por Alberto López Girondo | Jul 6, 2013 | Sin categoría
El bloqueo ilegal al vuelo que llevaba de vuelta a su patria al presidente boliviano Evo Morales figura ya entre las mayores infamias cometidas en las relaciones internacionales en tiempos de paz. Pero no hizo más que poner sobre el tapete una realidad incómoda, indignante y atroz pero de la que conviene hacerse cargo porque es representativa de esta época en que la potencia imperial decidió que las leyes no existen y que solo caben las acciones que se deciden en Washington, sin derecho a la queja. Lo peor del caso es que esa potencia tiene una serie de satélites que cumplen a pie juntillas sus directivas con el rostro henchido de dignidad sin que la vergüenza les haga bajar la vista.
Entre esos satélites figuran los países otrora colonialistas que le negaron el descenso a la aeronave oficial de Bolivia -Francia, Portugal, España e Italia- que dicen haber “comprado” la versión de que el ex contratista de la CIA Edward Snowden viajaba oculto en el avión que transportaba a Evo Morales.
A esta altura es obvio que una torpeza semejante no se comete en estos días. Como se dice en la calle, esa justificación es “para la gilada”. De lo que se trató fue de escarmentar el desafío que los gobiernos latinoamericanos representan en este momento no solo para Estados Unidos sino también para la vieja Europa, que no tolera la mirada altanera de sus antiguos súbditos en momentos en que la economía se les cae a pedazos y temen una explosión social. Y para eso nada mejor que humillar a un presidente indígena de un país que por razones históricas siempre estuvo a la vanguardia en los reclamos por nuevas relaciones con los poderes centrales. Pero cuya población mayoritariamente originaria hasta no hace tanto ni siquiera podía caminar por la misma vereda que los descendientes de europeos.
Evo Morales llegó al poder en 2006 como el presidente número 85 en el convulsionado territorio del Altiplano. Y desde ese momento encaró el proceso revolucionario más profundo desde que Simón Bolívar fuera ungido con la banda presidencial en forma honorífica luego de la declaración de la independencia, en 6 de agosto de 1825. Es un dato de peso recordar que si en los 180 años anteriores al triunfo de Morales hubo 84 mandatarios -34 de ellos de facto- eso quiere decir que cada uno duró un promedio de 172 días en el cargo. Cuando termine este período, en 2015, Morales será el que más tiempo se mantuvo en el gobierno, nueve años, apenas detrás del general Andrés de Santa Cruz, que permaneció desde 1829 hasta 1839, en condiciones bien diferentes.
Lo primero que hizo Morales fue una nueva Constitución, que creó el Estado Plurinacional de Bolivia. Una Constitución de raíces indigenistas que reconoce la existencia de 36 nacionalidades dentro del territorio del país. Lo que los bolivianos lograron en términos de profundización de sus valores ciudadanos no lo habían conseguido jamás. Eso sin contar las cifras reales de los avances en el plano económico. El dirigente aymara, además, consiguió que su país –a pesar de que cada tanto aparece alguna demanda expresada fervorosamente en las calles– goce de un período de estabilidad institucional inaudito.
Snowden, el mal llamado «topo» de la agencia de inteligencia de Estados Unidos, está demorado en algún lugar de un aeropuerto moscovita a la espera de un país que le dé asilo. En los últimos años son cada vez más regulares los casos de funcionarios públicos estadounidenses relacionados con la inteligencia y la seguridad que filtran información a los medios y terminan convertidos en enemigos públicos. Cuando Snowden decidió «prender el ventilador» ante el británico The Guardian y el estadounidense The Washington Post, comenzaba el juicio al soldado Bradley Manning, procesado por una serie de delitos que podrían dejarlo de por vida en prisión, entre ellos, violación de la Ley de Espionaje y ayuda al enemigo. La acusación sostiene que brindó información a los talibanes y agentes de Al Qaeda, aunque en realidad entregó archivos que salieron publicados en la Web y el periódicos de todo el mundo.
En una habitación de la Embajada de Ecuador en Londres, el creador de Wikileaks –el sitio que presentó la información flitrada por Manning– espera el salvoconducto que le permita viajar al país sudamericano. Julian Assange es un civil que difundió información que él no consiguió en un medio de acceso público. La persecución en su contra es por una causa de contenido sexual tras una denuncia de dos mujeres ligadas a la CIA hecha en Suecia. Y que las autoridades suecas, como pasó con la operación contra Evo Morales, decidieron creer con entusiasmo.
En Ecuador se produce una situación similar a la de Bolivia tras la llegada de Rafael Correa al gobierno, también en 2006. Correa, a diferencia de Morales, que fue dirigente cocalero, es un especialista en economía con los mayores galardones recibido en la Universidad belga de Lovaina y doctorado en la de Illinios, Estados Unidos. Católico convencido, conoce la realidad indígena porque participó como voluntario en una misión salesiana en Zumbahua, provincia de Cotopaxi. Una vez en el poder, también dio vuelta como una media a su país con una nueva constitución que institucionalizó lo que llama la Revolución Ciudadana. La vía ecuatoriana para la construcción del socialismo del siglo XXI, como señala, con base en la cultura ancestral de los Andes.
Es que de construir ciudadanía se trata. Por eso el brasileño Lula da Silva insiste con frecuencia en que la oligarquía de su país no tolera que un metalúrgico haya triunfado allí donde ellos no pueden mostrar éxitos. Que un tornero, un colectivero como Maduro o un cocalero como Morales amplíen los valores ciudadanos es un problema para los poderes constituidos, porque los desafía a que cristalicen en hechos lo que en palabras repiten desde la revolución francesa.
Por eso resulta inesperada y difícil de combatir esta ola que en Estados Unidos tiene varias décadas de personajes que cuestionan las ansias de control y vigilancia del estado. Sobre todo porque no surge de sectores de la izquierda –con muy poco peso allí– sino de personajes inclinados más bien a la derecha. Snowden no es un adalid del socialismo sino un joven con espíritu patriótico que quiso enrolarse en los Boinas Verdes, la tropa de élite que en Vietnam cometió las mayores tropelías en nombre de los valores occidentales. Pero fue rechazado y se convirtió en un «nerd» apasionado por la tecnología. Sin embargo, al mismo tiempo adhirió a los grupos libertarios de Estados Unidos, que jamás apoyarían una sociedad igualitaria, pero tampoco soportan la intromisión del gobierno en sus vidas privadas. Por eso apoya a Ron Paul, el líder de este sector, representante republicano por el 14 distrito de Texas que sostiene a rajatabla las ideas económicas de los popes del neoliberalismo a ultranza encolumnados en la escuela austríaca, como Friedrich Hayek, Murray Rothbard y Ludwig von Mises.
De allí la dificultad para encuadrar la actitud de Snowden. Para la senadora demócrata Dianne Feinstein el joven cometió un «acto de traición a la patria». Son muchos en el gobierno los que piensan igual. El problema es que lo que hizo Snowden fue divulgar operaciones secretas de su gobierno que según consideró, afectan la intimidad de las personas y no tienen ninguna justificación ética y estratégica. ¿A qué enemigo le dio información? ¿A los medios de prensa que la publicaron? ¿A la ciudadanía que se enteró oficialmente de lo que circulaba como teorías simplemente conspirativas? ¿El enemigo es la ciudadanía?
Estas preguntas no figuran en el debate de los involucrados en el bloqueo aéreo a Evo. Con lo cual parece que brindar protección a un ciudadano amenazado por un estado es un acto punible, pero no vigilar los movimientos de los ciudadanos comunes. El caso revela el doble discurso cuando no la hipocresía de los gobiernos europeos que unos días antes se rasgaban las vestiduras por la publicación de las filtraciones de Snowden –qué otra cosa podían hacer ante una opinión pública azorada por la información, siendo que ellos conocen la trama de la novela desde la investigación del Europarlamento por el sistema Echelon en el año 2000- y terminaron siendo serviles a Washington.
En relación con Obama qué más se puede decir. Luego de ganar el premio Nobel de la Paz en 2009 no sólo no desarmó la cárcel de Guantánamo, sino que terminó por legalizar el sistema de asesinatos selectivos en cualquier parte del mundo y la vigilancia global, amparado en leyes secretas que se consolidaron después del 11S y que nunca cuestionó. En esta segunda gestión, a pesar de algunos contratiempos si se quiere menores, lanzó una contraofensiva en todo el planeta. Ayudado por los países europeos pero también por la demora de algunos latinoamericanos remisos a tomar partido porque parecen no haber comprendido el mensaje que se quería transmitir con Evo. Que el enemigo, más allá de las palabras grandilocuentes, es el ciudadano. Y que ese no es un mensaje ni de izquierdas ni de derechas, como sí entendió Snowden.
Tiempo Argentino, 6 de Julio de 2013
por Alberto López Girondo | Ago 8, 2010 | Sin categoría
En una entrevista exclusiva, el presidente boliviano repasa parte de su pasado como dirigente sindical, cuenta cómo se hace política sin dinero y critica la cobertura que reciben dirigentes derechistas que huyeron al Norte.
Evo Morales impacta. Por una sencillez que en nada refleja el cargo que ocupa ni el lugar en la Historia que sin dudas ya se ganó. Por los logros desde que se dio a conocer como dirigente campesino, allá por los finales del siglo XX. Porque se empecina en cumplir con las promesas electorales de cambiar en profundidad y definitivamente a un país atravesado por la injusticia y el racismo. Y porque, aunque se niegue, podría dar lecciones de cómo amalgamar voluntades e intereses contrapuestos en beneficio de un bien común. La Constitución del Estado Plurinacional es un ejemplo, que recién se está poniendo en marcha luego de la aprobación de las cuatro leyes fundamentales.
Morales recibió a Tiempo Argentino el martes pasado, en su habitación del hotel Alkazar, de San Juan, donde había estado en la Cumbre de Presidentes del Mercosur. De sport, mientras se preparaba para un acto ante la comunidad boliviana afincada en Cuyo. Con poco tiempo, como le ocurre desde hace décadas desde que se metió en la dirigencia gremial de los campesinos cocaleros.
Responde parco, cuidando las palabras, se diría que tenso. Hasta que la conversación deriva en cuestiones personales, de esas que le dan dimensión de hombre, y entonces se relaja, se suelta. Ahí aparece un hombre consciente de su destino, con un pasado muy rico en vivencias. Que de un origen humilde como hijo de un trabajador golondrina, construyó luego una fuerza política capaz de convertirse por primera vez en una alternativa de poder, para la absolutamente mayoritaria población indígena de la nación fundada por Sucre y bautizada en honor a Bolívar.
−Usted contó la emoción que le producía haber estudiado en un colegio de Calilegua, sin saber siquiera el idioma, a haber llegado a recibir el título honoris causa de dos universidades en San Juan. ¿Cómo vivió ese momento?
−Pues conmovido, claro. Hay muchas cosas que pasaron. Y mira las que pasaron después de Calilegua.
−Vendió helado, jugó al fútbol, nada hacia suponer este presente.
−Vendía Picolé (palito de agua), y bastante vendía. Mi padre era muy trabajador, porque a veces había paro de trabajadores, entonces mi padre trabajaba sábados y domingos, esperando continuamente que hubiera paro.
−Claro, si había paro no podía cobrar.
−Ahí descansaba, claro.
−Usted recordó con agradecimiento a Kirchner y lo catalogó más que como secretario, como presidente de la Unasur. ¿Por qué?
−En 2006, cuando yo empecé, estaba de presidente Néstor Kirchner. Y en nuestras reuniones él me alentó, me inspiró, me orientó, me animó, me impulsó mucho en mi presidencia. Yo recién electo, y en mis primeros meses de presidente. Ha sido muy solidario conmigo. Y en mis primeros meses, mi primer opositor fueron las inundaciones, y él fue muy solidario en febrero, marzo, con helicópteros, fuerzas armadas ayudando a la gente por las inundaciones. Una larga historia. Y en el momento más difícil de amenazas por las trasnacionales después de la nacionalización del petróleo, después del 1 de mayo de 2006, cuando la oposición decía “no va a haber inversión, no va a haber nuevos campos petroleros, no va a haber exploración, se van a espantar los inversores”, ahí estaba Néstor Kirchner diciendo “no se preocupe, acá estamos nosotros, todos juntos”. También cuando desde el Oriente nos impedían la llegada de alimentos, aceite, estuvo presente, se ocupó de que nada nos faltara.
−¿Y con Lula cómo es la relación? Porque el tema del petróleo no fue fácil…
−(Sonríe) Con Lula, después del 1 de mayo de 2006, tuvimos problemas. Yo intenté en varias oportunidades comunicarme, y ha sido difícil comunicarme telefónicamente. Yo quería comunicarme, decirle que “vamos a tomar la propiedad”. Como no podía, decidí ejercer la propiedad como Estado. Expropiar, por supuesto. Ahí momentáneamente hubo un problema y ahí el mismo compañero Kirchner nos convocó a cuatro presidentes: él, yo, Chávez y Lula, bajo la dirección de Kirchner, en una ciudad de la Argentina, no me acuerdo exactamente, lo resolvimos.
−¿Qué les dijo?:“Pónganse de acuerdo”?
−Discutimos, yo le expliqué de manera detallada. Una vez que nos entendimos, ya mejoramos las relaciones y en diciembre de 2006, en la Cumbre de Jefes de Estado de Europa, Latinoamérica y el Caribe, en Viena, hemos superado eso. Nos sentamos a ver cuáles son nuestras diferencias. Y yo le dije: “Tengo un mandato del pueblo y el mandato del pueblo es ejercer el derecho de propiedad como socios, no con patrones.” Y uno de los contratos ilegales e inconstitucionales que decía (recita de memoria): “el titular −que es la transnacional− adquiere el derecho de propiedad en boca de pozo”. Y nos dicen los gobiernos neoliberales “cuando está bajo tierra sigue siendo nuestro, pero cuando sale de boca de pozo, ya parece que son de las trasnacionales petroleras”, y acabamos eliminando eso.
−¿Ahora la relación es buena?
−No… está bien. Con Lula ahora tenemos excelentes relaciones. Compartimos ideales, él como presidente obrero, yo como presidente originario. Esa es también la diversidad de Sudamérica
−Bueno, son los dos presidentes que vienen de más abajo.
−Así es, ambos venimos de abajo, pero yo mucho más abajo que él. (Risas)
−Qué le diría a Obama si lo tuviera adelante?
−Le diría que como uno de los discriminados, como es su sector social, que no discrimine a otros latinoamericanos en los Estados Unidos. Le diría que como excluido, marginado, perseguido, como afroamericano que es él, ¿Cómo puede permitir normas como las de Arizona para expulsar a los latinoamericanos? Que por encima de nuestra diferencias de no al capitalismo ni al imperialismo, esto es algo social importante. Seguro que mañana voy a enviar una carta a Obama que estoy elaborando, ahí va a ver. (Efectivamente, la carta fue anunciada dos días después, está fechada el jueves 5 de agosto.)
−¿Cambiaron algo los Estados Unidos entre Bush y Obama?
−Para nada. Hasta ahora, para nada. Sólo la expectativa de su presencia en la presidencia, pero yo siento que no cambia nada. Sigue el bloqueo económico a Cuba, siguen esas políticas del capitalismo en crisis. Eso yo no puedo entender. Como vengo de una familia pobre, cuando hablamos de capitalismo se habla de gente millonaria, de Estados ricos, y que tengan semejantes crisis económicas. Las quiebras, la crisis, las nacionaliza Obama. Aquí nosotros nacionalizamos la riqueza, pero no la pobreza ni la crisis. Esa es también nuestra diferencia.
−¿Qué le aconsejaría ante las crisis? Porque Latinoamérica tomó otros rumbos y le fue bastante mejor.
−Mira, yo no soy quién para aconsejarle ni dar lecciones sobre políticas económicas. Respeto sus políticas si son democráticas, por supuesto, pero lo que no aceptamos es en este nuevo milenio a los imperios, a las monarquías, oligarquías o jerarquías. Estamos en el tiempo de los pueblos. Por lo tanto habría que implementarse políticas que beneficien a los pueblos y no simplemente a grupos de los pueblos. Esa es nuestra profunda diferencia. Tarde o temprano, estoy convencido, el capitalismo va a caer, y los pueblos se levantarán. Entonces, antes de que sean rebasados por los pueblos, es mejor encabezar esas profundas transformaciones.
−Otro dato de la realidad es que mientras en Bolivia se aprobaba la Ley de Autonomía (último eslabón para implementar los cambios de la nueva Constitución), donde se reconocen 36 nacionalidades, en España se discute con fuerza la nacionalidad catalana.
−Es todo un proceso ese de las transformaciones democráticas, los cambios estructurales, los cambios orgánicos de las distintas estructuras del Estado. En Bolivia tenemos un Estado plurinacional, no un Estado colonial. Un Estado con autonomías departamentales, regionales, pero en el marco de la unidad del país. Esa es la transformación que hacemos, felizmente con el acompañamiento del pueblo. En Bolivia ya estamos en la tercera etapa de esa Asamblea Constituyente, que es la implementación de la Nueva Constitución. Felizmente acabamos ya con las leyes orgánicas, ahora vienen las leyes laborales, sociales, productivas, para garantizar estas transformaciones profundas de Bolivia. No faltaron en los pasados años quienes entendían la autonomía como independencia, o autonomía para pequeños grupos que después de perder a nivel nacional, se metieron en las regionales para que esas autonomías sean las oligarquías. Se equivocaron, y nosotros estamos buscando autonomía para los pueblos y no para las oligarquías. Esa es la profunda diferencia. Ahora, cuando ya empezamos a implementar autonomías para los pueblos, hay resistencia en los departamentos (o provincias, como los llaman aquí), resistencia porque no quieren soltar la plata allí.
−¿Cómo marcha eso? ¿Cómo cree que cambiará la sociedad?
−Mira, yo sé que cuesta cambiar. Por eso yo digo, podemos cambiar con alguna dificultad normas, leyes, una Constitución, pero lo que no se puede cambiar es la mentalidad. Eso es lo más difícil para mí. Ahí tenemos muchas diferencias. Y quienes venimos de las luchas sociales, que somos dirigentes sindicales o de cualquier movimiento social, sabemos que fundamentalmente la función pública es servicio, es sacrificio, es compromiso con el pueblo. No pensar en uno o en dos, mientras que hay alguna gente que ya no son de compromiso, de sacrificio para los pueblos, eso es lo peor. Aquí se requiere de una profunda reflexión, educación, orientación si pensamos en nuestra querida Bolivia. Y mejor todavía si pensamos en integrarnos a Sudamérica, a nuestra querida Latinoamérica. Yo sigo convencido de que somos la esperanza para el mundo. Entonces ¿Qué hacer ahora?
−La lucha más fuerte la tiene entonces dentro de sus propias filas. Cambiar al hombre, como pedía el Che Guevara.
−Sí, sí, eso es, estoy convencido: cambiar al hombre, un nuevo hombre, con una nueva mentalidad. Eso empieza desde la niñez. Hay ciertas estructuras como la justicia o la policía, donde a veces es muy duro, muy duro, muy duro… Porque es el Estado colonial, y el Estado colonial es la mentalidad, y esa mentalidad que está representada en el Estado colonial es el egoísmo, es la ambición personal, que no es una buena ambición para la patria.
−¿Cuándo se pensó como presidente? Imagino que no cuando estaba en Calilegua.
−No, para nada. Ni cuando fundamos ese instrumento político de la liberación económica y social. ¿Cuándo pensé? En 2002, para mi primera candidatura. Con otros dirigentes especialmente del sector campesino hicimos un programa, que era como un pliego único de la Central Obrera Boliviana. No era un programa-programa (repite con énfasis). Nos presentamos, no teníamos plata y nos sorprendemos. Cinco partidos en total eliminé: Bolivia Libre, un supuesto Partido Socialista que se va con la derecha, otro pequeño de Oruro, cinco legalmente reconocidos juntos con la cabeza del MNR de Gonzalo Sánchez de Losada. Nos ganaron con menos del 1% y nos robaron el triunfo.
−Le hicieron un gran favor, suele decir.
−Pero me quedé tranquilo y contento, porque no estábamos preparados para gobernar porque hemos dado la sorpresa.
−¿Pero pensaban que podían ganar?
−No. Las encuestas decían que tendríamos alrededor del 5% máximo, cuando hemos sido los primeros, y solos, y no como el MNR, eliminando a 5 partidos aliados entre sí. Y ahí dije: “En cualquier momento soy presidente, hay que prepararse.”
−¿Cómo fue ese momento? ¿Cómo fue eso de prepararse? ¿Se trataba de cuadros, de una preparación personal?
−Mira, ese año ganamos en el departamento de Potosí, sin candidatos, hemos ganado senadurías sin candidatos.
−¿Cómo es eso?
−Mira, en un departamento el ganador tiene dos senadores y yo tenía dos candidaturas a senadores. Sin embargo, faltando dos semanas el segundo candidato renunció y solo hemos ido con un candidato. Ganamos el departamento y nos correspondían los dos senadores, pero no teníamos a los dos senadores… Igualmente ocurrió en el departamento de La Paz. Y lo más importante, mis compañeros del campo, mis hermanos, hermanas, dejaron de trabajar escuchando la radio voto a voto. Mirando, mirando… Faltaba poquito para ganar (junta la uña del pulgar a la punta del índice derechos). Esa es la alegría. Y yo tenía miedo. Pero eso fue un error de la derecha-derecha (vuelve a enfatizar). El error de los Estados Unidos. Si yo hubiera sido el enemigo de ese momento político, hubiera metido al Evo Morales como Presidente en 2002, cuando todavía no estábamos preparados, y además de los 130 diputados teníamos apenas 27, lo mismo nos pasaba en Senadores. Éramos minoría y todavía sin ninguna preparación. Y ellos, mayoría, con su bancada, me hubieran eliminado.
−¿Y qué pasó?
−Pues mira, qué hizo ahí el ex embajador de los Estados Unidos, Manuel Rocha, ese que dijo que yo era el Bin Laden andino, de los cocaleros a los talibanes. Pues faltando dos semanas para la elección, dijo: “No voten por Evo Morales, y si lo votan no habrá apoyo internacional.” ¿Y qué hizo?, Juntar a dos partidos que son de la derecha, pero eran enemigos entre ellos: el MIR y el MNR. ¿Quiénes eran los operadores para estas alianzas? Uno condenado por narcotráfico, Oscar Eid Franco, y otro también narcotraficante, el delincuente Carlos Sánchez Berzaín, que se escapó a los Estados Unidos, y su secretaria fue encontrada con más de cuatro toneladas de cocaína en el aeropuerto de El Alto. Estos dos delincuentes eran operadores políticos, uno a nombre del MIR, otro a nombre del MNR. Y ellos hablando a nombre de la democracia, y yo, ahhh, asco (espanta con la mano derecha). Yo digo felizmente, si el embajador de los Estados Unidos hubiera sido inteligente le metía al Evo Morales, y en un año estábamos servidos. Parlamentarios de la oposición en mayoría, todavía sin ninguna experiencia, sin un programa. Hubiera pasado lo que con (Hernán) Siles Suazo, que no tenía mayoría parlamentaria y se volcaron los movimientos sociales contra él por una cuestión económica.
−¿Cómo hizo para hacer política sin plata?
−Todo organización, todo concientización, debate con los movimientos sociales, toda esa estructura. En mi sector, el del Trópico fundamentalmente, se movilizó para la campaña a nivel nacional. Hubo aportes sindicales, aportes de otras formas en las comunidades. Se gasta algo de propaganda en televisión, se gasta algo en las radios, algo en panfletería y en la movilización. Movilizarse con el aporte de cada uno. No es que el jefe del partido y el que es presidente va a poner plata. ¿Qué plata yo puedo poner? Cuando empezamos en el 95, en Chapare especialmente, nuestra primera participación en elecciones municipales, decisión orgánica, sindical, elección desde las bases de concejales, no teníamos plata para hacer panfletos ni afiches. La derecha nos inundó de propaganda y algunos compañeros ponían esos afiches de la derecha y nosotros decíamos: “Qué pasa compañero, ese no es nuestro partido, estamos haciendo propaganda para nuestro partido.” Y el compañero de base nos decía “pero ustedes también traigan su propaganda”. Y ahora qué hacemos. No tenemos plata. Por sindicato, por la central campesina un aporte. Hicimos todos un aporte, ya para banderas, ya para afiches. Nos alcanzó para 15 mil afiches, en la región, y los compañeros en vez de repartir, en vez de colocar, se lo llevaron dentro de sus casas (risas).
−¿Como recuerdo?
−Como recuerdo, como si fuera de nuestros libertadores. Y yo no era candidato. Me acuerdo siempre de una compañera, Herminia Mamani, no teníamos banderas de Izquierda Unida. Habíamos ido con la Izquierda Unida, así, a la prestada, y la bandera de un partido que se llamaba Movimiento Bolivia Libre era roja y amarilla, y la de Izquierda Unida era como la tricolor de Bolivia, amarillo, rojo y verde. Pero nosotros no teníamos nada. Herminia, nos comentó, fue decirle a una compañera: “Usted vaya a hablar contra el Evo Morales, contra el instrumento político, y diles que eres de Movimiento Bolivia Libre y que te den todas sus banderas.” Y habló contra mí, contra Izquierda Unida, y en el MBL le dieron todo. La compañera se había conseguido una tela verde, que las cosieron y así han tenido la bandera tricolor de Izquierda Unida. Le puedo comentar bastante de esto.
−Esos son los gestos que construyen, ¿no?
−Eso es, compromiso.
−¿Qué le falta construir aún?
−Seguir trabajando por la igualdad, por los sectores más abandonados. Según las Naciones Unidas, la extrema pobreza ha bajado del 40 al 30%, y es muy alentadora esta cifra. Evitamos la deserción escolar, con un bono llamado Juancito Pinto. La Renta Dignidad para los abuelos, que ahora son los abuelos de verdad porque disponen de un poco de dinero. Porque ahora en el campo los abuelos tienen para pagar las tarifas de energía eléctrica con su renta que reciben mensualmente. Es poco, pero tiene mucho significado para ellos. Quiero mejorar eso, esa es una forma de cómo ayudar a la gente no pudiente, a la gente abandonada históricamente. Otro deseo que tenemos es que los niños sean bien alimentados. Sin hambre. Estamos haciendo algunas industrias sobre procesos de cítricos, leche y otros productos, para mover las economías regionales y eso es alimento para niños en edad escolar.
−¿Cómo se posiciona la derecha? ¿Hay alguna posibilidad de levantamiento?
−Ninguna. Está totalmente derrotada. El último de sus líderes, mi contrincante Manfred Reyes, un delincuente, un maleante, se escapó a los Estados Unidos. Lamentablemente, los Estados Unidos, bajo la presidencia de Obama, se convierten en el basurero de los delincuentes de Latinoamérica. Los delincuentes se escapan allá y él no hace nada. ¿Cómo puede recibir a los delincuentes y darles asilo político? Desde Goñi, González de Losada y tantos otros. Los ministros que acá robaron, siguen escapándose a los Estados Unidos.
−¿Quién es hoy el principal enemigo de todo este proceso revolucionario?
−Algunos grupos oligárquicos, por supuesto, pero sobre todo es el capitalismo, el imperialismo de los Estados Unidos. Mediante la agencia norteamericana Usaid se infiltran en algunas alcaldías, algunos movimientos sociales, con prebendas, tengo cantidad de documentos sobre ese tema. Tratan de confundir, de enfrentar algunos departamentos entre ellos. Siempre ha sido así la historia, antes enfrentaron a La Paz con Chuquisaca y ahora quieren enfrentar a Oruro con Potosí. Pero son bien orquestados, bien organizados, para tratar de confundir este proceso. En 2007 o 2008, hablaron de que necesitábamos tener dos tercios para aprobar la Constitución, ahora tenemos dos tercios en diputados, dos tercios en senadores, dos tercios en alcaldes, dos tercios en gobernadores.
−¿Y no les resulta suficiente?
−Como ahora tenemos dos tercios, nos tratan de totalitarios, de autoritarios, de dictadores. ¿Qué culpa yo tengo si la gente nos apoya y tenemos dos tercios en todas las estructuras?
Tiempo Argentino, 8 de Agosto de 2010
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