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Boeing, en crisis por el modelo MAX y la pandemia, rompe el acuerdo con la brasileña Embraer

Boeing, en crisis por el modelo MAX y la pandemia, rompe el acuerdo con la brasileña Embraer

La pandemia se llevó puesta la anunciada fusión entre la fabricante brasileña de aviones Embraer y el gigante Boeing, uno de los dos jugadores de mayor peso en esa industria de avanzada. Así lo anunció la empresa estadounidense de un modo que causó estupor en Brasil, y pega simbólicamente al plan neoliberal que venía en marcha desde el Planalto a partir de la destitución de Dilma Rousseff. Un proyecto que se aceleró desde la llegada al poder de Jair Bolsonaro, que puso como ministro a un Chicago Boy -si se puede llamar así a un señor de 70 años como Paulo Guedes- y que ya comienza a mostrar fisuras.

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Por lo pronto, la crisis política que explotó por la forma en que el gobierno federal y el resto de la dirigencia política combaten el coronavirus, y que implicó la expulsión del ministro de Salud Luiz Mandetta, elevó la influencia decisiva de los militares en el gobierno Bolsonaro.

El desafío del ex capitán del Ejército a las recomendaciones de la OMS, que planteaba como su modo de defender la economía, no impidió que las variables se fueran desplomando, un poco porque los gobernadores ordenaron distintos grados de aislamiento, y otro poco porque Brasil no es ajeno a lo que ocurre en el mundo, donde la recesión golpea a todos.

Boeing, una de los dos mayores productores de aeronaves comerciales, no tuvo un buen 2019, luego de una seguidilla de accidentes con sus dos últimas versiones del modelo 737, MAX 8 y MAX 9. Varios gobiernos prohibieron los vuelos hasta resolver cuestiones de seguridad claves.

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Pero al mismo tiempo, ensayó una jugada de riesgo para no perder mercado ante el avance de Airbus, la multinacional europea de participación estatal, la única que puede desplazar a nivel global a la Boeing. A principios de 2018, Airbus se había asociado con la canadiense Bombardier para producir en conjunto aviones de medio tamaño, ideales por costo y rendimiento para vuelos de cabotaje.

Se trata de un mercado en el que a los grandes les conviene tener un socio que tenga la tecnología y la producción aceitada. Meterse en ese negocio puede llevar años de trabajo y millones en inversión en un rubro en el que los costos están demasiado justos por la competencia como para dilapidar el dinero. Bombardier tiene una serie de aviones de pasajeros, la C, con capacidad para 150 personas, de los llamados “de pasillo único”.

El socio ideal para Boeing estaba al sur del continente. Embraer, una empresa que nació estatal en 1969 como uno de los sueños de grandeza de la dictadura militar que se había instaurado cinco años antes. En los 90 su paquete accionario fue vendido a inversores privados aunque el gobierno mantuvo la acción de oro y distintos organismos ligados al estado siguen teniendo participación, como el Banco Nacional de Desarrollo (BNDes) y la Caja de Previsión de trabajadores del Banco Central.

En julio de 2018, se anunció la fusión de Boeing y Embraer en una empresa de la que la norteamericana tendría la mayoría del capital. La operación estaba tasada en 4.200 millones de dólares. La brasileña pondría sobre la mesa los productos que compiten con la canadiense.

Esta propuesta nunca fue del agrado de la Fuerza Aérea Brasileña, que tenía en Embraer proyectos para fabricar aviones caza con tecnología sueca. Ya sea para su uso propio como para la exportación.  En ese sentido, también había proyectos en común con la cordobesa de capital estatal argentino Fadea que nunca llegaron a concretarse.

Pero en el medio pasaron cosas.

Por un lado, la crisis de Boeing fue más grave de lo que parecía. Además, el negocio aeronáutico no estaba en su máximo esplendor durante el 2019. Y la pandemia de Covid-19 terminó por darle quizás el golpe de gracia al plan.

El gobierno argentino, sin ir tan lejos, ya anuncio que se suspenden los vuelos hasta septiembre, en línea con lo que vienen haciendo otros países, donde los aeropuertos están cerrados desde hace un mes.

Si el desplome de la actividad económica tiró por el piso el precio del petróleo, qué no haría con la producción de aviones. No hay empresas que quieran renovar material y a lo sumo, con suerte, se pueden completar los contratos ya en vigencia.

Es así que el viernes Boeing Co. anunció que rompía su acuerdo con Embraer S.A. de manera unilateral, aunque siguiendo las pautas establecidas en el mismo contrato de asociación. Dave Calhoum, director ejecutivo de la firma, dijo a los empleados que deberían ajustarse los cinturones pero no para el despegue precisamente. “Hay que adaptarse a una nueva realidad”, fue el crudo mensaje.

Entre otros considerandos, ahora el precio de mercado de Embraer, susurran en Chicago, la sede de Boeing, no supera los 1.100 millones. Pero además, es difícil prever cuándo habrá una recuperación del negocio.

En San Bernardo dos Campos, donde están las oficinas de Embraer,  tras mostrar su enojo, adelantaron que van a exigir compensaciones por este casamiento interrumpido y cataloga de “falsos argumentos” a las razones esgrimidas por Boeing. No calla, en este divorcio precoz, que la verdadera causa es la situación financiera por el fracaso de los modelos MAX.

En Brasil, mientras, tanto, muchos se alegraron porque piensan que ante la crisis que quizás se cargue al presidente, o al menos a su modelo económico, según se desprende del plan que el jefe de la Casa Civil, el general Walter Braga Netto, presentó en la semana para la recuperación del país tras el coronavirus.

Tiempo Argentino, 27 de Abril de 2020

Groenlandia, el fracking y Trump, que no tiene ni un pelo de ingenuo

Groenlandia, el fracking y Trump, que no tiene ni un pelo de ingenuo

A veces Donald Trump pasa por desbocado, pero en general solo grita desprejuiciadamente lo que el establishment susurra en sordina. En agosto pasado, previo a un viaje a Dinamarca, dijo que su gobierno quería comprar Groenlandia, ese territorio del reino danés con autonomía. Ahora acaba de anunciar que abrirá un consulado en la capital de la isla, Nuuk, y que le otorgará 12 millones de dólares en “ayuda económica”. El dinero, según acuerdo con autoridades dinamarquesas, será destinado al desarrollo de recursos naturales. Pero un funcionario estadounidense reveló que el plan es profundizar la presencia de EE UU en esas regiones árticas, donde ya hay una base militar del Pentágono, para contrarrestar la influencia rusa y china.

Hay otro detalle no menor en estos tiempos de crisis sanitaria y desplome de los precios del petróleo: Groenlandia tiene reservas equivalentes el 13% del crudo mundial y un billón de dólares en yacimientos minerales.

Luego de la jugada a tres bandas para intentar sostener el precio en base a reducir la producción mundial, Trump -que debió negociar fuerte con el saudita Mohamed bin Salman y Vladimir Putin- necesita mantener al negocio del fracking y pelear para que el mercado del combustible fósil siga siendo en dólares.

El fracking permite la soberanía energética por la que lucha el mandatario, ligado a las multinacionales del petróleo. La venta en dólares es clave para sostener el valor de la moneda, que no tiene otro respaldo tangible. En tiempos en que los gobiernos recurren a la impresión de billetes para sostener la economía, todo el andamiaje del Imperio Americano se desmoronaría si el dólar deja de ser la divisa de cambio.

En la guerra comercial del siglo XXI, hay un jugador, el mayor consumidor no tiene producción propia, China. Y a medida que va dejando atrás el Covid-19, puede sacar ventaja y al mismo tiempo dar un golpe debajo del cinturón a su mayor contrincante. Hace justo dos años anunció que compraría petróleo también en su moneda. Ahora puede exigir hacerlo solo con yuanes.

Dato adicional: hay en proyecto una Ruta de la Seda Polar, a nivel del Ártico. A eso apunta la estrategia estadounidense. Que en su historia compró Luisiana a Francia, Alaska al imperio zarista y bien puede hacerse de la enorme isla helada.

Tiempo Argentino, 26 de Abril de 2020

Brasil se descompone y Bolsonaro no acierta a capear el temporal

Brasil se descompone y Bolsonaro no acierta a capear el temporal

La descomposición política de Brasil es de tal nivel que el adalid del uso malicioso de escuchas telefónicas, que torció una causa judicial para sacar de la carrera presidencial a Lula da Silva, se fue del gobierno que surgió de esa maniobra, mostrando mensajes de WhatsApp que comprometen a Jair Bolsonaro. Sergio Moro, el juez que aceptó gustoso ser ministro de Justicia del mandatario que había contribuido a instaurar tras la destitución de Dilma Rousseff, dejó el cargo luego de que el propio presidente echara al jefe de la Policía Federal. La medida era resistida por Moro desde hace un año y tiene como objetivo salvar a los hijos presidenciales.

Según explicó a la prensa, con ese rostro de prócer malhumorado que supo construirse el exjuez federal de Paraná, el presidente quería en ese cargo a alguien que le contara de qué iban las investigaciones. Algo que según el ahora exministro, es inadmisible para el funcionamiento de las instituciones. La defensa de Bolsonaro fue que Moro era un traidor y que él lo había defendido cuando el portal The Intercept comenzó a difundir los chats con los fiscales que perseguían a Lula en los que se revelaba la utilización de un procedimiento ajeno a las reglas institucionales para detener al líder metalúrgico y dos veces presidente.

Hay, que se sepa, dos fuertes razones para querer en la jefatura de la PF a alguien de confianza. Y ambas tienen el nombre de dos de sus hijos, Carlos y Flavio.  Uno, porque la investigación por un coordinado ataque de fake news contra al Supremo Tribunal Federal lo hace responsable de una granja de trols conocida como Gabinete del odio. El otro, por sus vinculaciones con una banda de milicias parapoliciales que, entre otros delitos, no es ajena al asesinato de la concejala Marielle Franco y su chofer en una favela carioca.

La Policía Federal brasileña es un órgano auxiliar de la justicia. Es el equivalente del FBI en EEUU. Moro puso al frente a Mauricio Valeixo, un abogado que se incorporó a la PF en 1996 y al que conoce de Paraná. Fue un hombre clave en el caso Lava Jato, que terminó en condena para dirigentes políticos y fue determinante de la prisión de Lula. Al igual que Moro, Valeixo pasó por Washington, en su caso, como agregado policial, mientras que el exjuez hizo cursos de combate al lavado de dinero.

Carlos, concejal en Río de Janeiro, es el que posteó en Twitter una balacera al grito de Bolsonaro, el día que su padre hablaba en una marcha contra la Corte Suprema. El SFT frenó la intención de decretar el fin de aislamiento que la mayoría de los gobernadores ordenó para evitar la expansión de la pandemia, que ya se ha cobrado 3800 muertos y 55.000 contagios.

Flavio, senador carioca, está en la mira de la fiscalía de Río de Janeiro por un esquema de corrupción que le permitió incrementar su fortuna personal -ahora tiene hasta parte de una tradicional chocolatería – a través del desvío de fondos para una empresa constructora de miembros de la milicia. El testigo más comprometedor de esas intrigas, el ex agente policial devenido en mafioso Adriano da Nóbrega, apareció convenientemente ejecutado en febrero pasado. De su chofer, Fabricio Queiroz, el prestanombres que tenía cuentas bancarias difíciles de conseguir con su sueldo, no se sabe nada desde principios de año.

Bolsonaro padre quiere poner como jefe de la PF a Alexandre Ramagem Rodriguez, actual director de la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN), muy cercano a él desde aquella cuchillada durante la campaña electoral. Para el Ministerio tiene a Jorge Oliveira, actual secretario general de la presidencia, hijo de un capitán del Ejército y amigo de la infancia de sus hijos.

Muchos sostienen que Moro vio la oportunidad de salirse de un gobierno que viene en picada con una alta imagen que le permitiría postularse en las futuras elecciones. La dimisión del ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, también tenia esta lectura: el médico militar estaba en alza por su postura para el combate del coronavirus, totalmente contraria al dejar hacer del mandatario.

En todo este entuerto, es cada vez más claro que Bolsonaro ya es una molestia para los mismos que contribuyeron a su ascenso. Los militares que conforman áreas claves en su gabinete ya habían puesto al general Walter Braga Netto como jefe de la Casa Civil y virtual comandante de operaciones. Se dijo que era por el Covid-19, pero esta semana presentó el llamado Programa Pro-Brasil. Un Plan Marshall para salir de la crisis económica pero, básicamente, un proyecto más cercano al keynesianismo que a la Escuela de Chicago. Tal vez por eso en la presentación no estuvo presente Paulo Guedes, el ultra neoliberal ministro de Economía, ¿La próxima víctima de esta crisis?

Los uniformados no quieren quedar pegados a un fracaso sanitario del gobierno, que se sumaría al económico, desde antes de la pandemia. Para Bolsonaro, la tabla de salvación puede ser aceptar este cambio de rumbo en medio de la tormenta. Una vez, siendo capitán, fue expulsado del Ejército por no respetar jerarquías. Habrá que ver cómo sigue la historia.

7000 Millones de dólares de reserva vendió el Banco Central de Brasil para intentar frenar al dólar, que trepó en el mercado hasta 5,70 por real. Al asumir Bolsonaro, estaba a 3,80.

Tiempo Argentino, 26 de Abril de 2020

Advierten en Italia sobre el crecimiento de la mafia en tiempos de crisis

Advierten en Italia sobre el crecimiento de la mafia en tiempos de crisis

El coronavirus genera situaciones inéditas y alumbra preocupaciones por el día después que le quitan el sueño a dirigentes, empresarios e intelectuales de todo el mundo. En el caso específico de Italia, por estos días surgieron voces de advertencia sobre el peligro de que la pandemia pueda servir para una expansión inusitada de las mafias. Pero si bien se mira, el problema más grande para la península no estuvo en las acciones de las bandas clandestinas del crimen organizado -como se las define oficialmente- sino en las absolutamente legales y visibles instituciones que en el norte industrializado presionaron a las autoridades políticas para no decretar un aislamiento estricto cuando las advertencias de la OMS ya eran claras sobre el desastre que se podría generar.

Las cifras son contundentes: de los casi 190.000 contagiados de Covid-19 y los casi 26.000 muertos que tiene Italia a hoy día, 140.000 son de Lombardía, Emilia-Romagna, Piemonte, Véneto y Toscana, donde se registraron cerca de 20.000 decesos. En el sur -donde proliferan la Cosa Nostra, la N´drangheta y la Camorra- el total de contagiados llegaba a 11.000 con alrededor de 1.000 víctimas fatales.

Para el general de carabineros Giuseppe Governale, entrevistado por la agencia AFP, «la experiencia nos dice que la mafia italiana tiene la habilidad de transformar cualquier amenaza en una oportunidad». Lo cual no deja de ser cierto, con algunos aditamentos en estos dramáticos momentos.

El problema más grave en el olvidado sur italiano no es el de la pandemia, por la baja cantidad de casos, sino la recesión económica, que condena a la indigencia a millones de ciudadanos. Y en este punto es donde aparece la clave de cómo este clima es caldo de cultivo para el crecimiento de las bandas clandestinas. Es que cumplen un rol social que el estado no cubrió por falta de recursos. de interés, o porque el neoliberalismo imperante dicta laisez faire a como dé lugar.

Uno de los que más conoce esos entresijos de la mafia es el periodista Roberto Saviano, autor del libro Gomorra. «Cuando tienes hambre buscas el pan y no miras quién te lo da; si necesitas un medicamento, lo pagas sin mirar quién te lo vende, lo quieres y punto final», escribió en una columna para el diario La Repubblica. Desde La Stampa, el ex fiscal general de Roma Giuseppe Pignatore señaló que “entre los actores de este nuevo renacimiento tras la pandemia estará seguramente la mafia”.

A esta altura, es útil recordar algo de la historia de este tipo de organizaciones y cómo es que mantienen su inserción en esas regiones. Para no ir demasiado lejos, hay bastante coincidencia en que la unificación italiana, que se logró en 1860, dejó algunos “flecos” sueltos en las regiones menos desarrolladas -mejor dicho, atrasadas- de la península itálica.

Al comando de esa creación política estuvo principalmente la burguesía del norte, con un desarrollo industrial al nivel de los más altos de Europa. Giuseppe Mazzini, uno de los líderes de esa unificación de reinos y repúblicas dispersas o bajo dominio extranjero, definió muy bien ese momento: «Hemos creado a Italia, ahora tenemos que crear a los italianos”.

Pero el sur de la bota – la parte de la puntera, el talón- y la isla de Sicilia, se les quedó un tanto distante, quizás porque siempre hubo en los altivos norteños miraron con desdén a esos italianos pobres a los que califican aún hoy de “africanos”. Diego Maradona, desde el Napoli, fue el gran vengador contra la soberbia de Milán en los 90.

Por otro lado, en el sur había organizaciones ligadas al pasado feudal que mantuvieron el orden oligárquico cuando el resto del país estaba bajo control de otras potencias y en total dispersión.

La mafia es un tipo de organización no estatal que, además, compite con el gobierno al punto que no acepta que las autoridades políticas mantengan el monopolio de la fuerza, como se define a un Estado moderno. Son, por lo tanto, una suerte de ONGs armadas que viven de negocios no aceptados por los estados, desde la extorsión, el tráfico de sustancias prohibidas o de personas, por mencionar a algunos.

Como contraparte, se encargan de cubrir todas las necesidades de sus miembros y sus parientes a condición de que se mantengan los rígidos códigos de la organización. Son verdaderos pactos de sangre que ligan a un individuo de por vida a su “famiglia”, o sea, al clan al que pertenece.

En estos tiempos de encierro son muchos los que volvieron a ver la saga de El padrino, de Francis Ford Coppola, o incluso la película realizada en torno al libro Gomorra, donde se refleja con mucha claridad este esquema.

Es evidente que ante una crisis social como la que ya están viviendo millones de italianos, la necesidad de ayuda se hace imprescindible. En las regiones del sur, sobre todo, que es donde la mayoría de las fuentes de ingreso de la población son por trabajos no registrados.

Hay cuatro grandes organizaciones en esas regiones. La más conocida es la Cosa Nostra, originaria de Sicilia; la Camorra es de Campania; la N´dangheta, la más numerosa, es de Calabria y la Sacra Corona Unita, de Puglia.

Migrados muchos de sus integrantes a Estados Unidos, allí prosperaron personajes que se harían famosos como Al Capone o Charles Lucky Luciano. El primero pasó 11 años preso por evasión impositiva y murió de neumonía en 1947 en Miami Beach, arruinado física y económicamente.

El otro, nacido Salvatore Lucaina, condenado a 30 años de prisión por proxenetismo, fue liberado por la oportuna oferta de controlar el posible ingreso de agentes italianos en los muelles de Nueva York y facilitar el ingreso de las tropas estadounidenses en Italia para luchar contra las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Murió apaciblemente en Nápoles en 1962.

“En el sur hay miles de personas que han trabajado en negro siempre y han ganado de máximo 40 euros al día… Ese dinero se ha esfumado. El Estado está preparando una inyección que llegará en pocos días, pero mucha gente tiene necesidad y acepta encantada la compra pagada por el capo de turno. También ayudas de 300 o 400 euros. Para ellos no es nada, para el pobre es todo. De ahí surge el modelo del hombre poderoso, que podrá pedir el voto a su candidato cuando haya elecciones”, dijo a la AFP Nicola Gratteri, fiscal jefe de Catanzaro.

Según los datos del funcionario judicial, la N´drangheta es la mayor organización de Italia, con 30.000 afiliados solo en Calabria y una facturación de 43.000 millones de euros al año. ¿Cuáles son los negocios donde la mafia podrá prosperar en tiempos de Covid-19?

Para Saviano, «Funerarias, lavanderías de hospitales. Empresas de limpieza en las que siempre han invertido. Buenas empresas de reparto, estaciones de servicio, esta es la cartera que han tenido durante los últimos 10 años”. Pero también tienen intereses en la construcción y la recolección de basura. 

Para el investigador, como tienen mucho dinero contante y sonante, están en ocasión de colaborar en momentos de crisis, tanto a individuos como a pequeños empresarios en riesgo de quiebra y gobiernos preocupados por evitar un estallido social en sus distritos.

Quizás no obtengan un rédito muy grande de manera puntual, pero Saviano considera que «su ganancia será que después de la pandemia podrán pedirte lo que sea».  Bien visto, no parece haber mucha diferencia en el modo de manejarse de otro tipo de instituciones de guante blanco. Salvo las formas.

Tiempo Argentino, 23 de Abril de 2020