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Evo Morales: «Cuando el imperio muerde, no suelta»

Evo Morales: «Cuando el imperio muerde, no suelta»

Evo Morales no pierde la calma ni el ánimo. A pesar de enfrentar una dura persecución del gobierno de facto de Jeanine Áñez en Bolivia, de estar en carácter de refugiado en la Argentina y de tener que comandar una campaña electoral clave en la historia de su país desde el exilio forzoso, el presidente se permite una humorada sobre su situación, que tiene mucho de definición política: «En mi carrera como antiimperialista, sólo me faltaba ser asilado y refugiado».

En la visita que realizó el viernes por la mañana a la redacción de Tiempo Argentino, en una extensa y generosa charla, repasó detalles de su salida de Bolivia, las maniobras golpistas, una mirada de la región y sus expectativas sobre el escenario electoral que se avecina. «Ahora sí que puede haber fraude», afirmó preocupado.

–Evo, le vamos a llamar presidente porque entendemos que si bien presentó su renuncia todavía no le fue aceptada.

–Este miércoles nos informaron que tengo una orden de aprehensión como parte de un juicio ordinario. Por Constitución y por ley corresponde a presidentes y ex vicepresidentes, juicios por responsabilidad. Esta orden de aprehensión es inconstitucional e ilegal, al margen de ser injusta, arbitraria, persecutoria. Se explica por tres razones importantes. Por razones políticas: policía amotinada, fuerzas armadas pidiendo mi renuncia, la OEA que se suma al golpe de Estado con semejante informe, que incendió y dejó tantos muertos. Seguían quemando casas de los familiares nuestros, de diputados, de ministros, de gobernadores, de asambleístas. Del racismo pasan al fascismo, atentando contra instituciones públicas como los tribunales electorales departamentales. Para que no sigan quemando y que no provoquen una masacre al día siguiente, presento mi renuncia. Para mí el derecho a la vida está por encima de cualquier derecho. Y en mi gestión no ha habido ni un muerto a bala. Hemos evitado eso. Tal vez eso me costó el golpe. Por Constitución,  mi renuncia debe ser tratada en la plenaria asamblea plurinacional, que debe ser convocada por reglamento y hasta ahora no han aceptado ni rechazado mi renuncia y por tanto los juristas me dicen que sigo siendo presidente. Estoy esperando que mi renuncia sea tratada de una vez. Me rechazan o me aprueban. Si hubieran aprobado mi renuncia, tiene que haber una sucesión constitucional, que tampoco hubo. No se respetó el reglamento. Convocó la derecha pero no hubo quórum y se autonombra una presidenta bajo una interpretación comunicada al Tribunal Constitucional. Eso no es legalidad. En tercer lugar, hay una ley nacional, la 651, del 20 de diciembre de 2015, que me proclama presidente del 22 de enero de 2016 al 22 de enero del 2020. Esa ley sigue vigente, no fue abrogada. Por eso no me corresponde juicio ordinario sino juicio de responsabilidades. Cualquiera puede iniciar proceso penal al presidente o expresidente vía la fiscalía, pero para eso se necesitan dos tercios de los votos de la asamblea. No me corresponde un juicio ordinario y menos una orden de aprehensión, que fue una decisión política que tomaron por una instrucción desde EE UU a la presidente autonombrada y a los ministros. No hay independencia de poderes. Por todas esas razones sigo siendo presidente y no corresponde un juicio ordinario.

–Aun con toda esta situación jurídica usted apostó a la política, está en campaña, dispuesto a buscar un candidato y ganar las elecciones. ¿Cómo imagina esa campaña teniendo en cuenta el grado de virulencia que ejerce permanentemente la derecha y la amenaza de que use recursos no transparentes para evitar un triunfo del MAS?

–Es el temor que tenemos. Ahora sí de verdad puede haber fraude. En el informe final de la OEA habla de irregularidades en 226 actas. Hemos hecho números y aunque todos los votos de esas actas fueran para la oposición, aun así ganábamos en primera vuelta. Ahí no se habla de fraude sino de irregularidades. Si hay irregularidades corresponde volver a votar en esas mesas, pero no nuevas elecciones generales. Al fraude le tengo miedo porque dos veces me robaron el triunfo. Cuando por primera vez fui candidato en 2002, hubo fraude, no hemos reclamado porque recién estábamos empezando. Quiero ser sincero, la primera vez que me ofrecieron ser candidato nos ha sorprendido la votación. Obtuvimos más del 20% entre cuatro partidos. A mí me ha sorprendido porque no estaba convencido de que podíamos ganar, pero a partir de ese momento dije: «En cualquier momento voy a ser presidente». Ahora hemos ganado por 648 mil votos, esa vez hemos perdido por 43 mil. Tengo mucho miedo del fraude. Yo estoy convencido: cuando el imperio muerde, no suelta. Ese es nuestro temor. Siento que están en campaña para eliminar al MAS. Yo dos veces pedí la legalidad de nuestro instrumento político como movimiento indígena: ASP, Asamblea Soberana del Pueblo, en el ’95. Hemos cumplido con todas las normas y nos rechazaron. En 2001 creamos el Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos (IPSP) y también nos rechazaron. Exmiembros de la Corte Nacional Electoral nos dijeron que lo habían rechazado por instrucciones de la embajada de EE UU. El MAS lo hemos como comprado. Era una legalidad que no tenía militantes, por eso es MAS-IPSP. Quieren anularnos, proscribirnos. No quieren que el 50% de la población participe en las elecciones. Públicamente dicen que no van a participar votantes de Argentina y de trópico de Cochabamba. En el trópico ganamos por 95%, en Argentina por más del 70%. Y donde no ganamos es donde quieren que haya elecciones. ¿Qué clase de democracia en esa? Si quieren elecciones libres y soberanas entonces hay que acabar con la persecución política y la represión.

–¿Cómo se contrapondrán al eventual?

–Yo tengo mucha esperanza en la comunidad internacional. Por eso pido una misión electoral formada por instituciones creíbles del mundo, formada por notables. De izquierda o derecha, porque hay notables internacionales que son institucionalistas, es decir que hacen respetar la norma. En estos días tengo reunión con el premio Nobel de la Paz, el hermano Adolfo Pérez Esquivel, quiero que con otros premios Nobel puedan garantizar y acompañar a nuestros técnicos. Tengo mucha confianza en la ONU, el Centro Carter, que son expertos en estas cuestiones de procesos electorales. Comparto la preocupación de ustedes, porque es la preocupación del pueblo boliviano.

–Cuando habla del gobierno de facto, siempre habla de (Jeanine) Áñez, (Luis) Camacho y (Carlos) Mesa.

–¿Por qué (hablamos de) Áñez, Camacho y Mesa? Al día siguiente de las elecciones del 20 de octubre, Carlos Mesa convoca movilizaciones. Queman dos tribunales electorales en Sucre y Potosí. Al día siguiente, el de Cobija, Pando. Ahí empieza el golpe. Aunque ahora me informan qué había: al que comandaba una región le daban dinero. Que hermanos bolivianos fueran a cortar caminos, calles, destrozar casas… Camacho era unos de los líderes y dijo en una de sus intervenciones que hay que hacer igual que Pablo Escobar y levantar nóminas de los traidores de Santa Cruz. No hubo sucesión constitucional. Y entonces aparece la Áñez. Los tres son responsables. Hay corresponsables como Marco Pumari, algunos movimientos sociales, algunos sectores…

–¿Cree que se van a unir para las elecciones? ¿Es bueno para el MAS o no?

–Sería lindo que se juntaran… Pero dudo de que puedan juntarse porque el Departamento de Estado de EE UU pidió que el candidato fuera de Carlos Mesa. La derecha tiene derecho a unirse. Ahora se presenta otro candidato: cuando se fraccionan es más fácil para nosotros. No estamos bien, debo reconocer. Pero hay un voto duro, duro, duro y vamos a ganar. Al ver la parte económica de este gobierno, siento que la gente va sumándose. Una cosita del tema económico: desde que llegamos al gobierno, nunca hemos usado un dólar del Banco Central de Bolivia para pagar sueldos y aguinaldos. En diciembre se pidieron 2800 millones de bolivianos del Banco Central para pagar sueldos y aguinaldos. Casi con un mes de paro, se han perdido exportaciones por casi 4 millones de dólares al día. Pero además, la derecha violenta tomó los impuestos. La gente siente que estamos peor. Por eso somos optimistas…

–¿A qué obedece la traición de la cúpula de las FF AA. Eso fue esencial para producir el golpe.

–El aniversario de las FF AA es el 7 de agosto. El comandante en jefe seguía hablando de antiimperialismo, apoyando el proceso de cambio. Cuestionaban los programas de la derecha, que hablaban de cerrar escuelas de sargentos, entre otras cosas… ¿Sabe qué estimo? Dos cosas: una, la plata, se comenta, se rumorea, aunque no hay pruebas, o es una cuestión de clase. ¿Por qué digo esto? En mi gestión, cuando fui a las promociones, casi la mitad de subtenientes egresados eran de apellido aymara-quechua: Condori, Mamani, Quispe. Cuando había ido por primera vez, había unito, dositos. Se hacían cambiar el apellido. En vez de Mamani, Majmonis, en lugar de Condori, Condorcet, para entrar al colegio militar, pero ahora, orgullosamente, Quispe, Mamani, Vilca. Yo he visto eso de cerca. ¿Y qué me informan algunos pilotos quechuas aymaras que estaban en la represión? Que no querían disparar. «Al frente está mi mamá, mi papá, no voy a disparar». A esos oficiales los han encuartelado, no los han dejado salir, especialmente a oficiales del trópico de Cochabamba. Alguna subteniente me llamó llorosa, que estaban como fichados. Esto demuestra que esa traición de las FF AA es una cuestión de clase.

–¿Y por qué no se dio esa traición antes?

–Varios golpes de Estado hemos derrotado, recuerden en 2008, recuerdo que (Michelle) Bachelet y Cristina (Kirchner) convocaron a una reunión. Fue derrotado. Otro en 2012, una marcha que llegó a La Paz y no reprimimos. La policía había hecho dos semanas de paro. Estuvieron marchando dos semanas y los derrotamos. No sé cuántos golpes derrotamos. Pero ahora con las mentiras, estos fascistas, racistas, confundieron con mentiras. Creo que tienen que ver algunos medios de comunicación y especialmente las redes sociales. Yo diría que junto a algunos medios de comunicación le están haciendo mucho daño a la humanidad. Pero también hay unos factores que creo que son parte de la lucha de clases. Yo tuve reunión en Santa Cruz, como siempre tantas reuniones, porque para mí la democracia no termina el día de los votos, es cada día. Y tuve una reunión con un grupo de jóvenes, hijos de empresarios, clase alta y clase media. Uno de ellos qué me dijo: «Presidente Evo, ¿los politólogos qué tenemos que hacer?». Nosotros tenemos una politóloga, la joven senadora Adriana Salvatierra. Dije que tienen que hacer lo que hace la senadora: hagan política. «Ah, entonces –me dijo– haga una ley que solamente los politólogos debemos hacer política». Claro, yo no soy politólogo. Todos hacemos política, obreros campesinos, indígenas. Mi interpretación es que se sienten desplazados los politólogos por indios, campesinos. Segundo, con las nacionalizaciones ha habido movimiento económico, por eso el crecimiento. Cuando llegamos al gobierno nos han dejado con 9000 millones de dólares del PBI. Año pasado, diciembre, hemos terminado con 40.800 millones dólares del PBI, para un país que tiene 10 millones de habitantes. Durante tiempos de privatización y neoliberalismo, 3000 millones de dólares de renta petrolera. El 1 de mayo de 2006 nacionalizamos y en diciembre del año pasado hubo un balance con 38 mil millones de dólares de renta petrolera. Cuando había movimiento económico, algunos compañeros que estaban en la pobreza pudieron salir. Ustedes saben, cuando hay movimiento económico se organizan, hay empresas familiares, negocios. Abandonaron su identidad, no saben de dónde vienen. Dejaron la pobreza: y hay otra mentalidad. Quieren más, y no porque son del MAS (ríe).

–¿Perdieron la mentalidad indígena?

–Algunos, digo, que este año se juntaron, ahí viene la mentalidad racista fascista. Hubo agresión a la gente humilde, quemaron la wiphala, que es un símbolo no solamente de identidad nacional, sino hasta continental. El movimiento indígena estuvo en la resistencia al golpe. Los muertos en La Paz, en Senkata, en Sacaba, Cochabamba, hay aymaras y hay quechuas. Si la COB hubiera acompañado en una huelga general indefinida con bloqueo de caminos se derrotaba a los golpistas.

–¿Y por qué no acompañaron?

–Hay que preguntarles. Hay un debate interno.

–¿Hay algo de lo que se arrepienta?

–Tal vez haber aceptado de la Central Obrera Boliviana y otros sectores sociales esta cuarta candidatura. Que es constitucional bajo una sentencia constitucional aplicada en algunos países de América Latina como Honduras, Costa Rica y Nicaragua y en base al Pacto de San José…

–¿Esa postulación generó rechazo en la sociedad?

–Dijeron que era una dictadura. Desde la década del ’60 por primera vez un partido ganaba por más del 50%, el 60%. Antes había lo que se llama democracia pactada. Como ninguno sumaba la mayoría pactaban entre cuatro partidos. Cada uno mandaba un ministro, un viceministro, cada uno respondía a su jefe de partido y no al presidente. Nunca había gobernabilidad así y eso ha perjudicado bastante. «

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(Foto: Diego Martínez)

El miedo, la solidaridad, las traiciones

–¿Tiene miedo de que comentan un atentado en Buenos Aires?

–Eso veremos. Tengo mucha confianza en el pueblo argentino. En todo el mundo hay gente que no comparte la lucha de los humildes, con la gente pobre. Pero sí, se tiene miedo. Sería largo comentarles cómo nos salvamos ese día en que dejé Bolivia.

–¿Se siente cobijado en la Argentina?.

–Me siento bien. Muchas gracias por tanto cariño del pueblo argentino. Le agradezco al presidente Fernández por hacer gestiones no sólo por mi refugio sino ese mismo día: por lo menos cuatro presidentes estuvieron haciendo gestiones para que salga. El presidente de México, de Paraguay, de Venezuela y por entonces el presidente electo hermano Alberto Fernández. Si no, qué hubiera pasado. El 11 llegó mensaje de nuestro embajador en la OEA de que ellos estaban dispuestos a poner un avión para sacarnos. Yo decía que eso era directamente para llevarme a Guantánamo. Quién les puede creer. Lo peor es que hicieron seguimiento al avión mexicano preguntando quiénes eran los pilotos del avión.

–¿Se puede decir que la intervención de Alberto Fernández y los otros presidentes le salvaron la vida?

–Nosotros estábamos el día 11 monte adentro, selva adentro, esperando que llegara el avión. Con más de 10 mil compañeros concentrados por tema de seguridad en el aeropuerto de Chimoré, esperando, si hay permiso, si no hay permiso, si hay aval, si no hay aval. Lamentablemente el comandante de la Fuerza Aérea Boliviana nos jugó muy sucio. Yo hablé con él, porque nos decía que faltaba un permiso, que una carta de la embajada de México… Hasta que nos dijo: «Presidente, no puede entrar un avión militar a Chimoré». Me enojé. Le dije: «Cómo es que antes llegaban aviones militares de EE UU cuando era base de ellos y semanas atrás, Turquía ofreció aviones a la Fuerza Aérea y han traído un avión militar y lo han llevado a mostrar en La Paz como parte de los negocios de Estado a Estado. Y ahora me dice que no puede entrar un avión militar, comandante». Se quedó calladito. Me dice: ¿por qué no te viene a recoger un avión privado? El motivo es que tal vez lo tumbaran. Algunos militares ya no dependían del gobierno sino de la DEA y de EE UU.

“Demostramos que es posible otro mundo sin el FMI”

–¿Qué le quedó por hacer?

–Primero hemos recuperado la democracia. El segundo proceso de cambio fue que millones y millones volvieran al gobierno. Ahora, debemos volver y continuar, para demostrar que otro mundo es posible sin el FMI, que otro mundo es posible sin el Banco Mundial. No estar sometidos a las políticas de privatizaciones, porque el FMI y el BM, si dan créditos, luego chantajean. Las privatizaciones son políticas para concentrar el  capital en pocas manos. Cuando llegamos en 2006, Bolivia era el último país de Sudamérica y en los primeros seis años fue primero en crecimiento económico. En el Banco Central de Bolivia estaban las oficinas del FMI. En el estado Mayor del Ejército, estaba el grupo militar de los EE UU, las oficinas de la CIA estaban en el Palacio Quemado. Nos hemos liberado de todo eso.

–¿Todos ellos se unieron para el golpe?

–Desde afuera y desde adentro se unieron para el golpe. ¿Qué faltaba? Hemos garantizado la liberación política, ideológica. Hemos garantizado la liberación económica. Lo que faltaba es la liberación tecnológica. Varias naciones de América Latina lo planteaban y hay que trabajar unidos. ¿Hasta cuándo vamos a seguir importando tecnología de Europa o de Asia? Los más avanzados son Argentina y Brasil, pero no es suficiente. Nos faltó esa liberación tecnológica. Hay que pensarlo seriamente, tenemos semejante materia prima: ¿hasta cuándo vamos a depender de ellos? Y aquí, compañeros, quiero que sepan: al margen de ser un golpe al indio, al proceso de cambio, demostramos dos cosas. Hemos demostrado que otro mundo es posible sin el FMI. El plan de industrialización de 41 plantas, laboratorios, plantas piloto, hemos inaugurado la planta de industrialización del litio. Hemos inaugurado la planta de cloruro de potasio; hasta diciembre hemos exportado 16 toneladas a Brasil y un poco a Chile. Para el próximo año está previsto inaugurar la gran industria de carbonato de litio y para este año está previsto producir 400 toneladas de la planta piloto. Y teníamos el plan de tener una planta de baterías de litio. Convocamos a una licitación pública internacional para tener socios en el mercado mundial. Socios de China, de Alemania, de EE UU, de Rusia, pero con el Estado a la cabeza. Todos saben la importancia que tiene el litio en la industria y la energía. Por eso estoy convencido de que también fue un golpe al litio.

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(Foto: Diego Martínez)

“Tanto nos hacen falta Néstor, Chávez, Lula…”

–¿Cómo ve este momento de la región?

–Lo mejor fue en tiempos de Kirchner, Lula, Chávez. Acá en la Argentina acabamos con el Alca, Área de Libre Comercio de las Américas. Yo decía que debía cambiarse por ALGA Area de Libre Ganancia de las Américas, que era parte del Consenso de Washington. Derrotamos acá. Fui en tren con Maradona, estaba Fidel. Esa generación de Néstor, todos, la integración sudamericana, Unasur. Ahora, que tanto hacen falta Chávez, Kirchner, Lula. Hemos retrocedido. La derecha está destrozando a la Unasur. Ahora no se llama Consenso de Washington ni Alca, se llama Grupo de Lima. Gobierna la derecha, están con las privatizaciones, sometidos a las políticas que vienen del norte. Para ellos los servicios básicos son negocio privado. Para nosotros, los progresistas, los izquierdistas, los antiimperialistas, son un derecho humano. Como salud y educación. Excepto Bolivia, no hay golpes de dictaduras militares como en los ’60/’70 con Plan Cóndor. Ahora son golpes judiciales o congresales. O como este de Bolivia, cívicos con violencia. Otra vez, el imperio norteamericano tiene otros mecanismos para descabezar. Usa la Justicia. En el caso boliviano, usar la policía y la fiscalía, las FF AA y de yapa, la OEA. Pero también tengo mucha confianza en los movimientos sociales. En Bolivia hay golpe de la derecha, pero en Ecuador, Colombia, Chile, sorprenden los movimientos sociales, las juventudes. Están convencidos de que la forma de no buscar cierta igualdad entre seres humanos no es ninguna solución. Yo he participado de tantas reuniones en las cumbres de jefes de Estado, en la ONU y todos los presidentes de países capitalistas proclaman paz, paz. Pero no va a haber paz sin justicia social. No va a haber paz con intervenciones y con bases militares. No va a haber paz cuando las políticas están orientadas a concentrar el capital en pocas manos. No va a haber paz ni vamos a garantizar la vida en su conjunto si no se respeta la madre tierra. La Pachamama, la madre tierra, planeta tierra, puede existir mejor sin el ser humano. Pero el ser humano no puede vivir sin la madre tierra. Es otra de las diferencias con el sistema capitalista. Las juventudes se dan cuenta y se organizan por encima de sus dirigentes. Me ha sorprendido El Alto. Sus dirigentes neutralizaban y no se han ido con todo, porque saben que se está jugando su futuro, su vida, la vida de las nuevas generaciones.

–Mencionó su cuarta gestión trunca, es como un karma en la región, por golpes o elecciones. Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia…

–No, son movimientos que vienen del falangismo, del banzerismo y 20 años de neoliberalismo. Esa gente que estaba acostumbrada a vivir de la política se sintió desplazada. Hemos tenido grupos que se levantaron. Pero también hay arrepentidos. Que votaron por Mesa. También algunos jóvenes que dijeron ni Mesa ni Evo, por jugar votaron por Chi, y ahora dicen: el chiste nos va a salir caro. A mí más me duele la muerte de seres humanos que de la economía. Las nuevas generaciones nunca han vivido lo que nosotros. Le hicieron creer que Evo era dictadura por los medios de comunicación. ¿Y después de 13 días de este golpe qué han dicho? Era mejor vivir 13 años de dictadura de Evo que con la democracia de la derecha con más de 30 muertos.

Lo viejo y lo nuevo

«Tenemos excelentes compañeros, nuevas generaciones de jóvenes del campo y de la ciudad. Grandes profesionales. No es problema de liderazgo.  Yo vengo desde 1988 como dirigente sindical. Lo más difícil es unir, unir, unir… Primero unimos a mi región, pasando el Trópico de Cochabamba. En cinco generaciones, cada uno andaba por su lado. Con mucha paciencia hemos unido a todos los campesinos indígenas originarios y luego a la Central Obrera Boliviana… Los movimientos obreros siempre proclaman independencia sindical y pluralismo ideológico, pero es una doctrina norteamericana. Obreros e indígenas eligen sus sindicatos pero no puede hacer política. ¿Por qué? Tenemos derecho a hacer política. Le hemos preguntado a los dirigentes en los ’80, en los ’90: ¿Hasta cuándo nos van a gobernar desde arriba y afuera? ¿Cuándo nosotros mismos nos vamos a gobernar? Durante el tiempo del neoliberalismo hasta el 2005, nos gobernaron Sánchez de Lozada y Quiroga, egresados de la Harvard de EE UU, hablaban más inglés que castellano; Banzer que estudió en el comando Sur de los EE UU; Jaime Paz Zamora, en Lovaina, Bélgica. Por eso nos preguntamos hasta cuándo. Pasamos de la lucha comunal y social, a la lucha electoral. Tenemos derecho. Como el sector obrero minero: conseguimos su independencia sindical; no podían hacer política y cuando había una elección, votar por la derecha… Y cuando la COB se levantaba, el paro acababa en estado de sitio, o confinados, detenidos, procesados. Nosotros dijimos: la lucha social y sindical debemos convertirla en una lucha electoral. Nace del movimiento campesino y unimos y llegamos… Para estas elecciones del 20 de octubre la COB dijo en su congreso ordinario: ‘el único candidato es Evo Morales’. Primera vez en la historia. La derecha tiene el miedo de que nos organicemos».

MARADONA

Evo le envió sus «respetos a Diego Armando Maradona». Aún no lo vio. Dijo que quiere jugar al fútbol con él y se interesó por su presente en Gimnasia.

Tiempo Argentino, 22 de Diciembre de 2019

La pesadilla de Evo Morales

La pesadilla de Evo Morales

Las imágenes del líder libio Muammar Khadafi asesinado a golpes por una turba de fanáticos, en octubre de 2011, seguramente vino a la memoria de Evo Morales cuando percibió el nivel de violencia que desplegaban los secuaces de Luis Camacho contra militantes y dirigentes del MAS. Adivinó que el destino del ex hombre fuerte de Libia y sobre todo el de esa nación desde la invasión de la OTAN, era un motivo más que suficiente como para resguardarse y pelear desde un lugar seguro para que el futuro de Bolivia no se parezca al de ese país norafricano.

De quedarse, el exdirigente cocalero también podría haber sido perseguido, encarcelado y ahorcado como Saddam Hussein, tras un juicio que llevó adelante un tribunal controlado por Estados Unidos, en diciembre de 2006. La suerte de Irak también quedó sellada desde que una coalición organizada por el gobierno de George W Bush con el Reino Unido, Australia, España y Polonia invadió a esa nación árabe en busca de armas de destrucción masiva. Las armas aún no aparecieron, mientras tanto, el sitio Iraq Body Count registra al cierre de este artículo 288.000 muertos, de los cuales el 80% son civiles. Pero muchas víctimas ni aparecen en los registros: cuando son eliminadas familias o pueblos enteros y porque además hay millones de desplazados.

Cada sitio donde tropas occidentales llegaron para “llevar la libertad y la democracia”, padece una sangría cotidiana y han desaparecido las entidades estatales: en Libia dos facciones se disputan el control, mientras que en Irak los levantamientos de estas últimas semanas en contra del sistema político diseñado por los invasores ya dejaron un saldo de 300 muertos por la represión. La principal riqueza de ambos territorios, el petróleo, fluye con total normalidad.

Tampoco la situación de Afganistán es floreciente luego de recibir a esos enviados de la civilización que llegaron a poco de los atentados a las torres gemelas, del 11-S de 2001. Principal productor mundial de opio, en 2000 los talibán había prohibido el cultivo de amapolas y la oferta mundial de heroína cayó un 73%. Luego de la invasión, la maquinaria anda a todo vapor y actualmente cerca de 600.000 personas viven de ese negocio: el 32% de la producción mundial de opio sale de esa región asiática y la dirigencia política se sustenta de esos ingresos.

Hubo elecciones el 28 de setiembre y aún los resultados no fueron confirmados. Abdulá Abdulá -que compite contra el presidente Ashraf Ghani- pidió detener el conteo para «salvar al proceso ante maniobras fraudulentas». Tal vez la demora es porque allá no está la OEA. Mientras tanto, la semana pasada Donald Trump indultó a dos militares de EEUU acusados de asesinar a mansalva a civiles afganos.

En Libia, el mariscal Jalifa Haftar mantiene el asedio sobre Tripoli, la capital, donde se asienta el Gobierno de Unidad Nacional -reconocido por los organismos internacionales- a cargo de Fayez Al Sarraj.

Haftar junto a Khadafi derrocaron al rey Idris, en 1969. Caído en desgracia en el conflicto con Chad, en 1986, huyó a Estados Unidos, desde donde participó en varios intentos por derrocar a su ex compañero de armas, con financiación de la CIA.

Lo lograría en 2011, pero los mismos que apoyaron su regreso en la llamada “Primavera árabe”, luego le fueron reacios, no fuera cosa que se convirtiera en otro líder inmanejable. Con apoyo de Arabia Saudita, Egipto, algunos países europeos y últimamente Rusia, Haftar tiene todo para hacerse del control total del país y avanza desde Tobruk.

Había un compromiso de realizar elecciones este año, que dificilmente se cumpla, y una Conferencia en Berlin para debatir el futuro de Libia que se realizaba estos días, sin resultado. Un intento de reconstrucción del país desde los escritorios centroeuropeos para licuar culpas.

Hasta 2011 Libia era un oasis para africanos que buscaban mejores horizontes. Desde entonces es el paso para atravesar el Mediterráneo hacia Europa. Cientos de miles intentan esa vía diariamente, muchísimos murieron ahogados antes de la otra orilla. La “ayuda europea” consiste en el apoyo al servicio de Guardacostas de Libia para evitar que crucen y generen mayores problemas migratorios. Ya tienen una avalancha de los huyeron por tierra de la guerra en Siria, donde también las fuerzas occidentales tienen mucho que decir sobre ese desastre humanitario.

El Irak de estos días no es un lugar mucho mejor donde vivir. El 1 de octubre pasado comenzaron manifestaciones exigiendo al renuncia del primer ministro Abdel Andul-Mahdi en protesta por los altos índices de pobreza y de violencia en un país que literalmente nada en petróleo y genera riquezas obscenas en la cadena ligada a su comercio internacional. Como en Chile, fueron los jóvenes los que encendieron la mecha, acosados por el desempleo. La respuesta del gobierno fue brutal: hay más de 300 personas asesinadas por fuerzas policiales. La falta de datos ciertos es una señal de la poca atención que medios e instituciones internacionales le están brindando a esta crisis desatada desde 2003, cuando el general Colin Powell, secretario de Estado de la administración Bush Jr ordenó el operativo contra Hussein.

Tiempo Argentino, 24 de Noviembre de 2019

El cerco alrededor de Alberto Fernández

El cerco alrededor de Alberto Fernández

El 27 de junio de 1973 una de las democracias más estables de América Latina, Uruguay, protagonizó el primer golpe de estado de su historia. Unos días antes, el 25 de mayo, había asumido en la Argentina el presidente Héctor Cámpora, luego de las primeras elecciones libres desde el golpe de 1955. El líder más importante del país, Juan Domingo Perón, había sido proscripto por los militares, que durante 18 años habían impedido una verdadera democracia en esta orilla del Plata.

No es cuestión de recordar aquí las convulsiones políticas que vivían los argentinos por entonces. Solo baste decir que Cámpora renunció el 13 de julio y se abrió entonces si, el canal  para el regreso de Perón por los votos populares.

Cuánto influyó el golpe en Uruguay para acelerar los tiempos locales es difícil de saberlo, el caso es que en Chile, otro ejemplo de democracia institucional duradera, el gobierno de Salvador Allende estaba acosado por la oposición y el 11 de setiembre el general Augusto Pinochet encabezó la dictadura más violenta que recordaría el país trasandino, un ejemplo, esta vez, de ferocidad militar al servicio de una clase social.

Doce días más tarde, Perón-Perón ganó la elección con el 61.85% de los votos. Un gobierno con una enorme fortaleza institucional, pero acosado en el exterior. Bolivia estaba gobernada por la dictadura de Hugo Banzer desde 1971 y Brasil, desde 1964.

Decir que Washington había digitado un cerco alrededor de Perón no es una interpretación conspiranoica, porque hay documentos que lo prueban. Invitar a la asunción de Cámpora al presidente de Cuba en tiempos de la guerra fría y luego darle crédito a la revolución para la compra de productos industriales elaborados en Argentina era un desafío a la política del Departamento de Estado que la Casa Blanca no habría de perdonar. El resto es historia.

Alberto Fernández también recibirá el bastón de mando con el país cercado. Incluso podría decirse que cercado en honor de la fórmula Fernández-Fernández. La apuesta a la continuidad de Mauricio Macri fracasó por inoperancia del intérprete de esas políticas. La vuelta de una coalición de fuerte componente peronista incomoda a los que estrategas de Washington. En esta, el Estado Profundo coincide claramente con Donald Trump.

La prueba más contundente de este aserto es el mensaje de Trump felicitando a los militares bolivianos que dieron el ultimátum para que Evo Morales deje el cargo. ¿Barack Obama hubiera hecho algo diferente? Si, el Premio Nobel de la Paz 2009 hubiese demorado unos días más en un mensaje semejante, pero la ola golpista la inaguruó su gestión en Honduras hace exactamente diez años. Después de todo, Henry Kissinger también recibió el Nobel de la Paz, en 1973, a pesar de haber apoyado los golpes en la región desde que asumió en la Secretaría de Estado, en enero de ese año.

Alberto Fernández sabe con qué bueyes le toca arar, por eso su primer viaje como electo fue a México y marca diferencias con Jair Bolsonaro y el propio Trump.  ¿Le serviría de algo entrar a la Rosada como lamebotas de la Casa Blanca o del Palacio del Planalto, como le recomiendan desde los medios conservadores?

El golpe en Bolivia se venía adobando desde que en febrero de 2016 Morales perdió el referéndum para una nueva reelección. Fue, esa vez, víctima de una fake news colosal: El 3 de febrero de 2016 el periodista Carlos Valverde, desde Santa Cruz de la Sierra -el epicentro de la oposición más furiosa a Morales- informa que el Presidente tuvo un hijo, al que nunca había reconocido, con Gabriela Zapata, que se presentaba como ejecutiva de una empresa china beneficiada con millonarios contratos del Estado, .

Para los valores de la sociedad boliviana, un escándalo por donde se lo mire. Luego de descubriría que ese hijo nunca existió, que la joven no era lobista de ninguna empresa y el propio comunicador debió reconocer que era una información falsa. Pero Evo perdió ese comicio por 51,3 a 48,7%.La joven cumple una condena hasta 2027 por legitimación de ganancias ilícitas, falsedad ideológica, uso de instrumento falsificado, contribuciones y ventajas ilegítimas y uso indebido de bienes y servicios públicos.

En concreto, Evo Morales fue perdiendo apoyo ante muchos sectores que lo habían sustentado desde su primer gobierno. Al deslegitimar la elección del 20 de octubre, la oposición se montó sobre un imaginario ya construido contra el presidente. Enfrentado a ese imaginario, el mejor mandatario que tuvo Bolivia en su historia -según cualquier parámetro que se utilice para medir su gestión- quedó contra las cuerdas.

Su período presidencial culminaba el 22 de enero. Había ofrecido nuevas elecciones con otro Tribunal Electoral y quizás hasta hubiese aceptado no presentarse. Pero al establishment eso no le convenía.

El viernes anterior, desde Buenos Aires, el Grupo de Puebla, la organización creada por Fernández y el chileno Marco Enríquez Ominami, celebraban como un triunfo del progresismo la liberación de Lula da Silva. Si Bolsonaro cumple el rol de antediluviano que amenaza a una Argentina de centro-izquierda, había que responder con un impulso igual y de sentido contrario al de esos líderes que esparan inclinar la balanza para el lado de los más débiles. Para aguar la fiesta.

Fue un golpe celebrado por el racismo latinoamericano y esos sectores religiosos neofascistas que acompañan tanto al presidente brasileño como al “antievismo” boliviano. Lo peor es que frente a un planteo militar como no se recordaba en la región desde los años 70, muchos periodistas y medios para los que trabajan ponen en la mesa el debate de si hubo o no un golpe de estado.

El regreso de los peores fantasmas de las dictaduras militares le sirve a estas derechas ultrareaccionarias para meter miedo. Y para decirles a los gobiernos democráticos que siguen ahí, agazapadas, pero siempre pueden volver, y peores.

En dos semanas los uruguayos eligen presidente en segunda vuelta. También allí hay una decisión crucial, entre gobiernos progresistas -aquí alternados dentro de una misma alianza- que ampliaron derechos y bienestar a la población, contra un discurso reaccionario. Aquí se puede cerrar un círculo o mantener una ventana abierta, justo ahora que parece ir despejándose el cielo del otro lado de la cordillera.

Como suele decir el ex vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, la consigna es “luchar, vencer, caerse, levantarse, luchar, vencer, caerse, levantarse, hasta que se acabe la vida. Ese es nuestro destino”.

Tiempo Argentino, 12 de Noviembre de 2019

¿Quién gobierna en Bolivia?

¿Quién gobierna en Bolivia?

No es la primera vez que Bolivia vive una situación de acefalía en su historia, pero tal esta termine convirtiendo en la más dramática. Porque literalmente el país está a la deriva en manos de bandas neofascistas que lograron la renuncia de toda la cadena de sucesión tras la renuncia del presidente Evo Morales y el vice Álvaro García Linera. A esto se suma en las últimas horas la del comandante de la Policía Boliviana, el general Yuri Calderón, uno de los protagonistas del golpe.

 «El Estado Mayor de la policía le ha pedido la renuncia a Calderón y el comandante ha renunciado, ahora se aguarda la designación de un nuevo jefe interino, mientras tanto comienzan a normalizarse los servicios», dijo a reporteros el director de comunicación de la policía, Ruddy Uría.

El autoacuartelamiento de los policías dio vía libre a la violencia desplegadas por los grupos que responden a Luis Camacho, el líder cruceño -mitad poderoso empresario y mitad fanático religioso- que entró al palacio de Gobierno con la renuncia que pretendía le firmara Morales y una Biblia. Ahora queda más claro que la rebelión policial no era solo contra el presidente constitucional y que él también estaba en la lista.

Por lo pronto, a la dimisión de la cúpula del Ejecutivo se sumaron la presidenta y el vicepresidente del Senado, Adriana Salvatierra y Rubén Medinacelli; y el titular de la Cámara de Diputados, Víctor Borda. La sensación en los corrillos políticos bolivianos es que “nadie quiere agarrar esa papa caliente”.

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Sin embargo, la segunda vicepresidenta del Senado, la opositora Jeanine Añez, sacó chapa reivindicando su derecho a asumir la presidencia. «Ocupo la segunda vicepresidencia y en el orden constitucional me correspondería asumir este reto con el único objetivo de llamar a nuevas elecciones», afirmó en una entrevista televisiva.

Según el portal www.paginasiete.bo, cercano a Mesa, la senadora Jeanine Añez ya se encuentra La Paz, «camino a plaza Murillo». Informa que partió en la mañana de la ciudad de Trinidad y que, del Aeropuerto de El Alto fue trasladada en un helicóptero militar.

Al arribar señaló: «Con la bendición de Dios estamos acá porque lo que queremos es lo mejor para todos los bolivianos (…) tenemos ya un calendario electoral, la población grita porque el 22 de enero tengamos un presidente electo y vamos a hacer los esfuerzos para eso se consolide».

Unas horas antes había puesto reservas. «Si tengo las condiciones, asumiré la Presidencia, lo haré por el país y por todos los bolivianos, pero si se decide otro camino que decidan los movimientos que llevaron adelante todo esto, también lo aceptaré», dejando en claro que no hay quién gobierna, pero si quiénes tienen el poder.

Es que técnicamente, la renuncia de Morales y García Linera debería ser tratada por el congreso, que no se reunió y para dar aval constitucional a la movida debe contar con los legisladores del oficialismo, que son la abrumadora mayoría. «La Asamblea Legislativa tendrá la tarea histórica de elegir al transitorio nuevo presidente”, dijo a la agencia Xinhua el constitucionalista y politólogo Franklin Gutiérrez.

El académico señaló que se debe convocar a una sesión conjunta de senadores y diputados que deben aceptar la sucesión de renuncias, y designar un gobierno transitorio que convoque a elecciones en 90 días. Pero además deben nombrar a un nuevo Tribunal Supremo Electoral y luego a los vocales de los tribunales departamentales electorales, quienes administrarán el futuro proceso electoral.

«Es una situación sin precedentes en la que el partido derrocado tiene la clave de la solución institucional, porque otra vía de sucesión sería simplemente inconstitucional», dijo a la agencia Sputnik el analista Vicente Guardia, sociólogo del centro privado de formación e investigación política Comunidad Cívica.

El experto deslizó que esa salida institucional depende de un acuerdo parlamentario pero también de la posición del movimiento cívico nacional, el grupo ultraderechista que encabezó tres semanas de protestas ciudadanas que siguieron a las elecciones del 20 de octubre.

El caos que siguió al pedido de renuncia del jefe del Ejército y el ahora renunciante titular de la policía, llevó a que Camacho asegurara que había un pedido de captura contra Morales, que el renunciante mandatario denunció en las redes sociales.

Al mismo tiempo, la Fiscalía General impartió órdenes de detención contra la presidenta del Tribunal Supremo Electoral (TSE), María Eugenia Choque, y a otros responsables de ese órgano, que apareció cuestionado por irregularidades en el comicio, detectadas en el informe de la OEA. «Al momento tenemos 25 aprehendidos» entre miembros del Tribunal Supremo Electoral y los tribunales electorales regionales, por órdenes emitidas por la fiscalía, indicó a agencia AFP el general Calderón poco antes de su dimisión.

Evo Morales, mientras tanto, sigue uniendo en la conspiración para derrocarlo a Carlos Mesa, el segundo en la elección del 20-O con Camacho.

Luego denunció los ataques sufridos por miles de simpatizantes del MAS y contra su propiedad, un asalto que recuerda al que sufrió en 1930 el presidente argentino Hipólito Yrigoyen de una turba fascista que había tomado el poder.

Tiempo Argentino, 11 de Noviembre de 2019