Viola Amherd, presidenta de Suiza, y Volodmir Zelenski dieron por inaugurada la Cumbre de la Paz en el paradisíaco centro turístico de Burgenstock, que cuenta con la presencia de representantes de «todas las partes del mundo, todos los continentes, diferentes naciones, tanto grandes como pequeñas geográficamente, y todos los polos políticos de nuestro mundo», según dijo el mandatario ucraniano. Pero quedaron afuera de la ronda Rusia, que es la otra parte involucrada en la guerra, China y a última hora el presidente colombiano. «No es un foro libre para discutir los caminos de la paz entre Rusia y Ucrania. Sus conclusiones ya están predeterminadas», tuiteó Gustavo Petro, para agregar que «la mayor parte de América Latina y el gobierno de Colombia no estamos de acuerdo con extender la guerra. No nos inscribimos en bloques políticos para la guerra» y recordar al asesinado primer ministro sueco Olof Palme, que «en el momento más agudo de la guerra fría supo levantar la bandera de la paz mundial y de la Justicia Social». Por la región, el que se anotó en primera fila fue Javier Milei.
Un par de días antes de esta cumbre, Vladimir Putin envió una fuerte señal a los jefes de estado que se dan cita en el lujoso complejo hotelero a orillas del lago de Lucerna que alguna vez disfrutaron desde Sofía Loren y Charles Chaplin hasta monarcas y oligarcas de toda laya. Putin planteó un plan de paz en el que exige el retiro de las tropas ucranianas de los territorios incorporados a la Federación Rusa luego de los referendos de 2022, la desmilitarización del resto del territorio y el compromiso de no ingresar a la OTAN ni alojar armamento nuclear.
La propuesta generó sorpresa y levantó fuertes rechazos. El primero, claro, de Zelenski, para quien «este ultimátum no se diferencia de otros que haya dado antes» y alarmó que de no ser detenida a tiempo, esta «nueva ola de nazismo ruso» se extenderá por todas partes. El titular de la OTAN, Jens Stoltenberg, declaró no creer que la iniciativa sea pacífica y adelantó que los países de la alianza seguirán brindando ayuda a Kiev. «Rusia podría lograr sus objetivos de guerra esperando que los ucranianos cedan significativamente más territorio del que ha podido ocupar hasta ahora», abundó. En fila, siguió la presidenta del Consejo de ministros italiana, Giorgia Meloni: «la propuesta no es más que propaganda».
Entre las consideraciones del Kremlin a la hora de sentarse a una mesa de diálogo hay algunas que resultan complicadas de resolver. En primer lugar por un decreto del presidente ucraniano que prohíbe a todo negociar con Putin. En segundo lugar, porque el periodo presidencial de Zelenski venció el 20 de mayo sin haber convocado a elecciones, como establece la constitución. Para Putin, Zelenski es un «presidente (MC)».
La posición de Estados Unidos fue, obviamente, negativa. «Putin ha ocupado ilegalmente territorio soberano ucraniano. No está en posición de dictar a Ucrania lo que deben hacer para alcanzar la paz», dijo el secretario de Defensa, Lloyd Austin en una reunión de la OTAN en Bruselas. El responsable diplomático de la Unión Europea, Josep Borrell, coincidió en esta mirada argumentando que el «agresor no puede dictar los términos» de un alto el fuego. En verdad, los términos de la paz las dictan los vencedores de una guerra. Y la propuesta de Putin tiene ese sentido, de allí que ni la OTAN, ni EE UU ni la UE estén en condiciones de aceptar una derrota, al menos por el momento. Lo que si pudo hacer Bruselas es establecer, como hicieron este viernes, un «acuerdo de principio» para iniciar los trámites de adhesión de Ucrania y Moldavia a la UE.
Lo curioso es que justo este sábado el New York Times publicó completo el borrador de acuerdo de paz que en marzo de 2022 estaban discutiendo en Estambul representantes de Rusia y Ucrania y que en un viaje de urgencia a Kiev se encargó de hacer abortar el entonces primer ministro británico, Boris Johnson. Ese documento sólo pedía el reconocimiento como territorio ruso de Crimea y garantías para la población rusa del Donbas. «El viernes, Putin dijo que Rusia aceptaría un alto el fuego sólo si Ucrania entregaba cuatro regiones que el Kremlin ha declarado parte de Rusia y abandonaba sus aspiraciones de la OTAN. Se trataba esencialmente de una exigencia de capitulación, que el gobierno ucraniano denunció inmediatamente», dice el texto del NYT que firman Antón Troianovski, Adam Entous y Michael Schwirtz. «Las demandas actuales de Ucrania –una retirada de todas las fuerzas rusas del territorio ucraniano– tampoco parecen realistas dada la aparente determinación de Putin y las ventajas actuales de su ejército», concluyen.
Rusia, mientras tanto, también sorprendió en el Caribe el miércoles con la llegada a la bahía de La Habana de un convoy naval encabezado por la fragata Almirante Gorshkov, el petrolero Akademik Pashin y el remolcador de salvamento Nikolai Chiker. Lo que despertó todas las alarmas fue que también está el submarino nuclear Kazán. «Ahora tenemos buques de guerra y submarinos nucleares rusos rodeando a Cuba, a 60 millas de la costa de Florida. ¿Cómo les hace sentir eso? ¿Se sienten bien por eso? Y eso es sólo porque la debilidad de Biden nos está poniendo en grave peligro», dijo Donald Trump, en plena la campaña electoral.
Foto: G7 / Prensa
Dos modelos argentinos
Javier Milei se dio un baño de gloria en las cumbres del G7 y la de la paz ucraniana en Suiza, donde aprovechó para visitar los hoteles Borgo Egnazia, en la Apulia y el complejo Burgnestock, de Lucerna, un lujo para pocos. Pero en cada una de ellas fue muy evidente que su dogmatismo lo lleva a rispideces fuera de lugar con algunos de los líderes del mundo. En el encuentro de los países más ricos de occidente, la enemistad insólita con Lula da Silva llevó a que no tuvieran una bilateral ni siquiera como vecinos del barrio, por «el que dirán», más no sea. Y en la “foto de familia” aparece uno en cada rincón. Lula, extrañamente, con los pulgares hacia arriba, el gesto característico de Milei, a la derecha de la imagen, la izquierda de la escena. En Suiza, le expresó todo su apoyo a Volodimir Zelenski. «La paz entre las naciones libres no solo es un deber moral, sino una condición necesaria para la prosperidad», planteó el anarcocapitalista. Ahí el ejercicio de la distancia corrió por cuenta del español Pedro Sánchez. El otro argentino que se lució por estos días, Jorge Bergoglio, estuvo muy amigable con todos. Incluso con Milei, que elevó enfrentamientos de un calibre tan grueso como los otros dos. Queda por ver si Milei viajará a China para agradecerle en persona a Xi Jinping por la extensión del swap. Por esas tierras se llama paciencia estratégica. Lo del Papa sería poner la otra mejilla. Otra diferencia: Francisco pidió en el G7 que el mundo reflexione sobre los efectos de la Inteligencia Arficial, mientras que el inquilino de Olivos se babea como un chico con su primer Play Station.
Las autoridades ucranianas indicaron que al menos dos centrales térmicas fueron dañadas durante una andanada de ataques rusos con drones y misiles contra plantas energéticas. «El objetivo principal de Rusia es normalizar el terror, explotar la falta de defensa aérea suficiente y la determinación de los socios de Ucrania», se quejó Volodimir Zelenski en su cuenta de Telegram. Sin embargo, el presidente no debería sentir tanto abandono tras la decisión del gobierno de Joe Biden y de los cancilleres de la OTAN de autorizar el uso de las armas que le suministran a Kiev en territorio ruso. Una peligrosa ampliación de la guerra que ya hizo decir al vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, Dmitri Medvedev, que los socios de Ucrania “recibirán una respuesta de tal poder destructivo que la propia alianza simplemente no podrá resistirse a involucrarse en el conflicto”. Este sábado se informó que Rusia atacó depósitos de armamento occidental en Ucrania.
Hasta ahora había una restricción de los aliados para que el armamento europeo y estadounidense pudiera ser utilizado fuera de la frontera por temor a que eso fuera el argumento que necesitaba Moscú para represalias contra objetivos europeos. Para los analistas, la ofensiva que Rusia está desarrollando en la zona de Járkov y que podría poner fin a la resistencia ucraniana en breve los pone en la obligación de o reconocer que la OTAN fue derrotada de manera humillante o doblar la apuesta y ver hasta dónde se llega. Con una elección en puerta para el Europarlamento y en noviembre en Estados Unidos, la ficha cayó en que no podían plantar bandera blanca justo en este momento. No habría que descartar incluso que la condena a Donald Trump, que ocupó las portadas de los medios occidentales, fuera una coincidencia imprescindible para aminorar la repercusión del recrudecimiento del conflicto.
La Casa Blanca había confirmado su autorización oficialmente a través de su vocero, aunque aseguró que era solo para zonas cercanas a Járkov. El candidato independiente a la presidencia Robert Kennedy Jr fue el primero en criticar la decisión. «Otra escalada demencial de la Administración Biden es autorizar a Ucrania a atacar objetivos en la profundidad de Rusia. Usando nuestras armas», escribió en su cuenta de la red X. El canciller italiano, Antonio Tajani, tomó distancia sobre el asunto. “Es un momento muy delicado, no debemos dar pasos en falso (…) debemos evitar decisiones y declaraciones precipitadas», dijo. Sin embargo, Italia junto con Francia, el Reino Unido, Alemania, Países Bajos, Polonia, Suecia, Finlandia, Canadá, Estonia, Letonia, Lituania, España y Portugal estuvieron de acuerdo en liberar el uso de las armas.
En ese contexto, resalta por el contenido hipócrita de una declaración de los ministros de Relaciones Exteriores del grupo G7, que se mostraron “gravemente preocupados” por la cooperación de Corea del Norte y Rusia y les reclamaron que cese la transferencia “ilegal” de armas. “Nuestros gobiernos se oponen resueltamente a estas continuas transferencias de armas, que Rusia ha utilizado para atacar la infraestructura crítica de Ucrania, prolongando el sufrimiento del pueblo ucraniano”, dice un documento que firmaron representantes de Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Japón y la Unión Europea.
El español Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, estuvo algo más sensato en Singapur, donde tras reunirse con el ministro de Defensa Don Jun en el marco del Diálogo Shangri-La, dijo que «China prometió no suministrar armas a Rusia y no tenemos pruebas de que esto esté ocurriendo». Don se reunió también con su par estadounidense, el general Lloyd Austin. El foro de defensa regional que se desarrolla en esa ciudad asiática es organizado por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres, un think tank ligado a los gobiernos británico y estadounidense. Zelenski será el invitado de honor y hablará este domingo. Shangri-La es un sitio utópico en el Himalaya donde todo es armonía y felicidad según escribió en Horizontes perdidos el inglés James Hilton.
Gaza: más muertes y sin acuerdo
Mientras la cifra de muertos por la ofensiva israelí en Gaza supera los 36300, Egipto, Estados Unidos e Israel planean debatir este domingo en El Cairo la reapertura del cruce fronterizo Rafah, donde se están registrando las matanzas ahora. Los gobiernos occidentales instan a Hamás a que acepte una propuesta israelí de alto el fuego. En tanto, la huelga de profesores de la Universidad de California (UC), contra la represión policial de las protestas propalestinas, se extendió a los campus de UCLA (UC Los Ángeles) y UC Davis.
En el marco de una profunda reestructuración de las fuerzas armadas, Vladimir Putin ordenó la detención de varios altos mandos acusados de corrupción al tiempo que anunció nuevos avances en su ofensiva sobre Járkov. El recambio en el área de Defensa se había iniciado ni bien asumió su nuevo mandato, el 9 de mayo, cuando reemplazó al ministro Sergei Shoigu, que pasó a desempeñarse como consejero de Seguridad, por el economista Andrei Belousov. Ahora fueron apresados el teniente general Vadim Shamarin, jefe adjunto del Estado Mayor para las comunicaciones, junto con otros funcionarios ministeriales, los que se suman al ex general Ivan Popov, acusado de fraude. La movida, según los analistas, sería una operación planificada con Shoigu para limpiar una camarilla que recibía coimas de empresas proveedoras de armamento, pero también para promover a militares fogueados tras más de dos años de jugársela en la guerra de Ucrania. Es decir, sacar del medio a generales de escritorio y poner a combatientes al mando, controlados por alguien que entiende de negocios y puede vigilar que no se queden vueltos camino al frente.
Putin, mientras tanto, dijo el viernes que no se opone a una mesa de diálogo para poner fin al conflicto, pero, aclaró, «deben basarse en el sentido común, no en ultimátums, y deben llevarse a cabo con un gobierno legítimo de Ucrania», consigna el canal RT. El presidente ruso aludía a que el mandato de Volodimir Zelenski venció el lunes y desde marzo tiene suspendidas las elecciones con el argumento de que la guerra no es buen momento para ir a las urnas. «No me importa mucho, la verdad», replicó el ex comediante, agregando que los comentarios sobre su legitimidad son «aburridos y poco interesantes”.
La otra pata del mensaje de Putin se refiere a la Conferencia para la Paz en Ucrania convocada a instancias de Zelenski para el 15 y 16 de junio en Bürgenstock, Suiza, a la que fueron invitados 160 gobiernos… pero no el ruso. Ayer, en Stresa, Italia, ministros de Finanzas del G7 anunciaron avances «en nuestras conversaciones sobre las posibles maneras de anticipar los beneficios extraordinarios procedentes de los activos soberanos rusos bloqueados en favor de Ucrania, en conformidad con el derecho internacional y nuestros sistemas jurídicos respectivos».
Esta iniciativa será presentada en la próxima cumbre del grupo de las naciones más industrializadas de occidente entre el 13 y el 15 de junio en Apulia, Italia, a la que dijo que asistiría Javier Milei. A principios de este mes la UE llegó a un acuerdo para embargar los intereses de los activos bloqueados de Rusia y así enviar más armas a Ucrania. Estiman ese monto en unos 3000 millones de euros al año que irán a los fabricantes de armas. En respuesta, Rusia embargó bienes de bancos de EE UU y de Europa, como los JP Morgan y Deutsche Bank.
Foto: AFP
Putin, en tanto, añadió hace unos días que al aceptar que las sanciones lleguen al punto de incautar fondos, «las autoridades de EE UU están socavando la confianza en el dólar, su principal, primordial y más importante instrumento de poder. Por así decirlo, simplemente están cortando la rama en la que ellos mismos están sentados».
El tema de la paz en Ucrania también desvela a China y Brasil, dos de los miembros fundadores del grupo BRICS, la contraparte del G7, y este jueves el ministro de Relaciones Exteriores, Wang Yi, se reunió con el ex canciller brasileño Celso Amorim, actual consejero del presidente Lula da Silva, y emitieron un comunicado en el que exhortan a desescalar el conflicto y a mantener un diálogo constructivo como «la única solución viable a la crisis de Ucrania». El texto señala que «las dos partes acogen con beneplácito a los miembros de la comunidad internacional que apoyen y respalden los entendimientos comunes mencionados y desempeñan conjuntamente un papel constructivo en la promoción de las conversaciones de paz».
China, por su parte, culminó este jueves dos días de maniobras militares alrededor de la isla de Taiwán que incluyeron el sobrevuelo de 111 aviones y decenas de buques. El ejército chino mostró un video donde se ven camiones lanzamisiles e imágenes de oficiales a bordo de los barcos contemplando a las naves taiwanesas. Para Taipei, se trató de «una provocación unilateral que no sólo socava el statu quo de paz y estabilidad en el estrecho de Taiwán, sino que es también una flagrante provocación al orden internacional».
Los ejercicios comenzaron poco después de que asumiera el nuevo presidente, Lai Ching-te, quien en su discurso inaugural advirtió: «Espero que China afronte la realidad de la existencia de la República de China (sic) y respete las decisiones del pueblo de Taiwán». Beijing exige a Estados Unidos respetar el principio de «una sola China” y detener las interacciones oficiales con Taiwán. Hablaba de congresistas pero también del subcomandante del mando Indopacífico de Estados Unidos, el teniente general Stephen Sklenka, quien adujo que las maniobras militares eran «preocupantes». «China nunca tolerará ningún intento de nadie por dar cobijo a actividades separatistas que busquen con cualquier pretexto la independencia de Taiwan», respondió el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Wang Wenbi.
En su discurso anual ante la Duma y el Consejo de la Federación, Vladimir Putin advirtió a Occidente sobre una escalada en el conflicto en el este de Europa y alertó que las tensiones suponen un «riesgo real» de una guerra nuclear. El presidente ruso enfrenta semanas de tirantez a la espera de las elecciones para un nuevo mandato, que se desarrollarán entre el 15 y el 17 de marzo y en las que es ampliamente favorito, pero que descuenta que será deslegitimado por las potencias de la OTAN.
En ese contexto el viernes resultaron detenidas unas 130 personas en el funeral del opositor Alexei Navalni. La muerte en prisión del hombre que encarnó a la oposición a Putin y con el que la OTAN y EE UU planteaban una estrategia para enfrentar al oficialismo, complicó al Kremlin, que terminó acusado de haber eliminado a su principal oponente político interno. Inesperadamente, el jefe de los servicios de espionaje ucranianos, Kyrylo Budanov, declaró en una entrevista que según sus informes, Navalni murió a causa de un coágulo de sangre que se había desprendido.
El mensaje de Putin –que no hizo referencia al preso fallecido– apuntaba directamente a las últimas movidas en el continente europeo. Por un lado, esta semana el parlamento húngaro aceptó el ingreso de Suecia a la OTAN, un hecho temido por Rusia porque tras el ingreso formal de Finlandia en abril pasado, estratégicamente la organización atlántica está en capacidad de bloquearle la salida del mar Báltico por San Petersburgo y a su territorio de Kaliningrado, algo que no había ocurrido ni en la época de la Unión Soviética.
Además, crecen las voces amenazantes desde Europa. El presidente francés, Emmanuel Macron, avisó que podría enviar tropas a Ucrania en el marco de la guerra contra Rusia. Por si quedaban dudas, Macron agregó: «Cada una de las palabras que pronuncio sobre este tema está sopesada, pensada y medida». Y el primer ministro neerlandés Mark Rutte firmó con el presidente Volodimir Zelenski un acuerdo de seguridad con Ucrania durante un viaje a Járkov.
Del otro lado de ese país, el Parlamento de Transnistria pidió la protección de Moscú. Se trata de un territorio de lengua y cultura rusa en la república de Moldavia lindante con Ucrania que se declaró independiente en 1992 aunque nunca fue reconocida fuera de Rusia. En ese pequeño territorio de poco más de 4100 kilómetros cuadrados viven «más de 220.000 ciudadanos rusos», dicen los legisladores, que aseguran enfrentar «amenazas sin precedentes de naturaleza económica, socio-humanitaria y político-militar», de Moldavia.
No hizo falta demasiado para que los analistas europeos perciban similitudes con el inicio del conflicto en Ucrania. Desde 2020 gobierna en esa exrepública soviética la proeuropea Maia Sandu, una economista formada en Harvard que en diciembre anunció que se postulará para un nuevo periodo en noviembre próximo. La «reintegración» de Transnistria figura entre sus proyectos desde que llegó al poder y dijo que está haciendo «pequeños pasos» para lograrlo. En ese contexto es que la legislatura lanzó el pedido a Moscú, que por ahora guarda silencio, aunque ya avisó que no le cabe un alfiler.
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