por Alberto López Girondo | May 15, 2022 | Sin categoría
Las tropas rusas continuaban sus operaciones “de limpieza” en el sur de Ucrania con el objetivo de consolidar su control sobre esa región, aunque la resistencia se mantenía firme en algunos distritos -entre ellos en Mariupol la acería Azovstal- y se registraban avances de las fuerzas de Kiev en Jerson y Jarkov. Los dados parecen echados, sin embargo, para movidas oficinescas más que militares, lo que no implica que se detenga el envío de armamento occidental en una estrategia de largo aliento para desgaste de los efectivos rusos, como se dejó claro en la cumbre de ministros de Relaciones Exeriores del G7 que se desarrolló en el palacio alemán de Weissenhaus. Allí se comprometieron a apoyar “hasta la victoria” a Ucrania con un nuevo paquete de 500 millones más en “ayuda militar” que completará 2000 millones de dólares.
Fuera de ese escenario, este sábado se cumplió el anunciado corte de la provisión de energía eléctrica de Rusia a Finlandia por falta de pago, al tiempo que representantes de la UE y Washington intentan torcer dos negativas claves de miembros de la Otan para profundizar las amenazas contra Moscú. Por un lado, el gobierno turco dijo que rechazaría al ingreso de Finlandia y Suecia a la organización atlántica, mientras que el mandatario húngaro, recientemente refrendado en las urnas y muy cercano a Vladimir Putin, rechaza romper los lazos energéticos con las provisiones rusas. En ambos casos, para sumar nuevos integrantes a cada “club” se necesita absoluta unanimidad. El poder de veto es clave para Recep Tayyip Erdogan y Viktor Orban, por razones diversas.
Esta semana, el presidente finlandés Sauli Niinisto y la primera ministra Sanna Marin anunciaron su deseo de incorporarse a la Otan. Esa expresión llevó a una media palabra de autoridades suecas en el mismo sentido, lo que generó una rápida respuesta de Moscú sobre el hecho de que la membresía incluye “la renuncia de ambos países al estatus nuclear”, es decir, que se convertirán en bases de armamento letal. Algo que obviamente Putin no está dispuesto a aceptar.
La RAO Nordic Oy, filial de la rusa Inter RAO, cortó ayer el suministro de electricidad a Finlandia por “falta de ingresos en efectivo”. El Kremlin decidió que las ventas al exterior deben pagarse en rublos ante el bloqueo de fondos en euros y dólares en el exterior a raíz de las sanciones por la invasión. “Esperamos que la situación mejore pronto y se reanude el comercio de electricidad con Rusia”, dijo la empresa. Suecia ofreció reemplazar el suministro, que es de alrededor del 10% del consumo finlandés.
También crecen las tensiones con Polonia. El primer ministro Mateusz Morawiecki, notorio enemigo político de Putin, había escrito en una columna para el diario británico The Telegraph que el mundo ruso es como «un cáncer que representa una amenaza mortal para toda Europa» y debe ser erradicado. Desde la Duma, la Cámara baja rusa, no se quedaron atrás y el presidente del Comité de Control del organismo, Oleg Morozov, propuso que Polonia sea puesta “en línea para la desnazificación” una vez completada la operación militar en Ucrania, según señala un cable de la agencia oficial RIA Novosti.
Podría decirse que en un sendero similar se debería incluir la decisión del presidente interino de Osetia del Sur, Anatoli Bibilov, de convocar un referéndum el próximo 17 de julio para que la población se pronuncie sobre su incorporación plena a la Federación Rusa. Reconocida por el Kremlin desde 2008 como república independiente dentro de Georgia, en el marco de la guerra desatada en Ucrania crece la opción por “volver a casa” de comunidades rusas diseminadas en exrepúblicas soviéticas. Bibilov debe entregar el cargo a Alán Gaglóyev este 24 de mayo pero nada indica que vaya a haber cambios en esa propuesta. No están fuera de este contexto los temores del presidente ucraniano Volodimir Zelenski y la mandataria de Moldavia, Maia Sandu, sobre la posibilidad de que ocurra algo similar en Trasnistria, otra república reconocida por Moscú desde 2006 y donde se registran movimientos en torno a aprovechar el avance de las tropas rusas para buscar la anexión a Rusia.
Los cancilleres del G7 -el grupo de los países con las mayores economías del mundo, donde están Alemania, EE UU, Francia, el Reino Unido, Japón, Canadá e Italia pero no China ni India, segunda y sexta potencia en cuanto a PBI- adelantaron que “jamás reconocerán fronteras que Rusia intenta cambiar con su intervención militar».
El presidente ruso estuvo particularmente muy requerido estos días. Mantuvo conversaciones telefónicas con el canciller alemán, Olaf Scholz, y con el presidente finlandés. En los comunicados de prensa posteriores el germano dijo que le pidió a Putin un alto el fuego urgente en Ucrania. El portavoz del gobierno, Steffen Hebestreit, indicó que ambos mandatarios conversaron durante 75 minutos y que Scholz también pidió una mejora de la situación humanitaria y avances en la búsqueda de una solución diplomática al conflicto.
Niinisto, mientras tanto, acuciado por el corte de luz que se avecinaba y la postulación para un puesto en la Otan, dijo que “la conversación fue directa y sin rodeos y se llevó a cabo sin problemas. Evitar las tensiones fue considerado algo importante”.
Hubo también llamados telefónicos entre los responsables del área de defensa de Rusia y de Estados Unidos, el ministro Sergei Shoigu y el secretario y jefe del Pentágono, Lloyd Austin. También en este caso el informe oficial dice que se le exigió al ruso un alto el fuego inmediato. Pero al menos desde el lado estadounidense se reconoció que la charla «no resolvió ningún problema”. «
Llamado de los demócratas a movilizarse por el aborto
En una columna que publica en el blog Scheerpost, el veterano periodista estadounidense Chris Hedges reflexiona que “el Partido Demócrata espera frustrar una derrota electoral (en noviembre) compitiendo contra la esperada decisión de la Corte Suprema sobre el aborto. Esto es todo lo que queda de su capital político”. Premio Pulitzer por coberturas para el New York Times de las guerras en los Balcanes y en Medio Oriente, Hedges es particularmente crítico sobre el rol de la dirigencia política en general de su país, con conocimiento de causa. Esta vez, recuerda que el fallo Roe vs Wade ahora en la picota, tiene 50 años, y que pasaron gobiernos demócratas como los de Jimmy Carter, Bill Clinton y Barack Obama, con un control total sobre ambas Cámaras al inicio de sus gestiones, y nunca emitieron una ley federal como la que ahora pretende aprobar Joe Biden si los jueces tiran abajo ese débil sustento del aborto legal.
Las perspectivas de una derrota en las legislativas son bastante reales y la guerra en Ucrania no parece mover el amperímetro de los votantes o, al menos, de los que responden encuestas. Y a medida que esta Corte Suprema, armada por Donald Trump con amplia mayoría conservadora, se acerca a su objetivo, los demócratas se lanzan a la aventura de llenar las calles de manifestantes por la defensa del aborto.
«No dejaremos de luchar hasta que todo el mundo, y me refiero a todo el mundo, tenga acceso a abortos seguros y legales, independientemente de sus ingresos, código postal o etnia», dijo la representante demócrata por California, Barbara Lee, llamando a movilizaciones en todo el país. “Los estadounidenses se están manifestando y haciendo oír su voz», dijo la presidenta de la Cámara baja, Nancy Pelosi, que hace diez días estuvo en Kiev para darle su apoyo a Volodimir Zelenski.
Tiempo Argentino, 15 de Mayo de 2022
por Alberto López Girondo | Abr 2, 2022 | Sin categoría
Las imágenes de dos helicópteros bombardeando un depósito de petróleo en Belgorod, a unos 40 kilómetros de la frontera con Ucrania pero en territorio ruso, elevaron las alarmas ante un nuevo encuentro entre ambos países en una mesa de negociaciones. El gobierno de Kiev dijo al principio que “no confirma ni niega” su responsabilidad, pero luego atribuyó el golpe, que provocó el estallido de los tanques de combustible –que terminaron envueltos en llamas– a un “atentado de bandera falsa” perpetrado por Moscú. En todo caso, el ataque amenazó con empiojar las conversaciones de paz, aunque con las horas el tema fue bajando de agenda a medida que la complicada evacuación de civiles de la ciudad de Mariupol le agregaba una dosis de dramatismo a la situación general en este conflicto bélico que ya lleva 38 días.
Mientras tropas rusas aparecían reagrupándose hacia el este del país, como parte de algunos acercamientos para hablar de un alto el fuego, el anuncio del presidente Vladimir Putin de que a partir de este viernes los países que quieran seguir comprando gas a Rusia deberán abonar en rublos generó otro tipo de rispideces.
El decreto firmado por Putin dice que, “si no se realizan estos pagos, lo consideraremos un incumplimiento de las obligaciones por parte del comprador, con todas las consecuencias que ello conlleva”, léase, cortar el envío del fluido. La respuesta fue que los contratos fueron hechos en euros o en dólares. Pero entre las sanciones establecidas a instancias de Estados Unidos –y que acataron casi en su totalidad los países europeos–, las que más impactan se relacionan con las suspensiones de bancos y, sobre todo, la incautación de reservas del Banco Central de Rusia en el exterior, que suman el equivalente a unos 300 mil millones de dólares.
Hace algunos días el canciller Sergei Lavrov había manifestado la sorpresa para Moscú, que evaluaba sanciones pero nunca una semejante, ya que atenta contra confianza en el resguardo de depósitos de los fondos de países soberanos. Por si no bastaba con los 1200 millones de dólares de oro que el Banco de Inglaterra se niega a devolver al gobierno de Nicolás Maduro, argumentando que el Reino Unido reconoce a Juan Guaidó como presidente de Venezuela, ahora se agrega la mitad de la reserva acumulada por Rusia durante años y confiada en la seguridad de que los depósitos de países soberanos son intangibles.
La maniobra de Moscú tampoco se la esperaban en Occidente y el grupo G7 dijo que era inadmisible porque representa “un incumplimiento unilateral y claro de los contratos existentes”, según el ministro de Economía germano, Robert Habeck. Más allá de discusiones técnicas y hasta morales, lo concreto es que el rublo, que en los primeros días tras la batería de sanciones había caído hasta mínimos históricos de 115 por euro, a poco del anuncio de Putin se recuperó hasta 94. La razón habría que buscarla en compras en secreto de empresas u organismos públicos europeos para cumplir con las nuevas disposiciones.
Si las sanciones esperaban destruir la economía rusa, luego del impacto inicial tal vez termine por golpear más a los países occidentales y hay quienes sostienen incluso que el dólar dejará en el camino jirones de su vigencia para ser una moneda más, con lo que puede eso significar para la fortaleza económica de Estados Unidos.
Por lo pronto, India ya anunció que las compras de gas ruso se harán en monedas locales –rupia y rublo– y mediante un sistema alternativo al de transferencia SIWFT del que se eliminó a Rusia, lo que despertó amenazas de la Casa Blanca contra un país al que consideraban amigo de Washington. El Banco Central de Brasil, además, cuadruplicó sus reservas en yuanes –la moneda china– y redujo su exposición en dólares y euros. “El motivo es que ahora hay mayor incentivo al yuan después de que EE UU bloqueara aplicaciones en dólares a Rusia”, dice un comunicado del BCB, que preside desde la llegada de Jair Bolsonaro al Planalto el economista liberal Roberto Campos Neto.
Otra liberal, Elvira Nabiullina, ocupó los medios especializados estas semanas. A cargo del Banco Central de Rusia desde 2013 y considerada desde 2014 por la revista Forbes como una de las mujeres más poderosas del mundo, esta mujer de origen tártaro nacida en la República de Baskortostán tiene mandato hasta el 24 de junio y Putin ya adelantó que va a proponerla para un nuevo período.
Nabiullina fue muy criticada tras el bloqueo de las cuentas del BCR. Muchos la acusan de que con su consistente fe en los mercados, expuso al país a perder la mitad de sus ahorros. Pero al mismo tiempo, es una garantía para los mercados de que buscará que no se le desmadren las variables financieras. En 2014, tras la reincorporación de Crimea, había tenido que enfrentar un cimbronazo parecido y estabilizó el rublo incrementando las tasas bancarias del 9 al 17%, para luego volver al valor inicial. Ahora, elevó la tasa de referencia del 9,5% al 20% y frenó una posible corrida, que era el objetivo confeso de las medidas punitivas contra Moscú.
El premio Nobel de Economía Paul Krugman publicó una columna en el New York Times donde acota que “Rusia ha logrado defender con bastante eficacia el valor de su moneda” y, tras reconocer la importancia de haber impuesto severos controles de cambio, elucubra que una de las razones de Moscú para elevar las tasas es sostener al rublo como una estrategia de propaganda. El británico Financial Times fue más lejos y entrevistó a la subdirectora gerenta del Fondo Monetario Internacional, Gita Gopinath, quien dijo que “las sanciones financieras impuestas a Rusia amenazan con debilitar el dominio del dólar estadounidense y podrían resultar en un sistema monetario internacional más fragmentado”.
Los países occidentales, a su vez, ya están sufriendo en carne propia las consecuencias de guerra y las represalias. En Alemania sacaron del menú en los bares las papas fritas porque el aceite de girasol aumentó un 500%. El combustible también se disparó y la liberación de un millón de barriles de las reservas de petróleo que anunció Joe Biden no dio el resultado esperado.
«Ayuda» para prevenir conflictos en otros países
La Casa Blanca anunció un plan de diez años de prevención de conflictos a poner en marcha en Haití, Libia, Mozambique, Papúa Nueva Guinea y la costa occidental de África para «promover la estabilidad y favorecer el desarrollo económico». La nueva estrategia del gobierno demócrata se implementará «a través de la acción colectiva y la asociación», y se sustenta en la Ley Global de Fragilidad aprobada por el Congreso, informa la agencia AFP.
Entre los países que formarán parte de este esquema figuran también Benín, Costa de Marfil, Ghana, Guinea y Togo, y de acuerdo con lo que afirma Washington, se contemplan medidas para «prevenir conflictos, fomentar la resiliencia y la estabilidad y promover el desarrollo económico».
Para el gobierno de EE UU, es «más necesario que nunca» prevenir y estabilizar conflictos y «mirar más allá de las crisis urgentes y las necesidades a corto plazo» para centrarse en objetivos estratégicos a largo plazo. El gobierno afirma que se enfocará en fortalecer las instituciones democráticas, «por ejemplo, en las áreas del estado de derecho, anticorrupción, aplicación de la ley y transparencia fiscal», y en promover los Derechos Humanos y la igualdad de género.
El Congreso de Estados Unidos autorizó hasta 200 millones de dólares anuales para este tipo de estrategias y asignó 125 millones de dólares en el año fiscal 2022 para el Fondo de Prevención y Estabilización. En algunos de esos países, la intervención de Estados Unidos fue clave para crear las condiciones de su inestabilidad, como ocurre en Haití desde hace décadas y en Libia desde 2011.
Tiempo Argentino, 2 de Abril de 2022
por Alberto López Girondo | Mar 8, 2022 | Sin categoría
El 11 de julio de 2018 el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantuvo una tensa reunión con los líderes europeos en la cumbre de la OTAN que se celebró en Bruselas. Es interesante revisitar aquellos momentos en que el polémico ex empresario inmobiliario maltrataba sobre todo a la canciller Angela Merkel, aunque tenía para darle a cada uno. «Alemania es prisionera de Rusia», dijo esa vez sin pelos en la lengua, como era Trump. Se refería, claro, a la construcción del gasoducto Nord Stream 2 pero básicamente a la dependencia del país germano del gas ruso. «Ciertamente no parece tener sentido que ellos paguen miles de millones de dólares a Rusia y nosotros los hemos defendido de Rusia», le espetó al secretario general de la alianza atlántica, Jens Stoltenberg.
Trump, que tenía buena relación con Vladimir Putin y hasta fue acusado de haber sido favorecido por Moscú para llegar a la presidencia, se reuniría un par de días más tarde en Helsinki con el mandatario ruso para hablar del estado del mundo. Pero antes, en una semana en que arreciaban las críticas por el supuesto envenenamiento de un doble espía en Londres, Trump reclamó, así a lo bestia, que los europeos destinaran mayores presupuestos para solventar a la OTAN. En sus palabras, “que los europeos paguen más por su defensa”. Incluso los amenazó con dejar de poner la cuota parte estadounidense o dejar a la organización.
El presidente republicano se fue de la Casa Blanca sin haber logrado ninguno de esos objetivos. Tenía que llegar Joe Biden y los demócratas, con sus promesas de una nueva era para el mundo se habló del «regreso de EEUU» para que aquellos sueños se hicieran realidad.
Es así que la invasión de Ucrania terminó siendo el acicate que necesitaban los dirigentes atlantistas para meter la mano en el bolsillo y aumentar el presupuesto militar. Si hace 4 años Trump pedía un 4% más de aportes militares y Stoltenberg “negociaba” conformarse con un 2%, ahora finalmente se están poniendo de acuerdo en destinar más dinero para la compra de armas, lo que hace prever que los fondos destinados para la recuperación pospandemia tendrán otro destino: el de los grandes proveedores de artefactos letales, que, oh casualidad, mayormente son conglomerados estadounidenses.
De paso, los propios alemanes decidieron bloquear el conducto que iría a proveerles de gas por varios años a bajo precio. Los productores de fracking norteamericanos que promovía Trump están de parabienes. Aunque también se frotan las manos en España, que podría convertirse en el paso del gas del norte de África, o los buques que podrían llevarlo de Argelia a través del Mediterráneo.
Mientras tanto, la “carrera armamentista”, una frase que desde la Guerra Fría no circulaba con tanta asiduidad, envuelve a las grandes potencias y hasta los países de medio pelo, ante el temor de que todo se desmadre desde las fronteras de Ucrania.
Así, Dinamarca no solo llevará a referéndum la propuesta de ingresar a la OTAN sino que según la primera ministra Mette Frederiksen, elevará gradualmente el gasto militar hasta llevarlo -vaya coincidencia- al 2% de su PBI. «Los tiempos históricos exigen decisiones históricas», dijo la dirigente socialdemócrata.
En esa cifra mágica también se anota Alemania, que además por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra rompió el compromiso de no enviar armamento a países en guerra y “colaborará” con Ucrania. Además, destinó 113.000 millones de dólares para reequipar a su Ejercito. Lituania también quiere pista en esa carrera y el Parlamento estudia un pedido de la primera ministra Ingrida Simonyte para incrementar los gastos en defensa en 250 millones de euros.
Fuera de ese escenario, el principal socio de Rusia, China, aumentará el presupuesto militar en 230 mil millones de dólares, un 7% más que el año pasado. El gigante asiático es el segundo país que más gasta en el mundo en armamento, detrás de Estados Unidos. La Casa Blanca ya se había preparado para esta contingencia en diciembre pasado, cuando Biden logró que le aprobaran un gasto total de 778.000 millones de dólares, un 4,4% más que en el ejercicio anterior.
Washington se pone con casi 4 de cada 10 dólares que se destinan en el mundo en gastos militares. Hasta el 2020 ese enorme monto se podría justificar en las ocupaciones de Irak, Afganistán y en los conflictos de Yemen, Siria, Etiopía, Myanmar, según detalla la ONG sueca SIPRI, que se ocupa de relevar el gasto militar global. A las puertas del 2022 quizás ya sobrevolaba la hipótesis de Ucrania.
Como sea, Estados Unidos, China, India, Rusia y el Reino Unido -en ese orden- lideran el presupuesto mundial en el área que genéricamente se llama “defensa” y que incluye artefactos bélicos, logística y personal. En 2020 la suma de gastos militares en todo el planeta fue de poquito menos de 2 billones de dólares. En 2021 todos los países dispusieron en total un 2,3% más de dinero para el rearme el año que pasó y se estima que para este período la suma se acercaría al 3% por sobre ese abultado total.
Un dato a tener en cuenta es que el sexto país que más gasta en armas en Arabia Saudita. Trump -cuándo no- justificó el apoyo a la dinastía y la negativa a castigar al príncipe Mohamed bin Salman por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en octubre de 2018 en que acababa de cerrar un acuerdo por la venta de 100 mil milones de dólares en armas y eso era trabajo para estadounidenses.
Este miércoles culmina en Riad la World Defense Show (Muestra Mundial de Defensa).
Ver aca:
Allí los grandes ganadores de la guerra en Ucrania exhiben sus mayores logros en esa industria tan especializada. Se presentan varias empresas saudíes pero no faltan las estadounidenses Colt y Winchester (si, las viejas fabricantes de revólveres y rifles), Morotola, General Electric, hasta los verdaderos monstruos del negocio: Boeing, Raytheon, Lockeed Martin. Son 712 en total e incluyen servicios médicos, en nanotecnología y de “personal”. El Reino Unido colabora con 30 firmas y Brasil, más modesto, con 7, entre los cuales se ve el de la fabricante de aviones Embraer.
La Federación de Rusia, por su parte, presenta 13 productores, pero un stand representa a lo más destacado de la producción, el de Rosoboronexport, el holding exportador estatal, que llevó como oferta las aeronaves IL-76MD-90А, MI-28NE y Orion-E, la corbeta de misiles Karakurt-E y el submarino diésel eléctrico Amur 1650; la versión de 155 mm del obús autopropulsado Msta-S; los blindados Typhoon y el sistema antidrones Kupol.
Allí, en Riad, convivieron sin problemas esos 424 expositores. Será porque como dice el refrán, “entre bueyes no hay cornadas”.
Tiempo Argentino, 8 de Marzo de 2022
por Alberto López Girondo | Feb 26, 2022 | Sin categoría
En una guerra siempre pierden los mismos: la población de los países donde se combate y quienes pelean en los campos de batalla. También se sabe quiénes ganan, inevitablemente. Fabricantes de armas, acaparadores, especuladores, productores de energía. En la “Batalla de Ucrania”, también hay ganadores y perdedores en la política internacional.
Estados Unidos, Joe Biden y la OTAN se anotan un poroto. Luego del manejo errático e injurioso de Donald Trump y de una estampida para huir de Afganistán, los tres habían quedado muy golpeados. En pocas semanas, la Casa Blanca logra ordenar nuevamente a Europa detrás de la organización atlántica, y él se posiciona en el frente interno.
Venía golpeado por el bloqueo de la oposición republicana a cada una de sus propuestas y perdiendo popularidad día a día. Para colmo, el imperio está en decadencia. Quizás, como dice algún historiador, la caída de la Unión Soviética castigó más a EE UU, que a duras penas puede mantener su cohesión interna, como se vio con Trump en el poder. En el 2001, esa unidad nacional perdida al disolverse la Guerra Fría se recompuso con la Guerra al Terrorismo de George W. Bush. Ahora necesitaba un enemigo y Vladimir Putin es ideal.
Lo venían construyendo desde la administración Obama, con una ideóloga que ahora volvió a cargos clave en la Secretaría de Estado, Victoria Nuland, la promotora del golpe de 2014 en Ucrania. Beligerante, encabeza los sectores más antirrusos dentro del “estado profundo” y es esposa de un teórico del Imperio, Robert Kagan, impulsor del Proyecto del Nuevo Siglo Estadounidense. Junto a Hillary Clinton, forman parte de lo que algún analista bautizó cáusticamente de Excepcionalistán, ese país extraordinario elegido por Dios para conducir a la civilización en el camino del Bien.
Dentro de la alianza occidental, Boris Johnson sacó del eje de debate a las críticas por las fiestas clandestinas durante lo peor de la pandemia, y encabeza el sueño de regreso imperial que se aloja en el alma británica. El Bréxit fue el primer paso para “sacarse el lastre” de la UE. El segundo fue la alianza militar con Australia y EE UU en el AUKUS, un club anglosajón exclusivo para el control de la región Indo Pacífico, la puerta del mundo hoy día.
La OTAN, nacida como una entente defensiva contra la URSS, se proponía –otra broma- tener “a los rusos afuera, a los estadounidenses adentro y a los alemanes abajo”. Ahora vuelve a tener algo que justifica su presupuesto. Si Trump, a lo bruto, pretendió que los europeos aportaran más dinero para su propia defensa, sin éxito, ahora ya todos se ven dispuestos a abrir el bolsillo para enfrentar al oso ruso.
Curiosamente, también Trump pretendía clausurar el Nord Stream 2 para impedir que Alemania se provea de gas ruso y venderle el combustible de fracking estadounidense. El deseo de Trump lo consigue Biden.
Putin, por su lado, también tiene una parte de éxito, siempre y cuando consiga no empantanarse en Ucrania y revolver el entuerto sin mayor derramamiento de sangre. Demostró que no le tiembla la pera para desenfundar las armas de ser necesario y puso a Rusia otra vez arriba del ring.
También gana China, que luego del acuerdo de «amistad sin límites» con Rusia a principios de mes, ahora aparece como moderador en una crisis que le pega cerca.
Tiempo Argentino, 26 de Febrero de 2022
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