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Quién es Larry Kudlow, el consejero de Trump que recomienda volver a la convertibilidad

Quién es Larry Kudlow, el consejero de Trump que recomienda volver a la convertibilidad

En un gabinete en el que suele haber disputas internas, del que ya se tuvieron que ir una docena de funcionarios, algunos de ellos humillados por el presidente Donald Trump, y donde el mandatario acaba de descubrir que tiene un “topo” que publicó una nota sin firma en el The New York Times poniendo un manto de dudas incluso sobre su salud mental, Larry Kudlow aparece en el bando de los moderados. Como director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, este economista y ex presentador de noticias y conductor de un programa de negocios en el canal CNBC se convirtió en el personaje del día por asegurar en la cadena Fox que el gobierno de Trump está profundamente comprometido en una solución al problema de la economía argentina que pase por nueva convertibilidad. Una declaración que hasta terminó por aparecer como una avanzada a la dolarización. Dos palabras de muy mala prensa por estas tierras pero que tiene adeptos dispuestos a inmolarse por ellas.

En un momento en que la guerra comercial y de divisas hace sentir olor a pólvora en todos los rincones del planeta(ver acá), la declaración de Kudlow levantó una polvareda, como era de esperarse. De 71 años y con una fuerte impronta neoliberal, el hombre adhiere a una teoría macroeconómica que se denomina supply-side. Es decir, esa que plantea que el crecimiento viene “por el lado de la oferta”. Lo que implica sostener que es necesaria una baja consecuente de los impuestos y de ser posible la desaparición de las regulaciones. De este modo el mercado generará más oferta de productos que, como consecuencia, bajarán de precio. El gobierno, si estas premisas de cumplen, recaudará al fin del día mucho más por la reactivación de la economía general.

Esto no impidió a mediados de agosto anunciara que el gobierno de Trump está analizando la posibilidad de imponer regulaciones a Google porque el presidente detectó que la plataforma tecnológica había elaborado algún tipo de algoritmo para bloquear o ralentizar sus tuits. “El 96% de los resultados en ‘Noticias Trump’ provienen de medios nacionales de izquierda, muy peligrosos. Google y otros están reprimiendo las voces de los conservadores y ocultando información y noticias que son buenas. Están controlando lo que podemos y no podemos ver. Esta es una situación muy grave”, dijo entonces.

Kudlow, además, es el hombre de confianza de Trump en ciertos temas delicados y por esa razón aparece en medio de las negociaciones comerciales con China y la Unión Europea, muchas veces defendiendo al secretario del Tesoro, el ex Goldman Sachs Steven Mnuchin, que en el marco de esa tormenta desatada por el inquilino de la Casa Blanca, cumple el papel de “policía bueno”, al decir de analistas de Bloomberg.

Es decir, Kudlow es partidario de amplias libertades económicas, salvo que afecten decisiones políticas, entonces no hyay problema a aplicar sanciones o regulaciones. 

Como sea, en una entrevista con Fox, Kudlow consideró que la forma de sacar a la Argentina de la crisis actual sería atar el peso al dólar.  “No imprimir un peso más sin respaldo el dólares”, insistió. Como si hiciera falta, agregó que eso es lo que se hizo en los 90 con la convertibilidad, medida que, aseguró sin que le repreguntaran, fue exitosa ya que “derribó la inflación y mantuvo la prosperidad”. Así, señaló que “la gente del Departamento del Tesoro (Mnuchin) está ocupándose de eso”.

No fue tan específico en recomendar la dolarización como se hizo circular en algunos medios locales, vinculados ciertamente al lobby “anti-peso”. Para dar esta voltereta semántica, ligan el discurso de Kudlow, quien fue muy enfático en asegurar que están trabajando muy cercanos al gobierno argentino -de hecho, Nicolás Dujovne mantuvo encuentro con el Tesoro en su reciente viaje a Washington- a un artículo de la periodista Mary Anastasia O´Grady en el Wall Street Journal de hace un par de días.

Tras detallar pormenores de esta crisis y de las consecuencias de la disparada del dólar, O´Grady plantea, no inocentemente: “¿por qué sucede esto de nuevo, bajo un presidente que se supone que encarna el cambio? La respuesta: porque Argentina todavía tiene un Banco Central. Para solucionar el problema de una vez por todas, debe dolarizar».

De más está señalar que las experiencias de abandono de la moneda local, medida que representa una pérdida de la soberanía económica muy difícil de revertir, no son demasiado auspiciosas. En ex presidente Rafael Correa lo mostraba como un ejemplo de las dificultades que tenia para elaborar políticas independientes durante su gestión en Ecuador.

«Para un país en vías de desarrollo, el cuello de botella, el factor crucial, es su sector externo. Y el principal instrumento para controlar ese factor externo se llama tipo de cambio. Y a eso, ingenuamente, absurdamente, Ecuador renunció ( en el año 2000 y por recomendación del argentino Domingo Cavallo). Cometió un suicidio monetario», declaró Correa en una entrevista en el año 2016, casi al fin de sus 10 años al frente del país. Dicho por un economista que antes de llegar al gobierno había trabajado en el Banco Interamericano de Desarrollo, la frase debería servir para la reflexión, aunque Correa a esta altura también sea un perseguido pro el law fare continental.

Las experiencias europeas tienen su contraluz. Porque el euro representa un problema para algunas de las economías más comprometidas durante la crisis del 2008 al punto que en España y en Italia hubo planteos para volver a la moneda local. Y en Grecia hubo serios debates para recuperar el dracma como forma de evitar la profunda caída tras sucesivos planes de ajuste ordenados por el FMI y el Banco Central Europeo. Sin embargo, el euro es una moneda común de un proyecto de integración regional.

El dólar, en cambio, es la moneda de la todavía principal economía del mundo enfrascada en una guerra comercial de la que nadie sabe cuáles serían sus consecuencias con la potencia en ciernes, China. Principal comprador de los productos nacionales.

Tiempo Argentino, 13 de Septiembre de 2018

Golpe blando contra Trump camino a las legislativas

Golpe blando contra Trump camino a las legislativas

Fue, sin dudas la peor semana de Donald Trump en el gobierno. La que expuso con más rigor eso que ya es usual calificar como «golpe suave». Como esos que las agencias estadounidenses saben hacer en el resto del mundo, pero enfocado hacia las propias entrañas de la Casa Blanca. Claro que no es ajena a esta andanada la cercanía de las elecciones de medio término, que el 6 de noviembre puede modificar la composición del Congreso para, ahí si, impulsar la destitución por alguna de las vías institucionales previstas por las leyes.

La «forma limpia» sería forzarlo a una renuncia, como sucedió en 1974 con Richard Nixon, envuelto en el escándalo de Watergate. Bill Clinton fue sometido a un impeachment por ciertos deslices amorosos con una pasante, pero zafó porque no se lograron los votos de los dos tercios del Senado. Nadie se anima a hablar de la tercera vía para sacarlo del gobierno, en un país en el que tres presidentes fueron asesinados, el último hace 55 años.

El gobierno de Trump se puso de enemigos a la prensa y al llamado Estado Profundo desde que asumió, el 20 de enero de 2016. Pero a medida que se acerca la renovación legislativa arrecian los ataques contra una gestión que el establishment considera errática y peligrosa.

En estos días se presenta un libro explosivo de Bob Woodward, uno de los que investigó el caso Wategate en 1972. Prestigioso periodista ligado al Washington Post –que publicó un adelanto el martes– cada una de sus investigaciones suelen estar sustentadas en documentación y fuentes indiscutibles, al punto que en los ’80 puso en jaque a Ronald Reagan por el escándalo Irán-Contras. Justo el 11 de septiembre, en el aniversario de los ataques a las Torres Gemelas, sale a la venta Fear: (Miedo) Trump en la Casa Blanca. Allí cuenta detalles de cómo se maneja el mandatario republicano en el día a día y lo ejemplifica contando que altos funcionarios retiraron un documento a la firma por el que eliminaba un acuerdo comercial de décadas con Corea del Sur, el aliado estadounidense en esa región desde la Guerra Fría.

El New York Times publicó luego una nota de opinión, sin firma –a contramano de  todos los códigos éticos y sus propias reglas de trasparencia, aunque las autoridades del diario aseguran conocer la identidad del autor–, de un supuesto integrante del staff presidencial, que agrega más detalles del funcionamiento del gobierno. Llega a decir que hay todo un equipo que trata de enmendar los arranques impulsivos del presidente para evitarle males mayores a Estados Unidos. «Soy parte de la resistencia en la Administración Trump», se titula el artículo, que causó revuelo en Trump y sus íntimos.

En primer lugar porque lo muestra poco afecto a comprender la política internacional y falto de moral. Pero sobre todo porque el redactor, que aclara que no es de izquierda, desliza que «hay rumores de dentro del Gabinete de invocar le Enmienda 25» para revocar su mandato.

Esa enmienda fue establecida en 1965 a raíz del asesinato de John Kennedy. De acuerdo a la ley de acefalía vigente hasta entonces, cuando toma el cargo Lyndon Johnson, el vicepresidente, quedaba en las brumas el mecanismo de su reemplazo en el Senado. Fue así que se detallan los pasos para cubrir ese bache, pero de paso, para quitarse de encima presidentes que incomoden al establishment.  Son cuatro condiciones pero una es la que preocupa a Trump: es la que establece el modo por el cual el vicepresidente y la mayoría de sus secretarios pueden declarar al presidente «incapaz para desempeñar sus funciones» y exigir el recambio.

Lo primero que hizo el mandatario fue criticar la falta de ética del diario y luego demandó una investigación para que revelen quién es el autor de la nota, al que no dudó en calificar de traidor. Al mismo tiempo, fustigó a Woodward y repitió su mensaje de que los grandes medios sólo lo critican por medio de mentiras.

Uno que salió en su ayuda fue Paul Craig Roberts, secretario del Tesoro durante el gobierno de Reagan y un liberal convencido. Roberts, que también es editor asociado en el Wall Street Journal, sostiene que no hay ningún funcionario detrás de la columna, sino el mismo periódico, que intenta crear desconfianza en el equipo de Trump y de este contra sus colaboradores. Pero agrega algunos indicios que muestran el trasfondo del ataque.

El artículo dice textualmente que «en público y en privado, el presidente Trump exhibe una preferencia por los autócratas y dictadores, como el presidente ruso, Vladimir Putin, y el líder norcoreano Kim Jong-un, y muestra poco aprecio por los lazos que nos unen con naciones aliadas que tienen una forma similar de pensamiento». Y cuestiona su renuencia a expulsar espías rusos tras el incidente con el Novichok en Gran Bretaña.

Dice Roberts: «El supuesto ‘alto funcionario’ tergiversa, como lo hace el New York Times, los esfuerzos del presidente Trump por reducir tensiones peligrosas con Corea del Norte y Rusia», y agrega: «¿Por qué resolver las tensiones peligrosas es una ‘preferencia por los dictadores’ y no una preferencia por la paz?». A lo que suma el detalle de que Vladimir Putin fue reelegido tres veces «por mayorías que ningún presidente de EE UU tuvo jamás». Su conclusión es que buscan demoler a Trump por intereses ligados al complejo militar, que mucho tiene que perder si las relaciones internacionales entran en una etapa dialoguista con las otras potencias.

Para colmar el vaso,  el cineasta Michael Moore presentó en el Festival de Toronto su nuevo documental, Farenheit 11/9, una suerte de anverso del 11S con fuertes críticas a la dirigencia política estadounidense a la que responsabiliza por el ascenso de Trump al poder. También plantea la forma de evitar un camino irreversible hacia «el despotismo y la tiranía» en noviembre.

La frutilla que corona el postre fue el discurso del viernes del expresidente Barack Obama, que decidió volver al ruedo para sumarse al coro anti Trump y reclamarle al partido republicano que hagan algo para quitarse del medio a este inquilino de la Casa Blanca que «está socavando nuestras alianzas, acercándose a Rusia».

Tiempo Argentino, 9 de Septiembre de 2018

Paraguay: la venganza colorada y la vuelta de la embajada en Israel a Tel Aviv

Paraguay: la venganza colorada y la vuelta de la embajada en Israel a Tel Aviv

Podría ser una «devolución de gentilezas» o una escalada de la guerra del ex presidente paraguayo, Horacio Cartés, contra gran parte del establishment del partido Colorado. Y tiene su antecedente, porque cuando el polémico empresario anunció el traslado de la embajada de Paraguay en Israel a Jerusalén, la decisión causó rechazo en el equipo de Mario Abdo Benítez, elegido como primer mandatario por la misma agrupación política. Como corolario, podría ser que el tradicional partido nacido al fin de la guerra de la Triple Alianza -esa que con la colaboración de las presidencias de Bartolome Mitre y Domingo F. Sarmiento destruyó a Paraguay entre 1865 y 1870- decidió tomar el toro por las astas y romper con todo vestigio de este quinquenio de «semioficialismo». El caso es que el regreso diplomático a Tel Aviv, tras casi cuatro meses, generó el retiro de embajador israelí en Asunción y al mismo tiempo la apertura de la representación de Palestina en la capital paraguaya. Un enroque difícil de explicar en otro contexto.

El partido Colorado -que salvo breves períodos gobernó ese país en forma continua y hasta acompañó al dictador Alfredo Stroessner entre 1954 y 1989, aunque también lo volteó cuando era un escollo para la gobernabilidad- había quedado bastante lastimado durante la gestión de Fernando Lugo, quien había avanzado hacia la integración regional y ciertos toques de estado de bienestar, y mucho más por el golpe de 2012 contra el ex obispo. Por eso en 2013 había aceptado llevar como candidato a un multimillonario que acumuló tanta fortuna como denuncias por evasión fiscal, lavado de dinero, tráfico de drogas y falsificación de cigarrillos. Eso a pesar de que no cumplía con los plazos de afiliación que los mismos estatutos preveían. Bien se sabe que «billetera mata galán». O a militante.

Pero ni bien ocupó el cargo, Cartes comenzó a gestionar sin ninguna consulta con sus compañeros electorales, lo que generó fuertes controversias que solo pudo acallar porque supo aprovechar un leve viento de cola por la expansión de la exportación de soja, lo que atrajo no pocas inversiones externas. Este año el PBI paraguayo aumentará dentro del promedio de los últimos seis, en torno del 4%, aunque tambièn es cierto que la pobreza no bajó nunca del 27 %.

En 2017, el empresario quiso reformar la Constitución o forzar su sentido para obtener un nuevo mandato, cosa que rechazaron los legisladores, encabezados por el coloradismo. El 22 de abril, sin demasiada sorpresa, el candidato del Partido Colorado, Mario Abdo Benítez, hijo del que fuera secretario privado de Stroessner, ganó las elecciones.

Los votos todavía estaban calientes y faltaba poco para que terminara su mandato cuando el 9 de mayo Cartes anunció que, siguiendo la línea de Donald Trump, había decidido trasladar la embajada de Paraguay en Israel a Jerusalén. Junto con Guatemala y EEUU, fueron los únicos en hacer esa movida.

Paralelamente Cartes negociaba contrarreloj para obtener la banca en el senado a la que había sido autorizado por un amañado fallo de la Justicia. Buscaba obtener los fueros que lo tranquilizarían ante la presumible venganza política de quienes tomaran su lugar, los mismos a quienes había ninguneado por un lustro. Como ex mandatario, tiene derecho a una banca pero sin voz ni voto, pero eso no le resultaba suficiente.

El 28 de mayo, Cartes presentó su renuncia, tres meses antes de la entrega del poder, generando una crisis política que se resolvió un par de semanas más tarde, cuando se convenció de que el Congreso no iba a avalar su jugada. Tuvo que quedarse hasta el fin.

Abdo Benítez llegó al Palacio de los López el 15 de agosto. Apenas habían pasado 100 días cuando desde Asunción llegó la orden de levantar todo de las oficinas que le había destinado el gobierno de Benajamin Netanyahu, en el parque tecnológico de Jerusalén y volver a Tel Aviv. Fue una medida tomada entre cuatro paredes entre el nuevo presidente y su canciller, Luis Alberto Castiglione, cosa de no alertar a medios ni informantes de Israel.

Ni bien se supo la noticia, Netanyahu informó que retiraría su propia embajada en Asunción. Y la autoridad palestina indicó que recibía la novedad con beneplácito y a su vez enviaría un representante diplomático a la capital paraguaya.La pelea entre Cartes y los dirigentes colorados siguió por tuit. Esto dijo Cartés:

Hoy se traicionaron los valores de la civilización Judeo Cristiana; hoy se traicionó a UN AMIGO!, hoy se traicionó la voluntad y el sentimiento del pueblo paraguayo! Hoy se traicionó la amistad entre PARAGUAY e ISRAEL. Cada pueblo que le dio la espalda a Israel pagó muy caro!— Horacio_Cartes (@Horacio_Cartes) 6″=»»>https://twitter.com/Horacio_Ca… de septiembre de 2018

Esto respondió Abdo Benítez:

Paraguay es un país de principios. El espíritu de la decisión anunciada es que los pueblos de Israel y Palestina logren alcanzar una paz amplia, justa y duradera. Siempre seremos respetuosos del derecho internacional.— Marito Abdo (@MaritoAbdo) 5″=»»>https://twitter.com/MaritoAbdo… de septiembre de 2018

El canciller Castiglioni se sumó al debate de este modo:

Paraguay es una nación amiga de Israel y Palestina. Nuestra decisión está basada en el derecho internacional y pretende contribuir a la búsqueda de la paz https://t.co/qqVq4D2VQ0— Luis A. Castiglioni (@LuisCastiglioni) 5″=»»>https://twitter.com/LuisCastig… de septiembre de 2018


En ese sentido se habia expresado la cartera de Exteriores para justificar la vuelta a Tel Aviv. «La República del Paraguay se ha adherido con consistencia a la visión de una región en la que dos Estados democráticos, Israel y Palestina, vivan uno al lado del otro en paz y dentro de fronteras seguras y reconocidas, conforme al criterio plasmado en numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como ser la Nº 1397 (2002), Nº 1515 (2003), Nº 1850 (2008) y Nº 2334 (2016)», dice el comunicado de la cancillería. Recuerda luego que las relaciones con Israel datan de 1948 y que en 2005 inició relaciones con Palestina para dar su reconocimiento como estado en 2011.

En una conferencia de prensa, Castiglioni hizo hincapié en la necesidad de aceptar las decisiones de la ONU como vinculantes y señaló que la situación en Medio Oriente indica que se debe volver a las fronteras de 1967, antes de la ocupación de Jeruslaén Este y de gran parte de los territorios asignados a Palestina 20 años antes.

Ni Castiglioni ni Abdo Benítez son dirigentes incilnados a la izquierda. De hecho, el canciller fustigó duramente la cercanía de Lugo a Chávez y Abdo Benítez nunca rompió lanzas con el stronesnerismo, dijo que había conocido al dictador cuando era chico y que no tenía mal recuerdo de él como persona. «Hay que mirar adelante» se limita a decir cuando lo apuran sobre eso.

El tema es mas de fondo y tiene que ver con Cartes y con la influencia que Israel puede haber tenido en la inconsulta, como desde el coloradismo insisten, medida de trasladar la embajada. También Jimmy Morales, el presidente de Guatemala, el otro país en trasladar la  embajada jerosolimitana, lucha como gato entre la leña contra la oposición y algunos oficialistas ante sucesivas denuncias por corrupción.

Tiempo Argentino, 6 de Septiembre de 2018

Trump busca apoyo evangélico para derrotar a los «antifascistas»

Trump busca apoyo evangélico para derrotar a los «antifascistas»

En pleno camino a las elecciones de noviembre, todo indica que la disputa de fondo en Estados Unidos será entre Donald Trump y Bernie Sanders, entre una derecha y una izquierda bien definidas y sin medias tintas. Como pretendía el ala más radical de los demócratas en 2016, pero que no pudo ser porque los Clinton mantenían la supremacía en la interna partidaria. O quizás debiera decirse que en los comicios de medio término se discutirá si los republicanos pierden el control parlamentario y eso abra las puertas a un cierto progresismo en el Congreso y algunos estados clave o consolida el modelo cowboy que el empresario implementa desde que llegó a la Casa Blanca y que tanto controversia le acarrea con medios y la porción «biempensante» de la población estadounidense. Las cartas se están jugando y en estos días se pudo ver cómo se vienen dando las manos desde que comenzaron a rodarse las primarias en ese territorio.

Por el lado del oficialismo, no todos los republicanos ponen todas las fichas por Trump y él, por si las moscas, mantuvo un encuentro con líderes evangélicos para pedirles que lo ayuden a evitar el regreso de los demócratas, que, les dijo, «van a anular todo lo que hicimos, y lo harán rápido y de manera violenta».

En cuanto a la actual oposición, el martes ganó la interna a gobernador de Florida el actual alcalde de la capital, Tallahassee, Andrew Gillum, un hombre de 39 años que tuvo el fuerte espaldarazo de Sanders. De triunfar en noviembre, algo que no está tan lejos de las posibilidades, ya que ese es uno de los estados «swing» –esto es, donde ambos partidos se alternan en el poder–, sería el primer negro en llegar a la gobernación. Y hace dos años ganaron los republicanos.

La xenofobia que desplegó Trump desde su campaña electoral abrió las puertas al racismo siempre latente en esa sociedad y, al mismo tiempo, eso generó anticuerpos que se expresan a través del partido demócrata. Es así que junto con Gillum otros dos candidatos negros aspiran a la magistratura estadual: Stacey Abrams en Georgia y Ben Jealous en Maryland. 

«Este momento está definido por la política de Trump y el Partido Republicano, que se basan en la intolerancia, el miedo y el racismo», declaró Adrianne Shropshire, de la ONG Black PAC, a Christian Science Monitor.

El comentario del candidato que representará al oficialismo en Florida, Ron DeSantis –una apuesta fuerte de Trump– corrobora este aserto. «Es un portavoz muy articulado –definió a Gillum– un portavoz de la izquierda radical». Pero utilizó una frase indigesta para seducir a los votantes de la derecha. Dijo «the last thing we need to do is to monkey this up» , que se puede traducir como «lo último que debemos hacer es echar a perder las cosas (votando a un negro)». Sin embargo, la palabra «monkey» (que también quiere decir mono) en este contexto resulta un agravio no tan velado que los medios se encargaron de destacar y cuestionar.

El mismo martes, Trump mantuvo un encuentro con pastores evangelistas en el Salón Oval.  Hubo dos tramos de esa charla que se conocieron. En la primer parte estuvieron presentes periodistas destacados en la casa de gobierno. Allí  habló del aborto, de la libertad religiosa y del desempleo juvenil. Luego, los trabajadores de prensa fueron invitados a retirarse y vino lo más sustancioso de la reunión. Que trascendió porque uno de los presentes grabó la charla y se la entregó a The New York Times.

Fue en ese momento que el mandatario se sinceró. «Les pido que salgan y aseguren que toda su gente vote», indicó. Como se sabe, el voto en EE UU no es obligatorio pero si es necesario registrarse antes de la elección. «Si ellos –los creyentes– no votan, vamos a tener dos años horribles» hasta el fin del período.

Lo que causó más preocupación, sin embargo, fue al advertencia de que una derrota de los republicanos podría generar actos violentos. «Cuando usted ve a los antifascistas, a algunos de esos grupos, se ve que son gente violenta.»

El caso es que entre los candidatos a lo largo y ancho de EE UU hay varios que no se cuidan de expresar sus sentimientos antisemitas. Arthur Jones se presenta en Illinois y no tiene empacho en declarar que el Holocausto es «la mentira más grande y oscura de la historia», mientras que John Fitzgerald, de California, tildó al genocidio del pueblo judío en Alemania de «mito», y terminó enfrentado con los líderes de su propio partido en junio. La frutilla del postre, quizás, sea Rusell Walker, quien aspira a una banca en Carolina del Norte y considera que «no hay nada malo en ser racista». Para probarlo, asegura que «los judíos son hijos de Satán».

El clima exacerbado que se podría presumir luego de semejantes expresiones de nazismo, de todas maneras, parece no haberse extendido a todos los distritos.  En Arizona, por ejemplo, ganó el derecho a competir por una banca en el Senado desde el bando republicano Martha McSally, con más del 50% de los votos. A los 52 años, esta coronel de la Fuerza Aérea estadounidense que combatió en Irak y Kuwait contra la invasión de Saddam Hussein de 1992, resultó ser la más moderada entre los tres contendientes que presentaba el partido del elefante.

Otra precandidata era Kelli Ward, una «trumpista» convencida que sin embargo recibió un tibio apoyo de su presidente. Es que Trump no tenía buena data de quién era el seguro ganador y no quiso comprometerse demasiado. Sí mostró un poco más de cercanía con el tercero en discordia,  que fue el exalguacil del condado de Maricopa, Joe Arpaio. El policía se hizo famoso en tiempos de Barack Obama por su encarnizamiento contra los inmigrantes ilegales, en una época en que el entonces presidente quería dar una imagen de tolerancia, pero ahora esa dureza no resultó tentadora.

Es que muchos republicanos tratan de salvar la ropa en cada distrito más allá de la propuesta que viene de Washington. Y McSally era la preferida de los popes del partido a nivel local. «

Sanders y los nuevos aires

El Partido Demócrata está en plena renovación y lo demuestra el resultado de las primarias para los comicios de noviembre. Representarán al tradicional partido del burro más mujeres en proporción que hasta ahora, pero también se sumaron minorías que hasta ahora no habían tenido mucha representación.

Para gobernadores, hay tres negros (ver aparte), una transexual y en unos días se sabrá si una actriz, Cynthia Nixon, una de las protagonistas de la serie The Sex and the City, podrá ganarle la primaria al gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo.

Para legisladores es destacable el caso de Alexandria Ocasio Cortez, la joven camarera de 28 años de origen portorriqueño que se declara socialista y si no fuera por Bernie Sanders jamás hubiera incursionado en ese partido.  

El estado de Vermont siempre se caracterizó por su amplitud ideológica. De hecho, Sanders ocupa cargos electivos desde 1988, primero como alcalde de Burlington y luego como representante y senador. Siempre se identificó como socialista y en 2016 compitió con fuerte aspiración contra Hillary Clinton en la interna demócrata. 

Allí, en Vermont, Christine Hallquist ganó la semana pasada la nominación para gobernar el distrito contra cuatro aspirantes, uno de ellos, Ethan Sonneborn, tiene apenas 14 años y dice que se presentó porque la Constitución local no plantea un límite de edad para hacerlo.

Hallquist dirigía la cooperativa eléctrica de Vermont y en 2015 decidió cambiar de sexo. Competirá contra el actual mandatario, el republicano Phil Scott. Para lograr la nominación dice que escuchó los consejos de Danica Roem, la primera mujer transgénero elegida para una legislatura, en Virginia. Cuenta el The New York Times que Roem le recomendó timbrear en cada casa y si no había nadie dejar una nota con eslóganes de campaña. «Trata de ganar cada voto», le dijo.

En Minnesota, Ilhan Omar fue elegida para un puesto en la Cámara Baja. Si es elegida, será la primera musulmana en ocupar esa banca.

Tiempo Argentino, 2 de Septiembre de 2018