por Alberto López Girondo | May 21, 2011 | Sin categoría
Resulta fácil comparar al movimiento de los indignados que desde hace días acampan en la Puerta del Sol madrileña con la Primavera árabe que floreció en la plaza Tahrir de El Cairo, a principios de año, o con el tormentoso final del gobierno de la Alianza en la Argentina, caceroleadas incluidas, de una década atrás.
Cierto que hay diferencias que el tiempo se encargará de ir desmenuzando. Pero en el trasfondo de las protestas que pone nervioso al establishment español –y que desgarra la imagen de prosperidad indefinida en la que quería reflejarse esa sociedad– hay mucho del caldo en el que se cocieron el gobierno de Hosni Mubarak y los cinco presidentes que desfilaron en una semana por la Casa Rosada porteña: una profunda crisis económica pero, sobre todo de valores, de esperanzas, de perspectivas en las generaciones más jóvenes, educadas para mejores opciones.
Testimonios recogidos por el diario español Público entre los que duermen en las plazas españolas lo muestran claramente. Miriam, de 25 años, licenciada en Periodismo y Máster en Comunicación y Problemas Sociales, dice que lleva “siete años estudiando y haciendo prácticas. Si no encuentro trabajo en una semana, tendré que volver a la casa de mis padres.” Jesús, de 31 años, licenciado en Geología, está “hasta las narices de lo que veo y lo que hacen (los políticos)”. Laura, de 27 años, licenciada en Ciencias Políticas, piensa que “los políticos que hay ahora no me representan (…) estamos aquí y demostramos que queremos cambiar”.
Son voces que suenan demasiado parecidas a las que hace una semana mostraba Tiempo Argentino en un artículo desde Italia, donde miles de jóvenes con estudios universitarios emigran cada año en busca de mejores horizontes. Voces que podrían calcarse de las que hace diez años manifestaban los argentinos que hacían cola en los consulados europeos. Con ligeras variantes, “el pueblo unido funciona sin partidos” se asimila perfectamente al “que se vayan todos”.
Sucede que estos movimientos de protesta brotaron luego de ajustes brutales ordenados por los organismos financieros internacionales, entre ellos el FMI y sus acólitos locales, y que fueron cumplidos a rajatabla por partidos que prometían lo contrario. Y que contra su ideología, promovieron bajas de salarios, expulsión de trabajadores estatales, recortes de jubilaciones o la elevación de la edad del retiro. Es decir, un impiadoso cambio en las reglas de juego para los que trabajaron toda su vida o los que se quemaron las pestañas para aumentar sus condiciones de ingreso al mercado laboral.
Este fenómeno permanece subterráneo en las sociedades desarrolladas, pero luego de España no son pocos los que auguran nuevos levantamientos en otros distritos más elegantes del planeta. Hace algunas semanas, Paul Krugman, Nobel de Economía de 2008, en una columna que tituló “La educación no es la respuesta”, fue lapidario. “La idea de que enviar más jóvenes a la universidad puede restaurar la sociedad de clase media que antes teníamos es una falsa ilusión. Ya no es cierto que tener una titulación universitaria le garantice a uno un buen trabajo (…) si queremos una sociedad en la que la prosperidad esté bien repartida, la educación no es la respuesta; tendremos que proponernos construir esa sociedad directamente. Tenemos que recuperar la capacidad de negociación que los trabajadores han perdido durante los últimos 30 años para que tanto los empleados corrientes como las superestrellas tengan poder para negociar buenos salarios.”
El sociólogo Isidro López recogió el guante desde la Puerta del Sol, en la presentación del librito La crisis que viene, elaborado por el colectivo Observatorio Metropolitano y publicado por Traficantes de sueños. “Tras el pensionazo y la huelga general, los agentes institucionales clásicos de la izquierda optaron por los pactos (…) La clase media tradicional se proletarizó en todo Occidente durante el ciclo neoliberal, salvo que aquí el espejismo del boom inmobiliario había escondido un fenómeno que ahora ha irrumpido a lo bestia.”
Felipe González, ex presidente del gobierno español por el PSOE, luego de exponer algunos miedos sobre el movimiento 15M (por su primera convocatoria, el 15 de Mayo), señaló a los manifestantes que “no se dejen manipular por nadie, nadie, concreten sus propuestas y ayuden a perfeccionar el sistema”. Pero sin hacerse cargo de la cuota de desconfianza que generan ciertas traiciones al electorado, consideró que hay una “crisis de gobernanza” en la democracia parlamentaria.
En estos días se desarrolló en Roma la Reunión a Nivel Ministerial sobre Gobernanza Global y Reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ese organismo es una de las patas del sistema de gobierno planetario, pero como expresó el canciller argentino, Héctor Timerman, es un anacronismo que refleja el resultado de una guerra “que terminó hace 60 años”, al que es necesario democratizar. Para que, por ejemplo, el veto de una de las potencias de aquella contienda no clausure la voluntad de cambio del resto de la humanidad.
Otro pilar en el sistema de gobernanza mundial, como se sabe, es el FMI, que padece desde hace años una notable pérdida de credibilidad, luego de reiterados fracasos en las predicciones y en la medicina aplicada para remediar los males que causó el mismo modelo económico que defiende. Ahora, además, aparece cuestionado por la presunta incontinencia sexual de su director gerente, el socialista francés Dominique Strauss-Kahn.
Tras la renuncia obligada de DSK, se planteó el debate sobre la sucesión. Y otra vez los países emergentes quieren una cuota mayor de la manija, cosa de gobernar y no simplemente estar obligados a obedecer. Lo que generó un debate inédito desde la creación de la entidad, en 1944.
“Los países en desarrollo tienen derecho de ocupar la conducción del FMI y el Banco Mundial, pero en un escenario donde hay serios problemas en la Eurozona y el Fondo está fuertemente involucrado, existen muchos argumentos en favor de un candidato europeo”, argumentó la canciller alemana, Angela Merkel, para que todo siga igual. En la misma frecuencia se expresaron Nicolás Sarkozy y el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso.
El economista canadiense Michel Chossudovsky es uno de los tantos que plantean que, más allá de investigar el intento de abuso a la camarera del Hotel Sofitel, hay sospechosos lazos que invitan a pensar en “una cama” contra DSK, un enemigo del Consenso de Washington y aspirante a la presidencia de Francia.
Como aristas de esta posible operación anotó: la jueza que le denegó la excarcelación, Melissa Jackson, es una protegida del alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, estrella de Wall Street que hizo fortuna con su agencia de informaciones financieras. El fiscal que elevó la acusación es Cyrus Vance Junior, hijo de Cyrus Vance Senior, secretario de Estado del presidente Jimmy Carter.
“Pero hay más de lo que parece”, señala Chossudovsky en Global Research, y habla de otros lechos. Frank G. Wisner II, destacado oficial de la CIA, se casó con la segunda esposa del padre de Sarkozy, Christine de Ganay. Wisner II, además de ser hijo de Frank Gardiner Wisner I –el cerebro detrás del golpe de la CIA contra el primer ministro iraní Mohammed Mossadegh en 1953– integró el gabinete de Vance Senior, fue embajador en El Cairo y más recientemente enviado por Barack Obama a Egipto para negociar la salida de Mubarak.
¿Será tan así, como creen los franceses?
Tiempo Argentino, 21 de Mayo de 2011
por Alberto López Girondo | Dic 26, 2010 | Sin categoría
El pronóstico de la consultora británica Centre for Economics and Business Research (CEBR) es demoledor: “El euro apenas tiene una entre cinco posibilidades de sobrevivir”. El informe, publicado a mediados de mes, cuando los líderes europeos –a pesar de las fuertes tormentas de nieve– transpiraban para calmar a los mercados con el anuncio de nuevos blindajes para superar la crisis económica, no alcanzó una gran difusión, pese al panorama que pinta sobre este nuevo cumpleaños de la moneda que nació el 1° de enero de 1999.
El documento, incluso, aporta algunos datos que mucho recuerdan un fin de año nefasto para la Argentina. “Para salvar la moneda única, el nivel de vida tendría que caer más de un 15% en las economías más débiles de la Eurozona (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España), el gasto público un 10% adicional y sus respectivos gobiernos tendrían que ceder parte de su soberanía económica a Bruselas (sede comunitaria). Asimismo, la UE debería ampliar el Fondo de rescate, dotado con 750 mil millones de euros, y el PBI alemán crecer más de un 3% anual durante los próximos cuatro años para soportar el rescate de países.”
Como conclusión, el paper señala que las reducciones en los niveles de vida necesarios para que el corset monetario continúe vigente “es mayor al que el Reino Unido tuvo que enfrentar en la Segunda Guerra Mundial”. El cálculo, que figura en la última edición de Perspectivas Económicas Globales del Servicio de Perspectivas del CEBR, pone en duda la capacidad del euro para poder soportar semejante contracción.
Para el premio Nobel Joseph E. Stiglitz –que hace unos días le dijo a la presidenta Cristina Fernández que suele poner como ejemplo de lo que hay que hacer frente a la crisis la experiencia argentina–, Europa nunca respetó las pautas necesarias para que la moneda única pudiera funcionar. “Y sigue sin hacerlo”, insiste el profesor de la Univesidad de Columbia. “La eliminación de barreras legales para el movimiento de trabajadores creó un mercado laboral único, pero las diferencias lingüísticas y culturales hacen que la movilidad laboral al estilo norteamericano resulte inalcanzable”, añade el polémico ex funcionario del FMI.
“Es más, Europa no tiene manera de ayudar a aquellos países que enfrentan problemas serios”. Como ejemplo, Stiglitz pone el caso de España, con una tasa de desempleo del 20% entre los adultos y el doble entre los jóvenes. Lejos de solucionar la crisis, que elevó el déficit fiscal al 11%, la respuesta concertada de las autoridades continentales es la reducción presupuestaria, con lo que el desempleo aumentará, inevitablemente. “Conforme su economía se ralentiza, la mejora de su posición fiscal puede ser mínima”, evalúa Stiglitz. O sea, mucho costo social para tan poco beneficio.
“El euro fue un experimento interesante, pero como el casi olvidado mecanismo de tipo de cambio (MTC) que lo antecedió y se desintegró cuando los especuladores atacaron la libra británica en 1992, carece del respaldo institucional necesario para que funcione”, es la conclusión del economista estadounidense.
Alemania y Francia, los países que llevan la voz cantante dentro de la UE y tienen las llaves que conducen al euro,
coinciden en que la salida a la encrucijada pasa por la unión fiscal, lo que conlleva la pérdida de soberanía nacional. La respuesta institucional va en consonancia con esta propuesta. Y según se entusiasmó el presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Durão Barroso, la crisis no hace más que acelerar la creación de un súper Estado “en 10 años”. La promesa es el rescate a manos de los grandes.
“Nadie en Europa será dejado solo. Nadie en Europa será dejado caer. Europa sólo se consigue unidos”, dijo claramente la canciller alemana Angela Merkel en Bundestag. Su ministro de Finanzas, Wolfgang Schaeuble, recordó a su turno otra crisis argentina, cuando el país salió de la “tablita cambiaria”. “Aquellos que apostaron su dinero frente al euro no tendrán éxito… el euro no va a fallar. El euro nos beneficia a todos y lo vamos a defender”, parafraseando al efímero ministro de la dictadura, Lorenzo Sigaut, quien en 1981 aseguró que “el que apuesta al dólar perderá”, un clásico en los pronósticos errados.
Pero al margen de estos augurios, muchos analistas se preguntan si es posible que Alemania y Francia puedan crear un súper Estado para salvar el euro. Y es ahí donde se cruzan las especulaciones con las insólitas derivaciones de una crisis a la que nadie ve fin.
Porque ahora, para salvar al euro, aparecen miradas que enfocan hacia China. Después de todo, la potencia emergente financió los desbalances fiscales de los Estados Unidos comprando bonos con sus monumentales excedentes económicos. Confían, por lo tanto, en que el gigante asiático utilice algo de sus enormes reservas para la compra de bonos de Grecia, Irlanda, Portugal o España, los que más están padeciendo la crisis económica. China dispone de casi un billón de dólares en bonos del Tesoro estadounidense y anunció que podría comprar bonos por hasta 5000 millones de euros.
Lo que ocurrirá en los próximos días quizás tenga el espíritu de un regalo de cumpleaños venido de Oriente para el euro, que nació formalmente con el primer minuto de 1999. Este 1º de enero, además, se producirá el ingreso de Letonia al selecto grupo de la Eurozona, con una celebración que servirá para hacer marketing político en torno al deseo de “pertenecer” que sigue generando la moneda común. Aunque los letones ya han expresado que no tienen interés en ese emblema, y a pesar de que la realidad indica que va a ser complicado poder sostener en el tiempo un signo monetario que hace agua por todos lados. Incluso puede pensarse que el eje de las discusiones pase en 2011 del plano económico al terreno político, y lo que esté en terapia intensiva no sea sólo la divisa comunitaria sino la unidad de los 27 países que integran la UE.
Habrá muchos argentinos para quienes todo este embrollo suene a reparación histórica, luego de años de padecer el escarnio de los “expertos” internacionales sobre las posibilidades de la sociedad para enfrentarse con su destino. Y de haber pasado la prueba de salir airosa, como registró Stigiltz.
Tiempo Argentino, 26 de Diciembre de 2010
por Alberto López Girondo | Jul 15, 2010 | Sin categoría
Si algo puede decirse de Horst Koehler es que no se guarda nada. Incluso, que habla de más, cuando mejor le hubiese valido quedarse callado. Lo recuerdan muchos argentinos de los años críticos que siguieron al cambio de siglo, cuando desde su poltrona como máximo responsable del FMI daba consejos sobre qué hacer con la economía nacional, devastada por el derrumbe de la convertibilidad. Era el rostro serio y admonitor que despotricaba contra «la lentitud» de los gobiernos que sucedieron a la Alianza en responder a las inquietudes del organismo internacional.
Renunció al FMI en 2004, un año antes de que Argentina pagara toda su deuda con el Fondo y abandonara sus políticas de fiscalización de las cuentas. Nacido durante la ocupación nazi en Skierbieszów, Polonia, de una familia germana que escapaba de Moldavia al fin de la guerra, Koehler había accedido a la primera magistratura de su patria de sangre.
El cargo de presidente, en la actual Alemania, es un puesto descansado, tranquilo, protocolar. Alejado de los enredos que aquejan a cualquier mandatario latinoamericano o francés. Ni siquiera parecido a la escasa tarea que desempeña un presidente italiano o la reina de Gran Bretaña.
Es decir, una tarea para no despreciar, una beca adecuada y razonable para un economista doctorado en la Universidad de Tübingen que hizo carrera en el gobierno federal, dentro de la Unión Demócrata Cristiana, y había tenido una activa participación en el diseño del Tratado de Maastricht que dio nacimiento al euro.
Reelecto en 2009, y cumplidos los 67, podría haberse jubilado en el cargo en cuatro años, de no ser por un ataque de sinceridad. Fue el 22 de mayo, cuando explicó en una radio las razones para que Alemania mantenga tropas en Afganistán, como lo viene haciendo desde 2002.
«Un país de nuestro tamaño, que está centrado en las exportaciones y por lo tanto depende de su comercio exterior, debe ser consciente de que los despliegues militares son necesarios para proteger nuestros intereses», dijo.
El escándalo que provocaron sus palabras lo obligó a renunciar una semana más tarde. Los 4.500 soldados alemanes siguen en Afganistán.
Revista Acción, 15 de Julio de 2010
por Alberto López Girondo | May 10, 2010 | Sin categoría
El oráculo es la respuesta que un dios daba a una indagación personal, casi siempre relacionada con el futuro del consultante, y por extensión, el sitio donde se desarrolla el augurio. En la antigua ciudad de Delfos, al pie del monte Parnaso, estaba el tal vez más famoso de los oráculos. Era un templo donde en la época clásica moraba Apolo y al que recurrían los helenos en busca de señales sobre el porvenir.
Pero sus profecías tenían ese toque de misterio que agiganta las respuestas al precio de hacerlas evasivas, difusas. «Si Creso cruza el río Halys, caerá un imperio», le respondió el oráculo al enviado del rey lidio, un día del año 547 antes de Cristo. Se venía Ciro II con sus batallones persas y algo había que hacer, aparte de diseñar estrategias de batalla con los generales. La respuesta daba confianza y el rey siguió al pie de la letra lo que interpretó como un signo positivo. Efectivamente un imperio cayó. El de Creso.
La anécdota, conocida desde la escuela, es ilustrativa de lo que ocurre por estos días en aquella región bañada por el mar Egeo. Porque el porvenir que le esperaba a los griegos actuales parecía claro desde hace tiempo. Pero, enfrentados a su destino de europeos, marcharon hacia un final que no por anunciado es menos dramático.
Los mismos gurúes que habían dibujado perspectivas jugosas con los papeles de la deuda griega –mientras en Atenas barrían debajo de la alfombra el déficit mediante una ingeniería financiera elaborada por Goldman Sachs y JP Morgan–, diseñaron como remedio un escenario de brutales recortes presupuestarios sin tomar en cuenta que, para imponer esas conocidas recetas neoliberales, deberían lidiar con una población hastiada de pagar siempre los platos rotos de una fiesta a la que nunca es invitada.
La bomba, activada durante el período del conservador Kostas Karamanlis en el gobierno, le estalló a Giorgios Papandreu en las manos. Como en las tragedias de Eurípides, el primer ministro socialista iba derecho hacia la catástrofe y lo sabía. Pero no podía hacer nada. Pertenecer a la eurozona implica aceptar reglas de juego como las que impusieron la Unión Europea y el FMI.
El final también es previsible.
Revista Acción, 10 de Mayo de 2010
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