por Alberto López Girondo | Jun 24, 2017 | Sin categoría
Si algo se puede decir de Donald Trump es que está dispuesto a echar por tierra todos los convenios a los que Estados Unidos se comprometió durante los ocho años de Barack Obama en la Casa Blanca. Así, luego de patear el tablero con los acuerdos climáticos de París y amenazar con barrer el que se alcanzó con Irán y las grandes potencias por los proyectos nucleares del país asiático, ahora fue por Cuba. Lo prometió en campaña, lo venía adelantando y el viernes llegó a Miami a mediodía para, una hora más tarde, ante un Teatro Manuel Artime repleto de cubano-estadounidenses, entusiasmar a los más exaltados con un puñado de frases que, por lo menos, sonaron a retórica antigua.
«Estoy cancelando todo el acuerdo bilateral del último gobierno –dijo el polémico empresario–, estoy anunciando una nueva política, como prometí durante la campaña, y firmaré ese decreto en esa mesa en solo un momento.» Acto seguido estampó su rúbrica en una Orden Ejecutiva (Decreto de Necesidad y Urgencia) que endurece algunas políticas que se venían poniendo en marcha desde que el 17 de diciembre de 2014 Obama y el presidente cubano Raúl Castro sorprendieron al mundo dando a conocer el inicio de negociaciones para restablecer relaciones diplomáticas luego de más de medio siglo.
La Cancillería cubana se apuró a declarar que las nuevas medidas de endurecimiento del bloqueo están destinadas al fracaso. «Trump toma decisiones que favorecen a los intereses de una minoría extremista de origen cubano», destacó el comunicado oficial distribuido a última hora del viernes. A pesar de la condena, «el gobierno de Cuba reitera su voluntad de continuar el diálogo respetuoso y la cooperación con EE UU.»
Alrededor de 1000 personas que asistieron al encuentro en Miami celebraron la osadía tan poco frecuente en EE UU de un presidente que anula de un modo tan manifiestamente brutal una medida de su antecesor. A Trump le gritaban «te quiero» y hasta se animaron a un «feliz cumpleaños». Y él saludaba con las manos en alto como un colegial, agradeciendo el homenaje a su 71º aniversario, que fue el miércoles.
Entre los presentes estaban el senador Marco Rubio, el representante Mario Díaz-Balart, algunos notorios activistas anticubanos y veteranos de la invasión de Bahía de Cochinos, en 1961. Artime, que da nombre al teatro donde habló Trump, fue uno de los líderes de aquella intentona.
El fracaso de ese intento de desplazar al gobierno revolucionario por la fuerza provocó una profunda decepción en los grupos más extremistas de los exiliados, que estarían detrás de una conspiración que terminó con el asesinato de John F. Kennedy en 1963, según la investigación del fiscal Jim Garrison.
Algunas de las frases que encendieron el éxtasis fueron del tipo de «no levantaremos las sanciones a Cuba hasta que todos los prisioneros políticos sean libres, todos los partidos políticos estén legalizados y se programen elecciones libres y supervisadas internacionalmente», o bravuconadas como «desafiamos a Cuba a que venga a la mesa con un nuevo acuerdo que sea más beneficioso tanto para su pueblo como para nuestro pueblo, como para los cubano-estadounidenses».
¿Qué cambia en la práctica luego de este anuncio? La Embajada de Estados Unidos en La Habana, reabierta el 20 de julio de 2015, permanecerá abierta. Serán más duras las condiciones para el viaje y el comercio con la isla, sobre todo cuando se trata de ciudadanos estadounidenses que quieran ir por su cuenta y no lo hagan como parte de una delegación, no así para quienes tengan parientes. Habrá, también, mayores regulaciones para los negocios con empresas de capital estatal o ligadas a las Fuerzas Armadas.
Pero los vuelos comerciales continuarán como se venían haciendo, Cuba permanecerá fuera de la lista de países que patrocinan el terrorismo y no se reinstalará la política de «pies secos, pies mojados» que facilitaba la permanencia de cubanos que se fueran de la isla a condición que ya hubieran logrado descender en suelo estadounidense.
Fuentes de la Cancillería cubana analizaban que el anuncio fue un gesto para los «gusanos» más recalcitrantes con poco sustento entre las generaciones más jóvenes. Incluso, deslizaron, «tampoco es que Obama había hecho tan bien los deberes, de hecho, el bloqueo no se ha levantado y eso sigue causando perjuicios enormes a la economía cubana que, entre otras cosas, no puede operar con moneda extranjera por las restricciones que aún mantienen los bancos internacionales».
Por otro lado, según los últimos sondeos, el 65% de la población de EE UU apoya el acercamiento que ensayó Obama y el reclamo por poner fin al bloqueo es casi unánime en cada asamblea de las Naciones Unidas en que se trate el asunto. Por otro lado, durante este año y medio de distensión se crearon oportunidades de negocios para miles de productores de Florida y de otros estados de la costa atlántica.
Es así que legisladores, empresarios, analistas políticos y económicos, y gurúes de todas los pelambres venían dando la voz de alarma cuando se supo de la intención del presidente. «Esto atenta contra otra promesa electoral, la que se representa mediante el slogan America First (Estados Unidos primero)», dijeron.
A las pruebas se remitieron: más de 250 mil estadounidenses visitaron la isla en los primeros cinco meses de este año, un 145% más que en igual período del año pasado. Todavía no están las cifras –van a aparecer en estos días– pero ya se sabe que es enorme el volumen de inversiones de empresas aéreas, marítimas y hoteleras que apostaron a las posibilidades que se abren para Cuba.
Hay en el trasfondo del anuncio de Trump, finalmente, una especulación que juega con los tiempos para quedar bien parado ante los pobladores de un distrito que fue clave para ganar la presidencia en 2015. El líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, murió en noviembre pasado y en febrero de 2018 el presidente Raúl Castro termina su mandato y con él la camada que inició este camino en 1959 pasa, como se dice, a «cuarteles de invierno».
Si bien hay una hoja de ruta que el gobierno cubano ya tiene establecida para ese momento, en pocos meses pase lo que pase, la administración estadounidense tendrá que vérselas con nuevas caras en La Habana. Tal vez a lo que apunta Trump es a marcar la cancha a los que vengan sin pagar un precio tan alto por el desafío.
Pero es bueno recordar que luego de más de medio siglo de medidas de toda índole contra el gobierno revolucionario, Obama terminó admitiendo que habían sido un fracaso y que había condenado a Estados Unidos a la aislación, más que a Cuba.
Tiempo Argentino
Junio 18 de 2017
por Alberto López Girondo | Jun 6, 2017 | Sin categoría
Muchos veteranos de guerra estadounidenses entraron el cólera cuando se enteraron del tuit de Ivanka Trump, la hija del presidente, que recomendaba recetas de helado con sabor a champaña para conmemorar el Día de los Caídos, la fecha en que se recuerda a los que lucharon en las guerras que ese país lleva a cabo desde su independencia. Para muchos extranjeros que combatieron con la promesa de recibir como premio la ciudadanía de Estados Unidos, en cambio, ese no fue el peor menosprecio que recibieron. Ni qué decir de los cerca de tres mil que han sido deportados en lo que va de este siglo. Así lo reflejó un grupo de mexicanos que plantearon su reclamo en las fronterizas Ciudad Juárez y El Paso.
«Decidimos protestar justo el día del memorial que se festeja en Estados Unidos para honrar a los que sirvieron y perdieron la vida en el Ejército, además para que sepan que estamos peleando porque nos den los beneficios que les corresponden a los veteranos”, le dijo Francisco López a la agencia AFP. López tiene 72 años, combatió en Vietnam y luego de su regreso se fue desmoronando ante la falta de respuesta de una sociedad que rechazaba a los veteranos y finalmente fue procesado por un caso de drogas y expulsado del país. Ahora desde allí lidera un grupo de deportados a un lado y otro de la frontera que casi llega al centenar para reclamar, dice, aquellas viejas deudas pendientes de una nación por la que se jugaron la vida.
«Nos presentamos aquí con la bandera y las botas para también recordar a los compañeros que cayeron prestando su servicio a Estados Unidos, para que la gente sepa que no los olvidamos”, explicó a la misma agencia Iván Ocón, de 39 años, ex soldado en Irak. Ocón ya venía haciendo reclamos desde hace meses y en otra ocasión abundó de un modo mucho más claro cuál es el trasfondo que lo lleva a mantener sus exigencias. “Sentí que me dio la espalda el país por el cual estuve dispuesto a dar la vida», resume.
Hace siete años fue tapa de los diarios mexicanos el caso de Manuel y Valente Valenzuela, dos héroes de guerra bajo bandera estadounidenses que enfrentan la expulsión a México. Están acusados de delitos, es cierto, pero quizás sienten que su principal pecado es haber sobrevivido y por lo tanto, no haberse hecho merecedores de una mención como caídos en el campo de batalla.
“Peleamos por este país y por tener un buen futuro, y ahorita nos encontramos con esta pesadilla. Nos sentimos peor que traicionados. Somos veteranos de guerra, combatimos en Vietnam. Ningún país en el mundo hace esto. Es una tristeza y una vergüenza para este país”, protestaba Valente ante un medio local en 2010.
Los hermanos Valenzuela están en la “fila de la deportación” y desde su página web http://www.valenzuelabrothers.com/ recaudan dinero para poder pagar las costas de los juicios que tanto ellos como otros muchos veteranos necesitan que sostener los procesos judiciales.
Caso testigo
El caso de los Valenzuela es paradigmático: nacieron en México de madre oriunda de Nuevo México, territorio estadounidense. Llegaron a EEUU en 1955, cuando tenían 7 y 3 años respectivamente, y en los 60 se sumaron a las tropas que combatieron en Vietnam, Valente como soldado del ejército –fue reconocido con una estrella de bronce por su audacia para salvar a un compañero herido en una batalla- y Manuel como marine.
Igual que muchos otros que olieron de cerca el acre aroma de la muerte, los Valenzuela presentaron cuadros de stress postraumático, un síndrome que se acentuó desde que en 2009 el Departamento de Seguridad Interior los llamó a comparecer frente a una Corte Migratoria de Denver, Colorado. “Nos consideran indocumentados, a pesar de que fuimos a Vietnam con la promesa de recibir la ciudadanía”, dicen.
El caso es que los reclamos de una pensión como veteranos se diluyeron en el marco de acusaciones por un incidente de resistencia a la autoridad de Valente en 1988 y uno de violencia hogareña contra Manuel en 1998 que se solucionó con una multa y terapias psicológicas para controlar la ira.
Ivan Ocón nació en 1978 y a los siete años fue con su familia a El Paso. A los 19 se enroló en el ejército. «Me enlisté porque me crié allá, yo quería defender al que en ese momento era mi país», declaró hace un par de meses. Como tantos, creyó que era el camino más rápido para obtener la ciudadanía. «Les comenté que era de origen mexicano y me dijeron que no había problema, que una vez dentro podrían ayudarme para ser ciudadano, pero eso no fue mi principal motor, yo realmente me sentía estadounidense”, destacó en un artículo que publicó el portal Cubadebate.
Al volver a El Paso, sin embargo, las cosas no fueron nada fáciles y por eso de que a veces un tropezón lleva a una caída, terminó envuelto en un secuestro extorsivo y condenado a 10 años de prisión. En febrero de año pasado cumplió su sentencia y sin nacionalidad estadounidense, fue obligado a irse del país donde tenía mujer e hijos. «Cometí un error», reconoce, «pero no les importaron ni mis medallas ni mis reconocimientos» para expulsarme del país. «Me sentí traicionado», admitió en una entrevista con el diario El Financiero, de México.
El de Francisco Panchito López es otro caso para resaltar. De 1967 a 1968 estuvo destacado en la base estadounidense de Gia Nghia, en Vietnam, donde custodiaba los contenedores de combustible. Lo habían reclutado a la fuerza en el servicio militar, que entonces obligatorio, a pesar de que no sabía una palabra en inglés, asegura.
«Me prometieron arreglar la ciudadanía al regresar», recuerda, para volver a Vietnam en su memoria: «Estuve muy cerca de morir, los vietnamitas pusieron explosivos debajo de los contenedores de gasolina y los detonaron».
El episodio y el contexto de la guerra, dejaron mella. «Yo no venía bien de mi cabeza y me calmaba con cocaína», reconoce. Fue así que el FBI le “hizo una cama”, y cayó preso cuando iba a comprar droga a un agente encubierto .Terminó deportado. «No podía creer lo que me estaban haciendo, pensaba que era una pesadilla».
Establecido en Juárez desde 2004, Panchito López ofrece junto a su familia comida, ropa, artículos de aseo e incluso alojamiento temporal.
Reclutamiento externo
Como los viejos imperios, Estados Unidos permite a nativos de otras naciones alistarse en las Fuerzas Armadas a cambio de una paga o con la promesa de obtener la ciudadanía. Actualmente hay casi 30 mil soldados no estadounidenses cumpliendo servicios en el Ejército.
Desde el 2001, tras los atentados a las Torres Gemelas, los requisitos para aspirar al uniforme o a convertirse en ciudadanos es menor. Incluso desde 2009 los trámites de la Oficina de Migraciones y Aduanas se aceleraron en busca de más tropa de donde sea para el puñado de guerras que lleva adelante en Pentágono en todo el mundo y que impacta dentro de Estados Unidos cada vez que el cadáver de un nativo vuelve envuelto en una bandera.
Pero aún bajo estas circunstancias, los foráneos pueden ser deportados antes de culminar ese tramiterío si aparecen en ese período implicados en cargos de cualquier índole. Por otro lado, muchos veteranos desconocen que podrían reclamar la ciudadanía y cuando lo hacen ya están salpicados por procesos judiciales que les impiden concretar su deseo.
Los activistas de ONGs que atienden estos casos estiman que las expulsiones se multiplicaron durante las guerras de Irak y Afganistán. Los traumas derivados de las guerras dejan secuelas que muchas veces derivan en problemas con la ley no atendidos ni aún en el caso de quienes estuvieron en el frente de batalla bajo la enseña de las barras y las estrellas.
Esto viene ocurriendo desde hace décadas, creció durante el período de Barack Obama y nada hace pensar que disminuirá con Donald Trump, un paladín de las deportaciones, según se presentó en la campaña electoral.
Tiempo Argentino
Junio 1 de 2017
por Alberto López Girondo | May 31, 2017 | Sin categoría
Hacía mucho que sectores de las sociedades latinoamericanas no iban a golpear a las puertas de los cuarteles para pedir que derriben un gobierno elegido democráticamente. Cierto que desde hace semanas el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, y el vicepresidente, Freddy Guevara, venían reclamando que los militares echen a Nicolás Maduro. Y Borges se había reunido con el almirante Kurt Tidd, jefe del Comando Sur de EE UU. Este viernes, un grupo al que las agencias hegemónicas nuclearon bajo el concepto universal de «la oposición», («muchos menos que en días anteriores», reconoció un cable de AFP), se acercó a Los Próceres, zona militar de Caracas, para pedir la intervención militar contra el presidente bolivariano.
El miércoles, el gobierno de Michel Temer firmó un decreto llamando a las fuerzas armadas para reprimir manifestaciones que pedían elecciones directas para terminar con el caos político generado por el golpe institucional contra Dilma Rousseff. Pero a las 24 horas el mismo Temer tuvo que emitir otro decreto eliminando el anterior. Las críticas habían sido feroces.
En 2008, el presidente mexicano Felipe Calderón firmó con George W. Bush la Iniciativa Mérida. Lo que había comenzado como «una guerra al narcotráfico» derivó en una espiral criminal que ya se llevó la vida de más de 150 mil personas. Las muertes de periodistas no son sino la mínima punta de un enorme iceberg sangriento.
El modelo mexicano había seguido el Plan Colombia, que firmaron en 1999 los presidentes Andrés Pastrana y Bill Clinton, también con la excusa del narcotráfico. Pero en este caso con la mira en derrotar a la guerrilla de las FARC y el ELN. En los primeros años, el crecimiento de la violencia fue tan espeluznanteque se llegó a decir que 800 mil personas había sido víctimas en mayor o menor grado de este desborde. Para colmo, se desplegaron siete bases militares en territorio colombiano que representan una amenaza para el subcontinente.
Finalmente, y a instancias de Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Lula da Silva, Juan Manuel Santos aceptó una mesa de dialogo con la insurgencia para poner fin a más de medio siglo de luchas internas. Esos gobiernos habían denominado a Latinoamérica como»tierra de paz».
La derecha venezolana, que nunca fue un dechado de virtudes democráticas ni humanitarias, viene incrementando la violencia contra el gobierno de Maduro. A esta altura –llegaron a quemar la casa en que vivió Chávez– el parangón con lo que ocurrió en Libia, Siria y en Ucrania desde 2011 es cada día más evidente.
Allí también grupos neofascistas comenzaron a generar un caos cada vez mayor que, ante la respuesta de las autoridades, generó mediáticamente la sensación de que esos gobiernos estaban en manos de criminales enloquecidos de poder que no dudaban en violar Derechos Humanos con tal de perpetuarse.
El resultado es que esos tres países están inmersos en el caos más absoluto. Libia se puede decir que dejó de existir tras el asesinato de Muhammar Khadafi; Ucrania está partida en dos y en Siria el gobierno de Bashar al Assad se mantiene con el apoyo de Rusia en una guerra civil que parece no tener fin.
Hasta hace un par de años, un escenario similar en América Latina podía parecer un delirio. Sobre todo desde que la situación colombiana se encaminaba a la pacificación total tras los acuerdos con las FARC.
Pero a la muerte de Chávez, Venezuela padece ataques brutales de los medios, de instituciones como la OEA –que nada dice sobre la situación mexicana y la crisis brasileña- y de gobiernos que poco tienen para hablar de valores democráticos, como el de Mariano Rajoy sin ir más cerca.Inocentemente se podría decir que el caos no conviene a nadie y que debería haber alguna posibilidad de encausar estos procesos. Pero los planes del Pentágono y del Departamento de Estado –con Donald Trump como antes con Barack Obama, Clinton o Bush– determinan que para mantener el estatus imperial, todo lo que no pueda dominar EE UU debe ser destruido, al modo de Cartago por los romanos. La estrategia de caos es el primer paso.
Si no aparece nadie «potable» como para capitalizar el desencanto, que al menos nadie crea en nadie, cosa de que a mar revuelto sigan ganando los pescadores de siempre. Y si esto no se puede, que se generalice el reclamo de intervención militar, ya sea local o del exterior. Por eso Borges se junta con Tidd y golpea en los cuarteles.
Tiempo Argentino
Mayo 28 de 2017
por Alberto López Girondo | May 3, 2017 | Sin categoría
El balotaje entre Marine Le Pen y Emmanuel Macron no tomó por sorpresa a los encuestadores. Era una posibilidad prevista en los sondeos, aunque de todas maneras despertó los más diversos análisis acerca de cómo fue que alguien considerado un outsider como el exministro de Economía de François Hollande y una expresión marginal de la ultraderecha xenófoba hubieran desplazado a los partidos tradicionales de Francia. Y algunos se preguntaron si es que finalmente desaparece la tradicional lucha electoral entre socialistas y conservadores, izquierda y derecha. Los ejemplos de lo que ocurre en España con Podemos, lo que pasó con Syriza en Grecia y el fenómeno Donald Trump en EE UU o antes con Evo Morales, Rafael Correa, Néstor Kirchner y hasta Hugo Chávez en Latinoamérica marcan una tendencia. Pero no todos son tan ajenos a la política y no siempre terminan representando valores o intereses tan diferentes de los partidos tradicionales.
Marine Le Pen es hija del fundador del Frente Nacional, Jean Marie Le Pen, que ya en 2002 «asustó» al llegar a balotaje con el gaullista Jacques Chirac. En aquel momento el ultraderechista había pasado la primera ronda con poco más del 16% de votos ante una izquierda atomizada. Su hija, en cambio, fue forjando un discurso en defensa de los trabajadores y de las tradiciones en un contexto de deslocalización de empresas, pérdida de puestos laborales, fuerte inmigración y pérdida de la capacidad de decisión de París en favor de la Unión Europea. Empezó en esta campaña sumando voluntades desde hace una década y ese 21,3% del 23 de abril fue ganado cara a cara con las víctimas de las políticas neoliberales.
Macron en cambio, es exponente de una generación que supo hacer dinero en el mundo de las finanzas al punto que es socio de la banca Rothschild y a los 39 años disfruta de una fortuna que creció desde 2008, cuando comenzó la crisis económica más grave del sistema capitalista desde 1930. Tuvo la perspicacia de darse cuenta de que hacía negocio al aceptar la cartera de Economía de un gobierno socialista en caída libre y mucho más al dejarlo cuando Hollande se dio cuenta de que no podía aspirar a una reelección. Macron fundó entonces En Marche! Sus enemigos lo acusan de no tener firmeza ideológica y lo llaman «Monsieur al mismo tiempo»–promete flexibilidad laboral y al mismo tiempo defender los derechos laborales, dice que las 35 horas semanales no sirven para defender el ingreso pero asegura que no las va a tocar– pero por eso mismo le ven grandes posibilidades conformar un nuevo frente de centroderecha.
El candidato disruptivo, en realidad, era Jean-Luc Melenchon, fundador del Movimiento Francia Insumisa, con una fuerte influencia de la izquierda latinoamericana. Seguramente una de las dificultades electorales que tuvo provino de su apoyo al gobierno de Venezuela en un momento en que los medios culpan al chavismo de casi todos los males. Aun así, logró un 19,6% de votos. Si el socialismo, con un escaso 6,4%, hubiera aceptado sus términos hubiese pasado cómodamente al balotaje y la UE no debiera temer un Frexit por un posible triunfo de Le Pen.
Algo parecido le pasó a Bernie Sanders en la interna demócrata. Era el candidato que representaba los valores de un laborismo aggiornado en contra del sistema pergeñado por el establishment en torno de los tratados comerciales. Pero no logró atravesar la dura capa conservadora que gobierna al partido desde los 90 y muchas de sus banderas terminaron en las manos de Donald Trump. Aunque claro, con intereses diametralmente opuestos. Sanders también plantea una visión muy cercana a los gobiernos latinoamericanos de los últimos años.
Es que desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, una corriente de rechazo al neoliberalismo comenzó a tomar fuerza en la región, a caballo, además, de la crisis económica. Chávez rompió con el bipartidismo y creó una opción de poder que ahora sufre el embate de los dos movimientos tradicionales unidos con otro grupo de dirigentes que si algo tienen en común es su «antipopulismo».
Similares salidas se dieron en Bolivia, con el dirigente cocalero Evo Morales, y en Ecuador, con el economista Rafael Correa. Puede decirse que ambos surgieron de la crisis del sistema partidario, pero de hecho lograron una estabilidad política inédita para la historia moderna de esas naciones. La llegada de Néstor Kirchner al gobierno en 2003 tiene similitudes con la elección francesa. Incluso en el resultado cercano de los cuatro candidatos más votados en medio de un descomunal descrédito en la dirigencia. El santacruceño rompió con los viejos esquemas, habrá que ver qué pasa en Francia.
Tiempo Argentino
Abril 30 de 2017
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