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Trump arremete contra las protestas antirracistas tras una balacera en Seattle

Trump arremete contra las protestas antirracistas tras una balacera en Seattle

La campaña electoral estadounidense de este año seguramente pasará a la historia como una de las más encarnizadas y en la que amplios sectores de la sociedad se plantan frente a la dirigencia política del modo más desafiante. No es que hasta el asesinato de George Floyd el clima fuera sosegado. Más bien, si algo cree que necesita Donald Trump es agitar las aguas para consolidar tropa propia frente a la elección de noviembre y limar a como dé lugar al candidato demócrata, Joe Biden, vicepresidente con Barack Obama y hasta hace dos meses peleando la interna de su partido con el progresista Bernie Sanders. De tal manera que el mismo día en que su ex asesor en seguridad nacional, John Bolton, presentaba oficialmente el libro en el que espera vengar las humillaciones que sufrió en su paso por la Casa Blanca (Ver acá), el presidente salió a cruzar fuerte a los movimientos de protesta contra la violencia policial. Y específicamente apuntó a los grupos promotores de Zonas Autónomas -fuera de la vigilancia policial- y contra los grupos que derribaron ya varias estatuas de esclavistas considerados héroes nacionales en varios distritos.


En dos tuits de las últimas horas, Trump descargó su ira contra un puñado de manifestantes que estaba armando una barricada en la capital estadounidense, a unas 20 cuadras de la Cas Blanca. “Nunca habrá una «Zona Autónoma» en Washington, DC, mientras yo sea su Presidente. ¡Si lo intentan, se encontrarán con una fuerza seria!”, vociferó.

There will never be an “Autonomous Zone” in Washington, D.C., as long as I’m your President. If they try they will be met with serious force!

— Donald J. Trump (@realDonaldTrump) June 23, 2020Y luego anunció fuertes medidas contra los que tiren estatuas como medida de protesta, una movida que resulta un claro intento de modificar de raíz los componentes básicos de la ideología supremacista en ese país.

«He autorizado al Gobierno Federal a arrestar a cualquier persona que destruya o destruya cualquier monumento, estatua u otra propiedad federal en los EE. UU. Con hasta 10 años de prisión, según la Ley de Preservación del Monumento al Veterano u otras leyes que puedan ser pertinentes. …», escribió el mandatario.

I have authorized the Federal Government to arrest anyone who vandalizes or destroys any monument, statue or other such Federal property in the U.S. with up to 10 years in prison, per the Veteran’s Memorial Preservation Act, or such other laws that may be pertinent…..— Donald J. Trump (@realDonaldTrump) June 23, 2020

A principios de junio un grupo de manifestantes se instaló por varios días en Capitol Hill, un barrio de Seattle muy transitado que funge de centro cívico. Como la situación se ponía tensa, la jefa de la comisaría, Carmen Best, informó a sus superiores la conveniencia de abandonar el local para evitar posibles choques con los manifestantes.

Fue entonces que se instaló lo que la principio se denominó CHAZ (por Capitol Hill Autonomus Zone) y luego CHOP (Capitol Hill Occupied Protest). Se juntan en esta utopía no tanto lo que fue la Comuna de Paris, en 1871, como la confluencia de ideas que se potencian en la contracultura estadounidense, desde el hipismo al movimiento punk, con tintes anarquistas en una ciudad que ya en 1999 tuvo en vilo al mundo en las protestas contra la Cumbre del Milenio de la OMC.

Fueron aquellas unas manifestaciones sorprendentes por lo multitudinarias contra el proyecto neoliberal globalizador. Irónicamente, ahora la protesta se enfrente a un presidente que, desde el conservadurismo más salvaje,  hizo mucho para terminar con la globalización.

La idea de Zonas Autónomas fue expresada a principios de los 90 del siglo pasado por el poeta anarquista Peter Lamborn Wilson (Hakim Bey) en un libro que impactó en el movimiento anarquista y contracultural que venía del punk, TAZ, The Temporary Autonomus Zone(La Zona autónoma Temporaria). Allí se plantean tácticas para la ocupación de espacios temporales fuera del control estatal y donde no haya jerarquías.

Ya en los primeros días de las protestas por el crimen de Floyd el presidente Trump venía lanzando sus dardos contra alguno de los grupos que se manifiestan en las calles de todo el país, como Antifa.  Se trata este de un movimiento antifascista que aparece como la contracara de los sectores ultraderechistas como alt-right, que con Trump alcanzaron su auge en EEUU. Con la misma denominación, en la década del 30 apareció un movimiento Antifa (Antifaschistische Aktion) en el momento en que el nazismo iba creciendo hasta llegar al poder en 1933.

La cultura hippie de los años 60 tuvo un componente de autonomía y rechazo a los estados autoritarios que ahora fructificó luego de casi 4 años de Trump, de un racismo exacerbado desde las instituciones como no se veía desde esa misma época. En 2011 un grupo también numeroso de manifestantes se instaló en la capital del mundo financiero del planeta en lo que fue el Occuppy Wall Street, contra la avidez de los bancos que luego de la crisis de 2008 siguieron recibiendo ayuda estatal.

Estas semanas, luego de Seattle, surgió otra Zona Autónoma en Portland, Oregon, que fue desactivada por la alcaldía local, luego de haber aceptado reducir el presupuesto para la policía y comprometerse a una purga de sus elementos racistas.  El alcalde, Ted Wheeler, demócrata, fue duro en condenar la movida y luego de haber ordenado despejar el área declaró: “No quiero que se establezca una zona autónoma en Portland, creo que es una distracción del movimiento más amplio, que es apoyar y elevar las voces negras en nuestra comunidad».

Diferente fue la actitud de su colega de Seattle, la alcaldesa Jenny Durkan, que incluso recibió airadas quejas de Trump por no haber ordenado un desalojo contundente del CHOP. Pero algo sucedió este fin de semana que hizo variar el clima político. De un modo que aún no tenía explicación, se registró una balacera en la zona autocontrolada por los manifestantes y al cabo resultaron tres personas heridas y un joven de 19 años murió.

Como era de esperarse el dato se viralizó del peor modo abonando miles de noticias sin comprobación sobre supuestos saqueos y aprietes a comerciantes del lugar para pagar por protección. Y dando a entender que en CHOP era una banda de forajidos irracionales capaces de matarse entre sí. Así fue que este lunes Durkan anunció que iba a ver el modo de despejar el área.

«No debería haber un lugar en Seattle donde el Departamento de Bomberos y el Departamento de Policía no puedan ir», dijo en una conferencia de prensa. Pero al mismo tiempo, en un tuit reveló la cautela con la que piensa manejar la cosa.

«La jefa (de policía) @carmenbest me ha dejado claro que, a corto plazo, nuestro Departamento de Policía necesitará la Comisaría del Este para garantizar la seguridad pública y responder adecuadamente a más de 100,000 llamadas al 9-1-1. En un futuro cercano, SPD regresará pacíficamente al Precinto Este», tuiteó Durkan.

Las horas de ese distrito en el que el dólar dejó de ser la moneda corriente desde el 8 de junio y las transacciones se hicieron en bitcoins, estaban contadas. Pero la mecha ya había encendido en Portland y hasta en el DC, en las propias narices de Trump.

Tiempo Argentino, 23 de Junio de 2020

Estados Unidos y China, cada vez más cerca de caer en la trampa de Tucídides

Estados Unidos y China, cada vez más cerca de caer en la trampa de Tucídides

Que China está llamada a ser la potencia hegemónica del siglo XXI es una elucubración de analistas de todos los pelajes desde hace décadas. Y que Estados Unidos va perdiendo influencia es cada vez más evidente, más allá de que sigue siendo la principal potencia militar y se mantiene a la cabeza en tecnología e informática. Pero los últimos escarceos entre Washington y Beijing muestran hasta qué punto están cada vez más cerca de caer en eso que un historiador llamó la “trampa de Tucídides”.  

¿De qué se trata?

Tucídides es considerado padre de la historiografía moderna. Hombre del siglo de oro ateniense, más que relatar, puso en contexto la Guerra del Peloponeso. Y la conclusión es que una potencia emergente crece hasta que se convierte en un desafío para el imperio dominante. Así ocurrió entre la Liga de Delos (Esparta) y la del Peloponeso (Atenas), hasta desembocar en la guerra que se desarrolló entre el 431y el 404 A de C.

Para Graham Allison, de la Universidad de Harvard, autor de un libro muy ilustrativo de 2015, (Con destino a la guerra: ¿es posible que EE UU y China escapen de la trampa de Tucídides?) en la abrumadora mayoría de situaciones similares de los últimos 500 años, el resultado fue una guerra. Pero ese podría no ser necesariamente el caso entre China y EE UU. El tema es cómo evitar una hecatombe entre dos potencias nucleares altamente desarrolladas.

Por lo pronto, a medida que se acercan las elecciones estadounidenses, Donald Trump asume una posición cada vez más beligerante en una estrategia destinada a poner como enemigo al gigante asiático (ver columna). Más allá de la guerra comercial que desató a poco de llegar a la Casa Blanca, el coronavirus le planteó un desafío: luego de desoír las recomendaciones científicas, necesita exculparse sobre las consecuencias tanto sanitarias como económicas. Y en eso está, con teorías conspirativas en las que hizo caer a la OMS, de la que anunció el retiro (ver columna).

Coherente con su línea de abandonar toda organización globalista, Trump también retiró a su país de los acuerdos climáticos, de los tratados comerciales del Atlántico y del Pacífico y este jueves anunció que sancionará y prohibirá el ingreso al país de cualquier funcionario de la Corte Penal Internacional (CPI) que pretenda investigar crímenes cometidos por tropas estadounidenses en Afganistán.

Esta medida se choca con el discurso de defensa de derechos humanos que pretende esgrimir para el resto del mundo. En tal sentido, la revuelta en Hong Kong que se inició el año pasado y la ley de seguridad anunciada en Beijing hace algunas semanas le dio un argumento a lo países occidentales y básicamente a la Casa Blanca para hablar de violación a la democracia y la soberanía sobre una ex colonia que tiene un estatus especial desde 1997.

La espuma inicial se fue acallando al punto que el HSBC, uno de los bancos más grandes del planeta y símbolo del sistema financiero internacional de capitales británicos, firmó una petición aceptando las nuevas reglas de juego.

Mientras Trump enfrenta en su propio territorio fuertes reclamos contra el racismo, Xi Jinping recorrió estos días la región autónoma de Ningxia, con mayoría de población de la etnia hui y se comprometió una vez más a terminar con la pobreza. ”Todos los grupos étnicos son parte de la gran familia de la nación china y ningún grupo étnico debe ser dejado atrás en la lucha contra la pobreza”.

China también dio un paso importante para limar asperezas con India, la nación que seguramente en breve será la segunda potencia del mundo, y con la que mantiene conflictos limítrofes heredados de la colonización británica (ver columna). Durante el fin de semana pasada, altos mandos militares de ambos países se encontraron en un puesto en el Himalaya para poner fin a algunas semanas de choques entre fuerzas de seguridad.

Otra muestra de que EE UU pierde influencia es que a pesar de las presiones y amenazas del inquilino de la Casa Banca, la Unión Europea no está tan dispuesta a ser furgón de cola de una aventura bélica. Y tras una reunión del Alto Representante de la UE para Política Exterior, Josep Borrell, con el canciller chino, Wang Yi, el español aseguró que el bloque pretende una relación «realista» con China.

“Está claro que China tiene una ambición global, pero no creo que esté jugando un rol que ponga en duda la paz mundial. No tienen ambición militar, ni participan en conflictos armados», añadió.

POTENCIAS EN PUGNA

PBI (datos de 2019): China, U$S 12 billones  – EE UU U$S 19 billones

Producto per cápita: China U$S 9000 – EEUU U$S 58 mil

Deuda sobre PBI: China 50% – EE UU 104%  

Déficit fiscal: China 4,6% – EE UU 5,6%

PBI para Salud: China 9,07% – EE UU 22,55%

PBI para Defensa:  China 5,5% – EE UU 9,01%PBI por Educac PBI por Educac

Tiempo Argentino, 14 de Junio de 2020

Cotton, el senador que está a la derecha de Trump y causó una crisis en el The New York Times

Cotton, el senador que está a la derecha de Trump y causó una crisis en el The New York Times

Los personajes de esta historia son un periodista con más de 30 años de carrera en los medios más importantes de su país y un senador estadounidense que, de tan corrido a la derecha, hace parecer a Donald Trump como un moderado. Y una controversia que llevó a que el New York Times, el diario de más influencia y prestigio de ese país, debiera recular por el rechazo de sus lectores y de los redactores a una columna del senador republicano Tom Cotton, en la que alentaba el despliegue de tropas militares para acallar las protestas por el asesinato de George Floyd.

Justo el mismo día que en Argentina se celebraba el día del Periodista, el domingo pasado, el jefe de la sección de opinión del NY Times, James Bennet, ponía fin a varios días de fuertes polémicas y renunciaba al cargo. El caso mostró nuevamente, por si hiciera falta, dónde están los límites en el país que se jacta de ser el gran defensor de la prensa libre en el mundo. Pero también de que hay una dirigencia política de valores extremos que no oculta sus pensamientos bajo una máscara de moderación.

La columna de la polémica era coincidente con el discurso de Trump de los primeros días de levantamientos populares tras el asesinato de Floyd por la policía de Minneapolis. “Es necesario dar una muestra abrumadora de fuerza para dispersar, detener y finalmente disuadir a los infractores de la ley”, decía Cotton, en resumidas cuentas. Había que recuperar el control y el orden público a como diera lugar. Si no fuera porque el Pentágono rechazó esa propuesta, quizás habría sido el método utilizado por el gobierno federal para todo el país.

No es la primera vez que Cotton muestra su garra. Nativo de Arkansas, de 43 años, este abogado por la Universidad de Harvard se enroló en el Ejército de Estados Unidos y estuvo en campos de batalla de Afganistán e Irak. Parafraseando a un viejo refrán, podría decirse de él que para quien nace fusil, del cielo le llueven guerras, y entiende entre otras cosas, que la respuesta al que avizora como el mayor de los desafíos que enfrenta su país, Irán, la solución pasaría por arrasar sus plantas nucleares sin miramientos.

Se dice de él que es el que le baja letra a Trump en algunos de los latiguillos que el presidente luego comienza a mostrar en sus tuits y más tarde hace tronar en las conferencias de prensa. Uno de ellos es definir al Covid-19 como el Virus de China. Y afirma, sin la menor prueba, o incluso la desmentida de la CIA, que el virus fue creado en un laboratorio chino.

Parece haber sido, también, el de la idea de que Estados Unidos compre Groenlandia, que Trump lanzó como anuncio antes de una gira por Dinamarca el año pasado, generando la repulsa de las autoridades de esa nación, que tiene la soberanía sobre esa isla boreal.

La relación de Cotton con el diario neoyorquino viene de lejos y había sido conflictiva en su primer encuentro. Fue en 2006, cuando el ahora senador estaba cumpliendo servicios en Irak como teniente. Cotton escribió entonces una carta abierta pidiendo enjuiciar a dos reporteros del NY Times que habían publicado el modo en que dos agentes estadounidenses habían descubierto el esquema de financiación de Al Qaeda. Algo que para Cotton era un tema secreto.

A raíz de la columna en cuestión, Arwa Mahdawi ironiza en el británico The Guardian haciendo juego con el apellido del senador, Cotton, algodón en inglés, que bien se lo podría llamar “Tommy Plantation”, la Plantación de Tommy, aludiendo al libro La cabaña del Tío Tom, de Harriet Beecher Stowe.

El caso es cómo llegó un personaje así a publicar en un medio como el NY Times, abiertamente contrario a Trump y que suele reflejar el ideario de las clases bien pensantes de EEUU. Y en esto interviene el otro protagonista de este affaire.

James Bennet, a los 54 años, era un editor importante en el escalafón del periódico neoyorquino. Había llegado a esa verdadera cima en la aspiración de cualquier periodista que se precie en 1991, luego de haber pasado por The New Republic y The Washington Monthly. Fue destacado en la Casa Blanca y más tarde corresponsal en Jerusalen y Beinjing hasta que le ofrecen el cargo de editor en jefe de The Atlantic. Le cambió la cara a la revista y la volvió a poner nuevamente en el candelero luego de cambiarle el perfil a temas más populares.

Diez años más tarde lo vuelven a convocar del viejo Times, esta vez para dirigir la sección Opinión. De entrada nomás mostró que lo suyo iba a dar que hablar: a las pocas semanas generó debate la columna del periodista Bret Stephens que ponía en duda las consecuencias del cambio climático que afirman científicos de todo el planeta.

La concepción del periodismo que tiene Bennet es que todas las voces deben tener su espacio para que la sociedad cuente con todas las argumentaciones antes de tomar posición. Y su compromiso con la ética profesional lo llevó a no participar en ninguna edición de la campaña política de ese mismo año, porque su hermano mayor, Michael, competía por la reelección como senador por el estado de Colorado.

Pero quizás no supo evaluar que no son tiempos de romanticismo periodístico. Cuando Trump amenazó con sacar las tropas a la calle para reprimir las protestas, Cotton venia publicando tuits apoyando esta medida. Bennet le propuso que escribiera algo desarrollando eso que estaba publicando en la red social.

La primera reacción de los lectores fue de rechazo. No podían entender que “su” diario apoyara esa postura. Bennet se defendió diciendo que desde que llegó a ese cargo se había comprometido a “mostrar a nuestros lectores todos los argumentos, especialmente aquellos de las personas en posición de establecer políticas”.

Pero no solo los lectores mostraron su disconformidad. Los propios redactores plantearon su absoluto desacuerdo a través de las cuentas de Twitter de cada uno. Lo que implicaba un problema serio para la credibilidad del medio.

Luego de un día de revuelo, Arthur Gregg Sulzberger, el editor general del New York Times -el cuarto en la dinastía de los Sulzberger, que comanda el periódico desde hace 90 años- convocó a una teleconferencia con pequeños grupos de empleados del diario, desde redactores y jefes de secciones a fotógrafos y personal administrativo. Todos fueron muy duros con la publicación.

La versión de Bennet ahora, era que si bien es el supervisor de la sección Opinión, no había leído el articulo de Cotton, que eso había quedado en manos de sus subalternos. Lo que agravó el entredicho con la redacción.

Sulzberger escribió entonces una nota en la que explica: “la semana pasada vimos un colapso significativo en nuestro proceso de edición, no el primero que hemos experimentado en los últimos años, por una columna que no alcanzaba los estándares requeridos y que nunca debió publicarse”. Y agrega: ”James (Bennet) y yo acordamos que se necesitaría un nuevo equipo para dirigir el departamento a través de un período de cambios considerables».

Ese mismo día Bennet anunciaba su dimisión al cargo y al diario. «El periodismo de la sección Opinión del Times nunca ha importado más que en este momento de crisis en casa y en todo el mundo, y he tenido el honor de ser parte de ello. Estoy muy orgulloso del trabajo que mis colegas y yo hemos realizado para centrar la atención en la injusticia y las amenazas a la libertad y para enriquecer el debate sobre el camino correcto a seguir al traer nuevas voces e ideas a los lectores» escribió Bennet para su despedida.

 A la noche, Cotton pasó ante las cámaras de la cadena Fox, amiga de los republicanos y de Trump especialmente, para quejarse del trato que le habían dado en el Times. Y en una argumentación que bien podría haber dicho Trump, señaló que su escrito “supera con creces sus estándares, que normalmente están llenos de tonterías de izquierda de segundo año».

De más está decir que Cotton está en la lista de sucesores de Trump para el día que el empresario inmobiliario decida colgar los guantes. Virtudes no le faltan.

Tiempo Argentino, 10 de Junio de 2020

Los concejales de Minneapolis quieren desmantelar la policía y se enfrentan al racista líder del gremio de los uniformados

Los concejales de Minneapolis quieren desmantelar la policía y se enfrentan al racista líder del gremio de los uniformados

«Nos comprometimos a desmantelar la policía tal como la conocemos en la ciudad de Minneapolis y a reconstruir un nuevo modelo de seguridad pública que realmente mantenga a salvo a nuestra comunidad». Con esta frase contundente, la presidenta del concejo municipal de ese distrito, Lisa Bender, anunció el cambio más profundo que se piensa para el organismo luego del asesinato de George Floyd el pasado 25 de mayo. Pero para poder concretar esa decisión, la medida deberá enfrentar el rechazo del racista presidente del sindicato de policías y los temores del alcalde local, que no quiere una guerra contra esa fuerza de seguridad. El crimen de Floyd, generó una ola de repudios en todo el país con una fuerte represión, incentivada por el presidente Donald Trump en su intento de no perder protagonismo de cara a las elecciones de noviembre. Esto incluyó la amenaza de ordenar que las Fuerzas Armadas salgan a las calles, una medida que fue rechazada por el Pentágono.


El anuncio de los concejales choca con la voluntad del alcalde de esa ciudad del estado de Minnesota, Jacob Frey, que ya adelantó que no está de acuerdo con desarticular a esa fuerza. Le teme al jefe del sindicato policial, Bob Kroll, un adherente a la candidatura de Trump al que suele acompañar actos de campaña en esa región. Para tener idea de quién es Kroll, baste decir que para justificar a sus pares acusados por el bárbaro homicidio, calificó a Floyd de “criminal violento”, sin que ninguna imagen de las captadas durante el procedimiento contra el hombre, de 46 años, asfixiado por el oficial Chauvin con su rodilla, muestre el menor atisbo de resistencia.


Frey, del partido demócrata, abogado de 38 años de edad, proviene del mundillo de las organizaciones comunitarias y llegó al cargo luego de participar en infinidad de actividades benéficas. Kroll es el presidente de la Federación de Oficiales de Policía de Minneapolis, y tuvo enfrentamientos con varios ex jefes de la policía local. Janeé Harteau, la primera ex jefa de la institución en salir al ruedo en esta oportunidad, le reclamó que renunciara para no seguir enlodando a la fuerza. “Es una desgracia para la insignia. Esta es la batalla contra la que yo y otros hemos estado luchando. ¡Bob Kroll entrega tu placa!”, tuiteó la semana pasada

Se fueron sumando otros ex titulares de la policía de Minneapolis que habían tenido choques con el titular del sindicato. Lo que demuestra que el clima dentro de las estaciones de policía es denso y que el caso de Derek Chauvin y los otros tres uniformados acusados del crimen, Tou Thou, Thomas Kiernan Lane y J. Alexander Kueng no es un hecho aislado.

Solo que esta vez hubo una filmación que se viralizó y generó la indignación de la comunidad negra pero también de todos aquellos que rechazan el racismo que se enraíza en la historia de Estados Unidos.

El video de esos ocho minutos fatales, mientras Floyd gritaba que no podía respirar, si algo refleja es la pasividad con que los compañeros del agente contemplan la escena y la despreocupación por el que estaba filmando con su celular. Quizás porque sabían que podían gozar de impunidad por la cobertura que les daba el líder gremial.

Derek Chauvin, de 44 años, con casi 19 años en la policía, tuvo al menos 17 investigaciones por denuncias recibidas por el departamento de Asuntos Internos de ese cuerpo policial. Sólo en dos casos la cosa pasó a mayores: recibió dos notas de reprimenda.

Tiempo Argentino, 8 de Junio de 2020