Luego de unas tres horas de debates, la Unión Europea (UE) desconoció la elección presidencial desarrollada en Bielorrusia y amenazó con sanciones contra los dirigentes del gobierno de Alexandre Lukashenko. La situación en ese país se tensa cada vez más luego de los comicios realizados el 9 de agosto, en los que según las cifras oficiales el presidente, que lleva 26 años en el poder, ganó por 80%. Varias manifestaciones opositoras fueron reprimidas por fuerzas policiales en un contexto delicado para la estabilidad regional: si bien Lukashenko suele mostrar relaciones ambivalentes con Moscú, para Vladimir Putin la caída de ese gobierno puede dejar al país en manos de grupos más cercanos a Occidente en una nación de lazos indisolubles con Rusia. Con el agregado de que sería un nuevo avance sobre territorios de la antigua Unión Soviética que amenazan la seguridad de la Federación Rusa.
Para gran marte de los analistas de la región, el Kremlin teme un nuevo Maidán, por el movimiento que en 2014 terminó por voltear al presidente Viktor Yanukovich en Ucrania en 2014. Pero marcan también alguna diferencia notable: Bielorrusia es un país hermanado con los rusos donde no hay un sentimiento rusófobo.
En Ucrania, hay un sector de la población que rechazó a la URSS desde sus inicios a tal punto que apoyaron sin dudar la invasión nazi. Herederos de esos sectores dieron el golpe que llevó al poder a fuerzas neofascistas que contaron con apoyo de la UE, la OTAN y EEUU. Así se puede entender la recuperación de Crimea por parte de Moscú y el levantamiento del oriente ucraniano prorruso -Donbass y Lugansk- contra el gobierno de Kiev.
Es evidente el interés de esos mismos actores que intervinieron en Ucrania para tomar posiciones en Bielorrusia. Y también la preocupación de Putin, que no quiere un dolor de cabeza en sus fronteras.
Las relaciones entre Moscú y Minsk, con sus vaivenes, son sólidas, aunque Lukashenko se ganó algún que otro tiró de orejas por mantener cierta ambigüedad en su intento por abrirse a Occidente.
Desde su primer gobierno, en 1994, el mandatario ganó por casi unanimidad. Bielorrusia mantiene instituciones y hasta ritos de la ex URSS. Incluso las empresas públicas en manos del estado. Con Rusia integra una unidad que no llega a la anexión pero a nadie escapa que tiene pocas posibilidades de existencia a no ser por el intercambio con la potencia que comanda Putin.
En las elecciones del 9 de agosto, Lukashenko ganó por 80% de los votos y quedó en segundo lugar Svletlana Tihanóvskaia, actualmente refugiada en Lituania, según sus partidarios, obligada por las amenazas de la KGB bielorrusa. Aunque parezca insólito, con este resultado no son pocos los que ven una merma en el apoyo a Lukashenko que facilita el cuestionamiento a su legitimidad.
Al darse a conocer el resultado, la oposición logró imponer el discurso de que hubo un fraude fenomenal, al que se prendieron los medios internacionales y especialmente en Europa, que mira con cierta apetencia la posibilidad de ensanchar sus propias fronteras.
Hubo marchas que fueron reprimidas con dureza por las autoridades, lo que aumentó el descrédito del gobierno. Allí es donde se cuela la imagen de lo que ocurrió en Kiev, donde Yanukovich vio licuarse su poder a medida que aumentaban las manifestaciones y las fuerzas policiales comenzaban a actuar.
Lukashenko, en tanto, mantuvo conversaciones con Putin para asegurarse de ese delicado flanco de apoyo. «Acordamos que, de solicitarlo, brindará ayuda para garantizar la seguridad de la República de Bielorrusia», dijo Lukashenko a la agencia oficial de noticias bielorrusa BelTA. Desde la capital rusa, se informó que confían en una pronta solución a la crisis política.
Desde España, a su vez, el Partido Comunista local advirtió que la situación en Bielorrusia obedece a “un viejo plan de Washington y Bruselas para desestabilizar el país” con el apoyo de Polonia, Lituania y Chequia, “enarbolando la supuesta defensa de la libertad y la democracia que han utilizado, a conveniencia, en otras ocasiones”.
Desde 1991 varias naciones dejaron de formar parte de la Federación Rusa, continuadora de la URSS. Entre ellas destacan Georgia, Ucrania, Kirguistán, Moldavia y Kazajistán. Estratégicamente para la OTAN sería una buena noticia poner una pica en Bielorrusia, ese pequeño territorio de poco más de 200.000 kilómetros cuadrados entre Ucrania, Polonia, Lituania y recostada sobre el margen occidental de Rusia.
Lukashenko cambió su gabinete, se reunió con autoridades rusas para analizar los pasos a seguir y afirma que no renunciará ni llamará a nuevos comicios. “No puede haber 80% de falsificaciones”, argumentó, para agregar que “incluso cuando esté muerto, no permitiré entregarles el país” a los grupos que, según él, siguen directivas de occidente.
Un comunicado conjunto señala que los primeros ministros ruso y bielorruso «Mijaíl Mishustin y Román Golóvchenko discutieron tareas específicas relacionadas con el aumento de la cooperación comercial y económica ruso-bielorrusa y la profundización de la cooperación en la energía, la industria y otras esferas».
Una cumbre extraordinaria de la UE en Bruselas rechazó este miércoles el resultado de las elecciones y prometió sanciones a los dirigentes de Minsk, a los que acusa de “violencia, represión y fraude electoral”.
Poco antes del encuentro en Bruselas, Svetlana Tijanovskaia, joven lideresa opositora de 37 años, había llamado a los europeos a rechazar el resultado «falsificado» de las elecciones presidenciales. «La gente que salió a defender su voto en las calles de sus ciudades en toda Bielorrusia fue brutalmente golpeada, arrestada y torturada por el régimen, que se aferra desesperadamente al poder», destacó.
Un día antes, la UE había reclamado a Putin que presionara a Lukashenko para abrir canales de diálogo con la oposición. La canciller alemana, Angela Merkel se quejó de que el líder bielorruso no le había querido atender el teléfono.
El ministro de Relaciones Exteriores ruso, Seguei Lavrov, fue el que catalogó la situación de un modo más abarcativo. “Los europeos quieren inmiscuirse para promover sus intereses geopolíticos en la disputa por el espacio post- soviético”.
El 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética asombró al mundo al enviar al espacio el primer satélite artificial. Un logro para la ciencia y la tecnología del país comunista, que se adelantó así a Estados Unidos en la carrera espacial lanzando el Sputnik 1. Cuatro años más tarde, en abril de 1961, Yuri Gagarin sería el primer ser humano en girar alrededor de la Tierra. Las sospechas, desconfianzas y los brulotes sobre ambos anuncios fueron solo comparables a las que despiertan aún las imágenes de astronautas estadounidense caminando por la superficie lunar.
Vladimir Putin, presidente de Rusia, vuelve a generar las mismas reacciones ahora, al anunciar que Rusia, la heredera de la URSS, desarrolló la primera vacuna efectiva contra el coronavirus. Y para recordar aquellos años dorados, si bien el nombre técnico para el producto es Gam-COVID-Vac –por el Centro de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya, que junto con el ministerio de Salud ruso elaboraron la vacuna, proceso que financió el Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF)–, en el exterior se dará a conocer como Sputnik V, en recuerdo a aquella hazaña.
Igual que hace 63 años, la desconfianza y la sospecha se esparcieron prontamente para cuestionar la afectividad de una vacuna que puede salvar la vida de cientos de miles de habitantes de este planeta. Y que fundamentalmente, puede implicar que cada uno (de nosotros) recupere la vida que tenía antes de la pandemia.
Putin ya venía amagando que en cualquier momento se venía la vacuna rusa. Esa fue la primera sorpresa, ya que las investigaciones en ese país se habían realizado en el mayor de los secretos y sin cumplir con protocolos médicos de uso en todo el mundo. Desde la OMS y los centros científicos de Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña levantaron alertas con un tono de recelo.
Son muchos los intereses en juego y mucha también la fama que acarrea para el que termine con este flagelo del año 2020. No son pocos los que sueñan con emular a Jonas Salk, el estadounidense que logró la primera vacuna contra la poliomelitis, en 1955. Claro que en el caso del virólogo neoyorquino, hay un detalle que a los laboratorios que están detrás del freno contra el Covid-19 no estarían dispuestos a sostener: cuando se comprobó que la vacuna era efectiva, le preguntaron a Salk quién la había patentado. “No hay patente. ¿Se puede patentar el sol?”, respondió, lacónico.
En 1955 existían los Estados de Bienestar y la salud pública era un bien universal a sostener. Franklin Roosevelt, incluso, padeció poliomielitis y era uno de los impulsores de la investigación para encontrarle cura. Las cosas son diferentes ahora y si, hubo uno, a v fines de los 90, el estadounidense Craig Venter, que intentó patentar el genoma humano.
Ahora casi 200 laboratorios -públicos y privados- buscan denodadamente en encontrar la vacuna que sirva para inmunizar a la humanidad como lo hizo aquella de Salk en su momento. Y la millonada que puede implicar la fabricación generó aumentos insólitos en las acciones de empresas que investigan y una puja entre distintos gobiernos por asegurarse la provisión de las que lleguen a la meta. Entre las más avanzadas, se destacan las de la Universidad de Oxford junto con AstraZeneca, la de la farmacéutica Moderna, la desarrollada por la colaboración entre BioNTech y Pfizer -que también se probará en Argentina- y la de Sinovac, de China, que se está testeando en Indonesia. La vacuna rusa no se encontraba en este grupo.
Los protocolos científicos exigen que para un nuevo medicamento se deben realizar pruebas en laboratorio con células, con animales y recién ahí pasar a una prueba en humanos. En esta etapa, los estudios deben también seguir reglas muy estrictas para garantizar la efectividad además su inocuidad, esto es, que no produce efectos nocivos.
Que una vacuna sea efectiva, entonces, implica que genera anticuerpos suficientes para inmunizar a una persona por un tiempo adecuado y que no deje secuelas que pueden resultar peores que el virus. Ni ahora ni en un futuro. Para lo cual se debe probar en una cantidad significativa de personas de todas las condiciones (de edad, salud e incluso étnicas).
La OMS ya había advertido que se deben cumplir los pasos indicados por las organizaciones internacionales antes de cantar victoria. Anthony Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas de EEUU, también cuestionó el anuncio ruso. «Cualquiera puede decir que tiene una vacuna y fabricarla, pero hay que demostrar que es segura y efectiva, lo cual dudo que lo hayan demostrado», dijo a un canal de TV. Sin embargo, fue el propio Fauci que en abril aceptó morigerar exigencias para que el fabricante de Remdesivir, el laboratorio Gilead Scienses-entre cuyos dueños figura el fondo Black Rock, el mas duro de los negociadores por la deuda argentina-recibiera el ok en el uso del antiviral para acelerar los tiempos de recuperación de pacientes de coronavirus.
El gobierno alemán se sumó a la crítica de la Spitnik V. “No existen datos conocidos sobre la calidad, la eficacia y la seguridad de la vacuna rusa”, dijo una portavoz del ministerio de Salud al grupo de prensa regional RND. Desde Washington, la asesora de la Casa Blanca Kellyanne Conway dijo estar convencida de que las vacunas que se desarrollan en EEUU están mucho más avanzadas.
Claro, los laboratorios que están detrás de esta carrera desenfrenada son de EEUU, Gran Bretaña, Alemania y también China. Rusia no figuraba en la pista de largada. Pero en un contexto mundial donde los más poderosos tienen con qué financiar una investigación con esas reglas de juego, que ademas dictan ellos, y de garantizarse la provisión en desmedro de los subdesarrollados, el anuncio ruso significó una oleada de esperanza.
«Planeamos que la vacunación masiva comience en octubre y de forma gratuita», dijo el ministro de Salud ruso, Mijail Murashko. Putin, en tanto, aseguró que la Sputnik V logró inmunidad total en todos los que la recibieron, entre los cuales dijo que estaba una hija, que “solo tuvo unas líneas de fiebre luego de recibirla”.
Por las dudas, el estado brasileño de Paraná mantiene ingentes negociaciones con representantes rusos para producir la vacuna en ese territorio. Brasil es el segundo país en el mundo con más muertos, con más de 100.000 hasta ahora, y ante un sistema de salud incapaz de dar respuesta y la falta de coordinación entre los distintos gobiernos federales, la única forma de cortar con la tragedia sería encontrar un remedio o una vacuna. El acuerdo, según informó la agencia de noticias rusa Sputnik -nombre emblemático por lo que se ve- se firmaría entre el gobernador Ratinho Junior y el embajador ruso en Brasil, Serguei Akópov.
Con la epidemia de coronavirus como telón de fondo, Rusia y Arabia Saudita rompieron lanzas en una guerra comercial en un tablero en el que el principal afectado puede ser el negocio del fracking en Estados Unidos. Todo en un panorama internacional crítico en el que otros jugadores resultan heridos por las esquirlas de esa pelea que no estalló este lunes, sino que se venía gestando desde hace varias semanas. El de este 9 de marzo fue quizá la primera gran batalla y entre las víctimas está también la explotación argentina de Vaca Muerta, la gran esperanza para la recuperación del país por su potencial generador de divisa fuerte (ver acá).
Las crónicas informaron en abundancia de que el disparador del bajón en el precio del crudo -el denominado Brent se desplomó un 24,1% el lunes, la mayor caída desde la Guerra del Golfo en 1991- fue el «No» de Rusia a un acuerdo propuesto por Arabia Saudita para disminuir la producción en la reunión de los países productores en Viena.
La aseveración es cierta pero sólo parcialmente. La Organización de los Países Productores de Petróleo (OPEP) está integrada por 14 miembros, los que mayor cantidad de barriles aportan al consumo mundial, entre ellos Arabia Saudita pero también Irán, Irak, Nigeria y Venezuela.
Rusia no está en ese selecto club, pero si forma parte de otro grupo de 10 naciones que también tiene con qué jugar en ese mercado. La voz cantante de la OPEP la tiene Riad, la de los “marginales” Moscú. Desde 2017 vienen trabajando juntos para sostener el precio del crudo regulando la producción. Ante el avance del Covid-19 y el parate en la economía mundial, el príncipe Mohamed bin Salman (MBS para la prensa) envió a sus representantes a Viena para proponer una reducción voluntaria de 1,5 millones de barriles diarios, que se suman a 1,2 millones que ya se habían recortado en 2017.
Fue entonces que Rusia rechazó la oferta y el lunes el precio se ubicó en un piso de 34,36 dólares el barril, unos 10 dólares menos que el viernes. Cierto que este martes hubo una suba de 7,4%, hasta los 36,90 dólares. Pero eso no implica una tregua. Porque en el trasfondo de este vaivén rige una amenaza contra las firmas que explotan el esquisto en Estados Unidos.
Precisamente la gran novedad de las últimas décadas es que EEUU comenzó a ser un fuerte exportador a partir del rendimiento de sus pozos mediante la técnica del fracking sobre la roca madre. En 2014 eso comenzó a ser un problema para los socios de la OPEP y sus cófrades externos, como Rusia. De allí que juntaran voluntades para dar pelea todos juntos. Pero la monarquía saudí no se animó a ir a fondo y Moscú entonces no tenía fuerza.
Arabia Saudita es un tradicional aliado de Washington al punto que desde 1972, cuando el gobierno de Richard Nixon decidió eliminar la convertibilidad del dólar con el oro, sostiene el valor de la moneda estadounidense obligando a que el comercio de petróleo se realice en dólares.
En este toma y daca, Arabia mantiene beneficios políticos en la región y evita que su monarquía se vea implicada en los escándalos que cada tanto secunden a sus miembros. El más reciente fue el asesinato en Turquía de un periodista opositor al régimen a manos de funcionarios enviados por MBS
Antes, las denuncias por la feroz dictadura que ejerce la familia real y las persecuciones incluso dentro de la misma dinastía resultaron silenciados por gobiernos y medios en EEUU, los mismos que suelen publicitar tropelías dentro del gobierno de Corea del Norte.
En el caso de esta guerra comercial, los analistas destacan que a menos de 50 dólares el barril, el petróleo de esquisto estadounidense deja de ser rentable. Incluso hay quienes aseguran que si no fuera por los generosos créditos de Washington y las regulaciones por demás laxas, la soberanía energética de la que Donald Trump suele jactarse se hubiera ido al demonio.
«Con los precios del petróleo al nivel actual, existe un riesgo real de que muchos de ellos simplemente quiebren», dijo al Huffington Post el experto del Instituto de Economía y Análisis Financiero de Cleveland, Clark Williams-Derry. El fracking explica el 63% de la producción de petróleo de EEUU, según cifras oficiales. Pero en el último lustro los 30 productores más grandes declararon pérdidas por 50 mil millones de dólares, de acuerdo al Wall Street Journal.
¿Cómo impacta este clima en la elección de noviembre en EEUU? Por lo pronto, Trump es un fuerte defensor de ese modo de extracción que verdaderamente no empezó con él, sino que se consolidó con Barack Obama. Su ligazón con la industria petrolera es tan evidente que su primer secretario de Estado, Rex Tillerson, fue presidente de Exxon Mobil Corporation antes de acceder al cargo. Y una de sus virtudes era su buena relación con Vladimir Putin, debida a los negocios de la firma en Rusia.
Entre los demócratas, Joe Biden tiene fuertes lazos con ese sector del mundo empresarial y su hijo Hunter es denostado por Trump luego de haber dirigido una empresa energética en Ucrania tras el golpe contra Viktor Yanukovich. Bernie Sanders, en cambio, tiene en su plataforma la defensa del medio ambiente. Es un personaje que puede complicar ese negocio de llegar a la Casa Blanca. Otra buena razón para que la elite dominante del partido lo quiera bajar de la candidatura cualquier costo.
En cuanto a Rusia, todo indica que ahora tiene espaldas para tolerar una baja de los precios. Los funcionarios del área sostienen que pueden aguantar hasta 10 años con un barril a entre 25 y 30 dólares. Para Arabia Saudita la cosa quizás no sea tan segura, ya que viene sufriendo déficits fiscales paralelos a la baja en el valor de su casi exclusivo producto de exportación. A menos de 80 dólares, su presupuesto se complica. La forma de equilibrar las cuentas sería incrementar la producción, con el riesgo de que los precios caigan aún más. El tema es hasta dónde podrán aguantar los dos contendores o hasta dónde estás dispuestos a ir.
La leve suba de este martes se relaciona con un guiño desde Moscú del ministro de Energía ruso, Alexander Novak, quien dijo que no todas las puertas están cerradas con la OPEP. Es decir, con Riad.Trump,mientras tanto, habló telefónicamente con MBS, y si bien no se informó del contenido de esa charla, no cuesta mucho imaginarlo.
En este intrincado tablero, Rusia no deja de lado que esta movida es una suerte de venganza por varias humillaciones que viene sufriendo en Europa, mediante sanciones tras la reincorporación de Crimea en 2014, y por su apoyo al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. La última fue el castigo a Rosneft anunciado a fines de enero por comercializar petróleo venezolano. Pero también tienen entre ceja y ceja el intento de bloqueo al ducto conocido como Nord Stream 2, destinado a proveer de combustible a Alemania sin pasar por Ucrania o Polonia, aliados de la OTAN y EEUU.
La respuesta militar, una amenaza más propia de la Guerra Fría, es el mayor despliegue de tropas estadounidenses en Europa de los últimos 25 años. Son 20 mil soldados que participarán en el ejercicio militar Defender-Europe 20 y que aterrizarán en sucesivas oleadas en siete países para esparcirse a lo largo de 4000 kilómetros. En plena epidemia de coronavirus.
Entre las bilaterales que tenía previstas Donald Trump en su paso por Buenos Aires, había una que despertaba particular atención por sus implicancias para una distensión entre dos potencias nucleares. Pero finalmente este jueves se anunció que el encuentro entre el mandatario estadounidense y su par ruso, Vladimir Putin, se suspendía. Y todo porque en los últimos días se volvió a enrarecer -muy oportunamente para quienes no quieren un acercamiento- la relación de Kiev con Moscú.
«Basándome en el hecho de que los barcos y los marineros no han sido devueltos a Ucrania desde Rusia, he decidido que sería mejor para todas las partes involucradas cancelar mi reunión previamente programada en Argentina con el presidente Vladimir Putin», escribió Trump en Twitter, agregando que confía tener «una cumbre significativa» con el líder ruso «tan pronto esta situación se resuelva».
El domingo pasado tres barcos ucranianos –dos lanchas artilladas y un remolcador– cruzaron desde el mar Negro hacia el estrecho de Kerch en lo que para las autoridades rusas fue una violación de la frontera porque entraron en sus aguas provisionalmente cerradas,
Según denunció Moscú, además realizaron maniobras peligrosas y desoyeron la exigencia de parar, por lo que recibieron orden de detección y fueron capturados con sus 24 tripulantes. De «terrorismo marítimo» , calificó el incidente, al tiempo que endureció los controles en la zona rusa del mar de Azov, que se conecta con el Negro a través del estrecho de Kerch.
Para Putin, se trató de una provocación y como prueba dijo que entre los tripulantes de los buques había dos efectivos del Servicio de Seguridad de Ucrania dirigiendo esa operación.
(Foto: AFP)
El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, declaró que con ese incidente el presidente Petró Poroshenko está pensando más en la campaña presidencial, prevista para el 31 de marzo de 2019, que en una salida pacífica a la crisis en esa región, que ya lleva cuatro años.
A fines de 2013 comenzaron el Kiev movilizaciones contra el gobierno de Víktor Yanukovich, pro-ruso, exigiendo se cumpliera un tratado de dos años antes para la incorporación de Ucrania a la Unión Europea y que el mandatario estaba cajoneando.
Entre el 17 y el 18 de febrero de 2014 hubo levantamientos en todo el país y Yanukovih escapó de Ucrania, quedando en el poder un grupo anti-ruso y pro-occidental. Las aguas se calmaron algo en Kiev, la capital, pero no así en Crimea y el este ucraniano, de población mayoritariamente rusa. Todo se aceleró desde entonces.
Los rusos tienen una base militar en Sebastopol desde la era soviética. La península es un punto estratégico por el que se controla directamente la salida del mar Negro, en el estrecho de Bósforo, Turquía. Estaba bajo control zarista desde 1860 y solo pasó a manos ucranianas durante la era de Nikita Khruschev como jefe de gobierno de la URSS, y como una cuestión casi administrativa ya que todo quedaba entre distintas administraciones de una misma unidad política.
A la caída de la Unión Soviética, en 1991, Ucrania fue una de las primeras naciones que buscó recuperar su independencia de Moscú. La base, sin embargo, quedó arrendada a la Federación Rusa, la sucesora política del país comunista.
Kiev mantuvo una relación ambigua con Moscú desde entonces. Con un fuerte componente anti-ruso en su población, resabio de la era soviética -muchos de ellos apoyaron la invasión nazi- puede decirse que tienen que compartir una vecindad incómoda. La nación rusa, históricamente, nació en Kiev y luego trasladó, hace más de 700 años, su capital a Moscú tras sucesivas invasiones mongolas.
(Foto: AFP)
Así las cosas, no había pasado un mes del golpe contra Yanukovich cuando la población rusa de Crimea se hizo del poder regional, organizó un referéndum y decidió incorporarse a la Federación Rusa.Las quejas diplomáticas no se hicieron esperar y el hecho fue calificado como «invasión», aunque quedó institucionalizado como anexión.
Sin embargo, el otro gran hito en la creación de la nacionalidad rusa fue la Guerra de Crimea de 1854. De allí aquella frase del canciller Lavrov por aquellos meses de tensión extrema: «para Rusia, Crimea es tan importante como Malvinas para los argentinos»
El experimentado ministro ruso se permitió incluso tildar de «aficionados» a los diplomáticos europeos y estadounidense que manejaron esa crisis y promovieron el golpe de febrero. «Quieren incorporar a Ucrania a la UE sin fijarse la composición del pueblo ucraniano», fue en mensaje. Lo que no dijo es que Moscú busca alejar las fronteras conla UE y la OTAN y vieron en esa avanzada una jugada opara cercar a su país.
Como sea, pronto también comenzaron levantamientos contra Kíev en el este, ligado económicamente a Rusia y con población rusófila. Así nacieron dos repúblicas autónomas que mantienen una guerra civil larvada, Donetsk y Lugansk
En junio del 2014 hubo elecciones en Ucrania y llegó al poder a Poroshenko, un rico empresario que se comprometió a estrechar lazos con Europa y Estados Unidos.
El pasado miércoles, el presidente ucraniano promulgó el decreto para imponer la ley marcial en todo el país por. inicialmente, 30 días.Este jueves pidió a la OTAN, y especialmente a Alemania, que desplieguen buques en el mar de Azov para apoyar a su país en esta escalada con Rusia
«Alemania es uno de nuestros aliados más cercanos, y esperamos que países en el seno de la OTAN estén dispuestos a enviar buques al mar de Azov para ayudar a Ucrania y garantizar la seguridad», declaró al diario alemán Bild.
Rusia es una piedra en el zapato para Trump aún antes de haber ganado la elección. Los demócratas lo acusaron de haber recibido apoyo electoral de Putin mediante el uso de espionaje informático en las cuentas de mail de la candidata, Hillary Clinton.
Trump había prometido un acercamiento con Rusia en una estrategia que parecía destinada a poner una cuña entre Moscú y Beijing para poder mantener la supremacía estadounidense en ese rincón del mundo. Pero el establishment y sobre todo eso que se dio en llamar el «estado profundo», fueron desplegando tanto en Estados Unidos como en Europa una feroz guerra mediática contra Putin, a esta altura poco menos que «el cuco» de Occidente. De hecho el propio Trump es investigado por el FBI y por la fiscalía general por su presunta relación con el gobierno ruso.
Aún así Trump, que ya pateó el tablero varias veces en contra de los dictados de la burocracia estatal estadounidense -ligada al complejo militar industrial- había anunciado que en Buenos Aires se verían la cara con Putin para estudiar la forma de arreglar sus cuitas.
Pero ahora, este nuevo incidente en Ucrania lo deja sin mucho margen para desafiar a su frente interno.
Más aún cuando salió a respaldar al príncipe Mohamed bin Salman, sindicado como el autor intelectual del horrendo asesinato del periodista Jamal Khassoggi en el consulado saudita en Estambul.
Claro, tampoco lo verá a MbS, aunque por ahora sí se cruzará con Recep Tayyip Ergodan el mandatario turco y principal acusador del monarca.
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