por Alberto López Girondo | Abr 18, 2021 | Sin categoría
La puja diplomática entre Estados Unidos y Rusia ascendió un nuevo escalón esta semana luego de que el gobierno de Joe Biden expulsara a 10 funcionarios de la embajada rusa y desde Moscú respondieron con el típico “uno por uno”, exigiendo que diez diplomáticos abandones perentoriamente el país euroasiático. La Casa Blanca, además sancionó a 32 personas físicas y jurídicas y prohibió que instituciones financieras estadounidenses participen en el mercado primario de bonos de deuda en rublos. La justificación de Washington es que debe penalizar la supuesta interferencia rusa en las elecciones de 2020 el presunto pago a talibanes afganos para que asesinen a efectivos de las fuerzas de ocupación de EEUU.
Esta ofensiva diplomática coincidió con otra escalada en Ucrania, donde se amontonan tropas en las fronteras rusoucranias en una zona donde el combustible está muy volátil y el presidente Volodimir Zelenski viene reclamando mayor intervención de la OTAN ante lo que considera una agresión rusa.
En ambos escenarios, sin embargo, la disputa de fondo pasa por otro lado. Más bien por el fondo de mar por donde se continúa con la construcción del ducto Nord Stream 2, destinado a proveer de gas ruso a Alemania y que Estados Unidos trata infructuosamente de detener por razones estratégicas pero también económicas. En este caso, el gobierno Biden no encuentra la forma de obligar a que Alemania deje de lado ese proyecto multimillonario que podría ponerse en marcha en un mes. Para los germanos, se trata de dinero, para los estadounidenses, de impedir que Rusia se convierta en el gran jugador de la política europea a través de un caño que alimenta las industrias de la economía más desarrollada del continente.
Biden, que asumió el 20 de enero, necesita recomponer relaciones con los países europeos, duramente denostados durante la gestión de Donald Trump. El ex mandatario los humilló en público para que pusieran más dinero con que solventar al organismo militar creado en la Guerra Fría para enfrentar en el campo de batalla a la Unión Soviética. Desde hace 30 años, la OTAN es un cuerpo armado en busca de enemigos, al que la UE soportó mientras el gasto fuerte corriera por cuenta de Washington, pero ante el cambio de enfoque de Trump, comenzaron a crecer las resistencias de los principales sponsors, como Francia y Alemania.
Para colmo, los alemanes encararon un plan de reconversión para trocar la energía nuclear por fuentes renovables. Pero ese no es un proceso fácil y por ahora necesitan desesperadamente de gas. Trump pretendía que Berlín aceptara comprar gas licuado de los yacimientos de esquisto estadounidenses. Pero su producción es más cara y además, con el costo del transporte, sería un suicidio para la industria germana. La solución pasó por una inversión de 10 mil millones de euros para llevar un gasoducto desde Vyborg, en la costa del Mar Báltico, a Grieswald, en Alemania.
Kiev tiene mucho que ver con este asunto, porque el primer proyecto contemplaba pasar por territorio ucraniano, pero el golpe de estado de 2014 -en tiempos de Barack Obama- y el acercamiento de los gobiernos que sucedieron a Viktor Yanukovich a EE UU y la UE y sus posturas neofascistas, llevaron a un reordenamiento de la región. Los sectores de población rusa, como la península de Crimea y el este del país, se inclinaron por integrarse a la Federación Rusa. Crimea, donde Moscú tiene su más grande base naval, volvió oficialmente a integrarse a la nación en los primeros meses de 2014. Donetz y Lugansk se declararon repúblicas independientes pero sin reconocimiento internacional.
Ese es el territorio donde Rusia podría terminar envuelta en una guerra no solo contra Ucrania sino contra la OTAN. De un lado de esa lábil frontera -donde debería regir un alto el fuego y una hoja de ruta para la pacificación acordado en febrero de 2015 en Minsk, la capital bielorrusa entre Alemania, Francia, Ucrania y Rusia, el denominado Cuarteto de Normandía- la OTAN y Kiev organizaron ejercicios militares. Del lado ruso, acumularon efectivos y pertrechos como para mostrar los dientes.
Los medios occidentales, siguiendo el libreto de la OTAN, hablan de amenaza rusa y dicen que el organismo de defensa apoyará “en forma inquebrantable la soberanía e integridad territorial de Ucrania”. A una pregunta del secretario de Estado Antony Blinken, el canciller ruso Segei Lavrov, respondió, ácidamente: “¿Qué está haciendo Rusia en la frontera con Ucrania? La respuesta es muy simple: vivimos allí, este es nuestro país. Pero qué están haciendo los barcos y el ejército estadounidenses en Ucrania, a miles de millas de su propio territorio, esta pregunta sigue sin respuesta”.
Por ahora, Rusia ordenó cerrar el estrecho de Kerch, que comunica el mar de Azov con el Mar Negro. Ucrania reclama que Europa y Estados Unidos exijan la apertura de ese estratégico paso. Los analistas consideran que nadie quiere una guerra en ese lugar del mundo. Y Biden invitó a Putin a una entrevista para resolver los entredichos. Pero donde hay nafta, cualquier chispa podría ser fatal.
Afganistán, otra invasión desastrosa
“Es hora de poner fin a esta guerra eterna”, dijo Joe Biden al anunciar que cumplirá promesas de Barack Obama de 2009 y de Donald Trump de 2017 y el 11 de septiembre, cuando se cumplan 20 años de los atentados a las Torres Gemelas, retirará las últimas tropas en ese territorio asiático.
Fue la guerra más prolongada en la historia de EE UU, costó la vida de 2441 militares norteamericanos y allí se dilapidaron 2 billones de dólares. Pero en total segó la vida de más de 240 mil personas, entre civiles afganos y pakistaníes, mercenarios, tropas aliadas, periodistas y miembros de ONGs.
“Juntos fuimos para ocuparnos de quienes nos atacaron y asegurarnos de que Afganistán no volviera a convertirse en un refugio para terroristas que pudieran atacar a cualquiera de nosotros -dijo Antony Blinken en su visita de esta semana a Europa para tratar de convencer de que Rusia es el peligro de la hora-. Hemos logrado las metas que nos propusimos lograr. Ahora es el momento de traer nuestras fuerzas a casa”.
En 1978 la Unión Soviética invadió Afganistán en una desastrosa operación que quizás aceleró la caída de la potencia comunista. Terminó en 1992 tras la disolución de la URSS. Tampoco EE UU se retira indemne y tal vez demoró esta decisión por temor a terminar igual que su enemigo de la Guerra Fría.
Tiempo Argentino, 18 de Abril de 2021
por Alberto López Girondo | Feb 21, 2021 | Sin categoría
Que una tormenta deje a 13 millones de hogares sin agua, a 500 mil sin electricidad, a unos 15 millones de personas sin calefacción, provocando una veintena de muertos, en otros países daría para llamarlo un estado fallido. En ese rico territorio, los medios y el establishment eligieron culpar a los ambientalistas, que propugnan el uso de energías alternativas en lugar de las tradicionales, que siguen siendo la gran fuente de ingresos de las corporaciones privadas. Para agravar esta crisis, gran parte de México se quedó sin energía eléctrica porque depende del gas que compra en Texas desde que la liberalización de la economía allí también.
Con récords de 20 grados bajo cero, la tormenta Uri produjo una cadena de calamidades, todas ellas previsibles. Los caños de agua estallaron por el frío, lo mismo que los ductos de gas. Esto provocó una serie de cortes de energía de las plantas alimentadas con combustible justo cuando en muchas viviendas necesitaron calentarse por algún medio para no morirse de fío. Para evitar el congelamiento de los caños, se sabe, es necesario dejar una canilla goteando, pero eso aceleró dramáticamente el consumo.
Las autoridades recomendaron hervir el agua para evitar posibles contaminaciones. Toby Baker, de la Comisión de Calidad Medioambiental de Texas dijo a la radio NPR que tuvieron que emitir 250 alertas sobre la calidad del agua en 110 condados del estado ya que “hay unos 332 sistemas dañados”.
Donde más controversias se generaron es en el sistema eléctrico. En Estados Unidos coexisten tres sistemas de interconexión. El de la Este, el de la costa Oeste y Texas, que no está conectado con el resto del país. En 1935, durante el primer gobierno de Franklin Roosevelt -cuenta Kate Galbraith en el Texas Tribune- se dictó la Ley Federal de la Energía. Ese estado, que adhirió en 1845 pero se reservó el derecho a irse de la Unión cuando quisiera, aprovechó esa circunstancia para dejar su servicio eléctrico sin controles federales.
En 1976, los tejanos formaron un ente que maneja la provisión de energía, ERCOT (Consejo de Confiabilidad Eléctrica de Texas). En pleno auge neoliberal, en 1999 se liberaron totalmente los precios. Tienen libre flotación de acuerdo a la demanda en casi todo el estado. El problema de este temporal es que por el aumento del consumo, la tarifas crecen hasta un 10.000%, pudiendo llevar la factura de una casa familiar a cerca de 100.000 dólares.
Un estudio realizado en 2019 por la Coalición de Texas para la Energía Accesible (CAPTX por sus siglas en inglés) que reúne a usuarios de unas 160 ciudades, revela que en esos 20 años los tejanos que padecen el servicio no regulado pagaron cerca de 22.000 millones de dólares más que si hubieran seguido siendo clientes de servicios regulados.
La catástrofe climática, que es fácil atribuir al cambio climático, juega también en esta partida. “Las casas en Texas generalmente están diseñadas sobre la idea de mantener el calor afuera, no de retenerlo”, tuiteó el novelista Mark Sumner. El frío inesperado obligó a miles a salir en busca de garrafas de gas envasado. Entre que las carreteras estaban bloqueadas por la nieve y el mayor consumo, los centros proveedores estaban totalmente vacíos. Lo mismo ocurrió con las góndolas de los supermercados, literalmente arrasadas por los pobladores.
El mensaje brutalmente libertario si fluyó. El alcalde de Colorado City, Tim Boyd, pretendió salvar su responsabilidad alegando que “nadie le debe nada a usted ni a su familia. ¡Tampoco es responsabilidad del gobierno local apoyarte en tiempos difíciles como estos! ¡Nadar o hundirte, es tu elección ¡Estoy harto y cansado de que la gente busque la maldita caridad!”. Tuvo que renunciar.
El Premio Nobel de Economía Paul Krugman también terció en la discusión en su habitual columna del The New York Times. “A diferencia de otros estados, Texas ha optado por no presionar a las compañías eléctricas para que instalen capacidad adicional y así hacer frente a posibles emergencias. Esto hizo que la electricidad fuera más barata en tiempos normales, pero dejó al sistema vulnerable si algo salía mal”, dijo, y agregó: “Después de que una ola de frío de 2011 dejó a millones de tejanos en la oscuridad, la Comisión Federal de Regulación de Energía instó al estado a acondicionar sus plantas de energía con aislamiento, tuberías de calor y otras medidas. Pero Texas, que cortó deliberadamente su red eléctrica del resto del país precisamente para evadir las regulaciones federales, sólo ha implementado parcialmente las recomendaciones”.
Tras el colapso de la red eléctrica, el gobernador Greg Abbott prometió una reforma de ERCOT. “La red ERCOT se ha derrumbado exactamente de la misma manera que la antigua Unión Soviética. Cojeó debido a la falta de inversión y la negligencia hasta que finalmente se rompió en circunstancias predecibles”, consideró Ed Hirs, de la Universidad de Houston en el Los Angeles Times.
Exportación de cortes
Texas no solo exporta gas a México. También le regaló cortes de electricidad a 42 millones de clientes de la Comisión Federal de Electricidad. Sucede que desde los ’90, México fue perdiendo soberanía energética y gran parte de la electricidad es provista por empresas privadas que compran del otro lado de la frontera. Y como los conductos de gas que alimentan las usinas estaban congelados, quedaron sin servicio.
Los medios y la feroz oposición a Andrés Manuel López Obrador se ensañaron con esta crisis en particular y desataron un vendaval de criticas contra su gobierno. AMLO apuntó a dos factores: por un lado, obviamente, a la ola de frío inusual, pero también a las alzas en el precio de los combustibles del 5000% en los últimos días.
México tuvo una importante infraestructura energética y el país figura como uno de los grandes productores de petróleo y gas natural del mundo. Hasta que en las últimas décadas, los planes neoliberales lograron el milagro de que México tuviera que importar energía a un valor en 2020 de 18 mil millones de dólares.
Tiempo Argentino, 21 de Febrero de 2021
por Alberto López Girondo | Feb 14, 2021 | Sin categoría
Con la sensación de que los demócratas se metieron en una trampa de la que no sabían cómo salir, el expresidente Donald Trump resultó absuelto en el segundo juicio político en su contra. Luego de una jornada de idas y vueltas, en la que primero se decidió, por 55 a 45, llamar a nuevos testigos y demorar la definición sobre el proceso, finalmente un nuevo acuerdo abrió las puertas al debate final sobre el futuro de Trump. De lo que en realidad se trata, si fuera declarado culpable de “incitación a la insurrección” a raíz del ataque al Congreso del 6 de enero, es de si podría presentarse como candidato nuevamente. En este segundo intento, los demócratas consiguieron el apoyo de sólo 7 republicanos, cuando necesitaban un total de 67 votos favorables al juicio político, 50 propios y 17 de la oposición.
Las perspectivas en favor del oficialismo -que intenta sacar del medio al trumpismo residual-fueron bajando desde los 10 votos de senadores republicanos por el juicio político a la decisión de posponer la votación llamando a nuevos testigos, que salió con apenas cinco. Con la ayuda de una senadora republicana lograron patear hacia adelante lo que aparecía como una derrota legislativa del flamante gobierno de Joe Biden.
La defensa del expresidente maniobró con inteligencia para sacar el debate por la responsabilidad de Trump en los incidentes que costaron la vida de 5 personas. “Es un acto injusto e inconstitucional de venganza política”, argumentó Michael van der Veen ante los senadores el viernes. «Como cada una de las otras cazas de brujas que la izquierda ha emprendido en los últimos cuatro años, este juicio político está completamente separado de los hechos, las pruebas y el interés del pueblo estadounidense, por lo que el Senado debería votar rápida y decididamente para rechazarlo», agregó.
Luego, mostraron un video destinado a probar la doble vara con que juzgan al polémico expresidente para responder a los demócratas, que habían presentado extractos del mensaje de Trump a sus partidarios el día de Reyes, cuando reclamó a sus seguidores que “lucharan como el demonio”. Con esa misma plataforma electrónica expusieron la palabra “lucha” (fight) usada repetidamente en la campaña de Biden, la de la vicepresidenta Kamala Harris y las de varios de los popes demócratas.
«Está bien, no hicieron nada malo. Es una palabra que la gente usa», señaló David Schoen, otro de los abogados de Trump, “pero, por favor, paren con la hipocresía”.
Ayer, los fiscales acusadores trataron de llamar a nuevos testigos -entre ellos la senadora republicana Jaime Herrera Beutler- y posponer una resolución final. Pero los porotos no alcanzaban y proseguir hubiera significado más desgaste para la nueva administración.
Casi al cierre de esta edición, Trump logró zafar en el segundo juicio político en su contra. El resultado final fue 57 a 43. Mucho como para enlodarlo pero insuficiente como para sacarlo de la cancha.
Tiempo Argentino, 14 de Febrero de 2021
por Alberto López Girondo | Ene 24, 2021 | Sin categoría
Desde las primeras horas en el Salón Oval, Joe Biden quiso marcar diferencias con su antecesor, y allí donde hasta el miércoles había gestos de desprecio y golpes sobre la mesa, habló de reconciliación, unidad y el regreso a las organizaciones multilaterales de las que EE UU se fue retirando estos cuatro años, como el Acuerdo climático de París, la OMS, mientras mantiene negociaciones para reanudar el tratado nuclear con Irán, las relaciones con Cuba y, fundamentalmente, una política concertada para la vacunación masiva y cuidados por el Covid 19. Eso incluye un paquete de ayudas individuales y una línea de apoyos económicos para la recuperación económica del país.
Pero donde más insistió fue en el tema de la unidad nacional. Fue algo así como una súplica en el discurso inaugural. La grieta entre aquellos republicanos de alma o trumpistas convencidos y el resto de la sociedad estadounidense es la más dramática tal vez desde el fin de la guerra civil, en 1865.
Por lo pronto, si bien en las urnas el demócrata le sacó siete millones de votos de ventaja al republicano, no es para ignorar el hecho de que Trump obtuvo 74 millones de sufragios. Y que casi 7 de cada diez de ellos están convencidos de que le robaron los votos. Más aún, ninguno de los objetivos que se proponga Biden puede seducirlos para que se corran de ese lugar cómodo de un conservadurismo extremo. Amparados en la segunda enmienda constitucional, se vienen preparando para una nueva guerra civil. Sostienen la necesidad de “una milicia bien organizada para la seguridad de un Estado libre”. Biden, aunque suene a burla, es visto como una amenaza socialista del que habrá que defenderse en el futuro cercano.
Trump pasó a un ostracismo relativo. Bloqueado en las redes sociales por decisión de los directivos de las empresas tecnológicas, prometió volver de algún modo. Para evitarlo, este 7 de febrero el senado comenzará con el segundo juicio político contra él. El 13 de enero la Cámara baja acusó al aún presidente de “incitación a la insurrección” por su discurso de una semana antes que, señalan, desencadenó el intento de toma del Capitolio para evitar la certificación del resultado del comicio de noviembre del 2020. El nuevo impeachment busca impedir su regreso en 2024, pero no podrá evitar que aquellos que lo siguieron estos años, muchos de los cuales arrastraban el desencanto de las promesas no cumplidas por Barack Obama desde 2009, sean protagonistas en los tiempos que se avecinan.
De allí el énfasis en el llamado a la unidad. De allí también la preocupación de muchos observadores que, conociendo la historia de EE UU, temen que esa unidad será en base al viejo recurso de una guerra que llame a consolidar un frente interno poderoso para derrotar a un enemigo amenazante de la seguridad y los intereses del ciudadano común.
La amenaza del comunismo, durante la Guerra Fría, justificó la creación de organismos como la OTAN, destinados a combatir a la Unión Soviética y a forzar alianzas. Desde 1991, el objetivo fue más difuso por la caída de la URSS, pero pronto hallaron nuevos desafíos que, en 2001, culminaron en los atentados a las Torres Gemelas el caldo de cultivo para la guerra contra el terrorismo. Ahora, Biden asume con un llamado a la unidad pero al mismo tiempo alerta sobre los riesgos del terrorismo interno, como califica a los ataques al edificio del Congreso por grupos ultraderechistas.
El nombramiento de funcionarios ligados a la industria militar y a la administración Obama -de las más belicosas en la historia reciente, a pesar de su Nobel de la Paz 2009- es un buen índice para ver cómo viene la mano.
Esta semana logró que el senado confirmara al general (R) Lloyd Austin como secretario de Defensa y a Avril Haines como directora de Inteligencia Nacional. El Pentágono en manos de un afrodescendiente y una mujer la CIA suenan a progresismo tras cuatro años de misoginia y xenofobias. La mujer fue abogada principal del Consejo de Seguridad Nacional de 2010/13 y subdirectora de la CIA de 2013/15. Allí autorizó el uso de drones para realizar asesinatos extrajudiciales selectivos y el programa de “técnicas mejoradas de interrogatorio” (vulgo torturas) para “ablandar” a militantes islámicos. Tras haber sido comandante de las tropas en Irak, Austin se retiró en 2016 y halló pronto conchabo en Raytheon Technologies, proveedor militar del Pentágono.
El bueno de Biden había aprobado como senador las invasiones de Afganistán e Irak y como vicepresidente la destrucción de Libia y la guerra contra el gobierno de Siria.
Aquel golpe de Ucrania
El primer juicio político contra Trump se basó en la filtración de un pedido del entonces presidente a su par de Ucrania para que active la investigación judicial sobre Hunter Biden, hijo del ahora inquilino de la Casa Blanca, por un caso de corrupción en una empresa energética de ese país. Se salvó, a principios de 2020, porque había mayoría republicana en el Senado. La acusación se basaba en que Trump extorsionaba a Volodymyr Zelensky con la entrega de un préstamo a cambio de su avala en el proceso judicial. Biden, como vice de Obama, participó activamente en el golpe de estado contra Viktor Yanukovich, el pro-ruso mandatario ucraniano desplazado en 2014 tras un golpe orquestado por la OTAN y Washington. Grupos neofascistas tomaron el poder entonces y Biden Jr obtuvo un jugoso cargo en la empresa Burisma.
La que entonces puso los pies en barro fue Victoria Nuland. Vocera del Departamento de Estado 2011-13, fue luego responsable de asuntos europeos y euroasiáticos con rango de Embajadora de Carrera. Junto al senador John McCain repartieron galletas en la Plaza del Maidán alentando a multitudes golpistas para derrocar a Yanukovich.
El 28 de enero de 2014 mantuvo una charla con el embajador de EEUU en Kiev, Geoffrey Pyatt, que la hizo saltar a la fama. Hablaban de que la crisis (que habían creado) en Ucrania debería encauzarse a través de la ONU y no de la Unión Europea. El argumento de Nulland fue “que se joda la UE”. El golpe contra Yanukovich costó miles de vidas y la virtual secesión de las regiones de Donetsk y Luganks y la anexión de Crimea a Rusia. Antes de Obama, Nuland había sido asesora en política exterior con Dick Cheney, el polémico vice de George W Bush y un promotor de las guerras de invasión tras el 11 S de 2001. Ahora Biden la designó como subsecretaria de Estado de Política Exterior.
Tiempo Argentino, 24 de Enero de 2021
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