por Alberto López Girondo | Abr 13, 2023 | Sin categoría
Que el mundo está en un acelerado proceso de cambios geopolíticos es innegable. Y que en Ucrania se juega el futuro de la configuración del siglo XXI tampoco. La moneda está en el aire, pero el multipolarismo ya es una realidad y en ese escenario, con las elecciones argentinas en el horizonte, el papel que jugará el país también es clave. Datos a tener en cuenta: el crédito del Fondo Monetario Internacional (FMI) al Gobierno de Cambiemos –que incluso en la gestión de Donald Trump reconocieron que era para apoyar a Mauricio Macri como socio en su embestida contra Venezuela– es una atadura que condiciona cualquier política económica y exterior. Las frecuentes visitas de la jefa del Comando Sur, Laura Richardson, y otros altos dignatarios del actual Gobierno de Estados Unidos son también un llamado de atención, si se tiene en cuenta la ofensiva antichina de la Casa Blanca y el mensaje explícito de la generala por los recursos naturales de la región.
En ese contexto, ni bien las tropas rusas cruzaron la frontera en 2022, los diputados del PRO Waldo Wolff y Gerardo Milman promovieron un viaje a Varsovia, capital de Polonia, para «ponerle el cuerpo a la paz» en Ucrania y contra Rusia.
En tanto, a principios de este mes, en otra conmemoración de la gesta de Malvinas, volvieron a aparecer voces que postulan no ya la inconveniencia de reclamar por la soberanía sino incluso cuestionan los derechos que le caben a la Nación en esos territorios. En este embrollo, a aquel viejo inventario sobre la decadencia argentina centrada en los 80 años de populismo, se le agrega que ese período coincide con la postura argentina en la Segunda Guerra Mundial que, entienden estos sectores de la derecha, condenó al país por no haber secundado a las potencias aliadas en contra de la Alemania nazi desde el primer día.
Para Eric Calcagno, exembajador en Francia y ex senador, no hay dudas de que Argentina debe respetar su vieja tradición de neutralidad, posición que se mantuvo en las dos guerras mundiales –en ambos casos decididas por gobiernos conservadores– «y que potenció Arturo Illia al no haber aceptado participar en la invasión a República Dominicana» en 1965.
Por su parte, Juan Tokatlian, vicerrector de la Universidad Di Tella y master en Relaciones Internacionales por la Universidad Johns Hopkins, señala que «resulta difícil pensar que tenga algún dividendo para cualquier gobierno que surja en diciembre alinearse estrictamente con Occidente o ir a un hiperoccidentalismo», y se explica: «Ocho de cada diez dólares de exportación argentina en 2022 fueron a países no occidentales», y para más claridad, con India hoy día el comercio es cuatro veces superior al que se realiza con Francia.
Fuentes de las Fuerzas Armadas, por otro lado, informan que hay un sector importante –aunque silenciado– que se mostraría mucho más dispuesto a sostener decididamente a Rusia y a los países del grupo BRICS (que integran además Brasil, India, China y Sudáfrica) con un sencillo argumento: «Ellos apoyan nuestra soberanía en Malvinas y del otro lado están el Reino Unido y la OTAN, que tiene una base militar en nuestras islas». De todas maneras, la cuestión Malvinas no parecería que vaya a integrar el eje de ninguna campaña. Así lo entiende Tokatlian. «En otra circunstancia la decisión del Gobierno de haber dado por finiquitado el acuerdo Foradori-Duncan hubiera despertado debates, artículos de prensa, comentarios, pronunciamientos de varios partidos en la línea de alguno de sus líderes que se han manifestado con un relativo desdén frente al tema o con el convencimiento de que es un reclamo innecesario. No sucedió nada de eso. El tema se cerró a los dos días», deduce.
Calcagno, a todo esto, recuerda las consecuencias de una sociedad plena –«relaciones carnales» se las llamó en los 90– con Estados Unidos. «La vez que intervenimos en una guerra en la que no teníamos nada que ver, como fue la del Golfo (1990), importamos problemas, como los atentados a la embajada de Israel y la Amia». Y completa: «Apoyar a EE.UU. no nos deparó la prosperidad. Eso es algo fáctico».
El problema más grave es cómo encontrar resquicios para esquivar las ataduras a que obliga el FMI, donde la posición de Washington es determinante. Es que, si bien del organismo forman parte todos los países del BRICS, con solo el voto contrario de EE.UU. se puede bloquear cualquier acuerdo. Aunque es cierto que la influencia de ese país mermó. De las sanciones contra Rusia dictadas junto con los países europeos no participan más de 40 naciones sobre 193 que integran la ONU. «América Latina nunca ha tenido una tradición de respaldar sanciones económicas y en este caso ha actuado como lo hizo históricamente», detalla Tokatlian. Tampoco se sumó el Sur Global.
Otra posibilidad sería que en vista de que China e India ya tienen envergadura como para discutir el rol de cada uno en el Fondo, se cambien las reglas de juego. «EE.UU. no quiere que se revean las cuotas de votos porque perdería su posición dominante –reseña Calcagno– por eso no solo hay que pedir que se actualice sino abrir otras oportunidades, otras ventanas, como la de los BRICS, donde los métodos de financiamiento y comercio son distintos y se realizará en otras monedas que no son el dólar».
La cuestión es si la dirigencia que asuma el 10 de diciembre estará a la altura de estos tiempos complejos.
Revista Acción, 13 de Abril de 2023
por Alberto López Girondo | Dic 6, 2022 | Sin categoría
La imagen viralizada del jefe de la bancada del PRO, Cristian Ritondo, haciendo un gesto grosero y misógino en la escandalosa y frustrada sesión de Diputados del 1° de diciembre coronó varias semanas en las que la dirigencia de los distintos sectores de la oposición puso de manifiesto unas señales de vocación antipolítica que, al menos desde el riñón de un poder institucional, cuesta encontrar en la Argentina de la democracia. En la sesión fallida, además de la designación de autoridades de la Cámara, previamente acordada, se aprobaría la creación de nueve universidades nacionales. Sin embargo, primó la voluntad de obstaculizar el funcionamiento de un poder del Estado a partir de especulaciones políticas.
Para los corrillos del debate mediático, quizás el que viene dando más cuerda a ese perfil perturbador sea el senador cordobés Luis Juez, quien suele apelar al humor provincial para lanzar dardos contra sus opositores, tanto internos como externos, con suerte habitualmente esquiva. En una cena del sempiterno programa que conduce Mirtha Legrand, Juez lanzó un comentario que recibió una réplica inesperada. Luego de afirmar que «ningún argentino puede decir que la democracia le cambió la vida», con una explícita alabanza al gobierno militar, la filoderechista catalana Pilar Rahola lo interrumpió al aire con un «yo no puedo aceptar esa frase, perdóneme. La democracia siempre salva la vida, respecto a las dictaduras».
A los pocos días, el senador –que pugna judicialmente por un cargo en el Consejo de la Magistratura en representación de la Cámara Alta– se descargó en el canal LN+ con un comentario que incluso excede a la política para cuestionar a todos los nacidos en esta tierra. «Somos jodidos los argentinos. ¡Qué pueblo de mierda! Le exigimos mucho más a un jugador de fútbol que a nuestros propios dirigentes», lanzó tras el partido que el equipo de Lionel Scaloni jugó contra México, del que dependía la clasificación para una nueva ronda en Qatar 2022. Intentó morigerar la situación unos días después añadiendo que él también es parte de esta sociedad, a la que le reclamó que «no reacciona», sin especificar qué tipo de reacción pretende. Todavía se recuerda su paso por la diplomacia vernácula, cuando siendo embajador en Ecuador, en 2017, dijo en una entrevista radial que se había tenido que ir a cambiar la camisa «para que no digan que este mugriento se ve que agarró hábitos ecuatorianos».
No gastar aunque cueste vidas
En el canal TN, el «libertario» Javier Milei también alborotó a la audiencia cuando explicó su voto negativo a un proyecto de ley para la ampliación del Programa de Cardiopatías Congénitas destinado a la detección precoz en embarazadas. «Implica más presencia del Estado interfiriendo en la vida de los individuos e implica más gastos. Eso no funciona así», dijo, para concluir que había rechazado el proyecto «en función del ideario liberal».
Milei siempre avisó cuál es ese ideario, el que alguna vez le permitió expresar su acuerdo con la venta de niños y de órganos por eso del «libre marcado». Pero tiene sus contradicciones. Por un lado define a los miembros del Legislativo como una «casta» que vive del erario público y justificó su candidatura en la promesa de terminar con esa «lacra» desde adentro. Una vez ganada su banca, sorteó su sueldo de diputado como si fuera una tómbola. Pero no puede escapar al reproche de que no cumple con la tarea por la que, quiera o no, le pagan: el récord que le anotan es de 41 faltas al Congreso este año y asistencia en solo 25 debates.
En esto de las ausencias, el expresidente Mauricio Macri fue uno de sus mayores exponentes. En 2006, cuando era diputado por la Ciudad de Buenos Aires, un año antes de asumir como jefe de Gobierno porteño, un informe de la Cámara Baja halló que de 321 votaciones había faltado a 277. Su explicación fue que el Congreso es «un sitio en el que no se debaten ideas» y hasta llegó a decir que se aburría. El fundador del PRO también se suele ir de boca –no del club que presidió entre 1995 y 2008, por cierto– y antes de viajar al Mundial como titular de la Fundación FIFA, puso entre los candidatos a ganar la copa a Alemania, con el argumento de que es una «raza superior». Fueron dos errores seguidos: tuvo que decir que no quiso decir lo que dijo y luego recibió burlas por el pronto regreso del conjunto germano del país árabe. El exmandatario es el mismo que dijo que en Argentina no hay modo de ganar dinero como empresario si se pagan todos los impuestos.
El diputado Gerardo Milman también tuvo su cuarto de hora de fama. Dueño de una verborragia muy particular en cada uno de los varios partidos que integró, a principios de este año llamó a ir a Ucrania a luchar en defensa de ese país ante la incursión rusa. Desde fines de octubre su nombre aparece en las pantallas por una frase que le atribuyen sobre el atentado a Cristina Fernández, pero sus mayores problemas hasta ahora pasan por el manejo discrecional de su cargo.
En un caso, en el Ministerio de Seguridad, donde fue el brazo derecho de Patricia Bullrich y contrató a una ex miss Argentina como jefa de la Escuela de Inteligencia Sobre el Delito y a la hermana de la joven como jefa de la Dirección de Inteligencia Criminal. Sin antecedentes que justifiquen ambos puestos, pero con amplio manejo de fondos reservados de acuerdo con las normativas del Gobierno macrista.
Donde más políticamente –y hasta familiarmente– comprometido está Milman es, en cambio, un incidente de tránsito de una mujer que circulaba con un automóvil sin documentación en regla y sin registro de conductora. La dama llamó a Milman, que se presentó de inmediato con el documento que acredita su banca para asegurarles a los agentes de la policía porteña que el auto era de él y ella era su mujer. El vehículo no está a nombre de Milman y en su libreta de casamiento tampoco figura la mujer en cuestión, que ocupó varios puestos en el Gobierno porteño. El caso está a tratamiento de la Cámara Baja por pedido del fiscal que intervino, César Troncoso. El hecho se registró en abril pero trascendió recién ahora. El legislador culpa de la difusión al alcalde porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que compite en la interna del PRO a la presidencia de la Nación con Bullrich, quien a su vez intenta tejer lazos con Milei para ampliar su base de sustentación en 2023.
Revista Acción, 6 de Diciembre de 2022
por Alberto López Girondo | Nov 11, 2022 | Sin categoría
Mientras la interna en Juntos por el Cambio involucraba a referentes de otros espacios contra la hegemonía del PRO, como podían ser las embestidas de Elisa Carrió o de Gerardo Morales, se percibían miradas de displicencia o incluso de suficiencia de quien se cree intocable. Había, cada tanto, algún que otro chisporroteo entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta y hasta alguna competencia por ver quién es más inflexible que sin embargo no habían alcanzado a mover el amperímetro. Pero el violento cruce entre la exministra de Seguridad y el jefe de Gabinete porteño, Felipe Miguel, rebasó los límites de lo que se podían permitir en público. Y lo hicieron saber tanto dirigentes «amarillos» como de la UCR, de Coalición Cívica y los comunicadores de los medios afines.
El incidente se produjo el 24 de octubre pasado, fue difundido unos días después por manos anónimas, y todavía genera irritación. Fue durante la presentación en La Rural del segundo libro que firma el expresidente, Para qué, una suerte de programa de Gobierno con una clara orientación neoliberal. El adláter de Rodríguez Larreta en la ciudad se acercó para saludar protocolarmente a Bullrich, que buscó apartarlo del abrazo amistoso, tipo clinch, con el que intentaba calmar los ánimos, o al menos que no se notara el entuerto.
«No me cruces más por la tele porque la próxima te rompo la cara, conmigo no se jode, te lo aviso», le dice la presidenta del PRO al sorprendido funcionario porteño. La historia se remonta al vallado en las inmediaciones de la vivienda de Cristina Fernández de Kirchner, días previos al intento de magnicidio. Esa vez Bullrich acusó al Gobierno porteño de debilidad. «Cuando vos tomás la decisión de cercar la casa de la vicepresidenta, para cuidarla a ella y a los vecinos, la tenés que mantener». Miguel dijo entonces que esas declaraciones eran funcionales al kirchnerismo.
Sin frenos
El video del escándalo generó una primera reacción del propio Miguel, quien dijo que «una amenaza, la violencia, nunca es aceptable; además, si es por opinar diferente, se cruza un límite». Bullrich dobló la apuesta y dijo que no tenía nada de qué disculparse. Se sumó velozmente Carrió, que definió a Bullrich como una mujer muy impulsiva, que no tiene freno y que, además, es poco femenina. El dardo más punzante fue cuando dijo que «es muy buena persona, pero no sabe parar; de hecho, ella me dejó por Macri cuando fui derrotada».
La chaqueña, que tampoco es de bajar un cambio, aprovechó para agregar un poco de nafta a la interna el JxC. «Quiero candidaturas cuyas garantías sean la capacidad y la honestidad (…) Si no nos garantizan una lista honesta, iremos con mi candidatura». Morales, como titular de la UCR, también viene advirtiendo que para el 2023 nadie tiene la candidatura de la coalición opositora comprada y que el centenario partido esta vez no se dejará arriar con el poncho.
Para evitar males mayores, Macri convocó a la cúpula del partido que fundó en 2005 a un desayuno de trabajo en un hotel cercano a Plaza de Mayo. Además del exmandatario estuvieron Bullrich; Rodríguez Larreta; el jefe de la bancada del PRO en la Cámara baja, Cristian Ritondo; la exgobernadora bonaerense María Eugenia Vidal; el titular del bloque de senadores, Humberto Schiavoni; y el diputado Diego Santilli.
Al cabo de dos horas intensas, según dejaron entrever en off algunos de los presentes, Ritondo leyó prolijamente de su celular un comunicado del partido en el que afirmaban haber establecido un mecanismo «para coordinar entre los precandidatos para que se eviten tensiones innecesarias». Se cuidó de no añadir nada al margen cuando anunció que los precandidatos presidenciales por el PRO son Vidal, Bullrich y Rodríguez Larreta.
Macri, dentro de este esquema, aparece como el mediador, el articulador de un espacio con aspiraciones de volver. Quizás espera que con la hoja de ruta que presentó en La Rural sea suficiente. Quizás parte de la discusión dentro de JxC sea que los otros socios no aceptan así como así el proyecto presentado por Macri.
O tal vez suceda como un esa anécdota que aún recuerdan en el edificio de la CGT, de aquel viejo y mañoso dirigente que, cuando se estaban definiendo las candidaturas a una elección en el gremio, preguntaba a cada uno de sus aliados: «¿Vos qué querés ser?». Uno quería ser secretario de Actas, otro de Organización, otro de Prensa y así. Hasta que uno le preguntó: «¿Y vos qué querés ser?». «Yo quiero ser el que te pregunta qué querés ser», ilustró el hombre.
Revista Acción, 11 de Noviembre de 2022
por Alberto López Girondo | Oct 8, 2022 | Sin categoría
Facundo Manes desató un vendaval en la alianza opositora comparable, quizás, a la fiereza del huracán Ian, que por estos días cruza el Caribe devastando todo lo que encuentra a su paso. Las lapidarias frases del neurólogo sobre el Gobierno de Mauricio Macri hicieron crujir a la unidad de Juntos por el Cambio de un modo que no se veía desde los embates de Elisa Carrió o Gerardo Morales, hace unos meses. Pero también despertaron en los comunicadores más cercanos al PRO y en los trolls de redes sociales una furia que suelen tener reservada solo para el kirchnerismo.
No es que el neurólogo haya dicho alguna novedad. Simplemente recordó que Macri «tuvo operadores que manejaban la Justicia» y que «hubo evidencia de que espió a gente de su propio Gobierno». No fue una denuncia aislada, sino que esa frase, en el programa de Luis Majul en LN+, formaba parte de un concepto que Manes intenta desarrollar dentro de su estrategia para posicionarse de cara al 2023.
Así, contrapuso el que denominó «populismo económico», propio, a su entender, del Gobierno de Cristina Fernández, con el «populismo institucional», dentro del cual ubicó al macrismo. Fue una devolución de gentilezas del representante de la UCR en la Cámara Baja nacional, que no olvidó que, para el exmandatario de Cambiemos, el populismo en Argentina nació en 1916 con Hipólito Yrigoyen, y que el peronismo solo sería una continuación de ese «mal endémico» del país.
Hubo un veloz alineamiento del PRO en torno a Macri, traducido en ataques furibundos contra Manes. Desde un mensaje de respaldo casi formal de María Eugenia Vidal –«no cuenten conmigo para difamar, ensuciar o agredir a @mauriciomacri ni a nadie de Juntos por el Cambio»– hasta el violento brulote de Fernando Iglesias: «El que trajo al neurocoso que se lo lleve». No faltaron denuncias de traición o la acusación de «infiltrado kirchnerista» recordando alguna foto de cuando con su equipo operó a la expresidenta de un hematoma subdural, en 2014.
Vuelta de tuerca
Con las horas, a la polémica se sumaron cuestionamientos de dirigentes de la UCR y un comunicado de la cúpula nacional de la partido en el que, sin nombrar el incidente, hablan de «cuidar entre todos la esperanza que construyó Juntos por el Cambio». El radicalismo bonaerense, por su parte, defendió «la pluralidad, el debate, la discusión sincera y la transparencia» como parte de la lucha política.
En el fondo, Manes dio una vuelta de tuerca a denuncias de la exdiputada Carrió, que había dicho que la espiaban, y del titular de la UCR y gobernador jujeño sobre presuntos actos de corrupción en la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, que también habían removido el avispero en la interna. Pero ahora esas palabras en boca de un diputado radical dejaron en off side a más de uno.
La agria respuesta mediática fue interpretada por el escritor y analista político Jorge Asís como un «deschave frontal de los comunicadores que reaccionan como efectivos instrumentos de la política». En resumen, que Manes desnudó la mala praxis de muchos por decir algo que todos saben pero ocultaron o justificaron puntillosamente. El historiador Marcelo Larraquy, autor de varias investigaciones sobre la violencia política en Argentina, argumentó irónicamente: «Tremendo desafío le queda ahora a Manes por delante: enfrentar al PRO, al Comité Nacional de la UCR y al periodismo independiente».
Parte de la saña que descargaron sobre el científico y legislador se entiende porque sus palabras coincidieron con la presentación del segundo libro de Macri, Para qué, una suerte de programa de cara a las presidenciales del año que viene. No necesariamente porque él se esté ofreciendo para encabezar la fórmula de ese espacio como para delinear su propuesta de «hacer lo mismo pero más rápido».
Y esa no es la idea del radicalismo, que se autopercibe como furgón del cola de una alianza que ayudó a formar para derrotar al kirchnerismo en 2015 pero que no le dejó margen para crecer. Es así que estos chispazos suenan a pirotecnia para marcar la cancha. O un intento de cosechar apoyos en sectores de la sociedad descontentos con el oficialismo a los que esperan convencer con un mensaje subliminal: «Sabemos lo que pasó y con nosotros no volverá a ocurrir».
Manes renovó esperanzas dentro del centenario partido radical. Pero luego de esquivar golpes de todos lados, como reconocieron en su entorno, ahora bajó un cambio. Y si bien la política no es un juego para inocentes, en el canal TN le dijo a Diego Sehinkman: «No me imaginé que iba a hacer tanto lío». Luego intentó aclarar los tantos. «El Gobierno de Macri llegó con obligación de sanear las cloacas de los servicios de inteligencia, ciertos aspectos de la influencia del poder político en la Justicia, lamentablemente es una deuda que tenemos que reconocer», dijo, para quejarse luego de los ataques de los trolls en lo que interpretó como «un sistema que ves coordinado, masivo». ¿Otra deuda pendiente de la política?
Revista Acción, 8 de Octubre de 2022
Comentarios recientes