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Bolsonaro quiso autorizar que las empresas no paguen salarios durante 4 meses: tuvo que recular

Bolsonaro quiso autorizar que las empresas no paguen salarios durante 4 meses: tuvo que recular

Los tiempos no están como para un avance bestial sobre los derechos laborales como intentó el gobierno de Jair Bolsonaro, el inefable presidente de Brasil. El domingo a la noche, había lanzado una medida provisoria (una suerte de DNU) la número 927, que autorizaba a que los empleadores pudieran suspender por cuatro meses el contrato de trabajo con sus empleados para “afrontar los efectos económicos” del Covid-19.

Llegó incluso a defender la normativa con vehemencia en un cruce con periodistas en la explanada del Planalto durante el cual fustigó a una periodista que le preguntó por su popularidad.“En lugar de ser despedidos, el Gobierno entra con ayuda en los próximos 4 meses, hasta que las actividades del establecimiento vuelvan a la normalidad, sin que exista despido del empleado”, afirmó en su red social.
“Es una forma de preservar empleos”, aseguró, ofuscado por la insistencia periodística.

Pero el decreto en cuestión legalizaba una negociación con el empleador para pactar una reducción de salarios o la suspensión de la relación laboral de manera temporal.  Y no decía una palabra de que el gobierno se hacía cargo de compensar al trabajador.

Esta posición, visiblemente contra la corriente en el resto del mundo en semejante circunstancia y que va contra toda previsión sanitaria -es obvio que antes que perder un trabajo alguien elegiría exponerse a un contagio para seguir yendo al lugar donde desarrolla su tarea habitual-, fue aplaudida desde Argentina por un ultraliberal como el ex candidato a la presidencia José Luis Espert.

Obviamente, el decreto 927 despertó todo tipo de críticas y la dirigencia política adelantó presentaciones judiciales para declararla anticonstitucional y violatoria de las leyes laborales en vigencia.  No tardó en darse cuenta de que ciertamente, su popularidad está en baja y no son tiempos de agrandar la brecha entre la presidencia y la sociedad, donde crecen las voces de rechazo a la inacción cuando no el ninguneo sobre las consecuencias del coronavirus y la forma de combatir su propagación.

Es así que luego de ese violento encuentro con la prensa, Bolsonaro reculó, como quien dice, en “hawaianas”.  Y ahí si reconoció que el decreto implicaba la suspensión del salario.

Esta arremetida contra los derechos laborales se da de bruces con lo que se propone el gobierno argentino, y resulta diametralmente opuesta a las medidas que tomó el gobierno de Dinamarca. el domingo pasado, la primera ministra Mette Frederiksen anunció un paquete de ayuda económica pergeñado entre el gobierno y representantes de la sociedad.

De tal manera que mientras dure la pandemia el gobierno ofrece cubrir el 75 por ciento de los salarios. El pago para el personal contratado por hora llega a una cobertura máxima de 90%. La contrapartida es que las patronales se comprometen a abonar el 25% restante.

Según un artículo de la periodista Mie Olsen, de no ser por estas medidas del gobierno,  más de dos tercios de las pequeñas empresas corren el riesgo de quiebra en las próximas 10 semanas, de acuerdo a una encuesta de la organización SMVdanmark.

La publicación en EU observer today, un periódico on line basado en Bruselas, tiene un título muy sugestivo. Dinamarca: cómo un estado de «alto impuesto» responde al coronavirus, Y se refiere a los beneficios del estado de bienestar.

Tiempo Argentino, 23 de Marzo de 2020

El sueño de Bill Gates

El sueño de Bill Gates

Bill Gates no creó la computadora personal, las interfaces gráficas, el mouse, ni el sistema operativo que en 1980 le vendió a IBM aún antes de haberlo conseguido. Pero con el Microsoft-DOS y el paquete de programas Windows, fue clave para el impresionante salto cultural que dio la humanidad en estos 40 años.

No inventó nada -de hecho, algunos lauros son de Steve Jobs con Apple-, pero estuvo en el lugar justo en el momento adecuado para apropiarse de ese salto y lograr que cada ciudadano necesitara de una PC para brindársela a un costo accesible. Un Henry Ford de fines del siglo XX.

Hoy día se calcula que el 88% de las PC del planeta funcionan con algunos de los entornos de Windows y según Forbes la fortuna personal de Gates ronda los 96 mil millones de dólares. Casi toda la deuda externa argentina.

Desde hace años más jugado a su rol público de filántropo, en 2015 Gates dio una charla TED, que ahora vuelve a circular en las redes, en la que alertó sobre la principal amenaza que enfrentaría la humanidad en estos tiempos: una pandemia.

“Puede que exista un virus con el que las personas se sientan lo suficientemente bien mientras están infectadas para subirse a un avión o ir al supermercado y eso haría que se extienda por todo el mundo de manera muy rápida», dijo entonces.

En octubre del año pasado, la Fundación Bill y Melinda Gates financió junto con el Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud y el Foro Económico Mundial un simulacro bautizado Evento 201. “Un ejercicio que ilustra las áreas en las que serán necesarias alianzas público / privadas durante la respuesta a una pandemia severa para disminuir las consecuencias económicas y sociales a gran escala”, dice en su página web (http://www.centerforhealthsecurity.org/event201/). La pandemia era de coronavirus.

Cuando autoridades del gobierno de Angela Merkel salieron a enfrentar al de Donald Trump por una investigación de vacuna contra el Covid-19, se supo que entre los propietarios de la empresa que desarrollaba el remedio, CureVac, figuraban el dueño de un club de fútbol alemán y la Fundación Bill y Melina Gates.

Hace un par de días dijo (¿predijo?) que “si un país hace un buen trabajo con las pruebas del virus y la cuarentena, dentro de las 6-10 semanas debería haber muy pocos casos”.

Para una cuarentena efectiva se necesita realizar tareas a distancia, o sea, sin que el trabajador se mueva de su casa. Para lo cual el uso de PCs resulta imprescindible. Sin el aporte de los pioneros de la informática, esta forma enfrentar la pandemia sería imposible.

Finalmente se cumplió el sueño de Bill Gates.

Tiempo Argentino, 21 de Marzo de 2020

Estados Unidos, China y el mundo que la pandemia nos legó

Estados Unidos, China y el mundo que la pandemia nos legó

Cada cataclismo sanitario dejó cambios persistentes en la civilización. Después de la epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires en 1871, la clase alta porteña, que vivía en el sur de la ciudad, se trasladó a los barrios del norte, desde entonces un signo de distinción aristocrática, y se extendieron los servicios de agua y cloacas.  El Renacimiento europeo no se puede explicar sin la peste negra, que mató a la tercera parte de la población del continente. A su término, otro mundo nació de aquellas cenizas.

Cuando el pico máximo del coronavirus aún no llegó a la Argentina y ni siquiera se sabe si lo hizo en Europa, las primeras consecuencias ya se hicieron ver en la economía mundial. El FMI estima que, en el mejor de los casos, el PBI andará este año en un 2,5%, lo que se considera al borde de una recesión.

Las bolsas más importantes se desplomaron estrepitosamente en las últimas semanas a medida que el Covid-19 hacía estragos en Italia, España, Francia y Alemania. Este viernes tuvieron una recuperación tras fuertes inyecciones de dinero tanto en Estados Unidos como en la UE. Pero sería una solución parcial para una crisis que la pandemia no hizo sino adelantar, aseguran los gurúes.

Especialistas como el estadounidense Tom Luongo venían advirtiendo sobre la situación en el mercado de los “repos”. Se llama así a esa masa de dinero a corto plazo que los bancos piden a sus pares para cubrir erogaciones puntuales. Desde fines del año pasado las entidades vienen retaceando ese tipo de préstamo. “Es que no confían en la solidez de sus pares”, indican los que saben. A ese lugar la FED, el Banco Central de EEUU, destinó cerca de 300 mil millones de dólares en setiembre pasado.

La FED agregó 1,5 billones la semana pasada para repos de hasta tres meses. “Esta es una señal de que el problema no tiene fin”, dice Luongo, quien augura que lo único que se hizo fue patear la pelota para junio.

Jeromey Powel, titular de la FED, anunció ahora la inyección de 500.00 millones para la compra de valores del Tesoro y de otros 200 mil para valores respaldados por hipotecas de agencias.

En ese mismo lapso, el Banco Central Europeo, comandado por nuestra conocida Christine Lagarde, emitió 750.000 millones de euros para la compra de deuda pública y privada. Otra forma de poner dinero en los bolsillos de los más ricos. El Banco de Inglaterra aumentó su deuda pública hasta 645.000 millones de libras. El interés bancario se acerca a 0% en todos lados. Y el petróleo, la otra variable a tener en cuenta, sigue en baja y llegó a unos 27,38 dólares el barril, tras pisar los 24 el miércoles.

Más abajo de los 50 dólares, la producción del fracking estadounidense no es rentable y la autosuficiencia energética de ese país se convierte en un sueño. Aún no se verifica una suba tras el anuncio de Trump de que llenaría las reservas estratégicas comprando casi 80 mil millones de barriles, lo que en teoría debería sostener el precio.

En este contexto, y cuando los mercados caen por el temor al día después del virus pero fundamentalmente porque cada uno de los motores económicos del planeta están prácticamente detenidos por una cuarentena global, muchos hablan de otro “momento Minsky”.

Se llama así a un colapso generalizado -como el de 1929, por acaso- que podría marcar el final de un ciclo, sin perspectiva de lo que se viene en el futuro. Lleva el nombre del economista Hyman Minsky, quien definió a los banqueros, comerciantes y agentes financieros como habituales incendiarios que ponen a la economía entera en llamas.

La Casa Blanca, en tanto, no se cansa de dar señales de que no le preocupa jugar con fuego. Y mientras Trump busca definir al causante del Covid-19 como “Virus chino”, para escándalo de científicos y alarma de los bien pensantes, el Pentágono comenzó a desplegar unas 20.000 tropas para el ejercicio militar Defender-Europe 20 a desarrollarse con la OTAN entre abril y junio.

No es un simple ejercicio de entrenamiento en un posible campo de batalla contra el enemigo que se plantean los analistas militares de Washington, esto es, Rusia.  Es -según el experto Manlio Dinucci, del centro de investigación Global Research, de Canadá- un plan de acción para probar sobre la marcha el estado de los caminos y puentes de la región ante una posible contienda.

Dinucci muestra un informe del Parlamento Europeo de febrero pasado donde se destaca que “desde la década de 1990, las infraestructuras europeas se han desarrollado solo para uso civil”. El plan consiste en modificar las estructuras que no estén adaptadas al peso y las dimensiones de los vehículos militares. Para ello llevaron tanques Abrams de 70 toneladas de peso.

Hay temores de que soldados de EEUU pueden desparramar el virus o, al revés, contagiarse en su paso por cada lugar. Por lo pronto, el teniente general Christopher Cavoli, el máximo oficial del ejército de los EE. UU. en Europa, se puso en cuarentena después de una conferencia de prensa. Como medida precautoria, dijeron los voceros de la OTAN.

Mientras tanto, Trump profundiza su guerra con China. Que empezó siendo comercial, adquirió un tinte bacteriológico -o virulento, para ser más exactos- y nadie sabe en qué puede terminar. Luego del parate de estos primeros meses del año por el Covid-19 y en medio de las acusaciones cruzadas sobre el origen del virus, todo indica que lentamente reanuda la marcha de su economía. Las presunciones apuntaban a que China, por medios pacíficos, sería la potencia predominante al finalizar esta década, algo que Trump se propone evitar o al menos demorar. El cierre total de fronteras para combatir la pandemia es un golpe en el corazón de la globalización. ¿Lo será también hacia un futuro pacífico?

Tiempo Argentino, 21 de Marzo de 2020

Kaiser, un grupo con historia en la industria automotriz argentina, tras la vacuna contra el virus

Kaiser, un grupo con historia en la industria automotriz argentina, tras la vacuna contra el virus

Henry J Kaiser fue un emprendedor típico de Estados Unidos, que lejos del arquetipo del hombre que creció sin ayuda de nadie, prosperó a la sombra del estado. Nacido en 1882, fue sobre todo un gran vendedor, primero de material fotográfico y luego proveedor industrial hasta que en 1912 se fue a Vancouver, Canadá y armó una empresa constructora que ganó la licitación para construir una carretera hasta Spokane.

Un año mas tarde haría las primeras rutas con pavimento de hormigón en Cuba y posteriormente aprovecharía la fiebre del pavimento en EEUU para hacer muchos de los caminos de California. Terminó participando de la UTE que construyó la repesa Hoover, en el Río Colorado y luego en otros grandes complejos hidroeléctricos, para las que levantó una fábrica de cemento con la piedra caliza de un yacimiento cercano al Río Permanente, en San francisco.

Amigo de Franklin Delano Roosevelt, durante la Segunda Guerra fundó los Astilleros Kaiser, que con técnicas muy sofisticadas- “hazlo más rápido y más barato», era uno de sus lemas- sacaba al mar un buque cada 30 días, aunque fue batiendo récords hasta botar una nave cada 4 días.  También fabricó armamento y aviones. En poco tiempo incorporó al grupo a la Kaiser Cement Corporation y Kaiser Steel Corporation.

Dicen otra de sus frases favoritas era «encontrar una necesidad y llenarla». Al fin de la guerra, se quedó con las instalaciones de dos plantas elaboradoras de aluminio que el gobierno puso en venta. La Kaiser Aluminum es una de las más grandes productoras del mundo de ese estratégico metal y en 1971 participó, sin éxito, en la licitación para erigir la planta de Puerto Madryn de Aluar, que finalmente quedó para el grupo Madanes-Gelbard.

No sería el primer acercamiento de Kaiser a la Argentina. La posguerra implicó que muchas de las fábricas de Kaiser quedaran sin trabajo, por lo que el viejo emprendedor intentó meterse en la industria automotriz, asociado con el ingeniero Joseph Frazer. Pero los tres grandes de Detroit -Ford, General Motors y American Motors- le hicieron la vida imposible.

Buscando una necesidad, descubrieron que de este lado del continente había un gobierno deseoso de fabricar autos con componentes y mno de obra locales para desarrollar una industria automotriz.

En 1953 Kaiser-Frazer habían comprado la licencia para fabricar el Jeep de la Willys Overland, a los doce meses acordaron instalar una planta en Santa Isabel, Córdoba, en sociedad con la estatal IAME. Tras la firma de un convenio con las autoridades, en enero de 1955 se daría la piedra fundamental para Industrias Kaiser Argentina (IKA).

El golpe contra Juan Domingo Perón no logró frenar el proyecto y al poco tiempo comienzan a salir los primeros Kaiser Carabela de la planta cordobesa. De allí salieron también las Estancieras y el Jeep hasta que en 1961 la mayoría del paquete accionario de IKA pasa a American Motors, el menor de los tres enemigos de Detroit. Se inicia la etapa de los Rambler y el Torino hasta que la firma pasa a manos de la francesa Renault. Pero esa es otra historia.

En Estados Unidos, Kaiser florecía también en el negocio de la salud. Había fundado junto con el médico Sidney Garfield el Instituto Kaiser Permanente, con sede central en Oakland, California, y hoy día establecimientos en ocho estados.  Como suele suceder en las empresas estadounidenses, derivan parte de sus impuestos en una fundación, en este caso la Kaiser Family Foundation.

Edgar Fousburg Kaiser, hijo de Henry John, asumió la jefatura de sus empresas ya a fines de los 40. De hecho, fue él quien dirigía la central de IKA. El viejo pionero murió en 1967, de modo que no llegó a vivir el momento en que Edgar F. daba sus argumentos para una salud privada a John Erlichman, el operador de Richard Nixon.

Las grabaciones de las conversaciones de Nixon en el Salón Oval terminaron por enterrarlo cuando salieron a la luz en 1974, a raíz del escándalo Watergate. Y esta hubiese podido enterrar al sucesor de la dinastía Kaiser. Pero teniendo en cuenta que el impulso individual es un bien moral para los estadounidenses, eso no llegó a ocurrir.

Esta es la transcripción que guarda la Universidad de Virginia sobre una charla del 17 de febrero de 1071 alas 5,30 pm.

Erlichman: «Sobre … el negocio de la salud …»

Nixon: «Sí».

E: «… ahora hemos reducido los problemas del vicepresidente en este tema a la cuestión de si debemos incluir a estas organizaciones de mantenimiento de la salud como la Permanente de Edgar Kaiser. El vicepresidente simplemente no puede verlo. Intentamos 15 maneras desde el viernes para explicárselo y luego ayudarlo a entenderlo. Finalmente dijo: «Bueno, no creo que funcionen, pero si el presidente cree que es una buena idea, lo apoyaré al cien por cien». (Nota.: Gerald Ford no se caracterizaba por su lucidez, bromeaban que no podía caminar y masticar chicle al mismo tiempo).

N: «Bueno, ¿qué es … cuál es el criterio?»

E: «Bueno, el criterio de todos los demás es muy contundente».

N: «Muy bien».

E: «Y, eh, uh, él es el único con reservas que tenemos en toda la oficina».

N: «Dile que yo … yo … le diría que tengo dudas al respecto, pero creo que es, eh, ahora déjame preguntarte, ahora me das tu opinión. Sabes que no estoy muy interesado en ninguno de estos malditos programas médicos «.

E: «Esto, déjame, déjame decirte cómo estoy …»

N: [No está claro.]

E: «Esto … esto es una …»

N: «No [claro] …»

E: «… una iniciativa privada».

N: «Bueno, eso me atrae».

E: “Edgar Kaiser está manejando Permanente con fines de lucro. Y la razón por la que puede … la razón por la que puede hacerlo … Hice que entrara Edgar Kaiser … hablara conmigo sobre esto y profundicé en ello. Todos los incentivos son para menos atención médica, porque … «

N: [No está claro.]

E: «… cuanto menos cuidado brinda, más dinero ganan».

N: «Bien». [Poco claro.]

E: [No está claro] «… y los incentivos funcionan de la manera correcta».

N: «No está mal».

Al otro día Nixon envió el proyecto de Organización de Mantenimiento de la Salud (HMO por sus siglas en inglés), que derogaba una norma de 1944, y se terminó por aprobar a fines de 1973.

Kaiser Permanente intentó desacreditar a Erlichman cuando se conoció este audio y en un comunicado explicó que: “los programas de atención médica organizada, incluidos los médicos asociados, deben tener un incentivo significativo para elegir el marco HMO. El método de pago basado en tasas, en lugar de costos. . . podría proporcionar tal incentivo”.

En 2002 Los Angeles Times publicó que Kaiser Permanente «otorgó bonificaciones financieras a los empleados del centro de llamadas que pasaban la menor cantidad de tiempo en el teléfono con cada paciente y limitaba el número de citas médicas». Otro balde de agua fría para la imagen de la empresa.

Los informes que publica la institución, sin embargo, suelen ser fuente para investigadores y profesionales de la salud. Y ahora se anotó en la carrera para hallar una vacuna contra el coronavirus, otro gran negocio. El lunes comenzó en el Instituto de Investigación de Salud Kaiser Permanente Washington, de Seattle, un ensayo clínico en 45 jóvenes voluntarios con diferentes dosis de vacunas desarrolladas por el Instituto Nacional de la Salud (NIH por sus siglas en inglés) y la empresa Moderna Inc. Se esperan los resultados en breve.

Tiempo Argentino, 18 de Marzo de 2020

El sistema de salud de EEUU: el riesgo de dejar todo en manos privadas

El sistema de salud de EEUU: el riesgo de dejar todo en manos privadas

Si algo define al sistema de salud estadounidense es que en ese escenario se disputan las controversias sobre el rol del estado que luego se esparcen, como un virus, a los otros ámbitos de la sociedad.  Así ocurrió en 1971, cuando el presidente Richard Nixon anunció una profunda reforma al modelo sanitario que venía construyéndose desde principios del siglo XX y fructificó en la creación del Medicare y el Medicaid. Esos dos planes de salud para los más vulnerables era todo lo estatista que se pudo permitir la sociedad estadounidense hasta 1965, con Lyndon Johnson en la Casa Blanca. No pudo reparar ese modelo Hillary Clinton cuando su esposo era presidente. Barack Obama, entre 2009 y 2017, llegó lo más lejos que le dio el cuero con una tímida contrarreforma, conocida como Obamacare. Fue lo primero que Donald Trump se propuso destruir ni bien ganó la presidencia.

Es curioso, pero hace 49 años el paladín de aquella reforma que muy bien ilustra Michael Moore en el filme Sicko, de 2007, fue el asesor de Nixon John Erlichman, que luego tendría un rol destacado en el ocultamiento de pruebas del caso Watergate y terminaría procesado por lo que en estas tierras se llama asociación ilícita y obstrucción de la justicia. Pero no solo él fue clave en el plan de Nixon, sino otro personaje cuyo legado aparece con frecuencia por estos días: Edgar Kaiser. Porque las primeras pruebas en humanos de una vacuna contra el coronavirus comenzaron a realizarse en el Instituto de Investigación Washington Kaiser Permanente, de Seattle. Una entidad ligada a la Kaiser Family Foundation, nacida del impulso del iniciador de la dinastía, Henry J. Kaiser.

El sistema de salud estadounidense se basa en un seguro de salud administrado por operadores privados. Lo que intentaba Obama era que el estado hiciera un aporte para que los ciudadanos de menores recursos tuvieran una cobertura razonable y no quedaran presos de la avidez empresarial o directamente sin cobertura. 

Una década antes se había levantado una polvareda parecida cuando Clinton pretendió cambiar las reglas de juego nixonianas. Si bien el Obamacare era mucho menos ambicioso que el Hillarycare, chocó con la resistencia de la oposición republicana y de muchos demócratas, y luego debió atravesar todas las instancias jurídicas, que lo fueron desgajando en el camino.  

En estos días se pudo percibir en qué consisten esas apetencias de las proveedoras de salud privadas. Osmel Martínez Azcue volvió a fines de febrero de China, donde había ido por cuestiones laborales. Tenía síntomas parecidos a los de una gripe y fue a hacerse la prueba del coronavirus al Hospital Jackson Memorial. Lo aislaron en una habitación especial donde lo atendieron enfermeras con trajes blancos protectores. Le dijeron que sería necesaria una tomografía computada para determinar si tenía el Covid-19, a lo que el hombre dijo que su plan de salud no cubriría ese test. Que le hicieran un análisis de sangre para determinar si no era una gripe común y en caso afirmativo le dieran el alta. Era gripe nomás.

A las dos semanas le llegó una cuenta de su compañía de seguros por 3270 dólares. Estallaron las redes cuando el Miami Herald publicó la noticia: «En EEUU cobran una fortuna por un test de coronavirus». El hospital se defendió. Solo debería pagar unos 1400 dólares desglosados entre 157 de dos análisis de sangre, 299 de uno de virus de gripe y un copago de 819 dólares. Del resto se haría cargo la aseguradora. Pero resulta que la compañía de seguro de salud alegó que tendría que revisar tres años de sus registros para determinar si la gripe era una condición preexistente del paciente.

Esa es la argucia de las empresas de evitar un pago, como bien ilustra Moore en su película y atestiguó Obama cuando finalmente firmó la ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA por sus siglas en inglés). Su madre había muerto de cáncer a los 52 años y, recordó ese 23 de marzo de 2010, que “hasta los últimos días de su vida tuvo que pasarlos peleando con las aseguradoras».

Dos preguntas alarmantes ¿cuántos casos reales hay de Covid-19 en EEUU, cuando muchos ciudadanos no pueden ni siquiera darse el lujo de internarse para un estudio, y una internación por neumonía puede costar hasta 20 mil dólares, promedio? ¿De qué modo, entonces, combatirán el contagio masivo?

Con esta crisis, salen también a la luz muchas de las deficiencias de un sistema privado y de los recortes presupuestarios que puso en marcha Trump.

El organismo encargado de hacer los análisis, la versión estadounidense de nuestro Instituto Malbrán, el Centro de Control de Enfermedades de EEUU (CDC por sus siglas en inglés) tiene laboratorios diseminados por todo el extenso país. Al principio tuvo gruesos errores de análisis hasta que pudo poner a punto el kit para el test del Covid-19 en todos sus laboratorios.

Los especialistas en este tipo de enfermedades contagiosas, con la experiencia de los brotes de SARS y MERS, estaban advirtiendo que el sistema estaría colapsado en algún momento. Y cuando hace un mes el gobierno lanzó su presupuesto para el año fiscal hubo renovadas alertas sobre nuevos tijeretazos al presupuesto de los CDC.

Entonces, cuando aun el coronavirus parecía algo lejano, Charles Pierce escribió en Esquire que la propuesta era algo así como un suicidio político. En medio de la pandemia, le preguntaron a Russ Vought, director de la Oficina de Administración del Presupuesto si tocarían algo de la propuesta original que planteaba reducir a la mitad los envíos de dinero del gobierno. “Si me preguntas si estoy enviando una enmienda al presupuesto, no.  No estoy enviando una enmienda al presupuesto”, indicó Vought

En una audiencia con el director de los CDC, Robert Redfield, el congresista republicano Tom Cole recordó sus palabras de hace tres años cuando se opuso a los primeros recortes de Trump: «Le aseguro que es mucho más probable que el presidente tenga que enfrentar una pandemia que un acto de terrorismo en su mandato». No se equivocaba.

Ese fervor por el ajuste en esa área se viene registrando desde la crisis de 2008, pero ahora es crítico. Y entre las últimas justificaciones de Trump para ir a por ese trozo de los egresos oficiales estaba que ese monto sumaba para la construcción del muro en la frontera con México.

Otro asunto que ahora preocupa a muchos es que esta pandemia encuentra al país enfrentado en una guerra comercial con China, que por otro lado detuvo gran parte de su producción por el coronavirus. Según investigaciones del Centro Hastings,de Garrison, en Nueva York, el 80% de los medicamentos consumidos en Estados Unidos se elabora en China.

«No son solo los ingredientes. También son los precursores químicos, los componentes químicos utilizados para fabricar los ingredientes activos. Dependemos de China para que los componentes químicos construyan una categoría completa de antibióticos conocidos como cefalosporinas. Se usan en los Estados Unidos miles de veces al día para personas con infecciones muy graves”, ejemplificó Rosemary Gibson, del Centro Hastings.

Como contrapartida, ya hay quienes miran hacia el gigante asiático con cierta simpatía. «Los estadounidenses no pueden encontrar desinfectante para manos a ningún precio pero el gobierno chino construyó nuevos hospitales en solo una semana». dice la escritora y activista social Margaret Kimberley.

Craig Roberts, que supo ser subsecretario del Tesoro en tiempos de Ronald Reagan, escribió estos días lo que podría ser considerado una herejía en alguien que fue editor del Wall Street Journal y acérrimo liberal. “Para la mayoría de los estadounidenses, la nacionalización es una mala palabra, pero tiene muchos beneficios. Por ejemplo, un sistema nacional de atención médica reduce los costos enormemente al sacar ganancias del sistema. Además, las compañías farmacéuticas nacionalizadas podrían centrarse más en la investigación y la cura que en las vías de ganancias. Todos saben cómo Big Pharma influye en las escuelas de medicina y en la práctica médica de acuerdo con el enfoque de Big Pharma. Un enfoque más abierto a la medicina sería beneficioso”.

Tiempo Argentino, 18 de Marzo de 2020

Informe de situación

Informe de situación

Un viejo mito dice que todo nuevo Gobierno goza de 100 días de luna de miel con la sociedad y los medios antes de recibir las primeras críticas a su gestión. En el caso de Alberto Fernández puede decirse que esos 100 días expiraron aún antes de que asumiera y que entre el discurso inaugural del 10 de diciembre y el de apertura de las sesiones del Congreso, el 1º de marzo, la oposición mostró que el nuevo inquilino de la Casa Rosada no las tendría fácil en un contexto por demás adverso.
Desde que se oficializó su candidatura presidencial, el exjefe de Gabinete de Néstor Kirchner planteó que un punto esencial de su agenda es terminar con la división y el enfrentamiento en la sociedad, eso que periodísticamente se definió como «grieta». De ahí su insistencia en presentar su plan de gobierno como un Nuevo Contrato de Ciudadanía Social sobre el que gire la administración de la cosa pública en los cuatro años que tiene por delante. Los sectores más duros de Juntos por el Cambio, con todo, no parecen dispuestos a hacerle fácil ese camino.
En ese contexto, Fernández habla claro acerca de la situación económica del país. «Esta primera etapa –dijo ante los legisladores– (la propuesta) consistió y aún consiste en detener la caída de argentinos en la pobreza, tranquilizar la economía, recuperar el trabajo y recomponer los ingresos de quienes menos tienen».
En un escenario donde los medios concentrados reflejan con asiduidad la posición de los bonistas en torno a la negociación de la deuda, llevar calma a las afiebradas aguas de los mercados parece una tarea ciclópea. Aun así, mientras se lleva adelante la renegociación de los pagos (ver Frentes abiertos) el mandatario eligió varios desafíos en estos primeros días, fundamentalmente tratar de encauzar la economía y reducir la pobreza. Es así que una de las figuras más requeridas en este tramo seguramente sea el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, quien comandó la entrega de tarjetas del plan alimentario para cuatro millones de personas y enfrenta la tragedia de la comunidad wichi de Salta, donde murieron 9 niños por desnutrición. Los medios parecen haber descubierto recién que esas poblaciones carecen de agua potable.


Entre sótanos y fugas
Para enfrentar una pobreza que trepó al 40% en la última gestión, además, Arroyo anunció la reactivación de la Comisión Nacional de Microcrédito (CONAMI) con la que aspira a otorgar créditos no bancarios destinados a la compra de insumos para producción, herramientas y maquinarias. De ese modo articularía un proyecto que, entre otros objetivos, propone vincular los planes sociales con el empleo formal. Otra iniciativa en esa área está dedicada a los jóvenes catalogados como Ni-Ni, que no trabajan ni estudian. Se trata de cerca de un millón de jóvenes que podrán acceder a un «esquema de empalme» por el cual quien cobra un plan y consigue trabajo pueda mantener ambos ingresos por seis meses, como una forma de ir estabilizando su situación personal.
Otro tema ineludible, en términos de institucionalidad democrática, es el de los cambios en el sistema judicial (ver Reforma en disputa). En esa línea, el Gobierno desclasificó testimonios y archivos de la causa AMIA y modificó la Ley de Inteligencia, prohibiendo que la AFI intervenga en investigaciones judiciales. Una cuestión ríspida en un área que en su mensaje Fernández englobó bajo el concepto de «sótanos de la democracia».
El presidente también anunció una investigación para conocer la ruta del dinero de la deuda externa. «Todos hemos visto impávidos cómo los dólares que deberían haber financiado el desarrollo productivo acabaron fugándose del sistema financiero», sostuvo en referencia a los créditos otorgados por el FMI al país durante el macrismo.
La generación de divisas y la productividad es uno de los ejes en los que Fernández suele hacer hincapié. En tal sentido, a su juicio, una herramienta fundamental para el crecimiento pasa por la educación y el fomento del área de ciencia y tecnología. Un rubro que quedó en la banquina durante la gestión macrista. «Somos un Gobierno de científicos y no de CEO», dijo el presidente, despertando respuestas de la oposición, pero también críticas de algunos sectores del oficialismo que le reprochan olvidar que para hacer política se necesitan políticos.
En la presentación de su agenda, el titular del Ejecutivo se dio tiempo para anunciar un plan de desarrollo hidrocarburífero y minero. La apuesta por Vaca Muerta choca con la inestabilidad mundial provocada por la epidemia de coronavirus, que hizo caer el precio del petróleo y los minerales. Otro problema que repercute fronteras adentro y con consecuencias no solo sanitarias.
En el sector especifico de la salud, el Gobierno anunció la presentación de un proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo para legalizar el aborto. Al mismo tiempo, Fernández propuso el Plan de los 1.000 días «para garantizar la atención y el cuidado integral de la vida y de la salud de la mujer embarazada y de sus hijos o hijas en los primeros años de vida».
Como ya se había visto el año pasado, el debate sobre una ley de aborto genera agrios enfrentamientos con la Iglesia Católica y un duro debate en la ciudadanía. Es difícil de prever cómo le irá a la propuesta en el Congreso Nacional. La diferencia sustancial con 2019 es que esa vez Mauricio Macri abrió el debate por recomendación de sus estrategas políticos, luego se declaró prescindente, para finalmente decir que estaba en contra. Ahora el compromiso presidencial es explícito. En aquella oportunidad la iniciativa pasó ajustadamente en Diputados pero naufragó en Senadores. Lo cierto es que no hubo un cambio muy grande en la composición ideológica de la Cámara Alta, al punto que el propio jefe de la bancada del oficialismo, José Mayans, adelantó que está en contra y que no acompañará la propuesta.
El Gobierno de Alberto Fernández enfrenta un complejo panorama internacional. A la distancia personal que mantiene con el presidente brasileño se agrega que desde el 1º de marzo del otro lado del Río de la Plata hay un Gobierno de derecha promercado, que la situación en Bolivia está comprometida y que para una negociación favorable por la deuda necesitará de la anuencia de la Casa Blanca.

Deuda social. La cantidad de pobres e indigentes supera el 40%. Las comunidades wichi de Salta atraviesan una situación extrema. (AFP/Dachary)

En este panorama, resulta bastante osada su postura en relación con Evo Morales, cuando desde los medios hegemónicos le sugieren sin reservas que lo expulse del país. Sin explicitar razones que no sean de pura conveniencia política, es decir, para mejorar el diálogo con Donald Trump, Fernández recalcó que su vocación es «fortalecer una integración regional y global que a su vez sea una integración social, productiva y democrática de nuestros países». Además, pasó bastante inadvertido, pero en su mensaje ante la Asamblea Legislativa el presidente dijo lo que para los sectores del periodismo y el análisis político más cercanos a la derecha puede ser calificado como irreverencia: «Hemos abierto nuevos canales de diálogo con potencias de América y Europa (y) estamos trabajando activamente en reafirmar nuestras asociaciones estratégicas integrales con China y Rusia».


Grietas y tensiones
Así como el macrismo creció políticamente al amparo de una fuerte tensión con el kirchnerismo, hay núcleos duros de la coalición que triunfó en octubre pasado a quienes el tono medido y pragmático de Alberto Fernández les deja sabor a poco.
Para la oposición, en tanto, mantener latente esa «grieta» es una manera de cauterizar fisuras y solidificar el frente que llevó al poder a Mauricio Macri en 2015. Así, los grupos más duros se abroquelan en las redes sociales y aprovechan los generosos micrófonos de los medios hegemónicos para plantear disidencias. Del otro lado, esos mismos medios enfatizan las diferencias de criterios entre fracciones de la coalición gobernante y buscan abrir una hendija entre Alberto y Cristina Fernández para de esta forma horadar al oficialismo.
La votación de la reforma en el sistema jubilatorio de jueces y diplomáticos, que pasó por Diputados con quorum ajustado, mostró cómo se aplican esas estrategias. El intenso debate parlamentario quedó relegado por la discusión acerca de la legitimidad o no de la presencia de Daniel Scioli en el recinto. El exgobernador bonaerense, designado embajador en Brasil, en ese momento aún no había renunciado a su banca ni asumido en el nuevo cargo.
La liberación de exfuncionarios kirchneristas encarcelados representa otro duelo mediático que repercute en la Casa Rosada, porque el presidente en cierto modo se niega a calificarlos de presos políticos.
Otra crítica de la oposición es que el Gobierno aún no tiene un plan económico, que –dicen– solo habla de generalidades. Según el diputado nacional Carlos Heller, «para muchos tener un plan es el plan del Fondo Monetario, lo que implicaría recortes en los gastos. Como ese no es el plan, dicen que no hay plan».
El lockout de las patronales del campo es un capítulo de esta disputa por la bitácora presidencial. Un primer análisis podría enmarcar a la medida en la estrategia de unificar a los propios entre las huestes macristas. Es cierto que muchos de los convocantes son dirigentes del PRO o movilizaron en favor de Macri. Pero también es necesario percibir que muchos de ellos tal vez ya no se sientan representados por el macrismo. Después de todo, el aumento de retenciones se inició en septiembre de 2018. Productores como el cordobés Alejandro Dalmasso, de la localidad de Altos Fierro, quien se puso al frente de los tractorazos en la provincia mediterránea y explicó su posición en algunos reportajes radiales: «El dinero de las retenciones, en los últimos años, se puso en manos de los políticos. Prueben dejar la plata en manos de quien la genera y no de los políticos que nos llevaron a este desastre económico». Un discurso más afín a José Luis Espert y sus huestes libertarias que al expresidente.

Revista Acción, segunda quincena de Marzo de 2020