por Alberto López Girondo | Dic 15, 2015 | Sin categoría
Hay que reconocerle inteligencia y perspicacia a Joaquín Morales Sola, el columnista estrella de La Nación. Porque en su columna editorial del domingo pasado puso los puntos sobre las íes en lo que realmente se juega en la Argentina de estos días, más allá de cuestiones «menores» como la eliminación de las retenciones y del «cepo» cambiario, y le dice al presidente Mauricio Macri, directamente, que «no tiene derecho al error, como etapa histórica». ¿Por qué? Pues porque un «eventual fracaso significaría el regreso del populismo por un tiempo previsiblemente largo». Y agrega a renglón seguido que «una gestión exitosa de Macri podría modificar sustancialmente la vetusta política argentina, sus viejos códigos y sus anquilosadas estructuras. Podría dejar atrás a la dirigencia política que debió irse con la gran crisis de 2001 y que, por el contrario, encontró un refugio oportuno en el kirchnerismo».
Mucho de cierto hay en lo que escribió Morales Solá, aunque uno difiera en cuanto al tono y a la intención con que lo presenta. La crisis del 2001 efectivamente puso a la dirigencia política en un trance de vida o muerte Y la intervención de Morales Solá en ese momento histórico también fue decisiva. Como se recuerda, fue una columna suya la que desnudó la escandalosa compra de votos para aprobar una ley de flexibilidad laboral que cercenó derechos de los trabajadores como ni siquiera la dictadura se había atrevido.
La vergonzosa ley Banelco, una maniobra de la que participaron representantes del peronismo y del radicalismo, que entonces conformaba la Alianza junto con sectores de centroizquierda, llevó primero a la renuncia del vicepresidente Carlos Chacho Álvarez y luego a la caída estrepitosa del presidente Fernando de la Rúa.
Si algo bueno puede haber tenido el paso de Carlos Menem por el gobierno fue sin dudas el haber derrotado al partido militar, que desde el golpe contra Juan Domingo Perón en 1955 co-gobernó la Argentina para imponer los intereses conservadores sobre el resto de la sociedad.
El 2001, en otros tiempos, hubiese culminado con un golpe militar. La dirigencia del momento, en cambio, más allá de la grotesca seguidilla de cinco presidentes en una semana -parece mentira pero ahora se cumplen exactamente 14 años- encontró una salida bastante civilizada con el mandato provisorio de Eduardo Duhalde. Tras los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, Duhalde tuvo que llamar a elecciones y así fue que un mayoritariamente desconocido Néstor Kirchner logró colarse entre los candidatos.
Como también se recuerda, el ganador del comicio de 2003 fue Menem, con 24.45% de los votos sobre el gobernador de Santa Cruz, que obtuvo 22,24. Kirchner fue ungido presidente porque Menem desertó del balotaje. Sabía que lo iba a perder pero sobre todo lo convencieron de que así dejaría un mandatario políticamente muy débil.
Desde allí Kirchner fue construyendo el poder que luego Cristina Fernández acrecentó al punto de irse con una plaza llena de manifestantes que la vivaron como no se tienen antecedentes de un presidente argentino. Baste solo mencionar que los dos grandes líderes del siglo XX, Hipólito Yrigoyen y Perón, fueron expulsados con sendos golpes de estado y luego la historia se encargó de ponerlos en su lugar y de honrarlos como se debía. Perón se dio el gusto de volver, Yrigoyen murió en la más absoluta pobreza. Raúl Alfonsín, otro líder de fuste, aunque de otro nivel, pudo reconciliarse también con la historia cuando los polvos del presente se decantaron.
El discurso con que Macri ganó el primer balotaje en la historia argentina fue el de la unión y la reconciliación. ¿Por qué? Pues porque en estos años si algo ganó la sociedad fue el debate político. Y la discusión política es apasionada, visceral. No es que ahora hay una brecha que antes no la había: es que ahora se discute en cada familia, en cada rincón del país, y eso genera controversias que para un sector importante de la clase media resultan intolerables. Antes las diferencias quedaban sumergidas bajo un manto de corrección -o pacatería- política.
Entre las cosas que no le perdonan a CFK, tal vez una de las más relevantes es la de haber desnudado la hipocresía o la vaciedad de ciertas costumbres argentinas. No todos quieren debatir, no todos se bancan argumentar o razonar políticamente. Para no confesarse sus propias miserias, por conveniencia, por comodidad. incluso por ignorancia. El discurso de Macri molesta a las capas más politizadas de la ciudadanía, pero es ideal para cauterizar esa brecha en la que «ellos» se sienten en desventaja.
Una brecha que representa un paso que no quieren dar porque implica reconocer la existencia de privilegios, y de que ellos disfrutan de esos privilegios. ¿Eso significa que el gobierno de CFK iba camino a la revolución socialista? Desde luego que no, pero todos los golpes en Latinoamérica fueron contra gobiernos progresistas, que abrieron debates similares de cara a la sociedad. Al único gobierno efectivamente revolucionario, el de Cuba, no pudieron derrocarlo. Sin embargo, ¿por qué será que la derecha necesita acallar los debates? «Por las dudas» suena a buena respuesta. Porque «así se empieza» también.
Mientras tanto, se comprueba fácticamente que hay un porcentaje de la sociedad argentina que se siente más cómodo cuando nada se cuestiona, cuando los medios aceptan y avalan a las autoridades a cargo. Como decía el diseñador de modas Roberto Piazza, «Mirtha Legrand es una suegra mala», porque siempre critica maliciosamente. Macri es la respuesta confortable, el novio aceptable porque tiene plata y todos hablan bien de él, salvo, claro, «los muchachos de la esquina», lo peor del barrio, que ya sabemos en qué andan.
Macri es el que hará callar a los morochos que todo lo discuten desde una mirada populista. Por las buenas o por las malas. De allí la advertencia de Morales Solá. ¿Si fracasa Macri que viene? ¿Más populismo, la vía argentina al socialismo, o volverá la política? Por eso también Macri es la solución adecuada para el establishment. Porque dejó afuera a la dirigencia política, se rodea de managers, ejecutivos de empresa, les tira unas migajas a los radicales -¿por qué se bajó Ernesto Sanz?- y con eso conforma una alianza conservadora que es igual a la que gobernó a través de cuanta dictadura hubo, pero elegida por el 51,4% de la ciudadanía.
¿Ignoraban los que votaron a Macri quién es el nuevo presidente? Es cierto que muchos votaron contra la «autoritaria, la dictadora, la yegua». Pero muchos, muchísimos lo votaron porque justamente representa eso de que con los militares estaban mejor. Tiene razón Marcos Aguinis, «cuando Videla asumió, parte de la población respiró». Y esa parte de la sociedad eligió un gobierno que les promete no revolver las culpas por haber apoyado ese golpe genocida. Borrón y cuenta nueva con el pasado.
En un par de días, Macri ya demostró que las instituciones y el republicanismo le importan poco. Con un decreto eliminó en la práctica la ley de educación del 2006. Dijo que había sido un error, pero mientras no se modifique ese decreto eliminó una ley democrática. Lo mismo quieren hacer con la ley de Medios, la más debatida de la historia argentina. Desde que un bando militar anuló la Constitución de 1949, votada por la democracia en el primer gobierno de Perón, que no se burlaba tanto la voluntad popular.
La última -por ahora- fue designar por decreto a dos nuevos jueces de la Corte. Si Cristina era dictadora y autoritaria ¿Cómo se puede calificar a esta medida, de mayor gravedad de cualquiera intentada por la ex presidenta?. ¿Dónde están los republicanos que no hacen una marcha en defensa de la separación de poderes? ¿Qué va a decir el presidente de la Corte, que tanto se llenó la boca hablando de independencia del poder judicial? ¿Qué van a decir de quienes se oponen a estos atropellos? ¿que son todos kirchneristas, que se quedaron en el 2015, como en los 90 se acusaba a quienes defendían al rol de Estado y la defensa de los puestos de trabajo de haberse quedado en el 45?
Y esto recién empieza.
por Alberto López Girondo | Dic 11, 2015 | Sin categoría
Suele decir el técnico de fútbol Marcelo Bielsa que perder enseña mucho más que triunfar. «El liderazgo está directamente relacionado con la derrota. Porque es ahí cuando se verifica la consistencia del conductor», dijo alguna vez. Y completó: «Lo mejor del ser humano sale cuando el éxito nos abandona.»
Cualquier idea que refleje la importancia de «no darse por vencido ni aun vencido» resulta útil para reflexionar sobre este momento particular que vive la región luego de la contundente victoria de la oposición venezolana en las elecciones del domingo pasado. Sobre todo porque representa un traspié significativo en términos simbólicos para un proceso que había inaugurado Hugo Chávez cuando llegó al poder el 2 de febrero de 1999. Y también porque es como el colofón para una serie de retrocesos que se venían dando con los ataques al gobierno de Dilma Rousseff en Brasil y que en Argentina se evidenció con el ajustado triunfo de Mauricio Macri.
Que lo simbólico tiene su peso lo demuestra el hecho de que a la asunción de Macri vino el rey emérito de España, Juan Carlos de Borbón. El mismo que en una cumbre de jefes de Estado en Chile, en noviembre de 2007, lanzó el grito destemplado de «¿Por qué no te callas?» ante una denuncia de golpismo contra el gobierno del PP que lanzaba el mismísimo Chávez. El rey, que se vio obligado a abdicar en favor de su hijo Felipe en julio del año pasado luego de varios escandaletes –entre ellos una caza furtiva de elefantes- quería silenciar al líder bolivariano en un encuentro creado para concertar acercamientos entre los países iberoamericanos. Una estrategia que con un fuerte anclaje en el neoliberalismo buscaba tejer lazos entre la «Madre Patria» y las ex colonias latinoamericanas, con la idea lejana de establecer una suerte de Commonwealth ibérico.
Otro gesto encaramado en este cambio de rumbo que hoy tratará de extender Macri hacia el resto del continente está marcado por las declaraciones de su canciller, Susana Malcorra, para quien el ALCA «no es mala palabra en tanto y en cuanto encontremos una vinculación que sintamos que nos beneficia». A exactos diez años de aquel «alcarajo» del mismo Chávez en Mar del Plata no suena a respuesta de compromiso sino a una declaración de principios.
La reanudación de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, lograda con la intervención del Papa Francisco hace un año, significó un giro inesperado para una política «negacionista» de sucesivos gobiernos estadounidenses en más de medio siglo. Implicó el reconocimiento de los errores que las administraciones de la Casa Blanca habían cometido en su empecinamiento por ahogar a una revolución que se mantuvo en firme a pesar del bloqueo y el aislacionismo. Pero en estos doce meses, lejos de ese triunfo de honda significación histórica, se fueron despeñando en un muy bien estructurado efecto dominó una serie de calamidades sobre los gobiernos progresistas de la región que manifiestan algo palpable: los enemigos de la integración nunca descansan.
A los pocos días de aquel primer diálogo entre Barack Obama y Raúl Castro, tomó su segundo mandato Dilma Rousseff y se inició un calvario que ahora dramáticamente la tiene a ella y al Partido de los Trabajadores contra las cuerdas. Pocos días más tarde se abre el capítulo Nisman, que golpeó de lleno en el gobierno de Cristina Fernández. Mientras tanto, la crisis económica y política iba desgastando la gestión de Nicolás Maduro. Fue un ataque económico despiadado calcado del que sufrió Salvador Allende en los ’70 y que no tuvo una respuesta adecuada del gobierno bolivariano ante la sociedad. En esta fisura caló el discurso de la derecha. Como lo probaron las elecciones que en este año se desarrollaron en Grecia, en esta etapa de la globalización la democracia consiste en que los pueblos voten con una pistola en la cabeza.
Desde junio de 2014 los precios del petróleo se fueron desmoronando luego de tres años de estabilidad y una media situada en torno de los 105 dólares por barril. En enero de este año bajaron de los 50 dólares y ahora se ubican en los 37 dólares el barril. El resto de los commodities y minerales también está en caída, o debiera decirse que el dólar se está revaluando en todo el mundo provocando una crisis de ingresos en los países emergentes, sobre todo en las economías china y rusa, y pega de lleno en las latinoamericanas.
El sueño de igualar en estas sociedades- las más inequitativas del planeta- se sustenta en gran medida en el precios de las exportaciones y ese sigue siendo un límite a toda expectativa de justicia social. No es que los gobiernos no lo sepan, pero modificar esas variables es una tarea que lleva décadas. Por otro lado, el capitalismo sigue dando muestras de contar con una alta capacidad de renacer de sus cenizas tras cada nueva crisis. Y los medios dominantes no tienen intención de apoyar y sustentar ningún cambio cultural sino más bien tienen como función reprimir cualquier intento de rebeldía.
No sólo las formas molestan e incomodan a esa dirigencia globalizada. Es el contenido. Pero si de formas se tratara, podría verse allí que también hay un cambio de paradigmas en cuanto al modo de operar de la derecha regional y el establishment latinoamericanista, con capital en Miami.
El giro de la Casa Blanca hacia Cuba fue un renunciamiento estratégico con relación a los golpes de Estado que hasta no hace tanto fomentaban la CIA y el Pentágono. Desde la revolución cubana, cuanta interrupción democrática hubo en la región tenía como excusa evitar el «camino al comunismo» que representaba el gobierno a atacar. Con el sostén imprescindible de las fuerzas armadas entrenadas en la Escuela de las Américas en la doctrina de seguridad nacional. La barbarie fue tan tremenda que poco a poco se fue instalando el proyecto «democratizador», con las trampas y variantes constitucionales al uso de cada país.
La constitución que el pinochetismo legó a los chilenos es la herencia maldita para poder construir una verdadera democracia en el país trasandino que a los tumbos intenta reformar Michelle Bachelet. El sistema electoral brasileño, que obliga a alianzas y coaliciones, ahora entierra bajo el lodo al PT por sus acuerdos con un partido que, además de venal, no duda en traicionarlo cuando percibe que el buque se hunde. Por supuesto que hay corrupción, el caso es cómo frenarla, cuando los propios corruptos son los que fijan las reglas, como es el caso del jefe de la Cámara Baja brasileña, Eduardo Cunha.
Chávez tuvo la perspicacia y aprovechó el poder político inicial para crear una nueva constitución, igual que lograron hacer Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador. Los intentos golpistas que padecieron Morales en 2009 y Correa en el 2010 tienen su origen en esta nueva institucionalidad, que amplía derechos de una manera que el liberalismo político no tendría más que aplaudir. Pero pone límites a las aspiraciones de las minorías.
Para el resto, el papel que antes cumplían los uniformados ahora lo cumplen los togados. Es un Poder Judicial constituido a la usanza y bajo el molde del sistema creado en Estados Unidos con el argumento, James Madison dixit, de que » las democracias siempre han sido incompatibles con la seguridad personal o el derecho a la propiedad; y han sido, en general, tan cortas en su vida como violentas en su muerte».
El sistema judicial es el nuevo organismo de intervención, como lo padece el gobierno de Brasil y lo denunció la ahora ex presidenta argentina en reiteradas ocasiones. Un poder que también recibe entrenamiento en organismos de Estados Unidos para controlar eso que Madison, uno de los «Padres Fundadores», consideraba un riesgo: los posibles «excesos» de las mayorías sobre los intereses de las minorías. Los intereses económicos, se entiende, porque aún hoy las minorías étnicas bien que sufren todo tipo de excesos en la cuna del constitucionalismo americano, a pesar de contar con un presidente negro.
Tiempo Argentino
Diciembre 11 de 2015
Ilustró Sócrates
por Alberto López Girondo | Sep 25, 2015 | Sin categoría
Hablar en el Capitolio de poner fin a la pena de muerte y a las guerras suena a osadía. Porque no pocos de los congresistas que aplaudieron conmovidos y derramaron lágrimas frente al Papa Francisco reciben –legalmente, eso sí- fondos para sus campañas de proveedores del Pentágono y de servicios para las cárceles privadas de Estados Unidos. Sonaría a inocente pensar que el Sumo Pontífice ignora esos datos. Por eso sus frases alcanzan la real dimensión del desafío del Papa argentino.
«¿Por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad?», se preguntó en el congreso estadounidense. «Tristemente, la respuesta, que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas», dijo a la industria bélica. «Cada vida es sagrada, cada persona humana está dotada de una dignidad inalienable y la sociedad sólo puede beneficiarse de la rehabilitación de aquellos que han cometido algún delito», señaló a los empresarios penitenciarios.
Jorge Bergoglio causó impacto en Estados Unidos, donde desplegó su caudal de recursos para seducir audiencias y convencer a dirigencias poco propensas al entusiasmo. Por estos días, ese país será el centro de las miradas por el inicio de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas. Si esto dijo ante los legisladores norteamericanos, habrá que ver qué tiene bajo la manga para los líderes mundiales que se darán cita en el edificio de Nueva York.
Uno de los que asistirá –además de la presidenta argentina Cristina Fernández, en su última incursión en ese ámbito- será Juan Manuel Santos. El presidente colombiano dio un paso importante el miércoles al estrechar la mano del líder guerrillero Timoleón Jiménez, Timoshenko, para sellar el acuerdo alcanzado luego de casi tres años de arduas negociaciones entre su gobierno y las FARC. Despejar el tema más árido en el proceso de paz como es el de la justicia transicional y la reparación de las víctimas, abre el camino para un acuerdo final y definitivo de paz que ponga fin a más de 50 años de fratricidio en los seis meses que se pusieron como plazo.
«Esto demuestra la madurez que ha alcanzado este proceso», destacó Santos en la capital cubana. «Desde una perspectiva fundamentalmente restaurativa (este acuerdo) abre las posibilidades de ofrecer verdades halladas y plenas», añadió Timoshenko. «Aun quedan dificultades enormes por superar, pero tenemos la certeza de que serán vencidas. La paz en Colombia no sólo es posible; es indispensable», abundó a su turno Raúl Castro, el anfitrión para este proceso y el que celebró, mano sobre mano, los tres vestidos de color claro, las históricas coincidencias alcanzadas.
Tiene razón Castro al decir que falta un trecho difícil todavía. No es la primera vez en la historia colombiana que la paz parece posible y algo o alguien conspiran para boicotear la salida. El fabuloso negocio de las armas mueve miles de millones de dólares y alimenta una maquinaria productiva difícil de disolver. En pocas palabras, hay muchos que viven de la muerte en todo el mundo. Y Colombia no fue una excepción en este medio siglo largo de enfrentamientos feroces.
Por lo pronto, hubo un extraordinario apoyo al documento firmado el miércoles entre todos los dirigentes internacionales. Desde el gobierno de Obama hasta el de Noruega –uno de los dos garantes en la mesa de diálogo- pasando por la Casa Rosada, que mostró su satisfacción por la novedad.
El que rechazó de plano este avance fue el ex presidente Álvaro Uribe. En una andanada de tuits protestó con su latiguillo de siempre desde que comenzaron los diálogos, en noviembre de 2012. «Se ha aceptado que delincuentes responsables de atrocidades no vayan a la cárcel a condición de confesar sus responsabilidades criminales.»
El tema de la justicia es crucial para la construcción de una nueva Colombia. ¿Cómo se juzgan los delitos que puedan haberse cometido en estos años? ¿Quién se hace cargo de reparar el daño cometido? Si es que los guerrilleros tienen parte de culpa, sin dudas tanto el Ejército como las fuerzas de seguridad colombianas tienen su grado de responsabilidad. Mayor incluso porque contaron no sólo con el poder de fuego de un estado constituido sino porque desde fines del siglo pasado, a través del Plan Colombia, disponen de millones de dólares de apoyo en dinero líquido, armamento e incluso mercenarios pagados por Estados Unidos.
En el documento de La Habana, las FARC se comprometen a la «dejación de armas» al cabo de dos meses posteriores a la firma del acuerdo final, que sería, según los plazos establecidos, a más tardar el 23 de marzo de 2016. Uribe cuestiona este detalle en una batalla semántica. «En lugar de exigir entrega de armas, Gobierno ha aceptado la palabra dejación», tuiteó. «La palabra dejación equivale a que el terrorismo mantenga las armas y las use cuando quiera», y añade: «Gobierno no ha exigido entrega del dinero del terrorismo para reparar a las víctimas.»
El otro actor político en contra del acuerdo fue el director de la División de las Américas de la ONG Human Rights Watch, el chileno José Miguel Vivanco. El acuerdo «permitiría que los máximos responsables de los peores abusos puedan eximirse de pasar siquiera un solo día en prisión», señaló el polémico abogado, en una nueva muestra de rechazo al proceso de paz en su conjunto. Insólito en una organización que debería apoyar iniciativas para descomprimir conflictos y arribar a soluciones pacíficas, aunque Vivanco siempre estuvo en contra de varios aspectos del proceso de paz.
El sorpresivo viaje de Santos a Cuba se produjo a pocas horas de que Francisco terminara su visita a la isla. Nada es casualidad en política internacional, y menos a ese nivel. No se puede decir que el Papa haya hecho contactos con los negociadores en La Habana e incluso trascendió que no dio lugar a una entrevista que le habían solicitado los representantes de las FARC. Pero el vocero del Vaticano, Federico Lombardi, aclaró los tantos: «Si ustedes recuerdan, el domingo el Papa hizo una llamada muy fuerte a que se encontrase una solución al problema.» Douglas Cassel, profesor de Derecho de la Universidad de Notre Dame y uno de los tres abogados del gobierno en La Habana le explicó a la agencia The Associated Press que «incluso sin estar físicamente en la sala, el Papa fue una presencia muy importante» en ese tramo del diálogo.
Santos mostrará en Nueva York el documento alcanzado luego de febriles 20 horas de debatir la letra fina por los negociadores y sus equipos de asesores. Desde su oficina de prensa se encargaron de recalcar que allí destacará que esta nueva realidad convierte a Colombia en un destino apetecible para inversores de todo pelaje porque les dará previsibilidad y garantizará confianza de cara al futuro.
La mano invisible del mercado necesitó de la mano no tan invisible del Papa argentino, que se convirtió en un catalizador de expectativas. No es milagro, mal que les pese a sus seguidores más fieles. Es simplemente conocer el revés de la trama y aprovechar que todos los implicados en un conflicto necesitan a alguien confiable para poder deponer extremismos sin aparecer renunciando a principios. Siempre en el marco del evangelio y no de alguna inclinación izquierdista como le endilgan los más retrógrados conservadores dentro y fuera del catolicismo.
Como dijo Nancy Gibbs la subdirectora de la revista Times -que lo tendrá de tapa por cuarta vez desde que fue ungido, en marzo de 2013- Francisco «hizo algo notable (en la iglesia): no cambió las letras, pero sí cambió la música».
Tiempo Argentino
Setiembre 25 de 2015
por Alberto López Girondo | Ene 20, 2015 | Sin categoría
Apenas pasaron 20 días del 2015 y el mundo parece otro. No sólo en los países occidentales sino en la Argentina. Si hay un tema que cruza estas tres semanas con toda su virulencia es el del terrorismo y principalmente el extremismo islámico. Lo dramático es el modo en que se entrecruzan los discursos y la forma en que gobiernos de la pelambre menos presentable se untan de dignidad en torno de una cruzada que corre el debate acerca de las políticas de ajuste neoliberales que atraviesan el continente.
El corrimiento hacia el combate del fundamentalismo que despertó ese puñado de encapuchados que acribillaron a balazos a humoristas de la revista Charlie Hebdo en París es muy funcional al recrudecimiento de medidas restrictivas de las libertades individuales, como habíamos adelantado en la Columna Internacional del 9 de enero pasado. Al punto que el gobierno de François Hollande abrió el juego con una iniciativa para restringir el uso de las redes sociales por Internet y se adelantan medidas similares contra el libre tráfico de personas.
Pero no sólo eso. Si en España y Grecia partidos que cuestionan el modelo neoliberal vienen ganando adeptos ante su falta de respuestas a los problemas de los ciudadanos de a pie, la única solución parece ser cambiar el eje de la discusión.
Hay un viejo chiste que recuerda el esloveno Slavoj Zizek en uno de sus libros. Llega el marido a casa más temprano que de costumbre y se encuentra a su esposa con un hombre en la cama.
«¿Por qué llegaste antes de hora?», pregunta la mujer en tono agrio.
«¿Qué haces con ese señor en mi cama?», inquiere él, bastante más ofuscado.
«No me cambies de tema, yo pregunté primero», finaliza la mujer.
Algo como esto ocurre en Europa.
En vista de que la explicación de Podemos o Syiriza es más convincente, pasemos a otro tema. La gente que atacó en la revista francesa es una excusa impecable. Así, al tiempo que se inclinan peligrosamente hacia ese costado xenófobo, donde los griegos de Amanecer Dorado, los franceses del Frente Nacional o los británicos de UKIP se encuentran tan cómodos, deslizan la amenaza de que quien no esté con ellos está con el terrorismo. El domingo se verá si los griegos aceptan que votar por la izquierda prolatinoamericana que encarna Sirias, el partido liderado por Alexis Tsipras no los incluye en la lista de indeseables de la humanidad, como le dicen los dirigentes que los llevaron a la crisis.
En esa columna ya mencionada, terminábamos diciendo que con ese texto se intentaba dar un «marco a un drama que para los latinoamericanos puede sonar a extraño pero que sin dudas repercute, mal que nos pese, de este lado del Océano». Era casi de manual que el tema iba a tener consecuencias sobre los países de la región, como pasó con las leyes votadas en Estados Unidos luego de los ataques a las torres gemelas. Porque la historia demuestra que el liberalismo, esa corriente filosófica que sustenta a las libertades civiles y el respeto al individuo como fundamento social, muere irremediablemente en el neoliberalismo, una sumatoria de normas que impulsan la preminencia de los más fuertes sin el menor atisbo de humanidad.
Lo que era difícil de imaginar era hasta qué punto y con qué premura el drama que atravesó la redacción del semanario parisino iba a cruzar el Atlántico. Porque las acusaciones contra el gobierno nacional por no haber asistido oficialmente a la marcha que los mandatarios europeos fueron subiendo de tono en sectores de la oposición hasta calificarlo en algún caso de cómplice del terrorismo. Mientras tanto, las encuestas daban una mayoritaria conformidad a la gestión de Cristina Fernández, lo que desbarata la estrategia de tirar abajo las conquistas de su gobierno.
De allí a la descabellada denuncia del fiscal Alberto Nisman hubo un paso. Porque una cosa es cuestionar el intento de las autoridades por encontrar una vía para juzgar a los acusados en la causa AMIA en un acuerdo con Teherán desde lo político, y otra es acusar a la presidenta, su canciller y algunos militantes sociales de mayor o incluso nula cercanía con el oficialismo del delito de pretender encubrir a los culpables del bárbaro atentado que costó la vida de 85 personas hace más de 20 años. Es decir, sindicarlos de terroristas.
Se sabe de las relaciones del fiscal con agencias secretas de Estados Unidos e Israel, y de sus vínculos demasiado afines con oscuros personajes del servicio de informaciones nacional. Tras las filtraciones de WikiLeaks, se sabe también de sus debilidades y obsecuencias con la Embajada de los Estados Unidos. No se sabe tanto de sus razones para avanzar en una denuncia tan objetable desde el punto de vista jurídico, que es por lo que debía velar Nisman. Se desconoce también cómo llegó a ese tan trágico final del que ahora se alimentan depredadores de la peor calaña.
Tiempo Argentino
Enero 20 de 2015
Comentarios recientes