por Alberto López Girondo | Feb 15, 2017 | Sin categoría
«No puede ser embajador un señor que viene a destruir la casa», dijo de un modo categórico –y haciendo honor a su apellido– Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo. El «señor» en cuestión es Theodore Roosevelt Malloch, PHD en Economía Política Internacional por la Universidad de Toronto, docente y lobista en el Capitolio con un paso como diplomático en las Naciones Unidas en Ginebra, quien se ganó la enemistad de los organismos paneuropeos por decir que el euro podría colapsar en un plazo de 18 meses y que Grecia estaría a punto de salirse de la moneda común.
Tal vez finalmente no ocurra lo que Tajani y la propia canciller Federica Mogherini rechazan: que Malloch sea designado embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea. Pero en todo caso, el desatino del asesor presidencial fue suficiente como para erizar los pelos en un continente que todavía no digiere el Brexit. Y para alertar sobre el plan de Donald Trump de desatar una guerra de monedas que consume esa ambigua situación que crece larvadamente desde la crisis de 2008 en episodios puntuales.
Malloch, que no tiene prurito en decir lo que piensa –lo que atrae especialmente a Trump, otro incontinente verbal– se ufanó de que en su anterior paso por la diplomacia había ayudado a «hacer caer a la antigua Unión Soviética. Así que es probable que haya otra Unión que necesita un poco de amansamiento», señaló en referencia clara a la Unión Europea. Trump ya había dado muestras de incondicional apoyo al Reino Unido y al gobierno conservador de Theresa May en este momento crítico. Malloch explicó esa posición al decir que su presidente «no cree en las instituciones supranacionales». Algo que ya había demostrado con el retiro del Tratado Trans Pacífico y el anuncio de que piensa rever el que Estados Unidos mantiene con México y Canadá y de que reimpulsará la industria estadounidense a como dé lugar.
Precisamente otra de las formas para poner en marcha el programa que prometió en campaña es presentar batalla en el mercado de cambios. En el primer día en la presidencia denunció a China, con ese tono de indignado que lo caracteriza, como «un manipulador de divisas». En uno de sus ya masivos tuits, fue más contundente al decir que «si miran lo que hace China y lo que hizo Japón durante años, ellos juegan al jueguito de la devaluación, mientras que nosotros nos quedamos sentados como unos idiotas». Esto es, que las dos economías asiáticas fijan un valor arbitrariamente bajo a sus monedas para hacer más competitiva a su economía y beneficiar a su comercio exterior.
Por esa misma época otro de sus asesores, Peter Navarro, director del Consejo Nacional para el Comercio de Estados Unidos, disparaba sus dardos contra Alemania, país al que acusó de mantener un euro muy subvalorado «para explotar a sus socios comerciales de Europa y a los EEUU». Trump en persona dijo en una entrevista al británico The Times y al germano Bild que «si miras a la UE, es Alemania. Básicamente es un vehículo para Alemania», frase puntualmente repudiada por la canciller AngelaMerkel.
No resulta casual que el euro cayó levemente el viernes ante el dólar, que sigue animado por la promesa del presidente estadounidense de anunciar en pocas semanas una «fenomenal» reforma fiscal con rebajas de impuestos.
Para quienes piensan el valor de la divisa en función de los bienes o las reservas que garantizan su fortaleza, resulta difícil explicar cuál es el sustento real del dólar desde que en agosto de 1971 el presidente Richard Nixon suspendió la convertibilidad con el oro. No es osado decir que en gran medida se apoya en Estados Unidos como gendarme del mundo, pero sobre todo en que el dólar es la moneda en que se intercambian productos esenciales en esta etapa del capitalismo internacional, como el petróleo y los alimentos.
Desde este ángulo, se puede interpretar la invasión de Libia y la destrucción del Estado construido por Muhammar Khadafi desde 2011 y los ataques a los gobiernos progresistas latinoamericanos como una represalia. A partir de la crisis de 2008, China anunció la acuñación del yuan de oro y desde algunos países árabes exportadores se comenzó a manifestar la voluntad de reintroducir el patrón de oro. Khadafi pretendía emplear el dinar de oro para su comercio internacional. Mientras tanto, en América Latina los gobiernos de Venezuela, Brasil y Argentina –Lula da Silva, Cristina Fernández y Hugo Chávez, junto con los mandatarios de Bolivia y Ecuador– propugnaban el comercio intrazona en monedas locales o en un recurso financiero denominado SUCRE.
Ahora, Trump también amenazó con romper o al menos diluir el efecto de los acuerdos nucleares que habían firmado los cinco miembros permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania con el gobierno de Irán. La respuesta de estos últimos días de Teherán la dio el gobernador del Banco Central de la República Islámica, Valiollah Seifm, quien adelantó que desde el 21 de marzo dejará de utilizar al dólar como moneda de elección en sus informes financieros para avanzar paulatinamente hacia el intercambio en otras divisas. Irán tiene el 13% de las reservas de petróleo reconocidas por la OPEP y tuvo ventas en 2016 por 41 mil millones de dólares, lo que para los analistas es un volumen importante como para hacer ruido en esa guerra que se avecina.
El último año de gestión de Barack Obama no dejó buenas señales para su sucesor, que bien podría hablar de «pesada herencia». El país celebró sus 41 años ininterrumpidos de déficit comercial con una diferencia negativa en su comercio exterior de 502.252 millones de dólares, la mayor desde 2012. Mientras tanto, el dólar se fortaleció un 3,6% en relación a una canasta de seis monedas.
El diario mexicano El Financiero cita a Joachim Fels, asesor económico global de Pacific Investment Management, en una frase que ilustra claramente que las bravatas de Trump tienen también un contexto y buscan un objetivo en el mundo de las cosas concretas: «El nuevo gobierno estadounidense es menos propenso a tolerar la solidez del dólar y mucho más inclinado a usar el arma nuclear del proteccionismo.» Lo que abre las puertas a una abierta guerra de divisas que quizás el cálido intercambio telefónico del jueves con el presidente chino Xi Jinping –en el que se comprometió a respetar la política de «una sola China»– no alcance a disipar.
Tiempo Argentino
Febrero 12 de 2017
por Alberto López Girondo | Jun 21, 2016 | Sin categoría
López, González, Pérez, Fernández, son apellidos extendidos en todo el mundo y sinónimo en estas regiones de un tipo común y silvestre. Un López, un Pérez, un Rodríguez incluso, es como decir un cualquiera.
No me gusta mucho hablar en primera persona, pero casi toda mi vida tuve una sensación ambigua en relación con el López paterno. Porque el doble apellido, en el barrio donde me crié, sonaba a garca. Y para alguien que vivía en un conventillo de Pepirí y Famatina, olía a pretencioso, a querer cagar más alto que el culo. Pero avanzada mi carrera periodística llegué a la conclusión que el López se pierde en los pliegues de un diario o de una página web. Hay más recordación de un López Girondo, a pesar de que siempre hay que aclarar “no, nada que ver con Oliverio”. Y ese es el poco capital que tiene un periodista.
No es la primera vez, de todas maneras, que uno se ve en la obligación de enfrentar las cargadas. “Lopecito, lo pesito que te llevaste”. Y no, cada pesito que me llevé me lo gané en buena ley, y pago todos mis impuestos, y no tengo guita en Panamá, ni en Bahamas, ni en Caimán. Ni siquiera en Buenos Aires, para decirlo de una buena vez.
Todo esto para ahora si hablar del López que quiso esconder más de 8 millones de dólares en un convento. Un personaje lamentable que un par de días más tarde fue un tanto opacado por un Pérez, que se adosó un Corradi quizás porque le parecía poco, tratándose de un tipo que se presentaba como financista y quería presumir.
López enchastra con su gesto final y sus acciones durante 12 años a todo un proceso político que tuvo no pocas virtudes. Pérez Corradi es un personaje clave para develar oscuras redes del narcotráfico en el marco de un triple homicidio que espeluznó a la sociedad. Y puede arrastrar, sueñan en el macrismo, a un Fernández, Aníbal. Igual que López -desean, necesitan, apuestan-podría implicar a otra Fernández, Cristina, en una trama de corrupción y dinero mal habido.
No me preocupan demasiado ni López ni Pérez ni Fernández. A cada uno los juzgará la justicia de los hombres, que en nuestro país no es garantía de mucho, y la justicia divina si es que les llega. La historia los pondrá en su lugar, como suele hacer siempre.
Me preocupa más lo que dijo un González, que se agregó un Fraga porque en el mundo en que se mueve un solo apellido -y más cuando es uno que invita al Gonzalito a secas- no es buena inversión. Javier González Fraga, por si alguien no lo ubica, fue dos veces presidente del Banco Central, cargo al que llegó en 1989 y en 1991. Salió expelido de ese sillón en el contexto de las dos hiperinflaciones, que sirvieron para justificar el modelo de convertibilidad como la única salida a la destrucción de la moneda nativa. Durante todo el período posterior se consolidó un modelo de exclusión que destruyó millones de puestos de trabajo al que el ex funcionario no fue ajeno.
González Fraga volvió a estar en el candelero hace unos días, antes de que José López apareciera con los millones en la bolsa y de que oportunamente encontraran otra vez a Ibar Esteban Pérez Corradi en Paraguay. “Le hiciste creer a un empleado medio que su sueldo medio servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior. Eso era una ilusión. Eso no era normal”, dijo sin tapujos a radio La Red. Dejando traslucir, por si hiciera falta, lo que esconde la política económica del gobierno de Mauricio Macri, al que él apoya con fervor.
López y Pérez Corradi, dos personajes menores, al igual que otro López, Cristóbal, o de otro apellido simplote como Báez, Lázaro para más datos, simbolizan ante los medios hegemónicos y una gran capa de la sociedad, lo peor de la corrupción kirchnerista, en la que quieren incluir a todos los que simpatizan y extrañan al gobierno de Fernández, Cristina.
Esa es la gran trampa de todo este entramado en el que esos mismos medios hacen malabares para despegar a Macri, con sus millones en el exterior y sus relaciones empresarias con los aludidos, con sus pies sumergidos en los mismos barros. No es que la corrupción les preocupe porque son Carmelitas Descalzas. La corrupción les sirve para enlodar una política que benefició a millones de Gonzalitos y Lopecitos como el que escribe, que efectivamente compramos celulares, plasmas, autos y viajamos el exterior en estos años.
La trampa es pretender que nosotros, que nunca nos llevamos un pesito en forma deshonesta, nos sintamos culpables de lo que logramos en estos años. Que nos sintamos culpables de creer que eso que disfrutamos nos corresponde como un derecho. Que sintamos que somos cómplices de personajes corruptos o de crímenes horrendos.
Y no muchachos. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Tengo derecho a las mismas cosas que ustedes, Javier, Mauricio y todos los que ponen boquita de indignados como si sus fortunas no tuvieran un origen espurio como todas las que en el mundo han sido. Y si apoyamos a CFK es porque en este período hemos sido partícipes de esos derechos que ustedes están queriendo cercenar.
Y a vos José o Ibar Esteban o quienes sigan en la cadena de iniquidades, hacia arriba, hacia abajo o al costado: ustedes y todos los que son como ustedes no valen nada, son seres despreciables. Pero qué útiles que resultan para enmierdarnos a todos nosotros, eh.
por Alberto López Girondo | Abr 16, 2016 | Sin categoría
Dicen que tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. El refrán podría expresar muy bien este momento de la política argentina. Tantas veces en estos últimos años la dirigencia recurrió al Poder Judicial para dirimir entreveros que no se encarrilaban por las vías de la negociación política que ahora un par de magistrados tienen en sus manos el destino de dos protagonistas de la política local: la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y el actual mandatario Mauricio Macri.
El trasfondo en el que se despliegan estos mediáticos procesos judiciales se relaciona con el submundo de las guaridas fiscales y del lavado de dinero. Y en esta trama aparecen personajes vinculados con el anterior gobierno, como el empresario Lázaro Báez, tanto como encumbrados dirigentes del PRO, e impacta directamente en el presidente Macri.
La causa contra Báez, ventilada por un operador financiero, Leonardo Fariña, en el programa de Jorge Lanata, se aceleró luego de que el exesposo de la modelo Karina Jelinek declarara ante el juez Sebastián Casanello y el fiscal Guillermo Marijuan en calidad de «arrepentido». De inmediato, Marijuan pidió que se investigue a Cristina Fernández y al exministro de Planeamiento Federal y actual diputado Julio de Vido. Los sectores kirchernistas recordaron entonces que Marijuan es el mismo fiscal que lleva la acusación contra unas 400 empresas –entre ellas el Grupo Clarín– por lavado de dinero iniciada en 2008 tras la autodenuncia del exvicepresidente de JP Morgan, Hernán Arbizu, que desnuda un colosal modelo de ingeniería fiscal en el que se incluyen unas 4.000 cuentas en Suiza. Denuncia en la que no hubo avance desde que Arbizu habló ante Crítica, el diario que había fundado y dirigía Lanata.
La exmandataria, por su parte, tenía pendiente al cierre de esta edición una convocatoria para declarar ante el juez Claudio Bonadío en una causa iniciada tras una presentación de los legisladores Federico Pinedo y Mario Negri en noviembre por la venta de dólares a futuro.
Otro caso resonante fue la detención del exsecretario de Transporte, Ricardo Jaime. El cordobés fue trasladado por una multitud de policías, enfundado en un chaleco antibalas. Esa imagen no duró demasiado en las portadas de los diarios. El día siguiente de la captura de Jaime –condenado por el accidente ferroviario de la estación Once que costó la vida de 51 personas–, un conglomerado de medios internacionales publicó el inicio de un trabajo, conocido como Panamá papers, del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (icij) sobre una filtración de más de 11 millones de documentos de un estudio de abogados panameño, Mossack Fonseca, que «ayudaba» a conformar empresas offshore en ese país.
De Messi a Cameron
En la lista de involucrados estaban Lionel Messi; el presidente de Ucrania, Petro Poroshenko; el primer ministro de Islandia, Sigmundur Gunnlaugsson; el premier británico, David Cameron; y Mauricio Macri. El presidente aparece como director de una firma creada en 1998, Fleg Trading Ltd. Luego se publicó que tenía participación en otra empresa, Kagemusha S.A., que data de 1981.
Los periodistas locales que participaron de la investigación, Hugo Alconada Mon de La Nación y Mariel Fitz Patrick, de Canal 13, revelaron que el presidente estaba informado del caso desde unos 15 días antes. Es más, en su página valijeros.blogspot, Alconada Mon sugiere que desde noviembre sabían de la empresa de Macri. «La investigación comenzó hace un año –dice el autor de La piñata– cuando un grupo de periodistas (de The Guardian, Le Monde, Miami Herald, L’Espresso, bbc, La Nación, Canal 13) nos reunimos en la redacción del Süddeutsche Zeitung, en Munich».
La defensa que ensayó el presidente fue que la firma en Panamá no registraba operaciones, que él era solo director y nunca cobró ni tuvo acciones. Varios militantes del pro, entre ellos el intendente de Lanús y excontador de los Macri, Néstor Grindetti, también tienen empresas offshore. Todos declararon que tampoco habían tenido actividad, algo realmente llamativo. A favor del oficialismo, los medios más importantes trataron el tema con una «comprensión» que sorprende. The New York Times destacó en un fuerte editorial la benevolencia mediática ante un caso que en Estados Unidos sería escandaloso: que un presidente tenga empresas en cuevas fiscales no es un buen ejemplo para los contribuyentes.
Algunos de los columnistas locales más influyentes ensayaron las más diversas explicaciones sobre si era o no lícito en un país inestable y con fuertes cambios de rumbo buscar resguardo en el exterior.
Ahora, tras la denuncia de un diputado kirchnerista, Darío Martínez, el fiscal Federico Delgado pidió abrir una causa, que quedó en el juzgado de Casanello. Es el mismo juez que deberá investigar a Cristina Fernández por el caso Báez. Y el que a fines de diciembre pasado, a 20 días de haber asumido, sobreseyó a Macri en la causa por las escuchas ilegales. La corte menemista, vale recordar, había sobreseído a Macri en 2001 por una maniobra con el ingreso de autopartes para la firma Sevel en el año 1993.
Operación internacional
Mientras tanto, Ramón Fonseca Mora, uno de los fundadores del bufete Mossack Fonseca, declaraba en el principal diario de Panamá, La Estrella, que la tremenda filtración que muestra al estudio como vulnerable ante una clientela especialmente sensible al secreto, no sería extraña a Paul Singer, «un hombre muy sucio (que) nos metió en los periódicos internacionales». Según desliza el abogado, el financista «buitre» buscó enlodarlos por una cuenta atribuida a Báez en Nevada que ellos se negaron a revelar. Y asegura que Singer fue el que pagó el viaje de Lanata a ese estado de ee.uu. en busca de información, en plena campaña electoral.
No faltan quienes intentan trazar paralelismos con el caso mani pulite, ocurrido en Italia en 1992, promovido por el fiscal Antonio Di Pietro contra la corrupción de la dirigencia política de entonces. Mientras se desarrollaba el proceso, dos jueces antimafia, Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, fueron asesinados. El emergente de este caso, que terminó con una era política en la península, fue el empresario Silvio Berlusconi, que venía de presidir el equipo de fútbol Milan y asumió por primera vez el gobierno en abril de 1994. La historia política, judicial y personal de Berlusconi, apodado Il Cavaliere, es bastante conocida.
Revista Acción
Abril 15 de 2016
por Alberto López Girondo | Abr 1, 2016 | Sin categoría
El presidente del Banco Credicoop y diputado nacional del Partido Solidario por la Ciudad de Buenos Aires pasa revista a la situación política y económica del país. A más de cien días de la asunción de Mauricio Macri, Carlos Heller destaca, para empezar, que no hay demasiados motivos para sorprenderse. «Tengo algunas notas y entrevistas que me hicieron antes de las elecciones donde anticipo qué podía pasar si ganaba Cambiemos y creo que es lo que está pasando –señala–. Más allá de algunos giros demagógicos de los últimos días de la campaña, uno podría decir que lo que está haciendo Macri es lo que anunció. Por un lado, lo que ellos llaman ´entrar en el mundo´, que es abandonar la política de relaciones regionales como eje principal de nuestro posicionamiento internacional y cambiarlo por algo que no llamarán ´relaciones carnales´ pero que se trata de eso, de relaciones privilegiadas con Estados Unidos y Europa. Macri dijo todo el tiempo que creía en el mercado y que había que desregular, liberar el tipo de cambio, que había que abrir la economía al comercio mundial, que había que eliminar las restricciones que, según ellos, ahogaban a la economía, y habló de eliminar y bajar las retenciones; también dijo que había que pagarles a los buitres al contado y ´normalizar´ las relaciones con el FMI. Hizo casi todo lo que dijo que iba a hacer».
–En el gobierno decían que luego de las primeras medidas iba a aparecer una lluvia de dólares para mover la economía y nada de eso sucedió. ¿Diría que hay un plan económico o van a los tumbos?
–Cuando se leen las cosas que se dijeron en la época de la dictadura con José Alfredo Martínez de Hoz, lo que se dijo en los 90, uno ve que se repiten los eslóganes acerca de lo que quieren corregir y las bondades de lo que va a venir, con alguna adecuación a los cambios de lenguaje y de época. Todos ellos hablaron de achicar el Estado y agrandar la nación, todos han hablado de que el principal problema es la inflación y de que se la combate con políticas monetarias. No sé si hay un plan o van a los tumbos, lo que sí sé es que los ejes hacia donde van están establecidos. Después plantean lo que para mí son antinomias falsas, como eso de shock o gradualismo. Como dicen los chicos, si esto es gradualismo, el shock dónde está… En definitiva, creo que están cumpliendo con los ejes de lo que plantearon, desde un gobierno armado con ejecutivos de las corporaciones. En el ultimo coloquio de idea, Macri, aún candidato, dijo: «El año que viene, si gano, vamos a estar acá todos juntos porque vamos a estar tomando decisiones compartidas».
–Aparte del sistema de alianzas empresarias hay también un sistema de alianzas políticas con sectores del peronismo, y el grueso del fpv aparece como verdadera oposición. ¿Lo ve así?
–Tengo claro que se ha conformado una gran coalición aunque no se la ha explicitado así. Una coalición que comparte los ejes centrales de este proyecto, más allá de los discursos. Lo vimos en el debate por el pago a los fondos buitre, cuando algunos decían «los buitres son carroñeros, se negoció mal, es un acuerdo horrible, estamos pagando más de lo que se debe pagar, pero es necesario, hay que asumirlo y no hay más remedio». Desde luego que los legisladores oficialistas no pueden decir lo mismo, pero el que no está en el gobierno se cuida para decir algún día «yo no estuve de acuerdo, yo fui alternativa a eso».
–¿Por dónde pasarían entonces las grandes líneas divisorias?
–Creo que más allá de los sellos, el gran agrupamiento tiene que ver con esos ejes: alineamiento internacional, rol del Estado, política de derechos humanos, rol del mercado interno, política de distribución del ingreso. Con eso uno puede determinar dónde están alineadas las fuerzas políticas, lo demás es follaje. Cuando alguien dice que hay que votar esta ley porque así van a venir los capitales que estamos necesitando, que así vendrá la lluvia de dólares, el bienestar y se van a generar puestos de trabajo, yo digo que es lo mismo que se viene diciendo desde 1976, con la única interrupción de los primeros años de Raúl Alfonsín. Esto es algo que recordaba estos días al revisar las Memorias del banco de 1979 a la fecha. Es notable cómo se repiten estos discursos, excepto cuando asumió Alfonsín, que dijo lo mismo que decimos nosotros sobre una política independiente, revisar la deuda externa, suspender el pago de la deuda, discutir nuestras relaciones con el fmi. Me acuerdo cuando el entonces ministro de Economía, Bernardo Grinspun, enfrentó al FMI, pero después todo se vino abajo con el Plan Austral.
–Los gobiernos populares de la región sufren furiosos ataques. ¿Cuál es su análisis de esta situación?
–No es casual la judicialización de la política en la Argentina, Brasil, incluso Venezuela. Hay un eje común y está claro que estamos en presencia de una contraofensiva destinada a romper una alianza regional que había avanzado muchísimo. Esa política no ha tenido posibilidad de consolidación debido a muchos factores internos y también por la pérdida de líderes, que eso también juega. Y porque, además, como dice Álvaro García Linera, es una idealización creer que los proyectos son siempre positivos y siempre se trata de ganar y ganar, porque eso es suponer que del otro lado no hay nada.
–Y lo que está del otro lado…
–Claro, lo que está del otro lado es lo hegemónico, lo que domina. Creo que no hay que vivir estas situaciones como derrotas sino como parte de ese proceso en el que probablemente haya retrocesos, pero también es cierto que nuestros pueblos han hecho una experiencia concreta en estos años y han asumido derechos. Para mucha gente, a esos derechos no se los puede tocar nadie y quizás cuando comprueben que sí se los pueden tocar, modifiquen sus posicionamientos políticos. Los gobiernos de derecha no vienen a generar bienestar ni pleno empleo ni pobreza cero. En una campaña no hay que discutir los qué sino los cómo, porque nadie te va a decir «vengo a aumentar el desempleo, a incrementar la pobreza, a destruir la salud y la educación».
–Muchos de los ataques se basan en denuncias por corrupción. ¿Cómo impacta esa circunstancia en estos proyectos políticos?
–Yo diría que no hay una corrupción de izquierda y una de derecha. Es un fenómeno en sí mismo, pero las corporaciones mediáticas no tratan igual a los fenómenos de corrupción de España que a los de Brasil. No tengo ninguna duda de que todo lo que sea ilegal debe ser sancionado con severidad, venga de donde venga. Jamás diría que estoy a favor de nada que sea ilegal o corrupto, lo que pasa es que soy prudente, reacio a comprar todo lo que me dicen. Cuando algún ilusionista mediático pone una pick up con bolsas de consorcio negras y me dice «ahí va el dinero de los Kirchner», lo que hay es ilusionismo. Ahora, digo yo: se habla muy poco de los negociados de los amigos del poder, parece que no fueran tan graves. Pareciera que para determinados formadores de opinión, el tratamiento de la corrupción tiene una vara distinta, se mide de una forma bastante diferente. Hay que ser cuidadoso, a mí que se investigue la corrupción me parece bien, ahora que el que investiga sea un juez que va a las marchas contra el gobierno, como sucedió con Lula da Silva en Brasil, me parece inaceptable. A nuestro gobierno le parece mal que haya funcionarios que sean militantes políticos y sin embargo no le parece mal que haya jueces militantes, siempre y cuando militen para ellos.
–Al descontento en Brasil con el PT se suma que en Bolivia el gobierno perdió un referendo y en la Argentina ganó la derecha.
–Creo que son situaciones distintas. Evo no perdió una elección sino la posibilidad de volver a presentarse. Esto no quiere decir que si se presentara no sería votado. Aquí, Daniel Scioli perdió pero no estoy seguro de que Cristina hubiera perdido si era candidata, lo digo aceptando las reglas de juego que establece la Constitución Nacional. Además, el impacto de lo mediático es de una importancia notable. La construcción de sentido común que realizan los medios hegemónicos es fenomenal. Todo termina entrando en una lógica terrible donde el imaginario popular colectivo consume determinadas cosas que aunque la gente sepa que se las están exagerando, piensa que todo no puede ser mentira. También creo que hay cosas que en la Argentina se podrían haber hecho mejor y que habrían evitado la irritación de muchos sectores.
–¿Cosas como cuáles?
–El impuesto a las ganancias. Mediante un decreto se liberó del pago a todos los que ganaban menos de 15.000 pesos a agosto de 2013 y dejó afuera a un 10% de los trabajadores registrados en relación de dependencia y a los que entraron después de ese día. Para esos trabajadores lo que quedó estaba lleno de arbitrariedades. Eso se pudo haber resuelto sin un costo fiscal importante, lo que habría evitado el mal humor de ese 10%, de ese millón de personas. Cuando uno mira el resultado electoral puede pensar que eso tuvo un peso importante. También se pudo haber resuelto mejor el tema de las economías regionales. El problema de la producción de frutas del valle de Río Negro o las aceitunas de La Rioja o la vitivinicultura se podía haber resuelto con una política diferenciada. Hay herramientas que no requieren afectar a toda la economía con una devaluación del 60% y que permiten resolver situaciones concretas. Eso habría generado seguramente mejor humor en mucha gente que estoy seguro de que votó contra sus intereses y que, con el paso del tiempo, irá tomando conciencia de ello.
–¿Cómo ve el futuro cercano, con las paritarias en ciernes, en medio de inflación y desempleo crecientes?
–Las devaluaciones tienen como objetivo cambiar los precios relativos principalmente para que uno de esos precios, que es el del trabajo, se atrase con respecto a los otros. Para que sea exitosa, la devaluación tiene que generar atraso salarial, por eso ellos ponen metas de inflación y dicen que los salarios se van a ajustar hacia adelante según una banda de entre 20% y 25%. Esto sería una enorme pérdida de poder adquisitivo del salario y es lo contrario de lo que se hizo en los doce años anteriores, donde a través de paritarias libres se recompuso con creces el valor del salario. Por otro lado, hay que preguntarse por qué hay inflación.
–¿Usted se refiere a las causas?
–Yo siempre digo que la inflación es a la economía lo que la fiebre a una persona. Vos no te enfermás de fiebre, tenés fiebre y el médico te diagnostica para darte el remedio. Con la inflación pasa lo mismo, no se la puede atacar sin decidir cuál es el diagnóstico. Para los monetaristas, para los defensores del mercado, la inflación es producto del exceso de demanda y del exceso de liquidez y moneda. Para nosotros es fundamentalmente producto de la puja distributiva. Tenés políticas públicas de recomposición del salario y no tenés políticas suficientemente eficaces para impedir que todo vuelva a los precios, entonces los precios recuperan parte de lo que mejoró el salario de la gente. Este gobierno puede tener éxito en reducir la inflación, como pasó en los 90. Porque si el poder adquisitivo se achica, en un punto los precios tienen que dejar de aumentar porque cae el consumo. Ya la rentabilidad se incrementó vía devaluación, entonces puede darse que la inflación comience a disminuir, lo que puede no ser una buena noticia para la ciudadanía. Porque puede haber una economía con poca inflación y un poder adquisitivo reducido, menos posibilidades de comprarse cosas y además con mucha más gente sin trabajo. Es cierto que la inflación tiene toda la mala prensa del mundo, y yo digo ahora que puede ser que tengan éxito con la política antiinflacionaria, pero el costo va a ser altísimo en términos de políticas de distribución, en pérdida de puestos de trabajo y en achicamiento del producto bruto, pero si todo se achica también se achica el ingreso fiscal. En un país donde el 70% del presupuesto es gasto social, ¿a dónde van a ir a recortar? A las jubilaciones, a los servicios sociales. Ya hay señales en tal sentido.
–En el marco del sistema de alianzas del que hablaba antes, ¿cómo ve a la oposición real al gobierno?
–Es prematuro decirlo. Insisto en que se ha armado una gran coalición superestructural de fuerzas que no aceptaron hacer una gran paso, pero no fue por cuestiones ideológicas. Podrían haber estado en el mismo combo tranquilamente, por lo tanto no veo grandes diferencias entre ellos. El resto va estar representado por los que creemos que el rumbo anterior era bueno y eso va a ir conformándose. Probablemente todavía estemos viviendo una etapa en que los gobernadores son chantajeados y a su vez presionan a los legisladores. Creo que se trata de un proceso de reacomodamiento que hay que ver cómo termina. Me parece que el espacio de lo que es el Frente para la Victoria y sus aliados, aun con alguna merma que pueda darse en estos reacomodamientos, será la referencia de quienes creemos que el proyecto kirchnerista era un proyecto bueno y positivo, lo cual no quiere decir que fuera perfecto. Quiere decir que el rumbo era el correcto.
Revista Acción
Abril 1 de 2016
La foto es de Jorge Aloy
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