Hay dos fechas simbólicas para la culminación del conflicto bélico en Ucrania, si es que esas evaluaciones pudieran cronometrarse en una guerra. La más cercana es el 9 de mayo, cuando Rusia celebre un nuevo aniversario de la capitulación alemana firmada en 1945 por los mariscales Wilhelm Keitel y Gueorgui Zhúkov para poner fin a la Segunda Guerra Mundial. La otra, a fin de año, cerca de la elección de medio término del 8 de noviembre en Estados Unidos. Mientras tanto, los países occidentales echan más combustible para mantener vivo el fuego que consume a ucranianos y rusos en los campos de batalla enviando armamento y amenazas en todos los frentes.
La fecha límite del 9 de mayo es una evaluación de fuentes de inteligencia occidentales que argumentan, sin evidencias, que el presidente Vladimir Putin quiere poner fin a la “operación militar especial”, lanzada el 24 de febrero, antes de ese día para recordar así el triunfo de la Unión Soviética sobre el nazismo adosándole su propio triunfo sobre los nazis ucranianos. En Occidente, ese día se recordará el Día de Europa, pero no por el triunfo de la URSS sino porque ese día -¿casualmente?- pero de 1950, se dio a conocer la Declaración Schuman, por el ministro de Relaciones Exteriores francés (Robert Schuman) que lanzó la propuesta de unir a los países europeos para poner fin a las guerras que habían azotado al continente por siglos. La sociedad entre Francia y Alemania es considerada el origen de la Unión Europea y el 9 de mayo se celebra el Día de Europa. Como están las cosas en el este europeo, ese parece un sueño imposible de mantener.
Elecciones a la vista
Para analizar la versión de que EE UU quiere mantener la guerra en Ucrania hasta fin de año, se puede mencionar la frase del secretario de Estado Antony Blinken a sus homólogos europeos cuando esta semana elucubró al pasar que no se percibía una paz antes del fin de 2022. Habida cuenta de la baja popularidad del presidente Joe Biden, que ni siquiera consigue que le aprueben las leyes que le permitirían recomponer la economía estadounidense, es plausible que como hicieron varios de sus antecesores, intente aprovecharse de una guerra en el exterior en la que además no arriesga soldados propios, un combo que normalmente seduce a mayorías electorales en ese país.
Los 800 millones de dólares adicionales para “ayuda militar” a Ucrania que anunció Biden, con helicópteros y vehículos blindados para transporte de tropas incluidos, dan pie a sostener que la apuesta de la Casa Blanca no es a fomentar una mesa de negociaciones. Alemania, que desde el fin de la Segunda Guerra se había prohibido enviar armamento para un conflicto exterior, volvió a romper el compromiso y anunció este viernes que entregará a Kiev otros mil millones de euros en armamentos. Pero nada parece suficiente para el mandatario ucraniano, Volodimir Zelensky, quien volvió a pedir más ayuda de Occidente y advirtió que Rusia podría utilizar armamento nuclear.
Crucero hundido
El parte de guerra indica que los ucranianos se anotaron un punto a su favor con el hundimiento del crucero Moskva, alcanzado por dos misiles en el mar Negro el jueves. Las autoridades rusas reconocieron el hecho y aseguraron que pudieron evacuar a todos los tripulantes. Este sábado, un comunicado del Ministerio de Defensa ruso indicó que «armas aire-tierra de largo alcance y alta precisión destruyeron edificios de una planta de producción de armamento en Kiev”. El portavoz de esa cartera, Igor Konashénkov, dijo además que la aviación había destruido en un solo día 811 instalaciones militares de Ucrania.
La designación del general Alexandr Dvornikov al frente de las fuerzas rusas en Ucrania, información no confirmada oficialmente, desató toda una ola de interpretaciones. Por un lado, se dijo que era para hacer bien lo que otros altos mandos habían hecho mal. Mientras Putin y las evidencias muestran que el objetivo de Moscú siempre fue el sudeste del país y no la capital ucraniana, el hecho de que las tropas se estén retirando del norte aparece como una derrota ante el embate de fuerzas de Ucrania.
Dvornikov fue presentado por el asesor de Seguridad de Biden, Jake Sullivan, como “otro autor más de crímenes y brutalidad contra civiles ucranianos” y como el comandante que se propone arrasar con Ucrania. Los medios occidentales comenzaron a llamarlo “El carnicero de Siria”. Efectivamente, comandó las tropas rusas en Siria en operativos contra los terroristas yihadistas, que a todo esto, estaban apoyados subrepticiamente por Washington. Para fuentes más cercanas a Rusia, es un “héroe que viene a terminar de desnazificar a Donbass”, como había pedido Putin.
Por lo pronto, las fuerzas rusas están estrechando el cerco en Mariupol, a un costo que parece grande, y con ello se supone que mantendrán el Donbass bajo control para sentarse a negociar condiciones. Pero Putin teme, dijo, que desde Occidente se intente extender la guerra a territorio ruso, luego de un par de incidentes, entre ellos el bombardeo a un depósito de combustible en Belgorod.
La otra pata de esta ofensiva occidental está dada por la amenaza de que Finlandia y Suecia ingresen a la Otan, algo impensable hasta ahora por un status quo implícito dada la cercanía de ambos países bálticos al territorio ruso. Putin dijo que eso “no traerá más estabilidad a Europa”.
Mientras tanto, los jefes de Estado de Polonia, Estonia, Letonia y Lituania viajaron a Kiev para dar su apoyo a Zelenski en un gesto más que elocuente. Sobre todo, cuando el presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, fue “desinvitado” de un encuentro cumbre en la capital ucraniana. De poco le vale a Kiev, por lo que parece, la ayuda militar ordenada por el canciller Sholz, reclaman que Alemania termine la relación con Rusia. Lo curioso es que parte del gas que va hacia Europa fluye por un conducto que atraviesa Ucrania.
Putin y el mundo unipolar
Vladimir Putin se reunió con el presidente bielurroso, Alexánder Lukashenko, en el centro espacial de Vostochny y lanzó una serie de análisis sobre la realidad internacional que podrían ser útiles para interpretar sus movimientos. «Muchas veces se decía que EE UU está preparado para luchar contra Rusia hasta el último ucraniano. ¡Así es! Esa es la esencia de lo que está pasando», destacó, según la cadena informativa RT.
«Ucrania es una herramienta para conseguir los objetivos que no tienen nada que ver con los intereses del pueblo ucraniano», agregó, para explicar luego: «Así es el problema y nuestra lógica de las acciones en Donbass, en Ucrania en general».
Para el jefe de Estado ruso, “incluso en las condiciones trágicas de hoy, los ucranianos son un pueblo hermano» y consideró que lo que pasa en ese país es una tragedia para ambos pueblos.
Yendo a lo estrictamente geopolítico, Putin dijo que lo que está ocurriendo es “la destrucción del sistema de un mundo unipolar que se formó tras la caída de la URSS” y agregó que «el mundo unipolar se romperá ya que su base, EE UU, ahora es destructiva».
El Kremlin, en tanto, prohibió la entrada a Rusia de altos cargos del gobierno británico, principalmente del primer ministro Boris Johnson. «Esta medida fue tomada como una respuesta a la desenfrenada campaña informativa y política destinada a aislar a Rusia (…) y estrangular a nuestra economía», dijo la cancillería en un comunicado. También expulsó a diplomáticos de la Unión Europea. «Como represalia a acciones inamistosas de la UE, 18 miembros de la representación son declaradas ‘persona non grata’», informó.
Se nota su conocimiento sobre estrategia militar en los posteos que hace regularmente en su cuenta de Twitter @TomELawrence1, pero prefiere escudarse en un lejano homenaje al mítico Lawrence de Arabia porque como alto miembro de la cúpula militar argentina dice no está en condiciones de hablar de temas en que el gobierno nacional, salvo la condena a Rusia, “no se ha expresado más”. De todas maneras, este analista tiene mucho para decir desde el anonimato sobre lo que ocurre en esos campos de batalla que, con datos corroborados por fuentes muy imbuidas del tema, desmienten el carril que muestra la mayoría los grandes medios internacionales.
“Nadie es objetivo –acepta de entrada– y yo no niego estar del lado ruso por el sencillo hecho de que Rusia apoya el reclamo argentino en Malvinas y Ucrania quiere ingresar en la Otan, donde están los ingleses”.
–Se dice que las tropas rusas están empantanadas, y que ahora anuncian una nueva fase para ocultar un fracaso.
–Como decía (Carl von) Clausewitz, la guerra es la continuidad de la política; entonces, el poder político determina los objetivos estratégicos, las herramientas que va a utilizar y en el caso de una guerra, qué herramientas militares va a disponer. Putin, después de ocho años de Donbass, dijo “acá no hay más que hablar” y fijó objetivos militares. Lo que en términos profesionales se llama el Estado Final Estratégico, que era desmilitarizar y desnazificar Ucrania. Cualquier analista tiene que partir de eso y desde ahí empieza a desgranarse todo el planeamiento para cumplir con los objetivos operacionales. Para definir el tema: el ámbito de la estrategia es todo lo que pasa en Ucrania, Europa y EE UU, lo operacional es lo que pasa dentro de Ucrania y lo táctico es lo que pasa en Kiev, Mariupol, Dnieper. Yo me enfoco en lo operacional, lo que pasa en el campo de batalla, en la campaña.
–¿Pero no están trabados en Kiev?
–Hay en eso una trampa informativa. Hace 2500 años Sun Tsu decía que el peor negocio es atacar una ciudad. Y sigue siendo así. Si me dicen “vamos a desnazificar y desmilitarizar”, tengo que pensar en términos de lo que se llama Centros de Gravedad, que es donde está su poder y su libertad. En Malvinas el centro de gravedad de los británicos era el portaaviones, eso les daba libertad de acción y poder; el nuestro era Puerto Argentino. Si hablo de «desmilitarizar y desnazificar», el centro de gravedad está representado por las fuerzas ucranianas que están en Donbass, es ahí donde hay que pegar para lograr el Estado Final Estratégico que fijó Putin.
–¿Qué significa que hay una trampa informativa?
–Operaciones de información y de profecía autocumplida: si decimos que el objetivo de Putin es conquistar Kiev y no la conquista, entonces perdió la guerra. Pero también veo una deformación de 20 años de guerra global contra el terrorismo, donde las ciudades eran el centro de gravedad y objetivos operacionales. Los grupos insurgentes se ocultaban en las ciudades y así reducían las brechas tecnológica y de fuego con las fuerzas regulares. Eso dificultaba la gobernabilidad y la estabilización en el posconflicto. Por eso se peleaba en las ciudades, no porque tuvieran un valor en sí mismo. Nosotros, desde el año ’91, no vemos una guerra convencional, no tenemos el ojo acostumbrado a este tipo de operaciones. Yo creo que muchos siguen presos del paradigma de la guerra contra el terrorismo. Yo interpreto desde mis conocimientos profesionales, pero además leo, consulto fuentes rusas y ellos dicen que el objetivo es Donbass. Lo que veo es que en Kiev ahora hay 12 brigadas y fuera de Kiev hay nada más que dos divisiones rusas. Para atacar necesita una relación de combate de 3 a 1, pero si va a atacar una posición fortificada como una ciudad, necesita una relación de 6 a 1. Hoy no pasan de 1 o 1,5 a 1. Lo que hacen los rusos en Kiev, en Chernihiv, en Sumy, en Jarkov, es aferrar fuerzas, para lo cual le basta una relación de combate de 1 a 1. Porque usted les tapa la salida y desde adentro necesitan una relación de 3 a 1 para atacar.
–¿Qué es aferrar?
–Es no dejar mover a la fuerza, entonces todas esas fuerzas se quedan ahí. Si se van, quedan presas de su propia narrativa, “dejaron la ciudad” y la conquistan los rusos con fuerzas menores. Ese es el movimiento que están haciendo en el norte del país. Por los números que uno ve de los rusos, y yo llevo todos los días la Carta de Situación.
–¿De dónde saca la información? ¿Dónde hay fuentes confiables?
–Tengo una lista en Twitter de cuentas tanto occidentales como rusas, sigo un canal de YouTube ruso que a veces traduce al español, al Ministerio de Defensa británico, a un think tank norteamericano que se llama ISW (Institute for Study of War – https://www.understandingwar.org/), sigo a RUSI (Royal United Services Institute, rusi.org), que fundó en 1831 el duque de Wellington. Yo trato de explicar que en Donbass se está creando una bolsa; para ganar el poder de combate necesario para cerrarla, los rusos tendrán que solucionar el tema Mariupol, donde había seis brigadas ucranianas. Una vez que consigan esto, van a dejar libres dos divisiones más una brigada de infantería de marina y así podrán superar a las brigadas que están en los cuellos de la bolsa.
–¿Pero no está más complicado de lo que parecía?
–Nosotros estamos acostumbrados a todo rápido, todo ya. Se tarda mucho tiempo para este tipo de operaciones. Los norteamericanos en la guerra de Irak, para llegar de Kuwait a Bagdad, que son 550 kilómetros, tardaron cuatro semanas en terrenos que no tienen obstáculos, es un desierto. Ucrania está llena de ríos y los puentes fueron rotos. No es un terreno fácil, salen del invierno. En Malvinas los ingleses desembarcaron el 21 de mayo y hasta Puerto Argentino tardaron 25 días sin nadie en el camino. La velocidad de movimiento de una fuerza militar en una ruta es de 20 km por hora. En combate, con una relación 3 a 1 en un terreno sin fortificar, se avanza 300 metros por hora. Con los tiempos hay que tener mucho cuidado. Pero además no es que los ucranianos están mal preparados y son pocos. Pusieron 200 mil tipos del ejército sobre la mesa y a eso hay que agregarle otros 100 mil de la Guardia Nacional, que no son como nuestra Gendarmería, son fuerzas militares. Los rusos atacaron con 150 mil y ahora están el 175 mil. Eso demuestra que Putin quería un objetivo limitado, no quería que arrasen Ucrania. Que por otro lado es lo que tiene que hacer, porque después le quedaría un problema para el posconflicto. Es como que nosotros vayamos a una guerra contra Uruguay. Por eso fue cuidadoso en abrir corredores humanitarios, evitar el mínimo daño colateral. Yo le veo lógica a esto. Y Mariupol, por lo que veo, en una semana se termina, de ahí se van a tener que reorganizar y mandarse para el norte. Imagino una fase de aferramiento y destrucción de la capacidad operacional ucraniana. Y ellos en realidad no tienen cómo contraatacar. Lo que se ven son solo contraataques en lugares muy focalizados. Además, en Donbass está el corazón económico de Ucrania, por el puerto de Mariupol y la industria. Ucrania se está financiando con lo que la Otan le presta, pero eso se lo va a cobrar, no va a ser gratis.
Al cumplirse el primer mes de hostilidades en Ucrania pareciera que todas las fuerzas se están reagrupando, tanto en el campo de batalla como en los escritorios donde se discuten las consecuencias de la guerra en el Este europeo en todos los ámbitos. Mientras que en Moscú los jefes militares anunciaban el inicio de una segunda fase de la “operación especial” que Vladimir Putin ordenó el 24 de febrero pasado, los líderes de EE UU, la Otan y el grupo G7 debatieron en Bruselas lo que podría considerarse como un Nuevo Orden Occidental.
El anuncio de una nueva etapa en la estrategia militar rusa disparó la interpretación de una derrota para las tropas invasoras, lo que no se corrobora in situ. Un informe del Ministerio de Defensa de Rusia indica que 1351 efectivos de ese país perdieron la vida en la ofensiva y otros 5000 resultaron heridos. Datos aportados por la Oficina de la Alta Comisionada de la ONU, Michelle Bachelet, señaló a su vez que la intervención produjo en Ucrania 1100 muertos y 1700 heridos. La cifra de refugiados se acerca a los 3,75 millones, según Acnur, de los cuales más de la mitad huyeron a Polonia.
El canciller alemán, Olaf Scholz, informó al término de la cumbre de siete de los países más ricos del bloque occidental, que se había acordado “revisar constantemente las sanciones contra Rusia para determinar su efectividad” y, además, “estar listos para nuevas restricciones”.
La Comisión Europea, en tanto, decidió realizar compras conjuntas de gas para abaratar costos en virtud de los castigos al proveedor ruso y también aceptó una “excepción ibérica” y permitir medidas fuera de los esquemas del bloque a España y Portugal para paliar el incremento de precios en la luz.
En la tercera de las reuniones en Bruselas, la de la Otan, el presidente Joe Biden anunció la continuidad del apoyo al gobierno de Volodimir Zelensky con «cantidades significativas y crecientes de asistencia en materia de seguridad” y el establecimiento de cuatro nuevos batallones de combate en Eslovaquia, Rumanía, Bulgaria y Hungría para “fortalecer los planes defensivos” de la Alianza Atlántica.
Biden, por otro lado, advirtió a Moscú que la Otan “responderá como corresponde” al posible uso de armamento químico en Ucrania. Vladimir Putin había denunciado que hallaron un laboratorio de armas químicas en territorio ucraniano, lo que fue confirmado en el Capitolio por la Subsecretaria de Estado Victoria Nuland. Pero el jefe de la cartera, Antony Blinken, no solo desmintió la información sino que alertó sobre una supuesta operación de bandera falsa de Moscú para acusar a los ucranianos.
Llamó la atención, en este contexto, una publicación de este viernes del Daily Mail, el segundo diario más leído de Gran Bretaña, en la que reconoce que las palabras de Putin son “al menos parcialmente ciertas”, y agrega que el hijo de Biden, Hunter Biden -que tuvo un cargo en una empresa energética ucraniana luego del golpe de 2014 por el que cobraba 50.000 dólares al mes- ayudó a financiar un programa de investigación con armas biológicas estadounidenses en Ucrania.
“Los mails de una computadora de Hunter muestran que ayudó a asegurar millones de dólares en fondos para Metabiota, un contratista del Departamento de Defensa que se especializa en la investigación de enfermedades que causan pandemias y que podrían usarse como armas biológicas”, dice el periódico, luego replicado en EE UU, Canadá, México y España.
La historia no es nueva: en 2019, Hunter, de 52 años, llevó una Macbook Pro a arreglar en un local en Wilmington, Delaware, y nunca la pasó a retirar. Pasado el tiempo de gracia, el dueño de la tienda, John Paul McIsaac, hizo una copia y la entregó a allegados a Donald Trump, que se hicieron un festín en plena campaña electoral. Ante la ofensiva “canceladora” contra Trump, la información no causó el efecto esperado. Ahora el Daily volvió a la carga con partes explosivas del contenido de 103.000 mensajes de texto, 154.000 correos electrónicos y 2000 fotos.
Desde Moscú, Putin celebró la publicación que confirma “al menos en parte”, como aclara, sus alarmas previas. En una ceremonia de entrega de premios de literatura, Putin lanzó sus dardos contra la ”cancelación” de todo lo ruso que se expandió en Occidente con más intensidad desde el 24F. “Están tratando de abolir a todo un país de 1000 años, a nuestra gente”, dijo.
Pero también Rusia ejerce su poder de cancelación, al menos económica, y esta semana anunció que en virtud de las sanciones financieras ya no aceptará ni dólares ni euros para el pago de gas y petróleo que sigue vendiendo a Europa. Cada compra debe abonarse en rublos. En esa misma moneda abonarán ellos las acreencias externas.
El castigo económico, aunque podría no ser tan determinante como esperaban en la Casa Blanca, sí tiene efectos nocivos para Rusia. Y según indicó el canciller Sergei Lavrov, los tomó por sorpresa el congelamiento de activos del Banco Central por unos 300.000 millones de dólares. “Nadie que predijera qué sanciones aprobaría Occidente podría haberlo imaginado. Es un robo”, dijo Lavrov. Esa cifra es casi la mitad del total de reservas de oro y divisas de la Federación Rusa, que ahora percibe el error de haber creído en la intangibilidad de los depósitos bancarios en países occidentales.
La guerra en Ucrania entró en una fase centrada, en la mesa de negociaciones, aunque mediáticamente las imágenes de los campos de batalla llenan las pantallas, mientras las cuestiones económicas comienzan a revelar su verdadero impacto y hay voces de alerta por las consecuencias en términos de costo de la energía y cómo se reflejará el conflicto en el bolsillo de los ciudadanos europeos.
En los medios internacionales, se continúa señalando la demora de las fuerzas rusas en tomar el control de Kiev y retrocesos en Mariúpol, por poner dos ejemplos. Pero las fuentes que más conocen de estos temas coinciden en que es difícil establecer el verdadero objetivo de Moscú y señalan que ya en Siria fue tomando posiciones lentamente mientras por otro lado iba urdiendo acuerdos políticos.
En la semana, al tiempo que hubo febriles negociaciones entre representantes de Ucrania y Rusia, el canciller Sergei Lavrov y luego el presidente Vladimir Putin mostraron sus fichas, el uno en un reportaje ante el canal RT, el otro frente a una multitud en el estadio Luzhniki, donde en 2018 se jugó la final del Mundial de Fútbol.
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se mostró activo en un intento por acercar posiciones entre Putin y el presidente ucraniano Volodimir Zelensky, y se ofrece a sentarlos a la misma mesa. A esta altura, se sabe que las condiciones para un alto el fuego de Moscú no cambiaron, aunque pareciera que hay más posibilidades de que gran parte de ellas puedan plasmarse en un documento final. Putin pretende la desmilitarización de Ucrania, que Kiev no ingrese a la OTAN y que reconozca la incorporación de Crimea a la Federación rusa. Ucrania, por su parte, pide garantías de seguridad, un cese de hostilidades inmediato y el retiro de las tropas rusas.
También los jefes de Estado de Francia y Alemania buscan denodadamente interceder y mantuvieron sendas videoconferencias con Putin. Los comunicados de prensa de Emmanuel Macron y Olaf Sholz dicen que le exigieron el fin de la invasión, pero hay que ver el verdadero cariz de las conversaciones. Por lo pronto, el vicecanciller y ministro de Economía germano, Robert Habeck, advirtió a radio Deutschlandfunk que «si no obtenemos más gas en el próximo invierno y se cortan las entregas procedentes de Rusia, entonces no tendremos la cantidad suficiente para calentar todas las casas y hacer funcionar todas las industrias».
En Roma, líderes de Italia, España, Grecia y Portugal pidieron a la Unión Europea medidas urgentes ante el desaforado incremento de precios de la energía. Si bien el hemisferio norte está a las puertas de la primavera, crece el temor de un corte de suministro –voluntario o no-de aquí a seis meses, aunque las autoridades rusas dicen que garantizan la provisión a través de territorio ucraniano. El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, fue uno de los más ansiosos y espera juntar cabezas para una reunión del Consejo Europeo del 25 de marzo en que se anunciarían medidas para desenganchar el precio del gas del de la electricidad, mientras la ultraderecha de Vox organizaba marchas contra el aumento de los precios.
El presidente de EE UU, Joe Biden, habló con su par chino, Xi Jinpig. “A nadie interesa una guerra, la paz y la seguridad son los tesoros más valiosos de la comunidad internacional”, fue el mensaje de Xi. La versión de la Casa Blanca es que Biden advirtió a China sobre “implicaciones y consecuencias” de un apoyo a Rusia. Sin embargo, Moscú no está tan solitario como presentan los medios y si bien Beijing defiende la integridad territorial de cada nación –no puede hacer otra cosa ya que reclama el reconocimiento internacional de Taiwán como provincia china- también se opone a la expansión de la OTAN hacia el Este. Y fue, junto con los otros países del grupo BRICS, Brasil, India y Sudáfrica, uno de los que se abstuvo en la moción de condena de la Asamblea General de la ONU.
Lavrov resaltó este hecho ante Russia Today y sumó en ese bloque de respaldos sutiles a la Argentina. El canciller ruso agregó que “EE UU busca recrear un mundo unipolar” y consideró que “Europa abandonó sus intentos de preservar su independencia”. Por otro lado, aseguró que «Rusia se ha acostumbrado a las sanciones récord» y puntualizó que después de las sanciones de 2014 “logramos experiencia que nos permitió contar con nosotros mismos”.
Putin, a su turno, celebró el viernes el octavo aniversario de la incorporación de Crimea en un acto en el Luzhniki, un estadio situado en Moscú en el que se erige una enorme estatua de Lenin en la entrada principal. Miles de personas con banderas rusas, cánticos patrióticos y consignas antinazis aplaudieron las intervenciones del mandatario, que habló desde un escenario en el campo de juego.
«Siento las palabras de las Sagradas Escrituras: no hay amor más grande que dar la vida por tus amigos», dijo. «Hace mucho tiempo que no vivíamos tal grado de unidad», alentó a la tribuna, que gritaba “Rusia, Rusia” mientras homenajeaba “el heroísmo de nuestros soldados”.
Comentarios recientes