por Alberto López Girondo | Abr 12, 2017 | Sin categoría
El gobierno de Vladimir Putin exigirá a Donald Trump que presente pruebas de que Siria atacó con armas químicas en la ciudad de Jan Sheijun, provincia de Idlib, la excusa para ordenar la andanada de misiles que descargó sobre una base militar en Homs y que puso en vilo a la comunidad internacional. Será este martes cuando el secretario de Estado Rex Tillerson visite Moscú. «Que venga y que nos explique lo que hicieron. Le vamos a decir todo lo que pensamos», señaló a la cadena NTV la portavoz de la cancillería rusa, María Zajárova.
El sorpresivo ataque ordenado por Trump con misiles Tomahawk, según deslizan cerca de Putin y coinciden analistas internacionales, tenía como objetivo demostrar –mediante una peligrosa exageración de recién converso- que para nada es amigo del presidente ruso, principal sostén internacional de Bashar al Assad. Y que detrás de ese bombardeo sobre la base de Shairat, en la provincia de Homs, está el interés de realinear a la coalición occidental.
En ese sentido, en las últimas horas Bélgica y Alemania adelantaron un paso al costado de la coalición militar destinada a combatir al grupo yihadista Estado Islámico (ver aparte). Los últimos atentados en Suecia, Bélgica, Alemania y antes Francia tienen mucho que ver con esta decisión, pero también que no les queda claro hacia dónde quiere ir Trump o hasta dónde lo dejará el establishment, que desde que ganó la elección viene fustigando su pretendido acercamiento a Putin.
En la madrugada del jueves pasado, fueron lanzados 59 misiles de crucero Tomahawk desde el portaaviones USS George H. W. Bush, de la Sexta Flota apostada en el Mediterráneo, contra la base aérea siria de Shairat, causando al menos siete muertos, dos de ellos civiles.
La ofensiva unilateral estadounidense fue, según Trump, en respuesta a un supuesto ataque con armas químicas contra la ciudad de Jan Sheijun que causó 84 muertes y más de 500 heridos y había sido denunciado tres días antes por la opositora Coalición Nacional para las Fuerzas de la Oposición y la Revolución Siria, una ONG con sede en Londres.
Las imágenes de niños y adultos bajo los efectos del gas sarín conmovieron a todo el mundo y levantaron quejas en los grandes medios contra el gobierno de Al Assad, acusado de haber vuelto a viejas prácticas de utilizar químicos prohibidos por los protocolos de la guerra. Desde Damasco respondieron que todas las armas no convencionales en manos del gobierno sirio habían sido destruidas con supervisión de Naciones Unidas, tal como marcaron los acuerdos entre Barack Obama y Putin en 2014. Y que el ataque en Jan Sheijun fue contra una base del EI, que si eso desencadenó una nube letal es porque los terroristas tenían esas armas atesoradas en el lugar.
El canciller ruso, Sergei Lavrov, insiste en la posición de Moscú: no hay pruebas de que las tropas de Al Assad hayan usado armas químicas. «Esto recuerda a 2003 cuando Estados Unidos, el Reino Unido y sus aliado, invadieron Irak sin autorización del Consejo de Seguridad usando como excusa que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva » que, por otro lado, nunca se encontraron. Este martes, Lavrov y el secretario de Estado Rex Tillerson se verán los rostros en Moscú, y el ruso ya adelantó que le piensa decir en la cara todo lo que piensa de esta peligrosa movida.
¿Esta maniobra implica un giro copernicano de Trump sobre su planteo inicial de cambiar de cuajo las relaciones internacionales de Estados Unidos? Se recordará que el empresario dijo en campaña y anunció desde que se mudó a la Casa Blanca, el 20 de enero, que la política de Obama había sido errada, que era necesario coordinar con Rusia la forma de manejar las relaciones internacionales. Además, que EE UU no iba a seguir haciendo el mayor gasto para sostener a la OTAN en Europa, y que los europeos debían hacerse cargo de cuidar de sus propias espaldas.
De cara al frente interno, Trump quiso representar la demanda de sectores afectados por la globalización, como los asentados en el «cinturón de óxido», la región del medio este donde prosperó la industria automotriz. Un cambio radical en relación al crecimiento de áreas como Silicon Valley, con su ultrasofisticado desarrollo tecnológico, y el aparato militar industrial, que hace negocios con la guerra. Esto bastó para enfrentarlo a la dirigencia política, la burocracia estatal (el llamado Estado Profundo) y los servicios de inteligencia y los medios hegemónicos.
Obama dejó el gobierno despotricando contra una presunta injerencia de Putin en la campaña a favor de Trump, culpando a espías rusos de haber hackeado cuentas de correo de su candidata, Hillary Clinton, quien sin embargo logró 3 millones de votos más en el conteo final. La embestida creció desde el 20 de enero al punto de que obligó a la renuncia de su designado asesor en Seguridad Nacional, el general Michael Flynn. El sucesor del puesto que alguna vez ocupó Henry Kissinger fue «acusado» de haber mantenido reuniones con el embajador ruso en Washington. El mismo cargo pesa sobre varios de los funcionarios designados por Trump.
El viernes, mientras el secretario general de la ONU, António Guterres, expresaba su preocupación por la escalada bélica en Siria, Trump celebraba en Florida el «formidable avance» de sus relaciones con China, durante el segundo día de visita oficial del presidente chino, Xi Jinping. En la Bolsa de Nueva York, en tanto, las acciones del fabricante de los misiles Tomahawk, Raytheon, subían el 1,72 por ciento. Mucho en los términos en que se manejan las acciones en el centro del poder financiero internacional. Raytheon, para los fundadores de la compañía, quiere decir “Luz de los dioses”.
Tiempo Argentino
Abril 9 de 2017
por Alberto López Girondo | Mar 21, 2017 | Sin categoría
Cementos Mexicanos, más conocida como CEMEX, es una de las mayores productora mundiales de cemento, con 97 millones de toneladas anuales, y opera en 50 países de América, Europa, Asia y África. En la Argentina está inscripta como proveedora de concreto premezclado desde sus tres bases en la Ciudad de Buenos Aires. Nacida en 1906, está identificada como una insignia de los mexicanos y se dice que solo dejó de producir durante un breve período durante Revolución.
A principios de mes dio alguna señal de que aquella vieja frase que se atribuye a Lenin, el líder de la Revolución Rusa, acerca de que los capitalistas se pelearían por vender la soga con la que se los habría de ahorcar, tenía su fundamento: se ofreció a entrar en la licitación para la construcción del muro entre México y Estados Unidos que pretende terminar de levantar el presidente Donald Trump.
Así lo dijo claramente el presidente de la compañía, Rogelio Zambrano, al diario Reforma. «Si pudiéramos cotizar estaríamos en la mejor disposición; no es momento todavía (pero) si alguien nos pide una cotización con gusto lo haremos», dijo Zambrano, y nadie de la empresa lo desmintió cuando lo consultaron de la agencia AFP.
Se entiende, Cemex es el mayor proveedor de cemento y concreto premezclado de Estados Unidos y el presupuesto estimado para la obra es de unos 21.600 millones de dólares. Eso tienta a cualquiera. Por tal razón es que la presidenta de la Comisiones de Relaciones Exteriores del Senado, Gabriela Cuevas, propuso que las empresas que participen en la construcción del muro deben ser rechazadas en todos los contratos a los que aspiren con el estado mexicano.
La senadora, destaca un cable de Sputnik Novosti, presentó un petitorio ante la Cámara Alta que «exhorta a los Poderes de la Unión (el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial) y a los tres niveles de gobierno (federal, estadual y municipal) para que se abstengan de contratar o adjudicar bienes o servicios con las personas o empresas nacionales o internacionales que participen de manera directa o indirecta en la construcción del muro fronterizo entre México y Estados Unidos».
El documento agrega que «el muro no facilitará el intercambio comercial de más de un millón de dólares que cada minuto se realiza en la zona fronteriza», sino que esta destinado a todo lo contrario. El proyecto es completar con un paredón los 3200 kilómetros de frontera, de los que ya fueron construidos 1000 durante las gestiones de Barack Obama y de George W. Bush. De acuerdo al anuncio que oportunamente presentó el gobierno de Estados Unidos, las estructuras deberán ser de hormigón y de no menos de nueve metros de altura.
Más de 60 empresas hispanas mostraron su interés en participar de la obra, según un informe de Telesur. «Honestamente, para nosotros sería antes que nada un trabajo más de infraestructura y creador de empleos, algo que tanto necesitamos en Nuevo México», cita el diario El Universal a Mario Burgos, de la constructora Burgos Group. «Alguien tiene que hacerlo, trabajo es trabajo, sin importar las afiliaciones políticas», señaló a su turno Ricardo Díaz, de Halbert Construction, de El Cajón, San Diego, California.
Tiempo Argentino
Marzo 19 de 2017
por Alberto López Girondo | Mar 17, 2017 | Sin categoría
–El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, dijo que la CIA «perdió el control de todo su arsenal de armas cibernéticas» y que cualquiera puede comprar ese material en el mercado negro, ¿qué hay de eso?
–Lo que se publicó es un sistema interno por el cual la CIA compartía información para hacer ataques cibernéticos a objetivos de vigilancia. Se filtró todo el sistema más las herramientas para poder hacer los ataques y lo que dice Assange es que esa filtración no la hizo alguien de la CIA sino que eran documentos que circulaban entre contratistas o terceros y que probablemente uno de ellos o de la CIA misma lo estaba distribuyendo. En realidad, las revelaciones no son tan novedosas.
–Lo nuevo es que ahora aparecen documentos.
–Y que es la CIA. Que a la agencia de inteligencia más poderosa del mundo le sacan información y la hacen pública. Porque desde el año 2011 WikiLeaks había publicado información de empresas que venden a gobiernos software de vigilancia, como Hacking Team, una empresa italiana que vende software para espionaje. Lo mismo que hace la CIA ya lo hacían y vendían a gobiernos. Pero si bien ahora sabemos que la CIA puede espiar cualquier dispositivo electrónico que nosotros estemos utilizando, no es el único adversario del que me tengo que estar cuidando.
–¿Cómo es eso?
–Me puede espiar mi gobierno local, hay software que se vende para vigilar a la esposa, para saber dónde y con quién está. Y eso se puede conseguir en Internet de una manera no tan difícil. Todos los dispositivos electrónicos que tenemos pueden ser utilizados en nuestra contra. Por ejemplo, los famosos televisores Smart TV. No es nada nuevo y ahora se publicó que la CIA puede tomar un televisor Samsung inteligente y aunque esté apagado escuchar la conversación que sucede enfrente de la pantalla. ¿Para qué el televisor tiene un micrófono? Para cosas como reconocimiento de voz, decirle “televisión préndete, cambia de canal”. Algo que no es tan necesario versus el riesgo que implica tener un micrófono conectado a Internet todo el tiempo dentro de mi casa. La CIA puede entrar en esos sistemas porque esos sistemas tienen fallas de seguridad.
–¿Son fallas de seguridad o están diseñados así deliberadamente para entrar en la casa de cada ciudadano con la complicidad del fabricante?
–Es muy probable que estas empresas colaboren no tanto con la CIA como con la NSA. De forma voluntaria o no, por temas legales como el Patriot Act de 2001, tienen la obligación de colaborar con el gobierno.
–Pero Samsung es coreana.
–Pero está Microsoft, Apple, donde están 90 y tanto por ciento de teléfonos que se utilizan en el mundo. Ellos tienen obligación legal de ayudar al gobierno de EE UU a espiar a ciudadanos que no son de EE UU. En los documentos de Snowden se ve que Microsoft (MS) ayudó a la NSA a mejorar sus sistemas de vigilancia sobre Skype. Y cuando MS hizo un poco más seguro su sistema Outlook, eso preocupó al NSA y el FBI, que también entra en la ecuación, y ayudó a MS para hacer más fácil la intercepción de datos vulnerando la seguridad que había desarrollado. Si un sistema informático no es auditable y no se puede ver cómo está hecho, no se puede confiar. Lo único que nos queda es cosas como el software libre, porque es auditable.
–Para una persona común no es tan fácil utilizar el software libre. Además, ¿cómo puede confiar en que no lo están vigilando?
–Si yo necesito comunicarme de forma realmente segura, un celular por caso, no es una herramienta para eso. No hay que ser la CIA para meterme en un celular de alguien, sobre todo si no es nuevo y no está actualizado. Si soy un periodista que está trabajando con fuentes que corren riesgo, entonces tengo que aprender un poco más. Existe software libre como el sistema Tails, que hace que la computadora no funcione desde el sistema operativo sino desde una memoria USB externa, de modo que nada se queda almacenado en el equipo y luego, lo que yo hice en esa sesión desaparece o lo guardo de forma cifrada en la memoria flash. Y todo sucede a través de la red Tor.
–¿La Internet segura?
–Es una Internet que me permite tener anonimato. Si alguien quiere enviar documentos de forma segura a WikiLeaks, ese es el sistema que usan ellos y cada vez más medios de comunicación. Con Tor no revelo mi identidad, ni siquiera WikiLeaks sabe quién es el que manda la información. Herramientas como estas son las que han permitido a Snowden enviar la información sobre el espionaje de la NSA a los periodistas de The Guardian. Snowden tuvo que proveerle una memora USB con Tails instalado a Glenn Greenwald, esta fue la herramienta que utilizó para comunicarse. Tails es un sistema creado para ser seguro.
–La pregunta es quién diseña eso.
–Hay un conjunto de personas alrededor del mundo. El proyecto Tor es una ONG que está en EE UU y parte importante del financiamiento era del gobierno porque inicialmente se lo pensó para proveer seguridad a disidentes en países como Irán o China. Pero en los documentos de Snowden se ve que para la NSA era difícil meterse en Tor. En la NSA había una matriz de riesgo donde decía que si alguien usa Facebook es trivial espiarlo, pero si alguien usa algo como Tails “estamos en problemas”. Lo importante en este tipo de herramientas es que sean auditables, que uno pueda saber qué hace el programa. Lamentablemente, y aunque nos cueste mucho, tenemos que estar dispuestos a adaptarnos al cambio porque por ahora Tor puede ser seguro pero podría llegar a ser corrompido y no ser confiable en un futuro.
–Puede haber un periodista que necesite proteger sus fuentes, pero un ciudadano común puede ser disidente del gobierno y eso implica que continuamente tiene que pensar que lo están vigilando. Pongamos el caso de alguien que en Argentina formó parte o adhirió al gobierno anterior. Lo digo teniendo en cuenta que el actual presidente asumió procesado en una causa por escuchas ilegales.
–Una buena práctica es borrar los correos electrónicos de Gmail. Si bien aun así Google y la NSA probablemente no pierden el acceso, si alguien en el futuro me hackea la cuenta ya no podrán tener acceso a todos mis correos. Tengamos en cuenta que la NSA también colabora con gobiernos afines a EE UU y puede aportar información sobre alguien que tienen registrado. Una cosa que se ve de esta última revelación de WikiLeaks es que una vez que una agencia encuentra fallas en los sistemas que usan sus ciudadanos, en lugar de corregirlas las guardan para atacar a ciudadanos de otros países. Lo que le pasó a la CIA es por no solucionar los problemas de seguridad, permitir que esos problemas se mantengan por un tiempo para poder aprovecharlos en su beneficio y eso, tarde o temprano, termina rebotando.
–¿Que le dirías a un ciudadano común para cuidarse, además de no usar celulares o no hablar temas delicados ante el televisor?
–Ni siquiera tener el teléfono en el bolsillo sacándole las pilas. Hay teléfonos a los que no se les puede sacar la batería incluso, pero pongamos por caso que dos personas van a un restaurante y le quitan la batería a sus celulares al mismo tiempo. Si estamos siendo vigilados van a saber que estamos reunidos, si yo dejo el teléfono en un sitio seguro no hay modo. También se debe usar Tor. Es algo más lento y en algunas páginas nos van a pedir llenar un capcha porque se pregunta si eres un robot, pero es más seguro.
–Se dice que WhatsApp desde las últimas actualizaciones que hizo es más seguro.
–Hoy por hoy es más seguro que Telegram porque en WhatsApp ahora el chat es cifrado, pero al mismo tiempo ese servicio pertenece a Facebook, que es una de las empresas que colabora con el gobierno de EE UU. Además, es un gran concentrador de metadatos y entonces las agencias saben quién se comunica con quien, y eso permite que intervengan el teléfono de uno de ellos para ver en qué andan. «
Tiempo Argentino
Marzo 12 de 2017
por Alberto López Girondo | Feb 7, 2017 | Sin categoría
En Europa oriental adaptaron una vieja frase que en América Latina fue muy conocida en épocas no tan lejanas. “¿Por qué no hay revoluciones de colores en Estados Unidos? Porque allí no hay embajadas de Estados Unidos”. La referencia es a los movimientos sociales en países que habían pertenecido a la órbita soviética y que en poco tiempo cayeron en manos de élites prooccidentales a través de revueltas populares contra la dirigencia establecida, como la Revolución Naranja en Ucrania en 2004. Algo parecido piensa un fino ironista como el británico Karl Sharro, que se permitió dar la bienvenida al Estados Unidos de estos días al concierto de las naciones que en la primera década del siglo protagonizaron la llamada Primavera Árabe.
La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su estilo poco convencional irritaron al establishment cultural, político y mediático, y las manifestaciones populares en contra del intempestivo empresario podrían ser el nacimiento de un movimiento más profundo. Algunos sectores afines a Trump sospechan que detrás de esas movidas, que podrían llevar al derrocamiento del presidente, está la mano de los intereses del “estado profundo” y las multinacionales que no ven con buenos ojos el cambio de modelo que propone el flamante mandatario.
Los mismos que manejaron tras bambalinas revueltas antigubernamentales en regiones de interés estratégico para Estados Unidos, incluso, podrían haber metido la nariz en algunas de estas manifestaciones de rechazo a Trump. Las aguas están lo suficientemente confusas en el Norte como para aseverar algo así.
Por lo pronto, Trump trata con ese modo brutal que lo caracteriza de avanzar lo más posible antes de que se le pasen los 100 días de gracia que todo nuevo ocupante del Salón Oval tiene concedido. Por eso desde el progresismo ensayaron los Cien días de Resistencia para frenar el empuje conservador que amenaza con demoler valores que parecían incorporados al imaginario popular.
La designación de un juez para la Corte como Neil Gorsuch, antiabortista y al mismo tiempo partidario de la pena de muerte, fue uno de los ejemplos regresivos de la segunda semana de Trump en el poder. Los demócratas rechazaron esa designación por los antecedentes del magistrado pero por otras dos razones de peso: tiene 49 años, lo que implica que el tribunal contará con primacía ultraconsevadora por mucho tiempo. Además, porque a la muerte de Antonin Scalia, hace justo un año, los republicanos impidieron el tratamiento del candidato que había propuesto Barack Obama.
Ante esta realidad, y teniendo en cuenta que la aprobación de Gorsuch necesita del apoyo de senadores demócratas porque la mayoría oficialista no alcanza para cubrir los dos tercios requeridos para el aval, Trump intentó imponer la “Opción Nuclear”, que habilita en situaciones de extrema urgencia a cambiar las reglas de juego o así votarlo con el 50 por ciento.
Hubo trabas en el Congreso también para la designación del secretario de Estado, Rex Tillerson y de los titulares de Defensa y el director de la CIA, Mike Pompeo, entre otros. Los demócratas dejaron el recinto en un intento de demorar el procedimiento y negociar cambios. Pero finalmente, forzando la regla de que debe haber al menos un opositor en el recinto, el oficialismo impuso su voluntad. De paso, fue designada como número dos de la agencia de inteligencia Gina Haspel, que tuvo su cuarto de hora de fama en 2013 cuando fue removida de su cargo porque había autorizado el uso de la tortura en interrogatorios secretos en Taliandia. Trump ya había dejado claro que el tormento es efectivo para obtener información y dijo que no tiene drama en que se aplique.
La CIA, experta en desestabilizar gobiernos a lo largo y ancho del mundo, promete ser otro hueso duro de roer y no solo por el informe donde acusaban al gobernó de Vladimir Putin de haber hackeado cuentas de Hillary Clinton para beneficiar a Trump en la elección de noviembre pasado. Por eso crece la sospecha de que están maniobrando en todos los rincones para socavar a Trump. Se sabe que uno de los objetivos es el propio jefe, Pompeo, pero también el asesor de Seguridad Nacional, Mike Flynn, un general retirado al que vigilan por su frecuente trato con el embajador ruso, Sergei Kislyk.
En el Pentágono, donde el castigo físico no genera prurito alguno, Trump encontró una resistencia de consecuencias aún no mensuradas. Parte de su estrategia a nivel internacional se basa en un acercamiento a la Rusia de Putin, por eso puso de canciller a un ex CEO de Exxon que lo conoce personalmente, como Tillerson, y al propio Flynn. Pero este giro en la política exterior choca con los paradigmas de los generales de cinco estrellas asentados en el edificio de Arlington, ni qué decir de los fuertes intereses de la industria bélica.
Fue así que el comandante de las fuerzas estadounidenses en Europa, Ben Hodges, desplegó tanques en la frontera ruso-polaca y disparó salvas tras anunciar que no era un ejercicio de entrenamiento sino un mensaje a Moscú. El detalle es que en la OTAN alentaron esta jugada porque Trump quiere que los europeos pongan más dinero en la defensa de su propio territorio.
En la UE también crece el descontento con las medidas proteccionistas que ya comenzó a implementar la nueva administración. El francés François Hollande ya se quejó públicamente del destrato “inaceptable” del nuevo presidente al viejo continente, en el contexto de que en breve, luego del Brexit, Gran Bretaña volverá a ser socio privilegiado de Estados Unidos, como acordaron Theresa May y Trump hace nueve días.
La llegada de Tillerson también alarmó al personal del departamento de Estado y ya son 900 los funcionarios que firmaron un memorando interno donde se critica la prohibición de ingreso a refugiados y ciudadanos de siete países musulmanes que el gobierno central dictó por Orden Ejecutiva la semana pasada. Esa polémica medida también fue rechazada por las autoridades de los estados de Nueva York, Massachusetts y Washington. La respuesta a los díscolos en el equipo que ahora comanda el petrolero fue tajante: “Los diplomáticos de carrera deben cumplir el programa (del presidente) o irse”, les espetó Sean Spicer, portavoz de la Casa Blanca.
El que decidió irse sin que lo echen fue el CEO de Uber, TravisKalanick, quien abandonó el Consejo de Asesores del presidente luego de que una enorme cantidad de pasajeros borró la aplicación de sus celulares porque vieron a la empresa como asociada de Trump.
Indemnizaciones en los links
El estilo prepotente de Donald Trump no es nuevo y nadie sabe qué consecuencias podrá tener para el mundo. Pero un juez de Florida le puso precio a un gesto desconsiderado para con los socios de un club de golf de ese distrito. La historia cuenta que en 2012 el magnate compró a precio de ganga un negocio que era deficitario del Ritz-Carlton Hotel y entre sus primeras medidas modificó sin previo aviso las reglas de membresía al luego bautizado Trump National Golf Club Jupiter.
La queja de algunos viejos socios se estrelló con un seco “si no les gustan las reglas, váyanse”. Cosa que decidieron hacer de inmediato, no sin antes reclamar por sus depósitos en un plazo de 30 días, como estaba establecido con los anteriores propietarios.
Trump se hizo el desentendido pero el juez Kenneth A. Marra les dio finalmente la razón y la empresa deberá devolver a los demandantes 4,85 millones de dólares más intereses por 925.010 dólares.
Tiempo Argentino
Febrero 5 de 2017
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