernández, señalando que «nunca quisieron bajar la inflación», lo que despertó críticas desde exfuncionarios de su propia administración, como el que fuera vicepresidente del Banco Central, Lucas Llach, que lo acusó de aprietes a la gestión de entonces.
Números
En cuanto a las cartas que se revelaron el domingo, el salteño Gustavo Sáenz obtuvo el 47% de los votos y le sacó 17 puntos al representante de Juntos por el Cambio, Miguel Nanni, que recibió un fuerte apoyo de Patricia Bullrich y quedó a menos de un punto arriba de Emiliano Estrada, que fue con un desprendimiento del oficialismo local. Sáenz cuenta con el aval de Sergio Massa y del kirchnerismo.
En Tierra del Fuego, el gobernador Gustavo Melella superó el 51% de los votos y se ganó el derecho a otro período. Dejó muy atrás también al PRO, que iba con Héctor Stefani y solo cosechó un 11% de los sufragios. El detalle: hubo otro candidato de JxC, Pablo Blanco. Stefani fue como hombre de Horacio Rodríguez Larreta, Blanco como alfil de Bullrich y apenas llegó a 5,63% del electorado. Una candidata que se referencia en Milei, la pastora evangélica Andrea Almirón, superó el 7%, el mayor logro para ese sector en el día.
El dato destacable en la provincia más austral del país es que hubo un 21% de votos en blanco. «Tenemos que reflexionar. A veces la gente se cansa de la mala onda, las discusiones, tenemos que tener la humildad de reflexionar qué pasó», analizó Melella.
En La Pampa se registró la marca más importante para el frente opositor a nivel nacional. El radical Martín Berhongaray, hijo del fallecido dirigente alfonsinista Antonio Berhongaray, sorprendió con un 42% de los votos, apenas cinco puntos menos que el gobernador Sergio Zilliotto, que fue por otro tiempo. El desafiante le había ganado la interna del JxC al PRO a principios de año y repitieron una fórmula con apellidos históricos que en 1983 jugaron por la gobernación con la UCR. Martín Berhongaray fue junto a Hipólito Altolaguirre, hijo de Fernando Altolaguirre.
En San Juan, ante la inhibición de la Corte a un nuevo período de Sergio Uñac, el gobierno decidió realizar las elecciones a diputados e intendentes. El mandatario se atribuyó el triunfo «en el 75% de los municipios» y afirmó que «no pudieron torcer la voluntad de los sanjuaninos». Pero JxC tuvo para el festejo: Susana Laciar destronó a Emilio Baistrocchi de la alcaldía de la ciudad de San Juan y terminó con 16 años de predominio peronista en la capital provincial.
Diferencias internas
La cautelar despertó antiguas rencillas en el oficialismo sanjuanino entre Uñac y el veterano caudillo peronista José Luis Gioja, que cuestionaba el intento del actual gobernador de ir por otro turno. Si bien Gioja cuestionó la decisión del supremo tribunal por extemporáneo y contrario al federalismo, destacó que Uñac «sabía que no podía ser candidato, se lo dijimos en todos los idiomas». Es que la oposición de JxC tiene diferencias internas tanto como las tiene el FdT y en algunos casos impacta en la ecuación final de modo determinante.
Este recurso de escritorio se puede inscribir en el balance general que puede hacerse a esta altura del campeonato electoral de 2023. La UCR sigue siendo un sello de peso en todas las provincias y si el 7 de mayo Gerardo Morales se había consolidado en Jujuy como un líder partidario con aspiraciones nacionales, Berhongaray se mostró ahora como un contendiente a tener en cuenta en La Pampa, ambos más cerca de Rodríguez Larreta que del macrismo puro.
Mientras tanto, Carlos Rovira mantuvo el poder detrás del poder en Misiones y el peronismo riojano se fortaleció al punto de ganar la intendencia capitalina, sin ocultar su notoria cercanía con el kirchnerismo. Los alcaldes de Santa Rosa –La Pampa– Ushuaia, Río Grande y Tolhuin –Tierra del Fuego– vinculados a La Cámpora también ganaron y le dieron aire a ese espacio peronista.
El 16 de abril se había abierto la ronda en Neuquén y Río Negro. En estas ocho elecciones y media los oficialismos –salvo en la provincia de Vaca Muerta, donde se impuso un «nacido y criado» en el MPN de los Sapag, Rolando Figueroa– ganaron con relativa comodidad y además se confirmó la conveniencia de desdoblar elecciones para no tener que enfrentar campañas donde el peso de la disputa nacional embarre la cancha de las gestiones locales. El «mileísmo», por lo demás, solo tuvo con qué en La Rioja mediante un miembro de la familia Menem y algo menos en Tierra del Fuego. La izquierda, en tanto, alcanzó impacto en Jujuy con el diputado Alejandro Vilca, que sumó casi un 14% de voluntades.
De este modo se podría decir que si desde los altoparlantes porteños y las encuestas de todas layas se preanunciaba un «que se vayan todos» por ultraderecha, lo que dejan estos resultados es que se quedan casi todos y el recurso final parece ser apelar a que el sistema judicial intervenga para evitar nuevos escenarios que contradigan esa alternativa.
Revista Acción, 15 de Mayo de 2023
por Alberto López Girondo | Dic 6, 2022 | Sin categoría
La imagen viralizada del jefe de la bancada del PRO, Cristian Ritondo, haciendo un gesto grosero y misógino en la escandalosa y frustrada sesión de Diputados del 1° de diciembre coronó varias semanas en las que la dirigencia de los distintos sectores de la oposición puso de manifiesto unas señales de vocación antipolítica que, al menos desde el riñón de un poder institucional, cuesta encontrar en la Argentina de la democracia. En la sesión fallida, además de la designación de autoridades de la Cámara, previamente acordada, se aprobaría la creación de nueve universidades nacionales. Sin embargo, primó la voluntad de obstaculizar el funcionamiento de un poder del Estado a partir de especulaciones políticas.
Para los corrillos del debate mediático, quizás el que viene dando más cuerda a ese perfil perturbador sea el senador cordobés Luis Juez, quien suele apelar al humor provincial para lanzar dardos contra sus opositores, tanto internos como externos, con suerte habitualmente esquiva. En una cena del sempiterno programa que conduce Mirtha Legrand, Juez lanzó un comentario que recibió una réplica inesperada. Luego de afirmar que «ningún argentino puede decir que la democracia le cambió la vida», con una explícita alabanza al gobierno militar, la filoderechista catalana Pilar Rahola lo interrumpió al aire con un «yo no puedo aceptar esa frase, perdóneme. La democracia siempre salva la vida, respecto a las dictaduras».
A los pocos días, el senador –que pugna judicialmente por un cargo en el Consejo de la Magistratura en representación de la Cámara Alta– se descargó en el canal LN+ con un comentario que incluso excede a la política para cuestionar a todos los nacidos en esta tierra. «Somos jodidos los argentinos. ¡Qué pueblo de mierda! Le exigimos mucho más a un jugador de fútbol que a nuestros propios dirigentes», lanzó tras el partido que el equipo de Lionel Scaloni jugó contra México, del que dependía la clasificación para una nueva ronda en Qatar 2022. Intentó morigerar la situación unos días después añadiendo que él también es parte de esta sociedad, a la que le reclamó que «no reacciona», sin especificar qué tipo de reacción pretende. Todavía se recuerda su paso por la diplomacia vernácula, cuando siendo embajador en Ecuador, en 2017, dijo en una entrevista radial que se había tenido que ir a cambiar la camisa «para que no digan que este mugriento se ve que agarró hábitos ecuatorianos».
No gastar aunque cueste vidas
En el canal TN, el «libertario» Javier Milei también alborotó a la audiencia cuando explicó su voto negativo a un proyecto de ley para la ampliación del Programa de Cardiopatías Congénitas destinado a la detección precoz en embarazadas. «Implica más presencia del Estado interfiriendo en la vida de los individuos e implica más gastos. Eso no funciona así», dijo, para concluir que había rechazado el proyecto «en función del ideario liberal».
Milei siempre avisó cuál es ese ideario, el que alguna vez le permitió expresar su acuerdo con la venta de niños y de órganos por eso del «libre marcado». Pero tiene sus contradicciones. Por un lado define a los miembros del Legislativo como una «casta» que vive del erario público y justificó su candidatura en la promesa de terminar con esa «lacra» desde adentro. Una vez ganada su banca, sorteó su sueldo de diputado como si fuera una tómbola. Pero no puede escapar al reproche de que no cumple con la tarea por la que, quiera o no, le pagan: el récord que le anotan es de 41 faltas al Congreso este año y asistencia en solo 25 debates.
En esto de las ausencias, el expresidente Mauricio Macri fue uno de sus mayores exponentes. En 2006, cuando era diputado por la Ciudad de Buenos Aires, un año antes de asumir como jefe de Gobierno porteño, un informe de la Cámara Baja halló que de 321 votaciones había faltado a 277. Su explicación fue que el Congreso es «un sitio en el que no se debaten ideas» y hasta llegó a decir que se aburría. El fundador del PRO también se suele ir de boca –no del club que presidió entre 1995 y 2008, por cierto– y antes de viajar al Mundial como titular de la Fundación FIFA, puso entre los candidatos a ganar la copa a Alemania, con el argumento de que es una «raza superior». Fueron dos errores seguidos: tuvo que decir que no quiso decir lo que dijo y luego recibió burlas por el pronto regreso del conjunto germano del país árabe. El exmandatario es el mismo que dijo que en Argentina no hay modo de ganar dinero como empresario si se pagan todos los impuestos.
El diputado Gerardo Milman también tuvo su cuarto de hora de fama. Dueño de una verborragia muy particular en cada uno de los varios partidos que integró, a principios de este año llamó a ir a Ucrania a luchar en defensa de ese país ante la incursión rusa. Desde fines de octubre su nombre aparece en las pantallas por una frase que le atribuyen sobre el atentado a Cristina Fernández, pero sus mayores problemas hasta ahora pasan por el manejo discrecional de su cargo.
En un caso, en el Ministerio de Seguridad, donde fue el brazo derecho de Patricia Bullrich y contrató a una ex miss Argentina como jefa de la Escuela de Inteligencia Sobre el Delito y a la hermana de la joven como jefa de la Dirección de Inteligencia Criminal. Sin antecedentes que justifiquen ambos puestos, pero con amplio manejo de fondos reservados de acuerdo con las normativas del Gobierno macrista.
Donde más políticamente –y hasta familiarmente– comprometido está Milman es, en cambio, un incidente de tránsito de una mujer que circulaba con un automóvil sin documentación en regla y sin registro de conductora. La dama llamó a Milman, que se presentó de inmediato con el documento que acredita su banca para asegurarles a los agentes de la policía porteña que el auto era de él y ella era su mujer. El vehículo no está a nombre de Milman y en su libreta de casamiento tampoco figura la mujer en cuestión, que ocupó varios puestos en el Gobierno porteño. El caso está a tratamiento de la Cámara Baja por pedido del fiscal que intervino, César Troncoso. El hecho se registró en abril pero trascendió recién ahora. El legislador culpa de la difusión al alcalde porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que compite en la interna del PRO a la presidencia de la Nación con Bullrich, quien a su vez intenta tejer lazos con Milei para ampliar su base de sustentación en 2023.
Revista Acción, 6 de Diciembre de 2022
por Alberto López Girondo | Ago 24, 2021 | Sin categoría
La sociedad argentina está a las puertas de unas elecciones que se desarrollarán en un contexto inédito, en medio de una pandemia y sus consecuencias sanitarias, sociales y económicas. Se dispone a someter al escrutinio ciudadano dos años de un gobierno al que esta situación limitó fuertemente en su margen para poner en marcha el programa que había prometido en las presidenciales de 2019. El COVID-19, cuando apenas el presidente Alberto Fernández pronunciaba su primer discurso de apertura de sesiones parlamentarias, en marzo de 2020, trastocó cualquier plan no solo en la Argentina; pero golpeó doblemente a un país que venía en picada luego de la experiencia de Mauricio Macri en la Casa Rosada. Como hace dos años, en estos comicios de medio término lo que está en juego es el modelo de país, entre un proyecto neoliberal que ya se aplicó en varias etapas del pasado reciente, y otro que en esta gestión aún no pudo mostrar todas sus cartas. Todo con el telón de fondo de un incremento fenomenal de la pobreza y la indigencia de la mano de una fuerte inflación que provoca una situación social preocupante en los grandes centros urbanos.
Pero esa discusión no es la que aflora mayoritariamente en el debate político o en los medios. Gran parte de la dirigencia –la que encuentra más minutos en los medios audiovisuales, sobre todo– parece envuelta en culparse mutuamente por actitudes reñidas con las buenas prácticas del manejo de la cosa pública –como festejos de cumpleaños en Olivos o en la casa de la exdiputada Elisa Carrió violando restricciones sanitarias– que en delinear un horizonte en el que «inclusión» no sea solo una palabra políticamente correcta. Sin embargo, los temas que afectarán no solo el futuro cercano sino el de las generaciones por venir están ahí, en la urgencia por tomar decisiones que impactarán en el bolsillo, pero fundamentalmente en los proyectos de vida de todos los que vayan a las urnas.
Siembra peligrosa
Hubo muestras de desencanto en los comicios que se realizaron este año en dos provincias norteñas. La asistencia a las urnas se estancó en un 65% mientras se registró un incremento del voto en blanco (12,1% en Jujuy y 5% en Salta). A esto se le puede agregar el crecimiento que destacan varias encuestas del voto juvenil hacia los candidatos mal llamados libertarios, que representan el extremo derecho del arco político, en general expresado de modo violento, una postura que sorprende y que con sus diferencias de «presentación» encarnan candidatos como Javier Milei en CABA y José Luis Espert en la provincia de Buenos Aires. Estas figuras, y otras con posturas similares, muestran una escalada preocupante de violencia discursiva, multiplicada en los medios de comunicación, donde no faltan expresiones de convalidación hacia estas peligrosas tendencias que lamentablemente encuentran terreno fértil en algunos sectores de la población.
Es cierto que la economía viene saliendo del estancamiento en el que cayó en lo peor de la pandemia, cuando aún no se había recuperado de la crisis desatada por la gestión de Macri. Pero en lo inmediato, todavía esos resultados parecen distantes y no llegan a impactar en amplias franjas de la sociedad.
Las sucesivas crisis que padeció la sociedad desde, por poner un punto de partida, el Rodrigazo de 1975, pasando por la hiperinflación de los 80, el estallido de la convertibilidad en 2001/2002 y la crisis de 2018 durante el macrismo, marcan a fuego a los ciudadanos más añejos, pero también repercuten en los que se inician en el ejercicio del voto. En el mensaje mediático hegemónico y en la información que circula en redes y canales de internet predomina el desaliento («Fulano de Tal se fue del país y triunfó en el exterior») o el discurso antisistema extremo. Ya sea que se identifique al sistema como el Estado que impide circular, que elabora y pone en marcha un gigantesco plan de vacunación o que, incluso, tiene el monopolio de las regulaciones. Algunas de esas ideas «libertarias» implicarían el regreso a una etapa pre democrática.
Herencia maldita
La vicepresidenta Cristina Fernández mantiene un protagonismo central que se corrobora en cada aparición pública, cada vez más frecuentes desde que decidió meterse de lleno en la campaña electoral. Su intento por discutir otra agenda no encuentra un eco demasiado notable del otro lado de la «grieta» ni entre las cúpulas empresariales. A pesar de que, más allá de lo que se piense sobre sus objetivos, son los temas que preocupan en la población.
Como señala CFK, ningún país inmerso en las cifras astronómicas de la inflación y la pobreza de Argentina pudo salir de ese brete sin un compromiso de todas las fuerzas políticas detrás de ese objetivo. Y un acuerdo con el FMI que no termine de asfixiar a la población depende también de consensos básicos entre las mayorías determinantes de la política nacional. Un modelo de país, parafraseando a la expresidenta, significa un proyecto inclusivo y requiere crear condiciones para generar empleos registrados y un proceso virtuoso de la economía en general.
No todos los empresarios se avienen sin más a los planteos neoliberales que defienden los grandes grupos que comandan la Unión Industrial Argentina. Las diferencias más explícitas se escuchan de boca del actual presidente del BICE, José de Mendiguren, crítico feroz de la dirigencia de la UIA, entidad a la que alguna vez dirigió durante los gobiernos de Carlos Menem y de Néstor Kirchner.
Otro empresario, el textil Teddy Karagozian, tal vez el más grande en ese sector de la industria nacional, declaró que no votó a Alberto Fernández, como sí lo había hecho con Macri cuatro años antes. Pero durante el Gobierno anterior terminó por cerrar algunas de sus plantas, diseminadas en varias provincias, y pensar en expatriar su producción. «Me entusiasma que se haya comprendido que un país no crece si no trabaja. El sector industrial es la amalgama de toda la economía», dijo estos días en una entrevista en Radio con Vos. «Este Gobierno ha mandado señales inequívocas para fomentar la producción y generar más trabajo», añadió, para culminar que «las empresas estamos yendo por otro lugar de donde está la noticia. La discusión hoy es muy pobre».
Macri, ahora también metido a pleno en la campaña, representa a ese proyecto de Argentina que en los hechos cerró fuentes de trabajo y volvió al ciclo de «asistencia» del FMI, del que el país parecía alejado tras el interregno kirchnerista. Tanto la deuda externa como la pobreza y la desindustrialización siguen siendo la herencia maldita de la dictadura. Y es la cuenta pendiente de la democracia.
En Estados Unidos la denominación más corriente para cada gobierno es «administración». Hubo una «administración Trump» como desde enero de este año hay una «administración Biden». Lo que en el fondo esconde la palabra es que una presidencia no se propone cambios profundos desde la Casa Blanca. Es la ratificación de que la política, para el establishment estadounidense, consiste en administrar lo que hay y «no hacer olas». En la Argentina, en cambio, el debate de fondo es si la dirigencia se contenta con administrar las sucesivas crisis o se juega a utilizar la política como herramienta de cambio.
Revista Acción, 24 de Agosto
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