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Bloomberg, con la billetera más grande que la de Trump

Bloomberg, con la billetera más grande que la de Trump

En la elección de 2016, la amenaza de Bernie Sanders fue cauterizada por el establishment demócrata a través de una de sus más fieles representantes, Hillary Rondham, la esposa de uno de los barones del partido, el expresidente Bill Clinton. Esta vez, la apuesta pasó por instalar a Joe Biden, vicepresidente de Barack Obama, para destronar a Donald Trump. Pero Sanders está bastante más fuerte que hace cuatro años, Biden se cayó estrepitosamente en las dos primarias que se llevaron a cabo y ahora, un poco a la desesperada y otro por eso de que “billetera mata galán”, viene creciendo la candidatura de Michael Bloomberg, el hombre que ostenta el puesto número 12 entre los más ricos de EE UU. Con lo que el duelo de noviembre podría darse entre millonarios. Básicamente para bloquear el corrimiento a la izquierda que implicaría Sanders, declarado socialdemócrata. Más parecido a Suecia o Dinamarca que a Cuba o Venezuela, pero demasiado para que los sectores de poder en Estados Unidos duerman tranquilamente.

Bloomberg fue alcalde de Nueva York entre 2002 y 2013 y en ese período profundizó la política de represión ciudadana que con el slogan Tolerancia 0 había comenzado su antecesor Rudolph Giuliani. Si hay una diferencia entre Trump y Bloomberg, además de que el exalcalde tiene 17 veces más dinero que el actual ocupante de la Casa Blanca, es que no es un heredero. Es decir, hizo el dinero en base a su habilidad y no a partir del que recibió de sus padres.

Un trabajo elaborado por Forbes, la revista que computa las riquezas más grandes del mundo, destaca que Trump atesora 3100 millones de dólares, contra 60 mil millones de Bloomberg. A continuación recuerda que el aspirante hizo dinero con las terminales de información donde los inversores acostumbran mirar para decidir. Y que recién en 1992 –cuando él ya tenía 50 años- apareció entre los 400 más ricos, pues había superado el límite de 350 millones. “En ese momento, Trump estaba tratando de salvar su imperio después de que una ola de compras alocada lo llevó al borde del colapso”, recuerda. Trump recién superó ese escalón en 1996.

Para mostrar las aptitudes de cada uno, Forbes contabiliza el crecimiento de la riqueza de cada uno de ellos desde entonces. Trump incrementó su fortuna a una tasa anual de 8,8%, dos puntos más que el promedio del índice Standard and Poors 500. Pero el salto de Bloomberg fue estrepitoso: enriqueció a una tasa del 18,8% anual. La explicación quizás sea que apostó a la información y los medios mientras que Trump se mantuvo en el negocio inmobiliario y toda su intervención en los medios fue a través de un reality show en el que premiaba a emprendedores que mostraban sus destrezas para convertirse en magnates.

Ahora, para posicionarse frente a la caída de los “pollos” del partido demócrata tras los primeros caucus –donde Sanders aparece como favorito- puso unos 400 millones de dólares en publicidad, artículos pagos y apoyo a periodistas y medios de tv, radio, papel y digitales, según informa New York Times. Y ya está en los spots. Bloomberg fue demócrata hasta que en 2001 consiguió el apoyo de los republicanos para ganar en Nueva York. Se mantuvo con el partido del elefante hasta 2007, en que volvió a los demócratas. En ese vaivén se parece al que espera que sea su contrincante en noviembre. Trump fue republicano entre 1987 y 1999, luego acompañó a otro millonario con aspiraciones, Ross Perot; volvió al partido del burro, donde había iniciado su raid político, en 2001 y se fue definitivamente en 2009. Así obtuvo la nominación en 2016, contra todos los pronósticos.

En las elecciones de medio término, Bloomberg comenzó a mostrar su interés en incidir en el Congreso de EE UU y sacó de su bolsillo unos 100 millones de dólares para patrocinar a un puñado de legisladores demócratas que permitieron recuperar el control de la Cámara Baja a la oposición.

Ahora, a los 78 años, los vientos soplan a su favor. No hay candidatos «confiables» para impedir que Trump sea reelegido y todo lo que despunta es la siempre presente imagen de Sanders, que tiene la misma edad pero representa una postura ante el mundo diametralmente opuesta. Tanto como que plantea discutir la desigualdad social, salud y educación gratuita, impedir deportaciones, combatir del cambio climático, legalizar la droga y el control de las armas.

Todas ellas malas palabras para ese 1% de la población de Estados Unidos que ahora tiene casi tanta riqueza como las clases media y media alta juntas, según un artículo de nada menos que de bloomberg.com que firmaron Alexandre Tanzi y Michael Sasso.

Tanto Sanders como Elizabeth Warren y un extendido arco dentro del partido demócrata, entre ellas Alexandria Ocasio Cortez, vienen proponiendo un giro copernicano en el país. Pero la pelea de los dirigentes más idealistas se hace cada vez más cuesta arriba: En abril de 2014 la Corte Suprema de Justicia anuló los límites a las contribuciones para las campañas electorales.

Si Trump ganó hace cuatro años es porque tenía billetera para bancar la parada. Bloomberg tiene 17 veces más. «

Otra vez, la sombre de los espías rusos

Los demócratas se juegan una nueva parada en Nevada, donde volverán a competir por ver quién se enfrentará con Donald Trump el 3 de noviembre. Como se está haciendo casi un clásico, otra vez la supuesta injerencia Rusa vuelve a aparece en escena, como sucede desde que en 2016 Hillary Clinton perdió una elección que en el partido creían fácil.

Esta vez el sablazo vino desde el Washington Post, que publicó información aportada presuntamente por funcionarios estadounidenses que habrían sido informados por agentes de inteligencia de que los servicios rusos estarían operando en favor del socialdemócrata Bernie Sanders. El senador por Vermont salió prontamente al ruedo a exhortar a que Moscú se “mantenga al margen” de los comicios.

«Mi mensaje a Putin es claro: manténgase alejado de las elecciones estadounidenses, y como presidente, me aseguraré de que usted lo haga», dijo en un comunicado.

Sanders viene con viento a favor luego del fiasco del caucus de Iowa, donde todo indica que el programa cibernético para el conteo de votos fue bloqueado para no darle el triunfo, hasta las de New Hampshire, donde se impuso por el 26% del apoyo contra el Pete Buttigieg, que alcanzó el 24,4%. En Nevada los pronósticos le daban 15 puntos de diferencia.

Mientras tanto, el magnate Bloomberg se prepara para meterse en la pelea recién para el 3 de marzo, cuando se desarrolle el “supermartes” en el que en forma simultánea se realizan primaras en 14 estados. Ante el avance de Sanders y la caída del hombre de las elites demócratas, Joe Biden, el millonario, podría ser el único candidato potable para el establishment del país en un intento por destronar a Trump, envalentonado luego de que fracasó el impeachment en su contra en el Senado. Pero en un debate televisado entre todos los aspirantes, Bloomberg no fue lo brillante que necesitaría como para ingresar a la carrera cuando ya está comenzada.

Elizabeth Warren, la otra senadora de centroizquierda que pretende competir en noviembre, lo acribilló a preguntas sobre los acuerdos de confidencialidad que debieron firmar tres mujeres que trabajan en las empresas del exalcalde de Nueva York por comentarios del acaudalado precandidato.

«Realmente estoy harta de los multimillonarios, independientemente del partido, que piensan que las reglas no se aplican a ellos», insistió Warren ni bien pisó tierra de Nevada para esta ronda preelectoral.

Tiempo Argentino, 23 de Febrero de 2020

Trump, en su semana de gloria, va por la reelección

Trump, en su semana de gloria, va por la reelección

Donald Trump tuvo su semana de gloria. Tan empoderado se sintió luego del aplastante triunfo en la interna republicana de Iowa del lunes y el cierre del impeachment en el Senado del miércoles que se animó a un tuit en el que desliza la posibilidad de una reelección eterna. Del otro lado, el vergonzoso proceso electoral de los demócratas en el primer test para seleccionar quién lo enfrentará en noviembre abre interrogantes preocupantes para la oposición.

En realidad, lo único sorprendente en la votación de la Cámara Alta que absolvió a Trump de los delitos de abuso de autoridad es que la lideresa parlamentaria demócrata, la experimentada Nancy Pelosi, continuara con el proceso a pesar de que era evidente que la mayoría republicana le daría el aval al presidente de su mismo partido.

Pero el juicio político tampoco tenía apoyo en las calles. La prueba más contundente es que en la primaria demócrata, el ex vicepresidente Joe Biden, que aparecía en las encuestas como favorito, cayó estrepitosamente a un cuarto lugar, muy por debajo de Bernie Sanders, Pete Buttigrieg y Elizabeth Warren.

No está de más recordar que el fundamento para abrir la causa contra Trump es que había maniobrado para que el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, ordenara a la Justicia de su país investigar los negociados de Hunter Biden, hijo del candidato demócrata, en una empresa de energía.

Lo determinante no fue, analizado a esta altura de los acontecimientos, que Trump usara el poder de la principal potencia del mundo para una movida que podría enlodar al que parecía su principal oponente para seguir otros cuatro años en la presidencia. Lo que causó escozor en el establishment político de Washington fue que develara el revés de la trama que sustenta a gran parte de la dirigencia estadounidense: los negocios particulares armados bajo la protección de la bandera de EE UU.

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(Foto: AFP)

Biden Jr. aprovechó el golpe contra el entonces presidente ucraniano Víktor Yanukovich, pergeñado por el Departamento de Estado en 2014, para encaramarse en el directorio de la empresa petrolera Burisma Hokdings, donde según denunció el propio Trump en la red Twitter, cobró 100 mil dólares al mes sin tener la menor experiencia en energía.

Que un político estadounidense o alguno de sus familiares haga negocios desde su cargo público no es novedad ni adentro de EE UU ni en el exterior. De hecho, se conoce como «puerta giratoria» al esquema de ingresar a una firma privada cuando se deja el cargo, para regresar luego cuando se vuelve a la función. Sin ir más lejos, muchos de los altos dignatarios del Partido Republicano, como el ex vicepresidente Dick Cheney o Donald Rumsfled, exsecretario de Defensa, son integrantes de grandes corporaciones militares. Por esa misma razón, nadie «saca los pies del plato» en Washington mostrando esas actividades reñidas con la moral, aunque no penadas por la ley.

Por eso el ataque de Trump contra Biden Jr. debe ser entendido como una guerra intestina dentro de los sectores del poder estadounidense. Es que desde que sorpresivamente el actual mandatario se presentó como candidato a suceder a Barack Obama, los representantes del statu quo buscaron la forma de bloquearlo.

Sus declaraciones eran rupturistas del régimen establecido entre los dos partidos políticos, más allá de los modales revulsivos que muestra desde que se hizo personaje popular como conductor de un reality televisivo. Eso amenaza al poder detrás de las sombras: el aparato militar industrial que –junto con Cheney y Rumsfled– extendió sus tentáculos en Irak y Afganistán con George W. Bush. Obama había llegado al Salón Oval con la promesa, en 2008, de retirar las tropas de esas regiones, pero no hizo más que incrementar la participación estadounidense de ese pantano. La imagen que utilizó Trump para presentarse fue que iba a «drenar el pantano» en ese y en otros ámbitos.

Con vaivenes y una política exterior zigzagueante, ni bien Trump llegó a la Casa Blanca fue denunciado por presuntamente haber recibido apoyo del gobierno ruso durante la campaña. Los demócratas nunca digirieron la derrota –Trump ganó en el colegio electoral, aunque en el voto popular tuvo 3% menos de apoyo que Hillary Clinton– y se aliaron con el llamado «estado profundo», para evitar un cambio de rumbo en la política exterior.

Si Trump pretendía negociar espacios de poder con Rusia y China, de movida debió demostrar que con Vladimir Putin estaba todo mal. En el caso de China, la guerra comercial forma parte de la otra pata de su estrategia: ponerle freno a la deslocalización de empresas hacia la potencia asiática para recuperar fuentes de trabajo dentro de EE UU.

Desde el punto de vista electoral, el enfrentamiento con el establishment, que también integran los medios hegemónicos, no le salió nada mal. Las encuestas de Gallup, la más influyente de las consultoras de ese país, indican que el apoyo de la población a las políticas de Trump ronda el 49%. Entre los republicanos la aprobación es del 94%, mientras que entre los independientes llega al 42%. Sólo el 7% de los demócratas habló positivamente del mandatario, una diferencia que refleja la «grieta» que aprovechó el exconductor de The apprentice, un programa en el que un puñado de empresarios competían por un premio de 250 mil dólares y un contrato para dirigir una empresa de Trump. La frase que lo hizo entonces famoso era «you are fired» (estás despedido), a los que iban quedando en el camino hacia la final.

Esa misma frase le espetó el jueves al teniente coronel Alexander Vindman, que fue director de Asuntos Extranjeros en el Consejo de Seguridad Nacional y atestiguó en su contra en el impeachement. En octubre pasado había pronunciado esa misma sentencia ante John Bolton, el belicoso jefe de esa dependencia. Bolton era uno de los testigos que querían presentar los demócratas en el Senado para enterrar a Trump. Pero los republicanos, que también leyeron las encuestas, le rechazaron esa posibilidad.

Trump saborea sus triunfos mientras ejerce su venganza sobre los que pretendieron quitarlo del camino. Pero en esta partida no está todo dicho. Los intereses en juego son monstruosamente grandes. «

Sin grieta sobre Venezuela

El canciller de Rusia, Serguéi Lavrov, de gira por Venezuela, cuestionó las sanciones económicas de Estados Unidos contra Caracas y la amenaza del gobierno de Donald Trump de sacar del poder por la «fuerza» a Nicolás Maduro. «Condenamos decisivamente todo tipo de métodos como chantaje, dictados, sanciones y otros pasos que van en contra y derrocan la carta de la ONU», dijo Lavrov desde el palacio presidencial de Miraflores.

En su discurso del Estado de la Unión, Trump avaló las políticas agresivas contra el gobierno bolivariano y presentó al diputado Juan Guaidó como el «presidente legítimo» de Venezuela. Fue el único momento en que demócratas y republicanos mostraron su acuerdo.

«La crisis alrededor de Venezuela procede de (…) una campaña grande con el fin de derrocar el gobierno legítimo, utilizando todas las opciones, como dicen los organizadores de esta campaña, incluso el uso de la fuerza», denunció Lavrov.

Tiempo Argentino, 9 de Febrero de 2020

El «Acuerdo del Siglo» terminó siendo el «bofetón del siglo»

El «Acuerdo del Siglo» terminó siendo el «bofetón del siglo»

Como abrazados a sus penurias políticas particulares, los mandatarios de Estados Unidos e Israel anunciaron el «Acuerdo del Siglo», un plan que llamaron de paz pero que difícilmente pueda ser aceptado por los principales involucrados en ese documento, los palestinos. A poco de andar los días, fue evidente que son pocos los que creen que esa movida espectacular de la Casa Blanca pueda implicar algún cambio duradero. Pero al borde de las definiciones sobre el juicio político a Donald Trump y en el comienzo de las Primarias para elegir los candidatos a las presidenciales del 3 de noviembre, mientras a su vez Israel se prepara para el tercer comicio con un primer ministro, Benjamin Netanyahu, tratando de esquivar un proceso por corrupción, el plan de Trump para el Medio Oriente muestra un perfil de marketing muy adecuado para el momento.

El plan de la administración Trump, pomposamente presentado como un arreglo definitivo al conflicto palestino-israelí, lo viene pergeñando el yerno del presidente, Jared Kushner, desde hace dos años. Y teniendo en cuenta que el joven viene del mundo inmobiliario, tiene algunos toques de propuesta de consorcio, ya que como parte de la solución, ofrece inversiones y perspectivas económicas atractivas para los palestinos.

Sin embargo, los críticos coinciden en que resulta inaceptable ya que legaliza la ocupación de colonos israelíes en tierras que para la comunidad internacional pertenecen al Estado palestino, que desde 1948 no se pudo conformar precisamente por esas diferencias. Al mismo tiempo, cristaliza la situación de los pobladores del escaso territorio, sometidos a control, vigilancia y la provisión de elementos esenciales como el agua de las autoridades israelíes.

«Es el bofetón del siglo y terminará en el basurero de la historia», sentenció Mahmud Abbas, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, único organismo con carácter estatal que los palestinos pudieron conformar. «Es un copy-paste del proyecto del primer ministro y de los colonos israelíes», agregó el negociador palestino Saeb Erekat.

«Es un plan que nace muerto», se sumó el mandatario turco, Recep Tayyip Erdogan, quien al mismo tiempo fustigó la actitud condescendiente que mantuvieron los gobiernos de la región. «Los países árabes que apoyan un plan semejante traicionan a Jerusalén y a su propio pueblo y algo más importante: a toda la humanidad», dijo Erdogan en un encuentro con líderes de su partido, el AKP. «Arabia Saudita está silenciosa. ¿Cuándo harás oír tu voz? Omán, Bahréin, también. El gobierno de Abu Dabi aplaude. ¡Vergüenza! ¡Vergüenza!», se enardeció. Recién ayer la Liga Árabe emitió un comunicado rechazando el plan de la Casa Blanca.

Las voces críticas se hicieron oír también entre los israelíes. Así, el escritor y periodista Gideon Levy inició su columna para el diario Haaretz, de Tel Aviv, con el recuerdo de Omar Abu Jeriban, un habitante de Gaza que en 2008 fue arrojado al costado de una carretera por efectivos israelíes que lo habían sacado de un hospital «con una bata clínica, herido, débil, descalzo, sin comida ni agua y conectado a un catéter». Un caso horroroso que sólo reflejó en aquel momento el periódico afín a la izquierda de Israel.

«La posición del policía que tiró al hombre herido fue asumida ahora por Donald Trump y Benjamin Netanyahu, el rol del hospital fue asumido por el mundo. En 2008 fue una tragedia humana, (este martes) fue una tragedia nacional», agregó Levy, hijo de inmigrantes alemanes que escaparon de la persecución nazi, quien por sus habituales planteos en contra de la ocupación de Cisjordania y la asfixia a los habitantes de Gaza suele ser acusado de agente de Hamas. «Dejaron a los palestinos sangrando a un costado del camino», concluyó.

Mientras tanto, Netanyahu se reunió en Moscú con Vladimir Putin a la vuelta de su viaje a Washington. Una visita de cortesía para informar personalmente sobre los alcances del acuerdo anunciado en la capital estadounidense. Rusia es un jugador esencial en Medio Oriente desde que tomó las riendas del combate al terrorismo de ISIS y por su ayuda al gobierno de Bashar al Assad. El presidente ruso tiene también su influencia en los cientos de miles de emigrados de esa nacionalidad que, desde las colonias israelíes en Palestina, son claves para la elección del 2 de marzo.

Como parte de esa misma gira, Netanyahu logró otro guiño de Putin, que indultó a Naama Issachar, una joven que había sido detenida un año atrás en el aeropuerto de Moscú con un paquete que contenía cannabis. Condenada a siete años de prisión por posesión y contrabando de drogas, regresó este jueves a Tel Aviv y apareció en los medios junto al primer ministro, quien se ufanó de sus dotes diplomáticas en un caso que conmovió a la opinión pública, alertada desde abril pasado por la madre de la mujer, Yama, que inicio la campaña por su liberación.

Que el acuerdo pega fuerte en la campaña electoral israelí lo demuestra no sólo el fervor con que Netanyahu se subió a ese carro de cara a su intención de que esta tercera vez logre la diferencia que le permita un nuevo mandato. Como el escenario político en Israel es tan intrincado Trump no tuvo más remedio que invitar también al candidato que le viene peleando cabeza a cabeza las urnas a Netanyahu, el general retirado Benny Glantz.

Hábil, el exjefe de las fuerzas armadas fue a Washington pero pidió una entrevista privada con Trump. No quería quedar pegado a su contrincante, al que espera finalmente sacar de la cancha dentro de un mes. Ambos representan a distintos sectores de la derecha israelí. Netanyahu está en el gobierno hace diez años y va por un nuevo período. Su principal enemigo por estos días es el fiscal general Avichai Mandelblit, quien lo acusa de fraude, corrupción y abuso de poder.

Tiempo Argentino, 2 de Febrero de 2020

Irán y Trump caminan sobre el filo de la navaja

Irán y Trump caminan sobre el filo de la navaja

Todos los protagonistas caminan sobre el filo de la navaja y el temor a una escalada bélica que conduzca a una guerra mundial está latente. Al mismo tiempo, cada uno juega su propio juego, especialmente el primer responsable de esta nueva amenaza a la paz mundial, Donald Trump, quien en sus tuits de este sábado demostró mayor preocupación por el avance del impeachment en su contra y su aspiración a ser reelecto que a las implicancias del asesinato del general Qasem Soleimani y al derribo del avión ucraniano por un misil iraní. Los europeos, en tanto, analizan las cartas en juego antes de hacer una apuesta, pero ven en los últimos -inescrutables- movimientos del presidente de EE UU una oportunidad para recuperar, con la OTAN, el protagonismo perdido en Medio Oriente desde los años ’50.

Luego de tres días de negativas, este sábado el presidente persa, Hasán Rohaní dijo que el Boeing 737 ucraniano había sido alcanzado por un misil (ver aparte). Tras deshacerse en disculpas, el mandatario lo atribuyó a un error humano “imperdonable”. Puso como contexto que la aeronave circulaba por una zona que desde el homicidio del líder militar iraní estaba en tensión. Al asesinato de Soleimani le siguió en represalia el bombardeo de dos bases de EE UU. que, sin embargo, no despertó nuevas acciones norteamericanas. El mensaje de Rohaní fue corroborado por el líder religioso de ese país, Alí Jamenei. Amir Ali Hajizadeh, comandante de la Fuerza Aeroespacial Guardia Revolucionaria de Irán, que dirigió Soleimani, asumió toda la responsabilidad por el derribo.

En un síntoma de que nadie quiere dar el primer paso que lleve a una hecatombe, los mandatarios de Ucrania y de Irán se pusieron en contacto para limar posibles asperezas. En un principio, y como era de esperar, Volodímir Zelenski reclamó por la caída y pidió una investigación, mientras Teherán negó haber tirado contra el aparato y atribuyó el hecho a un accidente, pero Rohaní asegura haber ordenado una investigación interna que  permitó el mensaje de ayer.

De todas maneras, el presidente iraní culpó a EE UU y la decisión de Trump de asesinar a un líder que para algunos se compara con el Che Guevara por su lucha contra el imperialismo estadounidense. Soleimani fue el estratega de Irán en el combate al terrorismo de grupo ISIS en Irak y Siria. El día en que fue eliminado con un dron en el Aeropuerto de Bagdad, estaba en misión oficial. Enviado por el gobierno de Rohaní, y a pedido de la administración Trump, gestionaba un acercamiento con Arabia Saudita para poner fin a las tensiones en la región. Riad y Teherán están enfrentados por cuestiones religiosas tanto como por intereses geoestratégicos. Por otro lado, ISIS (Estado Islámico o Daesh en sus siglas originales) fue caratulado como un grupo terrorista fundamentalista pero recibió apoyo de Washington desde la era Obama y con la llegada de Trump a la Casa Blanca se fue reduciendo su poderío al punto de que fueron derrotados en Siria y el norte de Irak.

La situación en esa parte del mundo está complicada para EE UU, empantanado desde hace casi dos décadas en una guerra sin fin en Afganistán y en una invasión a Irak de la que Obama no pudo salir y Trump parece que tampoco.

Esta semana el parlamento iraquí votó una orden al presidente para que exija el retiro de todas las tropas de EE UU. La invasión de 2003, iniciada con la excusa -mentirosa- de que el régimen de Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva, solo generó muerte y destrucción en esa nación y ahora los chiítas, la rama del Islam a la que adhiere la Revolución Iraní, llegó al poder, algo imposible con el sunnita Hussein. Esas fuerzas, sumadas a Hezbolah, también apoyadas por Irán, amenazan la supremacía estadounidense.

La orden de Trump es a las claras un acto terrorista opuesto a las leyes internacionales. Pero en su favor hay que decir que no fue el inventor de estas prácticas. La CIA protagonizó crímenes políticos desde su fundación, tras la Segunda Guerra Mundial, aunque siempre fueron operaciones encubiertas. Con Obama, sin embargo, no solo los “asesinatos selectivos” se hicieron a la luz del día sino que aún se recuerda el festejo de la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton y el propio mandatario demócrata en la Sala de Situación de la Casa Blanca cuando tropas de EE UU asesinaron a Osama bin Laden, líder del grupo Al Qaeda, otra organización armada inicialmente por Washington.

Trump, ya desde su campaña electoral de 2015, prometía reducir la intervención de EE UU en el exterior, por razones económicas más que ideológicas. Las sucesivas guerras están causando cada vez más daño a su economía. Según cifras oficiales citadas John Whitehead, director del Instituto Rutherford, desde 2001 -cuando tras los atentados a las Torres Gemelas el gobierno de George W. Bush se lanzó a la caza de Al Qaeda en Asia- EE UU gastó U$S 4,7 trillones en operaciones exteriores: más de 32 millones por hora. “El gobierno está gastando dinero que no tiene en un imperio que no puede pagar”, concluye Whitehead.

Esta semana, también, Trump conminó a que la OTAN se comprometa en el acoso a Irán. El problema es que durante la era Obama, EE UU y cinco potencias europeas habían firmado el acuerdo por el cual Teherán se comprometió a desarrollar un proyecto nuclear controlado por organismos internacionales y que no implicaba la fabricación de armamento atómico.

Entre las primeras medidas de Trump como presidente, rechazó ese acuerdo y ordenó mas sanciones contra Irán. Al día de hoy, Boris Johnson, que está sacando a Gran Bretaña de la Unión europea, se alineó con Trump para “lo que guste mandar”. Y en América Latina, Jair Bolsonaro no solo atribuyó falsamente a Soleimani responsabilidad en el atentado a la AMIA en Buenos Aires, sino que culpó a Lula da Silva de haber intentado blanquear al gobierno persa en 2010 con un acuerdo nuclear que había desarrollado su gobierno junto con el de Turquía con el entonces presidente Mahmud Ahmadinejad. Ese acuerdo, a instancias de Obama, fue bloqueado por Hilary Clinton. El de 2014 es sustancialmente el mismo.

Lula se apuró a denostar la acusación de Bolsonaro por falsa y malintencionada. La nueva Comisión Europea, que inició su gestión el 1 de diciembre pasado a cargo de la alemana Ursula von der Leyen, comenzó a dar señales de que no rehusaría volver a ocupar lugares que hasta la emergencia de EE UU como superpotencia ocupaba en el planeta.

Pero todo depende de que una chispa no haga saltar el mundo por el aire. «

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Rusia: ¿maniobra belicosa o choque de tránsito?

El Pentágono acusó a la armada rusa de acciones «agresivas» en el Mar Arábigo después de que uno de sus buques casi chocara con un destructor de la armada de Estados Unidos. El barco ruso ignoró las explosiones de advertencia de colisión del USS Farragut y se acercó mucho antes de apartarse, evitando por poco un choque. «Mientras que el barco ruso tomó medidas, la demora inicial en cumplir con las normas internacionales mientras hacía acercamiento agresivo aumentó el riesgo de colisión», dijo un comunicado. Un video muestra que el barco ruso se acerca rápidamente a la popa del buque de guerra estadounidense de 155 metros. También que ignoró cinco explosiones cortas emitidas por Farragut, la señal marítima internacional de peligro de colisión. Pero el Ministerio de Defensa de Rusia negó la acusación y aseguró que Farragut se había cruzado en el camino de su barco. «Fue el destructor estadounidense el que violó abiertamente las normas internacionales para evitar colisiones en el mar el 9 de enero de 2020 al hacer una maniobra para cruzarse en el rumbo del barco ruso, mientras se posicionaba a la izquierda del buque militar ruso que avanzaba», replicaron.

Un iraní con un machete y un hacha

Un ciudadano iraní fue arrestado con un machete, un hacha de pico y dos cuchillos cerca de la residencia de verano del presidente estadounidense, Donald Trump, en Florida. Tenía además 22 mil dólares en efectivo y un coche a su nombre, estacionado en el aeropuerto de Palm Beach, la ciudad al norte de Miami donde Trump tiene su residencia y club de golf Mar-a-Lago. Masoud Yareioeill Zoleh fue arrestado bajo la acusación de portar armas ocultas en un puente que conduce al islote de West Palm Beach, a 6,4  km de Mar-a-Lago, donde Trump pasó sus vacaciones de fin de año.

Tiempo Argentino, 12 de Enero de 2020