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Chicago: mexicanos enfrentan la angustia por las deportaciones

Chicago: mexicanos enfrentan la angustia por las deportaciones

«Este gobierno ha sido más agresivo, ha ido detrás de personas con muchos años de residencia, ha hecho redadas en comunidades que se consideran seguras, lo que genera una sensación de inseguridad para toda la comunidad», detalla Ana Padilla, directora de Operaciones de Pilsen Neighbors Community Council (PNCC), una ONG que se ocupa de dar asistencia a mexicanos de Chicago en ese vecindario con nombre de cerveza que alguna vez fundaron inmigrantes checos y desde hace más de medio siglo es el barrio de los venidos del sur del río Bravo.

Padilla, coordinadora de la Fiesta del Sol, que cada año reúne durante un fin de semana largo a los connacionales para juntar fondos con qué financiar las actividades de la organización, no olvida que Barack Obama, que hizo toda su carrera en esa ciudad y fue senador por Illinois antes de llegar a la presidencia, «fue uno de los que más personas deportó, y eso que era aliado. Si ese era aliado, cómo serán los enemigos, ¿no?», ironiza desde la esquina de Cermak y Loomis, un tramo donde se desarrolla el evento.

Donald Trump basó su campaña a la presidencia en el combate a la inmigración y la promesa de construir un muro entre México y Estados Unidos, lo que repercutió de lleno en los residentes originarios del otro lado de la frontera. De acuerdo con una encuesta de Gallup, aumentó un 2,5% la angustia cotidiana entre los hispanos, que hoy día son unos 56,6 millones (los registrados), casi el 18% del total de habitantes de EE UU.

En el caso específico de Chicago, la situación tiene sus matices. El alcalde, Rahm Emanuel, es amigo personal de Obama y, como describe Padilla, la ciudad es amigable con los inmigrantes, o «santuario», como se la denomina en la jerga burocrática. Esto es, que la policía local no lleva adelante persecuciones a inmigrantes ilegales. La embestida de Trump es tal que consiguió aprobar una normativa que priva de fondos federales a las ciudades que protejan a sus residentes de las autoridades nacionales de inmigración. Tanto Emanuel como los jefes de gobierno de California y de San Francisco presentaron demandas judiciales, pero chocan con el procurador de Justicia, Jeff Sessions, que celebró el enfoque presidencial contra la inmigración.

«Si te arrestan por un cargo serio –señala Padilla– entonces sí se involucra Migraciones, por eso la gente no está segura». El detalle es que en estos casos al acusado le tiran las carpetas con su pasado para sumarle otros cargos «por causas menores de cuando eran adolescentes». O los tienen en la mira y si salen del país a visitar a parientes, le impiden el regreso en la frontera.

Lo curioso, puntualiza Padilla –nativa de Jalisco y graduada en Arte con especialización en Latinoamérica en el Harold Washington College– es que muchos hispanos votaron a Trump, aun sabiendo lo que amenazaba hacer con los inmigrantes. «Ellos se enfocaron en el tema del aborto y dejaron afuera lo demás. Es una de las maneras de entrar que tuvo en la comunidad, porque son personas de religión, creyentes, para quienes ese tema es importante».

Desde PNCC dan asistencia legal, pero también apuntan al desarrollo comunitario, de empleo y temas de salud. Cuenta Ana Padilla que la organización nació en 1954 y lleva adelante la Feria del Sol desde hace 45 años como un modo de juntar fondos para sostenerse. Allí se despliegan puestos de venta de comidas típicas de México, artesanías y un escenario donde residentes y visitantes se aventuran con el cancionero popular, cosa de no perder las raíces.

El trabajo del PNCC comenzó por reclamos puntuales, como tener un colegio secundario en el barrio, para evitar los riesgos de que los chicos tuvieran que viajar ante el acoso, por entonces, de las pandillas. Así se construyó la Escuela Benito Juárez. También pedían que el municipio recogiera la basura, como en el resto de la ciudad, para lo cual todavía se recuerda una iniciativa popular de juntar residuos y llevarlos hasta el centro de Chicago en protesta. «Luego los juntaban hasta dos veces por semana», sonríe Padilla.

En cuanto a lo educativo, la joven destaca que el objetivo es consolidar liderazgos en base a las ideas de un estadounidense, Saul Alinski, quien postuló el término «organizador comunitario» para definir a ese personaje clave en detectar los problemas de un sector social y encontrar la forma de lograr resolverlos con modelos de lucha pacíficos e innovadores. Alinski, que murió en 1972, escribió Reglas para Radicales (que es la palabra para definir a quienes plantean reformas profundas en la sociedad) y Reveilleforradicals (Despertar para Radicales). «Cuando se une la comunidad logra cosas increíbles y eso es lo que queremos», añade Padilla. «

El indulto de Trump al racista Arpaio

El presidente de EE UU, Donald Trump, considera ejercer su derecho de gracia en favor de Joe Arpaio, el exsheriff recientemente condenado por violar la prohibición impuesta por un juez de patrullar sistemáticamente en busca de inmigrantes ilegales. «Considero seriamente perdonar al sheriff (Joe) Arpaio», declaró Trump, en una entrevista difundida en el sitio de Internet de Fox News.

Según el mandatario, Arpaio es un «gran patriota estadounidense» que «se implicó mucho en la lucha contra la inmigración ilegal», agregó, y «no merece ser tratado de la forma en que lo ha sido». Arpaio, de 85 años y ferviente partidario de Trump, llevó durante casi un cuarto de siglo una persecución reivindicada e implacable en el condado de Maricopa, estado de Arizona, contra los inmigrantes latinos. Entre otras vejaciones, imponía a los detenidos bajo su custodia dormir en tiendas bajo un calor sofocante, vestidos con ropa interior de color rosa.

«No nos equivoquemos: se trataría de la promoción presidencial oficial del racismo», comentó Cecillia Wang, portavoz de ACLU, organización estadounidense de defensa de los derechos civiles.

Tiempo Argentino
Agosto 19 de 2017

La profunda grieta que divide a Estados Unidos

La profunda grieta que divide a Estados Unidos

La demora del presidente Donald Trump en condenar el ataque en Charlottesville del sábado pasado y las fuertes críticas que despertó su tibio comunicado en que pone en un mismo nivel a racistas que a antirracistas, sumado a los enfrentamientos que todavía despierta el enfoque sobre la guerra civil, revela que hay una profunda grieta en Estados Unidos que no se ha cerrado en más un siglo y medio. Y precisamente este año se cumplieron 140 años del fin de un proceso virtuoso en el sur esclavista que había llevado a la igualdad de derechos entre negros y blancos por la que habían muerto cerca de un millón de norteamericanos en la terrible guerra de Secesión.

Como se sabe por cientos de filmes de Hollywood, los estados sureños intentaron hacer rancho aparte de la Unión al negarse a terminar con el sistema de esclavitud, una de las promesas de Abraham Lincoln en su campaña electoral. Es así que en noviembre de 1860, tras el triunfo del candidato republicano (si, aquellos republicanos eran antiesclavistas, mientras que los demócratas eran esclavistas), Carolina del Sur anunció que se separaba de la Unión. Para febrero de 1861 siete distritos habían conformado los Estados Confederados de América.

Lincoln asume el 4 de marzo y el 15 de abril estalla lo que Arturo Jauretche llamó “la guerra de las camisetas”. Es decir, una conflagración en la que se dirimía dónde y cómo se irían a fabricar las prendas con el algodón producido por los esclavos negros del sur; si en el norte industrializado y con obreros asalariados o en Gran Bretaña.

En pocos meses los confederados eran 11 estados (Carolina del Sur, Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana, Texas, Virginia, Arkanzas, Carolina del Norte y Tennessee).

Tras un infierno de cuatro años, el 9 abril de 1865 el general Robert E. Lee se rinde y comienza otro período en la historia de Estados Unidos. Un período que ya no protagonizará Lincoln, asesinado cinco días después de este acontecimiento, durante una función a la que había asistido en el Teatro Ford de Washington por un actor virginiano supremacista, John Wilkes Booth.

Asumió su vicepresidente, Andrew Johnson, no tan comprometido con la equiparación de derechos entre negros y blancos como Lincoln, y que inició un Plan de Reconstrucción del sur derrotado en mayo de 1865. Para fin de ese año, Johnson anunció el fin de ese proceso y que los estados confederados podían desde entonces regresar a la Unión respetando el fin de la esclavitud.

Pero esto no era todo por lo que se habái luchado y los legisladores republicanos no estaban de acuerdo: solo habría una verdadera reconstrucción del país si los hombres liberados en el sur tuvieran todos los derechos que emanaban de ser ciudadanos estadounidenses. Para ese año, también, nace el Ku Klux Klan, con el objetivo de mantener los privilegios de los blancos, escudados en la supremacía sobre otras razas.

Choque de poderes

Nació entonces un enfrentamiento entre el presidente y el Congreso, que por las suyas aprobó un Acta de Reconstrucción Militar, en 1867, y pasó por sobre el veto del mandatario. El sur fue dividido en cinco distritos militares gobernados cada uno por un general, respaldado en tropas federales, para garantizar que se cumpliera la 14 enmienda constitucional, que daba plenos derechos a negros y blancos.

Avanzó en el Parlamento un impeachment contra Johnson, que se salvó por un voto de ser destituido.

Como fuera, los antiguos esclavos pasaron a reclamar los 40 acres (16 hectáreas) y una mula prometidos por ley. Y a participar activamente en la vida política, no solo como votantes sino como legisladores. De hecho, fueron primordiales para el triunfo de Ulysses Grant en 1868.

Para 1870 las quinta parte de los oficiales sureños eran afroamericanos, tenían 22 representantes en el Capitolio. Los esclavistas no se quedaron de brazos cruzados y desplegaron medidas legales para frenar los avances y cuando no pudieron, comenzaron con actos terroristas.

En 1871 se dictaron las Actas de Ejecución, que convertían en ilegal el soborno, la fuerza o las tácticas de terror para impedir que otra persona vote. Hubo también apoyo para emprendimientos e inversiones industriales en el sur rebelde, cosa de convencer por el bolsillo de las ventajas del capitalismo sobre otros modelos de explotación económica.

Pero la situación se fue enrareciendo y en 1872 se dictó un Acta de Amnistía por la cual los responsables de haber demorado o bloqueado las reformas por métodos reñidos con la civilización quedaron exculpados y entre otras cosas, recuperaran derechos civiles.

Desde entonces y lentamente los demócratas fueron tomando posiciones claves en el control de los estamentos del estado en cada distrito. Hasta que en 1876 se produce el hecho que los supremacistas, como se los llama ahora, estaban esperando.

Los demócratas postularon al gobernador de Nueva York, Samuel Tilden, los republicanos, a Rutheford Hayes. Tilden tuvo más votos populares, pero quedaba a un elector de consagrarse presidente. Hayes decidió ganar a como diera lugar. Y lo hizo con la promesa de retirar al ejército de los estados sureños ni bien asumiera su cargo.

En marzo de 1877 el nuevo presidente retiró todas las tropas federales. Desde ese momento y en muy pocas semanas, los negros fueron perdiendo todos sus derechos y comenzaría una verdadera dictadura blanca que duraría, al menos en los papeles, hasta la década de 1960. Hayes es el mismo personaje que como árbitro de una disputa fronteriza entre el estado argentino y lo que quedaba del país de Francisco Solano López luego de la guerra de la Triple Alianza (otra guerra por el algodón en cierto modo) laudó a favor de Parguay, que en su honor nombró Presidente Hayes al distrito recuperado.

Un siglo debió pasar de aquella guerra contra la esclavitud para que, luego de una lucha que sumó a Rosa Parks (la mujer que en diciembre de 1955 se negó a dejarle su asiento a un blanco en un autobús en Montgomery, Alabama), Martin Luther King, Malcolm X, Stokely Carmichael, W.E.B. Du Bois y tantos otros líderes, lograran que otro vicepresidente asumido en reemplazo de un mandatario asesinado, (Lyndon Jonhson, sucesor de John Kennedy) aprobara una ley de Derechos Civiles, en 1965, que volvía a prohibir la discriminación racial.

La llegada de Barack Obama a la presidencia, en 2009, hizo pensar que finalmente terminaba una era oscura en la historia de esa nación y que se igualaban derechos no solo en los papeles sino en la cultura de los ciudadanos. Pero la seguidilla de casos de violencia policial contra negros durante su mandato reveló que la brecha seguía abierta.

Estos últimos casos, en Charlottesville y ahora en Carolina del Norte, dan cuenta de una divisoria social que no se consigue cerrar. En Virginia, un joven fanático atropelló a una multitud y mató a una mujer e hirió a casi 20 personas en manifestaciones a favor y en contra de destruir una estatua del general que se rindió ante las tropas federales. En Durham un grupo tiró abajo la estatua de un soldado confederado para simbolizar la ruptura con ese pasado que sigue sin embargo pesando en el imaginario estadounidense.

Tiempo Argentino
Agosto 16 de 2017

Cuba en búsqueda del modelo de prensa para el socialismo

Cuba en búsqueda del modelo de prensa para el socialismo

La foto es de TIempo Argentino

Que Cuba esta viviendo tiempos de transformaciones no es ninguna novedad. Y que atraviesa una situación clave desde la muerte del líder de la revolución, Fidel Castro, en noviembre pasado, tampoco. Sobre todo, porque con el cambio de gobierno en EE UU surgen nuevas amenazas tras el anuncio de un nuevo enfriamiento de relaciones que hizo Donald Trump. Los periodistas cubanos, en ese contexto, debaten cómo adecuarse a estos tiempos en que, además del cambio generacional que se impone en la isla, están las nuevas tecnologías que modificaron totalmente el panorama. De eso y de la construcción de un modelo de prensa socialista habla la periodista Rosa Miriam Elizalde, editora del sitio Cubadebate.

«En mi país no ha habido una ley de comunicación desde la colonia –adelanta Elizalde, que también es vicepresidenta de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec) y de la Federación Latinoamericana de Prensa (Felap)–. Durante todo el siglo XX se ha actuado con artículos de la Constitución que refrendan derechos de la comunicación pero no hemos tenido una política determinada hacia ese sector. Ese es un debate que tiene nuestro gremio».

–¿En torno de qué temas giran esos debates?

–El eje del debate es que nunca fraguó en el socialismo un modelo de prensa que le corresponda. Heredamos un sistema de prensa de la tradición norteamericana, que tuvo que convivir con un proceso de construcción y con muchas limitaciones, no tanto por las posibilidades que les dio a los periodistas, porque hubo momentos luminosos para la prensa. Pero aun así todavía padece de cierta incapacidad por incorporar nuevas estéticas, un proceso más deliberativo, más enfocado hacia la demanda ciudadana y no hacia la oferta informativa. A veces nuestro periodismo consiste en la cobertura de actos o cosas que no necesariamente concilian o le interesan a la agenda ciudadana. A veces nos retrasamos mucho en informar.

–¿Como debería ser esa prensa del socialismo? En algunos sectores es un clásico cuestionar a la prensa de su país.

–La prensa en el socialismo debería ser un espacio para gestionar la participación ciudadana donde quiera que esté, para abrir fuentes de interlocución con las autoridades, con la sociedad. Ese es un ideal que todavía no se ha logrado en ninguna parte plenamente. Tenemos esa gran desventaja: a nosotros nos acusan sobre temas de libertad de prensa. Pero Cuba es un país que ha logrado el milagro de no tener un periodista ni secuestrado, ni asesinado en 59 años. El último periodista asesinado en Cuba se lama Carlos Bastida, ecuatoriano, que murió en mayo de 1958 por el crimen de ir a entrevistar a Fidel en la Sierra Maestra. Ese es un reto, el otro es que con esta revolución tecnológica en curso ha cambiado también la infraestructura, los medios, ha aparecido un entorno digital que es muy complejo en el que todo el mundo se está adaptando de manera traumática, y nosotros también. Cuba tiene una experiencia muy particular con Internet. No olvides que EE UU le impidió conectarse a la red hasta finales de los ’90.

–¿Cómo es eso?

–A Cuba se le conecta Internet a través de la Ley Torricelli (sancionada en 1992 y que extremó las condiciones del bloqueo), que dice que así se va a ayudar a democratizar la sociedad cubana al estilo norteamericano, por lo que hubo cierta resistencia. Sin embargo, Fidel vio desde el inicio las posibilidades que tenía para los cubanos y en un congreso de periodistas llegó a decir: «Internet parece inventada para nosotros». Porque era el sueño de poder acceder muy fácilmente a un cúmulo de información y conocimientos extraordinarios. Pero eso se ralentizó, no así los procesos y los planes educativos para capacitar a la gente. La Unión Internacional de Telecomunicaciones decía hace poco que Cuba era uno de los países de más baja infraestructura de Internet, pero estuvimos en el quinto lugar en cuanto a apropiación de tecnologías. Cuba gradúa 10 mil informáticos en todo el país. Desde que empiezan la primaria tienen laboratorio de computación. Lo que pasó fue que sobre todo los jóvenes han inventado maneras de conexión naïf, jíbara, silvestre.

–¿Cómo lo hacen?

–Existe una red informal que se llama SNet, que son muchachos que comenzaron jugando de una casa a otra, tirando un cable, y de pronto han cableado toda La Habana. Hay que ver las computadoras que tienen, son grandes Frankenstein. Pero ese es un proveedor de servicios que te pueden crear un blog o dar una plataforma para chatear.

–¿De qué modo afecta la ley Torricelli?

–EE UU siempre vio a esta ley como un espacio para el cambio de régimen. Y una buena parte de los presupuestos públicos del gobierno norteamericano para ese objetivo, que son ilegales porque son la intervención de EEUU contra las leyes y la soberanía del país, lo han estado invirtiendo en el espacio digital. ¿Cómo? Creando infraestructura: hubo un gran escándalo con una red que se llamó Zunzueo, que fue el intento de hacer un Twitter cubano (creado en 2010, con financiamiento de la USAID, según reveló en 2014 la agencia periodística AP). Al final no se discutió si era o no ilegal sino que era ineficiente, porque finalmente lograron lo contrario de lo que se proponían. Era una red para inyectar información dentro de Cuba pero daba posibilidades de mandar SMS en el día fuera de la isla, entonces la gente se inscribió para mandar mensajes a la familia (risas). En infraestructuras como esta y en contenidos hay toda una industria en Miami para proveer servicios a los cubanos en lo que ellos llaman creación de líderes.

–¿El gobierno está planteándose entonces alguna ley para regular este espacio?

–A partir de los debates de la UPEC, la institución que agrupa a los trabajadores de prensa, que básicamente son de medios públicos, es una política que permita hacer un tránsito hacia estos escenarios y ponga un cierto orden. Por ejemplo, el sistema de medios públicos es totalmente subsidiado por el Estado pero los presupuestos son muy limitados. Una nueva ley permitiría que los medios además puedan intervenir en el mercado, que tengan algún tipo de financiamiento para poder mejorar, para fomentar la comunicación, mejorar los salarios de los periodistas, que son de los más bajos del país, y avanzar hacia que cada medio se pueda convertir en un gestor o una multiplataforma de contenidos que ayude sobre estos valores y principios pero que mejore la presencia de esos contenidos en los canales que tiene a mano la gente. En Cuba la penetración de móviles es muy alta. A pesar de todas nuestras limitaciones y de nuestro retraso, en uno o dos años el salto ha sido enorme. Siempre nos criticaban diciendo que la conectividad de Internet en Cuba es solo para el 5% de la población y en los funerales del comandante todo mundo estaba con un celular en la mano transmitiendo y con comportamientos muy parecidos a los que tiene cualquier ciudadano en cualquier sociedad hiperconectada del mundo.

Tiempo Argentino
Julio 16 de 2017

Trump lo hizo de nuevo: ahora fue contra los acuerdos de Obama con Cuba

Si algo se puede decir de Donald Trump es que está dispuesto a echar por tierra todos los convenios a los que Estados Unidos se comprometió durante los ocho años de Barack Obama en la Casa Blanca. Así, luego de patear el tablero con los acuerdos climáticos de París y amenazar con barrer el que se alcanzó con Irán y las grandes potencias por los proyectos nucleares del país asiático, ahora fue por Cuba. Lo prometió en campaña, lo venía adelantando y el viernes llegó a Miami a mediodía para, una hora más tarde, ante un Teatro Manuel Artime repleto de cubano-estadounidenses, entusiasmar a los más exaltados con un puñado de frases que, por lo menos, sonaron a retórica antigua.

«Estoy cancelando todo el acuerdo bilateral del último gobierno –dijo el polémico empresario–, estoy anunciando una nueva política, como prometí durante la campaña, y firmaré ese decreto en esa mesa en solo un momento.» Acto seguido estampó su rúbrica en una Orden Ejecutiva (Decreto de Necesidad y Urgencia) que endurece algunas políticas que se venían poniendo en marcha desde que el 17 de diciembre de 2014 Obama y el presidente cubano Raúl Castro sorprendieron al mundo dando a conocer el inicio de negociaciones para restablecer relaciones diplomáticas luego de más de medio siglo.

La Cancillería cubana se apuró a declarar que las nuevas medidas de endurecimiento del bloqueo están destinadas al fracaso. «Trump toma decisiones que favorecen a los intereses de una minoría extremista de origen cubano», destacó el comunicado oficial distribuido a última hora del viernes. A pesar de la condena, «el gobierno de Cuba reitera su voluntad de continuar el diálogo respetuoso y la cooperación con EE UU.»

Alrededor de 1000 personas que asistieron al encuentro en Miami celebraron la osadía tan poco frecuente en EE UU de un presidente que anula de un modo tan manifiestamente brutal una medida de su antecesor. A Trump le gritaban «te quiero» y hasta se animaron a un «feliz cumpleaños». Y él saludaba con las manos en alto como un colegial, agradeciendo el homenaje a su 71º aniversario, que fue el miércoles.

Entre los presentes estaban el senador Marco Rubio, el representante Mario Díaz-Balart, algunos notorios activistas anticubanos y veteranos de la invasión de Bahía de Cochinos, en 1961. Artime, que da nombre al teatro donde habló Trump, fue uno de los líderes de aquella intentona.

El fracaso de ese intento de desplazar al gobierno revolucionario por la fuerza provocó una profunda decepción en los grupos más extremistas de los exiliados, que estarían detrás de una conspiración que terminó con el asesinato de John F. Kennedy en 1963, según la investigación del fiscal Jim Garrison.

Algunas de las frases que encendieron el éxtasis fueron del tipo de «no levantaremos las sanciones a Cuba hasta que todos los prisioneros políticos sean libres, todos los partidos políticos estén legalizados y se programen elecciones libres y supervisadas internacionalmente», o bravuconadas como «desafiamos a Cuba a que venga a la mesa con un nuevo acuerdo que sea más beneficioso tanto para su pueblo como para nuestro pueblo, como para los cubano-estadounidenses».

¿Qué cambia en la práctica luego de este anuncio? La Embajada de Estados Unidos en La Habana, reabierta el 20 de julio de 2015, permanecerá abierta. Serán más duras las condiciones para el viaje y el comercio con la isla, sobre todo cuando se trata de ciudadanos estadounidenses que quieran ir por su cuenta y no lo hagan como parte de una delegación, no así para quienes tengan parientes. Habrá, también, mayores regulaciones para los negocios con empresas de capital estatal o ligadas a las Fuerzas Armadas.

Pero los vuelos comerciales continuarán como se venían haciendo, Cuba permanecerá fuera de la lista de países que patrocinan el terrorismo y no se reinstalará la política de «pies secos, pies mojados» que facilitaba la permanencia de cubanos que se fueran de la isla a condición que ya hubieran logrado descender en suelo estadounidense.

Fuentes de la Cancillería cubana analizaban que el anuncio fue un gesto para los «gusanos» más recalcitrantes con poco sustento entre las generaciones más jóvenes. Incluso, deslizaron, «tampoco es que Obama había hecho tan bien los deberes, de hecho, el bloqueo no se ha levantado y eso sigue causando perjuicios enormes a la economía cubana que, entre otras cosas, no puede operar con moneda extranjera por las restricciones que aún mantienen los bancos internacionales».

Por otro lado, según los últimos sondeos, el 65% de la población de EE UU apoya el acercamiento que ensayó Obama y el reclamo por poner fin al bloqueo es casi unánime en cada asamblea de las Naciones Unidas en que se trate el asunto. Por otro lado, durante este año y medio de distensión se crearon oportunidades de negocios para miles de productores de Florida y de otros estados de la costa atlántica.

Es así que legisladores, empresarios, analistas políticos y económicos, y gurúes de todas los pelambres venían dando la voz de alarma cuando se supo de la intención del presidente. «Esto atenta contra otra promesa electoral, la que se representa mediante el slogan America First (Estados Unidos primero)», dijeron.

A las pruebas se remitieron: más de 250 mil estadounidenses visitaron la isla en los primeros cinco meses de este año, un 145% más que en igual período del año pasado. Todavía no están las cifras –van a aparecer en estos días– pero ya se sabe que es enorme el volumen de inversiones de empresas aéreas, marítimas y hoteleras que apostaron a las posibilidades que se abren para Cuba.

Hay en el trasfondo del anuncio de Trump, finalmente, una especulación que juega con los tiempos para quedar bien parado ante los pobladores de un distrito que fue clave para ganar la presidencia en 2015. El líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, murió en noviembre pasado y en febrero de 2018 el presidente Raúl Castro termina su mandato y con él la camada que inició este camino en 1959 pasa, como se dice, a «cuarteles de invierno».

Si bien hay una hoja de ruta que el gobierno cubano ya tiene establecida para ese momento, en pocos meses pase lo que pase, la administración estadounidense tendrá que vérselas con nuevas caras en La Habana. Tal vez a lo que apunta Trump es a marcar la cancha a los que vengan sin pagar un precio tan alto por el desafío.

Pero es bueno recordar que luego de más de medio siglo de medidas de toda índole contra el gobierno revolucionario, Obama terminó admitiendo que habían sido un fracaso y que había condenado a Estados Unidos a la aislación, más que a Cuba.

Tiempo Argentino
Junio 18 de 2017