por Alberto López Girondo | Mar 8, 2020 | Sin categoría
Jair Bolsonaro busca consolidar la alianza derechista con Donald Trump en un encuentro se diría que íntimo con el mandatario estadounidense en su centro turístico de Florida, Mar-a-Lago, donde tratarán como tema central una nueva ofensiva contra el gobierno de Nicolás Maduro y la firma de un acuerdo de defensa con el Comando Sur del Pentágono.
El presidente brasileño, que viene complicado con la economía del gigante sudamericano en su primer año de gestión, trata de hallar en el exterior los apoyos necesarios para consolidarse como líder conservador en la región. Fronteras adentro de Brasil, las políticas neoliberales emprendidas con la batuta de su ministro de Economía, Paulo Guedes, mostraron un escuálido crecimiento de 1,1% en el PBI, lo que en términos reales equipara la tasa de crecimiento demográfico de la población. Es así que la oposición calificó a este PBI como un “pibiño”, una calificación que golpea en el centro de las promesas que tanto el “Chicago Boy” al frente de la cartera económica como los estrategas de campaña habían planteado antes de los comicios de 2018.
El malestar del oficialismo ante este magro resultado se refleja en que, buscando culpables, llegan a responsabilizar a Dilma Rousseff, que fue destituida en 2016. Desde oficinas del Banco Mundial y el BID le habían tirado un centro al ministro Guedes, al señalar que la baja también se podría deber en los últimos meses a las consecuencias del coronavirus en todo el mundo.
A nivel internacional, la ofensiva sobre Venezuela se inició el jueves, cuando Brasilia ordenó retirar sus diplomáticos de Caracas y pidió que se fueran los representantes del gobierno chavista de Brasil. La visita a Florida se entiende en el marco de la invitación de Trump a su emprendimiento, una forma de hacerle propaganda. Pero también porque en ese estado están gran parte de las mayores inversiones de brasileños en el exterior.
Este domingo, Bolsonaro, un excapitán del Ejército brasileño, irá a Doral, Miami, donde se asienta el cuartel del Comando Sur, las fuerzas militares que vigilan el Caribe y América Central y del Sur.
Allí firmará un acuerdo para “proyectos de investigación, prueba y evaluación” con el almirante Craig Faller, un belicoso comandante que no ve la hora de iniciar acciones armadas contra las tropas bolivarianas.
Y ya que va a estar en EE UU, participará de un seminario empresarial, donde espera encontrarse con los directivos de la fabricante de autos eléctricos Tesla, a quienes pretende convencer de abrir una planta productora en Brasil.
Tiempo Argentino, 8 de Marzo de 2020
por Alberto López Girondo | Mar 4, 2020 | Sin categoría
“Todavía no me han enterrado”, dijo Joe Biden este domingo y lo demostró dos días más tarde, cuando en una remontada que ningún sondeo previó, ganó en la mayoría de los estados donde se disputaron las primarias del partido Demócrata. Con el resultado a la vista, y a pesar de que el cómputo final de California, el más poblado y el que mayor cantidad de delegados aporta para la Convención, es claro que quedan solo dos contendientes con aspiraciones para enfrentar a Donald Trump en noviembre, Bernie Sanders y el vicepresidente de Barack Obama. Los grandes derrotados son el magnate Michael Bloomberg -que dilapidó más de 400 millones de dólares de su exuberante fortuna en la construcción de una candidatura que los votantes no apoyaron y que ahora lo llevaron a renunciar- y la senadora Elizbeth Warren, que le disputa el arco progresista a Sanders.
Para llegar a esta instancia con un aire ganador, Biden, que representa a la elite dominante de los demócratas, consiguió que se apartaran de la carrera al ex alcalde Pete Buttigieg y la senadora Amy Klobuchar, quienes le dieron su apoyo explícito, y que le diera su espaldarazo en Texas el excongresista Beto O´Rourke.
Lo de Bloomberg es una consecuencia de una carrera errática que buscaba competir contra Trump en base a su billetera pero sin el menor carisma y luego de un debate televisado en el que mostró graves falencias de un área que debería dominar a la perfección, como es la comunicación, ya que es dueño de un emporio que lleva su apellido. El dinero que gastó en mostrarse no le sirvió de nada, aunque 400 millones para quien tiene 64 mil millones tal vez sea un vuelto.
Precisamente en Texas, que otorga 228 delegados, fue donde Biden dio el batacazo. El estado aparecía como una plaza firme para Sanders, que tiene un perfil y un programa progresista, de tendencia socialdemócrata, lo que para los estándares de la política estadounidense de las últimas décadas suena a una irreverencia.
Allí el resultado final fue de 656,568 votos para Biden y 585,036 para Sanders, (33,6% a 30%). Esos 71532 sufragios de diferencia le cambiaron la cara al exvicepresidente. Biden, que había recibido un soplo de aire fresco en Carolina del Sur, donde el sábado se impuso por un aplastante 48,8% sobre un 19,9% de su principal competidor, triunfó en el “supermartes” en Carolina del Norte, Virginia, Alabama, Oklahoma, Tennessee, Arkansas, Minnersotta, Maine y Massachusetts, además de Texas.
Sanders quedó al frente en Vermont, el estado al que representa en el Congreso desde 1991, Utah, Colorado y estaba liderando el escrutinio en California, bastión de la izquierda, que otorga 495 delegados peor tiene un intrincado sistema de votación que podría demorar el resultado definitivo hasta un mes.
Sanders, a los 78 años, es un “old man terrible” de la política estadounidense. Defiende la educación y la salud pública, sostuvo una visión favorable a liderazgos progresistas de América Latina y se opuso tradicionalmente al ingreso de su país en las guerras en el Oriente extendido. Había logrado un empate en Ohio y ganó ampliamente en New Hampshire y Nevada.
Biden, en tanto, a los 77 años, tampoco es un niño que busca llegar a la Casa Blanca, donde fue usual invitado durante los ocho años de gobierno de Obama. Envuelto en la denuncia contra Trump que derivó en el pedido de juicio político contra el primer mandatario, es un representante del status quo no solo de su partido sino de Estados Unidos.
Por eso la postura indignada de la líder demócrata Nancy Pelosi en la cámara Baja, que impulsó el impeachment, se choca de bruces con la realidad de que el hijo de Biden hizo negocios en Ucrania aprovechando el cargo de su padre.
Como sea, lo que queda claro desde este supermartes, donde se completa la votación en primarias del 40% del electorado estadounidense, es que quedan en disputa dos formas de interpelar al electorado en la crucial elección de noviembre de 2020. Una posición más disruptiva con el esquema de tinte neoliberal que inauguró Ronald Reagan en los 80 y que ninguno de los presidentes que los sucedieron, de cualquiera de los dos partidos, osó interrumpir. Y un programa que bien se parece al tradicional modelo distribuicionista que comenzó con Franklin Roosevelt en los años 30 y se continuó por medio siglo.
Otra cosa que queda clara es que entre los cinco postulantes dentro de ese partido, ninguno tiene menos de siete décadas sobre sus espaldas. Sanders es el mayorcito, ya que cumplió los 78 en setiembre pasado. Por unos meses, Bloomberg, que los cumplió a mediados de febrero, era el segundo. Biden tiene 77 y Warren 70. Entre los más jóvenes, Buttigieg, de 38, se retiró este fin de semana. Sigue por ahora en carrera, aunque con pocas aspiraciones, Tulsi Gabbard también de 38. Si uno se guía por los programas que tienen en carpeta, podría decirse que esta veterana de la guerra de Irak que propugna el retiro de tropas de EEUU de todos los países del mundo y que se llegó a entrevistar con el líder sirio Bashar al Assad, debería darle su apoyo a Sanders. Lo mismo quizás debería hacer Warren. Pero en política nunca se sabe.
Tiempo Argentino, 4 de Marzo de 2020
por Alberto López Girondo | Mar 3, 2020 | Sin categoría
Las elites dominantes del Partido Demócrata decidieron apostar a lo seguro y en lugar de dispersar el voto, horas antes de este supermartes bajaron a dos candidatos de centroderecha para darle su apoyo al ex vicepresidente Joe Biden. El miedo a un triunfo de Bernie Sanders puede más que cualquier cálculo y contra lo que muchos analistas sostienen, que el senador por Vermont sería el único en condiciones de ganarle a Donald Trump en noviembre -por su programa socialdemócrata y en defensa del medio ambiente-, pareciera que prefieren perder antes que remover las aguas de los consensos bipartidarios de tinte neoliberal que gobiernan en el país desde hace décadas.
Este lunes, Biden confirmó el apoyo de dos precandidatos que estuvieron en carrera hasta la semana pasada: el ex alcalde Pete Buttigieg y la senadora Amy Klobuchar. El excongresista Beto O’Rourke, ya se había bajado de la postulación antes de que comenzara la ronda, a principios de año. Todos ellos optaron, con obediencia partidaria, por darle su espaldarazo explícito a Biden y esperar mejores oportunidades para ellos en lo personal.
Con este rediseño de la oferta de la oposición a Trump, quedan en carrera el Sanders; otra aspirante con propuestas de centroizquierda, la senadora Elizabeth Warren; la congresista Tulsi Gabbard y el hipermillonario Michael Bloomberg, que inicia este martes una carrera por la que ya gastó 400 millones de dólares de su amplio bolsillo -tiene una fortuna que supera los 60 mil millones- para llegar a la Casa Blanca.
Acá podes ver: ¿Duelo de millonarios?
Este martes de celebran primarias en 14 estados. Las elecciones, como en las nacionales, son indirectas, de manera que los votantes eligen delegados que al final del camino, en la Convención Nacional Demócrata de Milwaukee a desarrollarse a mediados de julio, suman los porotos por cada candidato.
Para ganar en una primera ronda se necesitan 1991 delegados entre un total de 3979. Como sucede con ese tipo de sistema electoral, el que gana se lleva todos los delegados del distrito. En caso de que ningún candidato supere ese el piso mínimo, se agregan 771 “superdelegados”, cuya única función es la de inclinar la balanza en caso de incertidumbre.
Mientras que los delegados “comunes” atan su voto a la promesa electoral de la primaria, los superdelegados tienen las manos libres para tomar partido. De modo que acá es donde se juega la muñeca política o la fuerza interna que tenga cada aspirante llegados a esa instancia.
En las primarias que se desarrollaron hasta ahora, Buttigieg ganó en Iowa el 3 de febrero, en controvertida elección donde se denunció la manipulación del conteo electrónico en contra de Sanders (ver acá). Había 41 delegados en juego que tras la renuncia de su candidato y el apoyo a Biden deberían pasar al exvicepresidente de Barack Obama. Pero eso aún no quedó claro.
Tras sus triunfos en New Hamshire y Nevada, el senador centroizquierdista tiene 60 delegados y Biden 54 luego del aplastante resultado en Carolina del Sur. Este martes se disputan 1357 delegados de 14 estados, el 34% a nivel nacional, que dejaría una tendencia importante de cara al futuro porque quedaría resuelto el 40% del padrón de Estados Unidos.
Las joyas más apreciadas para este supermartes son California, donde se disputan 415 delegados; Texas, con 228, y Carolina del Norte, con 110.
Biden venía de capa caída luego de haber quedado en medio de la denuncia contra Trump en el impeachment fallido. La causa tenía relación con negociados de su hijo en Ucrania y terminó en un fiasco para los demócratas en el Senado, algo que era previsible.
Ver antecedente acá: La semana de gloria de Trump
«La prensa y los analistas habían dado esta campaña por muerta (…) Los estados del supermartes tendrán algo que decir al respecto», dijo ahora en Dallas, según refleja un cable de la agencia AFP.
Del lado de los republicanos, en tanto, todo muestra una calma chicha. Nadie tiene enfrente el empresario inmobiliario y su carrera para la reelección parece garantizada. Nadie intentaría cambiar de caballo en mitad del río y su carta de triunfo puertas adentro del oficialismo se dio en la votación por el juicio político. Salvo dos díscolos, todos se alinearon en el actual inquilino de la Casa Blanca.
Tiempo Argentino, 3 de Marzo de 2020
por Alberto López Girondo | Mar 1, 2020 | Sin categoría
Como una mancha de aceite, el coronavirus se extiende por el mundo y va generando al ritmo de su avance todo tipo de inconvenientes: sanitarios, políticos, financieros. Esto no significa que hayan cedido las sospechas sobre su origen, pero, mirando hacia adelante, las previsiones más pesimistas avizoran una caída brusca en la economía global, sobre todo a partir del descenso de la actividad en el país donde comenzó el contagio, China.
El número de personas afectadas por el Covid-19 –al menos según las estadísticas oficiales– superaba ayer las 86 mil, con 2950 muertos en 61 naciones. Cerca de 80 mil de esos casos se dieron en territorio chino, donde más de 50 millones de personas permanecen en aislamiento. Fuera de eses país, las fuentes de propagación más importantes de esta epidemia se ubican ahora en Corea del Sur, Irán e Italia. Ayer, en tanto, se informó de la primera víctima fatal del virus en Estados Unidos, la primera, también, en el continente americano.
Al sur del río Bravo, las autoridades de Ecuador confirmaron el primer contagio, de una residente en Madrid que viajó al país andino a visitar a familiares. En Brasil, un hombre de 61 años que había viajado al norte de Italia fue internado con todos los síntomas del mal en el hospital Albert Einstein de San Pablo. Y en México se habla de tres casos confirmados de personas que también se habrían contagiado en la península itálica.
La situación en Italia parece descontrolada, con más de 900 afectados. Más allá de la respuesta de las autoridades a nivel sanitario, este fin de semana fueron suspendidos hasta mayo cinco partidos de la Liga de fútbol, entre ellos el clásico entre Juventus e Inter. Los dirigentes deportivos argumentaron la necesidad de posponer los encuentros «en vista de la sucesión de numerosas disposiciones reglamentarias de urgencia tomadas por el gobierno en respuesta a esta situación excepcional de protección de la salud y de la seguridad pública». Para frenar la epidemia, las autoridades italianas ordenaron el cierre de escuelas, además de la suspensión de eventos culturales y el aislamiento de once localidades del norte del país. Son muchos a esta altura los viajeros de todo el mundo que suspendieron sus viajes ya programados hacia una nación que basa buena parte de sus ingresos en el turismo.
España –con 52 casos registrados hasta este sábado– también padece el perjuicio para la industria sin chimeneas por la reprogramación de eventos y viajes. En Barcelona, a mediados de febrero fue cancelado el Congreso Internacional de Teléfonos Celulares (MWC, por sus siglas en inglés), donde varias empresas chinas iban a exponer sus últimas novedades tecnológicas.
No fue el único evento que se suspendió en esta suerte de cuarentena mundial para evitar el contagio de un virus para el que aún no hay una vacuna ni tratamiento específico. Es así que se suspendió en Shanghai el Gran Premio de Fórmula 1 y Arabia Saudita impidió el ingreso de peregrinos y de ciudadanos de países del Consejo de Cooperación del Golfo a las ciudades santas de La Meca y Medina. Cerca de allí, en Grecia, fue postergado el V Foro Económico de Delfos, atendiendo, según sus directivos, a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El encuentro estaba programado para desarrollarse entre el 5 y el 8 de marzo en esa ciudad que en la Grecia Antigua albergaba el santuario de Apolo, donde el oráculo adivinaba el futuro de los creyentes.
En el ámbito deportivo, todos hacen cuentas pensando en los Juegos Olímpicos de Tokio, cuyo inicio está previsto para el 24 de julio, y que el Comité Olímpico Internacional (COI) está decidido a celebrar a pesar de las dificultades que se están presentando en las competencias preparatorias. Por lo pronto, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) se sumó a las restricciones y pospuso el simposio anual y la sesión de atletas que se iba a desarrollar en Suiza del 17 al 19 de marzo. Explicó la medida por la expansión de la epidemia y el anuncio de la Oficina Federal de Salud Pública de Suiza prohibiendo reuniones de más de mil personas hasta nuevo aviso.
En los Estados Unidos, hace un par de semanas, el secretario de Comercio, Wilbur Ross, había irritado a los bien pensantes al declarar que la epidemia podría ser una muy buena oportunidad para crear miles de empleos en su país y en México. Esa postura desplegó críticas, pero también sirvió para que se extendieran las teorías conspirativas que perciben la mano oculta de laboratorios dedicados al desarrollo de armas bacteriológicas entre las causas del surgimiento de esta nueva cepa de coronavirus.
Es que el punto de origen es la ciudad de Wuhan, la capital de la provincia china de Hubei, un centro industrial de enorme envergadura que resulta clave en la Ruta de la Seda, la gran apuesta al futuro del gobierno chino. Allí se habría producido una mutación en el virus, que pasó a humanos desde alguna de las especies de animales silvestres que se comercializan en su mercado de abastecimiento.
El jefe de Gabinete interino de la Casa Blanca, Mick Mulvaney, respondió con una particular visión conspirativa a las inquietudes del periodismo, ávido de saber qué medidas proyectaba la administración Trump para impedir la propagación de la enfermedad. Según él, la cobertura de noticias sobre el Covid-19 busca derribar al presidente, enfrascado en su proyecto de reelección, en noviembre.
Este sábado, cuando ya se habían registrado unos 66 casos en EE UU, Donald Trump dijo que «la prensa está histérica» por el interés que muestra en el coronavirus y arguyó que cada año en su país mueren 35 mil personas de gripe, mientras que no había víctimas fatales del Covid-19.
Horas más tarde, los responsables del área sanitaria del Estado de Washington confirmaron que una persona había muerto por coronavirus en el condado de King. Las versiones se contradicen. Trump dijo que era una mujer de 50 años que había viajado recientemente a Corea del Sur; otras versiones hablan de un hombre, sin viajes recientes al extranjero.
«Era una mujer maravillosa, paciente de alto riesgo», informó el mandatario en una conferencia de prensa posterior al anuncio. Puso al frente de las operaciones para controlar la diseminación del virus a su vice, Mike Pence, y no descartó cerrar la frontera con México.
Mientras tanto, la Oficina Nacional de Estadísticas de China informó que el sector manufacturero del gigante asiático cayó a un mínimo histórico en febrero debido a la epidemia. Los sectores más afectados fueron los de la industria automotriz y equipos especiales. Todo por la restricción a los desplazamientos y la cuarentena en Hubei, que impidió desarrollar trabajos en fábricas y trasladar mercaderías ya terminadas. No obstante, el gobierno chino alienta el regreso a las tareas en la medida en que se reduce el número de nuevos contagios.
Los inversores occidentales, por su parte, muestran sus temores a que la baja de la actividad de la segunda economía del planeta arrastre al resto de las potencias industriales. Eso se reflejó el jueves en una baja de casi 1200 puntos en el índice Dow Jones Industrial Average, y otros 1190 el viernes. Según computó The Wall Street Journal, fue la mayor caída desde la crisis financiera de 2008. En el caso del S6P 500 –la cotización de medio millar de las firmas más importantes de la bolsa de Nueva York–, el bajón fue del 10%, la «corrección» –como se la denomina de modo eufemístico– fue la más acelerada desde 1980. Y todavía no se había conocido el primer caso fatal en Estados Unidos.
Tiempo Argentino, 1 de Marzo de 2020
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