Jefes de Estado de países árabes y musulmanes se reunieron en una cumbre en la capital saudita para tratar el conflicto en Gaza y exigieron al gobierno israelí un inmediato cese el fuego, aunque hubo un pedido del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, para que se investigue el armamento nuclear de ese país al que definió como el «niño mimado» de Occidente, y su par iraní, Ebrahim Raisi, para que se catalogue al ejército israelí como “organización terrorista”. En todo el mundo, mientras tanto, crece el repudio a las acciones militares contra la Franja de Gaza, con marchas en varias ciudades, incluso una en el distrito de Jaffa, al sur de Tel Aviv, en la que coincidieron pobladores árabes y judíos.
El reclamo de un cese de hostilidades y una ampliación de la “pausa humanitaria” que aceptó a regañadientes la administración de Benjamin Netanyahu cundió hasta en gobiernos europeos, que hasta ahora le dieron un cheque en blanco. El francés Emmanuel Macron, por caso, pasó de proponer enviar tropas a Medio Oriente a decir que en Gaza “los civiles son bombardeados, bombardean y matan a bebés, mujeres y ancianos. No hay razón ni legitimidad para ello. Así que instamos a Israel a que se detenga».
Las palabras del inquilino del Elíseo se producen tras un posteo en X del director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, alertando sobre los ataques aéreos “en la zona del hospital Al Shifa”, el mayor de la Franja. La OMS reportó más de 250 ataques a instalaciones sanitarias luego de la ofensiva de Hamás del 7 de octubre. Médicos sin Fronteras (MSF), a su vez, reiteró llamados a “proteger las instalaciones médicas, el personal sanitario y los pacientes”.
El portavoz del gobierno gazatí, Salama Maarouf, comunicó de al menos 13 muertos por ataques en Al Shifa, al tiempo que 39 bebés habrían muerto por falta de oxígeno por el corte de los servicios eléctricos. La Media Luna Roja Palestina, por otro lado, informó que el Hospital Al Quds estaba totalmente rodeado de tanques y se estaban produciendo intensos combates.
Para el canciller español, José Manuel Albares, la Unión Europea “debe alzar la voz para decir que esta tiene que ser la última vez (…) Todos sabemos lo que tenemos que hacer. La receta está muy clara y ha sido aceptada ya en Oslo hace muchas décadas por israelíes y palestinos». El comunicado de la cumbre 57 países árabes e islámicos de Riad subraya esos mismos términos: “ni Israel ni todos los países de la región gozarán de paz y seguridad si no se constituye un Estado palestino independiente”. Convocada por el jefe de Estado saudita, el príncipe Mohamed bin Salmán, el texto final responsabiliza sin subterfugios al Estado de Israel del conflicto permanente debido a la ocupación de territorios palestinos, algo que considera “una amenaza para la seguridad y la estabilidad regional e internacional”.
El titular de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, acusó en cambio a Estados Unidos por su apoyo acrítico a Israel y dijo que Washington tiene responsabilidad en establecer la paz. Pero los más críticos fueron el mandatario turco y el iraní. El mensaje de Erdogan se relaciona con una amenaza del por ahora suspendido ministro de Patrimonio, Amichai Eliyahu, de arrojar una bomba atómica sobre Gaza si la incursión armada no da resultados. “Si hay bombas atómicas que escapan al control del Organismo Internacional de la Energía Atómica, debe revelarse”, señaló el gobernante turco.
Raisi, el primer gobernante iraní en pisar suelo saudita en más de una década y una señal de la renovada amistad conseguida por la diplomacia china en marzo, propuso que los países musulmanes “deben armar a los palestinos si continúan los ataques contra el pueblo de Gaza”. Además, el presidente persa pidió acordar la paralización del comercio “con el régimen sionista y el embargo de los productos israelíes”. Tras pedir que las FDI sean juzgadas en tribunales internacionales por crímenes de guerra, agregó que una solución sostenible sería establecer un Estado palestino “desde el río Jordán hasta el mar”.
Billy Bond pasó a la historia de la música popular argentina como uno de los pioneros del rock nacional, pero todavía se lo recuerda por aquel recital en el Luna Park de octubre de 1972 –últimos meses de la aventura militar iniciada seis años antes– cuando ante la represión policial tan habitual por entonces lanzó un «y bueno, loco, rompan todo». Corrió mucha agua debajo de los puentes y mucha sangre en estas tierras al cabo de esa otra dictadura de la que el país se fue recuperando en estos 40 años para que ahora, una frase similar sirva de argumento para que algunos de aquellos fantasmas vuelvan en boca de quienes reivindican el genocidio o intentan justificarlo para que entre los escombros humeantes vuelvan los de siempre y aquellos años de plomo. La más contundente expresión de negacionismo y reivindicación de la dictadura genocida corrió por cuenta de Victoria Villarruel, candidata a vicepresidenta de La Libertad Avanza. A su juicio, «todo lo que han escuchado en los últimos 40 años de la República Argentina referido a su pasado es falso». Ejemplos más específicos en otro campo salieron de la boca de Javier Milei, el candidato de La Libertad Avanza, cuando intentó provocar una corrida cambiaria al calificar a la moneda argentina como excremento. La derrotada representante de Juntos por el Cambio (JxC), Patricia Bullrich, no se quedó atrás cuando deseó que la economía explote antes de la segunda vuelta electoral, escandalizando incluso a los periodistas de LN+ que la escuchaban. En abril pasado, el expresidente Mauricio Macri había dicho en una charla ente empresarios en la Rural que «habría que dinamitar todo». Dentro del espacio de JxC se lo acusa ahora de haber detonado la alianza con el radicalismo y la Coalición Cívica al unirse velozmente al libertarianismo de Milei con el argumento de que así se podría derrotar al «populismo» –en cualquiera de sus acepciones de kirchnerismo o peronismo– encarnado en la candidatura de Sergio Massa. La súbita y reservada reunión en la casa de Macri en Acassuso despertó ácidos cuestionamientos de parte de la cúpula de la UCR, que preside el gobernador jujeño Gerardo Morales, y de la lideresa de la CC, Elisa Carrió. Pero atraviesa a gran parte del electorado que no simpatiza con el Gobierno ni con Massa. Habrá que recordar que la cercanía del exmandatario con Milei no es nueva y ni siquiera fue un secreto como el que envolvió al encuentro de la noche del lunes posterior a la primera ronda electoral para sellar el que se llamó, pomposamente, «Pacto de Acassuso».
Teoría del individualismo extremo Tampoco conviene dejar de lado cuáles son las influencias que reconocen tanto Macri como Milei. Es decir, de qué fuente abrevan sus líneas ideológicas. Allá por 2007, cuando el fundador del PRO se lanzaba a la primera gestión en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, era uno de los difusores en Argentina de una escritora nacida en Rusia, pero nacionalizada estadounidense, Ayn Rand. Autora de libros como La rebelión de Atlas y uno que desde el título define como nada su forma de ver el mundo, La virtud del egoísmo. Entre las propuestas de Rand figuran ideas como que «el individuo tiene derecho a existir para sí mismo, sin sacrificarse por los demás ni sacrificando a los demás para sí mismo».
Macri. El expresidente realiza una ronda televisiva para acompañar los planteos libertarios.
Milei, en una de sus últimas intervenciones públicas antes del 22 de octubre, rescató para sus oyentes la figura de Murray Rothbard, un economista estadounidense que, entre otras cosas, definió al Estado como una suerte de mafia que se une para reducir la libertad del individuo y amenaza a la propiedad privada. Promotor del pensamiento de la escuela económica austríaca –ultraliberal– es uno de los teóricos del llamado paleoconservadurismo y el anarcocapitalismo. Más allá de un análisis de cada uno de estos enfoques, era obvio desde hace mucho que Macri habría de sentirse mucho más cómodo al lado de Milei que de la UCR –a la que se encargó de denostar prolijamente en estos últimos años– habida cuenta de la comunidad de principios entre ambos. «Usted es uno de los grandes genios de todos los tiempos, y estoy orgulloso de que seamos amigos», le escribió Rothbard a Rand en una carta. Macri suscribe cada uno de los discursos más extremistas de Milei y hasta se siente representado, incluso se diría que en sus exabruptos. Alguien con más preparación en psicología podría hasta agregar que el exjefe de Estado, como el aspirante a serlo, comparten una hostilidad muy fuerte con sus respectivos padres. Pero ese es otro cantar. Más allá de esas caracterizaciones, la sociedad M&M desató una furia contenida desde hace mucho en JxC. Y si el neoconservadorismo argentino se distingue por su alto contenido antiperonista, en todo caso se puede decir que puso en negro sobre blanco más que antes qué es lo que se juega en el balotaje del 19 de este mes. Así lo entendió un grupo de intelectuales que firmó una solicitada reclamando por el voto por Massa. «En honor a estas cuatro décadas de encuentros y desencuentros bajo el amparo de la Constitución, vemos con enorme desasosiego la posible llegada al poder de una propuesta que reivindica el terrorismo de Estado y amenaza con quitar y deslegitimar todo lo adquirido para la vida común del pueblo argentino», dice el texto que firman, entre otros, Marta Minujín, Cecilia Roth, Vera Spinetta, Rita Cortese, Leonardo Sbaraglia, Darío Sztajnszrajber, Carlos Altamirano, Pablo Alabarces, Graciela Fernández Meijide, Roberto Gargarella y Hugo Vezzeti. Algunos de ellos difícilmente identificables como peronistas o kirchneristas y mucho menos massistas, pero preocupados por lo que representan Milei y su compañera de fórmula, Villarruel. Un reclamo contra la idea de dinamitar y hacer explotar todo lo que se construye en un país, democracia incluida. Un ruego de que «no rompan todo».
Las palabras de Hassan Nasrallah, el líder del grupo chiíta Hezbollah, eran esperadas con atención en todo el mundo, a casi un mes de la incursión de integrantes de Hamas y la Yihad Islámica en la operación llamada Tormenta de Al Aqsa y tras la feroz respuesta del gobierno de Benjamin Netayahu, que despierta críticas desde todos los rincones del planeta. Pero el hombre fue escueto y al grano: la ofensiva del 7 de octubre «fue 100% palestina, no tenemos nada que ver nosotros ni tampoco Irán», dijo, aunque lo celebró en el marco de una resistencia de 75 años.
En un discurso grabado, se dio tiempo para acusar a EE UU por la masacre en Gaza, que ya se cobró cerca de 10.000 muertos y más de 20.000 heridos, prácticamente la mitad de ellos, niños. Luego, agregó que «todas las opciones están sobre la mesa» en una explícita llamada de atención sobre la posibilidad de que tropas israelíes lancen un ataque preventivo en contra de El Líbano, donde los milicianos están apostados.
En la Franja mientras tanto, continuaba la minuciosa tarea de destrucción y las imágenes que circulan por las redes y cada vez más medios occidentales son terroríficas. Hubo nuevos ataques a edificios que alojan a menores, como la escuela Al Fakhoura –con un saldo de una veintena de muertos y unos 70 heridos– campos de refugiados y centros sanitarios. Este viernes se informó de un ataque a un convoy de ambulancias que transportaba heridos del hospital Al Shifa, al sur de Gaza. Otros 15 muertos fue el resultado, según el ministerio de Salud palestino. La agencia de la ONU para los refugiados denunció el bombardeo de otras tres escuelas, reporta Europapress.
El ejército israelí, por su parte, informó que tienen completamente cercada a la ciudad de Gaza y agregó que «el cuerpo de ingenieros de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) está trabajando para localizar y neutralizar infraestructuras subterráneas, explosivos y otras amenazas para que las tropas puedan moverse libremente». Como réplica a los crecientes reclamos de un alto el fuego, el contraalmirante Daniel Hagari señaló que esa cuestión «ni siquiera está sobre la mesa ahora mismo». Lo que confirma los peores presagios de no pocos líderes occidentales: que el objetivo es la expulsión de toda la población y si no fuera posible, el liso y llano exterminio.
Foto: AFP
Ante la escalada que las fuerzas israelíes desataron desde principios de octubre, hasta el propio gobierno de Joe Biden tuvo que salir a –por lo menos en lo discursivo– hablar de un cese el fuego y pedirle a Netanyahu bajar un cambio con el nivel de brutalidad con que se lleva a cabo la ofensiva. El secretario de Estado, Antony Blinken, viajó a las apuradas a Medio Oriente, a medida que legisladores oficialistas vinculados a la comunidad árabe salían a cuestionar públicamente el rol que lleva adelante la administración central.
Blinken se entrevistó con Netanyahu, que no mostró ninguna señal de apaciguarse y en cambio aseguró que recién podría cambiar de posición si Hamas devuelve a los rehenes que tiene en su poder. El canciller de EE UU repitió el apoyo de la Casa Blanca a Israel, pero deslizó que «es muy importante, cuando se trata de proteger a los civiles atrapados en el fuego cruzado de Hamas, que se haga todo lo posible para protegerlos y llevar asistencia a quienes la necesitan tan desesperadamente, que no son de ninguna manera responsables por lo que pasó el 7 de octubre».
Luego, Blinken viajó a Jordania, donde logró armar una mini cumbre en Ammán con los titulares de Relaciones Exteriores de Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Qatar para buscar el modo de «parar la guerra en Gaza», según la cancillería jordana. Ayman Safadi, el jefe de esa cartera, acusó a Israel de estar cometiendo crímenes de guerra. Su par estadounidense hace esfuerzos denodados por volver a tejer alianzas en esa región, donde ya varios países ven como grandes actores a China y Rusia e incluso le rechazaron encuentros a Biden en la visita que hizo a mediados de octubre.
Pero el compromiso de Estados Unidos y sus más fuertes y permanentes aliados, los países británicos, es muy firme a favor de Israel, lo que dificulta cualquier intento de que Washington vuelva a ser el casi exclusivo jugador que fue hasta no hace tanto. Por lo pronto, se conoció que desde Australia, a través de una base de vigilancia en Pine Gap, en las afueras de Alice Springs, la agencia de Seguridad Nacional (NSA) le brinda a Israel información obtenida de los satélites que sobrevuelan la región. El Reino Unido hace lo propio en intercepciones de las comunicaciones de la resistencia palestina desde su base de Monte Troodos, Chipre, la más antigua de la RAF, que data de 1878, aunque el equipamiento es de última generación.
Tropas israelíes, en tanto, atacaron el sur del Líbano contra dos células de Hezbollah, según una gacetilla de las FDI. El ministro de Defensa, Yoav Gallant, advirtió a Nasrallah que no deben cometer errores que puedan derivar en una respuesta como la que, dijo, se desató contras Hamas. Las últimas informaciones daban cuenta de bombardeos de Hezbollah con cohetes contra posiciones israelíes en Al Jardah, Hadab al-Bustan, Al-Malikiyah y Metula. Si el temor de Blinken es a una escalada regional, como dijo, va a necesitar mucha más capacidad de presión.
Las dos versiones del laborismo
El ingeniero Jeremy Corbyn fue el líder de Partido Laborista británico más inclinado a la izquierda que se podía conseguir en la oposición británica en las últimas décadas. Hijo de padres pacifistas que se conocieron durante la guerra civil española que luego militaron contra la de Vietnam, sigue siendo él mismo un luchador por la paz y en contra del colonialismo. Se hizo conocido en estas regiones allá por 2017 cuando, al frente de su partido, se expresó en favor de mantener negociaciones serias con Argentina para resolver la vieja disputa por las Malvinas. Habla perfecto español: estuvo casado primero con una chilena y luego con una mexicana. Pero no llegó al gobierno, como parecía, porque tras perder escaños en una elección en 2019 fue derrotado en la interna laborista por Keir Starmer, un abogado con expertise en Derechos Humanos. Algo había cambiado tanto dentro del partido como en la sociedad británica como para que hubiera sido expulsado de las filas bajo el cargo de haber permitido actitudes antisemitas cuando dirigía a la agrupación. Recuerdan los archivos que todo comenzó con una investigación por un posteo de una diputada de origen paquistaní –puso un mapa de Israel dentro del de EE UU y dijo que esa sería la solución al conflicto– y otro de un concejal que cuestionó a la banca Rothschild. Por esa vertiente «antisemita» dentro del laborismo, Corbyn quedó fuera del grupo parlamentario en noviembre de 2020, y en marzo pasado Starmer le dio el empujón final del partido.
Esta semana, el actual líder del laborismo habló en la sede del Chatham House, una ONG centenaria que analiza las relaciones internacionales y causó revuelo. «Si bien comprendo que se desee un alto el fuego, en este momento pienso que no es la posición correcta por dos razones: porque congelaría el conflicto en estado actual. Y porque mientras hablamos, eso dejaría a Hamas con la infraestructura y la capacidad para llevar a cabo el tipo de ataque que vimos el 7 de octubre», dijo Starmer. Desde su cuenta en X, Corbyn escribió: «¡Basta!, es sólo horror tras horror tras horror. Recuerda estas hermosas vidas. Son seres humanos con nombres y rostros y están siendo masacrados indiscriminadamente. ¡Qué inhumanidad tan desmedida! Necesitamos un alto el fuego ahora».
Este español de Cádiz es economista, asesor político y desde el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) suele difundir sondeos precisos e información que resulta imprescindible para analizar lo que ocurre en los países latinoamericanos. Esta vez, recién venido de Ecuador, donde elaboró estadísticas sobre las elecciones que consagraron al empresario Daniel Noboa a la presidencia, Alfredo Serrano Mancilla habló con Acción sobre la segunda vuelta del 19 de noviembre entre el ministro de Economía Sergio Massa y el ultraderechista Javier Milei, ahora apoyado por Mauricio Macri, Patricia Bullrich y el ala más conservadora de la coalición Juntos por el Cambio (JxC). «Estamos comenzando un trabajo de campo que culminará el 8 de noviembre» se adelanta, como para explicar que no está en condiciones de dar algún indicio acerca de un posible ganador. De todas maneras, algunas señales sobre el escenario se dejan traslucir.
«La evaluación de los votantes de UxP fue muy positiva con las nuevas medidas económicas. Con prudencia, pero esto ha decantado en el incremento de Massa.»
–Un trabajo que publicó Pagina/12 muestra que no hubo prácticamente transferencia de votos desde ninguna de las líneas internas de JxC hacia Massa. –Nosotros decíamos lo mismo, en contra incluso de cierto criterio sin base estadística. En el último trabajo que hicimos ya teníamos mucha claridad de que no había trasvase de votos de Horacio Rodríguez Larreta a Sergio Massa, porque los votantes iban a ir a votar a Patricia Bullrich. Se corrobora eso que planteábamos como hipótesis. Nosotros sosteníamos que la única posibilidad de crecimiento de Massa procedería de los no votantes en las PASO, pero que sí fueron votantes del Frente de Todos en 2019. Eso se ha confirmado con el aumento de participación de unos 8 puntos que en su mayoría fueron a parar a Massa, algo que se justifica en un altísimo porcentaje por las medidas tomadas en el último mes y medio. La evaluación de estos votantes fue muy positiva con las nuevas medidas económicas. Con prudencia, pero positivas, y creo que esto ha decantado en el incremento de Massa. –En JxC se desató una fuerte puja interna por el apoyo a Milei de algunos líderes del PRO, ¿qué impacto puede tener eso en el electorado? –Sería un grave error creer que la dirigencia o gran parte de la dirigencia política argentina va a tener capacidad de ordenar o instruir el voto hacia abajo. Creo que estamos en una crisis de representatividad política de tal profundidad que me parece que estamos exagerando la importancia de lo que dicen los dirigentes. Porque la dirigencia no tiene un control remoto de la ciudadanía que le depositó el voto. Hablo del votante de a pie, del barrio, de la esquina, no del militante orgánico, de la base social que vota a los radicales, o que votan a otras fuerzas políticas. Creo que no obedecen tanto como estamos presuponiendo y que se les está volviendo a dar exagerada importancia a lo que diga cierta dirigencia política si tenemos en cuenta la crisis de representatividad que hay. No digo que no tenga importancia, pero hay que relativizarla.
Milei. Para Serrano Mancilla, el libertario intentará explotar el eje kirchnerismo-antikirchnerismo.
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–También se ve un hasta insólito volantazo de Milei. –Yo creo que a Milei no le queda otra que ampliar. Es como inevitable que plantee ahora una estrategia de ampliar porque con su discurso nítido en términos de corpus ideológico, con sus reivindicaciones, con su puesta en escena, con sus formas, ha logrado tener un buen número de votos, pero también un techo muy firme, que veníamos sosteniendo desde hace tiempo. Un techo tan fuerte en términos políticos que la sociedad argentina le dijo «hasta aquí llegaste», hasta el 30%, no le queda otra. En esto suelo ser riguroso, es comprensible que, si tú en dos instancias electorales sacas 30% y tienes que ir a una segunda vuelta, no te queda otra que dar un volantazo. Y está tratando de ampliar con los votantes más afines ideológicamente, que son los conservadores del PRO. Pero no creo que vaya a cambiar mucho lo que es el corpus de sus propuestas. Vi una entrevista que hizo con Eduardo Feinmann de una hora –yo suelo verlas enteras, no los cortes, que son un flaco favor a tratar de interpretar– y él sigue hablando de que el tema de la eliminación del Banco Central es una línea roja innegociable. Le preguntaron si la dolarización sería una línea negociable y dijo que no, igual que la eliminación de subsidios. Dicho de otro modo, los aspectos propositivos –y yo claramente no estoy de acuerdo con ellos– en todas las entrevistas que dio en las 48 horas posteriores a la elección sigue sosteniéndolas al pie de la letra. No nos confundamos por hacer interpretaciones en base a recortes de dos minutos de entrevistas de una hora. Y esto es importante porque si no nos seguimos confundiendo y seguimos sin entender el fenómeno. Por eso creo que, si bien tiene que cambiar la estrategia porque tiene un límite, no le queda otra si quiere subir.
«Habrá una dimensión de batallas del miedo y otra de cuestiones más propositivas, en el fondo, la disputa de dos visiones del futuro de país contrapuestas.»
–Massa dijo que se terminó la grieta, pero esta elección la están planteando como «nosotros o el kirchnerismo». Buscan capturar a ese votante al que alguien le garantice que destruirá al kirchnerismo. ¿Eso alcanza o justifica cualquier medida como la dolarización o la quita de derechos? –Se abre un interesante marco en lo que yo llamaría la «batalla de miedos». Por un lado, Milei va a intentar instalar una suerte de plebiscito en base a kirchnerismo-antikirchnerismo, como ya se ha ido notando en las primeras intervenciones. El eje fundamental sería intentar aglutinar la mayoría que hasta ahora no tiene. Veremos si le da resultado. Por otro lado, UxP va a plantear, veremos si también le da resultado, que es el antifascismo o antiultraderecha. Yo creo que ahí hay una batalla de miedos que va a ser uno de los ejes de la campaña. También va a haber una cuestión propositiva que yo creo que ha sido uno de los aciertos de Massa en la primera vuelta y que debería de continuar. No solo buscar o argumentar el miedo que debería dar un presidente que no respeta las reglas democráticas y que va a ser regresivo en materia de derechos. También hay una ciudadanía que está expectante en escuchar propuestas concretas. Habrá una dimensión de batallas del miedo y otra de cuestiones más propositivas, y creo que esa va a ser la disputa, en el fondo, de dos visiones del futuro de país contrapuestas. Es muy notorio como son las diferencias, el electorado no va a poder estar confundido entre lo que representa uno y otro. Más allá de las alianzas de los partidos y las estructuras, son muy nítidas las diferencias. –Para las cúpulas no cercanas al peronismo dar libertad de acción, ¿no sería una forma de poner un huevo en cada canasta? –Creo que todavía hay una dificultad en digerir el nuevo diagnóstico, el cambio de época que se viene produciendo en la Argentina. Hay una digestión complicada de un nuevo escenario, un nuevo país, en el cual se está reconfigurando la relación de la ciudadanía con sus representantes. Esa crisis de representatividad, que es relativa pero progresiva, habría que considerarla a la hora de darle una importancia un poquito más mesurada a las recomendaciones partidarias. Cuando uno ha sido derrotado pierde la fuerza para ejercer influencia de hacia dónde dirigir el voto. Y eso le ocurre a Patricia Bullrich, al PRO y al radicalismo. Esto lo estamos viendo a nivel global: el ciudadano vota cada vez más disociado de lo que el representante le dice. Creo que vamos a una elección en la que –aunque ahora hay mucho espacio en los medios, que siempre tienden a reflejar lo que ocurre en las cúpulas– la ciudadanía va a ir por otro camino.
«Cuando uno ha sido derrotado pierde la fuerza para ejercer influencia de hacia dónde dirigir el voto. Y eso le ocurre a Patricia Bullrich, al PRO y al radicalismo.»
–Sin embargo, en el Interior, el radicalismo, más que el PRO, ganó varias provincias con importantes resultados. –Pero precisamente se ha demostrado que el voto a nivel local no tiene nada que ver con el voto a nivel nacional. Hay datos reales de que en las PASO y la primera vuelta el voto a nivel local no tuvo ningún tipo de correlación con el voto a nivel nacional. Nos precipitamos mucho en creer que el mapa provincial tenía algo que ver con el nacional y en las PASO nos dimos cuenta de que no. Y esto se ratificó en la primera vuelta. No estoy quitándole relevancia al radicalismo como partido ni como fuerza local. Lo que planteo es que, a nivel nacional, hasta el momento, no han tenido capacidad para decidir el voto. Se aliaron con Larreta y perdieron por goleada.
Las tropas israelíes comenzaron este viernes un feroz ataque en Gaza luego de un par de semanas en las que las operaciones en represalia por las incursiones de militantes de Gaza del 7-O parecían congeladas ante el rechazo internacional y el pedido del gobierno de Estados Unidos de moderar la respuesta. Quizás sea este ataque el resultado de una fuerte disputa dentro de la Asamblea General de la ONU en la que desde el secretario general del organismo, Antonio Guterres, hasta las delegaciones de varios países occidentales, cuestionaron el rol de la administración de Benjamin Netanyahu en un conflicto que lleva décadas y reclamaran una vez más una solución basada en las resoluciones de ese organismo y básicamente en la creación del Estado Palestino. La amenaza de una extensión del conflicto se potenció luego de que fuerzas estadounidenses efectuaron ataques aéreos sobre objetivos en Siria a los que el secretario de Defensa Lloyd Austin identificó como pertenecientes a la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán.
«Caían bombas de todos lados; de la marina, de la artillería y de los aviones», describió Alaa Mahdi, un habitante del campo de refugiados de Shati, al norte de la Franja a agencia AFP, y continuó: «¿A quién golpean? ¿A la resistencia? No, a la pobre gente”. El argumento de las autoridades israelíes para la ofensiva sobre Gaza es que solo así podrán desterrar a la organización Hamás y recuperar a dos centenares de rehenes capturados hace 22 días. Pero las cantidad de víctimas civiles y la destrucción del hospital Al Ahli, en el sur, y la amenaza sobre el de Al Shifa –en el norte, el mayor de la Franja, donde aseguran que se refugian líderes de Hamás- no parecen convencer en la ONU (ver aparte).
Desde la sorpresiva incursión de milicianos de Hamás, se computan 1400 muertos en Israel y más de 7700 en Gaza, en su abrumadora mayoría civiles de todas las edades pero cerca de la mitad niños. El portavoz del ejército israelí, Daniel Hagari, volvió a advertir en la mañana del viernes a los residentes del norte de Gaza que salgan de la zona ante la inminencia del operativo al que calificó como de “precisión e intensidad”. “Se les acaba el tiempo”, insistió Hagari, para afirmar que luego de las “intensas hostilidades podrán retornar”. Algo que los gazatíes no creen, habida cuenta de que les recuerda demasiado a esa otra ofensiva de 1948 que obligó a muchos palestinos a dejarlo todo. De hecho, denominan a este momento como la Nakba II.
Como parte de las acciones, Israel –que ya había cortado la provisión de agua y electricidad- bloqueó todas las comunicaciones y el servicio de Internet, lo que generó protestas de organismos internacionales que alertaron sobre las consecuencias. Es así que grupos de todas las creencias e incluso judíos como el académico estadounidense Norman Finkelstein reprodujeron en su newsletter un mensaje a Elon Musk, el dueño de los satélites Starlink, para que proporcione cobertura que permita mantener la conectividad en Gaza. “La destrucción ha sido tan extensa que la gente no puede pedir ayuda ni informar a sus seres queridos sobre su seguridad. Trágicamente, muchos están atrapados bajo los escombros y necesitan desesperadamente ayuda”, dice el texto, que concluye: “Su intervención será un regalo de inconmensurable valor para quienes sufren y dejará una huella indeleble en la memoria colectiva de la humanidad”. El empresario sudafricano publicó que «SpaceX apoyará los enlaces de comunicación con organizaciones de ayuda reconocidas internacionalmente».
La embestida de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) incluyó la destrucción de edificios en varios de los barrios del norte de Gaza pero también de túneles por los que circula mercadería y en los que el gobierno afirma que se refugian militantes de Hamás. Según los voceros, fueron eliminados ya tres de los más altos jefes de la organización. En la ONU se aprobó este jueves una resolución presentada por Jordania que pide una tregua humanitaria. Bastante menos de lo que muchos países reclamaron, aunque necesarios como para que 120 países, entre ellos Argentina, votaran a favor, con 14 votos en contra y 45 abstenciones. El embajador israelí en el organismo ecuménico mundial, Gilad Erdan, rechazó el planteo (ver aparte) al decir que “a la ONU no le queda ya ni una pizca de legitimidad o relevancia” y ratificó el inicio de las hostilidades, cosa que ocurrió a las pocas horas.
En favor de Hamás testimoniaron el gobierno de Qatar, que según la cadena Al Jazzera –prohibida en Israel- intenta negociaciones para un alto el fuego y un intercambio de rehenes. El más enfervorizado en esa región fue el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quien escribió en X que «Israel debe detener de inmediato esta locura» y enfatizó: «¡Hamás no es una organización terrorista, es un grupo de muyahidines que luchan para proteger sus tierras!». Una de las rehenes que Hamás liberó estos días, por su parte, puso en tela de juicio las razones que invoca el ultraderechista Netanyahu. En efecto, Nurit Cooper, de 79 años, y Yocheved Lifshitz, de 85, volvieron a sus casas por “razones humanitarias debido a su estado de salud”, según un video publicado por Hamás. A Lifshitz se la ve saludando amistosamente a uno de sus captores y despidiéndose con un “Shalom” (paz). La mujer dijo haber sido tratada con mucha amabilidad, que compartieron la comida con los militantes, quienes les dijeron que eran musulmanes y nos les iban a hacer daño. El ministerio de Salud israelí, dijo The Times of Israel, anunció un “protocolo de tratamiento” para ella en una sala especial donde solo tendrán acceso familiares, personal médico y de seguridad estatal para resguardar “la salud física y mental”. No faltaron los que cuestionaron que al dejarla hablar habían permitido un gran golpe publicitario en favor de la organización acusada de terrorismo.
Cruces en la Asamblea de la ONU
El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, fue particularmente incisivo al caratular la situación actual en Medio Oriente en la sesión de la Asamblea General de este jueves. «El pueblo palestino ha sido sometido a 56 años de ocupaciones asfixiantes. Sus tierras son constantemente devoradas por los asentamientos y están plagadas de violencia. Sus economías se ahogaron. Su población fue desplazada y sus hogares demolidos. Su esperanza de una solución política se ha ido desvaneciendo (…) los agravios del pueblo palestino no pueden justificar los atroces ataques de Hamás pero esos ataques no pueden justificar el castigo colectivo del pueblo palestino”, sostuvo el portugués.
La respuesta del represente israelí no se demoró y luego de degradar la legitimidad de la ONU, dijo: «Los de Hamás son los nuevos nazis. Gilad Erdan aprovechó para criticar a Qatar, “que financia y alberga a los líderes de Hamás” pero al mismo tiempo decirle que “puede hacer que se liberen a todos los rehenes que están en manos de los terroristas”. Temerario, Erdan afirmó luego que “no hay ninguna crisis humanitaria en la Franja». Pero el gobierno de Benjamin Netanyahu fue cuestionado por desconocer resoluciones de la ONU como la que obliga a volver a las fronteras de 1967.
El representante de la Autoridad Nacional Palestina señaló que “cuando los representantes terminen sus discursos hoy, habrán matado a 150 palestinos, incluyendo 60 niños. En las últimas dos semanas, mataron a más de 5700 palestinos, incluyendo 2300 niños y 1300 mujeres (…), eso equivale a 145.000 ciudadanos británicos o 700.000 de EE UU”.
Ravina Shamdasani, portavoz de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, había advertido la preocupación del organismo “por el hecho de que se estén cometiendo crímenes de guerra. Nos preocupa el castigo colectivo infringido a los habitantes de Gaza en respuesta a los atroces ataques de Hamás, que también constituyen crímenes de guerra».
Los debates fueron encendidos en la Asamblea y hubo cruces entre los países occidentales y a los del sur global, que reclamaron, como Pakistán, que si en un documento final se condena a Hamás, también se lo debería de hacer con Israel “si queremos ser justos y equitativos”.
La posición europea refleja la del resto de naciones occidentales y consiste en hablar de la necesidad de “brindar acceso humanitario seguro, rápido y sin obstáculos a las poblaciones necesitadas, por todos los medios posibles, ya sea un corredor o una pausa humanitaria”, como expresó Olof Skoog. Pero una pausa a esta altura es apenas un intervalo entre dos masacres.
Cuando el presidente Joe Biden volvió de una gira por Medio Oriente en la que no pudo sentar a la misma mesa a los líderes árabes y el primer ministro israelí, no tuvo mejor idea que emitir un mensaje a la población estadounidense de un cuarto de hora para explicar el momento que vive el mundo y apelar esa vieja muletilla de las amenazas que se ciernen sobre Estados Unidos a miles de kilómetros de sus fronteras.
Entre los pliegues de ese discurso se coló un nuevo pedido de unos 100 mil millones de dólares adicionales para sostener a Ucrania al que se agregó otro por Israel. Una frase que quedó en el aire, de indudable tono keynesiano. “Enviamos a Ucrania equipos que se encuentran en nuestras reservas. Y cuando usamos el dinero asignado por el Congreso, lo usamos para reponer nuestras propias reservas con equipo nuevo, equipo que defiende a Estados Unidos y que se fabrica en Estados Unidos: misiles Patriot fabricados en Arizona; proyectiles de artillería fabricados en 12 estados de todo el país: Pensilvania, Ohio y Texas; y mucho más. Ya saben, al igual que en la II Guerra Mundial, hoy los patriotas trabajadores estadounidenses están construyendo el arsenal de la democracia y sirviendo a la causa de la libertad”. Es decir, reactivación económica a partir de guerras actuales… y futuras.
El reclamo de mayores presupuestos y los lamentos por la escasez de reservas en los arsenales no son nuevos ni con Biden ni con las administraciones desde hace más de 80 años. Pero recrudecieron desde la operación militar rusa en Ucrania. Hace justo un mes el secretario de Defensa, Lloyd Austin, un general de cuatro estrellas que ahora encabeza el Pentágono tras un paso por Raytheon, una de las mayores proveedoras de armas, dijo una carta que le envió a los congresistas que se habían visto obligados “a ralentizar el reabastecimiento de algunas tropas”.
Un artículo que firma San Skove en Defense One (www.defenseone.com), una publicación ligada a temas de defensa y la industria bélica, señala que “los funcionarios estadounidenses están desesperados por encontrar formas de aumentar la producción de armas en medio de las guerras en Ucrania y Medio Oriente y las crecientes tensiones con China”. Tras una crítica a la obsolescencia en las cadenas de producción, sobre todo en las empresas más chicas, cita a Jerry McGinn, un exfuncionario del Departamento de Defensa con un párrafo disruptivo. «¿Cuál es el modelo correcto para mantener nuestro enfoque capitalista?», preguntó McGinn, señalando las ventajas chinas en la producción de defensa que resultaron de la intervención directa del gobierno. «Tenemos que contrarrestar eso en un grado que… no cree una especie de intervención gubernamental perpetua en el mercado».
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