por Alberto López Girondo | Jun 27, 2017 | Sin categoría
Mientras avanzan las causas contra el mandatario, sus principales denunciantes, los dueños del frigorífico JBS, intentan conseguir fondos para pagar las multas por las coimas abonadas.
Ante la mirada poco piadosa de una dirigencia política plagada de miembros de iglesias evangélicas ultraconservadoras –representadas por quienes mentaron a Dios para destituir a Dilma Rousseff– resulta paradójico que el presidente al que ayudaron a ungir cayera por el pecado de la carne. Y sin embargo el explosivo enfrentamiento de Michel Temer con los dueños del frigorífico JBS se ha convertido no solo en un problema para el ocupante del Planalto, sino que puede hundir a una de las industrias más importantes del vecino país, con repercusiones de este lado de la frontera.
Por un lado, el procurador general, Rodrigo Janot, presentará tres denuncias contra Temer, con base en las confesiones de los directivos de JBS y al audio que grabó el titular de la multinacional, Joesley Batista.
La primera será por corrupción pasiva, la segunda por obstrucción de la Justicia y la tercera por organización criminal.
Al mismo tiempo la industria cárnica de Brasil, la más importante del mundo y que emplea en forma directa e indirecta a por lo menos 6 millones de personas y factura más de 13 mil millones de dólares al año, recibió un golpe que puede ser letal. EE UU suspendió el ingreso de carne, alegando problemas sanitarios derivados del uso de una vacuna contra la aftosa.
Luego de que saliera a la luz el operativo Carne Débil, que involucró a los mayores faenadores brasileños en una adulteración masiva de los productos que procesan, el negocio comenzó a tambalear y a duras penas el gobierno alcanzó a frenar el bloqueo a las compras de varios países.
Pero se sabe que ese rubro nadie se anda con chiquitas a la hora de ganar mercados, y JBS, una multinacional que nació hace 64 años como una pequeña comercializadora local y se expandió al infinito durante la gestión Lula, está ahora probando parte de su medicina.
JBS logró créditos muy convenientes del Banco Nacional de Desarrollo. Así salió a la compra de frigoríficos en todo el mundo. En Argentina se quedó en 2005 con Swift Armour, además de otras plantas menores por las que pagaron, según Dardo Chiesa, titular de Confederaciones Rurales Argentinas, mucho más de su valor de mercado con tal de quitar de en medio a los competidores. Dos años más tarde desembarcaron en EE UU, donde la joya de la corona fue una procesadora de pollos.
Ahora, JBS aceptó haber pagado coimas a por lo menos 1800 políticos, y en un acuerdo con la fiscalía, no solo grabó al presidente en negociaciones comprometidas, sino que aceptó pagar una fuerte multa para resarcir al Estado por sus faltas.
Pero además apuró la venta a Minerva Foods, también brasileña, de sus subsidiarias en Argentina, Uruguay, Paraguay, con el argumento de que debía hacerse de fondos para las penalidades. Pero para algunos funcionarios judiciales ese apuro podría esconder una maniobra para guardar a buen recaudo la fortuna de sus dueños.
Fue así que la Defensoría General pidió al Tribunal de Cuentas el bloqueo de todos los bienes de JBS. Y un juez paralizó la venta de las empresas en el Cono Sur, hasta que el Tribunal Supremo confirme el acuerdo de delación premiada. Para ambos estamentos, esos activos pueden ser la única forma de resarcirse de los delitos de los que se acusa a la multinacional. De este lado, en tanto, esperan que con JBS o con quien sea, Argentina recupere los mercados que a causa de la aftosa, también, perdió décadas atrás. «
Tiempo Argentino
Junio 25 de 2017
por Alberto López Girondo | Jun 14, 2017 | Sin categoría
Nació hace 38 años en Ecuador, de madre brasileña exiliada durante la dictadura militar y padre ecuatoriano. Amauri Chamorro tiene residencia en Brasil desde los 11 años, aunque podría decirse que su patria es Latinoamérica. Con su doble ciudadanía, se da el gusto, dice, de votar en dos hermosos países. Especialista en Comunicación Política, trabaja en campañas electorales desde los 23, cuando impulsó la candidatura de un representante del PT en Sorocaba, San Pablo. Desde entonces, integró equipos de comunicación para la chilena Michelle Bachelet, la brasileña Dilma Rousseff, los ecuatorianos Rafael Correa y Lenin Moreno, el salvadoreño Salvador Sánchez y el colombiano Gustavo Petro. Descendiente de dos familias ligadas a la política desde siempre: su abuelo materno formó parte del Comité Central del Partido Comunista brasileño y el abuelo paterno fue miembro del PC en Ecuador. No se ruboriza cuando le dicen que en cierto modo los estrategas de comunicación política son herederos del ministro de Ilustración Pública y Propaganda de Adolf Hitler, tal como alguna vez sostuvo Jaime Duran Barba. «Desde (Joseph) Goebbels para acá no se hizo nada muy diferente, y todos lo estudiamos en la facultad», asegura Chamorro. Pero, aclara, también hay un posicionamiento ético y político que hace la diferencia.
–En Argentina el asesor de comunicación del presidente es considerado como un gurú, pero también como un amoral por las estrategias que utiliza para lograr sus objetivos.
–Normalmente, los asesores de la derecha son muy cuestionados por sus tácticas y estrategias comunicacionales contra los gobiernos progresistas. Pero (Jaime) Duran Barba tuvo una ventaja, porque la candidatura de Daniel Scioli no tuvo la fuerza que se esperaba. La comunicación allí tuvo sus tropiezos. La comunicación política debe partir de un análisis del ámbito político, del comunicacional y también del entorno político, social y económico del país. Y este trabajo no se hace solo en el período electoral.
–La candidatura de Macri se construyó desde muchos años antes.
–Uno llega a la elección con un trabajo de por lo menos un par de años antes. En Ecuador, el opositor (Guillermo) Lasso estuvo en campaña seis años antes para llegar ahora contra Lenin Moreno. En Argentina había una gran radicalización contra el gobierno de Cristina Fernández, causada en gran parte por las empresas de comunicación privadas. En Argentina, como en Brasil, con los grandes monopolios, el partido siempre se juega en una cancha inclinada en contra de los movimientos progresistas. Ahora es al revés, los medios producen una cortina que no permite que salga el volumen de insatisfacción, las marchas en contra del gobierno y cómo el aumento de los servicios públicos afecta a la clase media y los obreros. Y eso la izquierda tiene que saber capitalizarlo. Hubo un cambio generacional, demográfico, en casi dos décadas de progresismo en la región. Y en eso Duran Barba fue muy inteligente: hizo un estudio profundo de ese nuevo ciudadano nacido a partir de las políticas públicas progresistas. Una de mis hipótesis es que en realidad el progresismo fortaleció al capitalismo, fortaleció a un ciudadano vinculado al individualismo, a la mejora material. El resultante es una clase media que mide su calidad de vida en si puede o no comprarse un celular nuevo todos los años. El progresismo no ha comprendido eso. No basta hacer políticas públicas para el pueblo, es necesario traer siempre al pueblo dentro del gobierno.
–¿Se necesitaría construir un nuevo ciudadano?
–Claro, pero yo sé que es muy difícil. La gran mejora que hubo en el progresismo fue la capacidad de incorporar a toda esa pobreza en un mercado de consumo. Pero no estuvimos ni cerca de ganar el proceso de formación política, el cambio cultural, la disputa de lo cultural simbólico. Les facilitamos acceso a bienes y servicios creados con un lenguaje capitalista mucho más conectado al estilo de hacer política de Macri que de Cristina Kirchner. No entendiendo esos nuevos códigos, esa nueva demografía, se nos hace mucho más difícil ganar elecciones. Sin contar con la arremetida de las empresas de comunicación. Y eso Duran Barba lo supo manejar extremadamente bien.
–¿Cómo se lucha contra ese formidable aparato comunicacional que tiene apoyo desde el exterior?
–Lo primero es volver a construir puentes con la ciudadanía, reconstruir desde las bases hacia arriba. En estos años hemos creado una élite, una burguesía progresista que está dentro de los despachos de los gabinetes, que viaja en primera clase, que tiene su coche con guardaespaldas, y es gente que hace diez años estaba en las calles, en las esquinas, peleando cada voto. Tenemos que retomar las esquinas. Esa ha sido una falencia. Si no pueden tumbar al gobierno de Venezuela es porque el gobierno chavista sí está en cada esquina, entonces el grueso de la ciudadanía comprende políticamente lo que está pasando.
–Sin embargo, perdió apoyo electoral hace dos años.
–El gobierno no fue transparente con el tema del desabastecimiento. Podría haber aprovechado esa guerra económica, pero al principio no quisieron generar más pánico en la población sobre la falta alimentos y fármacos: es algo que la derecha expuso y comenzó a dialogar con la ciudadanía. Hubo una identificación como si la derecha fuera a resolver el problema. Ahí están los resultados, no ha pasado absolutamente nada.
–¿Dirías que en Ecuador eso sí se hizo y por eso el oficialismo ganó, o que en Bolivia ocurre algo parecido?
–En Ecuador ganamos las elecciones por una diferencia muy corta. El país está relativamente bien, con las dificultades de tener una economía dolarizada, y ahora Lenin Moreno viene a dialogar con ciertos sectores que rompieron con el presidente (Rafael) Correa. Lo que posiblemente permita crear una gobernabilidad más tranquila, menos conflictiva, pero también exige una serie de concesiones que Correa ni los correístas tolerarían. En el caso de Bolivia, el presidente Evo Morales, con más del 80% de aprobación, perdió un referéndum por la continuidad de su presidencia en gran parte también por un proceso de desconexión con las calles. Se desconsideró el impacto por las denuncias por el fondo indígena, royalties por recursos naturales a las naciones indígenas para su autogestión. Se instaló en la sociedad que había mucha corrupción, y también hubo un exceso de confianza pensando que bastaba con que Evo hablara para ganar la elección. Hubo un cambio muy drástico en Bolivia. Hoy cada vez menos personas se autodefinen como indígenas. Tú ves chicos que hablan aimara, se les nota claramente que son aimaras, pero no se consideran indígenas.
–¿Porque ahora tienen plata?
–Sí. Y esa gente se va distanciando cada vez más del gobierno. Pero es antagónico semejante aprobación y un rechazo a la reelección. Correa tiene un 70% de aprobación y Moreno gana con las justas. Él es más moderado, no tiene ese discurso que enciende las emociones de Correa y eso también hizo perder el apoyo de los sectores progresistas y de las calles. Argentina se caracteriza por la pasión que pone en todo lo que hace. Esa pasión tiene que ser recuperada por el movimiento progresista, por las fuerzas de izquierda que consiguieron construir capacidad territorial de despliegue. Exige una capacidad de articulación muy compleja pero ahí está la gran pelea electoral. Es fundamental entender que quien sale a la calle a buscar votos es el militante, y es peligroso cuando el militante dice «yo voy a votar por ti pero no voy a salir a hacerte campaña».
–En resumen, más que marketing lo que falta es militancia.
–El progresismo manejó muy bien su comunicación, el problema es que dejó de hacer política. Primero hay que articular en la sociedad, porque la política no es como vender Coca Cola. Y la derecha construyó allí. En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff no hizo política, no hablaba con los movimientos sociales. Lo primero que hizo al ganar la reelección fue implementar políticas neoliberales, traicionando a las fuerzas sociales que trabajamos meses en acuerdos mínimos para que organizaciones históricas como la CUT y el MST no rompieran con el oficialismo, lo que hubiera garantizado la victoria de la derecha. El golpe parlamentario sucede por una cuestión política y también comunicacional: la gente no comprendía. Quedó impactada con los procesos comunicacionales de la Globo, de Folha de Sao Paulo, de la revista Veja, sustentado por el proceso judicial, que también es conservador, y se hizo muy difícil defender a Dilma. Por eso lo primero que digo por donde voy es: «Vamos a recuperar las calles y después hablemos de comunicación». Primero es la política. Hacer una campaña es muy fácil, contrato a tres o cuatro creativos y ya está, pero hacer un proceso de articulación social de norte a sur y de este a oeste es un trabajo inmenso, una epopeya de día a día. Hoy, con un mundo hipermediatizado, con la fantasía de las redes sociales, se superdimensiona la importancia de la comunicación dejando a un lado a esos procesos políticos, y ahí es donde estamos muy vulnerables, y ahí es donde la derecha nos gana. «
O Globo, ese gran parásito
–Sorprendió que O Globo rompiera con Temer.
–La Globo es como un gran parásito y se junta con los grandes grupos políticos siempre que ellos no le representen una amenaza. Cuando los audios de la JBS salen de la Suprema Corte y se van a hacer públicos la Globo, que tanto había defendido a Temer, tuvo la precaución de que ese rechazo al gobierno no se transformara en un ataque a la red. Trabajé con ellos tres años y sé cómo hacen esas cosas.
–La intención es no quedar pegados.
–Ahorita la ciudadanía brasileña de izquierda y de derecha comienza a culpar a la Globo del caos porque su manejo editorial permitió legalizar un golpe de Estado.
–Ya apoyaron el de 1964.
–Es muy interesante como la red Globo creció durante la dictadura militar, facilitada por el que era ministro de Comunicación, Antonio Carlos Magalhaes, uno de los grandes coroneles de la política brasileña. Ahora O Globo decide defender y proteger su reputación creyendo que hay posibilidad de sobrevivir a la caída. Hay un colapso en el funcionamiento del país. Brasil se acabó, ninguna institución tiene credibilidad, no hay capacidad de gobernar. La única posibilidad de legitimación sería la vuelta de Lula, porque se comienza a instalar la sensación de que hubo un abuso contra Lula. Sobre todo tras la muerte de su esposa, Marisa, que fallece ante la sospecha de que venían a llevarlos presos.
–El tema es si lo procesan.
–Si lo procesan, lo meten preso. Es la forma de operar del juez Sergio Moro. Así hizo con José Dirceu (exjefe de Gabinete de Lula). Por primera vez en la historia de Brasil una persona fue presa sin que hubiera sido juzgada en segunda instancia. Eso es inconstitucional.
–Pero eso es un atropello a la Constitución.
–Sí, pero la sociedad los acepta porque el escándalo de corrupción instalado es tan grande que la gente dice: «No me importa si la ley dice o no dice, lo que quiero es ver gente presa». Lo que importa es que un ícono de la corrupción –construido a partir de la red O Globo– vaya preso, no importa cómo. Lo que pasa en Argentina no es muy diferente.
Tiempo Argentino
Junio 11 de 2017
por Alberto López Girondo | Jun 14, 2017 | Sin categoría
Michel Temer podría cantar a dúo con Ringo Starr que sigue en la presidencia de Brasil «con una pequeña ayuda de sus amigos». Y que aspira a mantenerse hasta el fin del mandato apelando a todos los recursos a su alcance, incluso espiar a miembros del Supremo Tribunal Federal (STF) para ver si ya puede respirar tranquilo o en ese foro puede ocurrir la catástrofe que evitó este viernes.
Sus cuitas en el Tribunal Supremo Electoral (TSE) fueron saldadas por el más cercano a él de los magistrados, Gilmar Mendes. Temer había quedado involucrado en una causa que impulsó el candidato del PSDB a la presidencia, Aecio Neves contra al binomio que le había ganado los comicios de 2014. Según el ahora suspendido senador –está implicado en los sobornos que denuncia el dueño del frigorífico JBS, Joesley Batista– la fórmula del PT-PMDB había recibido financiación ilegal para la campaña y por tanto debían suspenderse las elecciones. Y proclamarlo a él, se entiende.
Ironías del destino: la causa fue avanzando y para cuando ya era imposible parar la bola de nieve que se había armado, Neves era socio de Temer en la destitución de Dilma Rousseff y de hecho su partido colabora con el gobierno dirigiendo cinco ministerios en su Gabinete.
La cuestión es que los escándalos de corrupción que se suceden en el gigante sudamericano –que ya le costaron el cargo a media docena de ministros de la actual gestión y a varios legisladores, incluso el que fuera presidente de la Cámara Baja, Eduardo Cunha y al propio Neves– fueron encendiendo el rechazo ciudadano y el TSE entendió que no daba para mantener la causa en el freezer.
Paralelamente, fue avanzando la investigación que promueve el procurador general, Rodrigo Janot, contra el mandatario de facto por corrupción, asociación ilícita y obstrucción de la Justicia en el caso abierto a raíz de la grabación de una charla de Batista y Temer, en la que el presidente aparece negociando un pago por el silencio de Cunha, preso por 15 años por cuentas no declaradas en Suiza
La descomposición de la dirigencia brasileña es tan grande que involucra a los mayores conglomerados empresarios nacionales con las cúpulas políticas del más alto nivel. Así, el juez Napoleón Nunes Maia Filho, uno de los cuatro que le salvaron el pellejo a Temer en el TSE, argumentó con gesto digno que en esa demanda de Neves «los perdedores buscaron revertir la decisión soberana de las urnas, (o sea) un tercer turno electoral en la justicia». Ocurre que Maia Filho , que también integra el STF, la Corte Suprema, está investigado en una causa por coimas de la constructora OAS, según declaraciones bajo delación premiada de los directivos de esa empresa. Y también está salpicado en el caso JBS.
En cuanto al ya nombrado Mendes, se sabe que mantiene una amistad de vieja data con Temer que hubiera dado para excusarse, pero en cambio fue el encargado de poner el broche de oro a tres largos días de debate sobre cómo resolver un entuerto mayúsculo como ese. Entuerto que podría haber eyectado a Temer del despacho al que accedió contra su compañera de fórmula el año pasado y que a Dilma le habría costado ocho años de inhabilitación para ocupar cargos públicos.
«Debemos tener mucho cuidado con las instituciones (…) No se sustituye a un presidente de la República en cualquier momento (…) La anulación de un mandato debe ocurrir en situaciones relevantes», adujo Mendes, también con pose de prócer.
Mendes es un visceral opositor al PT y a Lula da Silva en especial. Y para armar la estrategia defensiva de Temer no dudó en rechazar «nueva evidencia» de financiación ilegal del entonces candidato a vicepresidente detrás de los nuevos aportes de Odebrecht. Y fue más lejos: señaló que decidió apoyar la continuidad del mandatario por «responsabilidad política», aun a sabiendas de que hay «graves hechos comprobados».
El «partido», al anochecer del viernes, estaba empatado en tres votos a favor de la destitución y tres en contra. El «primer gol», al abrir el proceso, había sido del relator, el juez Herman Benjamin, quien había sido contundente. «Yo como juez me niego a tener el papel de enterrador de prueba viva; puedo incluso participar del entierro, pero no voy a cargar con el muerto».
Temer, que encontró fortaleza en su misma debilidad –ya que no hay nadie que pueda reemplazarlo sin empeorar el descrédito generalizado en la dirigencia– debe ahora enfrentar al jefe de los fiscales, Rodrigo Janot. Y como en política puede ser bueno saber en qué andan los que pueden perjudicar, habría ordenado a la ABIN, el servicio de inteligencia brasileño, que espíe al relator del caso Lava Jato en el STF, el juez Edson Fachin.
Esta revelación encendió la alarma en la presidenta del tribunal Carmen Lucia, quien en un duro comunicado señaló que «es inadmisible la práctica de gravísimo crimen contra el Supremo Tribunal Federal, contra la democracia y contra las libertades si se confirma la información del espionaje ilegal de la vida de uno de sus integrantes».
La noticia fue tapa ayer en la revista Veja, un medio que atacó sin piedad a Dilma y Lula y que ahora, al igual que O Globo –que ayer volvió a pedir la renuncia de Temer– no quieren quedar pegados al caos político en que terminó sumergido el país que hasta no hace mucho aspiraba a ser reconocido como potencia mundial.
Tiempo Argentino
Junio 11 de 2017
por Alberto López Girondo | Jun 6, 2017 | Sin categoría
Foto: Horacio Paone
Es uno de los máximos referentes de la Teología de la Liberación y fue muy cercano de Lula da Silva. En los ’60 ingresó a la orden de los dominicos al tiempo que fue parte de una organización guerrillera, un cóctel que lo llevó por más de cuatro años a la cárcel de la dictadura militar. Nacido Carlos Alberto Libânio Christo, es conocido como Frei Betto y es hoy uno de los más lúcidos intelectuales de la izquierda latinoamericana. En esta charla con Tiempo, también se muestra crítico de algunas semillas que plantó el PT en 13 años de gobierno que ahora germinaron en graves consecuencias para el progresismo brasileño y regional.
–¿Por qué Brasil está como está y el PT está como está?
–Hay varias razones. En primer lugar, el PT tuvo 13 años para hacer algunas reformas estructurales, sobre todo la reforma política, pero no la hizo y ahora es víctima de su omisión. Otro factor es que la corrupción es endémica en la historia de Brasil desde la llegada de los portugueses, y lamentablemente todas las estructuras políticas están muy contaminadas. Desde los años ’30, cuando se instauró el sufragio universal, y desde el año ’32 en que las mujeres también accedieron al voto, el pueblo vota pero el poder económico elige. El PT ha cometido el error de buscar los mismos métodos de la derecha, solo que la derecha es profesional en eso y el PT amateur. Es verdad que hay mucha gente ética allí y nada se ha probado hasta ahora contra Lula, pero algunos dirigentes están involucrados y el PT en algún momento va a tener que decir si esa gente es inocente o es culpable.
–¿Está hablando de alguien en especial? Pienso en el caso de José Dirceu, el exjefe del Gabinete Civil de Lula.
–En Dirceu, que está condenado, y en otros que están siendo investigados. No se puede negar que el PT utilizó la Caja 2 (para el pago de sobornos) y que hubo un aumento tremendo de patrimonios personales. Fidel me decía que un revolucionario puede perder todo, la libertad, la familia, el trabajo, hasta la vida, menos la moral. Y eso ha creado una situación de descrédito muy fuerte en el campo de izquierda, en el campo progresista. No va a ser fácil recuperar esto.
–¿Diría que este golpe es mortal contra las aspiraciones de un movimiento progresista?
–No totalmente, porque la derecha es tan mala en el gobierno y la situación económica también, y además Temer es un bandido comprobado ahora con todas las investigaciones que se hicieron con el frigorífico JBS, Lula sigue ocupando el primer lugar en las encuestas electorales. Tiene exactamente la mitad de apoyo, porque un 35% votaría directamente por él y el 15% que votaría en la segunda vuelta. Cierto que tiene 50% de rechazo, pero no hay hasta ahora ninguna otra figura brasileña que pueda superarlo en apoyo electoral.
–La única forma de evitar que gane sería llevarlo a la cárcel.
–No necesariamente, no creo que vayan a apresarlo, pero pueden involucrarlo en la ley electoral que impide ser candidato si está procesado. Yo creo que va más por ahí, para no crear una conmoción nacional.
–La pregunta es cómo se podría hacer la reforma electoral de la que hablaba antes cuando los que la deberían votar son beneficiarios del actual esquema electoral y están implicados en casos de corrupción.
–Ese es otro factor, porque no se trabajó también en un cambio de representación política. Evo Morales tuvo la inteligencia de valorar líderes populares que se volvieron diputados o senadores. En Brasil eso no se hizo. Se hicieron alianzas espurias con partidos de derecha. El único sector que trató de hacer una estrategia de ocupar sillas en el Congreso ha sido el de las iglesias evangélicas. Y así estamos pagando el precio también de este error que hemos cometido.
–¿Pecaron de inocentes?
–No, para nada fue inocencia. En un momento el PT cambió su proyecto de Brasil por el proyecto de poder, ese es el problema. Yo he trabajado eso en dos libros, La mosca azul y Calendario del poder, que es mi diario de dos años de trabajo con Lula en el Palacio del Planalto. Hubo un desvío ideológico, ya no estaban preocupados por cambiar estructuras y hacer una economía más favorable al pueblo. Se hizo un trabajo muy importante al sacar 40 millones de la miseria, pero el dinero que ha dado a los rentistas ha sido superior al que fue a los excluidos. Yo utilizo la imagen de que se agarró el violín con la izquierda pero toco con la derecha.
–La situación en América Latina es bastante dramática para los movimientos progresistas. ¿No teme que se esté generando un caldo de cultivo para el regreso de la lucha armada?
–No, estamos muy lejos de eso. La lucha armada interesa a dos sectores solamente, los fabricantes de armas y la extrema derecha. Hay muchas vías democráticas de lucha, no se justificaría una opción armada para cambiar las cosas, sería como mínimo una tontería. Primero, la izquierda tiene que tener vergüenza en la cara y volver al trabajo de base. Basta de consignas, de teorías, de análisis, de libros. Nadie quiere ir al pobre, al campesino, al obrero y hacer ese trabajo difícil, cansador, y estar ahí con la metodología enseñada por Paulo Freyre. El muro de Berlín tiró abajo la mitad de la izquierda del mundo, porque había toda una izquierda teórica más preocupada por llegar a funciones de poder que por liberar al pueblo. Yo tengo un libro, El Paraíso Perdido, viajes por el mundo socialista, son 33 años de trabajos en los países socialistas. Y he viajado a todos esos países soviéticos, a China, tuve mucho contacto con gente muy revolucionaria y yo me pregunto: ¿esa gente está luchando para volver al socialismo o se acomodó en el capitalismo y están satisfechos? La izquierda marxista no cristiana en América Latina no tenía contacto con el pueblo, era muy académica, y entró en crisis después de la caída del muro de Berlín.
–Pero en este momento hay otra izquierda que podría estar dentro del PT o de movimientos populares que también está en crisis por lo que ocurre en Argentina y Brasil.
–Está en crisis pero no hay que poner toda la culpa en el enemigo. Hay que hacer una autocrítica de los errores cometidos. En el caso de Brasil, nosotros estuvimos 13 años en el gobierno y no hicimos un trabajo de base, de alfabetización política. Si hicimos un trabajo de facilitar al pueblo a los artículos de consumo, hicimos mucho más una nación de consumistas que de ciudadanos protagonistas políticos y ahora estamos pagando el precio de las semillas que hemos plantado.
–¿Usted planteó eso a la dirigencia del partido?
–Desde 2004, y lo escribí en libros y tantos artículos, pero lamentablemente el PT aún no hizo una autocrítica. No se posicionó delante de sus militantes que están en la cárcel. Va a tener que decir si esta gente es inocente o es culpable. Si hay que defenderlos o no, porque no se puede barrer debajo de la alfombra.
Discípulo de un preso político
-¿Cómo ve el rol que está cumpliendo el papa?
-El papa Francisco está plenamente identificado con las tres T de la Teología de la Liberación, trabajo techo y tierra. No hay otro papa que haya hecho tantas críticas y tan profundas al capitalismo como él, pero no usa la palabra capitalismo. Tampoco ninguno estuvo tan cerca de la Teología de la Liberación sin usar esas palabras. Por eso su propuesta crea mucha irritación tanto dentro como fuera de la iglesia. Hay cardenales que no tienen ningún pudor en decir que es comunista, que desvía la doctrina católica. Eso es bueno para nosotros, que no estamos tan solos como durante mucho tiempo.
-La Teología de la Liberación logró unir religión con revolución ¿Usted diría que ese debate está concluido para la izquierda?
–No se puede tener prejuicio hacia una manifestación sociológica como la política, la religión, la institución familiar. Hay que analizar en qué medida sirve o no a la opresión. En América Latina eso tiene un valor ontológico para el pueblo. Si tú le preguntas a un campesino de Colombia, Brasil, Argentina, cómo es que mira al mundo, la respuesta seguramente será en categorías religiosas. En América Latina la puerta de la razón es el corazón y la llave del corazón es la fe. La gente se mueve por la fe. Mucha gente me pregunta por qué me metí en política, y es porque soy discípulo de un preso político. Que yo sepa Jesús no murió ni de hepatitis en la cama ni en un choque de camellos en una esquina de Jerusalén. Fue preso, juzgado y torturado por dos poderes políticos, el romano y el judaico, y condenado a la pena de muerte que era la cruz. Si era un hombre tan espiritual, tan bueno, tan santo, ¿por qué lo mataron? Pues porque hizo una predicación política, hablaba de otro mundo posible y por eso la gente de derecha nos mira como comunistas, terroristas. Jesús no venía a fundar una religión sino un nuevo modelo de sociedad basado en dos principios: el amor en las relaciones personales y compartir los bienes en las relaciones sociales. El cristianismo en su origen no es una religión sino un nuevo proyecto civilizatorio. La religión es como la política, sirve para oprimir o sirve para liberar.
Tiempo Argentino
Junio 4 de 2017
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