por Alberto López Girondo | Jun 24, 2018 | Sin categoría
Se puede ironizar con que Donald Trump tuvo un gesto «humanitario» y aceptó que los niños inmigrantes ahora puedan estar en la misma jaula que sus padres. Pero en la realidad poco cambió en la frontera sur de Estados Unidos. Según varias ONG que se ocuparon en esta semana de mantener el caso en el candelero, hay más de 2300 chicos a la deriva, porque tras la nueva decisión del gobierno ahora deben reencontrarse con sus familiares, cosa que en muchos casos implica una tarea detectivesca.
Es el caso, de acuerdo a un cable de la agencia AFP, de una nena registrada como de dos años que usa pañales y que como habla quiché, lengua maya de Guatemala y México, no había forma de entenderla. Al cabo de horas de búsqueda en listas de ingresados, lograron identificarla. El nombre era otro y su única parienta es una tía que está alojada en una jaula cercana.
El caso de la separación de los niños de sus parientes escandalizó a la sociedad y potenció el debate sobre lo que se debe hacer con los inmigrantes ilegales, y además generó una fuerte controversia entre grupos evangélicos que rondan entre los legisladores republicanos y en los despachos del gobierno de Trump.
Uno de los líderes de estos sectores, Ralph Drollinger, bajó línea bíblica en favor de separar a los padres de los niños sin culpa. Exbasquetbolista de 2,18 metros de altura –llegó a jugar en el seleccionado que disputó el Mundial de Filipinas en 1978– Drollinger, arengó a sus fieles que «cuando alguien viola la ley de la tierra, debe esperar que una de las consecuencias de su comportamiento ilegal sea la separación de sus hijos»·.
El expivot del Seattle SuperSonics y Boston Celtics es cofundador de Capitol Ministries, una secta de estudios de la Biblia a la que acuden muchos dirigentes republicanos del país. Entre sus sponsors figuran Mike Pence, vicepresidente; Jeff Sessions, secretario de Justicia, y Mike Pompeo, titular de la secretaría de Estado, a quienes define como discípulos de Jesucristo, cuenta Lee Fang en el portal The intercept.
Para Drollinger, «las leyes de inmigración de cada nación deben basarse en la Biblia y aplicarse estrictamente, en la seguridad de que Dios aprueba tales acciones por los líderes de la nación». Más aún: «Excluir judicialmente a personas que podrían ser criminales, traidores o terroristas, o que poseen enfermedades contagiosas, no es racista en lo más mínimo».
Samuel Rodríguez, un pastor evangelista puertorriqueño de Asambleas de Dios y con mucha llegada a Trump, consideró en una carta pública, sin embargo, que «los efectos traumáticos de esta separación en estos niños pequeños, que podrían ser devastadores y duraderos, son de gran preocupación».
Tiempo Argentino, 24 de Junio de 2018
por Alberto López Girondo | Jun 19, 2018 | Sin categoría
El 25 de mayo de 1977, el director estadounidense George Lucas presentó el primer episodio de Star Wars, llamada a ser un clásico del cine que ya va por los once capítulos y promete seguir. Para cuando se estrenaba El retorno del Jedi, el tercer fragmento de la saga, en 1983, hacía dos meses que el presidente Ronald Reagan había anunciado su Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI por sus siglas en inglés), un programa de investigación y desarrollo militar que se proponía crear un escudo defensivo espacial para repeler cualquier amenaza con misiles extra continentales provenientes de la Unión Soviética.
Ex actor de Hollywood devenido 33º Presidente de Estados Unidos, pocos dudaron de que Reagan se había subido al carro triunfal del marketing cinematográfico para sacar un as de la manga en su carrera anticomunista. O en todo caso, desviar la atención mediática sobre las consecuencias de su brutal política neoliberal, que dejó un tendal en desocupados y partió en pedazos la resistencia gremial a los ajustes. Pero parece haber tenido una consecuencia inesperada para los analistas de entonces: obligada a no quedarse atrás, la SDI fue un desafío que llevó a los estrategas soviéticos a acelerar nuevos instrumentos militares que literalmente llevaron a la URSS a la bancarrota, cosa que se verificaría hacia el final de esa década.
Ahora, Donad Trump, si se quiere otro advenedizo en la política -del que puede decirse cualquier cosa menos que es un timorato- acaba de ordenar al Pentágono crear una división de las Fuerzas Armadas estadounidenses destinada a impulsar el control del espacio. Será, según indica el documento titulado Directiva 3 de Política Espacial, una sexta rama de las FFAA que se sumará al Ejército (US Army), la Fuerza Aérea (US Air Force), la Marina de Guerra (US Navy), el Cuerpo de Marines y la Guardia Costera.
Y tendrá específicamente la misión de sostener el liderazgo estadounidense «en la provisión de un entorno seguro y protegido a medida que aumenta el tráfico espacial comercial y civil». Entre los justificativos a esta iniciativa destaca que «la rápida comercialización del espacio requiere un marco de gestión del tráfico que proteja los intereses de los EE. UU. y tenga en cuenta las necesidades del sector privado.»
Eso si, considera entre otros retos a la seguridad del país «la creciente amenaza de los desechos orbitales», que entre otros asuntos deberá precaver la nueva Fuerza Espacial (US SpacialForce).
Este proyecto es, como su número lo indica, el tercero en ese ámbito desde que Trump llegó a la Casa Blanca. El 24 de mayo pasado -curiosamente cuando se cumplían 40 años del estreno del primer film de Lucas- había firmado la Directiva de Política Espacial 2 para «para reformar el marco regulatorio del espacio comercial de los Estados Unidos, buscando garantizar nuestro lugar como líder en el comercio espacial.»
El 11 de diciembre fue emitida la iniciativa número 1, que simplemente había ordenado a la NASA el regreso de Estados Unidos a las misiones humanas a la Luna y a Marte.
Esta vez, el país que no quiere perder el tren -valga la metáfora- es Estados Unidos, en vista de los avances que lograron China y la ventaja que mantiene la Federación Rusa.
Pero hay un aspecto que no figura en el documento que presentó Trump junto con las autoridades del Pentágono y en presencia del vicepresidente Mike Pence, pero que también hace al espíritu de aventura y conquista que el mandatario quiere recuperar en la sociedad estadounidense.
La mención a Pence se explica porque fue el que contó este tramo del discurso de Trump ante sus invitados en su cuenta de twitter. «Una vez más, convocaremos al espíritu americano para domar la próxima gran frontera Americana». Y agregó Trump, según el ex gobernador de Indiana: «Ahora estamos listos para comenzar el próximo gran capítulo de la exploración espacial norteamericana… Somos estadounidenses, y el futuro nos pertenece totalmente», dice que dijo el polémico empresario.
La «conquista del Oeste», se sabe, es para el imaginario estadounidense la gran epopeya del siglo XIX. Y fue la expansión hacia la costa del Pacífico entre 1830 y 1890, mediante la invasión de tierras ocupadas por poblaciones originarias, a sangre y fuego.
¿Trump pensará en arrasar con la población marciana o venusina? ¿O tiene en mente la película de 1962 que cuenta esta historia y fue dirigida por John Ford, Henry Hathaway, George Marshall y Richard Thorpe? ¿Qué dirán los chinos a todo esto? ¿lo tomarán como una nueva fase de la guerra comercial que desató la semana pasada el inquilino de la Casa Blanca?
Tiempo Argentino, 19 de Junio de 2018
por Alberto López Girondo | Jun 17, 2018 | Sin categoría
Lo venía anunciando desde hace tiempo y esperó a la semana en que podía exhibir como un logro el encuentro con el líder norcoreano Kim Jong-un para anunciar aranceles del 25% sobre importaciones de productos chinos. El presidente Donald Trump consigue así estar en el candelero nuevamente y las primeras consecuencias de esta escalada comercial con el gigante asiático fueron la noticia de que Beijing tomará represalias, la baja de las acciones y de la soja en los principales mercados del mundo, el aumento del petróleo y el fortalecimiento del euro. Es que una guerra entre Estados Unidos y China, sea del tipo que sea, envuelve a todo el planeta y devela sobremanera a los principales líderes políticos.
Es bueno destacar que el anuncio de Trump no tuvo el tono desafiante de otras veces. «Mi formidable relación con el presidente Xi de China y la relación de nuestro país con China son importantes para mí. Sin embargo, el comercio entre nuestras naciones es muy desigual, desde hace mucho tiempo», dijo en un comunicado formal, algo poco usual para un gobernante que se maneja por Twitter.
La explicación del polémico empresario es que debe prevenir “injustas transferencias de tecnología y propiedad intelectual estadounidenses a China, protegiendo empleos en EE UU”. Los aranceles, al menos en esta etapa, se aplicarán sobre unos 50 mil millones de dólares en productos directamente vinculados a tecnologías de avanzada.
El comercio entre EE UU y China es de unos 636 mil millones de dólares anuales, pero de ese total 505.600 millones son exportaciones chinas a Estados Unidos contra 130.400 millones en productos norteamericanos que cruzan el Pacífico. Más allá de este colosal déficit, el tema de fondo es que los dos colosos se están peleando por las tecnologías más sofisticadas, que son las que marcan esta nueva revolución industrial en la que los jugadores son apenas esos dos, un poco más lejos de Alemania y Japón pero nadie más.
Antes de dar este paso, Trump había viajado a Singapur para una demorada cumbre con el líder de Corea del Norte, KimJong-un. El resultado final fue un documento en que Kim se compromete a la desnuclearización de su país y Washington a levantar las sanciones impuestas desde hace años.
Al regreso del mitin, Trump se topó con duras críticas de los medios hegemónicos y de parte del establishment intelectual. Como suele ocurrir, la evaluación mediática pasaba por quién ganaba y quién perdía con un acuerdo que, a decir verdad, es mínimo en consideración a lo que está en juego: nada menos que la posibilidad de evitar un conflicto atómico en la península asiática. Y hubo coincidencia en remarcar que Trump había quedado relegado ante un “dictador” que lo obligó a firmar un papel que no piensa tomar en cuenta.
Por una vez, Trump quedó a la izquierda de sus críticos. El detalle es que fue el primer presidente estadounidense en verse la cara con un norcoreano desde el armisticio de 1953. El agregado es que, para sentar a la misma mesa a Kim, hubo una gran “mano” de la diplomacia china.
Trump llegó a Singapur con el recuerdo todavía fresco por cómo les “arruinó” la fiesta a los jefes de gobierno del G7 en Canadá. En esa cumbre de los países industrializados de occidente, el presidente de EEUU planteó el ingreso de Rusia a grupo y el levantamiento de sanciones para el país gobernado por Vladimir Putin, ante el rechazo generalizado.
En esos mismos días se celebraba en China otra cumbre, la de la Organización de Cooperación de Shanghai. Esa institución creada en 2006 está integrada por China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, India, Pakistán y Tayikistán. Mientras en Quebec Trump le mojaba la oreja a los líderes europeos (G7 es Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón, Canadá y EE UU), en Qindao el presidente chino Xi JInping ofrecía créditos a los países miembro y hablaba de construir una comunidad regional. Sobre este escenario Trump busca barajar y dar de nuevo con golpes de efecto impredecibles. Habrá que ver cómo quedan las cartas luego de esta vuelta de tuerca que ya estremece a los mercados internacionales.
Tiempo Argentino, 17 de Junio de 2018
por Alberto López Girondo | Jun 11, 2018 | Sin categoría
Donald Trump siempre tiene ese gesto de nene que no quiere irse a bañar, con los labios apretados haciendo trompita y los brazos cruzados tipo «no pasarán». La imagen que los medios alemanes difundieron como cierre de la cumbre del G7 en Canadá lo muestra en esa pose infantil frente a una mesa donde la canciller alemana Angela Merkel parece decirle, enojada, que si no obedece se queda sin postre. La foto, aclara un cable de la agencia AFP, fue tomada por el fotógrafo germano Iesco Denzel y viralizada en twitter por el vocero del gobierno de Merkel, Steffen Seibert.
Si Berlín quería dejar en claro que se plantaba firme frente a una nueva arremetida de Trump contra los instrumentos de gobernanza mundial que venían consolidándose desde hace décadas, la estrategia fue buena. El tema es si además, como líder europea, Merkel -a su lado se deja ver apenas el francés Emmanuel Macron- espera domesticar solo con esa imagen al cowboy que desde que llegó a la Casa Blanca no hace sino patear el tablero internacional.
Porque el empresario estadounidense hizo dos cosas que escandalizaron a casi todos los presentes en el encuentro de los mandatarios de las naciones más industrializadas de occidente. Pidió la reincorporación de Rusia a ese selecto club del que fue desplazada desde que retomó el control de Crimea, y luego se retiró ofuscado de la reunión en Quebec y rechazó el documento final de la cumbre alegando que se trataba de un texto «socialista».
Más allá de los gestos de un lado y otro, lo que queda claro es que la guerra comercial que Trump anunció hace unos meses está en todo su vigor y que no era contra China, como pretendían tranquilizarse analistas europeos, sino contra el resto del mundo.
Por eso el presidente de EE.UU. anunció que estudia imponer un arancel de 25% a los automóviles fabricados en el exterior que vayan a comercializarse dentro del territorio de su país. Esto, sumado a impuestos aduaneros de 10 y 5% a acero y aluminio importado conforman la nueva estrategia de Washington , brutal pero quién sabe sino efectiva, para recuperar la iniciativa a nivel industrial.
La otra pata de este modelo de desarrollo «a los cachetazos» pasa por el paulatino aumento en las tasas que fija la Reserva Federal, que fue trepando hasta el 1,75% -con las consecuencias que incluso sufrió el plan del gobierno argentino para financiarse en el exterior- y que según se cuenta por Wall Street, subirá otras cuatro veces en lo que queda de este año.
Esa medida fortalece el dólar y está causando serios problemas para el euro, ya que por ahora el Banco Central Europeo mantiene tasas negativas como modo de estimular el crecimiento. La corriente de inversiones -al menos las especulativas- cruzan el océano hacia Norteamérica y eso preocupa a los líderes de la UE.
La otra cuestión, la de la vuelta de Rusia, es quizás una chicana de Trump que solo recibió el apoyo del nuevo gobierno italiano,. El G7 se comenzó a gestar en 1973 y actualmente está confirmado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido. En 1998, tras la caída de la Unión Soviética y con la idea de que la Federación Rusa fuera miembro de la elite occidental -ya que de ese colectivo no forma parte ni China ni India, dos países altamente industrializados también- se formó lo que en los primeros encuentros se llamó G71 y luego G8.
Pero en 2014 hubo un golpe apoyado por los países de la OTAN contra el gobierno ucraniano de Viktor Yanukovich, cercano a Moscú, y la situación en esa región se tornó explosiva. En ese contexto, Crimea fue anexada a Rusia luego de un referéndum entre la población, mayoritariamente pro-rusa y de alguna manera vinculada a la base militar en Sebastopol, que hasta entonces estaba en alquiler hasta 2042. En represalia Rusia fue expulsada del G8. y el país y varios de sus funcionarios fueron sancionados tanto por EEUU como por la UE.
Trump, acusado de haber recibido ayuda de agentes rusos para su campaña electoral, desde que se postuló a la presidencia dijo que tenía en mente hacer las paces con Vladimir Putin para el rediseño del mundo en los términos actuales. Ahora pidió algo que, según el canciller ruso Sergei Lavrov, no le habían pedido, como la vuelta al G8.
Merkel y Macron se escandalizaron con la propuesta y lo dijeron claramente. Quizás la foto es de ese momento clave. Pero el flamante primer ministro italiano, surgido de un acuerdo entre la derecha xenófoba de la Liga del Norte y el Movimiento Cinco Estrellas, del cómico Beppe Grillo, apoyó esa iniciativa.
No se sabe bien qué fue lo que desató el enojo de Trump, el caso es que se fue antes del cierre y dijo por tuit que no firmaría algo que parece ser que en realidad si había firmado. Y descargó su furia contra el premier canadiense, Justin Trudeau, al que acusó de “deshonesto y débil”.
Después mandó a su consejero sobre Comercio, Peter Navarro, a que siguiera la batalla en los medios. “Hay un lugar en el infierno para cualquier líder extranjero que hace diplomacia con mala fe con el presidente Donald J. Trump y luego le da una puñalada en la espalda en cuanto se va por la puerta”, dijo en el canal Fox. Navarro la remató con esta frase de antología para la diplomacia internacional: «Trump le hizo un favor (a Trudeau) al ir a Quebec a pesar de tener cosas mejores que hacer” y firmando “ese comunicado socialista”.
El documento final halaba de promover y defender los acuerdos multilaterales basados en las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y en reducir las barreras arancelarias. Pero también de avanzar hacia el cuidado cada vez más estricto del medio ambiente.
Por ahora, ya que no habrá G8 en el corto plazo, todo indica que lo que quedó de la cumbre de Canadá es un G6+1. Y eso si no se ahonda la grieta en el Océano Atlántico.
Tiempo Argentino, 11 de Junio de 2018
Comentarios recientes