Los tiempos no están como para un avance bestial sobre los derechos laborales como intentó el gobierno de Jair Bolsonaro, el inefable presidente de Brasil. El domingo a la noche, había lanzado una medida provisoria (una suerte de DNU) la número 927, que autorizaba a que los empleadores pudieran suspender por cuatro meses el contrato de trabajo con sus empleados para “afrontar los efectos económicos” del Covid-19.
Llegó incluso a defender la normativa con vehemencia en un cruce con periodistas en la explanada del Planalto durante el cual fustigó a una periodista que le preguntó por su popularidad.“En lugar de ser despedidos, el Gobierno entra con ayuda en los próximos 4 meses, hasta que las actividades del establecimiento vuelvan a la normalidad, sin que exista despido del empleado”, afirmó en su red social. “Es una forma de preservar empleos”, aseguró, ofuscado por la insistencia periodística.
Pero el decreto en cuestión legalizaba una negociación con el empleador para pactar una reducción de salarios o la suspensión de la relación laboral de manera temporal. Y no decía una palabra de que el gobierno se hacía cargo de compensar al trabajador.
Esta posición, visiblemente contra la corriente en el resto del mundo en semejante circunstancia y que va contra toda previsión sanitaria -es obvio que antes que perder un trabajo alguien elegiría exponerse a un contagio para seguir yendo al lugar donde desarrolla su tarea habitual-, fue aplaudida desde Argentina por un ultraliberal como el ex candidato a la presidencia José Luis Espert.
Obviamente, el decreto 927 despertó todo tipo de críticas y la dirigencia política adelantó presentaciones judiciales para declararla anticonstitucional y violatoria de las leyes laborales en vigencia. No tardó en darse cuenta de que ciertamente, su popularidad está en baja y no son tiempos de agrandar la brecha entre la presidencia y la sociedad, donde crecen las voces de rechazo a la inacción cuando no el ninguneo sobre las consecuencias del coronavirus y la forma de combatir su propagación.
Es así que luego de ese violento encuentro con la prensa, Bolsonaro reculó, como quien dice, en “hawaianas”. Y ahí si reconoció que el decreto implicaba la suspensión del salario.
Esta arremetida contra los derechos laborales se da de bruces con lo que se propone el gobierno argentino, y resulta diametralmente opuesta a las medidas que tomó el gobierno de Dinamarca. el domingo pasado, la primera ministra Mette Frederiksen anunció un paquete de ayuda económica pergeñado entre el gobierno y representantes de la sociedad.
De tal manera que mientras dure la pandemia el gobierno ofrece cubrir el 75 por ciento de los salarios. El pago para el personal contratado por hora llega a una cobertura máxima de 90%. La contrapartida es que las patronales se comprometen a abonar el 25% restante.
Según un artículo de la periodista Mie Olsen, de no ser por estas medidas del gobierno, más de dos tercios de las pequeñas empresas corren el riesgo de quiebra en las próximas 10 semanas, de acuerdo a una encuesta de la organización SMVdanmark.
La publicación en EU observer today, un periódico on line basado en Bruselas, tiene un título muy sugestivo. Dinamarca: cómo un estado de «alto impuesto» responde al coronavirus, Y se refiere a los beneficios del estado de bienestar.
Bill Gates no creó la computadora personal, las interfaces gráficas, el mouse, ni el sistema operativo que en 1980 le vendió a IBM aún antes de haberlo conseguido. Pero con el Microsoft-DOS y el paquete de programas Windows, fue clave para el impresionante salto cultural que dio la humanidad en estos 40 años.
No inventó nada -de hecho, algunos lauros son de Steve Jobs con Apple-, pero estuvo en el lugar justo en el momento adecuado para apropiarse de ese salto y lograr que cada ciudadano necesitara de una PC para brindársela a un costo accesible. Un Henry Ford de fines del siglo XX.
Hoy día se calcula que el 88% de las PC del planeta funcionan con algunos de los entornos de Windows y según Forbes la fortuna personal de Gates ronda los 96 mil millones de dólares. Casi toda la deuda externa argentina.
Desde hace años más jugado a su rol público de filántropo, en 2015 Gates dio una charla TED, que ahora vuelve a circular en las redes, en la que alertó sobre la principal amenaza que enfrentaría la humanidad en estos tiempos: una pandemia.
“Puede que exista un virus con el que las personas se sientan lo suficientemente bien mientras están infectadas para subirse a un avión o ir al supermercado y eso haría que se extienda por todo el mundo de manera muy rápida», dijo entonces.
En octubre del año pasado, la Fundación Bill y Melinda Gates financió junto con el Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud y el Foro Económico Mundial un simulacro bautizado Evento 201. “Un ejercicio que ilustra las áreas en las que serán necesarias alianzas público / privadas durante la respuesta a una pandemia severa para disminuir las consecuencias económicas y sociales a gran escala”, dice en su página web (http://www.centerforhealthsecurity.org/event201/). La pandemia era de coronavirus.
Cuando autoridades del gobierno de Angela Merkel salieron a enfrentar al de Donald Trump por una investigación de vacuna contra el Covid-19, se supo que entre los propietarios de la empresa que desarrollaba el remedio, CureVac, figuraban el dueño de un club de fútbol alemán y la Fundación Bill y Melina Gates.
Hace un par de días dijo (¿predijo?) que “si un país hace un buen trabajo con las pruebas del virus y la cuarentena, dentro de las 6-10 semanas debería haber muy pocos casos”.
Para una cuarentena efectiva se necesita realizar tareas a distancia, o sea, sin que el trabajador se mueva de su casa. Para lo cual el uso de PCs resulta imprescindible. Sin el aporte de los pioneros de la informática, esta forma enfrentar la pandemia sería imposible.
Cada cataclismo sanitario dejó cambios persistentes en la civilización. Después de la epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires en 1871, la clase alta porteña, que vivía en el sur de la ciudad, se trasladó a los barrios del norte, desde entonces un signo de distinción aristocrática, y se extendieron los servicios de agua y cloacas. El Renacimiento europeo no se puede explicar sin la peste negra, que mató a la tercera parte de la población del continente. A su término, otro mundo nació de aquellas cenizas.
Cuando el pico máximo del coronavirus aún no llegó a la Argentina y ni siquiera se sabe si lo hizo en Europa, las primeras consecuencias ya se hicieron ver en la economía mundial. El FMI estima que, en el mejor de los casos, el PBI andará este año en un 2,5%, lo que se considera al borde de una recesión.
Las bolsas más importantes se desplomaron estrepitosamente en las últimas semanas a medida que el Covid-19 hacía estragos en Italia, España, Francia y Alemania. Este viernes tuvieron una recuperación tras fuertes inyecciones de dinero tanto en Estados Unidos como en la UE. Pero sería una solución parcial para una crisis que la pandemia no hizo sino adelantar, aseguran los gurúes.
Especialistas como el estadounidense Tom Luongo venían advirtiendo sobre la situación en el mercado de los “repos”. Se llama así a esa masa de dinero a corto plazo que los bancos piden a sus pares para cubrir erogaciones puntuales. Desde fines del año pasado las entidades vienen retaceando ese tipo de préstamo. “Es que no confían en la solidez de sus pares”, indican los que saben. A ese lugar la FED, el Banco Central de EEUU, destinó cerca de 300 mil millones de dólares en setiembre pasado.
La FED agregó 1,5 billones la semana pasada para repos de hasta tres meses. “Esta es una señal de que el problema no tiene fin”, dice Luongo, quien augura que lo único que se hizo fue patear la pelota para junio.
Jeromey Powel, titular de la FED, anunció ahora la inyección de 500.00 millones para la compra de valores del Tesoro y de otros 200 mil para valores respaldados por hipotecas de agencias.
En ese mismo lapso, el Banco Central Europeo, comandado por nuestra conocida Christine Lagarde, emitió 750.000 millones de euros para la compra de deuda pública y privada. Otra forma de poner dinero en los bolsillos de los más ricos. El Banco de Inglaterra aumentó su deuda pública hasta 645.000 millones de libras. El interés bancario se acerca a 0% en todos lados. Y el petróleo, la otra variable a tener en cuenta, sigue en baja y llegó a unos 27,38 dólares el barril, tras pisar los 24 el miércoles.
Más abajo de los 50 dólares, la producción del fracking estadounidense no es rentable y la autosuficiencia energética de ese país se convierte en un sueño. Aún no se verifica una suba tras el anuncio de Trump de que llenaría las reservas estratégicas comprando casi 80 mil millones de barriles, lo que en teoría debería sostener el precio.
En este contexto, y cuando los mercados caen por el temor al día después del virus pero fundamentalmente porque cada uno de los motores económicos del planeta están prácticamente detenidos por una cuarentena global, muchos hablan de otro “momento Minsky”.
Se llama así a un colapso generalizado -como el de 1929, por acaso- que podría marcar el final de un ciclo, sin perspectiva de lo que se viene en el futuro. Lleva el nombre del economista Hyman Minsky, quien definió a los banqueros, comerciantes y agentes financieros como habituales incendiarios que ponen a la economía entera en llamas.
La Casa Blanca, en tanto, no se cansa de dar señales de que no le preocupa jugar con fuego. Y mientras Trump busca definir al causante del Covid-19 como “Virus chino”, para escándalo de científicos y alarma de los bien pensantes, el Pentágono comenzó a desplegar unas 20.000 tropas para el ejercicio militar Defender-Europe 20 a desarrollarse con la OTAN entre abril y junio.
No es un simple ejercicio de entrenamiento en un posible campo de batalla contra el enemigo que se plantean los analistas militares de Washington, esto es, Rusia. Es -según el experto Manlio Dinucci, del centro de investigación Global Research, de Canadá- un plan de acción para probar sobre la marcha el estado de los caminos y puentes de la región ante una posible contienda.
Dinucci muestra un informe del Parlamento Europeo de febrero pasado donde se destaca que “desde la década de 1990, las infraestructuras europeas se han desarrollado solo para uso civil”. El plan consiste en modificar las estructuras que no estén adaptadas al peso y las dimensiones de los vehículos militares. Para ello llevaron tanques Abrams de 70 toneladas de peso.
Hay temores de que soldados de EEUU pueden desparramar el virus o, al revés, contagiarse en su paso por cada lugar. Por lo pronto, el teniente general Christopher Cavoli, el máximo oficial del ejército de los EE. UU. en Europa, se puso en cuarentena después de una conferencia de prensa. Como medida precautoria, dijeron los voceros de la OTAN.
Mientras tanto, Trump profundiza su guerra con China. Que empezó siendo comercial, adquirió un tinte bacteriológico -o virulento, para ser más exactos- y nadie sabe en qué puede terminar. Luego del parate de estos primeros meses del año por el Covid-19 y en medio de las acusaciones cruzadas sobre el origen del virus, todo indica que lentamente reanuda la marcha de su economía. Las presunciones apuntaban a que China, por medios pacíficos, sería la potencia predominante al finalizar esta década, algo que Trump se propone evitar o al menos demorar. El cierre total de fronteras para combatir la pandemia es un golpe en el corazón de la globalización. ¿Lo será también hacia un futuro pacífico?
Henry J Kaiser fue un emprendedor típico de Estados Unidos, que lejos del arquetipo del hombre que creció sin ayuda de nadie, prosperó a la sombra del estado. Nacido en 1882, fue sobre todo un gran vendedor, primero de material fotográfico y luego proveedor industrial hasta que en 1912 se fue a Vancouver, Canadá y armó una empresa constructora que ganó la licitación para construir una carretera hasta Spokane.
Un año mas tarde haría las primeras rutas con pavimento de hormigón en Cuba y posteriormente aprovecharía la fiebre del pavimento en EEUU para hacer muchos de los caminos de California. Terminó participando de la UTE que construyó la repesa Hoover, en el Río Colorado y luego en otros grandes complejos hidroeléctricos, para las que levantó una fábrica de cemento con la piedra caliza de un yacimiento cercano al Río Permanente, en San francisco.
Amigo de Franklin Delano Roosevelt, durante la Segunda Guerra fundó los Astilleros Kaiser, que con técnicas muy sofisticadas- “hazlo más rápido y más barato», era uno de sus lemas- sacaba al mar un buque cada 30 días, aunque fue batiendo récords hasta botar una nave cada 4 días. También fabricó armamento y aviones. En poco tiempo incorporó al grupo a la Kaiser Cement Corporation y Kaiser Steel Corporation.
Dicen otra de sus frases favoritas era «encontrar una necesidad y llenarla». Al fin de la guerra, se quedó con las instalaciones de dos plantas elaboradoras de aluminio que el gobierno puso en venta. La Kaiser Aluminum es una de las más grandes productoras del mundo de ese estratégico metal y en 1971 participó, sin éxito, en la licitación para erigir la planta de Puerto Madryn de Aluar, que finalmente quedó para el grupo Madanes-Gelbard.
No sería el primer acercamiento de Kaiser a la Argentina. La posguerra implicó que muchas de las fábricas de Kaiser quedaran sin trabajo, por lo que el viejo emprendedor intentó meterse en la industria automotriz, asociado con el ingeniero Joseph Frazer. Pero los tres grandes de Detroit -Ford, General Motors y American Motors- le hicieron la vida imposible.
Buscando una necesidad, descubrieron que de este lado del continente había un gobierno deseoso de fabricar autos con componentes y mno de obra locales para desarrollar una industria automotriz.
En 1953 Kaiser-Frazer habían comprado la licencia para fabricar el Jeep de la Willys Overland, a los doce meses acordaron instalar una planta en Santa Isabel, Córdoba, en sociedad con la estatal IAME. Tras la firma de un convenio con las autoridades, en enero de 1955 se daría la piedra fundamental para Industrias Kaiser Argentina (IKA).
El golpe contra Juan Domingo Perón no logró frenar el proyecto y al poco tiempo comienzan a salir los primeros Kaiser Carabela de la planta cordobesa. De allí salieron también las Estancieras y el Jeep hasta que en 1961 la mayoría del paquete accionario de IKA pasa a American Motors, el menor de los tres enemigos de Detroit. Se inicia la etapa de los Rambler y el Torino hasta que la firma pasa a manos de la francesa Renault. Pero esa es otra historia.
En Estados Unidos, Kaiser florecía también en el negocio de la salud. Había fundado junto con el médico Sidney Garfield el Instituto Kaiser Permanente, con sede central en Oakland, California, y hoy día establecimientos en ocho estados. Como suele suceder en las empresas estadounidenses, derivan parte de sus impuestos en una fundación, en este caso la Kaiser Family Foundation.
Edgar Fousburg Kaiser, hijo de Henry John, asumió la jefatura de sus empresas ya a fines de los 40. De hecho, fue él quien dirigía la central de IKA. El viejo pionero murió en 1967, de modo que no llegó a vivir el momento en que Edgar F. daba sus argumentos para una salud privada a John Erlichman, el operador de Richard Nixon.
Las grabaciones de las conversaciones de Nixon en el Salón Oval terminaron por enterrarlo cuando salieron a la luz en 1974, a raíz del escándalo Watergate. Y esta hubiese podido enterrar al sucesor de la dinastía Kaiser. Pero teniendo en cuenta que el impulso individual es un bien moral para los estadounidenses, eso no llegó a ocurrir.
Esta es la transcripción que guarda la Universidad de Virginia sobre una charla del 17 de febrero de 1071 alas 5,30 pm.
Erlichman: «Sobre … el negocio de la salud …»
Nixon: «Sí».
E: «… ahora hemos reducido los problemas del vicepresidente en este tema a la cuestión de si debemos incluir a estas organizaciones de mantenimiento de la salud como la Permanente de Edgar Kaiser. El vicepresidente simplemente no puede verlo. Intentamos 15 maneras desde el viernes para explicárselo y luego ayudarlo a entenderlo. Finalmente dijo: «Bueno, no creo que funcionen, pero si el presidente cree que es una buena idea, lo apoyaré al cien por cien». (Nota.: Gerald Ford no se caracterizaba por su lucidez, bromeaban que no podía caminar y masticar chicle al mismo tiempo).
N: «Bueno, ¿qué es … cuál es el criterio?»
E: «Bueno, el criterio de todos los demás es muy contundente».
N: «Muy bien».
E: «Y, eh, uh, él es el único con reservas que tenemos en toda la oficina».
N: «Dile que yo … yo … le diría que tengo dudas al respecto, pero creo que es, eh, ahora déjame preguntarte, ahora me das tu opinión. Sabes que no estoy muy interesado en ninguno de estos malditos programas médicos «.
E: «Esto, déjame, déjame decirte cómo estoy …»
N: [No está claro.]
E: «Esto … esto es una …»
N: «No [claro] …»
E: «… una iniciativa privada».
N: «Bueno, eso me atrae».
E: “Edgar Kaiser está manejando Permanente con fines de lucro. Y la razón por la que puede … la razón por la que puede hacerlo … Hice que entrara Edgar Kaiser … hablara conmigo sobre esto y profundicé en ello. Todos los incentivos son para menos atención médica, porque … «
N: [No está claro.]
E: «… cuanto menos cuidado brinda, más dinero ganan».
N: «Bien». [Poco claro.]
E: [No está claro] «… y los incentivos funcionan de la manera correcta».
N: «No está mal».
Al otro día Nixon envió el proyecto de Organización de Mantenimiento de la Salud (HMO por sus siglas en inglés), que derogaba una norma de 1944, y se terminó por aprobar a fines de 1973.
Kaiser Permanente intentó desacreditar a Erlichman cuando se conoció este audio y en un comunicado explicó que: “los programas de atención médica organizada, incluidos los médicos asociados, deben tener un incentivo significativo para elegir el marco HMO. El método de pago basado en tasas, en lugar de costos. . . podría proporcionar tal incentivo”.
En 2002 Los Angeles Times publicó que Kaiser Permanente «otorgó bonificaciones financieras a los empleados del centro de llamadas que pasaban la menor cantidad de tiempo en el teléfono con cada paciente y limitaba el número de citas médicas». Otro balde de agua fría para la imagen de la empresa.
Los informes que publica la institución, sin embargo, suelen ser fuente para investigadores y profesionales de la salud. Y ahora se anotó en la carrera para hallar una vacuna contra el coronavirus, otro gran negocio. El lunes comenzó en el Instituto de Investigación de Salud Kaiser Permanente Washington, de Seattle, un ensayo clínico en 45 jóvenes voluntarios con diferentes dosis de vacunas desarrolladas por el Instituto Nacional de la Salud (NIH por sus siglas en inglés) y la empresa Moderna Inc. Se esperan los resultados en breve.
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