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Otro enfrentamiento entre Chile y Bolivia

Dos gobiernos sudamericanos que por su posición ideológica deberían marchar juntos en el camino de la integración regional, se encuentran enfrentados por las consecuencias de una guerra que solo benefició a las empresas explotadoras de guano, salitre y metales a fines del siglo XIX. Y en estos días, cuando se cumplen 138 años de las primeras refriegas de aquella contienda, la detención de dos militares y siete civiles bolivianos acusados de haber cruzado 400 metros la frontera son el emblema de una escalada de imprevisibles consecuencias entre Chile y Bolivia.

Para el gobierno de Evo Morales, fueron carabineros chilenos los que pasaron el límite estatal, y dicen que se instauró una operación en venganza por el planteo que La Paz hizo en la corte de La Haya en reclamo de una salida al mar. «Sobre todo, porque ese reclamo está prosperando y hay muchas posibilidades de obtener resultados favorables», dicen en fuentes diplomáticas bolivianas.

El disparador de esta explosiva situación se produjo el lunes pasado, cuando desde Santiago se informó sobre la captura de nueve personas que según la presidenta Michelle Bachelet, «estaban en territorio chileno cometiendo delitos; querían robarse nueve camiones con productos y se robaron uno».

De inmediato, desde el Palacio Quemado replicaron que en realidad carabineros chilenos habían ingresado a territorio boliviano para apresar a dos uniformados y siete civiles que estaban haciendo un operativo para desbaratar una maniobra de contrabando con camiones que pretendían ingresar en el país del Altiplano. Para más datos, aseguran contar con los registros de los equipos de GPS de los militares donde se demostraría que el incidente se produjo en jurisdicción boliviana.

El hecho resulta llamativo, al conmemorarse el jueves pasado el Día del Mar, en recuerdo del 23 de marzo de 1879, cuando se desataron los primeros escarceos de la guerra de los tres nombres (del Pacífico, del Guano o del Salitre), que hasta 1883 enfrentó a tropas chilenas, peruanas y bolivianas y que culminó con la derrota de Bolivia, lo que implicó la pérdida de 120 mil kilómetros cuadrados de superficie y 400 kilómetros de costa.

Lo que ahora reclama el gobierno de Morales no es la restitución del territorio, ya que los chilenos se aferran a un tratado conseguido tras la rendición, en 1904, y que involucra también a Perú, sino «un acceso soberano al mar a través de una negociación diplomática y así garantizar una sana convivencia pacífica de los pueblos y la integración de nuestra región»; según los documentos presentados en La Haya.

Lo curioso es que este enfrentamiento se agudiza con un gobierno como el de Bachelet, del Partido Socialista chileno, y otro como el de Evo Morales, del Movimiento al Socialismo (MAS). Más aun si se recuerda que el tema de la salida al mar estuvo a punto de ser resuelto entre dos dictaduras criminales como la de Augusto Pinochet y Hugo Banzer, en 1979.

Para mostrar las razones para el reclamo–además de su contenido simbólico, que los bolivianos comparan con lo que Malvinas representa para los argentinos- Bolivia aportó cifras frías: carecer de una ruta para la exportación a través del mar representa pagar un 31% más en fletes que el resto de los países de la región, un 55,7% más que las exportaciones chilenas, y un 60% más que las peruanas. Por otro lado, sostienen que desde el fin de aquella guerra nefasta para el continente, Chile recibió más de 900 mil millones de dólares por la exportación de cobre extraído de territorio que era de Bolivia.

Tiempo Argentino
Marzo 26 de 2017

Evo endurece la relación con las cooperativas mineras

El asesinato la semana pasada del viceministro de Régimen Interior boliviano, Rodolfo Illanes, a manos de cooperativistas mineros, parece haber colmado el vaso en la relación del gobierno de Evo Morales con ese sector de trabajadores que fueron parte de la base que lo llevó al poder en 2005. Así, el Gabinete en pleno aprobó un paquete de resoluciones que dan un drástico giro a las normas vigentes.

En primer lugar se anunció que las autoridades van a revertir las concesiones mineras a cooperativas que suscribieron contratos con empresas privadas. Además, se plantea reintegrar al Estado aquellas áreas cedidas a cooperativas que no hayan sido explotadas. Por otro lado, y reafirmando la ley que desencadenó la protesta de los cooperativistas, el gobierno insiste en la obligación de dar los beneficios sociales y laborales que les corresponden a sus trabajadores y a dar información sobre su producción e ingresos.

“El Gabinete hizo una evaluación de la actividad productiva del sector cooperativista minero, experiencia que en muchos casos fue apoyada y fomentada en momentos del neoliberalismo y que ha generado una estructura que privilegiaba y beneficiaba principalmente a sectores privados y una élite cooperativista”, justificó el ministro de Minería, César Navarro. El bárbaro crimen de Illanes se produjo en el marco de protestas contra la ley que permite la sindicalización de los trabajadores de cooperativas que no forman parte de la sociedad. La policía no intervino cuando el funcionario, que había ido a negociar, fue retenido por los manifestantes. Argumentaron que los mineros tenían dinamita, una práctica que convirtió a ese gremio en el motor de las protestas sociales.

Tiempo Argentino
Setiembre 4 de 2016

El entramado económico y social trás el asesinato del viceministro boliviano

El entramado económico y social trás el asesinato del viceministro boliviano

El presidente Evo Morales sostiene que el brutal asesinato del viceministro de Régimen Interior, Rodolfo Illanes, forma parte de un plan golpista alentado por la derecha en alianza con dirigentes de las cooperativas mineras. Cuando todavía Bolivia no sale de su estupor por la barbarie de la que fue víctima Illanes –un abogado de 58 años que fue torturado hasta la muerte durante por lo menos seis horas y cuyo cuerpo fue encontrado a la vera del camino de Oruro a La Paz, envuelto en una frazada–, la sensación es que el gobierno saldrá fortalecido en una disputa que superó todos los límites aceptables en un régimen democrático, pero tras pagar un costo altísimo.

El conflicto con los cooperativistas mineros nucleados en la Confederación Nacional de Cooperativas de Bolivia (Concobol) y la Federación Nacional de Cooperativas Mineras (Fencomin) se fue potenciando luego de que se promulgara una ley que permite la creación de sindicatos en las unidades de explotación minera. Se trata de un reclamo de cientos de miles de trabajadores contratados que no gozan de ninguno de los beneficios de los asociados, y significa un resabio capitalista no admisible en el mundo del trabajo social. Pero el cooperativismo minero aparece cuestionado también por otros reclamos bien distantes del idealismo originario.

«No solamente tenemos la tarea de organizarnos para defender derechos colectivos, sino también recuperar el principio de lucha antiimperialista y anticapitalista para enfrentar la dominación externa”, dijo el mandatario al presentar la ley 149, hace un par de semanas. Morales estaba acompañado por el secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), Guido Mitma.

La respuesta de la dirigencia cooperativista fue el corte de rutas, como la que va de Oruro a la capital boliviana. Illanes, viejo conocedor del mundo cooperativo y de la industria minera, quería dialogar para descomprimir una situación que complica el gobierno, que viene de sufrir la derrota en un referéndum a principios de año y el embate de una oposición que, sin un líder para disputar hegemonía, hace ruido mediático suficiente como para “embarrar la cancha”. En el marco de esa disputa, dos manifestantes cayeron baleados con proyectiles de plomo.

El gobierno aseguró que los efectivos tenían postas de goma y acusa de la balacera a “fuego amigo”. Pero esas muertes exacerbaron las protestas contra la represión y a su llegada, Illanes fue retenido bajo la amenaza de que, ante otra ofensiva policial, ya tenían un féretro destinado para él. Cuando se supo que otro cooperativista había sido baleado, el hombre fue apaleado y según la autopsia, murió de un derrame cerebral por aplastamiento.La policía no intervino porque los mineros, señalaron voceros que piden el anonimato, utilizan dinamita en sus acciones de protesta.

¿Qué reclaman los cooperativistas? La Ley 149 establece que los trabajadores contratados tienen derecho a sindicalizarse. Que una cooperativa tenga empleados no está contemplado en entidades que se forman para proveer trabajo a sus afiliados, sí en instituciones de servicios.

Los mineros han sido por décadas el motor de los grandes reclamos sociales en Bolivia. Pero en los ’80, al tiempo que el gobierno desactivó su empresa minera, las privadas se fueron alejando de los yacimientos menos productivos. Hay que tener en cuenta que el Cerro Rico, de Potosí, lleva casi cinco siglos de explotación. Hoy día, la minería aporta el 4,5% del PBI boliviano, representa el 25% de sus exportaciones pero ocupan a solo 1,5% de la población.

Se estima que hay unos 120 mil cooperativistas en unos 1700 emprendimientos que suman en empleos indirectos unas 300 mil personas, para un sector laboral donde también hay explotaciones privadas y estatales que tienen más rendimiento, según datos aportados por el Centro de Documentación e Información de Bolivia (CEDIB).

El régimen laboral en las cooperativas es de superexplotación personal y familiar en yacimientos desgastados que otorgan mineral de muy baja ley. Que además termina en gran parte malvendido a empresas privadas o multinacionales que pagan en función del precio internacional del mineral y no del costo productivo. Y que por otro lado tienen los elementos para “devaluar” el material por su baja concentración.

En las minas trabajan menores –tradicionalmente se dice que las mujeres “traen mala suerte”– y personal contratado. Los mineros fueron aliados de Evo y mucho hicieron para su llegada al poder, en 2006. Desde entonces hubo un aumento en los precios de los comodities que benefició también a las cooperativas, que lograron poner a algunos de sus representantes en el gabinete y hoy tienen un puñado legisladores propios en el Congreso.

Pero esos buenos tiempos parecen agotados. Lo que se verifica hoy día es que la dirigencia cooperativista se plantea asociarse a inversores privados o alquilar las concesiones que les otorga el Estado, algo que la ley no permite. Se estima que hay por lo menos 40 yacimientos que explotan privados por un acuerdo ilegal con cooperativistas.

Mientras tanto el gobierno fue implementando mayores controles ambientales, lo que repercute en un sector que es uno de los más contaminantes. Ante la baja internacional en los precios, los cooperativistas reaccionaron de un modo “neoliberal”.

Buscan mayores beneficios fiscales, rebajas en el costo de la energía eléctrica y rechazan destinar ingresos al cuidado ambiental, plantean la posibilidad de contar con socios privados y tampoco quieren que sus trabajadores tengan representantes gremiales. Tres cuestiones que, dicen desde La Paz, “un gobierno de izquierda no puede aceptar”.

¿Qué hará el gobierno? El asesinato de Illanes le obliga a endurecer el discurso contra los cooperativistas, que de inmediato levantaron los cortes de ruta. Ayer Evo habló desde Cochamba, el mismo lugar donde había anunciado la Ley 149. «Ahí estaba la derecha. Textualmente dijeron ‘apoyamos a las cooperativas mineras porque está defendiendo la capitalización’. Revisen los periódicos. Revisen las entrevistas», recomendó.

En su entorno confían en que la dirigencia cooperativista está detrás del golpe, pero que las bases están con el gobierno. Y son mayoría.

Tiempo Argentino
Agosto 28 de 2016

García Linera: «Debemos acelerar una segunda oleada revolucionaria»

García Linera: «Debemos acelerar una segunda oleada revolucionaria»

El tono general fue de análisis profundo y descarnado, de crítica y evaluación de errores cometidos por los sectores progresistas de la región, pero también de optimismo ante este embate de la derecha en varios países tras el triunfo de Mauricio Macri en Argentina y el apartamiento de Dilma Rousseff del poder en Brasil. Álvaro García Linera, Emir Sader y Eduardo Rinesi participaron en una charla organizada por la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y la Fundación Germán Abdala para debatir un tema que resulta candente, «la restauración conservadora». El encuentro se desarrolló ante una sala que desbordaba, el auditorio Roberto Carri de la sede de Constitución.

El vicepresidente boliviano, notable orador y un fino analista político, se hizo cargo de que los gobiernos que en lo que va del siglo estuvieron en el poder en Latinoamérica representaron un «republicanismo plebeyo» contrario al que desde los inicios de la historia se enseñoreó en nuestros países. Y destacó que esta década larga fue el período de mayor crecimiento e integración en 200 años. Pero si bien reconoció que «no estamos en un buen momento», al mismo tiempo insistió en que se debe luchar por retomar la senda virtuosa que ahora parece perdida. «Estamos en el fin de una primera oleada revolucionaria, hay un reflujo y debemos acelerar una segunda oleada que nos lleve más lejos». La síntesis podría resumirse en que no se puede bajar los brazos. «Luchar, vencer, caer, levantarse, y volver a luchar», puntualizó el vicepresidente boliviano «hasta que se acabe la vida».

«Es necesario identificar dónde están nuestras debilidades, para superarlas y retomar la iniciativa», dijo.

Didáctico, García Linera detalló varios puntos que a su modo de ver representaron los puntos más destacados en este proceso regional. «En el plano político hubo un ascenso de las clases sociales al control del Estado». Esto implicó que en el caso de Bolivia, un 20% de la población se incorporó a las clases medias.

También hubo un fortalecimiento de la sociedad civil y un notable proceso de redistribución de la riqueza en el continente más desigual del planeta. «se amplió la capacidad de consumo de la población en general», destacó.

Estas políticas posneoliberales y el fortalecimiento de las instituciones regionales produjeron un crecimiento en los grados de libertad de los países latinoamericanos. Lo que permitió que en el caso de su país, se pudiera con ayuda de los gobiernos vecinos y las instituciones como Unasur parar un golpe contra el presidente Evo Morales en 2008, «cuando de nueve departamentos que hay en Bolivia, no pudiéramos ni Evo ni yo pisar en cinco, gobernados por la derecha».

Pero esas fortalezas convivieron con un cúmulo de debilidades que ahora pueden producir desazón, pero, dijo, es necesario afrontar. ¿Qué no hemos hecho bien? se planteó. Teniendo en cuenta que la derecha siempre va a estar al acecho, abundó, porque nunca va a renunciar a sus privilegios. Pero «es necesario identificar dónde están nuestras debilidades, para superarlas y retomar la iniciativa». Y la primera debilidad pasa por las contradicciones al interior de la economía. «No tenemos que olvidar que política es economía», apuntó García Linera, haciendo hincapié en que el proceso político revolucionario debe garantizar los satisfactores básicos de la sociedad para mantener la iniciativa.

Otra debilidad es haber hecho redistribución sin politización. Esto es, que los logros de la sociedad no fueron en muchos casos entendidos como parte de un proceso político. Un error que, reconoció, implicó haber perdido en Bolivia el referéndum de febrero pasado «por no haber entendido las nuevas sensibilidades que hay en sectores de clase media que se incorporaron a la economía en estos años y que nosotros no supimos entender».

Este punto es importante porque implica saber que para que los cambios sean profundos «es necesario constituir otro sentido común». Y el problema es que ese sentido común todavía está representado por los grandes medios de comunicación.

Pero para los movimientos populistas un tema clave también es el de la continuidad del liderazgo, lo que en el caso boliviano se intentó zanjarmediante la consulta popular para una nueva reelección de Evo Morales. «Es algo que no hemos resuelto para regímenes democráticos», destacó. Otro tema fue que la integración económica continental es aún débil, una cuenta todavía pendiente y que en momentos de reflujo como los que ahora se viven, aparecen como un grave déficit. Porque, sostuvo García Linera, «cada gobierno está viendo su espacio geográfico, su mercado, y pierde perspectiva. Hay limitaciones».

 

Nada es fácil, agregó el vicejefe de gobierno boliviano, quien propuso le creación de un gran estado plurinacional continental «que respete la idiosincrasia de cada país» pero represente una unidad de 450 millones de personas y todas las riquezas de la naturaleza. «Solos somos presa de la angurria y el abuso de empresas y países del norte»

¿Que va a pasar en el futuro? García Linera propuso no ser pesimista. Porque la derecha no tiene nada que ofrecer, «todo lo que propone es ir hacia atrás». No es como en los 90, que podía plantear el combate de la inflación o sea suerte de utopía privatista. «Ellos son como zombies, como muertos vivientes -agregó- nosotros somos el futuro». «

La democracia bajo la mirada de Rinesi

Eduardo Rinesi comenzó su exposición intentando una caracterización de las distintas etapas que vivió el concepto de democracia desde el fin de la dictadura. Para el filósofo, era natural que en América Latina y en Argentina una «palabra tan polivalente» tuviera distintos significados se la asociaran con lo peor de una sociedad. «Los últimos gobiernos de la dictadura entendían a la democracia como el orden, opuesto al populismo». La forma de resolver esa cuestión fue arrasar con las libertades individuales. Frente a ese poder temible del Estado, era casi natural que se iniciara en los ’80 una democracia asociada a la utopía. Pero con un fuerte contenido antiestatalista. «En los largos ’90 la democracia se la asoció con una rutina, más desangelada, que garantizaba ciertas garantías mínimas, ciertos derechos elementales y libertades básicas, con votación cada dos años», añadió Rinesi.

Pero todo estalló en el aire a fines del 2001 en una «suerte de espasmo participativo». Fue una democracia muy vigorosa, asambleística. Era la idea participativita de la defensa de derechos que el neoliberalismo había dejado de lado, defensa de la libertad positiva para participar en la cosa pública. «En el 2003 empieza otra historia: la democracia no es como orden hay una democratización de un proceso de administración, de universalización de derechos».

En tal sentido el ex rector de la Universidad de General Sarmiento sostuvo la importancia de apropiarse de la idea de republicanismo y liberalismo en el buen sentido. «Porque nosotros, los populistas, somos los verdaderos republicanos», resumió.

Sader: «Eligieron el peor Congreso»

El sociólogo brasileño expuso sobre los problemas relacionados con el actual momento que vive Brasil luego de la aprobación del juicio político a Dilma Rousseff. Y fue contundente: «Ellos (los conservadores) perdieron cuatro elecciones y como sabían que no podrían derrotar a Lula en 2018 buscaron un atajo para sacar a Dilma del medio».

Relató luego que esta fue la última elección en que hay financiamientos privados se aprovecharon, afirmó, de una situación especial y lograron imponer sus propios candidatos. «Eligieron el peor Congreso en la historia de Brasil», aseguró Sader. Y ese Congreso fue el que dio «un espectáculo vergonzoso el 17 de abril» al votar el impeachment en Diputados.

Pero como buen analista de la realidad, desde que es uno de los intelectuales de la izquierda latinoamericana más brillantes, pidió reparar en los errores cometidos en el gobierno del PT. «Se hizo una política económica errada, un ajuste fiscal injusto» que hizo caer la crisis en los más pobres. Pero también inistió en los errores gruesos en la política económica ya que «nunca un ajuste lleva al crecimiento» y cuestionó una estrategia política catastrófica que le quitó apoyo popular al gobierno.

Sin embargo, lo que terminó siendo decisivo para la suspensión de Dilma fue la mayoría parlamentaria de derecha, acicateada por los medios hegemónicos. «Este es un gobierno de bandidos, con perdón de los bandidos», ironizó Sader. Con todo, el sociólogo destacó que aún no está todo dicho sobre el futuro del gobierno, ya que las manifestaciones a favor de Dilma son masivas y crece el malestar por los escándalos que envuelven al gobierno provisorio.

 

Tiempo Argentino
Mayo 29 de 2016

La foto es de Edgardo Gómez