Seleccionar página
Temer facilita el trabajo esclavo en Brasil

Temer facilita el trabajo esclavo en Brasil

Luego de la retrógrada reforma laboral de julio pasado, el gobierno brasileño limita la publicación de la «lista sucia», donde se anotan los empleadores esclavistas, bucrocratiza las denuncias y modifica la definición de «trabajo esclavo» para beneficiar a los latifundistas.

El ataque del gobierno de Michel Temer a las conquistas sociales en Brasil generó ahora una nota de queja de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) por la publicación en el boletín oficial de ese país de un decreto que elimina controles y modifica sustancialmente las normas para el combate del trabajo esclavo.

A partir de la publicación del DNU en el Diario Oficial de la Unión, la divulgación de la “lista sucia” de empresas y personas que se aprovechan del trabajo esclavo ya no dependerá de las oficinas técnicas del ministerio del Trabajo sino del ministro en persona, lo que deja en manos de los intereses particulares de un funcionario político lo que hacía un equipo de profesionales.

Pero además, cambian las reglas para la denuncia de casos de esclavitud: lo que antes se hacía con un informe de un auditor de la División de Fiscalización para la Erradicación del Trabajo Esclavo (Detrae), ahora debe pasar por una presentación en sede policial. Si se tiene en cuenta de que gran parte de la explotación esclavista se hace en grandes extensiones agropecuarias, es fácil entender los riesgos para cualquiera que quiera hacer denuncias en un país donde en un cuarto de siglo fueron asesinados más de 1.500 líderes campesinos.

Por si esto fuera poco, el gobierno cambia la definición de lo que es trabajo esclavo, una forma de blanquear cierto tipo de formas de explotación fuera de los usos internacionales que toma en cuenta la OIT y el Código Penal brasileño.

Ahora solo será considerado trabajo esclavo si se verifican amenazas de castigo, restricción de transporte para retener al empleado, uso de un vigilante armado y retención de documentación personal. Estos cambios preocuparon primero a los funcionarios que se encargaban de la tarea y la a dirigencia política ligada a la defensa de los derechos laborales.

Es precisamente ese es un tema que forma parte del ADN del gobierno destituido en agosto del año pasado por un congreso aliado con Temer. Y en ese parlamento, el Partido de los Trabajadores estaba en minoría mientras que alrededor del 40% de los legisladores pertenecían a la clase terrateniente, lo que la hace proclive a dictar leyes que benefician sus intereses y liberar a sus faltas. Incluso el ministro de Agricultura del gabinete Temer, Blairo Maggi, es uno de los reyes del agronegocio brasileño.

Además, y como para que no queden dudas de esta modificación es a favor de los que más tienen, fue despedido André Reston, jefe de la agencia de combate al trabajo esclavo, el funcionario a cargo de elaborar la llamada «lista sucia».

Suciedades anónimas

La “lista sucia” es un registro creado en 2003 para anotar los nombres de los empleadores denunciados por tener en su plantilla a trabajadores en condiciones de esclavitud.

Fue el corolario de una política de estado en el combate contra la superexplotación laboral que venía desde las dos gestiones de Fernando Henrique Cardoso y que Lula da Silva, como dirigente sindical, no podía sino fortalecer. Así, entre 1995 y 2016 fueron liberadas del trabajo esclavo cerca de 50.000 personas en todo el país.

En el campo la situación se complica porque los trabajadores están virtualmente presos en los latifundios y sin posibilidades de escape. En 2014, la Corte Suprema suspendió la publicación de la lista, ante presiones y presentaciones de los empresarios involucrados, muchos de ellos a la sazón representantes legislativos, alegando que era una medida inconstitucional.

El gobierno de Dilma introdujo la Lista Sucia en la Ley de Acceso a la Información para hacerla pública. Pero, contradicciones de su gobierno, Katia Abreu, senadora por Tocanstins, fue designada ministro de Agricultura en 2015 siendo una de las terratenientes más grandes del país. Y había sido ella en persona, cuentan las crónicas, quien acudió a la Corte para evitar la difusión de los nombre de los esclavistas, ya que entre ellos estaban sus dos hermanos, Andre Luiz Abreu y Luiz Alfredo de Feresin Abreu.

Pero por supuesto que la familia Abreu no es la única involucrada en este tipo de violación a los derechos laborales.

En diciembre del año pasado, la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos condenó al estado brasileño por no prevenir el trabajo esclavo ni el tráfico de personas. La sentencia obligó al pago de 4,7 millones de dólares a 128 víctimas rescatadas en la Hacienda Brasil Verde, un latifundio ubicado en el estado de Pará, entre 1989 y 2002.

Trampa semántica

Según la reforma laboral que había dictado Temer en julio pasado -y que en este lado de la frontera quiere emular el gobierno de Mauricio Macri- “empleado rural es toda persona física que, en propiedad rural o edificio rústico, presta servicios de naturaleza no eventual a empleador rural o agroindustrial, bajo dependencia y subordinación a este y mediante salario o remuneración de cualquier especie”.

Este artilugio leguleyo, permite al empleador pagar el salario con dinero o, como era usual en Argentina en las explotaciones del siglo XX y relataban películas como Las aguas bajan turbias, de Hugo del Carril, en especie o mediante la entrega de mercadería en el almacén del propietario de la hacienda.

Sin embargo, no solo en el campo se produce en condiciones de explotación laboral. La industria textil es uno de los rubros donde resulta más extendido el trabajo esclavo. En este caso, el agravante es que se trata de extranjeros venidos de Bolivia o Perú.

Hace unos meses, en mayo, salió el fallo que condena a la española Inditex, que fabrica bajo el nombre más conocido y popular de Zara, a una multa de 5 millones de reales, unos 1,5 millones de dólares, luego de que unos 15 trabajadores fueron rescatados de un taller paulista en 2011 por Ministerio Público del Trabajo (MPT).

También hay involucradas otras multinacionales, como la suiza Nestlé, o la holandesa Jacobs Douwe Egberts, que juntas controlan el 40% de las ventas de café en todo el mundo.

Ni qué decir de la construcción, donde el propio gobierno federal terminó acusado tras una investigación del Ministerio de Trabajo que detectó que una empresa contratada para construir viviendas populares dentro el programa Minha Casa, Minha Vida, mantenía a 118 trabajadores en condiciones de esclavitud en la ciudad de Macaé, en el estado de Río de Janeiro.

La firma, MRV, ya había sido condenada en 2013 a una multa de 6,7 millones de reales por mantener a 63 trabajadores esclavos en una obra del mismo programa en San Pablo.

Tiempo Argentino
Octubre 18 de 2017

Lula reúne adhesiones en el nordeste mientras aceleran las causas en su contra

Lula reúne adhesiones en el nordeste mientras aceleran las causas en su contra

La foto es de Ricardo Stuckert para el Instituto Lula

En Brasil se desató una carrera contra el tiempo y a esta hora es difícil prever quién cruzará primero la bandera a cuadros. O incluso quienes llegarán. Por lo pronto, el ex presidente Lula da Silva inició una gira para darse un baño de pueblo por el Nordeste en una Caravana que lo llevará de Bahía a Maranhao. Mientras tanto, el poder judicial, normalmente reacio a los apurones, esta vez batió un récord al abrir un expediente de segunda instancia en apenas 42 días. Cuando el juez Sergio Moro lo condenó a nueve años y medio de prisión por la presunta compra irregular de un departamento en Guarujá, se especuló con que no daban los tiempos para tener una sentencia firme que impediría su candidatura en 2018. Pero la justicia brasileña parece también interesada en no dejar que avance la incertidumbre en vista de que Lula sigue cosechando el fervor de sus votantes en los rincones más empobrecidos de Brasil. Simultáneamente, el presidente de facto Michel Temer también puso sexta velocidad en su proyecto privatizador neoliberal (ver aparte), cosa de que si no hay forma de evitar el regreso de Lula al Planalto, tenga las manos atadas para volver a políticas populistas.

En su recorrida por el territorio amigo del Nordeste, su tierra de nacimiento, Lula tuvo algunas frases destacadas que merecen recordarse. Como esa con que calificó a Temer de «marido que no trabaja y vende las cosas de la casa». Quizás fue que su llegada a Pernambuco, el estado al que pertenece el pueblo de Caetés, donde nació hace casi 72 años, le haya traído remembranzas de su propia niñez: séptimo hijo de un matrimonio de labradores, su padre se fue de la casa cuando él era un bebé y no lo conoció sino a sus cinco años. Su madre crió a los siete niños prácticamente sola y emprendió con ellos una caravana desesperada hacia San Pablo para salir de la miseria. En esto, Lula es un fiel representante de un drama que cotidianamente viven millones de personas en el mundo y quienes lo escuchan en los actos que viene realizando en esa región lo saben, por eso esperan su vuelta a la presidencia. Por eso despierta el rechazo de las élites políticas, judiciales y hasta mediáticas.

Lula tuvo otras definiciones en su recorrida, que ya lo llevó por 15 ciudades pero espera completar el 5 de septiembre en Sao Luis, estado de Maranhao, luego de visitar 28 ciudades de nueve estados. No es la primera vez que el ex tornero mecánico sale a las rutas para darse «un baño de pueblo». Entre 1993 y 1996, en sus primeros intentos por ser presidente, recorrió con sus «Caravanas de la Ciudadanía» 359 ciudades brasileñas.

Mientras, tanto, el 4º Tribunal Regional Federal, con sede en Porto Alegre, inició el miércoles la tramitación del recurso de segunda instancia en el proceso por corrupción por la presunta transferencia de un dúplex en Guarujá. El 12 de julio, el juez de Paraná Sergio Moro había condenado a Lula pero no lo mandó tras las rejas porque le dio la oportunidad de defenderse en libertad. Los abogados y el mismo ex mandatario insisten en que no le mostraron pruebas del supuesto delito, que hay una persecución judicial y que el magistrado solo se guió por indicios.

Si Lula es encontrado también culpable por este tribunal, se complica su posibilidad de presentarse como candidato a una nueva ronda presidencial en octubre de 2018. Señalan los expertos en estos trámites leguleyos que en ese mismo distrito judicial el promedio en casos similares es de 96 días pero que la resolución llega normalmente no antes de los 182 días. Todo indica que esta vez la intención es terminar con el caso cuanto antes y según la interpretación del entorno del ex dirigente gremial, lo quieren sacar del medio porque es el único que puede impedir que se consume el proyecto neoliberal que se impuso desde la destitución de Dilma Rousseff, su sucesora, hace justo un año.

Desde esas tribunas populares y populosas, el fundador del Partido de los Trabajadores (PT), insiste en que si gana en 2018 -y las encuestas no dudan de esa posibilidad hoy día- va a anular las reformas de Temer. Entre ellas la nueva ley laboral que echa atrás con leyes instauradas por Getulio Vargas hace tres cuartos de siglo.

Pero no todas fueron rosas, y Da Silva tuvo que enfrentar no pocas críticas cuando enPenedo, en el estado de Alagoas, luego de reunirse con pobladores indígenas, y campesinos de las principales comunidades locales, se abrazó con el senador RenánCalheiros, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), agrupación con la que se alió para llegar al gobierno en 2003 pero que finalmente tumbó a Dilma en 2016. De hecho, Temer es el presidente del PMDB y Calheiros fue clave para el golpe institucional, hasta que cayó en desgracia por la investigación de la causa Lava Jato.

Es cierto que el hombre es senador por el estado que visitaba y el hijo, Renán Junior es el gobernador. Pero Lula fue más lejos que esa cuestión meramente protocolar. «Renan puede tener todos los defectos, pero Renan me ayudó a gobernar este país; yo soy de la opinión de que todo el mundo es inocente hasta que se pruebe lo contrario», dijo a radio Universitaria de Pernambuco, para rematar: «Lo que quiero para mí lo tengo que querer para los otros también, (y además) cuando un partido como el PT busca esas alianzas es porque ve con claridad que solo no gana las elecciones, y si las gana no puede gobernar si no tiene mayoría en el Congreso». En resumen, que «la hipótesis más soñada» es que la izquierda tenga votos suficientes para no tener que ponerse un broche en la nariz antes de ir a las urnas. «pero esa no es la realidad del Brasil de hoy».

El PT no es el único que mira el 2018 con ansiedad y en el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) ya mueven sus fichas el alcalde de San Pablo, Joao Doria, quien asumió el cargo el 1 de enero pasado, y el gobernador estadual Geraldo Alckmin. Doria es presentado como el paladín de la nueva política, es empresario y recuerda a Donald Trump. Incluso condujo en la televisión paulista el programa El Aprendiz, que catapultó a la fama al actual presidente estadounidense.

Por la derecha más retrógrada tiene aspiraciones el ex militar Jair Bolsonaro. Además, el partido Laborista Nacional de Brasil ahora se hace llamar Podemos. Pero no porque adhieran al partido español sino porque se dicen seguidores de Barack Obama y de su latiguillo Yes, We Can.

Tiempo Argentino
Agosto 27 de 2017

El hombre de las cavernas que podría gobernar Brasil

El hombre de las cavernas que podría gobernar Brasil

El principal contrincante de Lula da Silva para las elecciones presidenciales de 2018 es un ex militar de ideas cercanas al neonazismo, que reivindica la tortura y fue condenado a pagar una multa a una diputada del PT de la que dijo que “no merecía ser violada”. Jair Messias Bolsonaro, que obtendría un cuarto de los votos en una eventual votación y disputaría el balotaje con el ex presidente brasileño, suele hacer comentarios de corte medieval en sus redes sociales pero logra al mismo tiempo ponerse al margen de las disputas en torno al Lava Jato, lo que para muchos sectores sociales es garantía de anticorrupción.

Bolsonaro trascendió las fronteras brasileñas cuando comenzó el juicio político contra Dilma Rousseff al dedicar el voto por su separación del cargo al coronel Carlos Brilhante Ustra, el sádico personaje de la dictadura militar que gobernó el país entre 1964 y 1985 y que se ufanaba de haber torturado a la joven Dilma, por entonces militante de un grupo guerrillero.

Desde las redes sociales, que aprovecha al máximo –tiene cuatro millones de seguidores en Facebook, sin ir más lejos-, este ex capitán de paracaidistas de 62 años que fue arrestado en 1986 bajo el cargo de haber planeado la colocación de un artefacto explosivo en un cuartel del ejército en Río de Janeiro, acostumbra despotricar contra lo que considera un “legado comunista”, como las políticas implementadas por el PT desde que llegó al gobierno, en 2003.

Tuvo otras intervenciones provocativas que levantaron críticas a granel, según recopiló el periodista “gaúcho” Pedro Henrique Leal. Como cuando dijo que el ex presidente Fernando Henrique Cardoso debería ser “fusilado en una plaza pública”. O como cuando llamó “animales” a los activistas negros y por tanto, pidió que regresen “al zoológico”. En esa misma línea, llegó a tildar a refugiados haitianos, africanos y de Oriente Medio que pidieron asilo en Brasil de ser “la escoria de la humanidad” y considerar que el ejército debería “encargarse de ellos”.

Por si fuera poco, reveló su homofobia extrema cuando dijo que los homosexuales tienen esa preferencia sexual por “no haber recibido suficientes palizas”. Padre de tres hijos que ya comenzaron sus respectivas carreras políticas, dijo en consecuencia que no estaba preocupado por posibles desviaciones de sus vástagos (como salir con mujeres afrodescendientes o ser gay”, porque les dio “una educación adecuada”.

Sin pelos en la lengua, como se dice –aunque en su caso con gruesa pelambre en todo el cuerpo por su inaudito “gorilismo”- sostiene que si cometieron un error los militares que protagonizaron las más cruentas dictaduras en la historia latinoamericana en los 70 fue “no haber matado a suficientes personas”. Sobre todo, a militantes y simpatizantes de sectores de izquierda, a los que califica, sin distinciones, como comunistas.

Para combatir el delito y las costumbres que considera desviadas tanto en lo sexual como en lo político, propone aplicar mano durísima. Lo que incluye autorizar el uso de armas, a la manera de la sociedad estadounidense.

Por lo pronto, una de sus bravuconadas le costará algo más de tres mil dólares. La causa fue refrendada en segunda instancia por la Tercera Sala del Superior Tribunal de Justicia brasileño, que ratificó por unanimidad la condena en una causa promovida por la diputada del Partido de los Trabajadores María do Rosario Nunes.

Hace tres años, en un discurso en la Cámara de Diputados, Bolsonaro tuvo y fuerte cruce con la legisladora, que condenaba las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen militar. Despectivo, como siempre, el entonces representante del Partido Social Cristiano espetó: «No la voy a violar porque ni eso merece».

No contento con el revuelo que levantó, en una entrevista posterior al diario Zero Hora insistió: «Ella no lo merece porque es muy mala, muy fea; no califica para mi gusto. Jamás la violaría. No soy violador, pero si lo fuese, no la violaría porque no lo merece».

Lo llamativo y al mismo tiempo peligroso, desde otra perspectiva, es que Bolsonaro -que ya anunció su postulación a presidente con una nueva agrupación política, Partido Ecologista Nacional (PEN)- según una última encuesta del instituto DataPoder360 sigue creciendo en las preferencias del electorado brasileño y ya araña el 25 % de voluntades. Lula, condenado el mes pasado por el juez Sergio Moro en una causa por la supuesta compra de un departamento en Guarujá, también creció y ronda el 32 % del electorado. Lo que implica que si las elecciones fueran hoy, el ex metalúrgico y el ex paracaidista irían a segunda vuelta.

Cierto es que Bolsonaro no está implicado en los escándalos que sacuden a la política brasileña, lo que quizás le granjee la simpatía de sectores sociales hastiados de las denuncias de corrupción.

El riesgo es que este personaje salido de las cavernas estaría a las puertas de gobernar la mayor economía de América Latina, con lo que esto implica para el resto de los países de la región.

Tiempo Argentino
Agosto 17 de 2017

 

Marco Aurelio García: «El lulismo juega un rol parecido al del peronismo en la memoria de la sociedad»

Marco Aurelio García: «El lulismo juega un rol parecido al del peronismo en la memoria de la sociedad»

Foto: Soledad Quiroga

Asesor en política internacional de los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, Marco Aurelio García es uno de los fundadores del PT y uno de los máximos referentes de la izquierda regional. Exiliado durante la dictadura militar en Chile y luego Francia, conoce al dedillo lo que ocurre en esta parte del mundo. Por eso no extraña que use sin equivocaciones términos bien porteños como «despelote total» o «ir en cana». De eso habla en esta entrevista con Tiempo, a su paso por Buenos Aires, donde dio una conferencia organizada por Le Monde Diplomatique y la Universidad Nacional de San Martin (UNSAM)

–Desde Argentina siempre se vio a Itamaraty como un modelo de diplomacia decidida a convertir a Brasil en una potencia mundial. Se vio con la conformación de los BRICS, el planteo de tener un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ahora parece haber dado un vuelco. ¿Comparte esta perspectiva?

–Es un poco verdad. Hoy día, en primer lugar los ministros ya no son de carrera, son políticos; y en segundo lugar, el primer canciller (de Michel Temer, José) Serra, llenó de los suyos a Itamaraty, que no permite funcionarios que no sean de carrera. Serra estaba tratando de transformar a la cancillería en un comité electoral en una supuesta candidatura a la presidencia. Lo más interesante ahora es que grandes decisiones en política internacional que Brasil está tomando no son tomadas por Itamaraty sino por los equipos económicos o la Casa Civil (Jefatura de Gabinete). Una de ellas es el ingreso en la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Es un tema que viene de nuestra época y había mucha resistencia porque implicará compromisos que van a pesar mucho en el futuro de la política externa. Lo mismo ocurre con el ingreso al Club de París. En los dos casos había resistencia de Itamaraty pero les quitaron la decisión, o como nosotros decimos: bateram carteira (punguearon). Además ahora crearon un grupo también contrario a la política de Itamaraty en la Secretaría de Asuntos Estratégicos. Yo creo que hay un despelote total.

–¿Hay ahora un renunciamiento a ese rol de liderazgo que viene incluso desde la época imperial?

–Siempre en Itamaraty hubo dos tendencias. Una decía que no debía tener aspiraciones de ir más allá de la región. Eso fue claro en el gobierno de (Fernando Henrique) Cardoso, cuando el canciller (Luiz Felipe) Lampreia decía «nosotros no podemos subir mas allá de nuestros zapatos». Otros sectores, que básicamente estaban liderados por (Celso) Amorim (canciller con Itamar Franco y luego con Lula y titular de Defensa con Dilma), planteaban que además de los compromisos más fuertes con América del Sur, Brasil podía tener un rol internacional más amplio, sobre todo en un mundo en cambios muy importantes de los que creo que las autoridades actuales no tienen la menor idea. Ahora dicen que ese intento de acuerdo sobre el plan nuclear con Irán (de 2010, junto con Turquía) fue un absurdo. Algunos dicen que fracasó la política exterior brasileña porque no se consiguió el asiento en el Consejo de Seguridad. Lo mismo se podría decir entonces de la política exterior de India, Japón y Alemania, porque éramos los cuatro que estábamos buscando un asiento permanente como los que tienen China, Rusia, EE UU, Francia y Gran Bretaña. Tuvimos también un peso importante en el G20. Yo creo que eso estaba muy vinculado a que estábamos en transformaciones muy importantes. Brasil era visto como un país con profunda desigualdad e inestabilidad económica y nosotros conseguimos reducir esa desigualdad dentro de un régimen democrático, con derechos plenamente garantizados con la oposición, tanto que dieron un golpe parlamentario. Eso nos dio una credibilidad muy fuerte, mas allá de un hecho que no puede ser soslayado como que Lula era una personalidad fuerte que impulsaba un liderazgo fuerte. Ahora tienen un gobierno con una situación económica pésima, una situación social en regresión y un liderazgo de una mediocridad impresionante en un país hundido en la crisis política y la corrupción. Es muy difícil así tener un peso internacional más significativo.

–Da la impresión, como decimos nosotros, «con el diario del lunes», de que el PT cayó en la trampa de creer que se podía gobernar con estos sectores de la derecha.

–Siempre tuvimos conciencia de eso, pero fuimos impotentes para cambiar el sistema político brasileño. Otros países lo hicieron, con correlaciones de fuerza distintas que las nuestras. Ecuador, Bolivia, incluso Venezuela, hicieron una refundación institucional con democracia, elecciones. Nosotros quedamos prisioneros de una institucionalidad que, más allá de algunas conquistas en el ámbito de políticas sociales, mantenía perversiones políticas muy grandes. La principal es eso que se llama «presidencialismo de coalición». Tú logras una mayoría extraordinaria en la presidencial y sin embargo no tienes mayoría en el Congreso. Es un problema global. Los franceses establecieron un sistema interesante que es hacer la elección parlamentaria un mes después de la presidencial. Nosotros no tuvimos fuerza, y a lo mejor tampoco la conciencia suficiente. Como íbamos avanzando y con ese modelo habíamos logrado tantas conquistas, pensamos que eso se podría mantener.

–¿Y ahora qué se puede esperar?

–Absoluta imprevisibilidad. Como yo digo, cualquier previsión sobre lo que pueda pasar en Brasil es para hasta hoy a las 4 de la tarde, después tenemos que constituir otro escenario. Mi impresión es que habrá una tendencia a que Temer quede porque no hay cómo reemplazarlo, y que se vaya pudriendo todo. Eso dejará un olor político tremendo en el país. Tuvimos una situación semejante al final del gobierno Sarney, muy bajo en las encuestas, cercano a lo que hoy tiene Temer, 5%, y fue pudriéndose hasta que terminó su mandato, dejando una mala herencia. No sé si el país aguanta, porque sería un año y medio, y eso es mucho. Los que hicieron el golpe son una coalición de medios –el principal partido político del país–, empresarios –mucho mas unidos porque cada vez están más abajo en la hegemonía financiera aunque tengan actividades productivas– y esta capa política que mantiene una mayoría en el Congreso y está muy involucrada en la corrupción, con corporaciones como algunos jueces, fiscales e integrantes de la burocracia estatal. Creo que la estrategia de ellos frente a la imposibilidad de encontrar una salida en las soluciones tradicionales es enfatizar más la corrupción de todos los sectores y crear un clima de «que se vayan todos» en la expectativa de que pueda aparecer un hombre providencial. No es casual que se hable mucho de (el nuevo presidente francés, Emmanuel) Macron tratando de presentar al alcalde San Pablo (João Doria) como un Macron. O que se abra camino para una solución de extrema derecha. No creo que (el exmilitar y diputado Jair) Bolsonaro tenga peso para llegar, pero sí para desplazar un poco el eje del debate

–¿Y Lula?

–Como dice Lula, «es un problema que en el PT tengamos solo una carta, que soy yo». Hay una memoria muy fuerte de la sociedad pro Lula en la medida en que se agrava la situación social. El lulismo juega un rol parecido al que acá jugó el peronismo en la memoria de la sociedad, no solo en torno de cuestiones de naturaleza socioeconómica, sino también en cuanto a empleo, identidad, jóvenes, educación, y temas más actuales, como la situación de la mujer. El gobierno de Temer es el gran aliado del feminismo, porque hace tantas cosas horrendas que lo convierte en un movimiento de masas, lo mismo que con los negros, los jóvenes, el LGBT. La manifestación del domingo pasado en San Pablo tenía 3 millones de personas con una consigna muy clara, en defensa del Estado laico.

–¿Y con América Latina?, porque lo que pase en Brasil va a influir de forma contundente. ¿No estamos ante una década…?

–No es todavía una década perdida, tengamos eso en claro, por una razón muy sencilla: porque cuando perdimos en los ’60/’70, perdimos. La gente murió, fue en cana, fue al exilio. Ahora no, ahora la gente se está moviendo, está en situación difícil, tiene incluso que hacer su análisis crítico de las políticas llevadas a cabo, pero se está moviendo. Como le encanta decir a la izquierda, perdimos una batalla pero no la guerra. Sí, hay que ver si tenemos la capacidad de cambiar el cuadro, para lo cual tenemos que cambiar nosotros mismos. «

Una salida a la crisis de Venezuela

«La refundación democrática de Venezuela con (Hugo) Chávez estuvo siempre bajo cuestionamiento de la oposición, que hasta intentó un golpe de Estado. Estas cosas dejan sus marcas. Me acuerdo de que cuando Lula ganó en 2002 me pidió que fuera a tratar de ayudar en una solución negociada puesto que el país vivía un lockout patronal. Algo hicimos y se constituyó el grupo de Amigos de Venezuela. Eso permitió un diálogo civilizado durante un tiempo. La comunidad sudamericana, Argentina y Brasil, ayudamos mucho para que no hubiera un enfrentamiento tan fuerte como ahora. En los últimos años la oposición brasileña, que tenía mucho peso en el Senado, dio apoyo irrestricto a la venezolana. En Argentina hubo un vuelco aunque quizás no tan radical como el de Brasil, y entonces el gobierno de Venezuela empezó a rechazar cualquier intento de mediación. Entiendo que sería útil, no sé si hay tiempo para eso, que la comunidad sudamericana pudiera ejercer una mediación.

–Pero los países más influyentes han dado un giro de 180 grados y no están buscando una mediación sino un cambio de régimen.

–Eso es cierto, y les quita completamente la autoridad. En el caso de Argentina eso es menor porque surgió de elecciones, en el de Brasil eso no es así. Yo vi el voto del diplomático brasileño en la OEA y era un voto, si se quiere, moderado, pero el delegado venezolano hizo una réplica diciendo: «¿Qué autoridad tienen ustedes, un gobierno que surgió de un golpe parlamentario dirigido por un señor corrupto etc., etc.? » Eso quita autoridad completamente.

Tiempo Argentino
Julio 2 de 2017