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Un paso más cerca del abismo

Un paso más cerca del abismo

Según como caiga la moneda, el punteo de cómo el mundo llegó a este azaroso presente podrá ser la primera versión de la historia de estos tiempos de amenaza nuclear. Si cae cruz, ya no habrá historia.

Julio de 2018: El partido viene de lejos, pero partamos de esta fecha.  Cumbre de la Otan en Bruselas, segunda a la que asiste Donald Trump. El presidente de EE UU recrimina a la canciller Angela Merkel su sociedad con Rusia por la construcción del Nord Stream 2, el gasoducto para alimentar a bajo costo a la industria y los hogares alemanes. “Paga miles de millones a Rusia y nosotros tenemos que defenderla de Rusia. Alemania está totalmente controlada por Rusia porque obtendrá entre el 60% y el 70% de la energía a través del nuevo gasoducto”, despotrica.
Diciembre de 2019, Londres: Emmanuel Macron dice a la prensa que la Otan, que cumple 70 años, “experimenta una muerte cerebral”. Protesta porque Trump retiró tropas de Siria sin consultar a los socios que también participan de esa aventura. Las tropas rusas intervienen en favor del presidente Bachar al Assad desde 2015 y frustran el proyecto de “primavera árabe” diseñado en tiempos de Barack Obama. En 2014, Moscú había incorporado a Crimea tras el golpe de estado en Kiev.

Noviembre de 2020: el demócrata Joe Biden gana la presidencia, Trump denuncia fraude. En Europa celebran. Biden asume en enero de 2021 y dice: “Estados Unidos está de vuelta”.

Junio de 2021: Alemania retira sus tropas de Afganistán, donde estaban bajo la bandera de la Otan. En un operativo muy desordenado, EE UU hace lo propio en agosto, dejando Kabul bajo control de los talibán.

Septiembre de 2021: el 15, EE UU, el Reino Unido y Australia anuncian el pacto militar AUKUS para la región del Indo-Pacífico. Washington le birla a Francia un contrato para proveer submarinos nucleares a Australia. También sin aviso previo. El 26, el socialdemócrata Olaf Scholz gana las elecciones germanas, primeras en 16 años de las que no participa Merkel, que se retira de la política. Scholz recién puede armar gobierno y asumir en diciembre.

Ante este escenario, Vladimir Putin reclama garantías de que la Otan no continuará su expansión y recuerda que Occidente no cumplió las promesas de 1991. La Casa Blanca dice que Rusia va a invadir Ucrania.

Febrero 7 de 2022: Putin y Xi Jinping se encuentran en Beijing en la inauguración de los Juegos Olímpicos -boicoteados por EE UU- y anuncian un acuerdo de “amistad sin límites” que propugna el multilateralismo, la defensa de la ONU y detener la expansión de la Otan. El 24, Putin ordena una “operación militar para desnazificar y desmilitarizar Ucrania”. Washington se jacta de haber advertido de la invasión. Comienza una ola de sanciones contra Rusia. Scholz impide que el nuevo gasoducto entre en funcionamiento.

Junio 30:  culmina la Cumbre de Madrid. La Otan confirma la “invitación” a Suecia y Finlandia, y anuncia su nuevo Concepto Estratégico, una hoja de ruta para la defensa común que designa a Rusia como “una amenaza directa” a la seguridad de los aliados y a China “un desafío” a los intereses y valores occidentales.  

Tiempo Argentino, 3 de Julio de 2022

Andrew Cuomo o el paso de ser ejemplo de gestión a un depredador sexual

Andrew Cuomo o el paso de ser ejemplo de gestión a un depredador sexual

Andrew Cuomo tiene genes de la vieja aristocracia del Partido Demócrata y su carrera hacia la presidencia de Estados Unidos parecía despejada para dentro de cuatro años a partir de tres periodos como gobernador del estado de Nueva York. Mostraba una gestión de la pandemia que contrastaba con el negacionismo de Donald Trump y un discurso que se podría catalogar de progresista, digno heredero de la tradición “rooseveltiana”. Pero de pronto todo se le vino abajo cuando se reveló que había disimulado arteramente la cifra de ancianos que habían muerto en los geriátricos. Luego, en cadena, aparecieron denuncias de acoso y de haber creado un clima de persecución contra quienes se atrevían a mostrarlo como un depredador sexual. A partir de una investigación de la fiscalía general que en 165 páginas relata testimonios de once víctimas y aporta nada menos que 74 mil pruebas -fotos, videos, mails- sus correligionarios, desde el alcalde neoyorquino al presidente Joe Biden, le piden que renuncie para no seguir profundizando la crisis política en el oficialismo.

El hombre se está defendiendo como gato entre la leña pero la Asamblea estadual le dio plazo hasta el próximo viernes para presentar su defensa antes de iniciar el proceso de juicio político.

Andrew es hijo de Mario Cuomo, que fue también gobernador de Nueva York entre 1983 y 1994, un récord que estuvo a punto de empatar, ya que está en el cargo desde 2011. Abogado, fue jefe de campaña y asesor de su padre, secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano de Bill Clinton de 1997 a 2001, fiscal general de la ciudad de Nueva York entre 2006 y 2010, cuando ganó la elección. Nieto de italianos del sur de la península por parte masculina y de Sicilia por la rama femenina, fue por 15 años esposo de Kerry Kennedy, la hija menor de Robert Kennedy, asesinado en 1968, con quien tuvo tres hijas.

Las primeras denuncias por acoso que alcanzaron estado público fueron en febrero pasado, cuando dos ex asistentes, Lindsey Boylan y Charlotte Bennet, con diferencia de días, se presentaron a la fiscalía. Según Bennet, una noche en junio de 2020 y cuando ya se había ido todo el personal de la oficina, se le acercó y le dijo que sufría la soledad en tiempos de pandemia “por no poder siquiera abrazar a alguien”. Ella asegura que se sintió “increíblemente incómoda y asustada” cuando le dijo que estaba abierto ”a relaciones con mujeres de veintitantos”.  Bennet fue despedida luego de que contara en incidente a la jefa de personal de la Gobernación.

Boylan, que se postula para presidir el distrito de Manhattan, había denunciado a Cuomo tiempo antes desde las redes sociales y luego sufrió el escarnio de la administración estadual. “Me acosó durante años, abusó de su poder”, fue la síntesis. La última acusación que se conoció fue la de Anna Ruch, una joven de 33 años que dijo haber sido incomodada en un casamiento con la pretensión de besarla.

En un video que difundió en las redes, luego de asegurar que no piensa renunciar, el gobernador se mostró compungido: “Ahora entiendo que actué de una manera que hizo que la gente se sintiera incómoda. No fue intencional, y me disculpo sincera y profundamente por eso. Me siento muy mal por ello y, francamente, me da vergüenza”. Pero no reconoció haber cometido ningún delito.

“Nunca toqué a nadie de manera inadecuada, nunca supe en ese momento que estaba haciendo que alguien se sintiera incómodo y, ciertamente, nunca tuve la intención de ofender, lastimar o causarle dolor a nadie, es lo último que querría hacer”.  Y remató: “Tengo 63 años. He vivido toda mi vida adulta a la vista del público. Eso no es lo que soy. Y ese no es quien he sido. Por favor, tómense el tiempo para leer los hechos y decidir por sí mismos”. La fiscal Letitia James, en cambio, sostiene que “hay un comportamiento abusivo de parte del gobernador y del personal de alto rango profundamente perturbador pero claro”. Y eso que ella no se metió en el caso de los geriátricos. La maniobra, en este caso, habría consistido en descontar como fallecidos en instituciones estatales a los ancianos que habían sido trasladados a hospitales y murieron allí. El tema del abuso sexual aparece como un signo del poder en Estados Unidos. Valga solo recordar que Bill Clinton fue sometido a impeachment por un caso en 1998 y que Donald Trump también tuvo sus historias de polleras que no llegaron a juicio política. Ambos tenían mayoría legislativa como para que la cosa no pasara a mayores. Cuomo también, pero los correligionarios no lo quieren. 

Tiempo Argentino, 7 de Agosto de 2021

El difícil regreso de Hillary al Salón Oval

El difícil regreso de Hillary al Salón Oval

La campaña presidencial está al rojo vivo. Es que luego de ocho años se avizora un «cambio de ciclo», como marca el rito en un país que se jacta de respetar la alternancia en el poder. Y eso que las elecciones –en Estados Unidos, claro- serán dentro de un año. Pero entre los republicanos no se percibe a esta altura un líder capaz de canalizar las expectativas y el único que parece despertar cierta ilusión entre los sectores conservadores, el empresario Donald Trump, es lo suficientemente polémico como para resultar un «piantavotos» en potencia. El heredero natural sería Jeb Bush, el tercero de la dinastía Bush en aspirar a la Casa Blanca, pero por ahora su candidatura se muestra deslucida.

Por el lado de los demócratas, que con Barack Obama habían logrado «correr el arco» algunos centímetros con el primer afrodescendiente en llegar a la presidencia, el anuncio de que el actual vicepresidente Joe Biden no se presentará a pelear un espacio calmó las aguas de la ex secretaria de Estado y ex primera dama, Hillary Clinton. Y tranquilizó también a los estrategas partidarios, que temen por su propio «fantasma», el senador por Vermont, Bernie Sander, demasiado a la izquierda de lo que la media estadounidense estaría dispuesta a aceptar. Así como en 2008 resultó mejor opción Obama, ahora la oferta pasaría por dar lugar a la primera mujer que podría sentarse en el sillón de Washington.

Como las fichas ya están jugadas, era previsible que los medios conservadores, que son los que más audiencia cosechan en aquellos distritos, comenzaran desde temprano una tarea de zapa para destruir la imagen de la esposa del ex presidente Bill Clinton. Por eso ni bien se difundió que la ex canciller estadounidense había usado su correo electrónico personal para mantener comunicación oficial, todos los cañones apuntaron contra ella, que había dejado el gobierno en febrero de 2013.

Tanto fue el escándalo generado por la oposición y los medios que finalmente en septiembre el departamento de Defensa aceptó –no le quedaba otra- un fallo de la Corte que reclamó la publicación de unas 55 mil páginas con los correos de la ahora aspirante presidencial. Hubo una parte considerada como de máxima seguridad que quedó en secreto, el resto ya son de dominio público.

Pero la ofensiva republicana no terminaba en cuestionar la supuesta fragilidad de Hillary Rondham Clinton para custodiar la seguridad de la Nación. Y así fue que iniciaron una embestida para que se presentara a dar explicaciones por el atentado al consulado en Bengazi de septiembre de 2012 que costó la vida del embajador estadounidense en Libia, Chris Stevens, y otros tres diplomáticos. La iniciativa buscaba respuestas no solo por la falta de previsión sino sobre la información que se dio entonces, ya que en el primer momento el gobierno de Obama había rechazado la hipótesis de que se trataba de un golpe terrorista y señaló a un exceso durante una marcha política.

Poco importa para este análisis abundar en la respuesta de Hillary, que se presentó ayer ante una comisión creada ad hoc en el Capitolio. Allí asumió su responsabilidad por el hecho, dijo que se hizo lo mejor posible para reforzar la seguridad y recordó que «no existe riesgo cero» para los funcionarios de EE UU en el exterior. Lo interesante es que los demócratas denunciaron una operación republicana que solo busca enlodar la carrera de Clinton hacia la Casa Blanca sin el menor fundamento. Así fue que el representante por California Adam Schiff protestó porque el comité, creado hace 17 meses, ya gastó 4,7 millones de dólares de los contribuyentes sin haber llegado a conclusión alguna. En tal sentido, la agencia dpa recordaba que otro congresista por California, el republicano Kevin McCarthy, había reconocido que la comisión se había creado para «bajar a Clinton en las encuestas». Algo que su colega Trey Gowdy, titular del comité, negó rotundamente. Como corresponde, por otro lado.

Donde la publicación de los controvertidos mails dejó mucha tela para cortar fue del otro lado del Atlántico. El domingo pasado, el conservador Mail on Sunday (Correo del domingo, casualmente) publicó algunos correos de Hillary Clinton donde aparecen pruebas irrefutables del «pacto de sangre» que había hecho el primer ministro Tony Blair en 2002 con el presidente George W. Bush para terminar con el líder iraquí Saddam Hussein y ocupar Irak con una alianza anglosajona. El material consiste en una serie de memorandos donde se revelan comunicaciones entre el que fuera secretario de Estado, Colin Powell, con su jefe donde le cuenta la disposición del premier laborista para emprender un ataque combinado contra quien consideraba «una amenaza real» para la seguridad mundial. El pacto se realizó, según los memos, al cabo de una reunión entre el británico y el estadounidense en el rancho de los Bush en Crawford en Texas.

A esta altura semejante revelación puede parecer extemporánea. Pero en Gran Bretaña repercutió de un modo significativo. Es que Blair siempre había negado ese macabro acuerdo realizado un año antes de la invasión, de la que todavía se están pagando las consecuencias a nivel regional y hacia dentro de la sociedad. Más aún, el líder laborista se pasó todo 2002 y el principio de 2003 asegurando que la salida a la crisis creada contra el gobierno de Hussein era política y que no tenía entre sus planes hacer entrar en guerra a los británicos.

Las sucesivas negativas de Blair se sumaron a desaguisados durante su gobierno y el de su sucesor, Gordon Brown, para la pérdida de liderazgo de su partido frente al electorado durante el último lustro. De hecho, el laborismo eligió hace una semanas para liderarlo a un personaje bastante más inclinado a la izquierda como Jeremy Corbyn, un notorio opositor a la intervención armada en Irak –si llega al 10 de Downing Street prometió pedir perdón por la incursión armada- y que se declara cercano a los gobiernos progresistas latinoamericanos, todo un dato por esos lares. Este martes, otro súbdito británico como el recién electo primer ministro canadiense Justin Trudeau, ni bien ganó la elección dijo que iba a iniciar en camino del regreso para las tropas de su nación de Irak.

Pero hay más: ante las protestas reiteradas contra Blair en la sociedad y sobre todo de familiares de soldados caídos en combate desde hace 12 años, las autoridades tuvieron que salir a enfrentar los reclamos. Se sabe que cuando un gobierno quiere que algo NO se descubra, lo más conveniente es crear una comisión, y eso fue lo que hizo el primer ministro Brown en 2009. El grupo que se dedica a investigar este caso quedó a cargo de sir John Chilcot, un respetado ex funcionario público no partidista.

Poco fue lo que se avanzó en este tiempo al punto que hace unos meses el actual primer ministro, el conservador David Cameron, dijo que estaba perdiendo la paciencia y urgió a que Chilcot diera un informe sobre la situación. La Comisión Chilcot lleva gastados 10 millones de libras (casi 15 millones y medio de dólares) y todavía no acusó a nadie. Chilcot se demora y dice que el caso es complicado por todos los intereses involucrados. En tanto, los familiares de víctimas del conflicto exigen contar con el informe final antes de fin de año, caso contrario prometen llevar el caso al Tribunal Superior de Londres.

Hillary Clinton fue la autora de un proyecto de reforma sanitaria que no pudo poner en marcha durante la gestión de su esposo (1993-2001) y que, con enmiendas y disminuciones forzadas por los republicanos, pudo concretar Obama, en uno de los pocos y endebles triunfos de su mandato. No se puede decir que Clinton sea más progresista que el actual presidente ni que represente una amenaza para el establishment. De hecho, en política exterior, su sucesor John Kerry, fue el que tuvo a su cargo la reanudación de relaciones con Cuba y el acuerdo nuclear con Irán. Sus mails tal vez tengan más información sensible que a esta altura no haga más que confirmar lo que ya se sabía. Aún así, a Hillary ya le mostraron que el camino al Salón Oval, donde alguna vez Bill tuvo un desliz con una becaria, está sembrado de cascotazos.

 

Tiempo Argentino Octubre 23 de 2015

Ilustró Sócrates

 

Daños colaterales

La aparición de 50 cadáveres en un camión frigorífico estacionado al costado de una autopista en Austria es todo un símbolo de una situación descontrolada en Europa, donde cada día miles de personas intentan ingresar al rico territorio atravesando mares, ríos y montañas a bordo de cualquier medio, incluso algunos tan peligrosos como las balsas con que atraviesan el Mediterráneo o vehículos en los que escasea el espacio y el aire.

El hallazgo de los 50 cuerpos escandalizó hasta a los más duros de una sociedad sumergida en un caos que aparece como secuela –o daño colateral- de conflictos en otras partes del mundo en los que algunas de sus tropas no son ajenas.  No es casualidad que muchos de esos desesperados que arriesgan su vida para buscar mejores oportunidades vayan de Libia, Túnez, Siria, Etiopía y más allá.

En las últimas semanas creció en algunos decisores europeos la polémica sobre cómo denominar a esa masa humana que presiona en el paso de Calais, en el norte de Francia, o en Alemania, desde el sur de España, Italia y Grecia. Para los editores del británico The Independient, al menos, es necesario denominarlos refugiados y no simplemente inmigrantes. Porque la mayoría huye de guerras civiles o atrocidades étnicas.

Pero otros escapan de situaciones económicas y sociales que también los condenan a la muerte. ¿Cuál sería la diferencia? En este caso el debate parte de las pantallas de la CNN, donde rebotaron los pedidos del Alto Comisionado de la ONU para que tanto Estados Unidos como México y los países centroamericanos consideren a los niños que cruzan la frontera sur estadounidense como refugiados, algo a lo que la Casa Blanca se niega.

En Europa, la canciller alemana Angela Merkel –una dura entre duros- reclamó desde una cumbre de la UE y los países balcánicos acordar un «reparto justo» de los refugiados. El jefe de gobierno austríaco , Werner Faymann – quien  tampoco es un blando- pidió «espíritu de solidaridad» entre todos los países para resolver la cuestión.

Ya se había difundido la noticia de que en la carretera que va de Budapest a Viena la policía austríaca había encontrado un furgón con las puertas abiertas y adentro, medio centenar de cuerpos de personas que, por lo que parece, llevaban varios días fallecidas.

De inmediato las autoridades salieron a condenar a los traficantes de personas. Cada tanto ocurre algo parecido en la frontera estadounidense y la retahíla de cadáveres en vagones de tren que habían partido de México fueron un clásico en  épocas no tan lejanas.

Por esas regiones, la crisis inmigratoria tiene aristas diferentes pero el trasfondo no lo es tanto. Los hay que tradicionalmente buscan mejores condiciones para desarrollar una vida digna. Son los que pueblan mayoritariamente el territorio sureño, un territorio que, por otro lado, perteneció a México. Pero en los últimos años se agregaron miles que cruzan desde América Central huyendo de la violencia social y el narcotráfico en sus naciones de origen. Si no son asesinados en el norte mexicano por bandas criminales, quizás puedan ingresar escapando de la vigilancia estadounidense. Y tal vez, incluso puedan conseguir trabajo. Pero aún el presidente Barack Obama no consiguió que los republicanos le aprobaran una ley para regular la situación de más de 12 millones que, de resultar legalizados, podrían recibir un aumento en sus ingresos. Así como están no solo son carne de violencias cotidianas sino que deben tolerar sueldos que apenas permiten la sobrevivencia. Una buena razón para que algunos empresarios rechacen la idea de incorporarlos a la plantilla regular.

En los últimos meses un precandidato republicano trepó en las encuestas  avivando el fantasma de los inmigrantes, a los que carga de las peores diatribas, y prometiendo construir muros a lo largo de toda la frontera –ahora existe solo un tramo de unos 600 kilometros- y prometiendo echar a todos los ilegales. Donald Trump, que de él se trata, tuvo incidentes con representantes de la comunidad y el miércoles expulsó a un periodista hispano de una conferencia de prensa. Con ese discurso agresivo parece irle bien y es difícil que lo cambie

Al millonario excéntrico se le sumó otro aspirante republicano, Benjamín «Ben» Carson, un reconocido médico cirujano, de prodigioso currículum por haber realizado operaciones impresionantes con pulso firme y decidido. Ahora su aporte a la confusión general fue decir que no dudaría en usar drones contra los inmigrantes que intentan cruzar hacia Estados Unidos. Tras el vendaval que se le vino en contra salió a aclarar: «No dije que iba a usar aviones no tripulados contra personas, sino contra las cuevas que ellos utilizan para protegerse de las autoridades.»

Es por lo menos curiosa la posición de Trump, cuya madre era una inmigrante escocesa y su padre, descendiente de alemanes. La de Carson, un neurocirujano cuya vida fue relatada en el filme Manos milagrosas -con Cuba Gooding Jr. y Kimberly Elise- tiene sus diferencias. Es negro, por lo tanto sus ancestros fueron llevados por la fuerza, y para estar peor que en su tierra original.  Pero su solución de los drones va en consonancia con un recurso aplicado extensivamente por el gobierno de Barack Obama, el primer afrodescendiente en ocupar la Casa Blanca.  En tal sentido, el Wall Street Journal publicó hace unos días que el Pentágono tiene previsto incrementar el uso de drones para misiones de vigilancia e inteligencia en todo el mundo.  Los vuelos no tripulados pasarán de los actuales 61 por día a 90 para el año 2019.

Según una fuente que el periodista Gordon Lubold  no identifica, la mayor parte de las futuras operaciones se llevarán a cabo en «zonas calientes» como el Norte de África, Ucrania, Siria, Irak y el mar de la China Meridional.

La nueva estrategia se inscribe en el marco de un replanteo de ese tipo de acciones bélicas, las preferidas del presidente Barack Obama por varias razones: en primer lugar, como se efectúan desde cómodas poltronas en una oficina implican un juego virtual y no se producen esas tan revulsivas remesas de bolsas negras con cadáveres de soldados caídos en combate, que tanto incomodaron a anteriores mandatarios, desde Vietnam a esta parte. Por otro lado, son un impresionante negocio para la industria bélica, la que más valor agregado aporta a la salud económica de Estados Unidos junto con la tecnología informática, que en este caso van de la mano.

Por ese motivo es que la filtración informativa se coló en los pliegues de un diario económico como el Wall Street Journal. Se trata de un anuncio de los proveedores de equipos hacia los inversores, para que vean los «nichos de negocios» (nunca mejor aplicado el término) que más rendirán en los próximos meses.

Hay que decir que las incursiones teledirigidas son para vigilancia y espionaje como dicen los comandantes, si, pero básicamente han demostrado ser muy útiles en la política de Obama de asesinatos selectivos.

Según revela Micah Zenko  en base a datos provistos por la New America Foundation, desde 2001 y hasta fines de 2014 Estados Unidos llevaba realizados 500 asesinatos selectivos, de los cuales el 98% fueron efectuados con drones. Resultaron eliminadas así 3674 personas, incluidos 473 civiles. En 50 de estos casos la autorización fue del presidente Bush, en el resto, 450, la firma es de Obama.

La pregunta clave es cuántos de esos homicidios fueron personas inocentes que cayeron por «error».  En diciembre de 2013 un drone masacró a 12 personas y dejó gravemente heridas a otras 11 que asistían a un casamiento en Yemen. Situaciones similares se produjeron en Afganistán.

Ante ataques que «vienen del cielo», la población civil no tiene cómo escabullirse fácilmente. Si el blanco elegido es hallado se puede plantear un debate sobre la legalidad de matar sin juicio previo, o aún de la pena de muerte. Pero miles y miles huyen de estos «daños colaterales».  Y los terminan provocando en esta Europa que no sabe qué hacer con ellos. Aunque émulos de Trump y Carson no les faltan.
Tiempo Argentino · 28 de Agosto de 2015