por Alberto López Girondo | Feb 25, 2015 | Sin categoría
Cuando Mauricio Rabuffetti nació, en 1975, José Pepe Mujica hacía tres años que había caído preso por última vez y le faltaban nueve para recuperar la libertad. Ahora, este periodista uruguayo, editor de Economía de la agencia AFP para América Latina y colaborador del diario The New York Times, cruzó el charco para hablar de su libro La revolución tranquila, un perfil biográfico del mandatario que el domingo deja la presidencia de Uruguay con un índice de popularidad envidiable dentro de su país y una imagen de sabio filósofo en el exterior.
–¿Por qué hacer este libro justo ahora?
–Hay muchas cosas que explicar sobre Mujica, no sólo para los uruguayos sino para afuera. Es un ejercicio de reconstrucción de su vida política y un análisis de cómo habiéndose iniciado como militante político en las calles y después como guerrillero termina siendo una figura política de alcance planetario.
–Afuera causa sensación.
–Afuera no sólo es un político, es como un viejito sabio. Pero en Uruguay es muy criticada su gestión de gobierno, porque hay mucha gente que no le perdona su pasado, que nunca apoyó la guerrilla o que estuvieron en contra de la guerrilla y no pueden entender por qué a Mujica le va tan bien fuera del Uruguay. A toda esa gente hay que explicarle por qué le va tan bien afuera, este es el planteo del libro, explicar el recorrido de esta persona. Explicarles quién es el ser humano, quién es el dirigente político, cómo se forjó, y de paso me permití hacer un pequeño retrato de mi país.
–Decía que hay gente que no entiende por qué le va tan bien en el exterior. ¿Cómo le va en el Uruguay?
–Depende de cómo se lo mire. En las últimas elecciones le fue bien, tiene la mayor bancada en el Legislativo y un índice de aprobación de un 54 por ciento. Pero en cualquier país a un presidente se le piden ciertas cosas que van mucho más allá de lo que se le puede pedir de afuera. El balance que yo hago en el libro muestra diferentes aspectos. Están por un lado las cosas hechas y por el otro las cosas que quedaron por el camino, como la reforma educativa y la reforma del Estado. Pero sucede que muchos uruguayos que no le tenían demasiada fe vieron crecer la figura de Mujica afuera y entendieron que algo estaba pasando.
–¿Qué estaba pasando?
–Uruguay aparecía en todos lados y ya no sólo por (Diego) Forlan o por (Luis) Suárez). Aparecía en todos lados porque tenía un presidente austero, que además en determinados momentos empezó a tomar decisiones fuertes.
–¿Cómo cuáles?
–La lista empieza por la liberalización del cultivo de cannabis. Es una decisión inédita que el Estado sea garante de la producción, distribución y consumo del cannabis, en el mundo eso no existe. En el mismo paquete salieron otras leyes como las que amparan derechos individuales como el derecho al aborto y el matrimonio igualitario. La de cannabis se hace con el 64% de la población en contra, lo cual marca un coraje político muy importante. Luego, la llegada de los presos de la prisión de Guantánamo no solamente es un mensaje político fuerte, también amalgama la relación de Uruguay con Estados Unidos de una manera en que pocas otras decisiones podrían haberlo hecho. Por lo menos, con la administración de Barak Obama.
–¿Por qué cree que es visto afuera como una especie de santo?
–Hay una crisis sistémica de valores en Europa, en Estados Unidos, producto de la crisis económica, y la gente se comienza a preguntar para dónde vamos. Y en el medio de todo esto aparece un presidente que habla así y vive así. En Estados Unidos es muy llamativo, porque es una sociedad muy consumista. Pero hay un montón de gente que está buscando alguna referencia en alguna parte. Y ante los ojos de los indignados de España, o de Ocuppy Wall Street, este viejito sabio se convierte en un referente. Que además cuando habla tiene el respaldo de que vive como dice, eso claramente lo legitima. Obviamente él después aprovecha eso para posicionar al Uruguay.
–¿Hay contradicciones en su discurso?
–Bueno, él hace hincapié en la sostenibilidad ambiental. No te habla de ecología, ni de contaminación, te habla de una forma de vida que lleva a esta crisis que en el fondo, dice él, es política. Pero al mismo tiempo te promueve a más no poder un proyecto como el de Aratiri, de minería a cielo abierto que va a destruir 14.500 hectáreas en un país así de chiquito y que va a dejar esas hectáreas totalmente irrecuperables. La contradicción en este caso tiene que ver con que él prioriza el uso de los recursos y la generación del trabajo al cuidado total y completo del medio ambiente.
–¿Él es consciente de eso?
–Por lo menos en las declaraciones es consciente. Como cualquier político lo que dice es «bueno, pensemos en el futuro”, mientras que el mensaje del gobierno es «vamos a hacer todos los estudios de impacto ambiental», pero los uruguayos todavía no conocemos ni siquiera las cláusulas del contrato. Más allá de eso, está bueno que aparezca un líder político que dice: «Muchachos, no consuman tanto, no hace falta cambiar el celular todos los años y el auto todos los años.»
–¿Es una pose o es genuino?
–Cuando vos vas a su casa ves que es una casa sencilla, una casa que podría tener cualquier persona.
–¿Por eso es el presidente más pobre del mundo?
–Ese es un título que puso un periodista europeo. Pero él no dice que sea pobre. Yo publiqué su declaración jurada de bienes y tiene un patrimonio de algo más de 300 mil dólares. Eso no te hace pobre ni en Uruguay ni en ningún otro país. Ahora, como dice él, es un hombre sobrio, un hombre austero. Que vive como vivían nuestros abuelos, porque no le interesa lo material. El tiene dos Fuscas (Escarabajos VW) y una (moto) Vespa que se la prestó a un vecino. Durante la crisis hizo que mucha gente que estaba en la lona se instalara en su chacra. Realmente cree en eso, como cree en el cooperativismo, en el trabajo conjunto de los planes de vivienda por la ayuda mutua. En ese sentido, yo creo que es un hombre genuino.
–¿Qué le va a dejar Mujica a Uruguay cuando deje el gobierno?
–Hablando en términos de legado, creo que él reposiciona a Uruguay como un país tolerante, un país abierto, un país de avanzada jurídica. Creo que hay mucha gente que va a entender esto alguna vez, y creo que otra gente nunca lo va a entender. Sin embargo, yo volví a Uruguay luego de estar trabajando en el exterior por cinco años y me encontré con una parte de la sociedad uruguaya realmente enferma de consumismo. Eso es algo que atraviesa todos los estratos sociales, todos los niveles socioeconómicos. Y pasa durante la gestión del presidente más austero del planeta.
Tiempo Argentino
Febrero 25 de 2015
por Alberto López Girondo | Feb 21, 2015 | Sin categoría
En un contexto regional altamente complejo, no viene mal una mirada geopolítica de lo que ocurre en el sur del continente, desde Venezuela, pasando por Brasil y Argentina. «Estamos viviendo un cambio de época», dice Miguel Ángel Barrios, doctor en Educación, en Ciencias Políticas, asesor del Centro de de Estudios Estratégicos para la Defensa, con una serie innumerable de artículos sobre el tema y cursos dictados para fuerzas armadas de varios países latinoamericanos. Barrios escribió uno de los capítulos de Geopolítica y estrategia suramericana, un «insumo estratégico» editado por la Universidad de las Fuerzas Armadas ecuatorianas, e impulsado por Rafael Correa.
«A nivel general podemos destacar tres o cuatro ejes –abunda Barrios– el epicentro político del mundo se ha desplazado hacia el Pacífico; en segundo lugar la crisis del petróleo como generador y motor de una economía-casino mundial; en tercer lugar: el declive relativo de los Estados Unidos y la emergencia de nuevos poderes continentales que generan un mundo multipolar y en cuarto lugar: la gran posibilidad de América Latina de a través del Mercosur, de la Unasur, y de la CELAC de materializar la Patria Grande por la cual lucharon nuestros libertadores».
–¿Cuáles deberían ser las hipótesis de conflicto en el marco de la Unasur?
–En principio hay una Escuela de Defensa que todavía está en etapa de elaboración de programas. A eso apunta el libro. Lo concreto es la guerra por los recursos: tenemos que generar hipótesis de confluencia. Estados Unidos viene avanzando y muy fuertemente con el apoyo de Canadá, inclusive de México, en querer policializar a las fuerzas armadas para crear una conjunción entre Defensa Nacional y Seguridad Interior. Hoy el peligro es a categorizar a cada uno de nuestros países como «estados fallidos»; áreas sin gobierno, áreas afectadas por catástrofes naturales para instalarse allí a través de misiones humanitarias o de ONG, para ir realizando lo que siempre ha hecho Estados Unidos, dividir para reinar. Porque ellos necesitan tranquilidad en el «patio trasero» para apostar todas sus fuerzas en Eurasia, donde se juega el poder mundial en la lógica de ellos.
–¿Cómo entra en este análisis la reanudación de relaciones de Estados Unidos con Cuba?
–Yo pienso que es un punto de inflexión. (Barack) Obama ve que no hay otra posibilidad que ante la presión interna y el lobby externo del empresariado norteamericano negociar con Cuba para levantar el bloqueo. Cuba está ante una gran oportunidad histórica de volver a Martí. Eso implica la latinoamericanización de Cuba. Ya hemos visto que Cuba ha presidido la CELAC, está participando activamente en las negociaciones de paz con las FARC. Es decir que Cuba, luego de la caída de la Unión Soviética y tras la muerte de Hugo Chávez, tiene la posibilidad de reinsertarse como siempre lo fue en la Patria Grande, siendo éste un hecho paradigmático de la nueva política internacional. Esto a Cuba y exige a los latinoamericanos a un reencuentro histórico, por eso la figura de Martí cobra una gran importancia. Porque Martí ha sido el último libertador de América Latina y el primero que anuncia la emergencia del poder norteamericano en 1895.
–Usted dio cursos en Venezuela para miembros de las Fuerzas Armadas. ¿Cómo ve la situación allá?
–La situación es preocupante porque Venezuela es la frontera real con Estados Unidos. Venezuela tiene una particularidad geopolítica única: es latinoamericana, es sudamericana y es caribeña simultáneamente. Y el que descubrió eso fue Chávez. Hay un saboteo permanente a través de los paramilitares vinculados a Uribe y de los grupos económicos vinculados a los Estados Unidos contra el gobierno. Es una provocación activa, lo que se está tratando de realizar en Venezuela es un golpe blando, para ir luego contra Brasil y contra el Río de la Plata. La muerte de Chávez produjo gran vacío, pero al mismo tiempo hay que destacar la unidad entre Fuerzas Armadas y pueblo a través de algo que acá todavía nos cuesta entender, pero que en Venezuela es cotidiano como es el concepto de la Defensa Integral. Hay cinco componentes: el Ejército, la Fuerza Aérea, la Armada, la Guardia Nacional –que vendría a ser la Gendarmería– y las Milicias Populares. Por supuesto que se vive una crisis económica que no podemos dejar de reconocer y hay un problema de formación de precios de los grandes monopolios, pero al mismo tiempo decir que Venezuela se está cayendo a pedazos es una difamación tremenda.
–El gobierno de Dilma Rousseff en Brasil está sufriendo embates mediáticos y judiciales.
–El resultado de la segunda vuelta mostró que en Brasil todavía hay fuerzas que históricamente no están compenetrados con la visión de integración. Si ganaba la oposición, el Mercosur quedaba destruido. Llama poderosamente la atención que una vez que ganó Dilma, de un hecho de corrupción que pudo haber existido en Petrobras hacen un problema de política mundial. Evidentemente es un ataque sincronizado que está habiendo contra América Latina en el cual no es ajeno también el gobierno argentino, independientemente de que hay que diferenciar la causa AMIA y la muerte de Nisman de la cual, por supuesto, todos nuestros dolores y condolencias. Pero evidentemente, como está comprobado a través de Wikileaks, Nisman respondía a las directivas de la Embajada de los EE UU, entonces todo aparece como un movimiento sincronizado de ataque hacia América Latina del que estar muy atento, que empezó en Venezuela. Tiene que ver con la doctrina del general Gene Sharp, quien ha escrito un libro sobre cómo ir generando procesos de desestabilización a partir de generar incredulidad en el sistema político, saboteando el sistema político, no a través de los golpes de Estado clásicos sino de lo que se llama «golpe blando». Hay un movimiento sincronizado del imperio. Lo dijo John Kerry el año pasado en la comisión de relaciones exteriores de la Cámara de Senadores: «América Latina debe ser el patio trasero nuevamente de los Estados Unidos». No se debe escapar nuevamente como ocurrió con los procesos de integración de Unasur.
–¿Cómo se implementaría ese proyecto?
–El 6 de febrero pasado la Casa Blanca presentó su Segunda Estrategia de Seguridad Nacional (ESN). Algo menos de cinco años después de su Primera ESN, y con dos años más de presidencia, Barack Obama quiere reafirmar el papel de EE UU en un sistema-mundo en transición hacia un nuevo «orden» mundial. En 2010, los EE UU, estaban en el pantano de dos guerras perdidas: Afganistán e Irak, con una grave recesión, un desempleo que superaba el 10% y un déficit de un billón de dólares. Siguiendo las categorías del Pentágono, un Imperio fallido. En el 2015 si uno mira superficialmente se encuentra ante un EE UU supuestamente más potencializado internamente, con la reducción del déficit, con mejores cifras macroeconómicas, y la reducción del desempleo a un 5,5% actual con la creación de más de once millones de puestos de trabajo. Pero esto es un engaño geopolítico, una falsedad estratégica en la que no debemos caer, la nueva ESN reafirma la centralidad de EE UU como nación Indispensable frente a las «amenazas» mundiales. La crisis de Ucrania y la «agresión rusa» como llama el documento, es un fracaso de lo planificado en 2010, ya que allí hablan de la cooperación con Rusia, tal vez pensando en quebrar la dupla Medvedev y Putin, lo que no ocurrió. Además, la aparición de un actor en la política internacional como el Papa Francisco, latinoamericano y partidario de un sistema multipolar y de la Patria Grande como lo deja en claro en su primer Encíclica «El Evangelio de la Alegría» y la irrupción de (Alexis) Tsipras en Grecia, son la demostración elocuente de que la historia fluye, y de que no es un tablero electrónico manejado desde un comando. En esta visión multidimensional de la seguridad, el documento expresa la obsesión de no perder en ningún campo de acción, y en especial en el cibernético.
Tiempo Argentino
Febrero 21 de 2015
por Alberto López Girondo | Feb 20, 2015 | Sin categoría
Son horas cruciales para la estabilidad europea. Así lo entienden todos los que se reúnen en Bruselas para tratar la situación griega. Las estrellas de la hora no son la canciller alemana Angela Merkel o el francés François Hollande, como lo fueron hace una semana en Minsk para negociar por la crisis ucraniana, ni el nuevo premier griego Alexis Tsipras. Los verdaderos protagonistas son los ministros de Finanzas alemán y griego, Wolfgang Schäuble y Yanis Varoufakis. Dos colosos y dos concepciones del mundo que se enfrentan en torno de un verdadero entuerto. Tras el ultimátum para que Atenas acepte hoy las condiciones de Berlín, el 28 de febrero vence el actual «plan de rescate» y los bancos helenos, entonces sí, se quedarán sin fondos.
El gobierno surgido de las elecciones del 25 de enero –el primero que puede garantizar gobernabilidad en más de un lustro por el peso que ganó en las urnas– quiere extender un préstamo puente por seis meses y mientras tanto acordar pautas para reestructurar una deuda que es a todas luces impagable, pero sin profundizar medidas de ajuste que llevaron a la pobreza extrema a millones de griegos. Alemania ya se apresuró a rechazar la propuesta. «Si hay crédito hay ajuste, si no hay ajuste no hay crédito», adelantaron voceros del Ministerio de Finanzas germano.
Si en un interrogatorio judicial se puede decir que hay uno que hace de policía bueno y otro de policía malo, Wolfgang Schäuble, el titular de esa cartera, es un señor que ejerce como policía peor. Este abogado de 72 años recibido en la Universidad de Friburgo y de profunda fe luterana es el mismo que el lunes, cuando las negociaciones se mostraban ya bastante duras entre la UE y el gobierno de Syriza, no tuvo empacho en decir «lo siento por los griegos. Votaron a un gobierno que por el momento se comporta de un modo bastante irresponsable.» Pero fue más drástico. Dijo que si no hay acuerdo el sábado 28, «a las 24 horas se acabó». Una amenaza que hasta podría considerarse mafiosa.
Para el eximio dirigente del CDU (la Unión Demócrata Cristiana en sus siglas alemanas), el partido de la canciller Merkel, «estos programas de rescate han funcionado», por lo tanto no hay nada que discutir con los helenos. El hombre habló en Berlín secundado por su par portuguesa, Maria Luís Albuquerque, quien tampoco tuvo dudas sobre los beneficios que aportó el durísimo plan de recortes a la economía lusa desde que estalló la crisis. «No se han solucionado todos los problemas, pero se han mejorado las finanzas públicas y la economía se ha recuperado: las reformas traen sus frutos y se ha conseguido volver a los mercados», sentenció la mujer.
Schäuble es en cierto modo el paradigma de conservador de los tiempos modernos. Cada vez más convencido de que el terrorismo y la criminalidad son el principal problema a resolver en las sociedades más avanzadas del mundo, no tiene empacho de apoyar el empleo de las Fuerzas Armadas y la utilización de información obtenida mediante la tortura para combatir esos males. Es partidario incluso de la ejecución selectiva de terroristas y de mantener a los sospechosos detenidos en la mayor incomunicación con el exterior. En 1990 sufrió un atentado que lo dejó en silla de ruedas. Se dijo que había sido un individuo con problemas psíquicos, pero para muchos no había dudas de que era un terrorista.
Ministro de Asuntos Especiales y jefe de la Cancillería cuando gobernaba Helmut Kohl, Schäuble aspiraba a liderar la nación a fines del siglo pasado cuando estalló el escándalo de la financiación irregular del CDU. Para colmo, entre los donantes ilegales había un traficante de armas con el que tuvo que reconocer que se había reunido. El caso le estalló en las manos al propio Kohl, que junto con Schäuble terminaron fuertemente salpicados por el caso. Fue cuando la incipiente Merkel filtró a la prensa su disgusto y reclamó un paso al costado de la dirigencia partidaria. «Estamos ante una nueva era», dijo la científica, que no tardaría mucho en convertirse en la nueva líder de la Alemania impetuosa del nuevo siglo.
El «escándalo Kohl», como se lo conoció, terminó de manera trágica el 20 de enero de 2000, cuando el tesorero de la coalición entre la CDU y la Unión Social Cristiana (CSU CDU), Wolfgang Huellen, apareció ahorcado en su vivienda de Lichterfelde-Stegliz, al sudoeste de Berlín. El caso fue caratulado como suicidio.
Con el tiempo, y por eso de que ciertas cosas pronto se olvidan, Schäuble volvería a brillar en el firmamento germano y a la gestión pública, y en 2012 recibiría el Premio Carlomagno, por su contribución a la integración europea. Schäuble es el mismo que, consultado sobre la pelea de Argentina con los fondos buitre, consideró que nuestro país es «un ejemplo de falta de solidez» y que la culpa por la situación no es de los especuladores sino de los argentinos, acostumbrados a gastar «durante años más de lo que ingresa».
La historia de su colega griego es bastante diferente. Yanis Varoufakis, a punto de cumplir los 54 años, es un economista y docente con formación en estadística doctorado en la muy británica Universidad de Essex. Especializado luego en Cambridge y profesor por once años en la Universidad de Sidney, allí recibió la ciudadanía australiana. De vuelta en Grecia en 2000, fue docente por casi una década en la Universidad de Atenas. Participó como asesor en el gabinete del socialista George Papandreu pero se alejó cuando el gobierno comenzó a aplicar recetas neoliberales para combatir la crisis. Con un muy buen inglés y un tono amable que los británicos mucho valoran, Varoufakis se hizo habitual analista para la BBC, la CNN, Sky News, Bloomberg y Russia Today. También escribe artículos de opinión. Pero lo que causó más impacto en el mundo académico es su libro El minotauro global.
En ese texto, Varoufakis toma la figura del monstruo con cuerpo humano y cabeza de toro que, encerrado en su laberinto, se alimentaba de hombres y mujeres, para explicar el papel de la economía de Estados Unidos para el resto del mundo desde 1970. Comenta Varoufakis que desde esa época, cuando el gobierno de Richard Nixon puso fin a la convertibilidad del dólar con el oro, Estados Unidos comenzó a recibir productos industriales de todo el mundo, principalmente Alemania, Japón y luego China. Lo que generó desde entonces enormes déficits fiscales. Que se financian con flujos de capital hacia Wall Street para dar crédito a los consumidores estadounidenses, invertir en las grandes corporaciones y fundamentalmente comprar bonos del Tesoro.
Esto que Varoufakis explica como «Mecanismo de Reciclaje del Excedente Global» es lo que llama Minotauro Global. Estados Unidos es una aspiradora planetaria que se devora todo pero que técnicamente, dice, quebró cuando la pirámide de dinero construido en Wall Street se vino abajo «convirtiéndose en ceniza».
En un encuentro de Schäuble con Varoufakis, el alemán –al que se intuye poco propenso al diálogo con un izquierdista– le recordó al griego un verso de Goethe: «Si cada uno limpia su vereda, la calle estará limpia.» Algo así como «el barrio está sucio por culpa de ustedes». Los bancos alemanes y franceses, que eran los principales afectados por la deuda griega al inicio, ya limpiaron sus cuentas, trasladando los bonos intoxicados que tenían a la agencia estatal-financiera europea (FEFF), dueña ahora del 60% de los papeles helenos.
El 27 de febrero de 1953 comenzó en Gran Bretaña la última ronda de negociaciones por la deuda alemana tras la Segunda Guerra Mundial. Alemania era la frontera real del capitalismo con la Unión Soviética y convenía fortificarla. Fue así que se decidió una quita del 62% del total, que pasó entonces de 48.800 millones de marcos a 14.500 millones. Entre los 25 países acreedores estaban Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, pero también Grecia, Italia y España. Ese resto de la deuda se terminó de pagar el 3 de octubre de 2010. Grecia también reclama un préstamo forzoso que los nazis obligaron a pagar a los griegos durante la ocupación en la guerra y que ahora estipula en 11,5 mil millones de euros.
Las condiciones en que se desarrollan estas negociaciones son diferentes a las de hace 62 años, pero la frontera oriental de Europa sigue siendo un punto delicado en el tablero geopolítico, mientras el conflicto de Ucrania siga siendo una brasa candente. Quizás esa sea una baza que juegue el gobierno de Tsipras en las conversaciones con la entente europea.
Los ultraconservadores europeos, mientras tanto, apuestan a torcer el brazo de Syriza para ejemplarizar a los populistas españoles o argentinos. No porque el populismo sea una salida, sino porque no debe serlo bajo ningún concepto. Con Minotauro o sin él.
Tiempo Argentino
Febrero 20 de 2015
por Alberto López Girondo | Feb 13, 2015 | Sin categoría
Hace justo 70 años, el 13 de febrero de 1945, comenzó el que tal vez fuera el ataque más brutal de la Segunda Guerra Mundial contra población civil. Durante tres días la Royal Air Force británica y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos descargaron unas 4000 toneladas de bombas y explosivos sobre la ciudad alemana de Dresde, un fuerte centro económico e industrial germano, provocando al menos 35 mil muertos.
Todavía hoy se discute sobre ese ataque a 12 semanas de la rendición del nazismo porque se lo considera un hecho innecesario que daría pie a denuncias por crímenes de guerra si no fuera porque quienes lo protagonizaron fueron los ganadores de la contienda. Paralelamente las tropas soviéticas avanzaban hacia Berlín, acelerando la caída del régimen nazi, lo que justifica que muchos analistas sostengan que el ataque a Dresde fue, en realidad, contra el Ejército Rojo y para marcarle la cancha a Stalin.
Cuarenta años después, la canciller alemana Angela Merkel lidera junto con el presidente francés François Hollande una verdadera cruzada para frenar las ansias armamentistas que reiteradamente se expresan desde Washington. Barack Obama señaló en estos cruciales días que si no se llegaba a un acuerdo por Ucrania estaba dispuesto a enviar armamento letal a Kiev. Curiosa definición para los productos de la industria bélica más poderosa del mundo. ¿Hay armamento que no sea letal? Salvo que hubiera aludido a algún tipo de herramienta cultural, educativa o sanitaria en forma metafórica…
El caso es que ante la negativa de Hollande y Merkel, que le habían pedido unos días más para negociar con el líder ruso Vladimir Putin, Obama se apuró en pedir al Congreso autorización para combatir al Estado Islámico (EI) por un período de tres años. «No es una autorización de otra guerra en tierra», aclaró el mandatario, pero el recuerdo de las guerras de Irak y Afganistán desmiente esta aseveración.
El gobierno de Obama a todas luces busca mostrarse activo y resuelto para enfrentar a la nueva composición del Capitolio, con una mayoría republicana en ambas cámaras que intenta aguarle una sucesión demócrata el 20 de enero de 2017. De allí que en el ámbito exterior intente estar en el centro de la escena, como lo demuestra en las áreas que están bajo control de los yihadistas del EI. Putin no le va en zaga y el martes viajó a El Cairo, donde se entrevistó con el presidente-militar Abdelfatah al Sisi, firmó acuerdos nucleares y hasta le regaló un fusil Kalashnikov, en un gesto sin medias tintas.
El acuerdo alcanzado en Minsk tras 16 horas de negociaciones al máximo nivel, mientras tanto, puede ser el inicio del camino hacia una paz permanente y duradera o el preanuncio de tormentas mayores y definitivas en el futuro cercano. Dependerá de cómo se vayan desmontando los mecanismos que llevaron a esta situación.
«No fue la mejor noche de mi vida, pero creo que la mañana es positiva porque hemos podido coincidir en los temas principales pese a todas las dificultades de las negociaciones», se sinceró Vladimir Putin ante los periodistas. Hollande y Putin consideraron que esta frágil tregua es «un alivio para Europa».
Para que no queden dudas de qué estofado se cocina en esa olla, en forma inmediata la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, anunció un crédito de 17 mil millones de dólares destinados a programa de cuatro años «para apoyar la inmediata estabilización económica de Ucrania, al igual que el conjunto de reformas emprendidas por el gobierno para restaurar un crecimiento económico firme a medio plazo y mejorar los estándares de vida de la población». Si todo marcha al gusto del FMI, habrá otro paquete de «asistencia financiera» que suma 40 mil millones de dólares.
No es un dato para descartar, cuando los organismos financieros europeos están tratando de sofrenar el fuerte rechazo que les viene desde las calles griegas. El primer ministro Alexis Tsipras intentó en Bruselas no romper con la troika pero tampoco al precio de traicionar el mandato de las urnas y el reclamo de los manifestantes, hartos de los recortes a los que Grecia es sometida desde el inicio de la crisis europea.
Los griegos desafiaron las presiones desembozadas en los medios de comunicación del continente y depositaron sus esperanzas en Syriza, una coalición de izquierda que busca resolver la enorme deuda externa con medidas calcadas de la Argentina tras el default de 2001.
A los organismos paneuropeos les resulta difícil demostrar que son demócratas consumados mientras el titular de finanzas alemán diga que no se aceptarán cambios en el programa elaborado desde Bruselas para Grecia. Algo más dispuesta se mostró Merkel, quien al irse de Belarus dijo que habría alguna solución que no lleve la sangre al río, aunque no especificó cuál. Por lo pronto dejaron todo en manos de «expertos», una forma de patear la pelota para adelante. Otra tregua al fin de cuentas.
Tsipras volvió a repetir que Alemania le debe mucho a Grecia desde la Segunda Guerra, cuando tropas nazis ocuparon el país. Se trata de un préstamo obligatorio impuesto por las tropas hitlerianas que los técnicos griegos estiman en 11 mil millones de euros actuales. Además, el reclamo por los daños causados en instalaciones y en la población civil treparía a 160 mil millones más. La mitad de la deuda actual de Grecia.
Cuando están por cumplirse 70 años del fin de la guerra, en Europa reaparecen muchos de los problemas que por siglos la llevaron al incendio. Francia y Alemania coinciden en llevar la batuta, pero Rusia vuelve a cantar presente. Si a la caída de la Unión Soviética la Unión Europea pensó que tenía el mundo a sus pies, este cuarto de siglo demostró que estaban equivocados.
Putin busca recomponer el antiguo papel que desde Pedro y Catalina venía cumpliendo el imperio zarista. Se dice que el PBI ruso es menor que el de Italia, potencia de segundo orden, y es cierto. Pero nunca fue mucho más que eso cuando los Romanov buscaban su lugar la mesa de discusiones del orden mundial. Y buen barullo que hicieron.
Esta escalada en Ucrania, conviene recordar, se produjo luego de que la alianza occidental intentara derrocar al presidente sirio Bashar al Assad, enfrascado en una guerra civil desde 2011. El que frenó la segura invasión fue Putin, quien se plantó frente a Obama para recordarle que Siria es aliada de Rusia desde tiempos de la URSS y que allí hay una base militar de Moscú. Fue después que la UE y la OTAN intentaron avanzar hacia la frontera más íntima de Rusia y apoyaron el golpe contra Víktor Yanukóvich, en febrero pasado. La otra gran base rusa está en Crimea. Parece que se estuviera hablando del siglo pasado, pero la reincorporación de la península a la Federación Rusa se produjo el 18 de marzo de 2014. El levantamiento de los rebeldes pro-rusos del este vendría a continuación.
Esta semana el presidente sirio ofreció una entrevista a la BBC. El entrevistador Jeremy Bowen comenzó el reportaje como «para romper el hielo»: le preguntó si ante el avance del grupo yihadista y la pérdida de control de parte de su territorio no creía que Sira era un Estado fallido. Al Assad rechazó esa caracterización, como era de esperarse. El cuestionado mandatario sirio espera poder resistir el embate de los grupos fundamentalistas, pero quién sabe hacia dónde se encamina la situación, con tantas manos metidas en el plato.
Vistas las cosas desde este rincón del mundo, resulta interesante analizar el concepto de Estado fallido, una definición elaborada por la CIA hace 20 años para explicar la situación en diferentes naciones del mundo y justificar así una intervención «civilizadora». Son muchos los que inscriben a México en esta lista, por la violencia desatada en esa nación.
En el caso argentino, hubo quienes en el inicio de este milenio pedían a gritos que alguien de afuera viniera a resolver la endiablada crisis en la que se había caído por la convertibilidad.
Aún se recuerda a la ex secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright reclamando prácticamente una intervención externa en la economía argentina cuando era evidente que los planes pergeñados por el FMI habían llevado al fracaso. En estos días se vuelven a escuchar voces en esa misma línea tras la muerte del fiscal Alberto Nisman. Convendría mirar cómo viene la mano afuera antes de reclamar por lo que aparece de adentro.
Tiempo Argentino
Febrero 13 de 2015
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