por Alberto López Girondo | Oct 30, 2015 | Sin categoría
Hace apenas seis años Evo Morales era un gobernante que al decir de Patrick Hall en un artículo que tituló «La presidencia fallida», no podía durar mucho. Venía de enfrentamientos con la derecha golpista y de una dura pelea por aprobar una nueva constitución que institucionalizó la República Plurinacional. Es más, a principios de ese año se lo veía haciendo una huelga de hambre porque el Congreso no aprobaba una convocatoria a comicios generales que le permitiría la reelección. Evo, el primer presidente aymara en la historia de Bolivia, era para los medios del establishment un hombre autoritario y una mala palabra para los inversores, luego de que en sus primeros mandatos había expropiado empresas públicas privatizadas durante la «larga noche neoliberal», como gusta decir al ecuatoriano Rafael Correa.
Lula da Silva, por entonces, era «El hombre del año» para el diario francés Le Monde y el británico Financial Times lo ponía al tope de las 50 personalidades más destacadas de la década que terminaba, mientras que The Economist ilustró una tapa con un Cristo Redentor que parecía un cohete despegando que simbolizaba el Brasil que crecía sin límite de la mano del líder metalúrgico. A tal punto llegaba el fervor por el fundador del Partido de los Trabajadores brasileño que el presidente Barack Obama llegó a decir «amo a este hombre, el político más popular de la Tierra».
En Venezuela, Hugo Chávez era el demonio que, para Estados Unidos y la derecha regional, envenenaba las mentes de sus colegas latinoamericanos con ideas revulsivas. Hacía poco que en Honduras se había echado al presidente democráticamente elegido con un golpe institucional, el mismo día en que en Argentina el Frente para la Victoria era derrotado en elecciones de medio término. Dos gobiernos, el de Manuel Zelaya y el de los esposos Kirchner, que contradecían los deseos de los centros de poder mundial. Cuatro años antes, los países habían gritado en Mar del Plata un rotundo NO al proyecto de construir un mercado común de Alaska a Tierra del Fuego, el ALCA.
Algo ha cambiado en América Latina en este período. Principalmente porque tanto Chávez como Néstor Kirchner murieron, dejando un hueco difícil de llenar. Pero los vientos también trajeron acomodamientos y sorpresas que no se podrían explicar como no sea por los vaivenes de la política y las turbulencias de los tiempos.
Porque ahora Evo Morales es el nuevo «niño mimado» del Financial Times, que dedicó una amplia separata ahora que el mandatario boliviano se paseó por el centro financiero del planeta, Nueva York, en búsqueda de inversiones para esta nueva etapa en la vida de su país. El viaje coincidió con una decisión de al Corte de Justicia que autoriza el llamado a consulta para una reforma constitucional que le habilite una nueva reelección cuando venza su actual período, el 22 de enero de 2020.
Lula, en tanto, padece el declive del gobierno de su «delfina», Dilma Rousseff, que está enrollada en una crisis que hace temer a muchos por el futuro no sólo de su gestión sino del partido oficial, embarrado por denuncias mediáticas y con varios procesados -propios y aliados- por delitos de corrupción. Entre las acusaciones figura en primer lugar el llamado Petrolao, por el presunto pago de coimas surgidas de las arcas de la petrolera estatal a distintos dirigentes políticos. Ayer, sin ir más lejos, el ex presidente argumentó con muy buen criterio que el objetivo de los ataques que ahora buscan enlodarlo a él y a sus allegados apunta a socavar su base de apoyos en vista de la campaña para la renovación presidencial, que será en 2018. «Nadie debe tener lástima. Aprendí con la vida a enfrentar la adversidad. Si el objetivo es truncar cualquier perspectiva de futuro, entonces serán tres años de mucha golpiza. Y pueden estar seguros: voy a sobrevivir», declaró el ex «hombre del año».
Ácido como en sus mejores momentos, Lula replicó al proceso contra uno de sus hijos por sus presuntos contactos con una red de corrupción para el pago de sobornos. «Tengo otros tres hijos que no fueron denunciados, siete nietos y una nuera que está embarazada. Bueno… esto no va a terminar nunca. Y me generaron un gran problema. Dijeron que una nuera mía recibió 2 millones de reales. Ahora van a querer saber quién es el rico de la familia. Dentro de poco una nuera procesará a otra», destaca Lula, según testimonia un cable de la agencia dpa.
En Venezuela, en tanto, el presidente Nicolás Maduro, que enfrenta elecciones legislativas el 6 de diciembre, redobla esfuerzos por encarrilar una economía bastante golpeada por la escasez de productos de consumo y la inflación. Una de las medidas fue el cierre de parte de la frontera con Colombia, por donde muchos de los productos terminan contrabandeados ante la diferencia de precios en cada país. Por allí también se cuelan paramilitares que vienen asolando en los distritos más pobres desde hace meses, causando actos de violencia que elevan el temor en la población más expuesta a estos actos de vandalismo.
Estos días el presidente anunció un plan antigolpista para garantizar los comicios, que resultan cruciales en vista de los tiempos que se vienen en ese país. Una de las medidas que había propuesto era la firma de un compromiso en el tribunal electoral para que todos los partidos reconocieran el resultado de las urnas. Pero la oposición, nucleada en el Mesa de Unidad Democrática, MUD, se negó a refrendar el documento.
En este marco, el que mostró las cartas de un modo grosero fue jefe del Comando Sur estadounidense, el general John Kelly, quien en un reportaje a la cadena CNN declaró que todos los días reza «por lo que está sufriendo el pueblo venezolano». Y en lo que sin dudas debe ser leído como una amenaza, no descartó la posibilidad de una intervención militar. Claro que, aclaró, una «intervención humanitaria», que es la figura con que Estados Unidos logró aprobación de las Naciones Unidas para operaciones militares en Irak en 1991, en Somalia en 1992 y en los Balcanes en 1994.
¿Cuál podría ser la excusa para desembarcar tropas en Venezuela? Surge de la propia declaración del muy piadoso Kelly: «estamos viendo una inflación de 200% y faltan productos básicos». Dos cuestiones que podrían ser claves para declarar una crisis humanitaria. Con lo que se demuestra que el desabastecimiento resulta un arma en esta lucha contra un gobierno democráticamente elegido y que se dispone a someterse nuevamente a las urnas (¿valdrá la pena recordar los ataques desabastecedores contra el presidente chileno Salvador Allende en 1973?). «Ellos tienen un plan bien detallado. Lo repiten para decir que es un fracaso de la revolución. No, es una guerra económica planificada al más alto nivel», protestó Maduro al reclamar solidaridad latinoamericana.
El problema para acudir en ayuda del gobierno bolivariano es que cada uno de los países que vienen sosteniendo la cruzada latinoamericanista también están en el medio de batallas difíciles y muy bien orquestadas. Bien lo dice Lula, a quien se podría agregar Rafael Correa, que tuvo un par de meses de levantamientos contra leyes que rechazaban las clases pudientes.
En el caso de Argentina, la incertidumbre electoral dificulta acciones más concretas y del resultado electoral dependerá el rumbo que tome la cancillería. No es casual la alegría con que recibieron el resultado del domingo pasado referentes de la derecha como Henrique Capriles. Devolución de gentilezas, porque Macri ya había dicho que, de ganar la elección, pediría a Maduro por la libertad del opositor Leopoldo López, preso por golpista.
Queda Evo Morales, que sigue siendo consecuente aún ahora que está arriba en el subibaja. Pero también Bolivia es un objetivo de las fuerzas de la reacción, que por ahora en el altiplano están agazapadas. ¿Alguien imagina un NO al Alca con Macri y Capriles en el poder?
Tiempo Argentino Octubre 30 de 2015
Ilustró, como siempre, Sócrates
por Alberto López Girondo | Oct 23, 2015 | Sin categoría
La campaña presidencial está al rojo vivo. Es que luego de ocho años se avizora un «cambio de ciclo», como marca el rito en un país que se jacta de respetar la alternancia en el poder. Y eso que las elecciones –en Estados Unidos, claro- serán dentro de un año. Pero entre los republicanos no se percibe a esta altura un líder capaz de canalizar las expectativas y el único que parece despertar cierta ilusión entre los sectores conservadores, el empresario Donald Trump, es lo suficientemente polémico como para resultar un «piantavotos» en potencia. El heredero natural sería Jeb Bush, el tercero de la dinastía Bush en aspirar a la Casa Blanca, pero por ahora su candidatura se muestra deslucida.
Por el lado de los demócratas, que con Barack Obama habían logrado «correr el arco» algunos centímetros con el primer afrodescendiente en llegar a la presidencia, el anuncio de que el actual vicepresidente Joe Biden no se presentará a pelear un espacio calmó las aguas de la ex secretaria de Estado y ex primera dama, Hillary Clinton. Y tranquilizó también a los estrategas partidarios, que temen por su propio «fantasma», el senador por Vermont, Bernie Sander, demasiado a la izquierda de lo que la media estadounidense estaría dispuesta a aceptar. Así como en 2008 resultó mejor opción Obama, ahora la oferta pasaría por dar lugar a la primera mujer que podría sentarse en el sillón de Washington.
Como las fichas ya están jugadas, era previsible que los medios conservadores, que son los que más audiencia cosechan en aquellos distritos, comenzaran desde temprano una tarea de zapa para destruir la imagen de la esposa del ex presidente Bill Clinton. Por eso ni bien se difundió que la ex canciller estadounidense había usado su correo electrónico personal para mantener comunicación oficial, todos los cañones apuntaron contra ella, que había dejado el gobierno en febrero de 2013.
Tanto fue el escándalo generado por la oposición y los medios que finalmente en septiembre el departamento de Defensa aceptó –no le quedaba otra- un fallo de la Corte que reclamó la publicación de unas 55 mil páginas con los correos de la ahora aspirante presidencial. Hubo una parte considerada como de máxima seguridad que quedó en secreto, el resto ya son de dominio público.
Pero la ofensiva republicana no terminaba en cuestionar la supuesta fragilidad de Hillary Rondham Clinton para custodiar la seguridad de la Nación. Y así fue que iniciaron una embestida para que se presentara a dar explicaciones por el atentado al consulado en Bengazi de septiembre de 2012 que costó la vida del embajador estadounidense en Libia, Chris Stevens, y otros tres diplomáticos. La iniciativa buscaba respuestas no solo por la falta de previsión sino sobre la información que se dio entonces, ya que en el primer momento el gobierno de Obama había rechazado la hipótesis de que se trataba de un golpe terrorista y señaló a un exceso durante una marcha política.
Poco importa para este análisis abundar en la respuesta de Hillary, que se presentó ayer ante una comisión creada ad hoc en el Capitolio. Allí asumió su responsabilidad por el hecho, dijo que se hizo lo mejor posible para reforzar la seguridad y recordó que «no existe riesgo cero» para los funcionarios de EE UU en el exterior. Lo interesante es que los demócratas denunciaron una operación republicana que solo busca enlodar la carrera de Clinton hacia la Casa Blanca sin el menor fundamento. Así fue que el representante por California Adam Schiff protestó porque el comité, creado hace 17 meses, ya gastó 4,7 millones de dólares de los contribuyentes sin haber llegado a conclusión alguna. En tal sentido, la agencia dpa recordaba que otro congresista por California, el republicano Kevin McCarthy, había reconocido que la comisión se había creado para «bajar a Clinton en las encuestas». Algo que su colega Trey Gowdy, titular del comité, negó rotundamente. Como corresponde, por otro lado.
Donde la publicación de los controvertidos mails dejó mucha tela para cortar fue del otro lado del Atlántico. El domingo pasado, el conservador Mail on Sunday (Correo del domingo, casualmente) publicó algunos correos de Hillary Clinton donde aparecen pruebas irrefutables del «pacto de sangre» que había hecho el primer ministro Tony Blair en 2002 con el presidente George W. Bush para terminar con el líder iraquí Saddam Hussein y ocupar Irak con una alianza anglosajona. El material consiste en una serie de memorandos donde se revelan comunicaciones entre el que fuera secretario de Estado, Colin Powell, con su jefe donde le cuenta la disposición del premier laborista para emprender un ataque combinado contra quien consideraba «una amenaza real» para la seguridad mundial. El pacto se realizó, según los memos, al cabo de una reunión entre el británico y el estadounidense en el rancho de los Bush en Crawford en Texas.
A esta altura semejante revelación puede parecer extemporánea. Pero en Gran Bretaña repercutió de un modo significativo. Es que Blair siempre había negado ese macabro acuerdo realizado un año antes de la invasión, de la que todavía se están pagando las consecuencias a nivel regional y hacia dentro de la sociedad. Más aún, el líder laborista se pasó todo 2002 y el principio de 2003 asegurando que la salida a la crisis creada contra el gobierno de Hussein era política y que no tenía entre sus planes hacer entrar en guerra a los británicos.
Las sucesivas negativas de Blair se sumaron a desaguisados durante su gobierno y el de su sucesor, Gordon Brown, para la pérdida de liderazgo de su partido frente al electorado durante el último lustro. De hecho, el laborismo eligió hace una semanas para liderarlo a un personaje bastante más inclinado a la izquierda como Jeremy Corbyn, un notorio opositor a la intervención armada en Irak –si llega al 10 de Downing Street prometió pedir perdón por la incursión armada- y que se declara cercano a los gobiernos progresistas latinoamericanos, todo un dato por esos lares. Este martes, otro súbdito británico como el recién electo primer ministro canadiense Justin Trudeau, ni bien ganó la elección dijo que iba a iniciar en camino del regreso para las tropas de su nación de Irak.
Pero hay más: ante las protestas reiteradas contra Blair en la sociedad y sobre todo de familiares de soldados caídos en combate desde hace 12 años, las autoridades tuvieron que salir a enfrentar los reclamos. Se sabe que cuando un gobierno quiere que algo NO se descubra, lo más conveniente es crear una comisión, y eso fue lo que hizo el primer ministro Brown en 2009. El grupo que se dedica a investigar este caso quedó a cargo de sir John Chilcot, un respetado ex funcionario público no partidista.
Poco fue lo que se avanzó en este tiempo al punto que hace unos meses el actual primer ministro, el conservador David Cameron, dijo que estaba perdiendo la paciencia y urgió a que Chilcot diera un informe sobre la situación. La Comisión Chilcot lleva gastados 10 millones de libras (casi 15 millones y medio de dólares) y todavía no acusó a nadie. Chilcot se demora y dice que el caso es complicado por todos los intereses involucrados. En tanto, los familiares de víctimas del conflicto exigen contar con el informe final antes de fin de año, caso contrario prometen llevar el caso al Tribunal Superior de Londres.
Hillary Clinton fue la autora de un proyecto de reforma sanitaria que no pudo poner en marcha durante la gestión de su esposo (1993-2001) y que, con enmiendas y disminuciones forzadas por los republicanos, pudo concretar Obama, en uno de los pocos y endebles triunfos de su mandato. No se puede decir que Clinton sea más progresista que el actual presidente ni que represente una amenaza para el establishment. De hecho, en política exterior, su sucesor John Kerry, fue el que tuvo a su cargo la reanudación de relaciones con Cuba y el acuerdo nuclear con Irán. Sus mails tal vez tengan más información sensible que a esta altura no haga más que confirmar lo que ya se sabía. Aún así, a Hillary ya le mostraron que el camino al Salón Oval, donde alguna vez Bill tuvo un desliz con una becaria, está sembrado de cascotazos.
Tiempo Argentino Octubre 23 de 2015
Ilustró Sócrates
por Alberto López Girondo | Sep 25, 2015 | Sin categoría
Hablar en el Capitolio de poner fin a la pena de muerte y a las guerras suena a osadía. Porque no pocos de los congresistas que aplaudieron conmovidos y derramaron lágrimas frente al Papa Francisco reciben –legalmente, eso sí- fondos para sus campañas de proveedores del Pentágono y de servicios para las cárceles privadas de Estados Unidos. Sonaría a inocente pensar que el Sumo Pontífice ignora esos datos. Por eso sus frases alcanzan la real dimensión del desafío del Papa argentino.
«¿Por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad?», se preguntó en el congreso estadounidense. «Tristemente, la respuesta, que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas», dijo a la industria bélica. «Cada vida es sagrada, cada persona humana está dotada de una dignidad inalienable y la sociedad sólo puede beneficiarse de la rehabilitación de aquellos que han cometido algún delito», señaló a los empresarios penitenciarios.
Jorge Bergoglio causó impacto en Estados Unidos, donde desplegó su caudal de recursos para seducir audiencias y convencer a dirigencias poco propensas al entusiasmo. Por estos días, ese país será el centro de las miradas por el inicio de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas. Si esto dijo ante los legisladores norteamericanos, habrá que ver qué tiene bajo la manga para los líderes mundiales que se darán cita en el edificio de Nueva York.
Uno de los que asistirá –además de la presidenta argentina Cristina Fernández, en su última incursión en ese ámbito- será Juan Manuel Santos. El presidente colombiano dio un paso importante el miércoles al estrechar la mano del líder guerrillero Timoleón Jiménez, Timoshenko, para sellar el acuerdo alcanzado luego de casi tres años de arduas negociaciones entre su gobierno y las FARC. Despejar el tema más árido en el proceso de paz como es el de la justicia transicional y la reparación de las víctimas, abre el camino para un acuerdo final y definitivo de paz que ponga fin a más de 50 años de fratricidio en los seis meses que se pusieron como plazo.
«Esto demuestra la madurez que ha alcanzado este proceso», destacó Santos en la capital cubana. «Desde una perspectiva fundamentalmente restaurativa (este acuerdo) abre las posibilidades de ofrecer verdades halladas y plenas», añadió Timoshenko. «Aun quedan dificultades enormes por superar, pero tenemos la certeza de que serán vencidas. La paz en Colombia no sólo es posible; es indispensable», abundó a su turno Raúl Castro, el anfitrión para este proceso y el que celebró, mano sobre mano, los tres vestidos de color claro, las históricas coincidencias alcanzadas.
Tiene razón Castro al decir que falta un trecho difícil todavía. No es la primera vez en la historia colombiana que la paz parece posible y algo o alguien conspiran para boicotear la salida. El fabuloso negocio de las armas mueve miles de millones de dólares y alimenta una maquinaria productiva difícil de disolver. En pocas palabras, hay muchos que viven de la muerte en todo el mundo. Y Colombia no fue una excepción en este medio siglo largo de enfrentamientos feroces.
Por lo pronto, hubo un extraordinario apoyo al documento firmado el miércoles entre todos los dirigentes internacionales. Desde el gobierno de Obama hasta el de Noruega –uno de los dos garantes en la mesa de diálogo- pasando por la Casa Rosada, que mostró su satisfacción por la novedad.
El que rechazó de plano este avance fue el ex presidente Álvaro Uribe. En una andanada de tuits protestó con su latiguillo de siempre desde que comenzaron los diálogos, en noviembre de 2012. «Se ha aceptado que delincuentes responsables de atrocidades no vayan a la cárcel a condición de confesar sus responsabilidades criminales.»
El tema de la justicia es crucial para la construcción de una nueva Colombia. ¿Cómo se juzgan los delitos que puedan haberse cometido en estos años? ¿Quién se hace cargo de reparar el daño cometido? Si es que los guerrilleros tienen parte de culpa, sin dudas tanto el Ejército como las fuerzas de seguridad colombianas tienen su grado de responsabilidad. Mayor incluso porque contaron no sólo con el poder de fuego de un estado constituido sino porque desde fines del siglo pasado, a través del Plan Colombia, disponen de millones de dólares de apoyo en dinero líquido, armamento e incluso mercenarios pagados por Estados Unidos.
En el documento de La Habana, las FARC se comprometen a la «dejación de armas» al cabo de dos meses posteriores a la firma del acuerdo final, que sería, según los plazos establecidos, a más tardar el 23 de marzo de 2016. Uribe cuestiona este detalle en una batalla semántica. «En lugar de exigir entrega de armas, Gobierno ha aceptado la palabra dejación», tuiteó. «La palabra dejación equivale a que el terrorismo mantenga las armas y las use cuando quiera», y añade: «Gobierno no ha exigido entrega del dinero del terrorismo para reparar a las víctimas.»
El otro actor político en contra del acuerdo fue el director de la División de las Américas de la ONG Human Rights Watch, el chileno José Miguel Vivanco. El acuerdo «permitiría que los máximos responsables de los peores abusos puedan eximirse de pasar siquiera un solo día en prisión», señaló el polémico abogado, en una nueva muestra de rechazo al proceso de paz en su conjunto. Insólito en una organización que debería apoyar iniciativas para descomprimir conflictos y arribar a soluciones pacíficas, aunque Vivanco siempre estuvo en contra de varios aspectos del proceso de paz.
El sorpresivo viaje de Santos a Cuba se produjo a pocas horas de que Francisco terminara su visita a la isla. Nada es casualidad en política internacional, y menos a ese nivel. No se puede decir que el Papa haya hecho contactos con los negociadores en La Habana e incluso trascendió que no dio lugar a una entrevista que le habían solicitado los representantes de las FARC. Pero el vocero del Vaticano, Federico Lombardi, aclaró los tantos: «Si ustedes recuerdan, el domingo el Papa hizo una llamada muy fuerte a que se encontrase una solución al problema.» Douglas Cassel, profesor de Derecho de la Universidad de Notre Dame y uno de los tres abogados del gobierno en La Habana le explicó a la agencia The Associated Press que «incluso sin estar físicamente en la sala, el Papa fue una presencia muy importante» en ese tramo del diálogo.
Santos mostrará en Nueva York el documento alcanzado luego de febriles 20 horas de debatir la letra fina por los negociadores y sus equipos de asesores. Desde su oficina de prensa se encargaron de recalcar que allí destacará que esta nueva realidad convierte a Colombia en un destino apetecible para inversores de todo pelaje porque les dará previsibilidad y garantizará confianza de cara al futuro.
La mano invisible del mercado necesitó de la mano no tan invisible del Papa argentino, que se convirtió en un catalizador de expectativas. No es milagro, mal que les pese a sus seguidores más fieles. Es simplemente conocer el revés de la trama y aprovechar que todos los implicados en un conflicto necesitan a alguien confiable para poder deponer extremismos sin aparecer renunciando a principios. Siempre en el marco del evangelio y no de alguna inclinación izquierdista como le endilgan los más retrógrados conservadores dentro y fuera del catolicismo.
Como dijo Nancy Gibbs la subdirectora de la revista Times -que lo tendrá de tapa por cuarta vez desde que fue ungido, en marzo de 2013- Francisco «hizo algo notable (en la iglesia): no cambió las letras, pero sí cambió la música».
Tiempo Argentino
Setiembre 25 de 2015
por Alberto López Girondo | Sep 11, 2015 | Sin categoría
Hace hoy 14 años el mundo se vio conmovido por los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York. Impresionantes imágenes transmitidas en directo por la televisión mundial con una audiencia verdaderamente planetaria que se daba cuenta de que algo importante estaba ocurriendo en vivo y en directo, en el corazón financiero, pero también el centro del poder de la potencia imperial más poderosa en los anales de la humanidad. Fue un acontecimiento que obligó a adelantar varias ediciones en todos los diarios, con profusión de fotografías y testimonios y las primeras evaluaciones sobre los atentados que cambiarían definitivamente el curso de la historia.
Todavía se recuerda al entonces presidente George W. Bush escuchando a uno de sus colaboradores en una visita a un colegio de Florida, entre azorado y sorprendido, o quizás sin poder dar crédito a lo que terminaba de oír. Que dos aviones de línea habían impactado en los edificios del Wall Trade Center. Desde entonces, el mandatario republicano abrió las puertas a una furiosa y violenta política de ocupaciones e intervenciones en el continente asiático. Primero en Afganistán y luego en Irak.
No viene a cuento aquí mencionar los diferentes momentos en cada una de esas intervenciones, pero sí recalcar que esa agresividad no sólo que no llevó la paz a ninguno de los territorios donde se asentaban los presuntos autores intelectuales del criminal atentado, sino que en estos 14 años todo fue para peor. Estadísticas que publica la CNN (http://edition.cnn.com/SPECIALS/war.casualties/) señalan que hasta marzo pasado se habían producido 3486 muertos y 20.117 heridos entre las tropas estadounidenses y de sus aliados europeos en Afganistán. En el mismo período hubo 4806 muertos y 32.246 heridos en Irak. Entre los civiles, la cifra que da el Instituto Watson, de la Universidad de Rhode Island (http://watson.brown.edu/costsofwar/costs/human/civilians) es de 210 mil muertos en forma directa para ambas naciones y otras 370 mil víctimas indirectas, mientras que anota 7,6 millones de desplazados y refugiados. El costo en dinero para los contribuyentes es de 4,4 billones de dólares (4 coma 4 más once ceros). Otras fuentes elevan todos y cada uno de estos guarismos, pero con sólo estos es suficiente para tener una idea de la tragedia.
Es así que el caos generalizado que existe en esa región –al que contribuyeron los ejércitos ocupantes tanto como los mercenarios que se desplegaron desde el inicio de las operaciones en esta vertiente de guerra privatizada que fomentó el presidente republicano- no se reduce a la sumatoria de las iniquidades cometidas sino que se continúa en las consecuencias para otros tantos miles de personas que ahora se manifiestan en forma de una ola humana tratando de huir hacia Europa.
La imagen de Aylan, el nene kurdo de tres años nativo de Siria, muerto sobre una playa turca, es apenas una pincelada de un problema que es humanitario, pero también toca todos los otros aspectos de esta nueva realidad que se comenzó a dibujar aquella mañana, mientras Bush visitaba una escuela primaria. Ese dibujo incluye, para los estrategas del Pentágono, el diseño de nuevos territorios donde, por ejemplo, los kurdos puedan tener su propio estado territorial, una reivindicación que tiene ya un siglo, desde que el Imperio Otomano se fue diluyendo en el marco de la Primera Guerra Mundial. También se plantea crear un país para los sunnitas y otro para los chiítas de Irak.
El miércoles, el presidente de la Comisión Europea, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, mostró la necesidad de recibir a 160 mil refugiados más en la Europa comunitaria mediante una fórmula matemática por la cual se reparte en forma más o menos equitativa -de acuerdo a riqueza y población- la cuota de migrantes que debería permitir cada país. Los argumentos de Juncker son demoledores: «(los refugiados) representan sólo el 0,11% de la población total de la UE», y reconoció que el número es mínimo si se lo compara con la oleada que llegó a Jordania y El Líbano, donde suma casi el 25% de su población, «y tienen un quinto de la riqueza de la UE».
Luego abundó en otras razones, como que casi todos en Europa alguna vez tuvieron que refugiarse en otras naciones. Ocurrió durante las guerras regulares que los reinos más beligerantes llevaron a cabo durante siglos. Argentina y muchos de los países latinoamericanos son testigos presenciales de esas calamidades porque se convirtieron en destino no sólo para italianos que escapaban de guerras y de la miseria, como de españoles que huían tras la derrota de la República, sino incluso de sirios y libaneses, conocidos popularmente como «turcos», cuando cayó definitivamente el régimen otomano. Y los recibieron con los brazos abiertos.
En Europa, en cambio, estallaron protestas y quejas entre los países orientales, los más reacios a recibir extranjeros. Quizás por odios ancestrales al mundo musulmán o porque padecen dirigencias demasiado inclinadas a la derecha racista y emparentados con lo peor del eurocentrismo. Olvidando que, como decía Juncker, algunos de los fugitivos recibidos en el extranjero escapaban de la represión luego de la llegada de los tanques soviéticos a Hungría en 1956.
Ayer, un grupo de diarios influyentes de Europa, entre los cuales están El País de España, Liberation de Francia, The Independient de Gran Bretaña y La Reppública de Italia, reclamaron a los distintos gobiernos decisiones solidarias en el mismo sentido que el reclamo de Juncker. Un pedido, el del titular de la CE, que por otro lado, todavía debe debatirse en Bruselas el 14 de septiembre.
Entre las mentes «sospechantes» circuló una explicación economicista para tanto edulcorado discurso. Sucede que entre los que pugnan por llegar a Europa hay profesionales con distintas preparaciones, con lo que podría ser muy útiles para bajar los costos laborales en un continente que padece desde hace décadas la «deslocalización» de empresas, muchas de ellas con destino final en China o los Tigres Asiáticos.
El dato destacado es que otras firmas se fueron de sus lugares de origen precisamente hacia las naciones del este europeo, que también tuvieron su momento de trabajadores muy preparados por el socialismo y dispuestos a trabajar por muy poco. La otra paradoja es que para la derecha francesa, hasta no hace mucho el temor era a los «plomeros polacos». Ahora ya hablan, y lo dice explícitamente el xenófobo holandés Geert Wilders, de que «esta es una invasión que amenaza nuestra prosperidad, nuestra seguridad, nuestra cultura y nuestra identidad».
Más allá de estas disputas que sin duda se acrecentarán en los próximos meses –si ya había grupos neonazis que atacaban a turcos en Alemania, ni qué pensar de lo que podría suceder de ahora en más- la canciller germana fue recibida con vítores por un grupo de refugiados apostados en una oficina de Migraciones de Berlín. La dura jefa de gobierno alemana deslizó allí la necesidad de contenerlos en su país, la potencia industrial más grande de Europa, mediante «una rápida integración de los solicitantes de asilo (…) para lo que hay que hacer posible una gestión rápida de su situación para que puedan trabajar», por lo que se comprometió a ponerlos «rápidamente» en contacto con las oficinas de empleo. Alemania debería recibir a 31.443 inmigrantes, la cuota mayor de la UE. Mientras tanto, el presidente Barack Obama anunció que su gobierno está dispuesto a recibir hasta 10 mil sirios para el año fiscal que comienza el 1 de octubre. Apenas un 0.003% sobre su población.
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