Que un candidato que podría ser consagrado presidente por el voto ciudadano diga que la moneda de su nación es menos que excremento resultaría insólito o hasta un delito en cualquier parte del mundo. Pero no sorprende en un lugar donde, desde hace años, afamados conductores televisivos baten el parche diciendo que este es un país de m… Tampoco sorprende que una de las propuestas electorales de Javier Milei que más oleaje levanta sea la de dolarizar la economía y dinamitar el Banco Central para que «los políticos no puedan seguir imprimiendo billetes». Coherente con esta actitud, el líder de La Libertad Avanza anunció que al frente de esa institución nombrará como sepulturero a Emilio Ocampo, un economista que luce con orgullo su prosapia de descendiente de Carlos María de Alvear, aquel compañero de logia de José de San Martín en los primeros años de la Revolución de Mayo que desarrolló otra iniciativa para salir de una crisis reñida con la soberanía nacional: solicitar el protectorado británico para las nacientes Provincias Unidas.
Identidad y animalitos La moneda representa, además de las cuestiones económicas, la identidad y la historia de cada país. En Argentina, el peso o el efímero austral lucían los rostros de personajes con significación para cada momento de su historia. San Martín y Belgrano siempre estuvieron en el podio de esa lista, pero no faltaron los Pellegrini, Mitre, Roca o Rosas, una osadía esta última para el pensamiento oficial posterior a la batalla de Caseros. Durante el gobierno de Mauricio Macri los próceres fueron reemplazados por animales autóctonos. «Nuestro país es mucho más que hombres y mujeres. Tenemos la responsabilidad de cuidar nuestro medio ambiente (…) celebrar la vida, reivindicar el federalismo y reemplazar solemnidad por alegría», dijo en octubre de 2016 el entonces presidente del BCRA, Federico Sturzenegger. También se dijo que esa era una forma de eliminar debates sobre los personajes que aparecían retratados. Los simpáticos animalitos eran el modo McDonald’s de terminar con «la grieta». En la gestión del presidente Alberto Fernández se volvieron a imprimir billetes con personalidades a destacar en todos los ámbitos. A los clásicos San Martín y Belgrano se les sumaron Juana Azurduy, Martín Miguel de Güemes, Remedios del Valle. Bastante espuma se levantó, casi al fin de la pandemia, con los que muestran a la primera médica recibida en el país, Cecilia Grierson, y al padre de la salud pública nacional, Ramón Carrillo. Parecida a la que en su momento despertó la serie de 100 pesos con la imagen de Eva Perón en 2012, durante el gobierno de Cristina Fernández: hubo gente que no los quería recibir por desprecio a la figura que aparecía en el anverso y otros que los atesoraban como amuleto. No es ocioso mencionar que los billetes de euro que utilizan 20 de los países de la Unión Europea son comunes y tienen imágenes arquitectónicas alusivas a la unidad continental, pero las monedas metálicas tienen de un lado un diseño distinto a elección de cada país. En España figuraba el rostro del rey Juan Carlos en las de 1 euro hasta que el monarca cayó en desgracia –por asuntos monetarios de otra índole, vale aclarar– y fueron cambiadas en 2015 por el de su sucesor, Felipe VI. En el Vaticano la imagen de Francisco sustituyó a Benedicto XIV, como venia siendo de rigor desde la aparición del euro, en este siglo. Pero el mismo Jorge Bergoglio decidió correrse de esa distinción para reemplazarla por el escudo de su pontificado.
Mejor los de afuera Lo de Ocampo termina de cerrar esa parábola que se esparce desde La Libertad Avanza. Si bien se lo consideraba en cierto modo el «padre» de la idea, ya que había publicado un libro junto con Nicolás Cachanosky (Dolarización: Una solución para la Argentina), no fue sino hasta que Milei lo anunció como su hombre de la motosierra en el Banco Central que su historial apareció en los medios masivos. En su CV, Ocampo –emparentado con las escritoras Victoria y Silvina Ocampo– se presenta como máster en Administración de Empresas por la Universidad de Chicago, licenciado en Economía por la UBA y con experiencia laboral en Chase Manhattan, Citigroup y Morgan Stanley en Nueva York y Londres. Representó a Solomon Brothers en la intermediación de la venta de las acciones de YPF en manos del Estado en 1998, entre otras actividades.
Banco Central. El organismo que pretende eliminar La Libertad Avanza si llega al Gobierno.
Foto: Jorge Aloy
Provocativo, Ocampo se dio tiempo luego de su nominación para tirarle un poco de lodo a San Martín. «¿Cuál es el mito? El del Libertador de América y el Padre de la Patria. Tiene connotaciones muy importantes. Si uno es el Libertador de América, ya, de por sí, mira a los demás países desde otro escalón. Alimenta un poco más la idea de excepcionalidad y superioridad, algo que, a los argentinos, se les critica desde tiempo inmemorial», adujo, y agregó, para escándalo del diario La Nación, que ese mito fue una creación ficticia de Mitre. «Tengo parentesco no directo con Pueyrredón. Tengo parentesco directo con Rosas. Soy descendiente directo de Manuel Aguirre (…) del general Benito Nazar, que peleó en la batalla de Ituzaingó bajo las órdenes de Alvear», abunda Ocampo, según refleja el centenario periódico fundado por Mitre. Que Alvear «haya sido o no un traidor, no me cambia», culmina el también autor de La independencia argentina. De la fábula a la Historia y Alvear en la guerra con el imperio del Brasil. En una carta del 25 enero de 1815 dirigida al embajador británico en Río de Janeiro, Lord Strangford, y al secretario de Relaciones Exteriores Vizconde de Castlereagh, el entonces Director Supremo Alvear escribe: «Cinco años de repetidas experiencias han hecho ver de un modo indudable a todos los hombres de juicio y opinión, que este país no está en edad ni estado de gobernarse por sí mismo, y que necesita una mano exterior que lo dirija y contenga en la esfera del orden antes que se precipite en los horrores de la anarquía». Era, aquel, un país de m… para esa parte de la dirigencia, y al decir de tanto alborotador actual, lo sigue siendo. Por eso más que ídolos de procerato discutible o miembros de la fauna autóctona, afirman, sin pudores, que es la hora de que circulen billetes con la cara –grande o chica, ya habrá de verse– de Benjamin Franklin. Lo de dejar que los habitantes de Malvinas decidan sobre la soberanía de las islas, como deslizó Diana Mondino, eventual canciller de un posible Gobierno de Milei, no es más que otra consecuencia de esta forma de resolver los problemas argentinos. Lo mismo que haber traído nuevamente al FMI al país para tutelar la economía nacional.
La idea de convocar a un Gobierno de unidad nacional no es nueva en el candidato del oficialismo, Sergio Massa. Ni siquiera es nueva en ese espacio: la vicepresidenta Cristina Fernández viene insistiendo en que la única forma de poner fin al bimonetarismo y diseñar un proyecto de país sólido es mediante fuertes consensos entre las fuerzas políticas. Pero el ministro de Economía viene delineando ese concepto desde que se puso el traje de competidor en la interna de Unión por la Patria y lo repitió luego de las PASO, cuando quedó claro que la UCR tiene más espalda de la que ellos mismos pensaban y que en la capital argentina los votantes de Martín Lousteau quedaron muy cerca de haber desbancado al representante del PRO, Jorge Macri. La coalición de la UCR y el partido del expresidente Mauricio Macri fue útil para derrotar a Daniel Scioli en 2015, pero nunca dejó de ser agua y aceite. Y el triunfo en la primaria de Patricia Bullrich desnuda algunas de esas contradicciones, en un escenario en el que el rival por derecha, Javier Milei, desafía varios de los pilares sobre los que se construyó el partido fundado por Leandro Alem. Hubo tiempos en que no resultaba extraño escuchar en charlas de café que los problemas del país se podían arreglar muy fácil: «Basta con que los políticos se pongan de acuerdo para salir adelante». La frase podía sonar a inocente o incluso «a-ideológica», pero encerraba el imaginario de un ciudadano común que solo aspiraba a que la dirigencia le facilitara la vida mientras él o ella cumplían su parte con la sociedad. Era la esperanza con la que los argentinos vivieron el retorno de la democracia, hace justo 40 años, pero la realidad mostró que esa virtud no es tan fácil de conseguir. Y no es que a nadie se le haya ocurrido, ni siquiera se trata de que no se hayan registrado algunas coincidencias básicas desde 1983. El «Nunca más» era seguramente la más sólida. Otra fue la respuesta de la oposición peronista durante el Gobierno de Raúl Alfonsín ante el levantamiento de los militares «carapintadas» de Semana Santa de 1987. El «Usted es el comandante en la batalla, somos uno solo en esta pandemia» del radical Mario Negri al presidente Alberto Fernández de marzo de 2020 es quizás el más reciente ejemplo de unidad nacional. Aunque duró poco. Hubo otro, espontáneo y por lo tanto mucho más revelador, durante el mundial de fútbol de Qatar, que culminó con 5 millones de personas en las calles celebrando alegre y pacíficamente el triunfo del seleccionado argentino. Pero pronto «diferencias insalvables» volvieron a enturbiar las relaciones.
Un poco de historiaEn momentos críticos de la historia nacional hubo dirigentes que trataron de tender puentes para «salir adelante». Se podría ir hasta el principio de la Argentina como país, pero para no hurgar tan lejos, la ley electoral que permitió la llegada del primer Gobierno radical a la Casa Rosada, entre el que luego sería presidente, Hipólito Yrigoyen, y Roque Sáenz Peña, en 1912, podría inscribirse en esta somera lista desde el siglo XX. Otro radical, Ricardo Balbín, llegó a negociar una fórmula presidencial con Juan Domingo Perón en 1972, según confirma quien fuera secretario del PJ, Juan Manuel Abal Medina, en un reciente libro de memorias. En épocas más recientes, el Pacto de Olivos entre Alfonsín y el entonces presidente Carlos Menem, que llevó a la reforma constitucional de 1994, fue otro momento de coincidencias. Varios testigos de aquellas discusiones, que se llevaron a cabo fuera de los focos, mostraron las dificultades y las amenazas que se cernían sobre el sistema democrático. Algunos años antes esos dirigentes habían tenido que acordar la entrega adelantada del poder en medio de la hiperinflación. El mismo Alfonsín sería clave para otro pacto con un sector de la oposición peronista que lideraba Eduardo Duhalde, en 2001, cuando el país estallaba por los aires durante el gobierno de Fernando de la Rúa. De ese compromiso participó también la Iglesia Católica, entonces comandada por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio. Hay que decir que De la Rúa había llegado al Gobierno con la Alianza, que integraban movimientos de centroizquierda en los que había peronistas disidentes del menemismo, militantes del socialismo y el comunismo e independientes que en la interna habían apoyado a su vice, Carlos «Chacho» Álvarez. Los emergentes de esos incendios fueron primero Néstor Kirchner y luego Cristina Fernández. El radicalismo había quedado malherido y parecía en vías de extinción, y Néstor Kirchner sabía que para consolidar su proyecto tenía que ampliar su espacio político: había llegado con apenas el 22% de los votos y enfrente tenía al propio Menem, que había obtenido el 24%. Si no hubo balotaje fue porque el expresidente sabía que detrás de Kirchner iría todo el rechazo a su figura, que era mucho. Pero esa contradicción permanecía dentro del PJ.
Transversalidad
Así se explica la fórmula del Frente para la Victoria de 2007, con Cristina Fernández y el que había sido gobernador mendocino por la UCR, Julio Cobos. Esa coalición, dentro de una estrategia llamada «transversalidad», terminó abruptamente en julio de 2008 cuando el vicepresidente votó contra la resolución 125, de retenciones móviles a productos agropecuarios. Vale recordar que el primer Gabinete de Fernández estaba conformado por Lousteau en la cartera de Economía, Graciela Ocaña en Salud y Florencio Randazzo en Interior.En 2015, el que era jefe de Gobierno de CABA, Mauricio Macri, también tentó al radicalismo en una coalición, que tenía como objetivo derrotar al kirchnerismo. Pero había otras opciones y en la Convención de la ciudad entrerriana de Gualeguaychú, la UCR tuvo que decidir entre una alianza con Sergio Massa, que había fundado el Frente Renovador tras distanciarse de Cristina Fernández, o con el alcalde porteño. Esa vez se acordó apoyar al ganador de una interna entre Macri y el mendocino Ernesto Sanz. Consecuencia: Macri derrotó en segunda vuelta a Scioli, pero una vez en la Casa Rosada no dejó conformes a los radicales, que siempre se sintieron excluidos de las grandes discusiones. Los argentinos se enfrentan ahora con situaciones críticas que hacen creer que la historia en estos lares tiene recurrencias dramáticas insalvables. Quizás esas recurrencias sean la mejor explicación al fenómeno Milei, con lo que tiene de retrógrado y amenazante para la convivencia democrática. Como Cristina Fernández y Sergio Massa, muchos dirigentes entienden que de este laberinto solo se puede salir con grandes coincidencias que demuestren las virtudes de la democracia. De hecho, la candidatura del líder del Frente Renovador dentro de Unión por la Patria es una señal en ese sentido. Y la invitación a esos sectores radicales que no se sienten cómodos al lado de Bullrich y en Juntos por el Cambio debería ser algo más que una estrategia de campaña. Podría ser un puente para lograr coincidencias históricas que terminen con la inflación, consoliden una moneda nacional, terminen con la dictadura del FMI y demuestren que la democracia permite comer, educar y tener salud.
Hace exactamente medio siglo, entre el 6 y el 25 de octubre de 1973, se produjo una guerra feroz tras un ataque sorpresivo de fuerzas árabes contra las posiciones israelíes, que coincidió con dos acontecimientos sagrados para los pueblos que habitan en los territorios de Medio Oriente: la celebración de Yom Kippur y el mes del Ramadán. Para los libros de historia, cualquiera de esos dos nombres sirve para mencionar a esa contienda, llamada a ser trascendente no solo porque fue una gran derrota para los palestinos, una gran demostración de poderío militar de Israel y creó las condiciones para un notable cambio estratégico, sino porque trastocó el mercado del petróleo de un modo crucial para las economías del mundo.
Como entonces, las luchas geopolíticas atraviesan este nuevo conflicto. En aquel momento, plena Guerra Fría, los dos contendientes globales eran Estados Unidos y la Unión Soviética, y el Medio Oriente una de las aristas de esa puja en todo el planeta. Esa vez, el conflicto se inició cuando tropas egipcias y siras cruzaron sus fronteras hacia Israel. El apoyo de Washington a Tel Aviv era clave desde la creación del Estado de Israel, y Moscú brindaba su respaldo tanto a El Cairo como a Damasco.
En ese contexto, los países árabes productores de petróleo anunciaron como represalia un fuerte incremento en el precio del oro negro, que pasó de 3 dólares el barril a 5,75 en un día, más de un 90 % en 24 horas. La Organización de Países Exportadores de Petróleo, (OPEP), redujo la producción un 25% y empujó a las corporaciones a buscar el preciado elemento en otras regiones. Mientras tanto, la cultura de los países del entonces llamado Primer Mundo cambió radicalmente: ya no se podía dilapidar combustible sin consecuencias dramáticas para cada economía. Ya nada fue igual.
Lo concreto es que Estados Unidos –diríase mejor su secretario de Estado, Henry Kissinger- logró maniobrar como para que Egipto abandonara su alianza estratégica con la URSS y tendió a un acercamiento a Occidente, que culminó en acuerdos de paz con Israel en la residencia de Camp David, ya con Jimmy Carter en el poder, entre el líder egipcio Anwar Al Sadat y el primer ministro israelí Menachem Begin, en 1978. Ambos ganaron el Premio Nobel de la Paz por esta acción. Como parte de esos acuerdos, Israel devolvió la península de Sinaí, tomada en 1967. Sadat fue asesinado por soldados egipcios durante la celebración del 8 aniversario de aquella incursión en territorio israelí, en 1981.
Detrás de esta nueva escalada también está la sombra de Washington y de Moscú, aunque no aparecen hasta ahora de un modo tan directo. Tras la disolución de la URSS quedó en pie una Federación de Rusia con menos territorio e influencia ideológica, pero con su enorme poderío nuclear y una recuperación a nivel militar que se fue haciendo más evidente desde que el gobierno de Vladimir Putin puso todas las fichas para sostener a Bachar al Asad en Siria en 2011, tras la embestida de la llamada Primavera Árabe que impulsaba la administración de Barack Obama. Una posible extensión del conflicto podría derivar ahora en una guerra a escala local de imprevisibles consecuencias que se sumaría a la situación en Ucrania.
Un dato no menor es que Rusia integra junto con Brasil, India, China y Sudáfrica el grupo BRICS, de naciones que disputan el podio de las potencias dominantes con Estados Unidos. En la última cumbre, en agosto pasado en Johannesburgo, decidieron ampliar la membresía a otros seis países. Entre ellos está Argentina, pero también –y no se trata de casualidad o de simpatías personales- Etiopía, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Egipto e Irán. Juntos suman alrededor del 80% de las reservas de petróleo internacionales y también tienen el control de los principales pasos para el transporte del fluido: Los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb y el Canal de Suez.
El gobierno saudita ha sido un tradicional aliado de Washington y el principal sostén del dólar por su comercio petrolero en esa moneda. Pero esa fe monetaria y estratégica viene declinando y ahora está en el lugar de socio no confiable. Aun así, mantiene negociaciones para normalizar sus relaciones con Israel, al tiempo que dio un batacazo al reanudar sus lazos con Teherán. Irán sigue siendo el enemigo más claro para los israelíes, por eso estuvo entre los primeros gobiernos en brindar su apoyo a Hamas en esta ofensiva de 2023.
Según indican varios analistas, la guerra en Ucrania desvió recursos que estaban destinados a Israel, y eso puede haber inclinado la balanza en Gaza a favor de una incursión sorpresiva. Pero no se debe olvidar que el primer ministro Benjamin Netanyahu llegó nuevamente al poder de la mano de los partidos más extremistas, lo que exacerbó los ánimos entre árabes e israelíes. Otro dato es que la embestida del primer ministro contra el poder judicial renovó fisuras en la sociedad que quizás solo una guerra puede cauterizar.
El primer ministro Benjamin Netanyahu anunció que Israel “está en guerra” y que ordenó una “amplia movilización de reservistas” para repeler los ataques y las incursiones que desde temprano realizaron milicianos de Hamas desde la Franja de Gaza. Se trata de una ofensiva que tomó por sorpresa al gobierno, según afirman las autoridades israelíes, en el día de Yom Kipur y cuando se cumplen 50 años de esa otra guerra que dio pie a cambios profundos en la distribución del poder regional (ver aparte). Pero en este caso, la campaña en Gaza que el jefe de Estado israelí promete devastadora, le puede servir para consolidarse hacia su frente interno, para la formación de un gobierno de emergencia nacional, junto a su exsocio político, Benny Gantz de Unidad Nacional, y Yair Lapid, del partido Yesh Atid. Señal de que la contienda no se prevé corta. E incluso se sirve para hacer olvidar el controvertido proyecto de reforma judicial que lo enfrentó con gran parte de la sociedad.
El apelativo que se le dio a los operativos ya es un indicador de cómo y desde dónde se plantea este momento palestino. El grupo islamista que tiene el poder en Gaza, Hamas, nombró a la operación Tormenta de Al Aqsa. Hasta anoche se llevaban arrojados más de 5000 cohetes sobre territorio israelí, con un saldo de más de 500 muertos en total y cerca de dos millares de heridos.
Desde que Netanyahu volvió al poder en diciembre de 2022 –con el apoyo de partidos de la derecha supremacista- los ataques contra la población árabe fueron cada vez más frecuentes, ante el rechazo de gran parte de la sociedad israelí, que apuesta a la convivencia democrática y tampoco quiere un sistema judicial a la medida de la derecha. El último incidente en la mezquita de Al Aqsa, de Jerusalén, un lugar sagrado para los musulmanes, fue en agosto pasado. En esa ocasión el imán Ekrima Sabri calificó a la arremetida de fuerzas israelíes contra los fieles que realizaban la oración como «parte de la guerra religiosa para evacuar Al-Aqsa». Y señaló que terminaría siendo contraproducente porque no haría más que incrementar la voluntad de los palestinos de acudir a ese templo y defender sus creencias.
La contraofensiva israelí, operación Espadas de Hierro, según prometió el premier, será muy dura y de acuerdo a lo que publicó en su cuenta de la red X, «el enemigo pagará un precio que nunca ha conocido (…) y se limpiarán los asentamientos de los terroristas que se han infiltrado» en territorio israelí. Imágenes de milicianos circulando por las calles de las ciudades de Ashkelon, Sderot, Be’ery y Ofakim se sumaban a videos donde aparecían tomando tanques Merkava o llevando rehenes. Algunas fuentes indican que Hamas habría capturado al general de brigada Nimrod Aloni, excomandante de la División Gaza. Las Fuerzas de Defensa de Israel y la Policía libraban combates casa por casa, informaron las autoridades. Mientras tanto la Fuerza Aérea realizaba incursiones en la Franja indiscriminadamente.
Abu Hamza, portavoz las Brigadas Al-Quds, que intervienen en la operación de Hamas, dijo en un comunicado de este sábado que “con una serie de operaciones detrás de las líneas enemigas, nosotros la Resistencia hemos creado un shock histórico y resonante” contra Israel.
Las fuentes oficiales israelíes hablan de ataques sorpresivos en un día consagrado a la religión. El general de brigada retirado Meir Elran investigador principal y jefe de programas del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de la Universidad de Tel Aviv, se refirió a la inoperancia de los servicios de inteligencia. «Yo diría que ha habido un gran fracaso del Mossad y luego en los servicios de inteligencia en Israel», refleja la agencia rusa Sputnik. Elran, sin embargo, reconoce que «(Hamas) ha estado intentando engañarnos y ocultarnos esto. Y aparentemente tuvieron éxito. Esto demuestra que en Oriente Próximo, puede pasar cualquier cosa. Incluso cosas que no se pueden predecir». Eli Maron, ex jefe de la marina israelí, terció en el asunto: «Todo Israel se pregunta: ¿Dónde está el ejército israelí, dónde está la policía, dónde está la seguridad?»
Foto: Oren ZIV / AFP
Rechazos y condenas
La explosiva situación convulsionó al mundo, que teme una escalada que agregue más leña al fuego de la guerra en Ucrania. A la condena del gobierno argentino (ver aparte) se le unieron expresiones de todos los rincones del planeta. “Brasil condena la serie de bombardeos y ataques terrestres perpetrados en Israel desde la Franja de Gaza» y expresa sus condolencias «a las familias de las víctimas y su solidaridad con el pueblo de Israel», destacó el gobierno de Lula da Silva. A cargo de la presidencia temporal del Consejo de Seguridad de la ONU, Brasil convocó a una reunión urgente para tratar de resolver la situación por la vía pacífica que se realizaría este domingo.
El secretario de Defensa de Estados Unidos, el general de cuatro estrellas Lloyd Austin, afirmó que está «siguiendo de cerca los acontecimientos en Israel” y juró que el compromiso de EE UU “con el derecho de Israel a defenderse sigue siendo inquebrantable”. Netanyahu había establecido buenas relaciones con Donald Trump -que incluso ordenó trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén en su mandato- y había sido particularmente hostil con la gestión de Barack Obama.
Con esta nueva administración demócrata tampoco tiene buenas relaciones y hasta hay quienes consideran que el exorbitante apoyo a Ucrania justifica la apatía de la Casa Blanca ante los problemas israelíes. Aunque para Trump, la cosa pasa por otro lado: «Trajimos tanta paz a Oriente Próximo con los Acuerdos de Abraham… sólo para ver cómo Biden los va mermando a un ritmo más rápido de lo que nadie podría creer. (…) Israel tiene todo el derecho a defenderse con fuerza aplastante. Por desgracia, los dólares de los contribuyentes estadounidenses han ayudado a financiar estos ataques y muchos medios dicen que vienen de la Administración Biden”.
El coordinador Especial de la ONU para el proceso de paz, Tor Wennesland, también condenó el hecho y dijo que “estos acontecimientos han provocado horribles escenas de violencia y muchas muertes y heridos israelíes, y se cree que muchos de ellos fueron secuestrados dentro de la Franja. Estos son ataques atroces contra civiles y deben cesar de inmediato”. El jefe de Gobierno alemán, Olaf Scholtz, no estuvo tan lejos de esta interpretación de los hechos. «Estamos profundamente conmocionados por el lanzamiento de cohetes desde Gaza y la escalada de violencia. Alemania condena estos ataques de Hamas y está del lado de Israel», dijo.
Algo similar sostuvo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen: “Condeno inequívocamente el ataque llevado a cabo por los terroristas de Hamas contra Israel. Es terrorismo en su forma más despreciable. Israel tiene derecho a defenderse contra tales atroces ataques”. El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, se solidarizó a su turno con los israelíes y consideró que “el derecho de Israel a la protección en un conflicto militar con Palestina está fuera de toda duda”.
En aquellas regiones, la cancillería de Emiratos Árabes Unidos pidió en un comunicado “el ejercicio de la máxima moderación y un alto el fuego inmediato para evitar repercusiones graves”, mientras que el ministro de Asuntos Exteriores de Egipto, Sameh Shukri, dijo que había mantenido una reunión con el titular de la política exterior de la Unión Europea, Joseph Borrell para coordinar acciones tendientes a lograr un cese de hostilidades. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan dijo algo parecido: «Pedimos a las partes que actúen con moderación a la luz de los acontecimientos en Israel esta mañana y que se mantengan alejadas de medidas impulsivas que aumentarán las tensiones».
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La otra mirada
Pero hubo otras formas de entender lo que está ocurriendo en Medio Oriente. Así lo planteó el presidente colombiano Gustavo Petro, recordando su intervención en la última Asamblea General de la ONU. “Quizás fui el único presidente del mundo en denunciar en Naciones Unidas cómo se trataba con hipocresía por parte de los grandes poderes mundiales la ocupación rusa de Ucrania y la ocupación israelí de Palestina. Propuse dos conferencias internacionales de Paz para resolver ambos conflictos y encontrar la paz”, escribió en su red X.
En esa misma plataforma, Dmitry Medvedev titular del Consejo de Seguridad ruso y ex presidente de la Federación de Rusia, escribió: “Los enfrentamientos entre Hamás e Israel en el 50º aniversario de la guerra de Yom Kippur son un acontecimiento esperado. Esto es en lo que deberían ocuparse Washington y sus aliados. El conflicto entre Israel y Palestina dura desde hace décadas y Estados Unidos es el actor clave”.
El presidente Mahmoud Abbas indicó por su parte que había ordenado a las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina «proteger a los palestinos en todas partes» y agregó que “el pueblo palestino tiene derecho a defenderse de cualquier agresión por parte de los colonos y las fuerzas de ocupación israelíes». “Consideramos que Israel es el único responsable de la actual escalada debido a sus continuas violaciones, la última de las cuales son las repetidas incursiones en la Mezquita de Al-Aqsa”, dice la cancillería de Qatar, coincidiendo con Ismail Haniyeh, jefe de la dirección de Hamas. Hezbollah, por otro lado, dijo que esta ofensiva es «un mensaje claro a los árabes y el mundo islámico, y especialmente a aquellos que luchan por un acuerdo de normalización.»
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Dos víctimas argentinas y un sinfín de condenas
Un comunicado de la embajada argentina en Israel lo confirmó: “Lamentamos informar el fallecimiento de Rodolfo Fabián Skariszewski, compatriota que residía en Moshav Ohad, Israel”. Lo llamaban Rody, había nacido en Río Cuarto, Córdoba, hace 56 años y vivía en Moshav Ohad, al sur de Israel, cerca de la frontera con Gaza. Casado y con tres hijos. Uno de ellos lo halló muerto y luego comentó: “Salió a pasear con el perro y ya no volvió”. Trabajaba en computación. Luego se conoció una segunda víctima: Abi Korin. El mayor de tres hermanos, vivía en Israel desde hacía muchos años y trabajaba como encargado de un edificio.
Repercusiones La cancillería argentina emitió bien temprano un comunicado en el que “deplora y condena (…) los ataques armados (…) y las acciones terroristas de Hamas sobre el territorio israelí” y llamó a poner fin a la violencia en esa región. El presidente Alberto Fernández ordenó reforzar la seguridad de las instituciones judías con efectivos de Gendarmería, Seguridad Aeroportuaria y la Agencia Federal de Investigaciones. Y la vocera Gabriela Cerruti informó que el gobierno «puso a disposición del gobierno de Israel la inmediata ayuda humanitaria». Sergio Massa, a su vez, señaló: «Condenamos enérgicamente los ataques terroristas que está sufriendo el Estado de Israel». Más tarde, también por las redes, Cristina Fernández, expresó: “Las imágenes de televisión nos devolvían violencia, muerte y desolación en territorio de Israel (….) Y luego invocó a «dar cumplimiento a las Resoluciones de Naciones Unidas, a los acuerdos de paz y a recuperar los ámbitos de negociación sobre el conflicto entre Israel y Palestina». La DAIA, por su parte, respaldó a Israel y expresó sus condolencias “a las familias de los israelíes asesinados, brega por el pronto retorno a sus casas de quienes han sido secuestrados por Hamas y expresa su apoyo absoluto al Estado Israel para que ejerza su defensa a fin de garantizar el bienestar de sus ciudadanos».
Lo que se pretendía como el homenaje a un veterano luchador ucraniano en el exilio en la visita del presidente Volodomior Zelenski a Canadá terminó en un escándalo que envuelve al gobierno de Justin Trudeau y que levantó airadas protestas tanto de Rusia como de Polonia. Conviene recordar cómo se presentaron los hechos para luego avanzar hacia la raíz del incidente: el viernes pasado el mandatario ucraniano se hizo un viajecito a Ottawa para reclamar fondos destinados a la guerra contra Rusia y la Cámara de los Comunes lo recibió con pompa y circunstancia. En ese acto, el pleno del parlamento aplaudió a rabiar un reconocimiento a Yaroslav Hunka, un hombre de 98 años presentado como un héroe de la Segunda Guerra Mundial.
No tardaron en aparecer los antecedentes del “heroico combatiente por la independencia ucraniana” contra las tropas soviéticas. Hunka, integró la temible 14ª División de Granaderos Waffen de las SS y según el Centro Simon Wiesenthal, es responsable de crímenes contra la población judía en Lublin, en 1944. Las protestas de la organización B’nai Brith Canadá no se hicieron esperar. Ese regimiento, también llamado División Galitizia (por la zona de los Cárpatos alrededor de la ciudad de Halicz, que se pronuncia Galuch, nada que ver con la región autónoma de España) estaba formado por voluntarios. Huka también es acusado de haber participado en la matanza de polacos, por lo que el gobierno del primer ministro Mateusz Morawiecki dijo que pedirá su extradición. Lo mismo reclama Moscú.
El caso derivó en un pedido de disculpa de Trudeau, que alegó desconocer los antecedentes de Hunka aunque culpó a los rusos de querer aprovechar el caso para sus intereses en el marco de la guerra. La primera cabeza que rodó fue la del líder de la Cámara, Anthony Rota, quien también juró no haber estado informado sobre el caso. Otros que recularon fueron los directivos de la Universidad de Alberta, que devolvieron un donativo de 30 mil dólares canadienses de la familia de Yaroslav Hunka de hace un tiempo. Nada dijo Zelenski, que compartió los aplausos de aquel viernes, y se entiende. Ya suficientes problemas había tenido con Varsovia cuando a principios de este año habían homenajeado en la Rada Suprema de Kiev a Stepan Bandera, otro protagonista de crímenes contra población polaca.
Esa vez, el vicecanciller, Arkadiusz Mularczyk, había dicho que «es inaceptable para Polonia que se honre al ideólogo de los nacionalistas ucranianos que asesinaron a decenas de miles de polacos en Volinia». En esa comarca que hoy forma parte del territorio ucraniano, en el otoño de 1943, tropas de la efímera República Popular de Ucrania hicieron una “limpieza étnica” que costó la vida de hasta 130.000 polacos, genocidio que Varsovia no olvida.
La cuestión de fondo es que las autoridades canadienses no podían/debían ignorar a quién estaban consagrando. Y si realmente no tomaron dimensión del papelón es porque fingieron demencia ya que Canadá, como miembro del Commonwealth, envió tropas contra la Alemania hitlerista y tras la rendición, una enorme cantidad de nazis encontró refugio en esas costas y desde allí bancaron, en operaciones auspiciadas por la CIA, a grupos anticomunistas en todo el mundo.
De hecho, la viceprimera ministra de Trudeau, Chrysta Freeland, es nieta por parte de madre de uno de esos refugiados, Mykhailo Khomiak, abogado y director de un medio cercano al nazismo en la Varsovia ocupada de 1940. Cambió su nombre a Michael Chomiak cuando llegó a Canadá. Luego de recibirse en Harvard, Chrysta pasó por el periodismo en el Financial Times, The Economist, The Washington Post y fue editora en The Globe and Mail. Luego, fue ministra de Finanzas y Canciller. Su nombre sonó como titular de la OTAN, según el New York Times, en reemplazo de Jens Stoltemberg, cuyo período culminaba estos días, aunque en julio le fue prorrogado hasta octubre de 2024. Quizás estos lazos fueron los que dificultaron el acuerdo de la organización atlántica hace dos meses. De la que se salvaron.
Los polacos, mientras tanto, tras anunciar que no enviarían más armas a Ucrania ni liberarían el tránsito de granos del incómodo vecino por su territorio, anotaron otra marca en su ancestral disputa. Y los más aferrados a un pasado de gloria, esperan que la guerra devaste de tal manera a Ucrania como para que aquellas regiones vuelvan al control de Varsovia con poco esfuerzo. Y también esperan que esta contienda culmine poniendo a Polonia en el rol del verdadero freno para Rusia.
La locomotora europea
Cuando quienes busquen la raíz del inocultable renacimiento del nazismo intenten llegar a la médula se encontrarán, en la superficie nomás, con que “el peor drama vivido por la Humanidad resurge en los pliegues mismos de la democracia alemana, con conocimiento, encubrimiento y complicidad de las instituciones y las autoridades del Estado”. Al finalizar la II Guerra se fracasó en el intento, si es que lo hubo, de desnazificar el país. El nazismo siguió manejando resortes clave, en especial el Poder Judicial y, aunque cueste entenderlo, las fuerzas armadas. Allí, justamente, reside la plataforma de lanzamiento del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) y donde están los arsenales en los que se nutren los civiles que asesinan inmigrantes.
Razones no le faltan a la Redfish cuando denuncia la complicidad estatal en el auge nazi. En un país que emergió de las cenizas del régimen de Adolf Hitler, el militarismo está en la esencia, en el propio ser alemán. Pues, allí, hace un año, y cuando las muestras del renacer eran apabullantes, la necesidad de satisfacer a la alianza atlántica, la OTAN, y los intereses de Estados Unidos en Ucrania llevó a aprobar un fondo de u$s 112 mil millones para destinar a las fuerzas armadas y al desarrollo de la industria armamentística. Todo junto, y en el mismo día, el Congreso también sancionó un aumento al 2% del PBI para la defensa externa y el aparato de seguridad interno. Hasta junio de 2022 se aplicaba a esos menesteres el 1,4% de toda la riqueza generada.
Cuando con la disolución de la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia se dio por acabada la amenaza que asediaba a Occidente y Europa se lanzó a las tareas del desarrollo, y bien le fue –Alemania se convirtió en la locomotora europea–, hasta que Estados Unidos y su OTAN dijeron que era la hora de volver a la guerra. Hubo sectores en Alemania que se lo tomaron a pecho y buscan con todo volver a la peor época de la Guerra Fría. En ese marco se apela a todo. A volver a dar las señales bélicas y arruinar la vida de los jóvenes y la tranquilidad del mundo reviviendo los tiempos del servicio militar obligatorio. Desde su eliminación, en 2011, la idea de restaurar la colimba volvía cada tanto.
Con el nazismo en la superficie y un Estado cómplice, Wolfgang Hellmich, uno de los líderes del SPD, volvió al tema. El partido demócrata cristiano CDU aplaudió en el acto. El AfD se frotó las manos.
La orden de detención domiciliaria contra Xu Jiayin, el fundador del gigante inmobiliario chino Evergrande, no hizo más que elevar la preocupación ante los temores de un nuevo cisne negro como el que se esparció en la economía internacional con la caída del Lehman Brothers, hace justo 15 años. El magnate, de 64 años, había desaparecido hace semanas de los lugares que solía frecuentar -básicamente la sede de la firma en la provincia de Guangdong- y las autoridades de Beijing decidieron terminar con esa suerte de fuga para no quedar pegadas a la debacle del que fuera el promotor inmobiliario más grande del planeta, que a esta altura tiene más de 300 mil millones de dólares de deuda y, por lo que se está viendo, pocas posibilidades de conseguir fondos para no terminar de desmoronarse.
En un comunicado de este viernes, la empresa -que el mes pasado se había acogido al Capítulo 15 de la ley de quiebras en la bolsa de Nueva York y suspendió su cotización en la Bolsa de Hong Kong tras el anuncio y ante el derrumbe de sus acciones- dijo que Hui Ka Yan (como también se lo conoce, en chino cantonés) es sospechoso de actividades ilegales y que se encuentra en un régimen de “vigilancia residencial”.
Evergrande venía tecleando al menos desde hace tres años y el gobierno ensayó diversas estrategias para que la situación no pasara a mayores. Es así que en octubre de 2021 conminaron a Hui (o Xu) a que use su riqueza personal –llego a ser el hombre más rico de China, con una fortuna valuada en unos 11.500 millones de dólares- para aliviar la deuda que tenía la firma. No es el único caso de empresas inmobiliarias en crisis en China, pero si el de más impacto por el tamaño.
Hui-Xu nació en una población campesina de la provincia de Henan y en un discurso, refleja un artículo de la BBC, dijo que se crió en la pobreza más absoluta. Su crecimiento económico coincide con el despegue de China a partir de las políticas de Deng Xiaoping de los años ’80. Comenzó su carrera al éxito en una acería al sur del país de la que llegaría a ser gerente de planta. En 1996 fundó Shenzhen Evergrande, empresa dedicada a la construcción de viviendas.
Según Mario Quinteros, ex cónsul argentino en Guangzhou y residente en esa ciudad de la provincia de Guangdong en la que Evergrande sentó su base, el explosivo crecimiento del grupo se explica porque la construcción “era una de los pilares de la economía de esos años. Pero alrededor de los 2000 esa etapa terminó”. El ejemplo que pone el actual copropietario de Yi Consulting LTD es el de lo que ocurrió en estas pampas con industrias como la marroquinería o la confección, que dejaron de estar en el candelero, con las consecuencias para la economía y la sociedad que eso acarrea.
Pero en una economía planificada la cosa es diferente. Quinteros afirma que la caída de Evergrande y de otras empresas de desarrollo inmobiliario (ver aparte) se relaciona con un profundo cambio que en el país asiático se venía registrando desde antes y que las medidas “antichinas” del gobierno de Donald Trump desde 2017 no hicieron más que acelerar. “Pasaron de un modelo de producción de baja tecnología centrado en mano de obra barata a uno centrado en más tecnología y salarios más altos”. El ejemplo no podía ser más claro: “De fabricar paragüitas y remeras a máquinas herramienta, autos eléctricos y microprocesadores de última generación”. Las trabas al comercio de productos chinos hacia EE UU obligaron a apurar este otro “salto hacia adelante”.
La economía “ochentista” tenía el otro pilar en el desarrollo de obra pública y la infraestructura, un sector en el que China estaba muy rezagada. “China entra en una etapa de decadencia a partir de 1820 y cuando se produce la revolución de 1911 (que terminó con la monarquía) es un país muy atrasado. Incluso en el año 49 (con la revolución comunista) el índice de analfabetismo era del 90%. Eso cambia a partir de 1980 y fueron muy exitosos en eso”, añade Quinteros. La pregunta del millón es qué puede ocurrir de aquí en más habida cuenta de que ese modelo está dejando. ¿Hay otro Lehman Brothers a la vuelta de la esquina?
“Cuando la crisis del LB les estalló en la cara (a las autoridades estadounidenses) dijeron ¿y ahora qué hacemos? En China es diferente –detalla Quinteros- el gobierno de Xi Jinping venía dando mensajes muy indirectos y se debe tener en cuenta que el estado chino tiene herramientas de control y la voluntad política de utilizarlas”.
Evergrande había vuelto a las bolsas el mes pasado luego de casi un año y medio de suspensión, pero según consigna la agencia AFP, el domingo pasado se anunció que no estaba en condiciones de emitir nueva deuda para saldar cuentas previas con la filial Hengda Real Estate Group, está bajo investigación. En la semana, además, incumplió el pago de otra tanda de bonos y las autoridades le terminaron de bajar el pulgar para que la mancha de aceite no se extienda al resto de la economía china.
Los daños colaterales
La agencia oficial de noticias Xinhua destaca que gobiernos provinciales y grupos financieros chinos “están ayudando a los promotores inmobiliarios con soluciones para activar la liquidez”. Una forma de evitar la onda expansiva de la caída de Evergrande que ya se viene poniendo en marcha desde hace por lo menos dos años. “En Zhengzhou, capital de Henan, se lanzó un fondo de ayuda con un tamaño de capital fijado en 10.000 millones de yuanes (alrededor de 1410 millones de dólares), dirigido solo a proyectos inmobiliarios existentes cuya inversión pueda cubrirse con los ingresos futuros de las ventas”, destaca Xinhua. Otro fondo, de unos 30.000 millones de yuanes del Banco de Construcción de China se destinará a viviendas públicas de alquiler en la provincia de Hubei. En Nanning, en la región autónoma de Guangxi, se instaló un fondo estabilizador con un capital inicial de 3.000 millones de yuanes. Hay casos como el de la empresa China Huarong Asset Management, que llegó a un acuerdo de rescate y reestructuración con Sunglow Group, mientras que Jiangsu Asset Management se asoció con Zhongnan Holding Group para reestructurar préstamos y actualizar proyectos existentes. China Great Wall Asset Management, está analizando proyectos con 12 promotores inmobiliarios. China Evergrande Group, dice la agencia, firmó contratos para vender algunos de sus proyectos inmobiliarios a cambio de una inyección de capital, según un informe publicado por la institución de investigación inmobiliaria CRIC.
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