En otra de esas semanas agitadas que gusta poner sobre la mesa, Javier Milei tuvo sus primeros enfrentamientos directos con los gremios y recibió un fuerte rechazo por una política exterior que, en el caso de Malvinas, muestra más agachadas que conquistas para el país. Donde el presidente sí muestra esplendor a nivel personal es en el encuentro de la ultraderecha internacional, la Conferencia de Acción Política Conservadora, en Estados Unidos, donde es presentado como «rock star», junto a Donald Trump, Nayib Bukele, Santiago Abascal, Steve Bannon y el obispo Jospeh Strickland, echado por el papa en noviembre pasado. El paro de La Fraternidad del miércoles pasado inauguró este encontronazo con un colectivo gremial. Cierto es que el 24 de enero hubo una masiva manifestación de la CGT, con un paro general de 12 horas, pero la visibilidad esa vez estuvo centrada en las miles de personas de a pie y militantes partidarios que quisieron expresar frente al Congreso Nacional su rechazo a las primeras medidas de la gestión que había asumido el 10 de diciembre, cuando comenzaba el tratamiento de la ley Ómnibus. Esta vez hubo una interrupción de servicio que golpeó directo en los cientos de miles de ciudadanos que utilizan a diario el ferrocarril, principalmente para trasladarse entre los distritos del AMBA y que muchos de ellos, a raíz de los exorbitantes aumentos en el costo de los pasajes, se ven obligados a saltar los molinetes para poder ir a trabajar. La huelga fue convocada por el sindicato que nuclea a los maquinistas. El incremento de los precios en los primeros dos meses de La Libertad Avanza en el poder son suficiente motivo para cualquier representante gremial. «Es en respuesta a la falta de discusión paritaria y de propuesta salarial adecuada a la inflación galopante que deteriora los haberes –que gozan de carácter alimentario– del personal de conducción de trenes, causándoles daños irreparables», sintetizó un comunicado que firma el secretario general, Omar Maturano.
Frentes abiertos El momento hizo recordar a aquel famoso «ramal que para, ramal que cierra» de los 90 cuando el presidente Carlos Menem amenazó a los ferroviarios que se oponían a la privatización de los servicios. Porque el Gobierno tuvo ocasión de destrabar el conflicto con el simple dictado de una conciliación obligatoria para mantener negociaciones y ganar tiempo; pero eligió el camino de la confrontación, que a Milei parece por un lado entusiasmarlo y por el otro todavía le estaría dando beneficios políticos. En un relato que lo presenta como el gran antagonista de una «casta» a la que acusa de la debacle económica del país, qué mejor enemigo para esa clase media que mira con desconfianza a los sindicalistas que someter a la población trabajadora a un día sin ferrocarriles. Eso incluso sirve para no hablar del brutal aumento de los boletos. El jueves, otro gremio en contacto estrecho con los ciudadanos como el de Sanidad tuvo su día de protesta. La Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad Argentina (Fatsa) también reclama recomposición salarial ante una inflación que en diciembre fue de 25,5% y en enero de 20,6%, lo que licuó de manera abrupta el poder adquisitivo. En el caso de Fatsa, se trata de empleadores tan disímiles como los estados «nacional, provincial o municipal, empresas estatales, para-estatales, mixtas, privadas o personas físicas», según reza en su estatuto. De allí que la dirigencia se concentró frente al Sanatorio Otamendi, de la Ciudad de Buenos Aires, para detallar el motivo de sus demandas. «Se vive un momento particular, en el que el 90% de las actividades no pueden recomponer los ingresos», dijo el titular de Fatsa, Héctor Daer, uno de los triunviros de la CGT nacional. «Todavía no hemos podido cerrar la actualización salarial de 2023 y los índices de inflación de enero pulverizaron el poder de compra de los salarios de toda la actividad», agrega un comunicado del gremio.
De la mano. Gita Gopinath y Javier Milei, coincidencias sobre las políticas de ajuste.
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Los docentes, en tanto, tienen previsto un paro para el lunes 26. El Gobierno primero dijo que no convocaría a paritaria nacional y que tenía proyectado declarar al sector como servicio esencial –lo que limitaría el derecho de huelga– y llamó a los representantes gremiales para el martes, pero las clases en muchos distritos comienzan un día antes.
Monitoreo del norte Mientras tanto, la número 2 del FMI, Gita Gopinath, visitó el país para monitorear las primeras medidas del Gobierno, que festeja el déficit cero de enero como un gran triunfo, sin computar que se logró licuando los ingresos de trabajadores estatales, jubilados y pensionados y con una recesión inédita en nuestra historia. La economista india también se reunió con sindicalistas y empresarios pyme para testear el ánimo de esos sectores de la sociedad y evaluar hasta dónde están dispuestos a tolerar el feroz ajuste. El ministro de Economía, Luis Caputo, puede mostrar en las entrevistas amigables en el mainstream televisivo números y promesas difusas, pero la verdad pasa por otros lados. Y al FMI le interesa el ajuste tanto como la viabilidad de las medidas. Porque conoce la historia argentina, y porque no quiere quedar pegado a un nuevo fracaso político. De todas maneras, su gran logro es que en el centro de los debates políticos no aparece la deuda que contrajo el mismo Caputo en la gestión de Mauricio Macri. Y que en enero el resultado contable mostró que ahora se gasta más en el pago de la deuda que en jubilaciones. Algo que no ocurría en el país en este siglo.
Provocación británica El expremier británico David Cameron tuvo un gesto provocativo antes de llegar a Brasil para la cumbre de cancilleres del G20: fue a las Islas Malvinas y les dijo a los habitantes que esperaba que siguieran bajo el amparo del Reino Unido «por mucho, mucho tiempo, posiblemente para siempre». El viaje del «torie» despertó airadas protestas del gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, de dirigentes peronistas y de excombatientes, pero apenas un tímido tuit de la ministra de Relaciones Exteriores, Diana Mondino. Más habituada a la chicana en las redes sociales, como la mayoría en LLA, se limitó a ironizar que «valora el gesto de incluir a la Argentina en su visita a la región» y lo invitó a «recibirlo en una próxima ocasión en Buenos Aires». El vocero presidencial, Manuel Adorni, otro tuitero de fuste pero con dificultades para la palabra hablada, fue más melifluo: «La visita de David Cameron a Malvinas es un tema de agenda de David Cameron y del Gobierno inglés (…el Gobierno argentino) no tiene por qué opinar sobre la agenda de otros países». En el G20, Mondino posteó una foto con cara de disgusto junto a Cameron y la frase «poniendo las cosas en su lugar», sin especificar a que se refería. Es que para los dirigentes de LLA, una cosa es ser picante con los propios y otra con los de afuera. Sobre todo, cuando hablan en inglés.
En los años 90 el documental Las patas de la mentira resultó provocativo porque la recopilación de su autor, el psicólogo Miguel Rodríguez Arias, mostraba en actos fallidos las intenciones ocultas que subyacían en los discursos de los dirigentes del menemismo. Mucho cambió para que las nuevas versiones del viejo modelo neoliberal digan con total impunidad las verdades más intolerables hasta con una sonrisa en la boca. Ni qué decir lo que se publica con no menor desparpajo en las redes sociales, más cercano a la categoría de brutalidades más propias del hombre lobo de Thomas Hobbes que de la mano invisible de Adam Smith. La palabra «sinceramiento» aparece ya en 2015 como un subterfugio de lo que sería con Mauricio Macri un aumento brutal de precios y un generoso blanqueo de capitales que permitió la legalización de fortunas mantenidas fuera de los ojos del fisco por, entre otros grandes evasores, algunos familiares del entonces presidente. Los «sinceramientos de precios» vuelven en esta alianza entre derecha y ultraderecha pero ahora con otro tipo de blanqueo de intenciones como las de alguien muy ducho en esas lides, el ministro sin cartera Federico Sturzenegger. De muy buena llegada a los ambientes académicos de Harvard, el autor del DNU 70/2023 y de la abortada ley Ómnibus de Javier Milei, sabe venderse como un astuto economista que en anteriores pasos por la gestión pública –con Fernando de la Rúa y el propio Macri– padeció el capricho de la realidad en contra de sus teorías. ¿La última? En un seminario en esa universidad estadounidense aseguró que la desregulación del flamante Gobierno no es tanto un programa económico como un programa político «para cambiar la estructura de poder» en Argentina. ¿Cómo? «Una posibilidad es empobrecer a los grupos de interés. Drenarle los recursos. Si lo hacés, tenés una chance de ganarles». Se refiere a los sindicatos, pero involucra a pequeños y medianos empresarios y al resto de la sociedad. Previo a su segundo paso por el Gobierno, Sturzenegger había sorprendido cuando en otro video que se difundió en 2015 –también para un auditorio angloparlante– confesó los consejos de campaña del ecuatoriano Jaime Durán Barba: que no proponga ni explique nada. ¿Por qué? «A la gente no le preocupan esas cosas. Y si vos explicás qué es la inflación, vas a tener que explicar que la emisión monetaria genera inflación, que entonces debería reducirse la emisión, y que si entonces haces eso tendrías que hacer un ajuste fiscal, y que si haces un ajuste fiscal entonces la gente va a perder su trabajo y eso es lo que no queremos que digas (…en su lugar) decí cualquier cosa, hablá de tus hijos». En 2017, el titular del Banco Nación, Javier González Fraga, dijo que en los doce años del kirchnerismo se había alentado el consumo y «se le hizo creer a un empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos, irse al exterior». Fue en esa época en que el ministro de Educación de Cambiemos, Esteban Bullrich, afirmaba sin rubor que para doblegar a los sindicatos docentes su estrategia consistía en «lanzar muchas iniciativas a la vez (…) el gremio focaliza en una y las otras avanzan. Cuando se dieron cuenta de que había una que se implementó, van atrás de esa y avanzás con las que no habías avanzado». La misma crudeza verbal y hasta provocativa se vio en 2022 en un encuentro organizado por AEA, la entidad que nuclea a las mayores empresas argentinas –Coto, Arcor, Techint, Clarín– cuando Federico Braun reveló cómo se manejaban con la inflación en la cadena más grande de supermercados de la Patagonia. «¿Qué hace La Anónima? Remarca precios todos los días», dijo entre risas.
Deudas y dólares Como corolario de otra semana dramática para los argentinos de a pie, el presidente Milei, tras su gira por Israel, Roma y el Vaticano, se enroscó en agravios contra los gobernadores, la «casta política» que le bochó la megaley y hasta la cantante Lali Espósito. En tanto, las redes tronaban por el caso de Ezequiel Francisco Curaba, de 21 años, que murió quemado tras una explosión cuando intentaba robar cables de alta tensión, en Rosario. Cuentas trogloditas llegaron a festejar semejante tragedia en la que solo la voz conmovida de su maestra en la escuela Carlos Fuentealba, Melina Gigli, aportó humanidad entre tanto primitivismo y puntualizó las deudas de la sociedad para con un muchacho que «tiraba de un carro para sobrevivir» y que no merecía una muerte como esa. Milei también insistió en la necesidad de los ajustes que realiza su Gobierno y en que el camino al que conduce al país es el de la dolarización. Sonó en una entrevista para el canal LN+ en respuesta a un documento de 33 páginas que la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner había subido a sus redes un día antes y donde, entre otras cuestiones, detalla minuciosamente las tres fases de la crisis de la deuda externa argentina y alerta por el plan de exterminio de la moneda nacional de Milei. «La dolarización significaría perder para siempre la posibilidad de desarrollo de nuestro país», señaló Cristina Fernández. No solo ella advierte sobre ese riesgo para el futuro de la nación. También lo hizo Martín Lousteau, senador porteño y presidente de la Unión Cívica Radical. «No veo plan de estabilización», dijo quien fue el primer ministro de Economía de Cristina y terminó fuertemente enfrentado con ella. «Tengo miedo que este plan, que por ahora es solo aumento de impuestos y de tarifas y una enorme licuación de nuestros ingresos que afecta particularmente a la clase media y baja, se transforme en algo irreversible que es la dolarización». remarcó. En una columna publicada en el medio español elDiario.es, el historiador económico Pablo Gerchunoff analiza las primeras semanas de Milei y también revela su temor a una dolarización como única propuesta del libertario. «Argentina sería, después de la dolarización, una sociedad tan compleja y volátil como lo es hoy, más estable en su dinámica de precios pero carente de una moneda», dice quien fue Jefe de Asesores de los ministerios de Economía de Raúl Alfonsín y de De la Rúa. «El propio Milton Friedman, un favorito de Milei, se arrancaría los cabellos. Él sabía que la ausencia de política monetaria es también un problema productivo y un problema de empleo», para concluir: «Después de la dolarización, Argentina sería una Grecia pero aislada, una Grecia sin Europa y sin Banco Central Europeo». Lo peor, según los que señalan que la dolarización sería una catástrofe para el futuro de los argentinos, es que no se terminaría con las crisis externas e incluso se profundizarían las deudas hacia muchachos desesperados como Ezequiel. Porque, como reconoce alegremente Sturzenegger, el plan es político y pasa por empobrecer a la mayoría de la sociedad.
Donald Trump será la figura central en la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), la cumbre ultraconservadora más antigua e influyente del mundo que se desarrollará entre el 21 y el 24 de febrero en National Harbour, Maryland, y a la que asistirán los presidentes Javier Milei y Nayib Bukele, entre otras grandes figuras de ese espacio de la derecha extrema internacional. Será entonces también el salto al estrellato del nuevo presidente argentino en un foro de alcance similar al que hubiera encontrado –por decir algo- en el Carnegie Hall, de haber seguido su carrera musical. Para Trump, en cambio, será una buena ocasión para un nuevo respaldo a su carrera por volver a la Casa Blanca en un momento en que sus aspiraciones se debaten más en tribunales judiciales que en las primarias republicanas.
En efecto, este viernes el juez de Nueva York Arthur Engoron impuso multas por unos 355 millones de dólares y una inhabilitación por tres años para ejercer cargos en empresas o solicitar préstamos en ese distrito al precandidato, sus hijos Eric y Donald Jr y la Organización Trump en una causa por fraude. La imputación es por haber falseado el valor de sus activos en más de 2000 millones de dólares para obtener créditos bancarios más voluminosos. Por citar un ejemplo, la famosa mansión de Mar-a-Lago, en Florida, fue valuada en más de 2300%, según el magistrado. El exmandatario tiene abiertas unas 20 causas en distintos tribunales civiles y penales en temas que van desde evasión fiscal, delitos contra mujeres y el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021.
De todas maneras, arrasa en la primaria del partido Republicano, y la cumbre de la CPAC será una plataforma ideal para continuar con una campaña en la que la base su discurso es que el establishment está haciendo lo posible por evitar su regreso al gobierno, así como hace cuatro años le robaron la reelección.
Los demócratas, en tanto, apuestan a la continuidad de Joe Biden, a pesar de las señales de decrepitud cada vez más evidentes. Por lo pronto, el secretario de Estado, Antony Blinken, salió en una gira por Brasil y Argentina que cuesta trabajo no ligar al encuentro en esa localidad ubicada a 18 kilómetros de Washington DC. El encuentro derechoso se realizará entre el miércoles y el sábado próximos, el canciller de EE UU estará en Buenos Aires el jueves, luego de un cara a cara con Lula da Silva el martes. Milei es esperado en la CPAC para el último día del meeting.
Junto al mandatario argentino estarán Bukele, reelecto hace días con cerca del 85% de los votos, un resultado inédito aunque no sorprendente. Otros invitados de cartel dentro de la ultraderecha internacional son el inglés Nigel Farange, uno de los impulsores del Brexit y con propuestas xenófobas en el partido Reform UK (Reforma del Reino Unido). De esos lares estará la efímera primera ministra Liz Truss. Otras estrellas de ese firmamento: Steve Bannon, el gran estratega de la nueva derecha internacional; Santiago Abascal, del partido neofranquista español Vox; el actor y cantante Eduardo Verástegui, que aspira a la presidencia mexicana como independiente.
Otro de los que para la CPAC merece una mención especial es el obispo Joseph Strickland. Será el orador principal en la Cena Ronald Reagan, un evento con fines de recaudación para los republicanos que desde los 80 sustituyó a la anterior Cena Lincoln. Strickland fue obispo de Tyler, en Texas, de donde fue relevado por el Sumo Pontífice en noviembre pasado. El prelado venía publicando en la red X mensajes del talante de “Francisco es el Papa, pero es el momento de que yo diga que rechazo su programa que está socavando el depósito de la Fe”. Se negó a renunciar, tal como le pedía Jorge Bergoglio y fue reemplazado en esa diócesis mayoritariamente latina por Joe Vásquez, hasta entonces obispo de Austin.
Javier Milei terminó una gira por Israel que por momentos pareció una estudiantina y en otros tramos un viaje de iniciación religiosa, con la salvedad de que se trata de un presidente argentino que con sus posicionamientos geopolíticos pone en juego las relaciones exteriores del país y de que, al mismo tiempo, usó las redes sociales para desafiar a toda la dirigencia nacional, visiblemente irritado por su fracaso en la aprobación del denominado proyecto de ley Ómnibus. El periplo de Milei se produjo cuando se cumplían cuatro meses del brutal ataque de miembros de Hamás contra la población israelí, que dejó un saldo de 1.200 muertos y más de 300 secuestrados por la organización palestina. Y a pocos días de que la Corte Internacional de Justicia de la ONU emitiera un documento en el que reclama al Gobierno de Benjamin Netanyhahu medidas para evitar que se cometa un genocidio en el marco de la represalia sobre Gaza, que ya causó cerca de 30.000 muertos y un millón y medio de desplazados. El deseo explícito de Milei de convertirse al judaísmo quizás lo llevó a exagerar las muestras de compromiso con el Gobierno de la derecha israelí, lo que incluyó el anuncio de que trasladaría la embajada argentina a Jerusalén, algo que la ONU no acepta y que implica, además, un seguidismo al Gobierno del expresidente Donald Trump que solo imitaron Papúa Nueva Guinea y Guatemala.
Agresiones. Desde la red X Milei disparó agresiones e insultos a quienes no apoyaron algún punto de su iniciativa legislativa.
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Una medida, además, que no toma en cuenta a sectores tanto en la comunidad judía argentina como en la del propio Estado de Israel que se han manifestado repetidamente en contra de Netanyahu y de las acciones militares en Gaza. En el caso argentino, además, hay una importante población de origen árabe y musulmana que puede sentirse afectada con esas posturas en un momento tan dramático en Oriente Medio. De hecho, detrás de un comunicado de la organización Hamás condenando el anuncio hubo otro de la Liga de Naciones árabes recordando resoluciones de la ONU que lo impiden. El caso es que Milei está decidido a cambiarlo todo y pretende encolumnarse tras la ultraderecha internacional, con la que se siente más cómodo. De tal manera que, tras su primera visita, emocionado, al Muro de los Lamentos, volvió al Kotel y bailó en su último día en ese país con creyentes y religiosos en un inédito Bar Mizvah, como reflejó Román Lejtman, el enviado especial de Infobae. Siempre junto al embajador designado, el rabino Shimon Axel Wahnish, y Simón Jacobson, del movimiento Lubavich.
Color local Mientras tanto, de este lado del océano pasaban cosas. Como que en el Congreso el Gobierno terminó por retirar el proyecto de megaley ante el rechazo de diputados a puntos cruciales de la iniciativa. La respuesta del oficialismo se pareció a un paso de comedia dramática: el jefe del escuálido bloque de La Libertad Avanza, Oscar Zago, tuvo que aprender a los tumbos que si el proyecto vuelve a comisión se debate todo desde cero. Desde Israel, Milei se lanzaba a frenéticos posteos en la red X con amenazas más propias de barrabravas o de «tuiteros» en campaña que de un jefe del Poder Ejecutivo. Así, «traidores» no identificados recibirían sanciones no especificadas por no haber apoyado la iniciativa del oficialismo. En la mira quedaron dos gobernadores, a los que no necesitó mencionar porque el voto negativo de los legisladores de Córdoba y Santa Fe fue clave para el rechazo. Una imagen hecha con inteligencia artificial –un recurso al que Milei se hizo adicto– muestra al presidente como el personaje de la película Terminator y la frase «Casta la vista baby», que popularizó el protagonista, Arnold Schwarzenegger. ¿Los destinatarios del brulote? «Belliboni detectado. Sindicalista detectado. Gobernador detectado. Diputado detectado». Poco antes había subido una lista negra con nombre y foto de los diputados que votaron en contra. Otro de los mensajes de Milei preocupó a Carlos Maslatón, notorio liberal que militó en su juventud junto al líder de ese sector, Álvaro Alsogaray, y hace pocos años fue en uno de los primeros impulsores de la carrera política del actual mandatario. Era un texto en hebreo con los versículos 19:21 del capítulo 32 del Éxodo que, revela Maslatón, alude a una «inconducta» de los judíos contra Moisés, que mientras él recibía los 10 mandamientos en las Tablas de la Ley en el monte Sinaí, el pueblo adoraba a un becerro de oro. Al bajar al campamento, y enterado de lo ocurrido, Moisés castiga al pueblo hebreo. «El presidente de viaje por Israel, de bueno que es, le dio al pueblo argentino la ley Ómnibus (Tablas de la Ley). Los Diputados en el Congreso se la podaron (lo que hace las veces del becerro de oro) y él entonces como venganza rompió la Ómnibus a través del diputado Zago al mandarla a comisión parlamentaria», ironiza el inversionista ultraliberal.
Sin consenso. Los votos de La Libertad Avanza y el PRO, además de otros aliados, no alcanzaron para avalar el proyecto.
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Los ataques a los «rebeldes» incluyeron más recortes presupuestarios, como la quita de subsidios para el transporte de pasajeros en el Interior y la posibilidad de hacer lo propio en la región del AMBA justo cuando el viaje en colectivo aumentó un 252%. También se esgrimió otra arma que mucho disfrutan los trols de LLA y del partido político creado por el expresidente Mauricio Macri: el bulling. Cómo será, que el diputado radical Martín Tetaz, uno de los destinatarios de las pullas, dobló la apuesta y cambió el nombre de su cuenta en X por «Las fuerzas de la Constitución del 49» y se declara «zurdo, kirchnerista de la primera hora, socialista, colectivista, comunista y planificador». Más allá de estos espadeos virtuales –con consecuencias reales–, hay voces en la derecha que reclaman calmar las aguas. Miguel Ángel Pichetto abrió el juego al proponer un Gobierno de coalición «porque así no se puede gobernar cuatro años». La ministra Patricia Bullrich se sumó y dijo que el PRO debería ir hacia una fusión con LLA. En tanto, Milei expulsó del Gobierno a funcionarios vinculados con gobernadores a los que ahora etiquetó como «traidores» y no vería con malos ojos dicha confluencia con el macrismo: «vamos a explorar un acuerdo con el Pro», dijo. Además, insistió con los ataques a legisladores, a los que calificó genéricamente como «delincuentes» y conminó a los gobernadores que se quejan por el ajuste a dejar de gastar en pauta y recitales. En pocos días habrá respuestas a esta encrucijada. Habrá que ver si vuelven a insistir con la megaley, qué ocurre con el DNU, por ahora en vigencia, y si el 1 de marzo Milei da el discurso de práctica ante el Congreso o le vuelve a dar la espalda, como el 10 de diciembre pasado.
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