Peter Brian “Pete” Hegseth tiene 45 años y luce un porte atlético que pretende como modelo del soldado estadounidense. Se hizo popular como columnista en la cadena Fox, pero antes había llegado al grado de Mayor en el Ejército de EE UU, con misiones en la base de Guantánamo, en Siria, en Afganistán y en Irak. Adhiere a Reconstrucción Cristiana, un movimiento ultraconservador fundamentalista en el que confluyen ideas calvinistas y paleolibertarias y que tiene una relativa influencia en las derechas estadounidenses. Tiene un rotundo tatuaje de la Cruz de Jerusalén que le cubre el pectoral derecho. Es el símbolo de los Cruzados que pretendían recuperar Tierra Santa del dominio musulmán entre 1095 y 1291. Todo un mensaje que ya había marcado en su libro American Crusade, de 2020.
El martes pasado, Hegseth dio un discurso ante unos centenares de generales estadounidenses en la base naval de Quantico donde les planteó una nueva cruzada. Esta vez, para recuperar las glorias perdidas desde que en 1947 se cambió el nombre de la dependencia que dirige desde el 20 de enero a Secretaría de Defensa. Así explicó el regreso a aquella denominación histórica que había tenido desde la independencia: Departamento de Guerra.
El jefe del Pentágono atribuyó esta decadencia militar de EE UU a décadas de “wokismo”. O sea, de ser políticamente correctos. “No más caminar sobre cascaras de huevo”, les dijo a los altos oficiales. “Sí, pueden atacar como tiburones, pueden maldecir, pueden poner las manos encima de los reclutas”, avisó. “Luchamos para ganar. Desatamos una violencia aplastante y punitiva sobre el enemigo. Tampoco luchamos con reglas de combate estúpidas. Damos carta blanca a nuestros combatientes para intimidar, desmoralizar, perseguir y matar a los enemigos de nuestro país”, detalló.
Otras perlitas de su disertación, en la que destacó que los integrantes de las Fuerzas Armadas no pueden estar excedidos de peso, ni usar barba, ni carecer de entrenamiento duro. “En esta profesión, se sienten cómodos con la violencia para que nuestros ciudadanos puedan vivir en paz. La letalidad es nuestra tarjeta de presentación y la victoria nuestro único objetivo aceptable”. El speech está disponible en inglés acá: https://www.war.gov/News/Transcripts/Transcript/Article/4318689/.
Un detalle a tener en cuenta es que al inicio de su mensaje Hegseth había recurrido a una frase del escritor latino Flavio Vegecio Renato, si vis pacem, para bellum, que tradujo “quien quiere la paz debe prepararse para la guerra”. El atlético cruzado explicó que el lema databa del cuarto siglo de nuestra era y ya había sido utilizado por el primer comandante en jefe del Ejército y primer secretario de Guerra, el mismísimo George Washington.
Lo que no dijo el hombre, quizás porque eligió no verlo, es que esa máxima, esbozada por Vegecio en Epitoma Rei Militaris, (Compendio de asuntos militares) -uno de los primeros tratados de estrategias bélicas- es efectivamente del siglo IV, cuando la poderosa y arrogante Roma se adentraba lentamente en su decadencia, la que se profundizaría poco después, en 476, con la caída del Imperio Romano de Occidente, cuando el pequeño y fugaz emperador Rómulo Augústulo fue depuesto por el líder germánico Odoacro.
El 18 de abril de 2009, en la V Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, Hugo Chávez le regaló a Barack Obama un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano. El flamante inquilino de la Casa Blanca buscaba un acercamiento con la región y se presentaba como un nuevo rostro, más amigable, de Estados Unidos. El venezolano lo quería ilustrar sobre el drama de lo que desde Washington se quiere ver como un simple patio trasero. Por gestos como ese, a fin de ese año Obama recibió un Premio Nobel de la Paz. El domingo pasado, el colombiano Gustavo Petro respondió a las amenazas de Donald Trump con una invitación a que dejara de ser “grosero e ignorante de Colombia” y leyera Cien años de soledad, la magistral obra de Gabriel García Márquez, Nobel de Literatura 1982. Pero todo indica que el empresario inmobiliario sigue a pie juntillas un verso de otro uruguayo, Alfredo Zitarrosa, y piensa que, si “un batallón es para batallar”, un Departamento de Guerra es para hacer una guerra. Y a eso se está lanzando en el Caribe con un resultado tan preocupante como incierto.
La ofensiva contra el gobierno de Nicolás Maduro, al que la administración Trump acusó de liderar un cartel del narcotráfico, sigue lineamientos que ya había iniciado Obama en marzo de 2015 cuando declaró a Venezuela «una amenaza para la seguridad de Estados Unidos” y aplicó sanciones a sus líderes políticos. O sea, nada nuevo bajo el sol. Pero ahora se agregó a esta puja el mandatario colombiano: el viernes la Casa Blanca impuso sanciones contra Petro, su esposa, Verónica Alcocer, su hijo Nicolás y el ministro del Interior, Armando Benedetti. Los imputa de tener vínculos con el narcotráfico y los incorporó a la llamada Lista Clinton, un catálogo que elabora la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), una dependencia del Departamento del Tesoro, que está a cargo de Scott Bessent. El «virtual virrey de Argentina», como califican algunos analistas, dijo, sin aportar ninguna prueba, que «desde que Petro llegó al poder, la producción de cocaína en Colombia se ha disparado a su nivel más alto en décadas, inundando Estados Unidos y envenenando a los estadounidenses».
La inscripción de Petro en la lista negra se produce a semanas de que en la Asamblea general de la ONU hubiera fustigado el genocidio en Gaza con el apoyo implícito de EE UU y dijo: “No hay raza superior. No hay pueblo elegido de Dios. No lo es ni Estados Unidos ni Israel. El pueblo elegido de Dios es toda la humanidad”. No sólo eso, junto con Roger Waters llamó a los soldados del ejército estadounidense a que “no apunten con sus fusiles contra la humanidad”. Lo que le valió el retiro de la visa si quisiera volver a cruzar las fronteras. Desde entonces el enfrentamiento no hizo sino escalar.
Así, a cada nueva lancha con presuntos narcotraficantes que las fuerzas de EE UU bombardearon cerca de las aguas territoriales venezolanas, el colombiano respondió que los asesinados eran pobres que a lo sumo transportaban minucias o humildes pescadores y destacó que, en algunos casos, se trató de colombianos y trinitenses, no de venezolanos como informan desde Washington. Además, puntualizó que los verdaderos narcotraficantes “viven en Nueva York, París, Madrid y Dubái. Muchos tienen ojos azules y cabello rubio, y no viven en los barcos donde caen los misiles. Viven junto a la casa de Trump en Miami”. En paralelo, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, se encargó de ordenar la reapertura de la base de Roosevelt Roads, en Puerto Rico, en la que se entrenan tropas destinadas a alguna posible incursión en Venezuela, y ordenó el traslado del portaaviones Gerald Ford (ver aparte), el mas grande de la flota, en una peligrosa provocación contra el gobierno de Maduro, el de Petro y, por si quedaran dudas, de Lula da Silva en Brasil.
La pregunta puede parecer trivial, pero ¿cuánto habrá influido en este encono que el Nobel de la Paz de 2025 fuera para la opositora María Corina Machado y no para Trump? Lo concreto es que parte del resentimiento con Petro se relaciona con que el mandatario desnuda la falacia de los argumentos de Trump.
Este mismo viernes, Petro convocó a una Marcha por la Paz, la Democracia y la Soberanía Nacional que a la vez sirva para establecer un poder constituyente hacia una reforma de la Carta Magna. “Creí que nos podíamos ayudar francamente (con Trump), sin trampas, pero hasta yo mismo tuve que darme cuenta de que la excusa de la lucha contra las drogas es en realidad un programa de control colonial sobre los países de América Latina», dijo a la multitud. «El señor Trump ataca al líder colombiano que más se ha opuesto al narcotráfico, sediento de poder político y de sangre en Colombia”, agregó.
Para Petro, la Casa Blanca se alía con las verdaderas mafias del narcotráfico, entre las que incluye a la oposición de derecha, y en su cuenta de X reveló ayer que “Verónica Alcocer está separada de mí hace años, la perjudican gratuitamente. Ya la oligarquía colombiana había dado orden de procesarla y a mi hijo de abrirle varios procesos. Es su estrategia electoral”.
Vale recordar que Bill Clinton y el entonces presidente Andrés Pastrana firmaron en 1999 el llamado Plan Colombia, un acuerdo que entre otros ítems, se vendió como una estrategia para luchar contra el narcotráfico y poner fin al conflicto armado, con miles de millones de dólares en «ayuda militar». El plan incluyó la instalación de siete bases militares. El 16 de septiembre pasado, EE UU retiró la certificación de Colombia como aliado en la lucha contra las drogas y un día después Petro anunció que dejaría de comprarle armas. «
Los otros desafíos de Donald
Como para demostrar que el principal obstáculo para que se cumpla un alto el fuego que Donald Trump como el que había logrado el 13 de octubre es Israel y no la residencia islámica, esta semana, mientras el vicepresidente JD Vance pisaba suelo israelí, la Knesset aprobó en primera lectura la anexión de Cisjordania. La postura de Vance fue contundente: «Fue algo estúpido. Es algo puramente simbólico, un truco, y personalmente algo insultante». Ya en julio pasado, el parlamento había aprobado una moción -como esta, no vinculante- para declarar que “Judea y Samaria (como se denomina a esa región en la Biblia y pretende la derecha israelí) son una parte inseparable de la patria histórica del pueblo judío”. Ahora, puntualiza que Israel puede aplicar sus leyes y su soberanía sobre los asentamientos que desde 1967 viene construyendo de manera ilegal en Cisjordania «para establecer el estatus de estas áreas como parte inseparable» del estado israelí.
Este cruce que bien puede ser interpretado como un desafío a la Casa Blanca de los partidos que acompañan a Benjamin Netanyahu en el gabinete, es apenas una de las guerras en las que Trump pretende que lo vean como un pacificador. En la otra, Ucrania, tampoco las tiene todas consigo y en este caso los europeos parecen ser los que intentan impedir un encuentro con Vladimir Putin en Budapest, como se había hablado luego de la última charla telefónica entre ambos mandatarios del 16 de octubre.
Europa, mientras tanto, parece definitivamente haber perdido el rumbo y al tiempo que la UE emitió el paquete número 19 de sanciones contra Rusia entre las que incluyó a empresas chinas que comercian con el país euroasiático, el ministro de Relaciones Exteriores alemán intentó mantener reuniones en Beijing. Según informó la agencia germana dpa, Johann Wadephul decidió suspender el viaje porque no había conseguido que ningún funcionario de relevancia lo recibiera. Algo le quisieron decir.
No es novedad que Donald Trump le declaró la guerra, por ahora comercial, a China, que con sus vaivenes -pone aranceles, reduce aranceles, incrementa aranceles- viene desarrollando desde el 20 de enero. Beijing, a todo esto, fue respondiendo con sus tiempos pero cada vez más ímpetu. A tal punto que ahora el inquilino de la Casa Blanca se queja de que los chinos se pusieron “extremadamente agresivos”. Una de las batallas de esa guerra afecta especialmente a la Argentina, donde el gobierno de Javier Milei fue a pedir un nuevo salvavidas para que no terminara de hundirse su plan económico y el secretario del Tesoro, entre las condiciones para su “rescate”, reclamó “sacar a China” del país. El comunicado de la embajada china en Buenos Aires fue todo lo lapidario que ni Milei ni su ministro de economía osarían decir: “Scott Bessent y Estados Unidos deben entender que América Latina y el Caribe no es el patio trasero de nadie”.
En esa escalada comercial que está generando una crisis global a todo nivel, este viernes el Ministerio de Transporte de China anunció tarifas especiales a buques propiedad de operadores, propietarios, empresas, organizaciones o individuos estadounidenses en todos sus puertos. Estados Unidos había avisado que desde ese mismo martes impondría tasas adicionales a embarcaciones chinas.
Una minucia en el contexto de la ofensiva de Trump. Que no duda en acusar al gobierno de Xi Jinping por las movidas que ensaya ante las medidas unilaterales que aplica EEUU desde febrero. Así, Beijing anunció controles a la exportación de tecnologías relacionadas con las tierras raras, un insumo básico en la industria bélica y de comunicaciones de las que el gigante asiático es el principal exportador del mundo.
Desde el Salón Oval la irritada réplica fue “¡Están sucediendo cosas muy extrañas en China! Se están volviendo muy hostiles y están enviando cartas a países de todo el mundo para anunciar que quieren imponer controles de exportación a todos los elementos de producción relacionados con tierras raras, y prácticamente a cualquier otra cosa que se les ocurra, incluso si no se fabrica en China”, se ofuscó en su red Truth.
Pero de inmediato tomó dos decisiones igualmente hostiles. Por un lado dijo que desde el 1 de noviembre aplicará aranceles de 100% a todos los productos chinos que quieran llegar a EE UU. Por el otro dijo que no se reunirá con el presidente chino en la cumbre de la APEC, el foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico que se desarrollará en Corea del Sur. “Ahora no parece que hay motivo para reunirnos”, indicó, con los labios en “puchero” como muestra de su enfado. Todavía se dio tiempo para añadir que “en esencia, (las medidas de China) congestionarían los mercados y dificultarían la vida a prácticamente todos los países del mundo, especialmente a China”.
La frutilla del postre en estas costas vino de la mano del gobierno nacional, que sumiso como nunca, calló ante la imposición de Bessent para respaldar la región paleolibertaria. “Parece ignorar que China viene impulsando valiosas acciones de cooperación con los países de la región en las más diversas áreas, siempre sobre la base del respeto, la igualdad, la colaboración y el beneficio mutuo”, dice el comunicado de la representación diplomática. Esas declaraciones del funcionario estadounidense, añade, “volvieron a dejar de manifiesto la mentalidad arraigada en los tiempos de la Guerra Fría que sigue caracterizando a algunos funcionarios estadounidenses”.
“Los países de América Latina y el Caribe tienen el derecho a elegir, con independencia y libertad, cuál es su camino de desarrollo y quiénes son sus socios en materia de cooperación”.”, critica el texto, que concluye: “sería mejor que EE UU deje de sembrar discordia y crear problemas donde no los hay, para hacer más aportes reales para el desarrollo de la región que dice defender”.
Las marchas y contramarchas de la administración Donald Trump en su guerra de aranceles va mostrando más desorientación que efectividad y cada nueva medida termina por socavar la esencia misma del mensaje que el 47° presidente pretende enviar al mundo y el objetivo mismo de “hacer grande a Estados Unidos otra vez”. La última novedad es que el inquilino de la Casa Blanca quiere echar al presidente de la Reserva Federal (el banco central) Jerome Powell, porque se niega a bajar las tasas de interés. Casi en simultáneo, el Wall Street Journal publicó que el secretario del Tesoro, Scott Bessent (de visita fugaz en Buenos Aires el lunes) y su par de Comercio, Howard Lutnick, aprovecharon que Trump estaba solo en el Salón Oval para convencerlo de la necesidad de bajar un cambio sobre los impuestos aduaneros porque los mercados estaban descontrolados. Así fue que, sin la mirada admonitoria del asesor económico Peter Navarro, el mandatario suspendió la mayoría de las tasas por 90 días, dejando solo el monumental castigo a China, aunque quedaron a fuera celulares y computadoras. Los chinos no se quedaron de brazos cruzados y su embajada en Argentina respondió al apriete de Bessent para que el gobierno argentino termine con los swaps.
El mensaje provocativo de Bessent en estas comarcas fue un toque de oportunismo: venía, se supone, a dar apoyo en medio de la crisis que justificó un nuevo “salvataje” del FMI, el BID y el Banco Mundial. Pero deslizó que el gigante asiático tenía políticas “rapaces” en África y Latinoamérica. La réplica fue inusualmente feroz: “exhortamos a la parte estadounidense a desintoxicar su mente. En lugar de dedicar su tiempo y energía a desacreditar y atacar en forma recurrente a China, o señalar con el dedo a los países de región por sus cooperaciones con otros países, o intentar imponer una nueva versión de la Doctrina Monroe, sería mucho más productivo realizar contribuciones reales a favor del desarrollo de los países de la región”, le espetó.
En otra muestra de cómo ven las cosas los empresarios, el CEO de Nvidia, Jensen Huang, se reunió en Beijing con Ren Hongbin, titular del Consejo Chino para la Promoción del Comercio Internacional, dependiente del Ministerio de Comercio, y se comprometió a respetar el compromiso de la empresa con el mercado chino ante los nuevas restricciones para exportación de chips H20.
Las cifras oficiales indican que China creció en 2024 el 5% y en el primer trimestre de este año 5,4%, mientras que el PBI de EE UU aumentó 2,9 el año pasado y 1,2% en lo que va de este. De allí la desesperación de Trump, que pretende impulsar la economía estadounidense bajando las tasas bancarias. Pero resulta que el jefe de la Reserva Federal se focaliza en controlar la inflación, que ya se ubica en el 2,4% y teme –con justa razón– que se desborde por la andanada de aranceles. Powell fue designado por el mismo Trump en 2018 y se mantuvo con Joe Biden. Legalmente, el titular del Ejecutivo no lo puede despedir así como así. «Tenemos un presidente de la Reserva Federal que está jugando a la política. Alguien a quien nunca le he tenido mucha simpatía… Las tasas de interés deberían haber bajado ya», despotricó de todas maneras Trump.
Bessent, por su lado, armó una estrategia en el marco de una interna desencarnada con Navarro, que había sido secretario de Comercio en la anterior gestión del empresario inmobiliario, y ahora impulsa el festival de aranceles con la esperanza de que esa sea la forma de que Estados Unidos se reindustrialice. Bessent tiene un objetivo similar, pero junto con Lutnick decidieron morigerar esas medidas ante el descalabro financiero que se registraba. El secretario del Tesoro, a todo esto, se bajó del avión que lo sacó de la capital argentina para recibir en Washington al ministro de Economía de España, Carlos Cuerpo, a quien reprendió por el viaje de Pedro Sánchez a Beijing para una larga conversación con Xi Jinpig.
El jefe de estado chino, mientras tanto, realizó esta semana una gira por Vietnam, Malasia y Camboya y desde la presidencia pro témpore de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) defendió el multilateralismo y un sistema de comercio mundial centrado en las directivas de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Entrevistado por la agencia Xinhua, el secretario general de la OCS, Nurlan Yermekbayev, dijo que en la institución –que integran además India, Rusia, Pakistán, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán– “estamos firmemente a favor de sistemas comerciales justos y sostenibles que beneficien a todos”.
El gobierno de EE UU, por otro lado, busca reducir costos y propuso el cierre de diez embajadas y 17 consulados, principalmente en Europa y África. Se eliminarían cinco consulados en Francia, dos en Alemania, dos en Bosnia y Herzegovina, uno en el Reino Unido, uno en Sudáfrica y otro en Corea del Sur.
En la otra disputa que se juega Trump, la de la geopolítica, concluyó este sábado la segunda ronda de negociaciones con autoridades iraníes, esta vez en la embajada de Omán en Roma, para establecer un nuevo por el acuerdo nuclear. Por la parte de EE UU fue el enviado especial Steve Witkoff y por Irán el ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araqchi. Por protocolo, debía haber estado Marco Rubio, que tiene cargo de canciller, pero estaba de viaje en París, mostrando su preocupación porque el diálogo con Ucrania y Rusia para no dan señales de avance. Rubio se reunió con funcionarios europeos pero no se supo mucho más en qué quedaron. El presidente ruso, a todo esto, decretó unilateralmente un alto el fuego para celebrar las Pascuas, pero desde Kiev le avisaron que no lo piensan respetar.
Fotos de la decadencia
“Bajo el régimen oligárquico y autoritario de Donald Trump, nos encontramos viviendo un momento sin precedentes en la historia moderna de Estados Unidos. Como resultado, tenemos que responder de una manera sin precedentes”, dice en una carta Bernie Sanders. El senador por Vermont encabeza una cruzada contra el gobierno en la que sumó a otros sectores del ala izquierda del partido demócrata, como la congresista Alexandria, Ocasio-Cortez que llamó Gira de Lucha contra la Oligarquía.
Los movimientos tectónicos en EE UU que refleja la emergencia de Trump dejan estos días otros botones de muestra. Alguno se remonta a la década del ’60 del siglo pasado. Siguiendo directivas del Salón Oval, la directora de Inteligencia Nacional (DNI), Tulsi Gabbard, encargó llevar a cabo la digitalización, desclasificación y preparación de los archivos de los organismos estadounidenses sobre Robert F. Kennedy y Martin Luther King, asesinados en 1968 con la sospecha permanente de la implicancia de los organismos estatales, como denuncia el secretario de Salud, Robert Kennedy Jr., hijo del malogrado secretario de Justicia y candidato a la presidencia.
Este sábado se cumplieron, además, 30 años del atentado terrorista en el Edificio Federal Alfred P. Murrah, de la ciudad de Oklahoma. El ataque dejó en saldo de 168 muertos y 600 heridos cuando un camión cargado de explosivos detonó frente a la mole de nueve pisos. No fueron extremistas islámicos, sino dos exmilitares del Ejército de Estados Unidos, Timothy McVeigh y Terry Nichols, fanáticos sí, pero contra el Estado federal.
Otros que tampoco quieren a los símbolos del gobierno central como los que atacaron el Congreso el famoso 6 de enero de 2021, terminaron condenados e indultados por Trump ni bien asumió, este 20 de enero. Ahora, un artículo de la agencia AP resalta que uno de ellos Ryan Kelley, condenado por delitos menores y por meses preso, ahora quiere postularse para gobernador de Michigan. No le fue bien cuando lo intentó en 2022. Pero quizás por entonces las brevas aún no estaban maduras.
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