por Alberto López Girondo | Mar 21, 2017 | Sin categoría
Mackie Messer (El Navajas) pasó a la historia no solo por ser un personaje clave de la Ópera de tres centavos de Bertolt Brecht, sino por una frase con la que pretende justificarse minutos antes de ser ahorcado. «¿Qué delito es robar un banco comparado con fundarlo?» Y al menos desde la quiebra del Lehman Brothers, en septiembre de 2008, los grandes bancos no hicieron sino corroborar ese aserto por sus oscuros procedimientos para hacer dinero más allá de todo límite. La parábola podría cerrar con el escándalo de los Panamá Papers, donde claramente aparecen los mismos bancos que hace casi diez años llevaron al mundo a la mayor crisis económica desde 1930.
Pero últimamente grandes marcas industriales se encolumnan en las mayores investigaciones judiciales de varios países por manejos copiados del capitalismo financiero: manipulación de datos, sobornos, evasión y hasta lavado de dinero. Los que descuellan por estos días son la alemana Volkswagen, el segundo mayor fabricante de autos del mundo; Samsung, el coloso de la electrónica coreano; Odebrecht, la constructora brasileña; y Airbus, la trinacional europea productora de aviones comerciales. Pero no son los únicos, ni habrán de ser los últimos seguramente.
En el caso de las instituciones financieras, es bueno mencionar que desde aquel aciago 2008 pagaron la friolera de 321 mil millones de dólares de multas (la mitad del PBI argentino) por delitos detectados por organismos de control estadounidenses, según datos del Boston Consulting Group.
En la lista están el Deutsche Bank, el Credit Suisse, el JP Morgan Chase, el HSBC, el ING, el Lloyds, el ABN AMRO, el Barclays y, más recientemente, el BNP Paribasy el Commerzbank. Que hayan preferido pagar a las autoridades reguladores antes que someterse a juicio indica que el riesgo de pasar por el banquillo es mucho mayor, y no solo a nivel monetario.
Para tener una idea de lo que significa este proceder valga contar que en España hay más de 200 banqueros acusados de delitos económicos. Algunos, como los titulares del Santander, Emilio Botín –ya fallecido– o Emilio Yebra, expresidente del BBVA, fueron acusados de delitos fiscales, otros como el extitular del FMI y ministro de Hacienda español Rodrigo Rato, por utilizar tarjetas de crédito no declaradas cuando fue directivo del Bankia, aunque también enfrenta cargos por haber llevado esa entidad a la bancarrota.
Pero las empresas industriales, esas que se dedican a elaborar productos tangibles, se ven sometidas cada vez más a ese mismo tipo de escrutinios judiciales.
Un caso flagrante es el de Volkswagen, que también prefirió pagar 23 mil millones de dólares a organismos estadounidenses antes que explicar por qué había fraguado un equipamiento electrónico que aseguraba un nivel mínimo de contaminación en motores diesel para burlar los controles oficiales de emisiones. Cuando se detectó la maniobra, el presidente de la compañía, Martin Winterkorn, se cargó todas las culpas y renunció para no profundizar el escándalo. Ya se habían vendido 11 millones de vehículos en todo el mundo, 600 mil solo en EE UU. Este miércoles la canciller alemana, Angela Merkel, tuvo que pasar por una comisión parlamentaria para rendir cuentas, ya que la firma tiene participación estatal. Allí dijo que no supo nada del caso sino hasta que estalló en la prensa, a fines de 2015.
En América Latina el caso Odebrecht resuena en los despachos de cientos de dirigentes políticos, con o sin mandato actual, luego de la orden de los propietarios de la compañía brasileña, un gigante de la construcción que tiene intereses también en la industria química, para que los ejecutivos involucrados en la causa Lava Jato ingresen en el sistema de delación premiada . O sea, que prendan el ventilador en la fiscalía a cambio de morigerar las penas que le cabrían.
En estos días el fiscal Rodrigo Janot tiene en sus manos un frondoso expediente con las declaraciones de casi 80 directivos que salpican a prácticamente toda la dirigencia brasileña, sin distinción de lengua, raza o religión (ver página 23). Pero también involucra a dirigentes de una docena de países de la región e incluso del África lusoparlante. La empresa también pagó multas –2600 millones de dólares en EE UU, Suiza y Brasil– tras reconocer que pagó sobornos. De todas manaeras su presidente, Marcelo Odebrecht, continúa preso y difícilmente eluda el proceso judicial.
La operatoria también roza al expresidente peruano Alejandro Toledo y al colombiano Juan Manuel Santos. Todavía en Argentina no se conocen todos los alcances, aunque ya tocó al jefe de los espías, Gustavo Arribas y a la empresa del primo del presidente, Angelo Calcaterra.
Al mismo nivel presidencial, pero en la lejanía, descuella el hecho que le costó el cargo esta semana a la primera mandataria de Corea del Sur, Park Geun-hye y que llevó tras las rejas al vicepresidente de Samsung, Lee Jae-yong, hijo y heredero del fundador de este enorme conglomerado orgullo de la tecnología de su país.
La mandataria tiene –o tenía, quién sabe– una amiga y confidente, Choi Soon-sil, maliciosamente apodada «la Rasputina». La investigación judicial determinó que Soon-sil le había pedido fuertes sumas de dinero a Jae-yong a cambio de facilitarle la resolución de ciertos asuntillos necesarios para el crecimiento de la empresa. Según parece, le habría dado unos 40 millones de dólares para, entre otras cosas, financiar en Alemania el entrenamiento de jinetes surcoreanos. Una de las amazonas es hija de Soon-sil. A cambio de tamaño altruismo, Samsung recibió el aval para la fusión de sus dos unidades de negocios, Cheil Industries y C&T.
Fiscales financieros de Francia y Gran Bretaña, a su vez, investigan desde hace algunas semanas el presunto pago de sobornos para «aceitar» la venta de aviones Airbus en distintas partes del mundo. Airbus Group integra el selecto club de miembros de la industria aeroespacial y de defensa y surgió en 2000 de la fusión de la alemana Daimler-Benz Aerospace AG, la francesa Aerospatiale-Matra y la española CASA.
A mediados de febrero, el gobierno de Austria se sumó a este embate judicial con una demanda por la venta hace 15 años de aviones caza Eurofighters. Argumenta que las autoridades fueron víctimas de un «engaño fraudulento» y reclaman el pago de 1100 millones de euros en daños. Por ahora Airbus dice que no hubo dolo y que no piensan pagar.
Tiempo Argentino
Marzo 19 de 2017
por Alberto López Girondo | Abr 1, 2016 | Sin categoría
El presidente del Banco Credicoop y diputado nacional del Partido Solidario por la Ciudad de Buenos Aires pasa revista a la situación política y económica del país. A más de cien días de la asunción de Mauricio Macri, Carlos Heller destaca, para empezar, que no hay demasiados motivos para sorprenderse. «Tengo algunas notas y entrevistas que me hicieron antes de las elecciones donde anticipo qué podía pasar si ganaba Cambiemos y creo que es lo que está pasando –señala–. Más allá de algunos giros demagógicos de los últimos días de la campaña, uno podría decir que lo que está haciendo Macri es lo que anunció. Por un lado, lo que ellos llaman ´entrar en el mundo´, que es abandonar la política de relaciones regionales como eje principal de nuestro posicionamiento internacional y cambiarlo por algo que no llamarán ´relaciones carnales´ pero que se trata de eso, de relaciones privilegiadas con Estados Unidos y Europa. Macri dijo todo el tiempo que creía en el mercado y que había que desregular, liberar el tipo de cambio, que había que abrir la economía al comercio mundial, que había que eliminar las restricciones que, según ellos, ahogaban a la economía, y habló de eliminar y bajar las retenciones; también dijo que había que pagarles a los buitres al contado y ´normalizar´ las relaciones con el FMI. Hizo casi todo lo que dijo que iba a hacer».
–En el gobierno decían que luego de las primeras medidas iba a aparecer una lluvia de dólares para mover la economía y nada de eso sucedió. ¿Diría que hay un plan económico o van a los tumbos?
–Cuando se leen las cosas que se dijeron en la época de la dictadura con José Alfredo Martínez de Hoz, lo que se dijo en los 90, uno ve que se repiten los eslóganes acerca de lo que quieren corregir y las bondades de lo que va a venir, con alguna adecuación a los cambios de lenguaje y de época. Todos ellos hablaron de achicar el Estado y agrandar la nación, todos han hablado de que el principal problema es la inflación y de que se la combate con políticas monetarias. No sé si hay un plan o van a los tumbos, lo que sí sé es que los ejes hacia donde van están establecidos. Después plantean lo que para mí son antinomias falsas, como eso de shock o gradualismo. Como dicen los chicos, si esto es gradualismo, el shock dónde está… En definitiva, creo que están cumpliendo con los ejes de lo que plantearon, desde un gobierno armado con ejecutivos de las corporaciones. En el ultimo coloquio de idea, Macri, aún candidato, dijo: «El año que viene, si gano, vamos a estar acá todos juntos porque vamos a estar tomando decisiones compartidas».
–Aparte del sistema de alianzas empresarias hay también un sistema de alianzas políticas con sectores del peronismo, y el grueso del fpv aparece como verdadera oposición. ¿Lo ve así?
–Tengo claro que se ha conformado una gran coalición aunque no se la ha explicitado así. Una coalición que comparte los ejes centrales de este proyecto, más allá de los discursos. Lo vimos en el debate por el pago a los fondos buitre, cuando algunos decían «los buitres son carroñeros, se negoció mal, es un acuerdo horrible, estamos pagando más de lo que se debe pagar, pero es necesario, hay que asumirlo y no hay más remedio». Desde luego que los legisladores oficialistas no pueden decir lo mismo, pero el que no está en el gobierno se cuida para decir algún día «yo no estuve de acuerdo, yo fui alternativa a eso».
–¿Por dónde pasarían entonces las grandes líneas divisorias?
–Creo que más allá de los sellos, el gran agrupamiento tiene que ver con esos ejes: alineamiento internacional, rol del Estado, política de derechos humanos, rol del mercado interno, política de distribución del ingreso. Con eso uno puede determinar dónde están alineadas las fuerzas políticas, lo demás es follaje. Cuando alguien dice que hay que votar esta ley porque así van a venir los capitales que estamos necesitando, que así vendrá la lluvia de dólares, el bienestar y se van a generar puestos de trabajo, yo digo que es lo mismo que se viene diciendo desde 1976, con la única interrupción de los primeros años de Raúl Alfonsín. Esto es algo que recordaba estos días al revisar las Memorias del banco de 1979 a la fecha. Es notable cómo se repiten estos discursos, excepto cuando asumió Alfonsín, que dijo lo mismo que decimos nosotros sobre una política independiente, revisar la deuda externa, suspender el pago de la deuda, discutir nuestras relaciones con el fmi. Me acuerdo cuando el entonces ministro de Economía, Bernardo Grinspun, enfrentó al FMI, pero después todo se vino abajo con el Plan Austral.
–Los gobiernos populares de la región sufren furiosos ataques. ¿Cuál es su análisis de esta situación?
–No es casual la judicialización de la política en la Argentina, Brasil, incluso Venezuela. Hay un eje común y está claro que estamos en presencia de una contraofensiva destinada a romper una alianza regional que había avanzado muchísimo. Esa política no ha tenido posibilidad de consolidación debido a muchos factores internos y también por la pérdida de líderes, que eso también juega. Y porque, además, como dice Álvaro García Linera, es una idealización creer que los proyectos son siempre positivos y siempre se trata de ganar y ganar, porque eso es suponer que del otro lado no hay nada.
–Y lo que está del otro lado…
–Claro, lo que está del otro lado es lo hegemónico, lo que domina. Creo que no hay que vivir estas situaciones como derrotas sino como parte de ese proceso en el que probablemente haya retrocesos, pero también es cierto que nuestros pueblos han hecho una experiencia concreta en estos años y han asumido derechos. Para mucha gente, a esos derechos no se los puede tocar nadie y quizás cuando comprueben que sí se los pueden tocar, modifiquen sus posicionamientos políticos. Los gobiernos de derecha no vienen a generar bienestar ni pleno empleo ni pobreza cero. En una campaña no hay que discutir los qué sino los cómo, porque nadie te va a decir «vengo a aumentar el desempleo, a incrementar la pobreza, a destruir la salud y la educación».
–Muchos de los ataques se basan en denuncias por corrupción. ¿Cómo impacta esa circunstancia en estos proyectos políticos?
–Yo diría que no hay una corrupción de izquierda y una de derecha. Es un fenómeno en sí mismo, pero las corporaciones mediáticas no tratan igual a los fenómenos de corrupción de España que a los de Brasil. No tengo ninguna duda de que todo lo que sea ilegal debe ser sancionado con severidad, venga de donde venga. Jamás diría que estoy a favor de nada que sea ilegal o corrupto, lo que pasa es que soy prudente, reacio a comprar todo lo que me dicen. Cuando algún ilusionista mediático pone una pick up con bolsas de consorcio negras y me dice «ahí va el dinero de los Kirchner», lo que hay es ilusionismo. Ahora, digo yo: se habla muy poco de los negociados de los amigos del poder, parece que no fueran tan graves. Pareciera que para determinados formadores de opinión, el tratamiento de la corrupción tiene una vara distinta, se mide de una forma bastante diferente. Hay que ser cuidadoso, a mí que se investigue la corrupción me parece bien, ahora que el que investiga sea un juez que va a las marchas contra el gobierno, como sucedió con Lula da Silva en Brasil, me parece inaceptable. A nuestro gobierno le parece mal que haya funcionarios que sean militantes políticos y sin embargo no le parece mal que haya jueces militantes, siempre y cuando militen para ellos.
–Al descontento en Brasil con el PT se suma que en Bolivia el gobierno perdió un referendo y en la Argentina ganó la derecha.
–Creo que son situaciones distintas. Evo no perdió una elección sino la posibilidad de volver a presentarse. Esto no quiere decir que si se presentara no sería votado. Aquí, Daniel Scioli perdió pero no estoy seguro de que Cristina hubiera perdido si era candidata, lo digo aceptando las reglas de juego que establece la Constitución Nacional. Además, el impacto de lo mediático es de una importancia notable. La construcción de sentido común que realizan los medios hegemónicos es fenomenal. Todo termina entrando en una lógica terrible donde el imaginario popular colectivo consume determinadas cosas que aunque la gente sepa que se las están exagerando, piensa que todo no puede ser mentira. También creo que hay cosas que en la Argentina se podrían haber hecho mejor y que habrían evitado la irritación de muchos sectores.
–¿Cosas como cuáles?
–El impuesto a las ganancias. Mediante un decreto se liberó del pago a todos los que ganaban menos de 15.000 pesos a agosto de 2013 y dejó afuera a un 10% de los trabajadores registrados en relación de dependencia y a los que entraron después de ese día. Para esos trabajadores lo que quedó estaba lleno de arbitrariedades. Eso se pudo haber resuelto sin un costo fiscal importante, lo que habría evitado el mal humor de ese 10%, de ese millón de personas. Cuando uno mira el resultado electoral puede pensar que eso tuvo un peso importante. También se pudo haber resuelto mejor el tema de las economías regionales. El problema de la producción de frutas del valle de Río Negro o las aceitunas de La Rioja o la vitivinicultura se podía haber resuelto con una política diferenciada. Hay herramientas que no requieren afectar a toda la economía con una devaluación del 60% y que permiten resolver situaciones concretas. Eso habría generado seguramente mejor humor en mucha gente que estoy seguro de que votó contra sus intereses y que, con el paso del tiempo, irá tomando conciencia de ello.
–¿Cómo ve el futuro cercano, con las paritarias en ciernes, en medio de inflación y desempleo crecientes?
–Las devaluaciones tienen como objetivo cambiar los precios relativos principalmente para que uno de esos precios, que es el del trabajo, se atrase con respecto a los otros. Para que sea exitosa, la devaluación tiene que generar atraso salarial, por eso ellos ponen metas de inflación y dicen que los salarios se van a ajustar hacia adelante según una banda de entre 20% y 25%. Esto sería una enorme pérdida de poder adquisitivo del salario y es lo contrario de lo que se hizo en los doce años anteriores, donde a través de paritarias libres se recompuso con creces el valor del salario. Por otro lado, hay que preguntarse por qué hay inflación.
–¿Usted se refiere a las causas?
–Yo siempre digo que la inflación es a la economía lo que la fiebre a una persona. Vos no te enfermás de fiebre, tenés fiebre y el médico te diagnostica para darte el remedio. Con la inflación pasa lo mismo, no se la puede atacar sin decidir cuál es el diagnóstico. Para los monetaristas, para los defensores del mercado, la inflación es producto del exceso de demanda y del exceso de liquidez y moneda. Para nosotros es fundamentalmente producto de la puja distributiva. Tenés políticas públicas de recomposición del salario y no tenés políticas suficientemente eficaces para impedir que todo vuelva a los precios, entonces los precios recuperan parte de lo que mejoró el salario de la gente. Este gobierno puede tener éxito en reducir la inflación, como pasó en los 90. Porque si el poder adquisitivo se achica, en un punto los precios tienen que dejar de aumentar porque cae el consumo. Ya la rentabilidad se incrementó vía devaluación, entonces puede darse que la inflación comience a disminuir, lo que puede no ser una buena noticia para la ciudadanía. Porque puede haber una economía con poca inflación y un poder adquisitivo reducido, menos posibilidades de comprarse cosas y además con mucha más gente sin trabajo. Es cierto que la inflación tiene toda la mala prensa del mundo, y yo digo ahora que puede ser que tengan éxito con la política antiinflacionaria, pero el costo va a ser altísimo en términos de políticas de distribución, en pérdida de puestos de trabajo y en achicamiento del producto bruto, pero si todo se achica también se achica el ingreso fiscal. En un país donde el 70% del presupuesto es gasto social, ¿a dónde van a ir a recortar? A las jubilaciones, a los servicios sociales. Ya hay señales en tal sentido.
–En el marco del sistema de alianzas del que hablaba antes, ¿cómo ve a la oposición real al gobierno?
–Es prematuro decirlo. Insisto en que se ha armado una gran coalición superestructural de fuerzas que no aceptaron hacer una gran paso, pero no fue por cuestiones ideológicas. Podrían haber estado en el mismo combo tranquilamente, por lo tanto no veo grandes diferencias entre ellos. El resto va estar representado por los que creemos que el rumbo anterior era bueno y eso va a ir conformándose. Probablemente todavía estemos viviendo una etapa en que los gobernadores son chantajeados y a su vez presionan a los legisladores. Creo que se trata de un proceso de reacomodamiento que hay que ver cómo termina. Me parece que el espacio de lo que es el Frente para la Victoria y sus aliados, aun con alguna merma que pueda darse en estos reacomodamientos, será la referencia de quienes creemos que el proyecto kirchnerista era un proyecto bueno y positivo, lo cual no quiere decir que fuera perfecto. Quiere decir que el rumbo era el correcto.
Revista Acción
Abril 1 de 2016
La foto es de Jorge Aloy
por Alberto López Girondo | Ago 14, 2015 | Sin categoría
La noticia volvió a ser la moneda china. Por tercer día consecutivo las autoridades económicas corrigieron el tipo de cambio, que suma alrededor de un 5% de caída en tres días. Una decisión que despertó todos los fantasmas de una profundización de la crisis económica que asola en los países desarrollados desde 2008 y que ahora podría estar extendiéndose a los emergentes, del que China es como un faro.
Para los popes de la entidad monetaria china, estaría «concluida en lo esencial» la tarea de fijarle un nuevo valor al renminbi en relación con el dólar. Una medida que, aclaran, es técnica porque lo que se hizo fue cambiar el modo en que se fija el tipo de cambio.
Ningún procedimiento económico es neutro. Sobre todo para ese genérico que se denomina «mercados», que como se sabe, son entes esencialmente temerosos hasta la histeria y quedaron aterrados con la idea de que estalle una guerra de divisas que desnude la debilidad actual del sistema capitalista. Por eso cayeron las bolsas en todo el mundo, aunque luego vieron señales de que o todo podría mejorar a un plazo relativamente corto o, quién sabe, encontraron nichos dónde obtener ganancias rápidas con un toma y daca en un clima de zozobra.
Por lo pronto, el que habló desde Beijing, señala un cable de la agencia oficial Xinhua, fue Zhang Xiaohui, vicegobernador del Banco Central de China (BCCh), quien dijo que el yuan ahora debería «permanecer fuerte a largo plazo» y quitó expectativas de otra devaluación como las que desde el martes levantan tensiones en todos los rincones del planeta.
Zhang justificó las medidas correctivas en que la cotización de la divisa que ostenta el rostro de Mao Zedong había estado demasiado tiempo «alejada del valor real del mercado». Una forma elíptica de mostrar el hecho que se había estado revaluando contra las monedas fuertes.
Durante los últimos meses, en paralelo con la crisis por la deuda griega, el renminbi se espejó con el dólar pero con relación a la moneda europea, su valor creció un 20%, lo que dificultaba el ingreso de productos chinos en el mercado más apetecible y del que proviene una parte sustancial de inversiones y tecnología.
Mientras el crecimiento de China fue explosivo, todo parecía marchar sobre rieles, aunque las protestas por la forma en que el gigante asiático fijaba el valor de cambio estaban a la orden del día. Pero desde 2010 ese crecimiento se fue desacelerando. Un poco porque el gobierno decidió dejar de ponerle gas al desarrollo para privilegiar inversiones sociales, y otro poco porque el resto del mundo no es precisamente un jardín de flores.
Algunos datos ayudan a entender este panorama. Si bien la inversión extranjera directa (IED) fue un 5,2% mayor que el año pasado, la cifra es significativamente menor que en años anteriores. De todas maneras, casi el 20% de esa inversión proviene de la Unión Europea.
Para algunos analistas, la señal de alarma sobre la situación china la dio la baja en las exportaciones, que entre julio de 2014 y julio de 2015 cayeron un 8,3% y de importaciones, un 14,3 por ciento. El otro dato fue que la producción industrial creció en 12 meses un 6%, mucho menos de lo esperado, al igual que el gasto estatal en infraestructura, que lo hizo «apenas» el 11,2%, el nivel más bajo desde el año 2000.
Cierto que para economías a escala humana estos números distan de ser exiguos. Para quien mira el mundo desde este lugar modesto del sur de América, este debate por una baja de tres o cuatro puntos podría resultar inverosímil. Pero desde que China ingresó de lleno a competir en el mundo capitalista, a partir de 1979, con guarismos que llegaron a parecer ridículos, con años de alrededor de un 15 % de crecimiento del PBI. El enorme mercado potencial chino, 1350 millones de personas, y el de su clase media, de unos 250 millones, debería seguir siendo un enorme imán para la reproducción continua de los capitales durante los próximos decenios. Por eso cualquier signo de debilitamiento crea pánico en los inversores.
Más allá de lo que se piense en términos del hombre de a pie rioplatense, estas cifras y las perspectivas de que todo podría ir peor comenzaron a minar la confianza y aparecieron números para avivar esos temores. El fabricante chino de computadoras Lenovo anunció el despido de 3200 empleados, el 5 % de su plantel, luego de contabilizar pérdidas de 105 millones de dólares en el segundo trimestre del año. Esto a pesar de que en ese mismo lapso sus ingresos aumentaron un 3 por ciento. La empresa, sin embargo, culpa de su momento poco feliz a que la expectativa por la salida de Windows 10 demoró decisiones de compra de muchos clientes. Cabe decir que Lenovo se hizo hace diez meses del negocio de celulares de Motorola.
Donde sí hubo un bajón fue en la industria siderúrgica, que cayó en un año un 1,3% hasta un mínimo de producción que no tenía desde hace dos décadas. Citado por Xinhua, Zhang Guangning, presidente de la asociación que nuclea a las acerías china, consideró que «la producción china de acero crudo probablemente alcanzó su tope en 2014”.
Estos datos ya estaban latentes hace algunas semanas, cuando la principal bolsa de China, Shanghai, comenzó una caída que tras un par de fuertes tumbos arroja un 20% desde junio. Debe tenerse en cuenta que había crecido un 150% en los meses previos sin que la economía real le hubiese dado indicadores de un crecimiento que acompañara esta expectativa.
Esta vez, los mercados parecieron ser funcionales al establishment estadounidense-europeo, que sin dudas veía mal el encuentro entre los países BRICS en Shanghai que había decidido poner el marcha el Banco de Desarrollo de los países miembro, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Una entidad financiera destinada a cumplir el rol al que el FMI renunció en los 80 cuando se hizo vocero y promotor de las ideas neoliberales. Cuesta creer que no se tratara de un golpe de mercado contra la iniciativa de los principales emergentes en el contexto de una aceleración de las negociaciones de Estados Unidos para la firma del Tratado Transpacífico (TTP), que liberalizaría el comercio entre las naciones de la Cuenca del Pacífico de América latina y de Asia sin la participación de China ni Rusia, con costas en ese océano.
Por eso hay quienes avizoran en esta movida una respuesta en el plano de una guerra de divisas ante el embate bursátil y la amenaza del TTP. En Estados Unidos ya aparecieron voces críticas, como la del inefable Donald Trump, que lanzó otra andanada de diatribas contra la posibilidad de que los chinos invadan el mercado con sus productos. El senador republicano por Iowa Chuck Grassley no le fue en zaga: «China ha manipulado su moneda por un largo tiempo. Esto es sólo el ejemplo más reciente, y es más allá de la hora de hacer algo al respecto «, advirtió.
En esta ocasión, el FMI se apresuró a aplaudir la medida. Ahora viene a cuento detallar que en realidad lo que hizo el BCCh fue cambiar el modo en que determina el valor de su moneda en relación al resto de las divisas relevantes. Hasta el martes, fijaba el valor de acuerdo a pautas económicas y de crecimiento. De ahora en más será el resultado de las cotizaciones diarias y del precio del cierre anterior. ¿Por qué celebra el FMI ? Porque esto implica que China acepta que el valor de su moneda se mueva de acuerdo a oferta y demanda. «Parece un buen paso que debe permitir a las fuerzas del mercado desempeñar un papel más importante para determinar el tipo de cambio», indicó.
Otra cuestión que sobrevuela es el deseo de China de que su divisa forme parte del selecto círculo de las monedas de cambio y reserva internacional, que integran el dólar, el euro, el yen y la libra esterlina. La llave –la bolilla negra, como sucede en cualquier club exclusivo – la tiene el FMI. Las señales que se dieron el Fondo y el BCCh son auspiciosas en tal sentido. Conviene recordar que ya el 22% del comercio internacional se hace en yuanes. También sería bueno analizar cómo repercutiría en el dólar la llegada de un nuevo socio. Y hasta qué punto la Eurozona no tenía más remedio que someter a brutales ajustes a los griegos con tal de demostrar la fortaleza del euro.
El Banco Central Europeo (BCE), que entiende cuál es el juego, dijo que la devaluación del renminbi podría tener un impacto negativo mayor de lo esperado en esa región. «Este riesgo –señala un informe emitido ayer en Francfort- podría agravarse por efectos negativos colaterales de los incrementos en las tasas de interés de Estados Unidos sobre las economías emergentes.»
Por ahora la situación es de incertidumbre, y la influencia de esas decisiones no se hizo ver en América Latina. Acá hay una guerra contra los gobiernos populares que por ahora se desarrolla en el plano de la política. También en esto habrá que estar alerta.
Tiempo Argentino · 14 de Agosto de 2015
por Alberto López Girondo | Feb 13, 2015 | Sin categoría
Hace justo 70 años, el 13 de febrero de 1945, comenzó el que tal vez fuera el ataque más brutal de la Segunda Guerra Mundial contra población civil. Durante tres días la Royal Air Force británica y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos descargaron unas 4000 toneladas de bombas y explosivos sobre la ciudad alemana de Dresde, un fuerte centro económico e industrial germano, provocando al menos 35 mil muertos.
Todavía hoy se discute sobre ese ataque a 12 semanas de la rendición del nazismo porque se lo considera un hecho innecesario que daría pie a denuncias por crímenes de guerra si no fuera porque quienes lo protagonizaron fueron los ganadores de la contienda. Paralelamente las tropas soviéticas avanzaban hacia Berlín, acelerando la caída del régimen nazi, lo que justifica que muchos analistas sostengan que el ataque a Dresde fue, en realidad, contra el Ejército Rojo y para marcarle la cancha a Stalin.
Cuarenta años después, la canciller alemana Angela Merkel lidera junto con el presidente francés François Hollande una verdadera cruzada para frenar las ansias armamentistas que reiteradamente se expresan desde Washington. Barack Obama señaló en estos cruciales días que si no se llegaba a un acuerdo por Ucrania estaba dispuesto a enviar armamento letal a Kiev. Curiosa definición para los productos de la industria bélica más poderosa del mundo. ¿Hay armamento que no sea letal? Salvo que hubiera aludido a algún tipo de herramienta cultural, educativa o sanitaria en forma metafórica…
El caso es que ante la negativa de Hollande y Merkel, que le habían pedido unos días más para negociar con el líder ruso Vladimir Putin, Obama se apuró en pedir al Congreso autorización para combatir al Estado Islámico (EI) por un período de tres años. «No es una autorización de otra guerra en tierra», aclaró el mandatario, pero el recuerdo de las guerras de Irak y Afganistán desmiente esta aseveración.
El gobierno de Obama a todas luces busca mostrarse activo y resuelto para enfrentar a la nueva composición del Capitolio, con una mayoría republicana en ambas cámaras que intenta aguarle una sucesión demócrata el 20 de enero de 2017. De allí que en el ámbito exterior intente estar en el centro de la escena, como lo demuestra en las áreas que están bajo control de los yihadistas del EI. Putin no le va en zaga y el martes viajó a El Cairo, donde se entrevistó con el presidente-militar Abdelfatah al Sisi, firmó acuerdos nucleares y hasta le regaló un fusil Kalashnikov, en un gesto sin medias tintas.
El acuerdo alcanzado en Minsk tras 16 horas de negociaciones al máximo nivel, mientras tanto, puede ser el inicio del camino hacia una paz permanente y duradera o el preanuncio de tormentas mayores y definitivas en el futuro cercano. Dependerá de cómo se vayan desmontando los mecanismos que llevaron a esta situación.
«No fue la mejor noche de mi vida, pero creo que la mañana es positiva porque hemos podido coincidir en los temas principales pese a todas las dificultades de las negociaciones», se sinceró Vladimir Putin ante los periodistas. Hollande y Putin consideraron que esta frágil tregua es «un alivio para Europa».
Para que no queden dudas de qué estofado se cocina en esa olla, en forma inmediata la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, anunció un crédito de 17 mil millones de dólares destinados a programa de cuatro años «para apoyar la inmediata estabilización económica de Ucrania, al igual que el conjunto de reformas emprendidas por el gobierno para restaurar un crecimiento económico firme a medio plazo y mejorar los estándares de vida de la población». Si todo marcha al gusto del FMI, habrá otro paquete de «asistencia financiera» que suma 40 mil millones de dólares.
No es un dato para descartar, cuando los organismos financieros europeos están tratando de sofrenar el fuerte rechazo que les viene desde las calles griegas. El primer ministro Alexis Tsipras intentó en Bruselas no romper con la troika pero tampoco al precio de traicionar el mandato de las urnas y el reclamo de los manifestantes, hartos de los recortes a los que Grecia es sometida desde el inicio de la crisis europea.
Los griegos desafiaron las presiones desembozadas en los medios de comunicación del continente y depositaron sus esperanzas en Syriza, una coalición de izquierda que busca resolver la enorme deuda externa con medidas calcadas de la Argentina tras el default de 2001.
A los organismos paneuropeos les resulta difícil demostrar que son demócratas consumados mientras el titular de finanzas alemán diga que no se aceptarán cambios en el programa elaborado desde Bruselas para Grecia. Algo más dispuesta se mostró Merkel, quien al irse de Belarus dijo que habría alguna solución que no lleve la sangre al río, aunque no especificó cuál. Por lo pronto dejaron todo en manos de «expertos», una forma de patear la pelota para adelante. Otra tregua al fin de cuentas.
Tsipras volvió a repetir que Alemania le debe mucho a Grecia desde la Segunda Guerra, cuando tropas nazis ocuparon el país. Se trata de un préstamo obligatorio impuesto por las tropas hitlerianas que los técnicos griegos estiman en 11 mil millones de euros actuales. Además, el reclamo por los daños causados en instalaciones y en la población civil treparía a 160 mil millones más. La mitad de la deuda actual de Grecia.
Cuando están por cumplirse 70 años del fin de la guerra, en Europa reaparecen muchos de los problemas que por siglos la llevaron al incendio. Francia y Alemania coinciden en llevar la batuta, pero Rusia vuelve a cantar presente. Si a la caída de la Unión Soviética la Unión Europea pensó que tenía el mundo a sus pies, este cuarto de siglo demostró que estaban equivocados.
Putin busca recomponer el antiguo papel que desde Pedro y Catalina venía cumpliendo el imperio zarista. Se dice que el PBI ruso es menor que el de Italia, potencia de segundo orden, y es cierto. Pero nunca fue mucho más que eso cuando los Romanov buscaban su lugar la mesa de discusiones del orden mundial. Y buen barullo que hicieron.
Esta escalada en Ucrania, conviene recordar, se produjo luego de que la alianza occidental intentara derrocar al presidente sirio Bashar al Assad, enfrascado en una guerra civil desde 2011. El que frenó la segura invasión fue Putin, quien se plantó frente a Obama para recordarle que Siria es aliada de Rusia desde tiempos de la URSS y que allí hay una base militar de Moscú. Fue después que la UE y la OTAN intentaron avanzar hacia la frontera más íntima de Rusia y apoyaron el golpe contra Víktor Yanukóvich, en febrero pasado. La otra gran base rusa está en Crimea. Parece que se estuviera hablando del siglo pasado, pero la reincorporación de la península a la Federación Rusa se produjo el 18 de marzo de 2014. El levantamiento de los rebeldes pro-rusos del este vendría a continuación.
Esta semana el presidente sirio ofreció una entrevista a la BBC. El entrevistador Jeremy Bowen comenzó el reportaje como «para romper el hielo»: le preguntó si ante el avance del grupo yihadista y la pérdida de control de parte de su territorio no creía que Sira era un Estado fallido. Al Assad rechazó esa caracterización, como era de esperarse. El cuestionado mandatario sirio espera poder resistir el embate de los grupos fundamentalistas, pero quién sabe hacia dónde se encamina la situación, con tantas manos metidas en el plato.
Vistas las cosas desde este rincón del mundo, resulta interesante analizar el concepto de Estado fallido, una definición elaborada por la CIA hace 20 años para explicar la situación en diferentes naciones del mundo y justificar así una intervención «civilizadora». Son muchos los que inscriben a México en esta lista, por la violencia desatada en esa nación.
En el caso argentino, hubo quienes en el inicio de este milenio pedían a gritos que alguien de afuera viniera a resolver la endiablada crisis en la que se había caído por la convertibilidad.
Aún se recuerda a la ex secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright reclamando prácticamente una intervención externa en la economía argentina cuando era evidente que los planes pergeñados por el FMI habían llevado al fracaso. En estos días se vuelven a escuchar voces en esa misma línea tras la muerte del fiscal Alberto Nisman. Convendría mirar cómo viene la mano afuera antes de reclamar por lo que aparece de adentro.
Tiempo Argentino
Febrero 13 de 2015
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