por Alberto López Girondo | Mar 13, 2015 | Sin categoría
Tras el encendido discurso de Nicolás Maduro pidiendo poderes especiales para enfrentar la amenaza esbozada por el gobierno de Barack Obama, surgió un chisporroteo con la flamante administración frenteamplista en Uruguay. Un malentendido entre el presidente venezolano y el vice oriental, Raúl Sendic, sobre la injerencia estadounidense en el país bolivariano retrasó la reunión de cancilleres de la Unasur para tratar esa suerte de declaración de guerra estadounidense. El entuerto alentó esperanzas de quiebre entre los opositores a esta sólida unidad regional que se observa en la última década en el sur americano. El desafío es mantener el principio de asociación y no caer en la tentación que se les ofrece desde el establishment basado en Miami.
La controversia era sobre el cariz que cada uno le da a la intromisión de Estados Unidos en Venezuela. Como para aclarar las palabras que cuestionó Maduro por timoratas, bien que sin nombrar al hijo del mítico líder guerrillero tupamaro, el ex presidente y actual senador José Mujica señaló que no necesita mayores evidencias de la actitud estadounidense: «No necesito pruebas de que los norteamericanos se meten, ¡si se meten en todos lados! Acá estamos podridos de que se metan.»
Otro que salió a respaldar a Maduro fue el arzobispo de Caracas, Jorge Urosa. «Parece una exageración del gobierno norteamericano afirmar que Venezuela sea una amenaza para la seguridad interna de los Estados Unidos. Esa afirmación es inaceptable por las consecuencias que puede tener para todos los venezolanos, no solamente para el gobierno nacional.» El cardenal primado de Venezuela condenó que justo cuando Cuba y Estados Unidos abrieron un diálogo para normalizar sus relaciones diplomáticas, se tensen las relaciones entre Caracas y Washington. Y por una declaración del gobierno de Obama que Urosa no dudo en calificar de «deplorable».
Es bueno detenerse en el contexto en el que se despliega esta escalada belicista. El 10 y 11 de abril próximos se desarrollará en Panamá, la VII Cumbre de las Américas. La gran novedad de ese encuentro de mandatarios de países de la Organización de Estados Americanos será la asistencia de Cuba, por primera vez desde que fuera expulsada por presión de Estados Unidos en 1962. Antes, el miércoles que viene, la OEA deberá elegir a su nuevo secretario general, en remplazo del chileno José María Insulza.
El seguro remplazante será el uruguayo Luis Almagro, canciller durante la gestión de Mujica y gestor de una buena relación con la administración Obama, al punto que fue el encargado de llevar adelante la negociación para el traslado de presos de Guantánamo y también colaboró para abrir canales de diálogo entre La Habana y Washington.
Para tener una dimensión de lo que se juega conviene ver lo que piensan no en el Salón Oval sino entre los que le «pasan letra» acerca de la relación con América Latina. Y sin dudas uno de los más caracterizados voceros de la derecha proestadounidense es el argentino Andrés Oppenheimer, quien reside en ese país desde 1976 y editorializa desde el Miami Herald y el canal CNN hacia el resto del continente. En una columna que reprodujo el porteño La Nación, Oppenheimer fustiga a Almagro, pero sobre todo a los gobiernos, por no tener otros candidatos para ofrecer. Fundamentalmente porque para el autor de La hora final de Castro, un libro que en 1992 se pretendió premonitorio –sin éxito como demostró la historia– Almagro no es un personaje confiable para la OEA.
¿Lo ve poco apto para ocupar el cargo? Nada de eso. Se sincera el columnista que cuando lo consultó sobre si una vez electo pediría «la liberación de (Leopoldo) López y otros presos políticos venezolanos, como lo han hecho (…) Insulza y las Naciones Unidas», la respuesta lo sacó de eje. Almagro le dijo simplemente: «Nosotros hemos trabajado este tema en el marco de la Unasur (y) en el marco de la Unasur vamos a ajustar las variables.»
Y aquí viene lo sustancioso de alguien que vale la pena seguir por su «sinceridad brutal». Por un lado, Oppenheimer sostiene que «la OEA sigue siendo una institución más grande y potencialmente más importante que la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), un grupo que fue creado para excluir a los Estados Unidos y México de las decisiones regionales.» A continuación apunta que «la OEA tiene una Carta Democrática y una respetada Comisión de Derechos Humanos. Además, cuenta con más de una docena de agencias especializadas en drogas, seguridad ciudadana y educación», pero, reconoce, «en los últimos años, ha sido eclipsada por la Unasur en las principales crisis regionales».
Parte de esta argumentación es seguida por personeros de la derecha a pie juntillas. Sin embargo hay un par de cuestiones que explican por qué Unasur sí y la OEA no. Desde la ominosa expulsión de Cuba en 1962 en adelante, ningún golpe de Estado de los tantos que hubo en América Latina implicó una respuesta drástica en defensa de la democracia de ese organismo.
Es bueno recordar que las deliberaciones para la creación de la OEA –cuyo nacimiento se produjo en mayo de 1948 en Bogotá– son coincidentes con el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril, que desató el Bogotazo, un levantamiento popular que dejó un saldo de entre 500 y 3000 muertos por la represión, según las fuentes que se consulten. Son pocos los que creen en la casualidad de ambos acontecimientos, sobre todo porque según algunos historiadores, en la agenda de Gaitán para el día en que lo mataron figuraba una entrevista con un líder estudiantil cubano: Fidel Castro.
Hay analistas de sectores progresistas que no ven a Almagro con buenos ojos. Interpretan que su llegada a la Secretaría de la OEA forma parte de un acuerdo macro entre Montevideo y Washington que incluye no sólo el traslado de presos de Guantánamo sino un puente que a través del acercamiento Cuba –EE UU lime asperezas con el resto de la región, ostensiblemente opuesta a los pasos que da Obama y sobre todo su secretario de Estado.
Es que todavía resuena la frase de John Kerry ante el Congreso hace justo dos años, calificando a sus vecinos del sur como el «patio trasero» de Estados Unidos. Si a esto se agrega la declaración de Venezuela como «una amenaza para la seguridad nacional» no parece el mejor comienzo para una «bella amistad».
Puede entenderse que la afrenta del premier israelí Benjamin Netanyahu en el Capitolio fustigando la negociación por el plan nuclear con Irán haya golpeado en el orgullo del mandatario demócrata. También que aceptar el reingreso de Cuba puede herir susceptibilidades de los exiliados en Miami. Pero atacar a Venezuela en represalia suena a justificación infantil. El problema es que los halcones que se afilan los dientes para desgarrar el país bolivariano no son criaturas fastidiadas. La historia latinoamericana que detalló Maduro ante la Asamblea Nacional recuerda el carácter criminal de los golpistas.
La crítica de Oppenheimer a Almagro pasa por otro lado. «No estoy seguro de que la OEA podrá recuperar un rol de liderazgo con un secretario general según el cual la crisis de Venezuela deberá resolverse ‘en el marco de la Unasur'», dice el también autor de Cuentos chinos, de 2005.
Este sábado, en Quito, los 12 cancilleres de la Unasur buscarán consensos para armar una cumbre presidencial. El ecuatoriano Ricardo Patiño activó el encuentro frustrado en Montevideo desde su cuenta de Twitter, donde refrendó al «viejo luchador Eloy Alfaro», otro liberal asesinado, en 1912, quien decía que «en la demora está el peligro». Y sí, conviene apurar una reunión de mandatarios en la que se dará la formal respuesta que la mayoría de los presidentes ya expresó en forma individual.
Se sabe que Tabaré Vázquez no es Mujica, y que su canciller Rodolfo Nin Novoa tampoco es Almagro. Pero Montevideo, además de estrechar vínculos con Washington, quiere a Almagro en la OEA. Una respuesta contundente de la región podría ser no asistir al cónclave de Panamá. O, en su defecto, ir para armar lío, como pide el Papa Francisco. Maduro dijo que no va a tener problema en viajar, Cuba, por ahora, tampoco.
Las cartas están echadas, y el reconocimiento de que Unasur –una creación de Hugo Chávez– tiene peso en la región es, de por sí, un triunfo para los latinoamericanistas. Tal vez en el nerviosismo que genera esta certeza haya que buscar la grosera declaración de Obama. En el fondo puede que esta sea, en realidad, la verdadera amenaza que Venezuela entraña para Estados Unidos. Que le da sentido a la integración.
Tiempo Argentino
Marzo 13 de 2015
Ilustró Sócrates
por Alberto López Girondo | Feb 27, 2015 | Sin categoría
Momentos cruciales para América Latina. Si uno releyera textos publicados hace un par de años podría pensar que hablaban de otro mundo. Eran, aquellos, manifiestos de optimismo en torno del avance de la integración regional. Hoy, con los últimos acontecimientos en Venezuela, Brasil y Argentina, la realidad se manifiesta bastante más hostil.
Es que desde aquellos «años dorados» pasaron algunas cosas. Entre ellas que murieron Néstor Kirchner y Hugo Chávez, dos grandes motores de la integración, y Lula dejó el gobierno y optó por pasar a un segundo plano en ese aspecto. Además, habrá que reconocer que «ellos (la contra)» no estaban derrotados. Fue una batalla que perdieron, pero nadie pensaba que iban a entregar así nomás sus privilegios sólo porque las mayorías se imponen en las elecciones. No es su estilo, como la historia corrobora.
Mucho se avanzó en estos diez años, pero mucho también es lo que falta y en esta encrucijada del destino es bueno anotar algunos de esos puntos. El principal, sin dudas, es el de las creencias. Sería simplista considerar que todas las desventuras que padecen los gobiernos latinoamericanos en este momento obedecen solamente al rol de los medios concentrados. Es cierto que ellos abonan el pensamiento dominante, pero no es menos cierto que hay una enorme masa crítica que comparte esa visión del mundo. Porque vienen formateados desde la infancia por los sistemas educativos y comunicacionales. O porque esa forma de interpretar los valores los identifica.
Conviene recordar que los medios son empresas que defienden intereses, pero están hechos por personas que no solamente trabajan por el dinero a fin de mes. Pensar así implicaría desconocer que quienes no toleraron ese intercambio de dinero por dignidad ya se fueron de los grandes medios hace tiempo. Los que están es porque comparten con los dueños del medio esa perspectiva.
Tienen una misma posición con respecto a lo que las palabras Justicia, Libertad, República, Democracia y Derechos Humanos significan, por ejemplo. Y desde ese lugar expresan a una gran masa de la población, no sólo a sectores de las clases medias. Con todo lo que se avanzó en estos años, esa ideología imperante no pudo ser perforada en toda su dimensión. Cierto que se produjo una grieta –como admiten desde la vereda de enfrente– pero el cristal con que se mira no se quebró del todo como para que la sociedad en su conjunto dé el paso hacia otras concepciones sobre República, Democracia, Justicia, Derechos Humanos y Libertad. En lo que hace a las relaciones exteriores, hay un concepto que cuesta incorporar porque va precisamente en contra de la principal fortaleza neoliberal, que es el individualismo. Se trata de la integración regional.
Las fuerzas opositoras de Venezuela y Brasil son en su discurso especialmente críticos contra organismos de integración como el Mercosur. Si uno se deja llevar por sus discursos, ese organismo creado por gobiernos a los que no se puede catalogar de ultraizquierdistas, debería desaparecer. Como si la experiencia no demostrara que la integración es la mejor opción para que «no nos devoren los de afuera». Naciones con siglos de enfrentamientos como las europeas aprendieron la lección hace más de 50 años y a pesar de las dificultades actuales, son un buen ejemplo de lo que se logra si los vecinos marchan coordinados. Cuanto más si esos vecinos son «hermanos de placenta» como suele decir el todavía presidente uruguayo José Mujica. Porque a no engañarse, los de afuera son potencias imperiales como nunca ha conocido el planeta.
En el caso argentino, las figuras más relevantes de la oposición parecen inclinarse por un Mercosur remozado y con más acercamiento a la Alianza del Pacífico, la entidad creada para ponerle tope a la construcción atlántica de Argentina, Brasil y Venezuela. Sin embargo, cuando algunos de ellos presentan denuncias por acciones del gobierno nacional se apuran a amenazar con recurrir a la OEA, fundada al gusto de Estados Unidos al fin de la II Guerra. Ni pensar en ir a la Unasur o la Celac. Alguno de ellos incluso se ufana de haber pedido consejo en la embajada de los Estados Unidos y en la CIA sobre el mejor candidato para manejar la policía local. El problema es que lo hacen sabiendo que es una buena herramienta de marketing político. O sea que hay mucha gente que acompaña la idea de que es mejor acomodarse con Occidente que atreverse a transitar otros caminos, como hicieron los Libertadores de América.
Sucede que en estos años no solamente avanzó un proyecto de integración que logró subir al mismo bote a gobiernos de derecha y de izquierda de la región, como los que integran la AP y los de Mercosur. Afuera se fue configurando un mundo multipolar que más allá del deseo de la Casa Blanca y el Pentágono, –expresados en la Estrategia de Defensa Nacional que presentó Barack Obama a principios de este mes– no se va a detener. Podrán profundizar la línea de demonización del presidente ruso y de quienes lo sucedan en el futuro, como lo hacen con el chavismo. Pero en tanto China siga creciendo y se fortalezca la alianza Beijing-Moscú y el bloque de Rusia, India y China, que junto con Sudáfrica y Brasil integran el grupo BRICS, hay posibilidades para otro mundo posible.
Esos que añoran volver a las «alianzas tradicionales» en esta parte del mundo no deberían barrer debajo de la alfombra el hecho real y concreto que Europa a pesar de su unidad, y Estados Unidos, ya no son el centro de gravedad del mundo capitalista. Ese foco se desplazó a la región de Asia-Pacífico. No por nada Washington busca con tanto ahínco sellar un acuerdo con la UE para conformar un mercado común, luego de su fracaso en imponer el ALCA hace una década. Ellos comprendieron que es mejor negociar en conjunto que ir cada uno por su parte. Y son una potencia imperial…
En Venezuela la situación se fue poniendo especialmente violenta desde febrero del año pasado. Es innegable la participación de grupos especialmente entrenados en el golpe blando. Pero también hay un caldo de cultivo que permite el crecimiento de estrategias desestabilizadoras. Hay un problema en la economía y la provisión de mercaderías que afecta a grandes capas de la sociedad. Los sectores medios, parafraseando a Perón, quieren comer tortilla pero se niegan a aceptar que para eso «hay que romper algunos huevos». El planteo de pacificar el país y de abrir el diálogo con la oposición resulta peliagudo porque ningún privilegiado está dispuesto a renunciar a sus ventajas, y mucho menos cuando reciben todo el apoyo desde el exterior, como es el caso.
El martes un chico de 14 años fue asesinado por un policía de 23. Un hecho inadmisible en cualquier sociedad civilizada. El gobierno identificó de inmediato al autor y lo puso a disposición de la justicia. Eso no impidió que, ya demonizado desde que en 1999 ganó su primera elección, el chavismo apareciera en los medios como un «régimen criminal».
En las últimas semanas se conocieron varios casos de gatillo fácil en Estados Unidos contra mexicanos. El último caso fue el de un joven de 31 años nativo de Durango que murió baleado por agentes policiales en Gravepine, Texas. Diez días antes otro mexicano, de Michoacán, fue acribillado en Pasco, estado de Washington, por tres uniformados. El año pasado hubo revueltas en varios distritos por el homicidio de un joven negro en Ferguson, Missouri. El caso más dramático fue el 24 de noviembre en Cleveland, cuando policías blancos mataron a balazos a un chico de 12 años negro que portaba una pistola de juguete. No hubo denuncias contra el «régimen» vigente en la principal potencia mundial.
¿Es admisible que unos días antes del crimen del estudiante en Táchira el gobierno de Maduro haya detenido al alcalde metropolitano de Caracas, dos veces electo para ese cargo? Desde el punto de vista judicial es posible que sí, en vista de los antecedentes de Antonio Ledezma. Políticamente suena a una decisión errónea. En todo caso sería un buen tema para debatir en la Unasur, el organismo que debe entender en esas cuestiones entre los países latinoamericanos.
No son estos tiempos para ponerse nervioso. Como en esos partidos difíciles con el estadio en contra, hay que parar la pelota en el medio del campo, pensar la jugada y no dejarse atropellar. Como dijera Obdulio Varela, el mítico Negro Jefe, aquel caudillo uruguayo que se cargó al hombro el seleccionado oriental para llevarse por delante a punta de coraje a Brasil en el Maracanazo de 1950: «No miren para arriba (a la tribuna), el partido se juega abajo. Los de afuera son de palo.»
Tiempo Argentino
Febrero 27 de 2015
Ilustró Sócrates
por Alberto López Girondo | Feb 6, 2015 | Sin categoría
Hace justo un mes se aprobó en Beijing un plan quinquenal de cooperación entre China y los 33 países que integran la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) y se acordaron las bases para un nuevo encuentro en Chile dentro de tres años. Un puñado de presidentes latinoamericanos viajó para esta cumbre inusual en términos de diplomacia pero ilustrativa de los tiempos que se viven.
El encuentro había sido pactado seis meses antes en Brasilia y el consenso para su realización marchó en tiempo récord para este tipo de reuniones. Fue en este contexto que el ecuatoriano Rafael Correa firmó convenios de inversión con el gigante asiático por algo más de 5 mil millones de dólares y el venezolano Nicolás Maduro refrendó proyectos de cooperación y financiación por más de 20 mil millones de dólares en sectores energéticos, industriales y de desarrollo.
En ese foro, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), la mexicana Alicia Bárcena, recalcó la necesidad imperiosa de que la región trabaje «en una aproximación estratégica hacia China para conseguir mayores niveles de inversión extranjera directa china, especialmente dirigida a mejorar la infraestructura» con el objetivo de «promover la diversificación productiva y exportadora, y estimular alianzas empresariales sino-latinoamericanas». La titular del organismo creado en 1948 para el desarrollo latinoamericano no se ahorra palabras para señalar que en el marco de la crisis económica de los países occidentales, «el papel de China va a ser fundamental».
El presidente chino, Xi Jinping, auguró entonces que el comercio entre su país y los integrantes de la CELAC alcanzará en 2020 –dentro de apenas cinco años– los 500 mil millones de dólares, mientras las inversiones rondarán los 250 mil millones.
No debería resultar extraño con estos antecedentes que la mandataria argentina Cristina Fernández de Kirchner haya ido un poco más lejos al indicar en su gira por China que «se acabó el mundo unipolar; entramos en una nueva era de multipolaridad en la que las naciones emergentes desempeñan un papel cada vez más preponderante en los designios de la humanidad y en la construcción de un mundo más justo y BRICS, Mecsino que conforma una política de Estado. Esto es, de esas que quien la suceda en el sillón de Rivadavia, sea cual fuere el ganador de los comicios de octubre, debería mantener y profundizar.
Desde usinas opositoras y de la Unión Industrial Argentina (UIA) se encargaron de fustigar los acuerdos firmados alegando que temen peligros para la mano de obra local. Desde lo que podría denominarse «el club de los ex secretarios de Energía» criticaron la forma de contratación establecida para los proyectos relativos al área. El presidente de la Sociedad Rural, Luis Miguel Etchevehere, aprovechó para cuestionar la política oficial de retenciones, no sin reconocer que a China «año a año llega el 80% de las exportaciones argentinas de soja».
Lo cual plantea una contradicción importante: China beneficia a productores locales con su mercado impresionante al punto que todo el potencial local alcanzaría para alimentar 400 millones de personas, según la presidenta. Pero esa cantidad es menos del tercio de la población china y hay rubros en que los proveedores vernáculos no están en condiciones de satisfacer al demanda.
Los temores que expresan fuentes opositoras locales –ligados ideológicamente en su abrumadora mayoría al establishment de EE UU y Europa– tienen una base que los sectores más progresistas de la región no ignoran. El riesgo de que una gran potencia industrial ávida de alimentos y productos primarios se devore las ansias de desarrollo autónomo es real y atendible. Pero para eso se necesitan políticas consensuadas y de Estado. Y la oposición no está jugando ese mismo partido.
Cuando en la segunda mitad del siglo XIX las elites porteñas lograron el control total del país para comerciar sus ventajas comparativas con el Imperio Británico, fue en base a una guerra a sangre y fuego contra los caudillos del interior. No viene al caso recordar detalles que los lectores conocen. Fue entonces que se consolidaron las oligarquías regionales, ricas hasta la obscenidad en medio de la pobreza generalizada.
Ahora, los sucesores de esas mismas oligarquías –que no pararon de ganar dinero en estos años de acercamiento regional a China– son los mismos que en cada país denostan las políticas oficiales en este nuevo escenario de retracción de la potencia dominante y de empoderamiento de nuevos jugadores globales, como los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), la CELAC y el propio Mercosur.
Según un reporte del banco suizo UBS AG correspondiente al año 2014, Bolivia tiene 40 nuevos ricos –245 en total– y Ecuador tiene en esta lista de los que tienen un patrimonio de más de 30 millones de dólares, a 280 personas. Esta nómina de supermillonarios está encabezada en América latina por Brasil, con 4225 señores que atesoran unos 820 milmillones de dólares.
Argentina es el tercero, con 1185 individuos (75 más que en 2013) que juntan un total de 160 mil millones de dólares, suficientes para dejar la deuda externa en cero. Paraguay, uno de los estadísticamente más pobres del continente, tiene 190 mega-ricos con 25 mil millones de dólares.
Venezuela, acosada por desabastecimiento al punto que el presidente Maduro debió procesar a varios empresarios, quejosos de falta de rentabilidad por las medidas de control del chavismo, tiene 450 acaudalados (15 más), que suman riquezas por 60 mil millones, de acuerdo al «World Ultra Weath Report” (http://www.wealthx.com/home/, hay que loguearse pero se baja gratis).
En el total, los que tienen más de «30 palos verdes» en la región suman 14.805 y acumulan unos 2225 billones de dólares, un 4,6% y un 5,5 % más respectivamente que en 2013. La cifra es más contundente si sólo se toman los «billonarios», o sea, los que tienen más de mil millones. Apunta el estudio del UBS AG que en América Latina hay 153 personas dentro de esa categoría, con 511 mil millones de dólares en capital. Son 42 (un 37%), más que hace un año y crecieron económicamente un 3% en ese lapso, el doble que el PBI regional, por cierto. ¿Cuánta de esa riqueza que no para de incrementarse es por negocios con China? Difícil estimarlo, sin embargo ideológicamente la mayoría de las entidades empresariales y de medios sostienen un discurso en contrario.
Una de las razones para el rechazo verbal es la presión de los centros de poder occidental sobre el gigante asiático, al que si bien todavía no lo ponen al nivel del «eje del mal» Rusia o Venezuela, ya comienzan a anotarle, sobre todo en Europa, señales de alarma.
En tal sentido, un libro de reciente aparición escrito por Michael Pillsbury, un experto que asesoró a todas las administraciones estadounidenses desde Richard Nixon a esta parte, marcará tendencia. En The Hundred year Marathon (La maratón de los cien años), Pillbury sostiene que en 1955 Mao Zedong lanzó un programa secreto para desplazar a Estados Unidos como potencia mundial para 2049, cuando se cumpla un siglo de la Revolución China. Pillsbury está convencido de que las agencias de inteligencia de EE UU. subestimaron la influencia de los chinos y «siguen obviando su poder e influencia».
El detalle es que tras la muerte de Mao, en 1976, China dio un giro copernicano en su economía y Deng Xiaoping dio inicio en 1979 al proceso de apertura que devino en esta potencia gobernada por un Partido Comunista pero con premisas económicas de cuño capitalista.
Ese giro al gusto de los poderosos del mundo colocó al gigante asiático al tope de los destinos para la inversión global. El total de inversiones directas en 2014 trepó a 127,6 mil millones de dólares, un 3% más que un año antes, mientras que durante ese año bajaron las inversiones en Estados Unidos de 230,8 mil millones a 86 mil millones.
El riesgo de generar condiciones para un neocolonialismo no sólo en Argentina sino en el resto de la región es cierto, más allá de las intenciones de la dirigencia china (business are business, después de todo). Por eso es necesaria una política de Estado y el apoyo de todos los actores involucrados. Para que no sólo los más ricos se lleven las ganancias.
Tiempo Argentino
Febrero 6 de 2015
por Alberto López Girondo | Dic 19, 2014 | Sin categoría
En política internacional –al igual que en la vida en general, aunque esto es más discutible– conviene no creer que las casualidades existen. Durante las últimas semanas fueron corriendo en paralelo un puñado de situaciones que no podrían asociarse al azar. Por un lado, la crisis en la frontera rusa fue generando una serie de sanciones contra el gobierno de Vladimir Putin, al que se acusa de intentar rehacer el imperio zarista. Mientras tanto, persiste el acoso al gobierno de Nicolás Maduro, que también fue sancionado por la administración de Barack Obama por lo que considera una violación de los Derechos Humanos.
En otro tablero de esta partida de ajedrez, el precio del petróleo se seguía desplomando en una operación de la que no es ajena la Casa Blanca, principal apoyo político y militar de Arabia Saudita. Es que la Organización de Países Productores de Petróleo, OPEP, fundada en 1960 a instancias del gobierno venezolano de Rómulo Betancourt, no pudo acordar una reducción en la producción del crudo ante la negativa del reino saudí. Integrada, entre otros, por venezolanos y saudíes, la OPEP cuenta entre sus miembros a países como Libia, Irak, Irán, Ecuador y Nigeria. En 1973, la organización fue clave en la crisis del petróleo que disparó los precios en boca de refinería al doble.
A pesar de las diferencias ideológicas y económicas, durante décadas hubo marcos para el acuerdo entre un rey Abdalá bin Abdelaziz en Riad con un Saddam Hussein en Bagdad, Muhammad Khadafi en Trípoli, los ayatolás en Teherán y hasta un Hugo Chávez en Caracas. Esta vez, la negativa de Arabia Saudita a disminuir la extracción para que los precios no caigan le dio un golpe mortal a la propuesta encabezada por el presidente Nicolás Maduro. La propuesta funcionaría si todos se pliegan, si de las arenas saudíes sigue fluyendo el líquido, además de que no se evitaría la caída se reducirían aún más los precios del principal ingreso venezolano.
Como se entiende, la jugada también perjudica a Irán, Libia e Irak. Pero sucede que en estos dos últimos países hay grupos irregulares (como el EI en el caso iraquí) que venden por su cuenta y sin intervención de ningún Estado establecido. Pero este escenario golpea sobremanera a Rusia, que no integra la OPEP pero es el tercer productor mundial y obtiene del oro negro su principal ingreso, junto con el gas, también devaluado por la caída de precios.
Circula la idea de que la baja tiene como objetivo lesionar el naciente negocio del fracking, con lo cual resultaría a salvo la sospecha sobre Estados Unidos, que se coló entre los top ten productivos precisamente a través de esta nueva técnica en territorio propio. Pero no parece un buen argumento puntual: cualquier dumping es inicialmente una pérdida para el que lo realiza, pero con suficientes espaldas, a la larga destruye a los competidores. Nadie duda del aguante que tiene quien maneje la maquinita de fabricar dólares.
Y aquí viene la otra cuestión: ayer Putin tuvo que salir a señalar que los rusos deberán soportar dos años de crisis por la debacle de la economía. El rublo se desplomó un 30% en lo que va del mes y como el mandatario explicó, la poco diversificada economía de ese país impide evitar una caída semejante porque muchos productos que se podrían elaborar en Rusia deben importarse, y en moneda dura. Para Putin, las sanciones son responsables de esta crisis en parte, y otra parte lo es el derrumbe del precio del petróleo.
La economía venezolana también sufre el embate de esta pérdida en su principal activo, que es el crudo. Hay otro país que hace fuerza por ingresar a las grandes ligas de productores y que sufre las consecuencias de otra crisis que afecta a su empresa de bandera. En Brasil arreciaron estos días las denuncias por corrupción en Petrobras que amenaza a funcionarios del gobierno, opositores y empresarios privados y además, arrastraron a la baja sus acciones a un nivel histórico, a pesar de los yacimientos marinos que multiplicaron sus reservas en los últimos años.
Tras la derrota electoral de los demócratas en la elección de medio término de noviembre pasado, el gobierno de Obama intentó quitarse de encima la resaca a las apuradas. La iniciativa de legalizar a millones de inmigrantes indocumentados fue una, rechazada por la oposición republicana. Los medios más influyentes, léase The New York Times en primer lugar, venían insistiendo en el carácter retrógrado de mantener el bloqueo económico a Cuba, mientras denunciaban operaciones encubiertas a través de la USAID para desestabilizar al gobierno de la revolución.
La frutilla del postre parecía el informe del Senado –todavía controlado por los demócratas– sobre las bárbaras torturas cometidas por la CIA en cárceles ilegales e incluso en Guantánamo. Desde esa base en la isla de Cuba salieron seis presos con rumbo a Montevideo, en el marco de un acuerdo con el gobierno de José Mujica para encontrar dónde llevar a acusados de terrorismo nunca juzgados ni condenados por los delitos por los que estuvieron detenidos. Pero faltaba algo más.
Mujica había pedido a cambio de aceptar a los presos de Guantánamo un gesto de Obama para levantar las sanciones a Cuba, que ya llevan 53 años de vigencia. Parecía un pedido que caería en saco roto. Pero inesperadamente el miércoles, en ¿coincidencia? con el cumpleaños de Jorge Bergoglio y con la sesión en la capital entrerriana de los presidentes del Mercosur, Obama y Raúl Castro anunciaron un intercambio de presos y la apertura de negociaciones para reanudar las relaciones diplomáticas, suspendidas cuando Fidel Castro declaró que Cuba marchaba al socialismo. Por la misma fecha en que un grupo de aventureros con apoyo de la CIA intentaba una invasión a la isla en Playa Girón.
«Estos 50 años de aislamiento no han funcionado, es momento de cambiar de postura. No creo que debamos de hacer lo mismo durante otras cinco décadas y esperar un resultado distinto», dijo Obama en su discurso. Fue una de las tantas frases con las que trató de edulcorar el fracaso de este medio siglo. La política que buscaba aislar a Cuba, reconoció el inquilino de la Casa Blanca, terminó por aislar a Estados Unidos. Las últimas votaciones en la ONU para levantar el bloqueo –188 a favor de Cuba y dos a favor de Estados Unidos– son la prueba más evidente, analizó Obama.
La reunión presidencial de Paraná estalló en alegría. Era un triunfo no solo de los cubanos, que resistieron las peores presiones durante más de cinco décadas, sino de los latinoamericanos, que cada uno a su manera fueron desandando un camino sinuoso iniciado durante los años 60 por dirigencias teñidas de un anticomunismo cerril cuando no de una obsecuencia venal con los mandatos de Washington.
Pero la cumbre del Mercosur no olvidó tras este gesto arriesgado de Obama –los anticastristas antediluvianos abundan en Estados Unidos– de rechazar las sanciones que paralelamente su administración había aprobado contra Venezuela.
Para Cuba se inicia un período de expectativas favorables. La reapertura de relaciones permitirá despejar un flujo de inversiones latentes que se demoraban por las restricciones y las sanciones establecidas en el paquete de leyes que sustentan el bloqueo, y que castigan también a terceros países que negocien con la isla.
Castro aleccionó en su discurso sobre la necesidad de aprender «el arte de la convivencia» entre naciones con perspectivas y sistemas diferentes. Y le aclaró a Obama que lo principal, que es el bloqueo, no está resuelto. Y que tiene cómo sortear lo que seguramente será un rechazo del congreso republicano a levantar la cincuentenaria medida, algo sobre lo que el presidente estadounidense ya había anunciado avances.
Los demócratas, en tanto, despejan el camino hacia la posibilidad de un nuevo período demócrata, en las elecciones de 2016. Con un tercer Bush en la gatera –Jeff, ex gobernador de Florida– el camino de Hillary Clinton suena menos dificultoso Obama cumple con promesas hechas a la comunidad hispana en su campaña. No cerró Guantánamo, pero fue liberando presos. No levantó el bloqueo, pero fue quien más avanzó en ese sendero. No logro una ley de inmigración, pero facilitó la legalización.
Al mismo tiempo, libera tensiones en el agitado «patio trasero» latinoamericano en vista de los frentes abiertos en Ucrania, Siria, Irak e Irán. No conviene creer que una potencia es capaz de dar una puntada sin nudo y menos si un discurso presidencial termina con un «todos somos americanos». En castellano.
Tiempo Argentino
Diciembre 19 de 2014
Ilustró Sócrates
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