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Trump, casi en la puerta de salida, sorprende con un acercamiento a China

Trump, casi en la puerta de salida, sorprende con un acercamiento a China

Hasta el propio Donald Trump parece reconocer que la era de las organizaciones multilaterales tiene actualidad sino que desde enero de 2021 recibirá un nuevo impulso. Aunque claro, luego de que se verifique su salida de la Casa Blanca, algo que dista mucho de estar garantizado por estas horas (ver aparte). Es que luego de casi 4 años de ordenar el retiro de cuanto organismo internacional formaba parte Estados Unidos, el polémico mandatario decidió -para sorpresa de todos- participar este viernes de la cumbre de APEC (Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico, por sus siglas en inglés), que integran 14 países de la región Asia-Pacífico y que suman el 60% del PBI mundial. Figuran entre sus miembros las dos mayores potencias económicas, como EEUU y China, pero también las potencias políticas más relevantes de esa parte del mundo.

La asistencia de Trump sorprendió porque se había negado a intervenir desde que llegó al gobierno, fiel a su política aislacionista que lo llevó a romper hasta con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Curiosamente, Trump destacó en el encuentro, que fue virtual por la pandemia, “el liderazgo de EEUU, incluido nuestro exitoso desarrollo de vacunas seguras y efectivas contra el Covid-19”. 

Insólita jactancia en un ámbito del que forman parte China y Rusia, que también desarrollaron vacunas contra el coronavirus. Y del que formaron parte los jefes de gobierno de los otros países de APEC: Japón, Corea del Sur, Hong Kong, Vietnam, Indonesia, Malasia, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Papúa Nueva Guinea, Australia, Brunéi, Canadá México y Chile.

No fue la única sorpresa del encuentro. El presidente chino, Xi Jinping, dijo que Beijing esta analizando la posibilidad de unirse al TPP-11, el ahora llamado Acuerdo de Asociación Transpacífico Amplio y Progresivo, pergeñado en tiempos de Barack Obama por países de la cuenca del Pacífico con el objetivo no explícito de aislar a China, pero del que Trump se retiró hace 4 años. Una semana antes se habían reunido los países de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés), la contraparte del TPP, creado para dejar afuera a EEUU (ver aparte).

Este juego geopolítico desatado tras el resultado de las elecciones estadounidenses muestra un reparto acelerado de las fichas del TEG ante el cambio de administración en Washington. Todo indica que Joe Biden recuperará la agenda demócrata. De allí el apuro de “viudas” del apoyo estadounidense como el gobierno conservador de Sebastián Piñera, que se encargó de comentar, a través del canciller Andrés Allamand, su deseo de reimpulsar el proyecto TPP, que esperaba la aprobación parlamentaria en el Senado cuando Trump pateó el tablero, en 2017.

El convite de Allamand despertó también las mismas críticas que ese acuerdo de libre comercio había despertado entonces. Es más, esos sectores, enrolados en el progresismo, temen que ahora aprovechen el momento para meter la iniciativa con calzador entre los temas a aceptar en la nueva constitución que deberá aprobarse el año que viene.

Lo no menos extraño de esta aparición de Trump en el APEC es que implica un acercamiento a China luego de la guerra comercial que el mismo presidente declaró ni bien asumió el cargo.

No menos sorprendente es la reacción china. Según publicó la agencia oficial Xinhua, el presidente Xi dijo en el foro APEC que “China considerará activamente la posibilidad de unirse al Acuerdo de Asociación Transpacífico Amplio y Progresivo». Lo que permite sostener que habrá una distención en la guerra comercial desatada entre las dos potencias en los últimos años. Que implicó no solo los ataques sistemáticos a empresas chinas de comunicación sino la militarización del mar de la China y el diseño de estrategias de contención con Japón y Taiwan.

No es que ahora los países que están cortejándose a través del Pacífico -entre los cuales están Japón y Australia, aliados sustanciales de Estados Unidos pero coqueteando con China, por eso de que la víscera más sensible suele ser el bolsillo- estén esperando con los brazos abiertos a Biden. 

Tampoco ocurre que el futuro presidente las tenga fácil puertas adentro. Estos cuatro años cambiaron el panorama en todo el mundo. Incluso la oposición a acuerdo TPP fue grande contra Obama de parte de los sindicatos y los sectores progresistas dentro del partido demócrata, que veían a esos pactos como hechos a la medida de las grandes corporaciones en detrimento de los trabajadores.

En todo caso, se avizoran momentos muy interesantes en el 2021 en política internacional. Sea quien sea que se siente en el Salón Oval.

Las travesuras del comandante

La voluntad de que no reconozca a Joe Biden como ganador de la elección preocupa a la dirigencia estadounidense. Sin embargo, poco a poco Donald Trump va alineando al partido republicano en torno de su denuncia de fraude y el deseo de judicializar el comicio.

En su descargo podrían alegar que en 2016 los demócratas denunciaron injerencia de Rusia mediante el espionaje de mails del entorno de Hillary Clinton para favorecer a Trump. Pero hay que reconocer que sobrepasaron en originalidad al excusómetro demócrata.

Como decir que el fraude fue realizado con un software que desarrolló una empresa dirigida por aliados del fallecido comandante Hugo Chávez, del presidente Nicolás Maduro y del financista George Soros. “Todos los días estamos descubriendo evidencia de la masiva influencia del dinero comunista, a través de Venezuela, Cuba y posiblemente China, en la interferencia de nuestras elecciones”, dijo Sidney Powell, una de las abogadas del presidente Trump.

El otro, el ex alcalde de Nueva York, Rudolf Giuliani, sudaba como en un sauna, quizás una reacción inevitable ante el esfuerzo por mantener el semblante serio y preocupado frente a los periodistas que no alcanzaban a comprender lo que les decía. En el futuro quizás no se recuerde el argumento de los republicanos para meter a Chávez en una elección estadounidense a 7 años de su muerte, ni a Venezuela y Cuba, cuyas economías padecen todo tipo de penurias a raíz de los bloqueos económicos. Pero nadie olvidará esa gota que diluyó la tintura del pelo de Giuliani y se deslizó lentamente por su perfil izquierdo.

El provocador en fuga

El posible retiro de tropas estadounidenses de Afganistán, que debería alegrar a los amantes de la paz, preocupa al Pentágono, a la industria bélica, pero también al gobierno de Angela Merkel. Así lo hizo saber el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Heiko Mass, quién pidió a Washington precisiones sobre esa medida.

Trump, mientras tanto, sigue provocando a las almas bien pensantes y envió al secretario de Estado, Mike Pompeo, de gira por Israel, donde se reunió con el primer ministro Benjamin Netanyahu y visitó un asentamiento, ilegal para la ONU, en territorio Palestino. De paso, declaró antisemita al movimiento BDS (Boicot, desinversión y sanciones) una ONG que lucha por el derecho de los palestinos y denuncia a productos elaborados en regiones invadidas por fuerzas israelíes.

Se supone que con Joe Biden volverá la política de Barack Obama hacia la región, volverán atrás los planes de paz del yerno presidencial y quizás recrudecerá la guerra en Siria. Al menos eso avizoran analistas especializados en temas de Medio Oriente.

Tiempo Argentino, 22 de Noviembre de 2020

Estados Unidos y China, cada vez más cerca de caer en la trampa de Tucídides

Estados Unidos y China, cada vez más cerca de caer en la trampa de Tucídides

Que China está llamada a ser la potencia hegemónica del siglo XXI es una elucubración de analistas de todos los pelajes desde hace décadas. Y que Estados Unidos va perdiendo influencia es cada vez más evidente, más allá de que sigue siendo la principal potencia militar y se mantiene a la cabeza en tecnología e informática. Pero los últimos escarceos entre Washington y Beijing muestran hasta qué punto están cada vez más cerca de caer en eso que un historiador llamó la “trampa de Tucídides”.  

¿De qué se trata?

Tucídides es considerado padre de la historiografía moderna. Hombre del siglo de oro ateniense, más que relatar, puso en contexto la Guerra del Peloponeso. Y la conclusión es que una potencia emergente crece hasta que se convierte en un desafío para el imperio dominante. Así ocurrió entre la Liga de Delos (Esparta) y la del Peloponeso (Atenas), hasta desembocar en la guerra que se desarrolló entre el 431y el 404 A de C.

Para Graham Allison, de la Universidad de Harvard, autor de un libro muy ilustrativo de 2015, (Con destino a la guerra: ¿es posible que EE UU y China escapen de la trampa de Tucídides?) en la abrumadora mayoría de situaciones similares de los últimos 500 años, el resultado fue una guerra. Pero ese podría no ser necesariamente el caso entre China y EE UU. El tema es cómo evitar una hecatombe entre dos potencias nucleares altamente desarrolladas.

Por lo pronto, a medida que se acercan las elecciones estadounidenses, Donald Trump asume una posición cada vez más beligerante en una estrategia destinada a poner como enemigo al gigante asiático (ver columna). Más allá de la guerra comercial que desató a poco de llegar a la Casa Blanca, el coronavirus le planteó un desafío: luego de desoír las recomendaciones científicas, necesita exculparse sobre las consecuencias tanto sanitarias como económicas. Y en eso está, con teorías conspirativas en las que hizo caer a la OMS, de la que anunció el retiro (ver columna).

Coherente con su línea de abandonar toda organización globalista, Trump también retiró a su país de los acuerdos climáticos, de los tratados comerciales del Atlántico y del Pacífico y este jueves anunció que sancionará y prohibirá el ingreso al país de cualquier funcionario de la Corte Penal Internacional (CPI) que pretenda investigar crímenes cometidos por tropas estadounidenses en Afganistán.

Esta medida se choca con el discurso de defensa de derechos humanos que pretende esgrimir para el resto del mundo. En tal sentido, la revuelta en Hong Kong que se inició el año pasado y la ley de seguridad anunciada en Beijing hace algunas semanas le dio un argumento a lo países occidentales y básicamente a la Casa Blanca para hablar de violación a la democracia y la soberanía sobre una ex colonia que tiene un estatus especial desde 1997.

La espuma inicial se fue acallando al punto que el HSBC, uno de los bancos más grandes del planeta y símbolo del sistema financiero internacional de capitales británicos, firmó una petición aceptando las nuevas reglas de juego.

Mientras Trump enfrenta en su propio territorio fuertes reclamos contra el racismo, Xi Jinping recorrió estos días la región autónoma de Ningxia, con mayoría de población de la etnia hui y se comprometió una vez más a terminar con la pobreza. ”Todos los grupos étnicos son parte de la gran familia de la nación china y ningún grupo étnico debe ser dejado atrás en la lucha contra la pobreza”.

China también dio un paso importante para limar asperezas con India, la nación que seguramente en breve será la segunda potencia del mundo, y con la que mantiene conflictos limítrofes heredados de la colonización británica (ver columna). Durante el fin de semana pasada, altos mandos militares de ambos países se encontraron en un puesto en el Himalaya para poner fin a algunas semanas de choques entre fuerzas de seguridad.

Otra muestra de que EE UU pierde influencia es que a pesar de las presiones y amenazas del inquilino de la Casa Banca, la Unión Europea no está tan dispuesta a ser furgón de cola de una aventura bélica. Y tras una reunión del Alto Representante de la UE para Política Exterior, Josep Borrell, con el canciller chino, Wang Yi, el español aseguró que el bloque pretende una relación «realista» con China.

“Está claro que China tiene una ambición global, pero no creo que esté jugando un rol que ponga en duda la paz mundial. No tienen ambición militar, ni participan en conflictos armados», añadió.

POTENCIAS EN PUGNA

PBI (datos de 2019): China, U$S 12 billones  – EE UU U$S 19 billones

Producto per cápita: China U$S 9000 – EEUU U$S 58 mil

Deuda sobre PBI: China 50% – EE UU 104%  

Déficit fiscal: China 4,6% – EE UU 5,6%

PBI para Salud: China 9,07% – EE UU 22,55%

PBI para Defensa:  China 5,5% – EE UU 9,01%PBI por Educac PBI por Educac

Tiempo Argentino, 14 de Junio de 2020

La pandemia, el golpe de gracia a la globalización

La pandemia, el golpe de gracia a la globalización

Dicen que las crisis son oportunidades, una frase remanida como cualquier otra en tiempos de incertidumbre. Y el Covid-19 da para analizar los cambios que se avizoran para cuando la pandemia sea un mal recuerdo de 2020. Porque sin dudas una de las consecuencias del paso del coronavirus serán los cambios a nivel social que se están instaurando en todo el mundo. Desde la popularización del trabajo virtual hasta los sistemas de distribución de mercancías: muchas de las actividades que por tradición se hacían cara a cara quizás ya no vuelvan. Y más allá del debate sobre el rol que les cabe a los estados en el futuro, otro nivel de discusión pasa por el rumbo que tomará la globalización.

Es cierto que desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y la votación del Brexit en el Reino Unido, el proceso de integración mundial estaba herido de muerte. Pero el cierre de fronteras en la abrumadora mayoría de los países del mundo para evitar la transmisión del virus es quizás el clavo que le faltaba al ataúd de ese proceso que en los últimos 30 años fue la utopía del sistema capitalista internacionalizado.

Hoy día, sostiene el politólogo Atilio Borón, “lo único que está circulando frenéticamente son los capitales especulativos”. La circulación de personas, según destaca el investigador del Conicet, cayó a tal nivel que en el aeropuerto londinense de Heathrow, uno de los más transitados del mundo occidental, se mueve apenas el 3% del tráfico habitual. Los aviones están parados en los hangares y las aerolíneas, de acuerdo a datos de IATA, el organismo que regula la navegación aérea, podrán perder hasta 314 mil millones de dólares este año.

Paola Zuban, analista política, señala algo que parece obvio, “la globalización no es buena ni mala per se”. Pero viene a cuento, porque hasta el triunfo de Trump, el mundo avanzaba hacia la firma de tratados comerciales que desde muchos sectores políticos eran vistos con desconfianza porque se entendía que solo beneficiaban a las corporaciones económicas.

Una de cal y otra de arena. Por un lado, la globalización “la que facilitó la velocidad de la propagación del virus en un mundo cada vez más conectado”, según destacó Zuban. Pero al mismo tiempo “permite vincular, compartir y mejorar experiencias que se están realizando en todo el mundo en torno a la prevención, tratamiento y desarrollo de investigaciones científicas para encontrar la cura”.

Sin embargo, esa interconexión mundiales percibida en algunos lugares como un peligro para la soberanía de países que incluso se muestran como “globalizadores”. Es el caso de Alemania, desde donde el doctor en comunicación política argentino Franco Delle Donne cuenta que el gobierno “está pensando en que determinados recursos estratégicos no se deben traer desde China”. Es que, en tiempos de crisis sanitaria, surge el riesgo de no poder contar en tiempo y forma con los insumos o medicamentos necesarios. La dependencia de Asia representa un problema no solo de eficiencia sino en torno a disputas comerciales más duras de las que aparecieron entre Washington y Beijing.

China fue creciendo desde la apertura económica, en 1979, gracias a inversiones y tecnología de empresas occidentales. Se convirtió en el taller del mundo y la potencia de su economía fue clave en 2008 para evitar un colapso total de la economía planetaria. Pero ahora su propia dinámica se ralentizó por el Covid-19, nacido en el corazón industrial del país, y los organismos internacionales calculan que no tendrá un crecimiento mayor al 1% durante 2020. Puede sonar a poco en términos históricos, pero con viento a favor, el PBI del resto de los países caerá entre un 5 y un 9 por ciento.

Para colmo, la guerra comercial desatada por Trump y ahora potenciada por el “descubrimiento” europeo de que depende de la locomotora asiática, hace prever nuevos rumbos estratégicos.

Borón cree que la idea de reglobalizar el mundo es ilusoria. “Vamos hacia economías más cerradas. La actividad se abrirá con criterios muy proteccionistas, tanto en EE UU como en Europa”. Lo que sí podría ocurrir, aventura el autor de América Latina en la geopolítica del Imperialismo, es que en la post pandemia “se produzcan muy severos mecanismos de control a la circulación de los capitales e inclusive que haya una ofensiva sobre los paraísos fiscales”. No porque prosperen mandatarios socialistas, como temen los voceros libertarios, sino más pragmáticamente “porque todos los gobiernos van a necesitar mucho dinero”.

En cuanto a la región, al tiempo que Trump pateó el tablero de los tratados que en la era Obama se venían concretando -como el TTP con los países de la cuenca del Pacífico o el TTIP  con Europa-con la llegada de Mauricio Macri al poder en Argentina comenzaron a diluirse diversos mecanismos de integración latinoamericana: Mercosur es menos un sistema de salvaguardas de los mercados locales, pero Unasur fue desarticulada, cuando podría haber cumplido un papel sustancial en el combate coordinado del coronavirus.

Della Donne acota otro detalle. La Unión Europea tiene espaldas como para encarar un proceso de sustitución de insumos del Oriente. Poder construir cadenas de producción con mayor soberanía estratégica es un tema crucial para los gobiernos de esta parte del mundo. Pero no solo la falta de capitales y tecnología puede ser un impedimento. También lo es la falta de acuerdos políticos. La integración, que era la manera razonable de ingresar en un mundo globalizado, quedó con respiradores artificiales mucho antes de la pandemia y de que la globalización misma estuviera al borde de la muerte.

ECONOMÍA

21% de los viajes transpacíficos de contenedores fueron cancelados en mayo, según The Economist.

TRABAJO

39 millones de desocupados habrá en los EE UU luego de que pase el coronavirus. Más del 10% de la población.

Tiempo Argentino, 24 de Mayo de 2020

Estados Unidos, China y el mundo que la pandemia nos legó

Estados Unidos, China y el mundo que la pandemia nos legó

Cada cataclismo sanitario dejó cambios persistentes en la civilización. Después de la epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires en 1871, la clase alta porteña, que vivía en el sur de la ciudad, se trasladó a los barrios del norte, desde entonces un signo de distinción aristocrática, y se extendieron los servicios de agua y cloacas.  El Renacimiento europeo no se puede explicar sin la peste negra, que mató a la tercera parte de la población del continente. A su término, otro mundo nació de aquellas cenizas.

Cuando el pico máximo del coronavirus aún no llegó a la Argentina y ni siquiera se sabe si lo hizo en Europa, las primeras consecuencias ya se hicieron ver en la economía mundial. El FMI estima que, en el mejor de los casos, el PBI andará este año en un 2,5%, lo que se considera al borde de una recesión.

Las bolsas más importantes se desplomaron estrepitosamente en las últimas semanas a medida que el Covid-19 hacía estragos en Italia, España, Francia y Alemania. Este viernes tuvieron una recuperación tras fuertes inyecciones de dinero tanto en Estados Unidos como en la UE. Pero sería una solución parcial para una crisis que la pandemia no hizo sino adelantar, aseguran los gurúes.

Especialistas como el estadounidense Tom Luongo venían advirtiendo sobre la situación en el mercado de los “repos”. Se llama así a esa masa de dinero a corto plazo que los bancos piden a sus pares para cubrir erogaciones puntuales. Desde fines del año pasado las entidades vienen retaceando ese tipo de préstamo. “Es que no confían en la solidez de sus pares”, indican los que saben. A ese lugar la FED, el Banco Central de EEUU, destinó cerca de 300 mil millones de dólares en setiembre pasado.

La FED agregó 1,5 billones la semana pasada para repos de hasta tres meses. “Esta es una señal de que el problema no tiene fin”, dice Luongo, quien augura que lo único que se hizo fue patear la pelota para junio.

Jeromey Powel, titular de la FED, anunció ahora la inyección de 500.00 millones para la compra de valores del Tesoro y de otros 200 mil para valores respaldados por hipotecas de agencias.

En ese mismo lapso, el Banco Central Europeo, comandado por nuestra conocida Christine Lagarde, emitió 750.000 millones de euros para la compra de deuda pública y privada. Otra forma de poner dinero en los bolsillos de los más ricos. El Banco de Inglaterra aumentó su deuda pública hasta 645.000 millones de libras. El interés bancario se acerca a 0% en todos lados. Y el petróleo, la otra variable a tener en cuenta, sigue en baja y llegó a unos 27,38 dólares el barril, tras pisar los 24 el miércoles.

Más abajo de los 50 dólares, la producción del fracking estadounidense no es rentable y la autosuficiencia energética de ese país se convierte en un sueño. Aún no se verifica una suba tras el anuncio de Trump de que llenaría las reservas estratégicas comprando casi 80 mil millones de barriles, lo que en teoría debería sostener el precio.

En este contexto, y cuando los mercados caen por el temor al día después del virus pero fundamentalmente porque cada uno de los motores económicos del planeta están prácticamente detenidos por una cuarentena global, muchos hablan de otro “momento Minsky”.

Se llama así a un colapso generalizado -como el de 1929, por acaso- que podría marcar el final de un ciclo, sin perspectiva de lo que se viene en el futuro. Lleva el nombre del economista Hyman Minsky, quien definió a los banqueros, comerciantes y agentes financieros como habituales incendiarios que ponen a la economía entera en llamas.

La Casa Blanca, en tanto, no se cansa de dar señales de que no le preocupa jugar con fuego. Y mientras Trump busca definir al causante del Covid-19 como “Virus chino”, para escándalo de científicos y alarma de los bien pensantes, el Pentágono comenzó a desplegar unas 20.000 tropas para el ejercicio militar Defender-Europe 20 a desarrollarse con la OTAN entre abril y junio.

No es un simple ejercicio de entrenamiento en un posible campo de batalla contra el enemigo que se plantean los analistas militares de Washington, esto es, Rusia.  Es -según el experto Manlio Dinucci, del centro de investigación Global Research, de Canadá- un plan de acción para probar sobre la marcha el estado de los caminos y puentes de la región ante una posible contienda.

Dinucci muestra un informe del Parlamento Europeo de febrero pasado donde se destaca que “desde la década de 1990, las infraestructuras europeas se han desarrollado solo para uso civil”. El plan consiste en modificar las estructuras que no estén adaptadas al peso y las dimensiones de los vehículos militares. Para ello llevaron tanques Abrams de 70 toneladas de peso.

Hay temores de que soldados de EEUU pueden desparramar el virus o, al revés, contagiarse en su paso por cada lugar. Por lo pronto, el teniente general Christopher Cavoli, el máximo oficial del ejército de los EE. UU. en Europa, se puso en cuarentena después de una conferencia de prensa. Como medida precautoria, dijeron los voceros de la OTAN.

Mientras tanto, Trump profundiza su guerra con China. Que empezó siendo comercial, adquirió un tinte bacteriológico -o virulento, para ser más exactos- y nadie sabe en qué puede terminar. Luego del parate de estos primeros meses del año por el Covid-19 y en medio de las acusaciones cruzadas sobre el origen del virus, todo indica que lentamente reanuda la marcha de su economía. Las presunciones apuntaban a que China, por medios pacíficos, sería la potencia predominante al finalizar esta década, algo que Trump se propone evitar o al menos demorar. El cierre total de fronteras para combatir la pandemia es un golpe en el corazón de la globalización. ¿Lo será también hacia un futuro pacífico?

Tiempo Argentino, 21 de Marzo de 2020