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El estilo Trump irrita al establishment

El estilo Trump irrita al establishment

En Europa oriental adaptaron una vieja frase que en América Latina fue muy conocida en épocas no tan lejanas. “¿Por qué no hay revoluciones de colores en Estados Unidos? Porque allí no hay embajadas de Estados Unidos”. La referencia es a los movimientos sociales en países que habían pertenecido a la órbita soviética y que en poco tiempo cayeron en manos de élites prooccidentales a través de revueltas populares contra la dirigencia establecida, como la Revolución Naranja en Ucrania en 2004. Algo parecido piensa un fino ironista como el británico Karl Sharro, que se permitió dar la bienvenida al Estados Unidos de estos días al concierto de las naciones que en la primera década del siglo protagonizaron la llamada Primavera Árabe.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su estilo poco convencional irritaron al establishment cultural, político y mediático, y las manifestaciones populares en contra del intempestivo empresario podrían ser el nacimiento de un movimiento más profundo. Algunos sectores afines a Trump sospechan que detrás de esas movidas, que podrían llevar al derrocamiento del presidente, está la mano de los intereses del “estado profundo” y las multinacionales que no ven con buenos ojos el cambio de modelo que propone el flamante mandatario.

Los mismos que manejaron tras bambalinas revueltas antigubernamentales en regiones de interés estratégico para Estados Unidos, incluso, podrían haber metido la nariz en algunas de estas manifestaciones de rechazo a Trump. Las aguas están lo suficientemente confusas en el Norte como para aseverar algo así.

Por lo pronto, Trump trata con ese modo brutal que lo caracteriza de avanzar lo más posible antes de que se le pasen los 100 días de gracia que todo nuevo ocupante del Salón Oval tiene concedido. Por eso desde el progresismo ensayaron los Cien días de Resistencia para frenar el empuje conservador que amenaza con demoler valores que parecían incorporados al imaginario popular.

La designación de un juez para la Corte como Neil Gorsuch, antiabortista y al mismo tiempo partidario de la pena de muerte, fue uno de los ejemplos regresivos de la segunda semana de Trump en el poder. Los demócratas rechazaron esa designación por los antecedentes del magistrado pero por otras dos razones de peso: tiene 49 años, lo que implica que el tribunal contará con primacía ultraconsevadora por mucho tiempo. Además, porque a la muerte de Antonin Scalia, hace justo un año, los republicanos impidieron el tratamiento del candidato que había propuesto Barack Obama.

Ante esta realidad, y teniendo en cuenta que la aprobación de Gorsuch necesita del apoyo de senadores demócratas porque la mayoría oficialista no alcanza para cubrir los dos tercios requeridos para el aval, Trump intentó imponer la “Opción Nuclear”, que habilita en situaciones de extrema urgencia a cambiar las reglas de juego o así votarlo con el 50 por ciento.

Hubo trabas en el Congreso también para la designación del secretario de Estado, Rex Tillerson y de los titulares de Defensa y el director de la CIA, Mike Pompeo, entre otros. Los demócratas dejaron el recinto en un intento de demorar el procedimiento y negociar cambios. Pero finalmente, forzando la regla de que debe haber al menos un opositor en el recinto, el oficialismo impuso su voluntad. De paso, fue designada como número dos de la agencia de inteligencia Gina Haspel, que tuvo su cuarto de hora de fama en 2013 cuando fue removida de su cargo porque había autorizado el uso de la tortura en interrogatorios secretos en Taliandia. Trump ya había dejado claro que el tormento es efectivo para obtener información y dijo que no tiene drama en que se aplique.

La CIA, experta en desestabilizar gobiernos a lo largo y ancho del mundo, promete ser otro hueso duro de roer y no solo por el informe donde acusaban al gobernó de Vladimir Putin de haber hackeado cuentas de Hillary Clinton para beneficiar a Trump en la elección de noviembre pasado. Por eso crece la sospecha de que están maniobrando en todos los rincones para socavar a Trump. Se sabe que uno de los objetivos es el propio jefe, Pompeo, pero también el asesor de Seguridad Nacional, Mike Flynn, un general retirado al que vigilan por su frecuente trato con el embajador ruso, Sergei Kislyk.

En el Pentágono, donde el castigo físico no genera prurito alguno, Trump encontró una resistencia de consecuencias aún no mensuradas. Parte de su estrategia a nivel internacional se basa en un acercamiento a la Rusia de Putin, por eso puso de canciller a un ex CEO de Exxon que lo conoce personalmente, como Tillerson, y al propio Flynn. Pero este giro en la política exterior choca con los paradigmas de los generales de cinco estrellas asentados en el edificio de Arlington, ni qué decir de los fuertes intereses de la industria bélica.

Fue así que el comandante de las fuerzas estadounidenses en Europa, Ben Hodges, desplegó tanques en la frontera ruso-polaca y disparó salvas tras anunciar que no era un ejercicio de entrenamiento sino un mensaje a Moscú. El detalle es que en la OTAN alentaron esta jugada porque Trump quiere que los europeos pongan más dinero en la defensa de su propio territorio.

En la UE también crece el descontento con las medidas proteccionistas que ya comenzó a implementar la nueva administración. El francés François Hollande ya se quejó públicamente del destrato “inaceptable” del nuevo presidente al viejo continente, en el contexto de que en breve, luego del Brexit, Gran Bretaña volverá a ser socio privilegiado de Estados Unidos, como acordaron Theresa May y Trump hace nueve días.

La llegada de Tillerson también alarmó al personal del departamento de Estado y ya son 900 los funcionarios que firmaron un memorando interno donde se critica la prohibición de ingreso a refugiados y ciudadanos de siete países musulmanes que el gobierno central dictó por Orden Ejecutiva la semana pasada. Esa polémica medida también fue rechazada por las autoridades de los estados de Nueva York, Massachusetts y Washington. La respuesta a los díscolos en el equipo que ahora comanda el petrolero fue tajante: “Los diplomáticos de carrera deben cumplir el programa (del presidente) o irse”, les espetó Sean Spicer, portavoz de la Casa Blanca.

El que decidió irse sin que lo echen fue el CEO de Uber, TravisKalanick, quien abandonó el Consejo de Asesores del presidente luego de que una enorme cantidad de pasajeros borró la aplicación de sus celulares porque vieron a la empresa como asociada de Trump.

Indemnizaciones en los links

El estilo prepotente de Donald Trump no es nuevo y nadie sabe qué consecuencias podrá tener para el mundo. Pero un juez de Florida le puso precio a un gesto desconsiderado para con los socios de un club de golf de ese distrito. La historia cuenta que en 2012 el magnate compró a precio de ganga un negocio que era deficitario del Ritz-Carlton Hotel y entre sus primeras medidas modificó sin previo aviso las reglas de membresía al luego bautizado Trump National Golf Club Jupiter.

La queja de algunos viejos socios se estrelló con un seco “si no les gustan las reglas, váyanse”. Cosa que decidieron hacer de inmediato, no sin antes reclamar por sus depósitos en un plazo de 30 días, como estaba establecido con los anteriores propietarios.

Trump se hizo el desentendido pero el juez Kenneth A. Marra les dio finalmente la razón y la empresa deberá devolver a los demandantes 4,85 millones de dólares más intereses por 925.010 dólares.

Tiempo Argentino
Febrero 5 de 2017

Theresa y Donald, los herederos de Thatcher y Reagan

Nicholas Wapshott, biógrafo de Margaret Thachter, cuenta la afinidad que surgió en el primer encuentro de la entonces líder de la oposición conservadora británica con el flamante ex gobernador de California Ronald Reagan. Era abril de 1975 y la derecha mundial estaba digiriendo las ideas del economista Milton Friedman, aunque ya tenían incorporadas las de otro teórico neoliberal, el austríaco Friedrich von Hayek. Un lustro después inaugurarían una alianza indestructible, ella como primera ministro del Reino Unido y él como presidente de Estados Unidos, para llevar esas teorías a la práctica del modo más brutal. Unos años más tarde se incorporaría a ese dúo Mijail Gorbachov, quien encabezó el capítulo final de la Unión Soviética.

Con ese telón de fondo, Theresa Mayy Donald Trump recordaron aquellos momentos históricos en su primer encuentro, este viernes, de lo que pretenden como una nueva sociedad entre EE UU y Gran Bretaña que ponga fin a una globalización que, al decir de ella, provocó cambios en las sociedades que los habitantes, que “perdieron sus trabajos o han visto sus sueldos recortados (…) no recuerdan haber dado permiso para que ocurrieran”.

En su primera semana en la Casa Blanca el extravagante empresario estadounidense puso en marcha algunas de sus medidas más irritativas para el orden establecido: por orden ejecutiva (la versión estadounidense de los DNU) sacó a EE UU del Tratado Trans Pacífico (TTP), anunció el inicio de obras para levantar el muro en la frontera con México y humilló al presidente Enrique Peña Nieto comportándose como un pendenciero que quiere obligar a su vecino a pagar la medianera. Volvió a maltratar a la prensa y tiene en carpeta sendos decretos para recortar la financiación de organismos internacionales y de la ONU, además de promover la autorización de la tortura para el combate de los enemigos de EE UU.

Cuando sorpresivamente Trump ganó la elección por mayoría de electores, muchos de sus opositores confiaron en que sus estrafalarias propuestas de campaña no podrían ser implementadas porque el sistema tiene suficientes contrapesos constitucionales como para frenar cualquier exceso. No contaban con que Trump no les iba a dar respiro con decisiones que, para cuando reaccionen, ya van a estar en marcha.

Una de las consecuencias de su rápido accionar es que, también en contra del consenso diplomático gestado en la última década, abrirá el diálogo con el presidente Vladimir Putin. Luego de las denuncias de hackeo de espías rusos en la campaña electoral -la última y desesperada jugada de Barack Obama en defensa de su eje de política exterior- podría pensarse que Trump bajaría un cambio en esta ruta.

La designación de Rex Tillerson en el departamento de Estado había sido una señal fuerte del intento de seducción diplomática, habida cuenta de su amistad con el líder ruso. Pero en su presentación ante el Congreso para refrendar su designación, el ex CEO de la petrolera Exxon fue más bien ambiguo y no habló de levantar las sanciones sobre el gobierno de Putin.

Nadie duda de que Trump busca sino una alianza al menos una proximidad amigable con Moscú. En ese camino novedoso para la época, cuenta con el apoyo intelectual de Henry Kissinger, el ex secretario de Estado que en tiempos de Richard Nixon promovió el histórico encuentro del presidente con Mao Zedong. Ya hubo indicios claros de que Trump quiere dar vuelta a esa página de la historia y se puso en contacto con la dirigencia de Taiwán.

Si el ex actor de Hollywood fue un personaje clave para derrotar a la Unión Soviética, el nuevo inquilino de la Casa Blanca pretende encontrar una cuña para bloquear cualquier entente entre Rusia y China, que ya forman parte del ahora alicaído grupo BRICS y están llamados a integrar el terceto dominante en el futuro cercano.

Pero este cambio sustancial a la política ahora en marcha alteró los nervios del aparato industrial militar y el de inteligencia en el último tramo de la gestión Obama. Ni qué decir del departamento de Estado, donde al menos cuatro diplomáticos de carrera presentaron su renuncia para no quedar pegados a una administración que les cambia el paradigma tan drásticamente. «Esta es la mayor fuga simultánea de personal institucional que nadie pueda recordar», declaró ante el Washington Post el ex jefe de gabinete de John Kerry, David Wade. Se trata de cuatro funcionarios experimentados que habían pasado por gobiernos republicanos y demócratas pero dijeron “hasta aquí llego”.

Mientras tanto, dirigentes de los países que habían firmado el TTP -una asociación creada para aislar a China integrada por Japón, Australia, Brunei, Canadá, Chile, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam- intentan ahora convocar a Beijing para no quedar en ridículo tras el retiro de EEUU. El boliviano Evo Morales aprovechó para pasarles factura: «Esos gobiernos de derecha quedaron sin proyecto político, sin programa, hasta sin patrón. Ahora está en problemas México con Estados Unidos, aunque firmaron tratados de libre comercio.»

Theresa May es la emergente del Brexit y no quiere a los inmigrantes. Trump, de la desindustrialización en amplias regiones de su país y desprecia a los mexicanos. Theresa y Donald son las dos cabezas más visibles de esta combinación explosiva de nacionalismo, xenofobia y antiglobalismo. Tal vez sean los que cierren el círculo abierto en 1975 cuando se conocieron Margaret y Ronald.

Tiempo Argentino
Enero 29 de 2016

Obama busca ser el líder del progresismo estadounidense

Sus gestos pueden parecer superfluos por lo tardíos, pero las últimas decisiones de Barack Obama demuestran que se propone liderar el progresismo estadounidense ni bien deje la Casa Blanca. Ese fue su mensaje cuando el miércoles dijo en su despedida de los periodistas que cubren información presidencial que piensa volver al ruedo “si los valores medulares del país están en riesgo”. O sea, que no está en sus planes abandonar la política para meterse en alguna fundación que administre sus ingresos dando conferencias, como lo hicieron algunos de sus antecesores. Ni para calzarse las pantuflas.

Consciente de que la llegada de Donald Trump al gobierno representa un giro copernicano a lo que fueron sus ocho años de gestión, Obama dio una serie de señales que, si se leen los diarios de esta última semana, lo ubicarían como un mandatario de avanzada sobre el promedio de los últimos ocupantes del cargo, desde Ronald Reagan hacia acá.

Así, envió un correo a los congresistas republicanos –que sobre todo en esta última parte de su período presidencial usaron la mayoría en ambas Cámaras para bloquear las decisiones del oficialismo– donde denunció el rechazo a su reclamo de cerrar la prisión de Guantánamo. «No hay simplemente ninguna justificación, más allá de la política, para la insistencia del Congreso en dejar abierto ese centro de detención», sostiene Obama en su póstuma misiva a favor de una de las promesas electorales cuando ganó la primera elección, en 2008.

Pero también tomó cartas en asuntos más comprometidos, como el conflicto en Palestina. Y tras una histórica abstención en la ONU sobre los asentamientos judíos en Jerusalén Este –Washington siempre acompañaba a Israel en todos los foros internacionales–, dijo ahora que el actual “status quo es insostenible. Es peligroso para Israel, es malo para los palestinos, es malo para toda la región, y además es malo para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Y abogó por la solución de dos Estados, uno judío y uno árabe, caso contrario, “de alguna forma estaremos extendiendo la ocupación”. Dura definición para un mandatario estadounidense.

Luego dio otro paso en su intento por recomponer vínculos con Cuba, que fue su gran apuesta desde fines de 2014 en su relación con América Latina. Y puso fin a la política de “pies secos-pies mojados”, por la cual todo cubano que lograba pisar suelo estadounidense era considerado un exiliado mientras que si caía en manos de la guardia costera era devuelto a la isla. Aunque no logró –y no hizo una carta a los republicanos– modificar el bloqueo comercial y financiero al gobierno revolucionario.

Luego, también en esta su última semana en el poder, conmutó la pena a Chelsea Manning, la exsoldado que como Bradley Manning había filtrado miles de documentos a WikiLeaks y había sido condenadoa 35 años de prisión. «Vi los detalles de este caso de la misma manera que otras conmutaciones y perdones y sentí a la luz de todas las circunstancias que conmutar su sentencia era completamente apropiado», se justificó.

Finalmente, y en una acción menos difundida pero altamente significativa, conmutó la pena al independentista puertorriqueño Óscar López Rivera, detenido en 1981 como integrante de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) y condenado a 55 años de cárcel, a los que en 1988 se le agregaron otros 15 años adicionales. López Rivera quedará en libertad en mayo, si es que Trump no veta esta decisión.

Pero ante el reclamo de organizaciones de derechos civiles, se negó a indultar a otro preso político, Leonard Peltier, activista del Movimiento Indígena Estadounidense encarcelado desde 1976 y condenado –en un juicio de dudosa imparcialidad– a dos cadenas perpetuas consecutivas por el crimen de dos agentes del FBI durante un tiroteo en la reserva Pine Ridge, en los territorios sagrados Sioux de Dakota del Sur, donde meses antes se hallaron uranio y carbón.

Otra mella para su aspiración es que en su mandato –con Hillary Clinton en la secretaría de Estado– tres gobiernos progresistas de la región fueron destituidos mediante golpes parlamentarios: Honduras, Paraguay y Brasil. Y en todos los casos los destituyentes recibieron apoyo y reconocimiento de Washington. Además, el 13 de enero renovó por otro año el decreto que declara a Venezuela «una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de EE UU». «

Tiempo Argentino
Enero 22 de 2017

La CIA se enfrenta a Donald Trump

El gobierno de Barack Obama y el aparato militar industrial pusieron todos los cañones en tratar de que Donald Trump no sea nominado mañana presidente por el Colegio Electoral (ver aparte). Puede parecer una elucubración de mentes afiebradas, proclives a las teorías conspirativas. Pero las últimas denuncias sobre el hackeo de mails comprometedores de Hillary Clinton y el argumento de que detrás de esa operación estarían espías cibernéticos y el propio Vladimir Putin para que ganara el polémico empresario, despertó las más encendidas refutaciones de sectores, tanto de la derecha como de la izquierda.

La ecuación, según advierte el canadiense Michel Chossudovsky –un académico creador del Centro de Investigación sobre la Globalización (CRG) y del sitio globalresearch.ca– es fácil de entender si se analiza a quiénes responden Trump y Clinton. «Hillary es la candidata del complejo industrial militar de EE UU, su agenda de política exterior no responde directamente a los intereses de un gran segmento de la América corporativa, incluyendo un sector importante de la industria petrolera», detalla.

La designación de Rex Tillerson como secretario de Estado, en cambio, es una muestra del grupo al que representa Trump. Porque Tillerson es CEO de ExxonMobil y como representante de la industria petrolera tejió una sólida amistad con Putin al cabo de múltiples negociaciones en asociación con la rusa Rosneft para explotaciones en el Mar Negro, en Siberia y en el Ártico.

Ponerlo en el lugar que hasta 2013 ocupó Hillary es toda una señal de los nuevos tiempos que quiere imponer Trump, que fustigó en la campaña la política exterior de los demócratas y especialmente el tono belicista de la gestión de Obama. No se trata de que el futuro mandatario sea de por sí un pacifista, sino de que en el establishment estadounidense hay una pelea de fondo entre dos grupos contrapuestos que pelean por la hegemonía.

En la edición web de Tiempo pueden verse los detalles de una operación mediático-política iniciada en mayo con las primeras denuncias de un posible hackeo que hicieron voceros del gobierno de Obama. Gran parte de esa información se conoció, avanzada la campaña electoral, a través del sitio WikiLeaks, que publicó cientos de mails que comprometían a la candidata demócrata. Clinton salió ahora con encendida furia a hacerse eco de supuestas investigaciones de la CIA que confirmarían la incursión cibernética rusa.

Lo que destacan analistas de la talla de Justin Raimondo –un «paleolibertario antibélico» más cercano a los conservadores que al progresismo– es algo elemental para quien quiere entender lo que está sucediendo con esa denuncia: ninguno de los grandes medios ni funcionarios dice cuál es la fuente de esa investigación. Además, si existiera algo semejante no se entiende por qué Obama no llamó por lo menos al embajador ruso para pedirle explicaciones, algo usual en la diplomacia en casos como este. Por otro lado, la agencia que hurga en las redes cibernéticas no es la CIA sino la NSA, según reveló el Edward Snowden. Y en ese organismo nadie abrió la boca.

Finalmente, hay dos testimonios que desnudan que las ediciones de estos días de diarios como el New York Times y el Washington Post compraron información poco verificada. Uno es de Craig Murray, un bloguero británico que fue por casi dos años embajador de Londres en Uzbekistán. Murray declaró que los mails que según Clinton habría perjudicado su candidatura no fueron hackeados sino que fueron divulgados mediante una filtración de los servicios de inteligencia, de alguien como Snowden que quería que el público conociera lo que ocurre puertas adentro del poder en EE UU. Y dijo más, que conocía al whistlerblower (soplón) pero no iba a divulgar su nombre.

La otra fuente es el fundador de WikiLeaks, hoy día asilado en la embajada ecuatoriana en Londres. Julian Assange declaró que los famosos cables no provenían de espías rusos sino de alguien de la CIA al que iban a proteger por seguridad.

Ante los primeros ataques, Trump tildó a las denuncias de ridículas y luego fue al grano. «Ellos (la CIA) son los mismos que dijeron que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva.» La alianza entre la diplomacia estadounidense, los organismos de inteligencia y el régimen saudita puede ser la primera víctima de este acercamiento a Rusia. Y la industria bélica puede perder mucho dinero.

«Bajo el liderazgo de Clinton –revela Chossudovsky– el Departamento de Estado aprobó $ 165 mil millones en ventas de armas comerciales a 20 naciones cuyos gobiernos han dado dinero a la Fundación Clinton(…) 151 mil millones de dólares de acuerdos separados por el Pentágono para 16 de los países que donaron a la Fundación Clinton, lo que resultó en un aumento del 143% en las ventas realizadas a esas naciones durante el mismo período durante la administración Bush.»

Mucho dinero como para rendirse sin al menos hacer bulla. «

Hackeo a hackeo, elector a elector

El sistema electoral de EE UU es el mismo que crearon los «padres fundadores». Y al presidente lo elige un colegio electoral que surge de los comicios. Muy pocas veces ocurrió que el candidato con más votos electorales no haya sido el más votado en las urnas. Pero nunca se había dado que la diferencia fuera tan abismal. Hillary Clinton obtuvo el 8N más de 2,6 millones de votos que Trump, aunque tiene 232 electores contra 302 del republicano.

Si los «malditos mails» perjudicaron a Clinton no se notó en las urnas, más bien se refleja en que los republicanos armaron una ingeniería electoral que les permitió tener más votos en distritos clave que les permitían sumar más electores. Detalle: salvo en dos estados, en el resto el que gana la elección, así sea por un voto, se lleva todos los electores.

Así se entiende mejor el objetivo de una operación como la que se armó en torno al supuesto hackeo ruso. Putin es el ogro de la película para los medios y el aparato político occidental desde hace algunos años. Si además se lo puede vincular al polémico Trump, se podría lograr que algunos de los electores den vuelta su mandato partidario en aras de la Patria y nombren a HIllary.

Así, diversos colectivos y organizaciones a través de redes sociales impulsan una campaña para que los electores republicanos no voten por un candidato que, dicen, no es apto para defender al país. Se prevén manifestaciones este lunes bajo el lema de que Clinton tuvo mayor cantidad de apoyos populares, lo cual se cierto. Un grupo anti-Trump denominado «Electors Trust», ofrece asesoría legal gratuita a los electores presidenciales republicanos que quieran pegar el salto para advertirlos sobre las consecuencias, que según el distrito no pasa de una multa de 1000 dólares.

El objetivo de máxima no es que todos se den vuelta. Para ser ungido presidente se necesitan 270 votos electorales. Con 37 que salten el cerco, a Hillary le alcanza para llegar a la Casa Blanca. Hacia ellos apuntan.

Tiempo Argentino
Diciembre 18 de 2016