por Alberto López Girondo | Ago 18, 2021 | Sin categoría
Bien dicen que las derrotas no tienen padres. Lo sabe Joe Biden, que padece ataques desde todos los rincones por la estrepitosa retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán. Pero en este juego de disimulo para esquivarle el bulto al desastre, hay varios mariscales de la derrota. Algunos de ellos cargan sobre sus espaldas el enorme error político de dos décadas y además deberían enfrentar cargos por delitos de lesa humanidad que seguramente nadie les reclamará, por eso de que la justicia es como la víbora, pica solo al que anda descalzo. Y la parafernalia de los soldados de Estados Unidos y la OTAN incluye gruesas botas de combate.
No es que Biden sea inocente, en todo caso es el que le pone la mejilla a decisiones de las que no es ajeno. En principio, por su decidido apoyo como senador y titular de la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara alta a la expansión militar iniciada durante la administración de George W. Bush en octubre de 2001, luego de los ataques a las torres Gemelas.
El otro gran culpable de esa estrategia criminal es el ex secretario de Estado Colin Powell, encargado de explicar en la sede de las Naciones Unidas, por ejemplo, la necesidad de iniciar una incursión en Afganistán en búsqueda del presunto responsable del 11S, Osama bin Laden. Y que luego hizo malabarismos para asegurar, sin pruebas y sin el mismo éxito discursivo, que el Irak de Saddan Hussein tenía armas de destrucción masiva.
Pero el gran titiritero detrás de la estrategia que llevó a la campaña militar más duradera en la historia estadounidense y posiblemente la que le produce las peores consecuencias es Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de Bush, el hombre que diseñó un plan macabro para generar caos en todas aquellas regiones donde EEUU no pudiera tomar el control, la Doctrina Rumsfeld Cebrowski, junto con el almirante Arthur K. Cebrowski.
Hay, por cierto, otros protagonistas de esta historia que ahora se rasgan las vestiduras con rostro demudado por la situación que les espera a las mujeres afganas bajo el régimen talibán. Porque las fuerzas europeas que integraban la coalición armada se fueron retirando hace algunas semanas, por eso ahora aparecen en segundo plano. De hecho, en 2001 se formó la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF por sus siglas en inglés), bajo la cobertura de la ONU y que estaba integrada por tropas de 49 países. Los principales “aportantes” fueron EEUU, el Reino Unido, Alemania, Italia y Francia, pero en esa kermese se anotaron todos los europeos, Canadá, Australia, Turquía, Corea del Sur, Emiratos y hasta El Salvador. Fue reemplazada en 2015 por la llamada Misión Apoyo Decidido (RSM).
Por otro lado, gobiernos como los de la Unión Europea y Rusia, con un primer ministro que comenzaba a mostrarse en el escenario internacional, como Vladimir Putin, apoyaron la incursión en los organismos internacionales. Justo es decir que en 2003, ni Bush ni Powell fueron tan convincentes y los mandatarios de Francia, Bélgica, Alemania, Rusia y China ya no mostraron el mismo fervor invasor para participar de esta segunda invasión como partenaire del Pentágono.
Para poner las cosas en situación habría que decir que el tema de las ocupaciones militares en Asia no representó una carta de triunfo electoral luego de ese fulgor inicial. Es más, Barack Obama, en 2008, basó su campaña presidencial en la promesa de regresar las tropas de Irak y Afganistán. Con esa promesa ganó el Nobel de la Paz en 2009. Pero nunca le hizo honor al premio y para colmo, el tema estaba tanto en el tapete que algunos de los protagonistas pasaron a convertirse en figuras del jet set.
El general Stanley McChrystal se enseñoreó como jefe de la ISAF desde junio de 2009, a pocos meses de la asunción de Obama. Creció sobremanera en la estima popular, acicateado por medios necesitados de héroes y un Pentágono que buscaba legitimar su presencia en Asia de cualquier modo.
Fue así que McChrystal en junio de 2010 aceptó un largo reportaje con Michael Hastings, de la revista Rolling Stones. Periodista de raza habituado a convertirse en una sombra de su entrevistado al punto de pasar inadvertido, Hastings estuvo varios días con el militar en el campo de batalla y logró reflejar al personaje desde su costado más sincero. Como cuando decía que “Afganistán es una úlcera sangrante” y vituperaba a la administración de Obama por la estrategia para esa guerra. Es que reclamaba en envío de más tropas.
No se sabe si fue el golpe más sentido en la Casa Blanca, pero cuando alguien en las reuniones de su estado mayor habló del vicepresidente Joe Biden, permitió un mal chiste bastante humillante en su presencia. “¿Quién es?”, dijo McChrystal. Un asesor del general bromeó: “¿Dijiste: Bite Me?” (en jerga popular, “besame el trasero”, que suena parecido al apellido del actual mandatario). Obama no tuvo mucha opción y lo despidió, nombrando en su lugar a David Petraeus.
Este hijo de un neerlandés venía de Irak con la aureola de ser uno de los mejor preparados oficiales del Pentágono. En un año en Afganistán implementó planes para generar en la sociedad afgana la voluntad de participar en el desarrollo y aceptar la ayuda de “instructores” estadounidenses en cada rincón del país.
“En primer lugar, nuestras fuerzas tienen que esforzarse para proteger y servir a la población. Tenemos que reconocer que el pueblo afgano es el terreno de batalla decisivo. Tenemos que protegerles, respetarles, ayudar a la reconstrucción, promover la economía y el establecimiento de una forma de gobierno que incluya relaciones con los líderes tradicionales de la sociedad”, decía un punto de su decálogo para la reconstrucción
La efectividad nula de estas iniciativas se ve ahora, pero en ese entonces encandilaron a Obama al punto de que en junio de 2011 lo nombró al frente de la CIA. Fue confirmado por el Senado por 94 votos a 0. No duró mucho en el cargo. En agosto de 2012 se conoció que tenía una relación extramarital con Paula Broadwell, una ex militar y periodista que estaba escribiendo su biografía. Investigando qué hacía la mujer junto al general, el FBI encontró documentos militares ultrasecretos en su casa.
“Este es un enorme revés para la seguridad nacional y está a punto de empeorar a menos que decidamos tomar medidas realmente significativas “, dijo ahora Petraeus en una entrevista televisiva. McChrystal hace tiempo que prefiere no hablar con periodistas. Powell tampoco emitió opinión. “Nuestros corazones están apesadumbrados tanto por el pueblo afgano que ha sufrido tanto como por los estadounidenses y los aliados de la OTAN que han sacrificado tanto”, escribieron George W Bush y su esposa, Laura Bush, en una carta pública.
Donald Trump, que había firmado un acuerdo con los talibanes en 2020 y anunció como un camino hacia la paz en ese momento, ahora dijo que la retirada “la mayor vergüenza” en la historia de EEUU. Rumsfeld no alcanzó a decir nada, ya que falleció plácidamente a los 88 años, en junio pasado.
La muerte de un halcón
Tiempo Argentino, 18 de Agosto de 2021
por Alberto López Girondo | Ago 14, 2021 | Sin categoría
Los talibanes desnudaron las debilidades de un imperio en decadencia. Y salvo en el universo Marvel, donde los superhéroes siempre triunfan, desde la II Guerra Mundial Estados Unidos nunca ganó en un campo de batalla, a pesar de tener los mayores arsenales de armas de destrucción masiva.
Por más que la retirada de Afganistán aparezca mediáticamente edulcorada con buenos deseos y fe en la paz, cuando un ejército falla en los objetivos trazados en las mesas de arena, se permite hablar de fracaso.
El gobierno de Joe Biden viene a cerrar un capítulo abierto por George W. Bush en 2001 y que empantanó a EE UU en una guerra infinita de la que, al igual que la invasión a Irak, no le resultó fácil salir.
Fue el republicano Donald Trump –como lo había sido Richard Nixon en 1973 en Vietnam– quien reconoció que esa guerra no se podía ganar. Y negoció la retirada con los talibanes en 2019 que luego tuvo que confirmar Biden.
En Venezuela el escenario tiene similitudes y diferencias notables, aunque no se llegó a una guerra abierta. La ofensiva sobre el gobierno de Nicolás Maduro estuvo alentada desde 2015 por un decreto de Barack Obama. Pero fueron los halcones de Trump los que buscaron una intervención de la mano de los gobiernos de derecha surgidos en la región y un secretario general de OEA sumiso a la voluntad de la Casa Blanca.
Parecía que desconocer al presidente chavista y designar a un “interino” como Juan Guaidó, votado por una Asamblea surgida de la gran derrota del PSUV de diciembre de 2015, era la estrategia ganadora. En la mesa de arena la cosa funcionaba de maravillas, no podía fallar.
La realidad fue bien diferente y aun los mandatarios afines recularon ante la posibilidad de una incursión militar, algo que en el sur del continente no había ocurrido jamás. Para colmo de males, si el plan era un levantamiento masivo de venezolanos contra su gobierno, nada de eso ocurrió. Como tampoco ocurrió en Cuba desde que se decretó el bloqueo, hace seis décadas.
Mientras tanto, la parte más sensata de las sociedades latinoamericanas buscaba una salida negociada entre bambalinas. No estuvo Mauricio Macri en esa línea, por cierto. Y cuando el gobierno conservador español de Mariano Rajoy tenía a flor de labios siempre la palabra Venezuela para nombrar al mal absoluto, el expresidente de gobierno socialista, José Luis Rodríguez Zapatero, pasó varios meses de su vida desde 2014 tratando de llegar a un acuerdo entre la oposición y el oficialismo venezolanos para una salida democrática y pacífica a la crisis. Luego de trabajosas negociaciones, todo estaba listo para la firma de un documento en febrero de 2018 pero la oposición faltó a la cita. Rodríguez Zapatero salió a cuestionar el faltazo. Dijo que un llamado desde Washington obligó a los opositores a irse de Santo Domingo para no avalar esa opción. Que Henrique Capriles ahora quiera participar en futuras elecciones y abandonar el abstencionismo infructuoso es una señal de que también en el Caribe, Washington reconoce una derrota. Eso no quiere decir que se rendirá, pero aparece como una señal auspiciosa.
Tiempo Argentino, 14 de Agosto de 2021
por Alberto López Girondo | Ago 14, 2021 | Sin categoría
Para los criollos de esta parte del mundo, filibustero es como un pirata del Caribe que se dedicaba al saqueo de las ciudades costeras. Vaya uno a saber por qué piruetas de la lengua popular, terminó designando, sobre todo en Estados Unidos, a una estrategia destinada a paralizar o demorar un debate parlamentario. Consiste básicamente en que un legislador puede hacer uso de la palabra todo el tiempo que quiera siempre y cuando no se detenga ni se siente. Hay quienes han leído cartas de sus hijos, recetas culinarias, anécdotas del servicio militar. Hasta que se suspende la sesión. Un senador por Texas, el ultraconservador Ted Cruz, ostenta un récord desde septiembre de 2013, cuando habló durante 21 horas y 19 minutos en un debate sobre la necesidad de retirar fondos que el gobierno de Barack Obama quería destinar a su plan de salud. Quizás porque Texas tiene algo de tierra de filibusteros, esta vez una mujer, la senadora Carol Alvarado, hizo su modesta contribución a ese insólito medallero cuando habló durante caso 15 horas en un intento de obstruir la aprobación de una ley que restringe el derecho a voto en ese estado.
Nacida en Houston en una familia de origen mexicano, Alvarado tiene un título en Administración de Empresas y otro en Ciencias Políticas. Se presenta en su CV como “defensora de la salud y los derechos reproductivos de la mujer” y recuerda que impulsó leyes para ayudar a las víctimas de abuso sexual.
Su “filibuster” buscaba impedir que la cámara alta diera media sanción a una iniciativa del partido republicano que pone trabas al derecho al voto y afectará a las minorías afrodescendientes e hispanas. El rechazo a esta ley entre los demócratas ya provocó una persecución de gobernador Greg Abbot y del líder republicano en la Cámara de Representantes, Dade Phelan, quien ordenó la detención del medio centenar de legisladores que se negaron a dar quórum para su tratamiento sobre tablas y viajaron a Washington para alertar al Congreso federal sobre la maniobra.
Para cumplir con su objetivo obstruccionista, Alvarado se puso un aparato ortopédico en la espalda y zapatillas deportivas y habló parsimoniosamente detrás de un escritorio repleto de papeles o ayuda-memorias. “¿Queremos que el acceso a nuestro proceso electoral sea más difícil para las personas con discapacidad o queremos eliminar barreras para ellas?” planteó en un tramo de su extensísimo discurso. “¿Queremos defender el tremendo progreso que hemos logrado en los derechos civiles y la igualdad o reducir los derechos de voto a las comunidades de color?”, agregó.
Habló de historia del voto en EEUU y detalló con una minuciosidad soporífera los aspectos de la ley que se debatía. “El obstruccionismo no va a detenerla, pero un obstruccionismo también se utiliza para frenar un problema, para llamar la atención sobre lo que está en juego, y eso es lo que estoy haciendo”, dijo al diario Texas Tribune.
La dilación no fue suficiente y el proyecto salió del Senado por 18 votos a 11. Ahora habrá que ver qué pasa en la Cámara de Representantes. Allí el oficialismo estadual depende de poder capturar a los rebeldes y llevarlos a la fuerza al Capitolio para dar quórum. Lo demás sería como una escribanía ya que los republicanos tienen mayoría.
A todo esto en Washington, Cruz -un ultraconservador que se opone a todos los gobiernos populares latinoamericanos- logró bloquear un proyecto en el Senado para tratar una ley federal sobre el derecho a voto a instancias de los demócratas. “Este proyecto de ley constituiría una toma de control de las elecciones por parte del gobierno federal”, argumentó Cruz.
Tiempo Argentino, 14 de Agosto de 2021
por Alberto López Girondo | Ago 11, 2021 | Sin categoría
Ordenar la detención de legisladores opositores no suena demasiado bien para los cultores del sistema democrático occidental y cristiano. Para colmo, porque se negaron a votar una ley que restringe el derecho a voto y viajaron a la capital del país para plantear el caso ante las máximas autoridades federales. Pero la cosa cambia si el escenario no es un país subdesarrollado de Latinoamérica, África o el mundo árabe. En concreto, el presidente de la Cámara de Representantes de Texas emitió una orden de detención para más de 50 legisladores demócratas que viajaron a Washington para evitar la aprobación de un proyecto de ley que restringe más el acceso al voto en un estado ultraconservador con aires de secesionista que esta vez, con la relajación de las medidas electorales por la pandemia, vio un incremento de ciudadanos que decidieron cumplir con sus obligaciones electorales. Los 38 electores quedaron para Donald Trump, pero a un plazo no demasiado largo los estrategas republicanos temen perder la supremacía que le da un sistema que les permite gobernar a voluntad gracias a maniobras para diluir o impedir el voto que en otros distritos estadounidenses alimenta las bases del partido del burro.
Los legisladores en la mira del congreso tejano son 54 y representan el 36% de la cámara baja del segundo estado más rico de EEUU. A fines de julio decidieron fletar un charter y pedir entrevista con el presidente Joe Biden para contarle la situación.
Extraña democracia
En tiempos de Zoom no hacía falta que fueran hasta la capital estadounidense, pero era la excusa que necesitaban para no dar el quorum necesario para aprobar la normativa que los republicanos, que son mayoría en el Capitolio estadual, pretenden imponer.
Con el argumento de que se intenta hacer que “el voto sea más seguro” y en consonancia con las posiciones más duras de Trump a negarse a aceptar la derrota en noviembre pasado por supuesto fraude, la iniciativa pretende prohibir el voto en automóvil (drive-in), aplicar restricciones en los horarios de votación y el voto por correo. Trump estaba convencido de que en el voto postal estaba la posibilidad de que los demócratas lo derrotaran y quería impedirlos desde antes del comicio.
El sistema electoral estadounidense es de por si restrictivo. Se vota en un día laborable, el primer martes de noviembre, y es necesario registrarse previamente. Por otro lado, existe un artilugio muy usado que se llama gerrymandering y que consiste en dibujar los distritos electorales para compensar con límites amañados las mayorías opositoras. Así, en 2016 Trump arrebató el triunfo a Hillary Clinton, que tenía más de 2 millones de votos populares que el republicano.
Dibujo electoral
Este método tiene un capítulo complementario: para garantizar que solo lleguen a la presidencia “los buenos”, hay un colegio electoral que “regula” y dosifica la voluntad popular para adecuarla a la necesidad del establishment.
Como ejemplo de manipulación electoral, el viernes pasado se cumplieron los 56 años de la firma de la Ley del Derecho al Voto con el que Lyndon Johnson cumplió finalmente su promesa de anular las discriminaciones raciales para ejercer el sufragio universal. Y no fue una concesión graciosa de las elites sino el resultado de la lucha incesante a un costo en vidas monstruoso de la comunidad negra.
Ahora, y al cabo de pocas semanas, 17 de los 50 estados norteamericanos promulgaron 28 nuevas leyes que solo tienen como objetivo dificultar el voto libre y universal. En este contexto, el presidente de la Cámara de Representantes de Texas, Dade Phelan, firmó las órdenes de arresto para los legisladores demócratas y se las entregó al jefe de seguridad del Capitolio.
La mayoría republicana había aprobado la autorización basada en una ley que permite detener a diputados que se ausenten durante las votaciones para obligarlos a volver a la sala. La moción fue sancionada por 80 votos contra 12, algo no demasiado prolijo ya que el quorum es de 100.
“Es nuestro derecho como legisladores romper el quórum para proteger a nuestros electores”, adujo el líder demócrata, Chris Turner. “Lucharemos tan duro como podamos contra los ataques republicanos a nuestro derecho al voto”, agregó.
No está claro dónde están los legisladores rebeldes. Muchos se supone que en Washington, pero otros, como Evelina Ortega o Celia Israel, están en Texas pero aseguraron a medios locales que no piensan presentarse a pesar de las órdenes de detención.
La ofensiva contra el voto universal había recibido un espaldarazo a principios de julio cuando la Corte Suprema de EEUU ratificó leyes de Arizona impulsadas por los republicanos que para los defensores de los derechos civiles desafía la histórica ley de Johnson.
En Texas, el juez Brad Urrutia había prohibido al gobernador republicano Greg Abbott y al titular de la Cámara que emitieran cualquier orden de detención sin su consentimiento. Pero la Corte Suprema local rechazó inmediatamente “el peligroso intento de los demócratas de Texas de socavar nuestra Constitución y evitar hacer el trabajo para el que fueron elegidos”, según calificó Renae Exe, vocera del gobernador texano.
Tiempo Argentino, 11 de Agosto de 2021
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