Es difícil coincidir con Donald Trump. Sin embargo, esta vez habría que agradecer que pateó el tablero de Twitter.
El presidente de EE UU protestó la censura sobre dos posteos. En uno, Twitter adosó un cartelito alegando que podía ser “información engañosa” un mensaje de Trump que ponía en dudas el voto por correo. En el otro caso, caratuló como “glorificación de la violencia” un texto donde amenazaba con una respuesta feroz a las protestas en Minneapolis.
Trump, indignado, se quejó de que la red tiene “poder sin chequeo para censurar, restringir, amoldar, esconder, alterar virtualmente cualquier forma de comunicación” y firmó un decreto que propone revocar la sección 230 de la Ley de Decencia en Comunicaciones, que establece que las plataformas no son responsables sobre lo que publican los usuarios.
Si Twitter edita un mensaje deja de ser neutral, argumentó, entonces tiene responsabilidad en lo que se publica.
Twitter es una red social donde el odio, la mentira y la mala leche afloran en millones de usuarios de todo el mundo. También, el principal medio donde Trump expresa esos mismos sentimientos primarios al público.
Sucede que gran parte de la información disponible para ciudadanos inadvertidos corre por ese puñado de caracteres a veces explosivo. No estaría mal alguna forma de control sobre lo que se publica. No de gobiernos, pero tampoco de editores ignotos de una empresa privada, precisamente.
En resumen: Trump tiene razón, pero no con estas mismas razones.
Para el ex presidente del gobierno español José María Aznar, la culpa de las “colas del hambre” en los principales centros urbanos de la península es de las actuales autoridades. Nada que ver con el coronavirus, que causó cerca de un cuarto de millón de infectados y más de 27 mil muertos, según el dirigente derechista, sino las acciones que tomó la coalición de centroizquierda que está en La Moncloa desde enero pasado. Más aún, engloba a Pedro Sánchez, que ocupa el cargo desde junio de 2018 y se alió con Unidas-Podemos el año pasado. Para los millones de ciudadanos que día a día sólo pueden subsistir por la asistencia solidaria la realidad es otra.
Lo primero a decir es que en España hay un sistema de redes sociales que desde hace tiempo vienen haciendo el trabajo de sostener a los más vulnerables, entre los que hay una enorme mayoría de emigrantes, pero primero en 2008 y ahora con la pandemia, también muchos españoles descubren que si no fuera por ese tipo de redes, no tendrían qué comer.
En Barcelona, el uruguayo Fizgerald Morisini tiene un emprendimiento del rubro gastronómico con el que le iba bastante bien. Tanto como para no calificar a los planes de ayuda estatal ante el cierre de la economía. Ligado a los grupos latinoamericanos, junto a un argentino, Héctor Orellana, decidieron ayudar a los colectivos que integran. Se ligaron con redes ya existentes, como las peñas de los clubes en Cataluña -aunque parezca exótico, hay peñas de todos los clubes argentinos, incluso Argentinos Juniors, Talleres o Godoy Cruz- y consiguieron que la Cooperativa El Poblet les facilitara un lugar donde acopian donaciones de alimentos no perecederos.
“Hacemos una Feria de los Jueves. Ese día cerramos las donaciones que la gente viene a retirar los viernes. Se hace los jueves porque es el día que recibimos donaciones de Mercabarna, el mercado de abasto barcelonés, que nos entrega fruta y verdura”. La cifra de asistentes es variable pero ronda las 60 familias que si no fuera por la Movida Solidaria no tendrían qué llevarse a la boca. Hay, por supuesto, latinoamericanos, pero también de todas las nacionalidades.
En Madrid, Marta Curiel Tirado cuenta de otra movida, más grande, en el popular barrio de Lavapiés. Y que también salió del fútbol. “Un grupo de vecinos echamos una mano al club Los Dragones, donde se juntaban muchas personas en situaciones desesperantes”, explica a Tiempo. El club nació en 2014 como un proyecto de padres que no querían a sus chicos en la despiadada competencia que plantean para los infantiles los equipos de la liga española. Así nació Los Dragones, que cuenta con niños de 28 nacionalidades entres sus distintas categorías. Cuando los directivos hicieron un sondeo entre los padres para ver en qué situación los dejaba la cuarentena, vieron que era realmente complicada.
“Comenzamos a juntarnos desde varias redes para crear una plataforma desde la que conseguimos donaciones y las repartimos a unas 700 familias y otras 500 personas en situación de calle”, dice Marta. Unas 3000 personas cada día. Periodista radial, a una semana de haber ingresado en el grupo Mediapro, fue incluida en un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo, un mecanismo estatal para subsidiar el ingreso de trabajadores suspendidos por sus empresas).
Como dato anecdótico, el parate total en la economía dio tiempo a muchos para ocuparse de asistir a personas en situaciones extremas. Pero eso no se podría haber hecho sin redes de contención preexistentes al coronavirus. La plataforma Lavapiés Cuidando el Barrio (La Cuba) se construyó sobre la base de vecinas de esas callejuelas no tan lejanas del centro de la capital española, del Micro para el Sahara, del que participa Marta, al que sumaron al Teatro del Barrio.
“Era el espacio más grande podíamos disponer para garantizar medidas de seguridad e higiene en una emergencia sanitaria. Además de lo que significa ese proyecto para el barrio. A nivel político y social era perfecto para albergar esta iniciativa. Llamamos y a las 12 horas estábamos allí instalados”, relata. Luego se sumaría un restaurante donde cocinan para personas que no tienen residencia fija. “Como tuvieron que cerrar dijeron ‘joder, pues pa’ estar en casa, dadme alimentos y nos ponemos a cocinar’”. Entregan 150 platos diarios.
Sólo en Madrid se abrieron 37 despensas solidarias y se supone que junto a los bancos de alimentos y parroquias atienden a más de 2 millones de personas en todo el país. Las cifras de desocupados se acercarán este año al 20%, todavía lejos de la crisis de las hipotecas que dejo a cientos de miles en la calle, generó un 27% de desempleados y provocó fuertes manifestaciones en la Plaza del Sol en 2011.
De aquel recordado 15M (por el 15 de mayo) que alentó un giro en la política española, nacieron otras redes solidarias. Javier Rico está en una de ellas, a la que ahora bautizaron como Despensa Solidaria de Carabanchel, otro barrio madrileño, pero en extramuros. Venían atendiendo a no más de 20 familias vulnerables, pero “todo ha pegado un salto impresionante -cuenta- y ahora tenemos ya a 160 familias, esto es como 500 personas”.
Como en todos lados, los asistidos son de todas las nacionalidades que acudieron alguna vez a España como a una tabla de salvación. Latinoamericanos, de Europa del Este, del norte de África. Pero también españoles. “Los emigrantes tienen las peores viviendas, los peores trabajos y la mayor precariedad”, resume Javier.
Ingreso mínimo vital para todos
Cuando aún muchos españoles volverán a trabajar sin aún haber cobrado el Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE), el gobierno avanzó en una de sus medidas más discutidas por la derecha, como la creación de un ingreso mínimo vital.
«Hoy nace un nuevo derecho social en España», proclamó Pablo Iglesias, el vicepresidente del gobierno y líder del sector más identificado con la izquierda de la coalición de gobierno, Unidas-Podemos, tras aprobarse la medida en consejo de ministros. Esa renta mínima vital será de 462 euros al mes para a un adulto que viva solo. En caso de tener familia, se sumarán 139 euros al mes por cada persona adicional, adulto o niño, con un máximo de 1015 euros por hogar. La renta mínima será compatible con otros ingresos bajos, en cuyo caso funcionará como un complemento hasta alcanzar ese piso salarial.
De esa manera se espera atender a 850 mil hogares en los que viven 2,3 millones de personas, un 30% de las cuales son menores. En el mes entrante, informaron en La Moncloa, unas 100 mil familias se beneficiarán de la medida.
Nissan cierra sus plantas en Barcelona
La excusa formal de la automotriz japonesa Nissan fue la huelga de trabajadores de sus plantas de Barcelona. Sin embargo, la medida de fuerza, declarada el 4 de mayo pasado en pleno confinamiento, tenía que ver con la incertidumbre sobre el futuro de la fábrica en España. Y este viernes la noticia confirmó las peores expectativas: la firma informó al gobierno que dejará de elaborar sus productos en ese país, con lo que 3200 personas quedan literalmente en la calle y se perderán otros 25 mil empleos indirectos. El gobierno central propuso la creación de un grupo de trabajo para «estudiar escenarios alternativos que garanticen la continuidad de la actividad industrial», pero todo apunta a que la decisión de Nissan ya está tomada.
George Floyd tenía 46 años, era amigo muy cercano del ex basquetbolista Stephen Jackson, que brilló en el San Antonio Spurs y el Indiana Pacers entre el 2002 y el 2006. Eran como gemelos, relató en un video dramático que difundió en su red de Instagram. (Ver acá).
La historia de estos amigos, que se criaron juntos en el barrio pobre de Cuney Homes, en Houston, Texas, es la del hermano exitoso que triunfa en el deporte favorito y la del que lo sigue a todos lados, pero luchando contra un destino adverso.
«Cualquiera de allí sabe que eras mi hermano. No muchos salieron, pero mi gemelo estaba feliz por haberlo hecho. Voy a seguir haciéndote sentir orgulloso. Me enoja tanto que después de todas las cosas por las que pasaste cuando llegaste a tu mejor versión te saquen así… Descansa Easy Twin», le dice, entre lágrimas.
Floyd, un hombretón muy parecido físicamente a LeBron James, el ídolo de Los Ángeles Lakers, fue detenido por policías de Minneapolis, en el estado norteño de Minnesotta, bajo cargos de falsificación. Un video que circuló por las redes muestra el momento en que uno de los agentes lo tiene con la rodilla sobre su cuello, contra el piso, junto al patrullero.
Floyd gritaba, desesperado, “no puedo respirar, por favor”, mientras el agente se hacía el distraído al tiempo que se iba juntando gente alrededor. “No está respirando, comprueba el pulso, levanta tu rodilla” se oye gritar a alguien, entre los gemidos de Floyd. “Calma”, le pide el policía agresor, mientras un compañero trata de impedir que los transeúntes se acerquen a la escena.
“Ya no respira, ya no se mueve”, comprueba uno de los testigos, quizás el que filmó todo en un celular y que ahora es una prueba incontrastable le de brutalidad policial contra un ciudadano afrodescendiente.
Floyd murió en el hospital, donde fue traslado por una ambulancia que finalmente llegó al lugar. El primer informe oficial decía que Floyd parecía ebrio o drogado y que se había resistido a la orden de captura tras la denuncia de que había intentado comprar en un supermercado con un billete de 20 dólares falso.
El oficial a cargo del operativo señaló que se había dado cuenta de que el hombre estaba en problemas, que por eso llamó a la ambulancia. Pero en ningún momento se lo ve levantar la rodilla para que Floyd pudiera respirar.
El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, informó que los cuatro uniformados a cargo del operativo habían sido despedidos. “Ser negro en Estados Unidos no debería ser una condena a muerte», declaró en una conferencia de prensa. Pero a esta altura el caso había levantado críticas furiosas de la comunidad negra de Estados Unidos.
La familia de Floyd, asistida por el abogado Benjamin Crump denunció el uso “abusivo, excesivo e inhumano de la fuerza”. La ACLU, la ONG más conocida de EEUU en defensa de los derechos civiles, coincidió en denunciar la “violencia policial injustificada”.
Los continuos ataques policiales contra ciudadanos negros por fuerzas policiales es una constante en ese país. El abogado Crump, precisamente, también interviene en el caso del asesinato de Ahmaud Arbery, en Georgia, en febrero pasado.
Muchos salieron a cuestionar las actitudes y el discurso racista del presidente Donald Trump como el “huevo de esta serpiente” xenófoba que va creciendo en Estados Unidos. Alguien descubrió la imagen de una persona que se parece mucho al policía en un acto de Trump con un cartelito que decía «Haz que los blancos sean grandes de nuevo»
Es así que LeBron James hizo un paralelo en su red Instagram entre la rodilla en tierra del futbolista Colin Kaepernik, sancionado por “no respetar” el himno nacional, y la del agente de Minneapolis sobre Floyd.(Ver acá)
«Esto (la protesta de Kapernik) es por esto (la dramática foto de Lloyd bajo la bota policial)», escribió James. «¿Entiendes ahora? ¿O todavía te queda borroso? “, agregó la estrella de la NBA.
El mismo James posteó una foto suya con una remera que decía “I can´t breathe”, «no puedo respirar». Pero esa hacía alusión a otro caso, de 2014, cuando otro negro, Eric Garner era arrestado en Nueva York. Garner también murió por asfixia en manos de la policía.
Ahora, una multitud salió a las calles en Minneapolis para reclamar justicia, al grito de “No puedo respirar”. La marcha empezó la esquina donde atacaron a Floyd y terminó frente a la comisaría, donde efectivos policiales lanzaron gases y pelotas de goma a los manifestantes.
Este choque también sirvió para puntualizar el doble estándar en las fuerzas policiales estadounidenses. Unos días antes, otra multitud, pero armada, se plantó frente al edificio de la gobernación de Michigan para protestar contra la cuarentena decretada por la gobernadora Gretchen Whitmer. No hubo ningún tipo de represalia, y eso que estaban claramente violando una medida decretada por las autoridades.
Mientras el gobierno venezolano celebraba la llegada del primer buque petrolero proveniente de Irán para abastecer de combustible al país bolivariano, un tribunal de Delaware, el paraíso fiscal estadounidense, aprobó la venta de Citgo Petroleum, la filial de PDVSA en ese país, una medida confiscatoria destinada a asfixiar aún más al gobierno de Nicolás Maduro. Durante todo el fin de semana la tensión en el Caribe estuvo al máximo nivel luego de las amenazas del presidente Donald Trump de no permitir el ingreso de los buques enviados por Teherán para paliar la grave situación que vive Venezuela a raíz del bloqueo estadounidense.(Ver acá)
Trump incluso había advertido que “algo” iba a suceder estos días en relación con el país caribeño. Pero o la amenaza tenía que ver con la decisión de la corte de Delaware o el Pentágono no quiso saber nada con atacar a los petroleros, que además fueron escoltados cuando ingresaron en aguas jurisdiccionales por aviones caza Sukhoi de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
El buque Fortune y el Forest ingresaron el sábado de madrugada mientras se espera la llagada del convoy restante, integrado por por tanqueros Petunia, Faxon y Clavel. «Vamos a continuar escoltando por aire y por mar a todos los buques», dijo el jefe del Comando Estratégico Operacional de la FANB, almirante Remigio Ceballos. La flota transporta unos 1,5 millones de barriles de gasolina, el equivalente de más de un mes de consumo de Venezuela en estos tiempos de pandemia.
(Foto: Xinhua)
Precisamente la falta de combustible por el bloqueo al que EEUU somete a Venezuela incrementa el peligro de no poder responder ante la emergencia sanitaria. El estrangulamiento del país forma parte de la estrategia de guerra puesta en marcha por la Casa Blanca, ya desde tiempos de Barack Obama en el poder.
Pero con el empresario inmobiliario en el Salón Oval, la seguidilla de gobiernos de derecha latinoamericanos se sumó sumisa a la ofensiva sobre el gobierno de Maduro. Salvo México tras la llegada de Andres Manuel Lobez Obrador y de la Argentina con Alberto Fernández, que mantienen el compromiso de impulsar negociaciones pacíficas y rechazan una incursión armada como planifican tanto Trump como el colombiano Ivan Duque y el brasileño Jaiur Bolsonaro.
Los venezolanos se mantienen, a pesar de la adversidad, dentro de la legalidad bolivariana e incluso muchos antichavistas ahora reniegan del diputado Juan Guaidó, autoproclamado presidente interino, porque con su apoyo a las sanciones y el bloqueo no hace sino agravar la situación de los residentes.
Organizaciones como Human Right Watch y la Universidad Johns´s Hopkins -que anota cada día las cifras de víctimas de coronavirus en el mundo- lanzaron el aviso de que los números que muestra el gobierno no pueden ser ciertos. Los datos oficiales hablan de 1.180 contagiados y 10 muertos. Para HRW y JHU los muertos deberían ser al menos 30.000, aunque no hay certeza de cómo hacen el conteo.
No aceptan la información oficial porque entienden que no pueden ser ciertas en el marco del bloqueo que promueve EEUU, al que sin embargo no denuncian. Los gobiernos más aguerridamente antichavistas, Brasil y Colombia, tienen 375.000 contagiados y 24.000 muertos en el primer caso y 22.000 enfermos y 750 víctimas fatales en el segundo, según los datos oficiales de cada administración.
El caso es que si Venezuela puede tener un respiro tras la llegada del combustible iraní, la ofensiva sobre Caracas prosigue en los despachos judiciales. El gobierno denunció como acto de «piratería moderna» el fallo que aprobó la venta de Citgo. El ataque a la petrolera estatal, principal fuente de ingreso de Venezuela, comenzó hace un par de años.
Un cable de la agencia rusa Sputnik informa que la Contraloría General de Venezuela denunciará ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) el remate de la petrolera estatal, una acción que cuenta con la anuencia de Guaidó, quien para los países que impulsan el cambio de régimen en Venezuela es el que debe administrar esos activos.
«Vemos cómo el señor Juan Guaidó en combinación con el Gobierno de Donald Trump remata bienes del Estado venezolano de la empresa Citgo Petroleum perteneciente al pueblo de Venezuela y PDVSA (…) La Contraloría General de la República hace esta denuncia y la elevará a la ONU en Viena, a fin de que se considere en la próxima convención internacional para alertar a los países del mundo», expresó el contralor Elvis Amoroso.
La Fiscalía General del país, en esa misma línea, pidió al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) declarar como «organización terrorista» al partido político Voluntad Popular, al que pertenece Guaidó, al que se acusa de haber organizado la incursión mercenaria de principios de mayo desde Colombia. (Ver acá)
La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, denunció también a Guaidó. «Pretende robarse el oro que tiene Venezuela en Inglaterra. Pensaban hacer acá lo mismo que en Libia si hubiese sido exitosa la incursión del 3 de mayo», indicó Rodríguez al canal estatal Venezolana de Televisión.
Caracas presentó una demanda ante tribunales ingleses ante la negativa del Banco de Inglaterra de devolver las reservas depositadas por el Banco Central de su país. Se trata de más de 1.200 millones de dólares en lingotes de oro que depositados durante la presidencia de Hugo Chávez y que forman parte de las reservas del Banco Central de Venezuela (BCV), aclara un exdespacho de Sputnik.
Dicen que las crisis son oportunidades, una frase remanida como cualquier otra en tiempos de incertidumbre. Y el Covid-19 da para analizar los cambios que se avizoran para cuando la pandemia sea un mal recuerdo de 2020. Porque sin dudas una de las consecuencias del paso del coronavirus serán los cambios a nivel social que se están instaurando en todo el mundo. Desde la popularización del trabajo virtual hasta los sistemas de distribución de mercancías: muchas de las actividades que por tradición se hacían cara a cara quizás ya no vuelvan. Y más allá del debate sobre el rol que les cabe a los estados en el futuro, otro nivel de discusión pasa por el rumbo que tomará la globalización.
Es cierto que desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y la votación del Brexit en el Reino Unido, el proceso de integración mundial estaba herido de muerte. Pero el cierre de fronteras en la abrumadora mayoría de los países del mundo para evitar la transmisión del virus es quizás el clavo que le faltaba al ataúd de ese proceso que en los últimos 30 años fue la utopía del sistema capitalista internacionalizado.
Hoy día, sostiene el politólogo Atilio Borón, “lo único que está circulando frenéticamente son los capitales especulativos”. La circulación de personas, según destaca el investigador del Conicet, cayó a tal nivel que en el aeropuerto londinense de Heathrow, uno de los más transitados del mundo occidental, se mueve apenas el 3% del tráfico habitual. Los aviones están parados en los hangares y las aerolíneas, de acuerdo a datos de IATA, el organismo que regula la navegación aérea, podrán perder hasta 314 mil millones de dólares este año.
Paola Zuban, analista política, señala algo que parece obvio, “la globalización no es buena ni mala per se”. Pero viene a cuento, porque hasta el triunfo de Trump, el mundo avanzaba hacia la firma de tratados comerciales que desde muchos sectores políticos eran vistos con desconfianza porque se entendía que solo beneficiaban a las corporaciones económicas.
Una de cal y otra de arena. Por un lado, la globalización “la que facilitó la velocidad de la propagación del virus en un mundo cada vez más conectado”, según destacó Zuban. Pero al mismo tiempo “permite vincular, compartir y mejorar experiencias que se están realizando en todo el mundo en torno a la prevención, tratamiento y desarrollo de investigaciones científicas para encontrar la cura”.
Sin embargo, esa interconexión mundiales percibida en algunos lugares como un peligro para la soberanía de países que incluso se muestran como “globalizadores”. Es el caso de Alemania, desde donde el doctor en comunicación política argentino Franco Delle Donne cuenta que el gobierno “está pensando en que determinados recursos estratégicos no se deben traer desde China”. Es que, en tiempos de crisis sanitaria, surge el riesgo de no poder contar en tiempo y forma con los insumos o medicamentos necesarios. La dependencia de Asia representa un problema no solo de eficiencia sino en torno a disputas comerciales más duras de las que aparecieron entre Washington y Beijing.
China fue creciendo desde la apertura económica, en 1979, gracias a inversiones y tecnología de empresas occidentales. Se convirtió en el taller del mundo y la potencia de su economía fue clave en 2008 para evitar un colapso total de la economía planetaria. Pero ahora su propia dinámica se ralentizó por el Covid-19, nacido en el corazón industrial del país, y los organismos internacionales calculan que no tendrá un crecimiento mayor al 1% durante 2020. Puede sonar a poco en términos históricos, pero con viento a favor, el PBI del resto de los países caerá entre un 5 y un 9 por ciento.
Para colmo, la guerra comercial desatada por Trump y ahora potenciada por el “descubrimiento” europeo de que depende de la locomotora asiática, hace prever nuevos rumbos estratégicos.
Borón cree que la idea de reglobalizar el mundo es ilusoria. “Vamos hacia economías más cerradas. La actividad se abrirá con criterios muy proteccionistas, tanto en EE UU como en Europa”. Lo que sí podría ocurrir, aventura el autor de América Latina en la geopolítica del Imperialismo, es que en la post pandemia “se produzcan muy severos mecanismos de control a la circulación de los capitales e inclusive que haya una ofensiva sobre los paraísos fiscales”. No porque prosperen mandatarios socialistas, como temen los voceros libertarios, sino más pragmáticamente “porque todos los gobiernos van a necesitar mucho dinero”.
En cuanto a la región, al tiempo que Trump pateó el tablero de los tratados que en la era Obama se venían concretando -como el TTP con los países de la cuenca del Pacífico o el TTIP con Europa-con la llegada de Mauricio Macri al poder en Argentina comenzaron a diluirse diversos mecanismos de integración latinoamericana: Mercosur es menos un sistema de salvaguardas de los mercados locales, pero Unasur fue desarticulada, cuando podría haber cumplido un papel sustancial en el combate coordinado del coronavirus.
Della Donne acota otro detalle. La Unión Europea tiene espaldas como para encarar un proceso de sustitución de insumos del Oriente. Poder construir cadenas de producción con mayor soberanía estratégica es un tema crucial para los gobiernos de esta parte del mundo. Pero no solo la falta de capitales y tecnología puede ser un impedimento. También lo es la falta de acuerdos políticos. La integración, que era la manera razonable de ingresar en un mundo globalizado, quedó con respiradores artificiales mucho antes de la pandemia y de que la globalización misma estuviera al borde de la muerte.
ECONOMÍA
21% de los viajes transpacíficos de contenedores fueron cancelados en mayo, según The Economist.
TRABAJO
39 millones de desocupados habrá en los EE UU luego de que pase el coronavirus. Más del 10% de la población.
Crece la tensión en el Caribe ante el avance de buques petroleros iraníes para proveer de combustible a Venezuela, que padece las consecuencias del bloqueo estadounidense. El ministro iraní de Defensa, Amir Hatami, advirtió que responderá cualquier ataque a las naves: «Irán no tolerará los obstáculos. Tanto Estados Unidos, como otros países, saben que no dudaremos. Si los obstáculos continúan o se incrementan, la respuesta de Irán será contundente», indicó Hatami.
Cuando se cumplen dos años de la última elección presidencial, y mientras el canciller Jorge Arreaza recordó la fecha aludiendo a que ese día fracasó el golpe de Estados Unidos contra Venezuela, al desconocer las instituciones y la reelección del presidente Nicolás Maduro, la oposición venezolana se encuentra en un atolladero en su intentona destituyente.
Es que la estrategia del Departamento de Estado se choca con la realidad de que el supuesto líder antichavista, al que varios países del mundo reconocen como “presidente interino”, cada día aparece más complicado en sus propias contradicciones, cuando no su impericia y hasta sus acciones que implican a su sector en actos de corrupción.
Otros sectores de la oposición, que le cuestionan a Juan Guaidó esos traspiés y algunos de ellos que incluso participaron de las últimas elecciones, que hace justo dos años consagraron a Maduro para un nuevo mandato presidencial, muestran cada día más enfrentados por las consecuencias que padece la sociedad ante las sanciones contra el gobierno en medio de la pandemia.
Es el caso de Henri Falcon, un exchavista que al frente de la Avanzada Progresista alcanzó poco más de 20 % de votos el 20 de mayo de 2018, quien en su cuenta de Twitter suele condenar al oficialismo, pero mucho más a quienes buscan el apoyo externo para voltear al gobierno apelando a medidas que hacen padecer lo indecible a la población. Esa vez, la oposición más acérrima no participó del comicio.
Dos referentes de ese espacio, Jorge Mirabal y Bruno Gallo, del MAS el primero y de Avanzada Progresista el segundo, señalaron al analista Lois Pérez Leira sus puntos de vista sobre este particular momento.
Mirabal, secretario de asuntos internacionales del MAS, integrante también de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina (COPPPAL), recordó que desde 2002, luego del golpe contra Hugo Chávez, se estableció un diálogo entre los distintos sectores de Venezuela para llevar adelante una convivencia democrática.
“Más recientemente, en febrero del año 2014, durante los disturbios de ese año, se crea la Conferencia Nacional por la Paz, con participación del Gobierno, oposición y sectores de la sociedad civil. En abril se celebra la Primera Mesa de Diálogo con la mediación de los cancilleres de Unasur: por Colombia, María Ángela Holguín, por Ecuador, Ricardo Patiño y por Brasil, Luis Alberto Figueiredo. En 2017, en medio de fuertes tensiones y disturbios, se inician conversaciones de la mano de (El ex jefe de gobierno español) José Luis Rodríguez Zapatero, que luego prosiguen con la presencia del Vaticano y se retoman en República Dominicana, pero finalmente no hay acuerdo entre las partes. En enero de 2019, México y Uruguay hacen un llamado al dialogo, al igual que lo hacen Antonio Gutiérrez, Secretario General de la ONU y el Papa Francisco”
En todos esos casos, detalla el dirigente, los dirigentes más radicalizados no aceptaron firmar ningún acuerdo. Si lo han hecho de grupos como Cambiemos (de Venezuela) Soluciones, Esperanza para el Cambio (que en 2018 obtuvo 10% de votos) y Avanzada Progresista. “Hemos firmado acuerdos parciales sobre liberación de presos políticos, regularización de la situación de organizaciones políticas puestas al margen de la legalidad, sobre formas de atenuar el impacto de las sanciones económicas”, indica Gallo, de la alianza de Falcon. La pandemia interrumpió nuevas conversaciones.
Un punto clave es el rol que cumple el autoproclamado líder de la oposición en este juego político.
-¿Alguna de las Fuerzas que participan del diálogo reconocen a Guaidó como Presidente?
-No, la característica fundamental de quienes nos hemos sentado con el Gobierno es el reconocimiento de la complejidad de la situación de Venezuela. Que no se resuelve sustituyendo y simplificando la realidad por deseos y aspiraciones nacionalistas.
-¿Están de acuerdo con la política de embargo contra Venezuela de los EEUU?
-Ningún intento por imponer los intereses de potencias internacionales es aceptable… Ni rusos, ni chinos, ni norteamericanos pueden tomar decisiones o incidir torciendo el brazo a los intereses nacionales. La salida a nuestro conflicto la deben decidir los venezolanos- fueron las respuestas de Gallo.
Mirabal, a su turno, señaló que “la decisión del gobierno de Estados Unidos de bloqueo petrolero y financiero no es el mecanismo para dirimir las diferencias entre los dos países. Son acciones que se colocan al margen del derecho internacional, perjudican al conjunto de la sociedad venezolana y afectan fuertemente a la población al empeorar sus condiciones de vida”.
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