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Los nuevos desafíos del Mercosur

La integración no es nada fácil. Bastaría con recordar las dificultades con que se topó Simón Bolívar cuando intentó un Congreso Panamericano en Panamá para debatir la forma de organizar la unidad de las ex colonias españolas en América.
El también llamado Congreso Anfictiónico fue convocado hace hoy exactamente 188 años por el libertador venezolano. Apenas 48 horas antes de la batalla de Ayacucho, que puso fin al dominio español en el continente el 9 de diciembre de 1824. Un laborioso triunfo militar alcanzado con tropas de todos los rincones de Sudamérica –rioplatenses de ambas orillas, chilenos, peruanos y de la Gran Colombia– al mando de Antonio José de Sucre. Y que se considera la primera experiencia de integración regional, cuando todavía no se hablaba de Patria Grande.
Uno de los mayores impulsores de esa unión, sino el que más, fue el tucumano Bernardo de Monteagudo, autor del Ensayo sobre la necesidad de una federación general entre los estados hispano-americanos y plan de su organización. Fue él quien sembró la iniciativa en Bolívar. Pero no llegó a ver concretado su sueño porque caería asesinado en Lima, unas semanas más tarde, el 28 de enero de 1825.
Algunos atribuyen a este crimen el retraso y hasta la escasa asistencia de delegaciones latinoamericanas, que se encontraron en el convento de San Francisco, de Panamá, el 22 de junio de 1826. No estuvieron representados Bolivia (no llegó a elegir delegados a tiempo por disputas menores), el Río de la Plata (en guerra con el imperio del Brasil), Chile (la dirigencia desconfiaba de Bolívar) ni Paraguay (José Gaspar de Francia no había querido reunirse con el libertador tras la independencia de Bolivia y entonces no fue invitado).
Corrió mucha agua debajo de los puentes regionales desde entonces. Pero algunos de los problemas son los mismos: Paraguay otra vez quedó al margen de una convocatoria de unidad. Una que se hace en Brasil, ahora una república democrática y sin esclavos, y a la que se integra como miembro pleno Venezuela y que abre el juego para que se incorporen Bolivia y Ecuador. Cosa de ir alcanzando aquel sueño de Monteagudo, Bolívar y de tantos otros que siguieron «arando en el mar» hasta ahora.
En el caso del Paraguay de estos días, fue suspendido del club sudamericano luego del golpe contra el presidente Fernando Lugo. Pero antes, un congreso dominado por la derecha más retrógrada venía rechazando el ingreso de Venezuela alegando que Hugo Chávez no es democrático. Con lo cual demoró varios años la ampliación del Mercado Común del Sur, con todo lo que significó desde el punto de vista simbólico pero también económico. Con el país caribeño, el bloque regional suma 275 millones de habitantes, un PBI que lo ubica en el quinto lugar entre las economías del planeta y casi el 20% de las reservas probadas de petróleo en el mundo. La respuesta regional fue entonces incorporar a Venezuela en contradicción con las reglas que pedían la aprobación de las legislaturas de todos y cada uno de los países.
La escandalosa destitución de Lugo no hizo sino demostrar que el resto de las naciones habían sido rehenes de un grupo de senadores dinosáuricos que, sin embargo, son dignos representantes de una clase dirigente que nunca modificó los patrones de conducta social con los que se manejan desde la dictadura stroessnerista y antes.
No hace falta más que ver el tratamiento que le dan tanto las autoridades de facto de Paraguay como los medios –todos alineados con el golpe, obviamente– a esta nueva reunión en la que el país queda mirando «con la ñata contra el vidrio».
«Los neodictadores bolivarianos son inconmovibles en su posición ideológica: porque ellos piensan que aquí se produjo un ‘golpe de Estado’, creen preciso castigar a los paraguayos por ‘rebeldía contumaz'», dice un editorial del ABC Color, uno de los más feroces, que alimenta un nacionalismo elemental pero, quién sabe, efectivo para rechazar esta integración regional.
«La alternativa que tiene nuestro país es que sus autoridades sigan aceptando vivir de rodillas, inclinando siempre la cerviz ante nuestros poderosos vecinos al precio de dádivas, o que alguno de los gobernantes que surja de las elecciones decida intentar encarar con firmeza la defensa de los altos intereses de la República para devolverles la dignidad manoseada por mandatarios que se proclaman nuestros ‘amigos’ pero que andan con el cuchillo escondido bajo el poncho», dice otro brulote en el que se resalta el «atolladero en el que arbitrariamente nos ha metido la reactualizada Triple Alianza de antaño».
El problema es que el Mercosur, nacido no casualmente por el Tratado de Asunción hace dos décadas, es la mejor herramienta para revertir el proyecto ultraliberal de aquella nefasta alianza del emperador Pedro II de Brasil, el dictador oriental Venancio Flores y el fundador de La Nación y de la historiografía oficial de los argentinos, Bartolomé Mitre, a la sazón presidente.
Los voceros del régimen paraguayo también adelantaron que rechazarán el ingreso de Bolivia y Ecuador. No ahora, que no forman parte de la mesa de decisiones, claro, sino cuando vuelvan al redil regional, luego de las elecciones de abril de 2013. Y si es que resultan comicios limpios y no ocurre el tan temido «fraude patriótico» que pronostican Lugo y los sectores de la izquierda.
Mientras tanto, los intereses internos más ligados al capital internacional concentrado siguen apostando a destruir lo que de progresista pueda aportar un Mercosur que busque el desarrollo de sus ciudadanos y no sólo de las multinacionales. Y desde la Unión europea no pierden ocasión de darles una pequeña ayudita.
«Somos fundadores del Mercosur, queremos permanecer en el Mercosur y queremos mejorar el Mercosur», había dicho el canciller paraguayo, José Félix Fernández Estigarribia, tras sugerir la «generalizada insatisfacción» en el organismo ante lo que llamó «el proteccionismo argentino».
Fuentes de la UE, que tiene en carpeta la firma de un acuerdo de libre comercio con el Mercosur, se quejaron ayer por la demanda que presentó Argentina en la OCDE contra el proteccionismo europeo. «No contribuye a crear un buen ambiente» para la negociación entre Bruselas y el Mercosur, deslizaron los europeos.
«El Mercosur como un ejercicio de integración comercial tradicional está en su fase final», declaró en tono lapidario Rubens Barbosa, quien como funcionario participó en la formación de Mercosur y ahora dirige el Consejo Superior de Comercio Exterior de la poderosa Federación de Empresarios de San Pablo.
El desafío es demostrarles a todos que se equivocan.

Tiempo Argentino, 7 de Diciembre de 2012

El tiempo está a favor de los pequeños

El triunfo contundente de Cristina Fernández no sólo produjo impacto en la política argentina sino que significó un fuerte respaldo para el modo de encarar los problemas del mundo que intentan poner en práctica los gobiernos de la región. El hecho fue destacado por cada uno de los gobernantes que esperaban, ansiosos, el resultado de la primaria del domingo pasado. Y que respiraron aliviados cuando se confirmó la cifra y ahora esperan ir por más, ante un mundo que, parafraseando a Roberto Arlt, podríamos decir que se desmorona inevitablemente.
Ese hecho fue profusamente destacado y aplaudido por la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y el uruguayo José Mujica, pero también por el resto de los mandatarios del Mercosur y de la Unasur, incluido los de Chile y Colombia. Juan Manuel Santos, dicho sea de paso, le vino a traer en persona las congratulaciones, y no se olvidó de explicar en qué marco regional y mundial se inscribe.
Ahora que los medios opositores y la gran mayoría de los partidos antikirchneristas tratan de buscar explicaciones para un resultado que ni en el peor de los pronósticos podían pensar, es entendible también el alivio del arco de gobiernos sudamericanos ante el mismo escenario.
Y para este análisis nada mejor que aprovechar las palabras del colombiano en su encuentro con Cristina del jueves. Porque Santos viene de la derecha y está sin dudas ligado a la política represiva que como ministro de Defensa de Álvaro Uribe aplicó en Colombia entre 2002 y 2010. Pero que con la llegada al poder entendió que en otros ámbitos muy poco tenía por ganar. Pragmatismo que le dicen, pero de un tinte bien diferente al de las relaciones carnales que justificaba a Carlos Menem y al resto de los gobiernos de los ’90.
Cierto es que cambiaron las cosas en Europa y sobre todo en los Estados Unidos, que padecen ahora una indigestión con los mismos remedios que desde el Consenso de Washington vivieron aplicando en el sur esa serie de gobiernos respetuosos del orden mundial que llevaron al derrumbe de la Argentina y la desaparición en cadena del modelo neoliberal ni bien despuntaba el siglo XXI.
Y, como la necesidad tiene cara de hereje, Santos y también el chileno Sebastián Piñera ponen las barbas en remojo por lo que pudiera. Con la mirada puesta en el vecindario, porque finalmente terminaron de entender que el bote es el mismo y que entre todos sería más fácil reparar cualquier perforación en el casco antes que hundirse en privado. Porque, además, perciben como nunca que el salvavidas que pudieran ofrecer desde el hemisferio norte está confeccionado en puro plomo.
Santos, otra vez, fue clarísimo cuando dijo que se viene un huracán y conviene estar preparado no sea cosa que los arrastre a todos. Y si finalmente no ocurre nada, da lo mismo, pues ninguna precaución es poca y nada se pierde con cuidarse en salud.
Y aquí es donde se comprende mejor las razones de las élites sudamericanas –ya no solamente progresistas– para respirar aliviadas por el resultado de la primaria argentina. Más aun cuando se vio de qué modo en el antikirchnerismo –la mal llamada oposición– se pasan facturas por la derrota. O llegan a confesar sus bajezas, como el tambero Biolcati, que finalmente acepta que parte de los votos eran por la estabilidad y el miedo a la crisis internacional.
Los medios hegemónicos y muchos opinólogos prefirieron interpretar que no ganó el gobierno sino que perdió la oposición, que no pudo encontrar ni un candidato ni un discurso común. Pero, en ese contexto, aparecieron un par de fotos que sirven para entender la película que los derrotados de este domingo no terminan de aceptar.
Como el mensaje “antisubversivo” de Eduardo Duhalde, repentinamente girado hacia la derecha más furiosa, por convicción o por cálculo. ¿Alguien imagina a un Duhalde presidente felicitado por Dilma o por el Pepe Mujica, ambos guerrilleros y presos políticos en su juventud? Cierto que Macri se bajó de la candidatura presidencial para abroquelarse en su feudo capitalino, cosa de volver a mostrarse en 2015, pero ¿es posible vislumbrar al empresario tejiendo alianzas para evitar la especulación financiera y apostando al desarrollo y la igualdad social con Fernando Lugo o Evo Morales, después de todo lo que dijo de paraguayos y bolivianos cuando los ya olvidados incidentes en el Parque Indoamericano?
No es descabellado pensar que Raúl Alfonsín también hubiera apostado por la integración. El ex presidente radical fue el impulsor del Mercosur y buscó sin éxito crear un frente común para enfrentar el problema de la deuda externa y evitar una invasión estadounidense a la Nicaragua sandinista. ¿Haría honor a ese antecedente su hijo Ricardo Alfonsín, aliado con De Narváez y González Fraga? ¿Lo habría hecho Lilita Carrió, socia política del empresario agropecuario Benito Llambías?
Algo similar hubiese ocurrido en Brasil de haber ganado José Serra, que dijo en plena campaña que el Mercosur era una traba para el desarrollo del coloso sudamericano. Y puede ocurrir si en Paraguay no aparece una figura “del palo” para suceder a Lugo cuando finalice su mandato.
La construcción de una región integrada lleva tiempo y esfuerzos, pero sobre todo paciencia y determinación para seguir el rumbo adecuado sin escuchar los cantos de sirena de los apocalípticos. Es lo que con sus más y sus menos están haciendo los gobiernos de la Unasur.
Con un horizonte más despejado en un país clave como la Argentina y luego del triunfo de Ollanta Humala en Perú, la región puede encarar su futuro con mejores armas. El desafío de la hora es impulsar fuertemente el cambio de paradigma. No sólo en el ámbito económico –bien sabemos los latinoamericanos a dónde conduce la ortodoxia neoliberal– sino sobre todo cultural y político.
Si se prueba que hay espacio para una derecha integradora, bueno sería que los conservadores la tomaran como modelo, para luchar juntos contra el principal enemigo, que es la mirada colonizada, la admiración por naciones y sistemas que se caen a pedazos. Aunque más no fuera porque como buenos conservadores, verían que así van a perder menos, y hasta pueden salir ganando.
Desde el otro lado del escritorio, en este rincón plagado de amenazas y también de oportunidades, los gobiernos tienen el desafío de profundizar la integración. Poniendo en marcha de una buena vez el Banco del Sur, pero atendiendo a la experiencia fallida del Banco Central Europeo. Para convertirlo en un banco de desarrollo en el que se podrían, como sueñan los más osados, resguardar las reservas internacionales y los depósitos en oro de cada uno de los miembros y hasta los fondos de la jubilación de todos los trabajadores de Sudamérica.
Para lo cual no vendría mal tampoco que los sindicatos fueran acercando mucho más sus líneas. Porque también tienen mucho que decirse, como ya lo están haciendo los estudiantes de la zona reunidos a raíz de la crisis en el sistema educativo chileno.
Pocas veces en estos 200 años de historia este puñado de países ha tenido una ocasión como esta para romper las cadenas. Y puede decirse que esto ocurre desde que todos juntos clausuraron el ALCA, en 2005 en Mar del Plata, dándole la espalda a la solución colonial.
Quizás en este detalle habría que buscar las razones que llevan a los medios concentrados a minimizar o directamente ningunear a estas instituciones sudamericanas que para su información –la de ellos– han llegado para quedarse.

Tiempo Argentino, 20 de Agosto de 2011

Mensajes xenófobos

Estamos construyendo una ciudadanía del Mercosur. Ese sentimiento de que somos el Mercosur es un sentimiento que se está formando y que debe consolidarse”, dijo el actual canciller brasileño Celso Amorim. Fue en la Cumbre del Mercosur de Foz de Iguazú, donde los representantes de los países miembro del experimento de integración regional más profundo que se haya hecho en esta parte del mundo desde la independencia mantuvieron la última reunión del año. Un año que fue muy fructífero en eso de lo que hablaba Amorim, de construir ciudadanía, más allá del alcance económico de esta propuesta de mercado común que ya cumplió 20 años.
Porque las cuestiones económicas entre los países pueden agotarse en debates arancelarios o de intercambio de mercancías. Pero una verdadera integración implica ir avanzando en la construcción de una nacionalidad común, una identidad que nuclee a los pueblos que decidieron, reconocieron, impulsaron, la idea de que no hay otro destino para cada uno que no sea la unidad de todos.
Para los medios tradicionales de los mismos países, hubo en ese encuentro un pedido especial de la presidenta argentina para incorporar una condena concreta a la xenofobia. Condena que, según esa visión, tendría como objetivo el desgaste de la figura del alcalde porteño, Mauricio Macri, que sin dudas, con su discurso de fuerte tono racista arrimó combustible en estos días calientes en Villa Soldati.
Como se recordará, el jefe comunal despotricó, al igual que muchos vecinos de la zona, contra la “inmigración descontrolada”. Y agregó, desprejuiciadamente, que todos los días “llegan 100 o 200 personas nuevas a la ciudad que no sabemos quiénes son, de la mano del narcotráfico y la delincuencia”.
Mirada simple y pequeña si las hay sobre un tema que debería alarmar a las mentes bien pensantes, incluso desde el punto de vista de políticos que se ofrecen como alternativa de recambio para las presidenciales de 2011. Porque más allá de que en gruesas capas de la población porteña –e incluso del resto del país– el mensaje xenófobo suele granjear más simpatías de las que se sospecha, ya no hay espacio para gobernar en la región por fuera del marco que ya impuso el Mercosur, la Unasur y los organismos que vayan surgiendo en el futuro. Como lo han reconocido incluso mandatarios de la derecha como el chileno Sebastián Piñera y el colombiano Juan Manuel Santos.
Construir una identidad común en la Cuenca del Plata significa, lisa y llanamente, construir ciudadanía con paraguayos, uruguayos, venezolanos y a un plazo no demasiado largo y más temprano que tarde, con bolivianos, peruanos, ecuatorianos y chilenos.
Por eso fue importante que en esa misma Cumbre se fueran desplegando las otras herramientas de construcción común, como los planes de educación, de libre circulación de personas, de protección laboral, y aunque parezca anecdótico, la creación de una historieta para niños fomentando la integración. Algo que no surgió porque el gobierno argentino entró en conflicto repentinamente con un sector de la población que mira con desconfianza y desprecio a los hermanos de la tierra.
El discurso xenófobo –que en Buenos Aires, y por recomendación de su asesor ecuatoriano Jaime Duran Barba, Macri puso en circulación para ganar adhesiones en su construcción política– se está extendiendo en todo el mundo de una manera que preocupa a organismos y militantes comprometidos con los Derechos Humanos y civiles. Y curiosamente, en todos los países donde hay desbordes de este talante, hay un componente de pobreza, exclusión, acusaciones de narcotráfico, intolerancia… y hasta barrabravas violentos. Lo peor es que también hay políticos dispuestos a aceptar el convite retrógrado con tal de seducir a multitudes que, en medio de crisis económicas de diverso calibre, ven en el diferente a un competidor por las migajas que se caen de la mesa de los poderosos.
El presidente estadounidense Barack Obama, por ejemplo, debió enfrentar, desde que decidió iniciar su camino hacia la Casa Blanca, a sectores racistas no solo de su país sino incluso desde las filas de su propio partido. Hace cosa de un año, el líder de la mayoría demócrata en el Senado estadounidense, Harry Reid, había catalogado a Obama como un afro estadounidense que “no habla dialecto de negro” que es exitoso porque tiene la “piel clara”, lo que levantó protestas hasta de legisladores republicanos.
Obama no pudo aún conseguir la aprobación de una ley inmigratoria que beneficie a los millones de hispanos que cruzan la frontera en busca de mejores horizontes. Tampoco una iniciativa que recibe el acrónimo de Dream (sueño), en obvia referencia a esa utopía que siguen trabajadores de todo el continente que quieren un futuro mejor para ellos y sus hijos. El Dream Act (Development, Relief and Education for Alien Minors Act, en español Acta de Fomento para el Progreso, Alivio y Educación para Menores Extranjeros) es un proyecto bipartidista que permitiría que los hijos de indocumentados estudien en institutos estadounidenses y reciban la ciudadanía a cambio de buenas calificaciones, algo que por ahora sólo logran haciendo dos años de servicio militar. Ambas leyes están frenadas en el Capitolio por un fuerte lobby anti inmigratorio.
El Parlamento Europeo, hace unos días, advirtió en su informe anual sobre el “creciente” aumento de violaciones de derechos fundamentales en Europa, y especialmente citó casos racistas y xenófobos sobre los que reclamó sanciones y procedimientos de infracción contra Estados miembro que los permitan.
El presidente galo, Nicolas Sarkozy, marcha a la cabeza en los reclamos, luego de la expulsión masiva de gitanos que inició en julio y que lo hizo trepar en las encuestas. Para no ser menos, Marine Le Pen, hija y segura sucesora del líder de Frente Nacional ultraderechista francés, Jean-Marie Le Pen, también hizo su aporte al murmullo racial, cuando comparó la ocupación nazi con las plegarias que los musulmanes desarrollan en las calles de Francia. Pero la mujer, de 42 años, no deja de crecer en los sondeos y ya está en el 14% para las presidenciales de 2012. Su no menos polémico padre había llegado el 10% en 2007.
En Rusia, que no pertenece a la Unión Europea, miles de hinchas mostraron su violencia frente al Kremlin al grito de “Rusia para los rusos”. Fue tal el clima que las autoridades decidieron acordonar la plaza para evitar mayores incidentes. “Los actos que buscan animar el odio racial, nacional o religioso son especialmente peligrosos” y “amenazan la estabilidad del Estado, pontificó el presidente Dimitri Medvédev.
“Nazismo bajo los muros del Kremlin”, tituló Novye Izvestia, opositor al gobierno. “La subcultura de los hinchas es xenófoba por naturaleza. Y hay que abordar seriamente ese problema, pero ni las autoridades del fútbol ni la fuerzas del orden quieren hacerlo”, señaló el Vedomosti, preocupado por la actuación de los barrabravas, de cara al mundial de 2018, que se llevará a cabo en Rusia. Los revoltosos rendían homenaje a un simpatizante del Spartak de Moscú muerto en un enfrentamiento con un hincha del Cáucaso, de religión musulmana.
Declaraciones como las de Marine Le Pen, el propio Sarkozy, Reid –el líder demócrata por Nevada– Mauricio Macri y muchos vecinos de Villa Soldati que se expresaron con total impunidad ante las cámaras contra otros miembros del género humano, merecieron el repudio de esa otra parte de la población que aspira a una vida en democracia y el respeto por el prójimo. Pero en Bolivia hubiesen merecido sanciones más contundentes de acuerdo a la Ley contra el Racismo y toda forma de discriminación, sancionada en octubre pasado. Por efecto de esa normativa, los medios que emitan mensajes de contenido xenófobo pueden ser multados e incluso se les puede quitar la licencia.
Pero claro, Bolivia no integra aún el Mercosur y esa ley fue criticada por las organizaciones que nuclean a los propietarios de medios como atentatoria de la libertad de prensa. Y fue votada por indios en el gobierno del país con más población indígena de América.

Tiempo Argentino, 18 de Diciembre de 2010

Evo Morales: «Estados Unidos se ha convertido en un basurero de delincuentes»

En una entrevista exclusiva, el presidente boliviano repasa parte de su pasado como dirigente sindical, cuenta cómo se hace política sin dinero y critica la cobertura que reciben dirigentes derechistas que huyeron al Norte.

Evo Morales impacta. Por una sencillez que en nada refleja el cargo que ocupa ni el lugar en la Historia que sin dudas ya se ganó. Por los logros desde que se dio a conocer como dirigente campesino, allá por los finales del siglo XX. Porque se empecina en cumplir con las promesas electorales de cambiar en profundidad y definitivamente a un país atravesado por la injusticia y el racismo. Y porque, aunque se niegue, podría dar lecciones de cómo amalgamar voluntades e intereses contrapuestos en beneficio de un bien común. La Constitución del Estado Plurinacional es un ejemplo, que recién se está poniendo en marcha luego de la aprobación de las cuatro leyes fundamentales.
Morales recibió a Tiempo Argentino el martes pasado, en su habitación del hotel Alkazar, de San Juan, donde había estado en la Cumbre de Presidentes del Mercosur. De sport, mientras se preparaba para un acto ante la comunidad boliviana afincada en Cuyo. Con poco tiempo, como le ocurre desde hace décadas desde que se metió en la dirigencia gremial de los campesinos cocaleros.
Responde parco, cuidando las palabras, se diría que tenso. Hasta que la conversación deriva en cuestiones personales, de esas que le dan dimensión de hombre, y entonces se relaja, se suelta. Ahí aparece un hombre consciente de su destino, con un pasado muy rico en vivencias. Que de un origen humilde como hijo de un trabajador golondrina, construyó luego una fuerza política capaz de convertirse por primera vez en una alternativa de poder, para la absolutamente mayoritaria población indígena de la nación fundada por Sucre y bautizada en honor a Bolívar.
−Usted contó la emoción que le producía haber estudiado en un colegio de Calilegua, sin saber siquiera el idioma, a haber llegado a recibir el título honoris causa de dos universidades en San Juan. ¿Cómo vivió ese momento?
−Pues conmovido, claro. Hay muchas cosas que pasaron. Y mira las que pasaron después de Calilegua.
−Vendió helado, jugó al fútbol, nada hacia suponer este presente.
−Vendía Picolé (palito de agua), y bastante vendía. Mi padre era muy trabajador, porque a veces había paro de trabajadores, entonces mi padre trabajaba sábados y domingos, esperando continuamente que hubiera paro.
−Claro, si había paro no podía cobrar.
−Ahí descansaba, claro.
−Usted recordó con agradecimiento a Kirchner y lo catalogó más que como secretario, como presidente de la Unasur. ¿Por qué?
−En 2006, cuando yo empecé, estaba de presidente Néstor Kirchner. Y en nuestras reuniones él me alentó, me inspiró, me orientó, me animó, me impulsó mucho en mi presidencia. Yo recién electo, y en mis primeros meses de presidente. Ha sido muy solidario conmigo. Y en mis primeros meses, mi primer opositor fueron las inundaciones, y él fue muy solidario en febrero, marzo, con helicópteros, fuerzas armadas ayudando a la gente por las inundaciones. Una larga historia. Y en el momento más difícil de amenazas por las trasnacionales después de la nacionalización del petróleo, después del 1 de mayo de 2006, cuando la oposición decía “no va a haber inversión, no va a haber nuevos campos petroleros, no va a haber exploración, se van a espantar los inversores”, ahí estaba Néstor Kirchner diciendo “no se preocupe, acá estamos nosotros, todos juntos”. También cuando desde el Oriente nos impedían la llegada de alimentos, aceite, estuvo presente, se ocupó de que nada nos faltara.
−¿Y con Lula cómo es la relación? Porque el tema del petróleo no fue fácil…
−(Sonríe) Con Lula, después del 1 de mayo de 2006, tuvimos problemas. Yo intenté en varias oportunidades comunicarme, y ha sido difícil comunicarme telefónicamente. Yo quería comunicarme, decirle que “vamos a tomar la propiedad”. Como no podía, decidí ejercer la propiedad como Estado. Expropiar, por supuesto. Ahí momentáneamente hubo un problema y ahí el mismo compañero Kirchner nos convocó a cuatro presidentes: él, yo, Chávez y Lula, bajo la dirección de Kirchner, en una ciudad de la Argentina, no me acuerdo exactamente, lo resolvimos.
−¿Qué les dijo?:“Pónganse de acuerdo”?
−Discutimos, yo le expliqué de manera detallada. Una vez que nos entendimos, ya mejoramos las relaciones y en diciembre de 2006, en la Cumbre de Jefes de Estado de Europa, Latinoamérica y el Caribe, en Viena, hemos superado eso. Nos sentamos a ver cuáles son nuestras diferencias. Y yo le dije: “Tengo un mandato del pueblo y el mandato del pueblo es ejercer el derecho de propiedad como socios, no con patrones.” Y uno de los contratos ilegales e inconstitucionales que decía (recita de memoria): “el titular −que es la transnacional− adquiere el derecho de propiedad en boca de pozo”. Y nos dicen los gobiernos neoliberales “cuando está bajo tierra sigue siendo nuestro, pero cuando sale de boca de pozo, ya parece que son de las trasnacionales petroleras”, y acabamos eliminando eso.
−¿Ahora la relación es buena?
−No… está bien. Con Lula ahora tenemos excelentes relaciones. Compartimos ideales, él como presidente obrero, yo como presidente originario. Esa es también la diversidad de Sudamérica
−Bueno, son los dos presidentes que vienen de más abajo.
−Así es, ambos venimos de abajo, pero yo mucho más abajo que él. (Risas)
−Qué le diría a Obama si lo tuviera adelante?
−Le diría que como uno de los discriminados, como es su sector social, que no discrimine a otros latinoamericanos en los Estados Unidos. Le diría que como excluido, marginado, perseguido, como afroamericano que es él, ¿Cómo puede permitir normas como las de Arizona para expulsar a los latinoamericanos? Que por encima de nuestra diferencias de no al capitalismo ni al imperialismo, esto es algo social importante. Seguro que mañana voy a enviar una carta a Obama que estoy elaborando, ahí va a ver. (Efectivamente, la carta fue anunciada dos días después, está fechada el jueves 5 de agosto.)
−¿Cambiaron algo los Estados Unidos entre Bush y Obama?
−Para nada. Hasta ahora, para nada. Sólo la expectativa de su presencia en la presidencia, pero yo siento que no cambia nada. Sigue el bloqueo económico a Cuba, siguen esas políticas del capitalismo en crisis. Eso yo no puedo entender. Como vengo de una familia pobre, cuando hablamos de capitalismo se habla de gente millonaria, de Estados ricos, y que tengan semejantes crisis económicas. Las quiebras, la crisis, las nacionaliza Obama. Aquí nosotros nacionalizamos la riqueza, pero no la pobreza ni la crisis. Esa es también nuestra diferencia.
−¿Qué le aconsejaría ante las crisis? Porque Latinoamérica tomó otros rumbos y le fue bastante mejor.
−Mira, yo no soy quién para aconsejarle ni dar lecciones sobre políticas económicas. Respeto sus políticas si son democráticas, por supuesto, pero lo que no aceptamos es en este nuevo milenio a los imperios, a las monarquías, oligarquías o jerarquías. Estamos en el tiempo de los pueblos. Por lo tanto habría que implementarse políticas que beneficien a los pueblos y no simplemente a grupos de los pueblos. Esa es nuestra profunda diferencia. Tarde o temprano, estoy convencido, el capitalismo va a caer, y los pueblos se levantarán. Entonces, antes de que sean rebasados por los pueblos, es mejor encabezar esas profundas transformaciones.
−Otro dato de la realidad es que mientras en Bolivia se aprobaba la Ley de Autonomía (último eslabón para implementar los cambios de la nueva Constitución), donde se reconocen 36 nacionalidades, en España se discute con fuerza la nacionalidad catalana.
−Es todo un proceso ese de las transformaciones democráticas, los cambios estructurales, los cambios orgánicos de las distintas estructuras del Estado. En Bolivia tenemos un Estado plurinacional, no un Estado colonial. Un Estado con autonomías departamentales, regionales, pero en el marco de la unidad del país. Esa es la transformación que hacemos, felizmente con el acompañamiento del pueblo. En Bolivia ya estamos en la tercera etapa de esa Asamblea Constituyente, que es la implementación de la Nueva Constitución. Felizmente acabamos ya con las leyes orgánicas, ahora vienen las leyes laborales, sociales, productivas, para garantizar estas transformaciones profundas de Bolivia. No faltaron en los pasados años quienes entendían la autonomía como independencia, o autonomía para pequeños grupos que después de perder a nivel nacional, se metieron en las regionales para que esas autonomías sean las oligarquías. Se equivocaron, y nosotros estamos buscando autonomía para los pueblos y no para las oligarquías. Esa es la profunda diferencia. Ahora, cuando ya empezamos a implementar autonomías para los pueblos, hay resistencia en los departamentos (o provincias, como los llaman aquí), resistencia porque no quieren soltar la plata allí.
−¿Cómo marcha eso? ¿Cómo cree que cambiará la sociedad?
−Mira, yo sé que cuesta cambiar. Por eso yo digo, podemos cambiar con alguna dificultad normas, leyes, una Constitución, pero lo que no se puede cambiar es la mentalidad. Eso es lo más difícil para mí. Ahí tenemos muchas diferencias. Y quienes venimos de las luchas sociales, que somos dirigentes sindicales o de cualquier movimiento social, sabemos que fundamentalmente la función pública es servicio, es sacrificio, es compromiso con el pueblo. No pensar en uno o en dos, mientras que hay alguna gente que ya no son de compromiso, de sacrificio para los pueblos, eso es lo peor. Aquí se requiere de una profunda reflexión, educación, orientación si pensamos en nuestra querida Bolivia. Y mejor todavía si pensamos en integrarnos a Sudamérica, a nuestra querida Latinoamérica. Yo sigo convencido de que somos la esperanza para el mundo. Entonces ¿Qué hacer ahora?
−La lucha más fuerte la tiene entonces dentro de sus propias filas. Cambiar al hombre, como pedía el Che Guevara.
−Sí, sí, eso es, estoy convencido: cambiar al hombre, un nuevo hombre, con una nueva mentalidad. Eso empieza desde la niñez. Hay ciertas estructuras como la justicia o la policía, donde a veces es muy duro, muy duro, muy duro… Porque es el Estado colonial, y el Estado colonial es la mentalidad, y esa mentalidad que está representada en el Estado colonial es el egoísmo, es la ambición personal, que no es una buena ambición para la patria.
−¿Cuándo se pensó como presidente? Imagino que no cuando estaba en Calilegua.
−No, para nada. Ni cuando fundamos ese instrumento político de la liberación económica y social. ¿Cuándo pensé? En 2002, para mi primera candidatura. Con otros dirigentes especialmente del sector campesino hicimos un programa, que era como un pliego único de la Central Obrera Boliviana. No era un programa-programa (repite con énfasis). Nos presentamos, no teníamos plata y nos sorprendemos. Cinco partidos en total eliminé: Bolivia Libre, un supuesto Partido Socialista que se va con la derecha, otro pequeño de Oruro, cinco legalmente reconocidos juntos con la cabeza del MNR de Gonzalo Sánchez de Losada. Nos ganaron con menos del 1% y nos robaron el triunfo.
−Le hicieron un gran favor, suele decir.
−Pero me quedé tranquilo y contento, porque no estábamos preparados para gobernar porque hemos dado la sorpresa.
−¿Pero pensaban que podían ganar?
−No. Las encuestas decían que tendríamos alrededor del 5% máximo, cuando hemos sido los primeros, y solos, y no como el MNR, eliminando a 5 partidos aliados entre sí. Y ahí dije: “En cualquier momento soy presidente, hay que prepararse.”
−¿Cómo fue ese momento? ¿Cómo fue eso de prepararse? ¿Se trataba de cuadros, de una preparación personal?
−Mira, ese año ganamos en el departamento de Potosí, sin candidatos, hemos ganado senadurías sin candidatos.
−¿Cómo es eso?
−Mira, en un departamento el ganador tiene dos senadores y yo tenía dos candidaturas a senadores. Sin embargo, faltando dos semanas el segundo candidato renunció y solo hemos ido con un candidato. Ganamos el departamento y nos correspondían los dos senadores, pero no teníamos a los dos senadores… Igualmente ocurrió en el departamento de La Paz. Y lo más importante, mis compañeros del campo, mis hermanos, hermanas, dejaron de trabajar escuchando la radio voto a voto. Mirando, mirando… Faltaba poquito para ganar (junta la uña del pulgar a la punta del índice derechos). Esa es la alegría. Y yo tenía miedo. Pero eso fue un error de la derecha-derecha (vuelve a enfatizar). El error de los Estados Unidos. Si yo hubiera sido el enemigo de ese momento político, hubiera metido al Evo Morales como Presidente en 2002, cuando todavía no estábamos preparados, y además de los 130 diputados teníamos apenas 27, lo mismo nos pasaba en Senadores. Éramos minoría y todavía sin ninguna preparación. Y ellos, mayoría, con su bancada, me hubieran eliminado.
−¿Y qué pasó?
−Pues mira, qué hizo ahí el ex embajador de los Estados Unidos, Manuel Rocha, ese que dijo que yo era el Bin Laden andino, de los cocaleros a los talibanes. Pues faltando dos semanas para la elección, dijo: “No voten por Evo Morales, y si lo votan no habrá apoyo internacional.” ¿Y qué hizo?, Juntar a dos partidos que son de la derecha, pero eran enemigos entre ellos: el MIR y el MNR. ¿Quiénes eran los operadores para estas alianzas? Uno condenado por narcotráfico, Oscar Eid Franco, y otro también narcotraficante, el delincuente Carlos Sánchez Berzaín, que se escapó a los Estados Unidos, y su secretaria fue encontrada con más de cuatro toneladas de cocaína en el aeropuerto de El Alto. Estos dos delincuentes eran operadores políticos, uno a nombre del MIR, otro a nombre del MNR. Y ellos hablando a nombre de la democracia, y yo, ahhh, asco (espanta con la mano derecha). Yo digo felizmente, si el embajador de los Estados Unidos hubiera sido inteligente le metía al Evo Morales, y en un año estábamos servidos. Parlamentarios de la oposición en mayoría, todavía sin ninguna experiencia, sin un programa. Hubiera pasado lo que con (Hernán) Siles Suazo, que no tenía mayoría parlamentaria y se volcaron los movimientos sociales contra él por una cuestión económica.
−¿Cómo hizo para hacer política sin plata?
−Todo organización, todo concientización, debate con los movimientos sociales, toda esa estructura. En mi sector, el del Trópico fundamentalmente, se movilizó para la campaña a nivel nacional. Hubo aportes sindicales, aportes de otras formas en las comunidades. Se gasta algo de propaganda en televisión, se gasta algo en las radios, algo en panfletería y en la movilización. Movilizarse con el aporte de cada uno. No es que el jefe del partido y el que es presidente va a poner plata. ¿Qué plata yo puedo poner? Cuando empezamos en el 95, en Chapare especialmente, nuestra primera participación en elecciones municipales, decisión orgánica, sindical, elección desde las bases de concejales, no teníamos plata para hacer panfletos ni afiches. La derecha nos inundó de propaganda y algunos compañeros ponían esos afiches de la derecha y nosotros decíamos: “Qué pasa compañero, ese no es nuestro partido, estamos haciendo propaganda para nuestro partido.” Y el compañero de base nos decía “pero ustedes también traigan su propaganda”. Y ahora qué hacemos. No tenemos plata. Por sindicato, por la central campesina un aporte. Hicimos todos un aporte, ya para banderas, ya para afiches. Nos alcanzó para 15 mil afiches, en la región, y los compañeros en vez de repartir, en vez de colocar, se lo llevaron dentro de sus casas (risas).
−¿Como recuerdo?
−Como recuerdo, como si fuera de nuestros libertadores. Y yo no era candidato. Me acuerdo siempre de una compañera, Herminia Mamani, no teníamos banderas de Izquierda Unida. Habíamos ido con la Izquierda Unida, así, a la prestada, y la bandera de un partido que se llamaba Movimiento Bolivia Libre era roja y amarilla, y la de Izquierda Unida era como la tricolor de Bolivia, amarillo, rojo y verde. Pero nosotros no teníamos nada. Herminia, nos comentó, fue decirle a una compañera: “Usted vaya a hablar contra el Evo Morales, contra el instrumento político, y diles que eres de Movimiento Bolivia Libre y que te den todas sus banderas.” Y habló contra mí, contra Izquierda Unida, y en el MBL le dieron todo. La compañera se había conseguido una tela verde, que las cosieron y así han tenido la bandera tricolor de Izquierda Unida. Le puedo comentar bastante de esto.
−Esos son los gestos que construyen, ¿no?
−Eso es, compromiso.
−¿Qué le falta construir aún?
−Seguir trabajando por la igualdad, por los sectores más abandonados. Según las Naciones Unidas, la extrema pobreza ha bajado del 40 al 30%, y es muy alentadora esta cifra. Evitamos la deserción escolar, con un bono llamado Juancito Pinto. La Renta Dignidad para los abuelos, que ahora son los abuelos de verdad porque disponen de un poco de dinero. Porque ahora en el campo los abuelos tienen para pagar las tarifas de energía eléctrica con su renta que reciben mensualmente. Es poco, pero tiene mucho significado para ellos. Quiero mejorar eso, esa es una forma de cómo ayudar a la gente no pudiente, a la gente abandonada históricamente. Otro deseo que tenemos es que los niños sean bien alimentados. Sin hambre. Estamos haciendo algunas industrias sobre procesos de cítricos, leche y otros productos, para mover las economías regionales y eso es alimento para niños en edad escolar.
−¿Cómo se posiciona la derecha? ¿Hay alguna posibilidad de levantamiento?
−Ninguna. Está totalmente derrotada. El último de sus líderes, mi contrincante Manfred Reyes, un delincuente, un maleante, se escapó a los Estados Unidos. Lamentablemente, los Estados Unidos, bajo la presidencia de Obama, se convierten en el basurero de los delincuentes de Latinoamérica. Los delincuentes se escapan allá y él no hace nada. ¿Cómo puede recibir a los delincuentes y darles asilo político? Desde Goñi, González de Losada y tantos otros. Los ministros que acá robaron, siguen escapándose a los Estados Unidos.
−¿Quién es hoy el principal enemigo de todo este proceso revolucionario?
−Algunos grupos oligárquicos, por supuesto, pero sobre todo es el capitalismo, el imperialismo de los Estados Unidos. Mediante la agencia norteamericana Usaid se infiltran en algunas alcaldías, algunos movimientos sociales, con prebendas, tengo cantidad de documentos sobre ese tema. Tratan de confundir, de enfrentar algunos departamentos entre ellos. Siempre ha sido así la historia, antes enfrentaron a La Paz con Chuquisaca y ahora quieren enfrentar a Oruro con Potosí. Pero son bien orquestados, bien organizados, para tratar de confundir este proceso. En 2007 o 2008, hablaron de que necesitábamos tener dos tercios para aprobar la Constitución, ahora tenemos dos tercios en diputados, dos tercios en senadores, dos tercios en alcaldes, dos tercios en gobernadores.
−¿Y no les resulta suficiente?
−Como ahora tenemos dos tercios, nos tratan de totalitarios, de autoritarios, de dictadores. ¿Qué culpa yo tengo si la gente nos apoya y tenemos dos tercios en todas las estructuras?

Tiempo Argentino, 8 de Agosto de 2010