por Alberto López Girondo | Mar 10, 2019 | Sin categoría
La marea feminista que se extiende en todo el mundo repercute de una manera inesperada en Estados Unidos, donde tres mujeres del Partido Demócrata atraen los focos por sus posturas más a la izquierda de lo que se acostumbra por esos rincones de la tierra. Precisamente esa mirada sobre el país y el mundo generó fuertes acusaciones de antisemitismo y cruces en las redes sobre la influencia de los grupos de presión de la derecha israelí en la política estadounidense en general.
Las abanderadas de esta revolución política son dos mujeres musulmanas, Ilhan Omar y Rashida Tlaib, y una hispana, Alexandria Ocasio-Cortez. Tratando de poner paños fríos a la controversia aparece la jefa de la bancada demócrata en la Cámara Baja, Nancy Pelosi. Este jueves, como parte de la ofensiva contra estas damas incómodas para el establishment, los legisladores aprobaron, por 407 votos a favor y 23 en contra, una resolución que condena toda forma de odio, racismo, intolerancia, el racismo, el antisemitismo y la islamofobia.
Omar y Tlaib son las primeras musulmanas en ocupar una banca en el Congreso nacional. Tlaib nació en Detroit, Michigan, en el seno de una familia palestina. Omar nació en Mogadiscio, Somalia, y emigró con su familia cuando tenía 12 años, luego de pasar parte de su infancia en un centro de refugiados en Kenya. Tras ganar su curul por Minnesota, logró que se cambiara una norma de más de 180 años que prohibía llevar la cabeza cubierta en el recinto. Ella luce, orgullosa, su hiyab.
Tlaib apoya y promueve acciones de BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) un movimiento nacido en 2005 que pretende aplicar el mismo tipo de medidas que EE UU aplica contra Venezuela, Rusia, Irán y Corea del Norte para forzar a que Israel se retire de los territorios ocupados y se pueda constituir el Estado Palestino. En enero pasado, el ultraderechista Marco Rubio presentó un proyecto de ley que avanza desde el Senado para castigar a las empresas locales que se nieguen a comerciar con Israel alegando su compromiso con el BDS.
Las aguas del Parlamento habían comenzado a removerse hace algunas semanas, luego de que Omar retuiteó un comentario del periodista Glenn Greenwald, que saltó a la fama por haber entrevistado al analista de la agencia NSA Edward Snowden, que reveló el sistema de espionaje electrónico de los organismos estadounidenses.
Greenwald acusó al líder republicano en la cámara, Kevin McCarthy, de usar las redes para desplegar su odio contra ambas mujeres por sus críticas a Israel. Omar refritó una frase de un viejo tema del rapero Puff Daddy: «Todo es por los Banjamines, baby». La referencia de Daddy, que no ignora Omar, es a Benjamín Franklin, presente en los billetes de cien dólares.
Cuando alguien le pidió precisiones, la somalí-estadounidense simplemente puso: «AIPAC», que es la sigla en inglés para Comité de Asuntos Públicos Estadounidense Israelí, un poderoso e influyente lobby afín a la derecha de ambas naciones. El texto fue calificado de antisemita y despertó la ira tanto del presidente Donald Trump como de los republicanos, que llegaron a pedir que la expulsaran, como también de muchos demócratas del ala más conservadora del partido.
El caso creció hasta que Pelosi, que no es tonta, le pidió a Omar que se rectificara, cosa que la mujer, de 37 años, hizo de inmediato. Alegó que había cometido un error en utilizar un lenguaje que podría ser malinterpretado, pero también reclamó el mismo derecho a que respeten su vestimenta y su fe religiosa.
Por esos días, protagonizó un encontronazo con Elliot Abrams, convocado a dar explicaciones sobre la política del gobierno de Trump sobre Venezuela. Acusó al viejo diplomático de haber encubierto en los ’80 la masacre de El Mozote, en el Salvador, y lo apuró para que dijera si haría algo similar en el país caribeño.
Ante la presión creciente de los medios y de los líderes bipartidistas, Pelosi optó esta semana por llevar a debate la resolución por la tolerancia, que no menciona ni a Omar ni a Tlaib pero que incluye como acto reprochable la islamofobia y todo tipo de actitudes racistas. «
En defensa de Ilhan y Rashida
Tanto Ilhan Omar como Rashida Tlaib intentaron explicar que lo de ellas no es antisemitismo, sino cuestionamiento a las políticas del gobierno de Israel. En su defensa, Alexandria Ocasio-Cortez escribió: «¿Dónde está la indignación por los 23 miembros del Partido Republicano que votaron NO sobre una resolución que condenaba la intolerancia hoy? ¿No hay ninguno? ¿Se los llamó, se los rastreó, los emboscaron en los pasillos y les preguntaron implacablemente por qué no? ¿No? Bien. Entiendo».
El autoproclamado candidato a la presidencia Bernie Sanders, consideró que las críticas de las dos mujeres «son justas» y apuntan al gobierno derechista de Benjamin Netanyahu.
El rabino ultraortodoxo Yisroel Dovid Weiss, de la organización «Judíos Unidos contra el sionismo», también salió en apoyo de Omar y Tlaib. «No hay absolutamente nada de antisemita en expresar el papel nocivo del AIPAC, que gasta millones cada año para comprar el apoyo político de los Estados Unidos a la agresión y el militarismo israelíes contra el pueblo palestino.»
Tiempo Argentino, 10 de Marzo de 2019
por Alberto López Girondo | Feb 6, 2019 | Sin categoría
El discurso de Donald Trump de este martes se pareció mucho a un spot de campaña en un escenario que por lo hostil no dejó de resultar colorido en sus contrastes. Con una profusa lista de invitados a los que fue presentando cuando lo necesitó para explayarse en sus argumentaciones, Trump no tuvo tropiezos -cierto que ayudado por el telepronter- para desplegar las más de 5300 palabras que esparció durante mas de una hora y media.
Recibió alternativamente gritos de aprobación de sus correligionarios republicanos y algunos que otros de los demócratas. Las mujeres, que vestían trajecitos blancos en homenaje a las compañeras de lucha por el voto femenino de hace un siglo, tuvieron su momento «trumpista» cuando el presidente dijo que «nadie se ha beneficiado más de nuestra próspera economía que las mujeres, que han ocupado el 58 % de los nuevos empleos creados en el último año».
Se levantaron de sus asientos para aplaudir de pie. Atento al público como el showman que es, Trump dijo entonces «no se sienten todavía, les va a gustar», para agregar a continuación que «exactamente un siglo después de que el Congreso aprobó la enmienda constitucional que otorga a las mujeres el derecho a votar, también tenemos más mujeres en el Congreso que nunca antes».
Fue uno de los pocos momentos en que no se percibió grieta ni política ni de género en el Congreso de Estados Unidos.
Para mostrar que no es el misógino que muestra su historia personal, Trump hizo un link con su política antiinmigrantes al presentar dos casos que vinculó con su reclamo de 5000 millones de dólares para levantar un muro en la frontera con México.
«Año tras año, innumerables estadounidenses son asesinados por extranjeros ilegales criminales», dijo sin aportar cifras. Eso le sirvió para presentar a Debra Bissell, que desde las gradas agradeció el recuerdo de sus padres, muertos a tiros hace unos días en un asalto en Reno, Nevada, del que se acusa a un extranjero ilegal.
Cerca de ella estaba en la tribuna Elvin Hernández, un dominicano que de niño emigró con su familia y ahora es agente especial en la fuerza policial fronteriza, ICE.
«En la actualidad, dirige investigaciones sobre el flagelo del tráfico sexual internacional -contó el mandatario, mientras lo hacía poner de pie- «Gracias a su trabajo y al de sus colegas, más de 300 mujeres y niñas han sido rescatadas del horror y más de 1,500 traficantes sádicos han sido encarcelados el año pasado».
Luego arengó: «Los muros funcionan y salvan vidas. Así que trabajemos juntos, hagamos concesiones y alcancemos un acuerdo que realmente haga que Estados Unidos esté seguro».
Entre los invitados por la Casa Blanca a la ceremonia parlamentaria, había dos personas que para Trump muestran una «historia de redención». Un hombre negro sentenciado en 1996 a 35 años de prisión por vender drogas. «En prisión encontró a Dios y completó más de 30 estudios bíblicos», resaltó. Alice Johnson también sirvió de ejemplo. Encarcelada por drogas, pasó 22 años entre rejas «y ahora dedica su vida a ayudar a aquellos que están en una situación similar».
También fueron sus invitados veteranos de la Segunda Guerra Mundial que participaron en las batallas decisivas para el triunfo sobre las tropas alemanas. Y sobrevivientes de la masacre de octubre del año pasado en la sinagoga de Pittsburg donde murieron once miembros de la comunidad judía de esa ciudad. Uno de ellos, Judah Samet, había estado en un campo de concentración, participó en las fuerzas de defensa durante la formación del estado de Israel, en 1948, y luego emigró a Estados Unidos. Justo cumplía 81 años, por lo que la sala a pleno lecantó el Happy Birthday.
Trump no olvidó, incluso, al astronauta Buzz Aldrin, de 89 años, quien fue uno de los dos hombres que pisaron la luna en julio de 1969 como tripulante de la nave Apolo 11.
Es que los dos horizontes -¿utopías?- a las que aludió Trump en el discurso de este 5 de febrero fueron también homenajes: a los 75 años del fin de la Segunda Guerra y 50 de la llegada a la Luna. Dos íconos de un Estados Unidos que ya no es y en el que pretende encolumnar a la ciudadanía norteamericana.
Un Estados Unidos que tenía supremacía industrial y económica que ahora perdió con Alemania y Japón, pero fundamentalmente con China, el gran enemigo de este siglo en lo económico, y con Rusia en el plano de la tecnología militar.De allí que en su alocución hiciera hincapié en las negociaciones con el presidente Xi Jinping y la denegación del tratado de Armas Nucleares con Rusia, declarado el viernes pasado.
La otra gran utopía en EEUU es la de la clase media. Pero mejor dejar que Trump lo diga en sus palabras. «En el siglo XX, Estados Unidos salvó la libertad, transformó la ciencia y redefinió el estándar de vida de la clase media para que lo viera todo el mundo. Ahora, debemos avanzar con valentía en el próximo capítulo de esta gran aventura estadounidense y debemos crear un nuevo nivel de vida para el siglo XXI. Una increíble calidad de vida para todos nuestros ciudadanos está a nuestro alcance», destacó.
«Podemos hacer que nuestras comunidades sean más seguras, nuestras familias más fuertes, nuestra cultura más rica, nuestra fe más profunda y nuestra clase media más grande y más próspera que nunca», añadió.
Una síntesis del «sueño americano».
Tiempo Argentino, 6 de Febrero de 2019
por Alberto López Girondo | Feb 6, 2019 | Sin categoría
El lema fue «Eligiendo grandeza» y algunas palabras clave fueron «boom económico», «muro», inmigrantes» y «socialismo». «América nunca será socialista», dijo, en un giro que recordaba al quinto presidente estadounidense, James Monroe, en el marco de la justificación de su ataque contra el gobierno de Nicolás Maduro.
Era el segundo show de un hombre que sabe manejar los tiempos televisivos como nadie en la política de Estados Unidos y desde el punto de vista del espectáculo, no defraudó. Pero esta vez Donald Trump no tenía viento a favor: se enfrentó a un parlamento que desde que los demócratas ganaron la Cámara baja el año pasado, no tiene ganas de perdonarle una.
Por eso, este segundo Discurso del Estado de la Unión, la tradicional apertura de sesiones legislativas, se demoró hasta este 5 de febrero ante la firme postura de la jefa de la bancada de la oposición, Nancy Pelosi. Trump se había negado a firmar el presupuesto, que no contemplaba fondos para construir el muro en la frontera sur, y en ese juego de presiones y contrapresiones, decretó el cierre parcial del gobierno. Durante 35 días solo se cubrieron necesidades básicas del aparato estatal. Hasta que, convencido de que era una batalla perdida, aceptó esta derrota, aunque no bajará los brazos, como señaló repetidamente.
Gran parte de su discurso de la noche de este martes, horario central en la tevé, consistió en mostrar al ciudadano -que no a los presentes en la sala- todo lo que juntos pueden construir republicanos y demócratas si marchan juntos con el mismo objetivo.
Trump recordó entonces las glorias pasadas durante la Segunda Guerra Mundial y la carrera del espacio en la era de la Guerra Fría. Pero también puso en la mira su diferencia con el establishment en cuestiones más actuales, como en su guerra comercial con China o estratégica con Rusia.
Agudizó también su grieta con el «estado profundo» al destacar que entre el 27 y el 28 de febrero se reunirá con el líder norcoreano en Vietnam para llegar a un acuerdo nuclear. Al mismo tiempo volvió a defender la ruptura de los «desastrosos» acuerdos nucleares con Irán, un país, según él, que patrocina el terrorismo, «canta la muerte de EEUU» y «amenaza con el genocidio del pueblo judío».
Y afirmó que están avanzadas las negociaciones en Afganistán para alcanzar un acuerdo político en el que no dejó afuera de la mesa a nadie, ni a los talibanes. «Las grandes naciones no pelean guerras interminables», señaló en relación a una contienda que ya lleva 19 años y junto con la de Irak, según destacó, le costó la vida a 7000 soldados estadounidenses e implicó gastos por más de 7 billones de dólares del erario público.
También se ufanó de que se «limpió» el terreno de «los asesinos sedientos de sangre» de Estado Islámico en Siria, otra región donde a pesar de la política intervencionista de gran parte de la secretaría de Estado y el Pentágono, apoyados por legisladores de ambos partidos, dijo que iba a retirar las tropas en breve. De hecho, apenas 24 horas antes del discurso, el Senado, controlado por los republicanos, había aprobado por mayoría una propuesta criticando precisamente la decisión de abandonar esas regiones.
Donde no hubo controversia fue en la posición sobre Venezuela, y aquí es bueno destacar la articulación que hizo Trump.
«Hace dos semanas, los Estados Unidos reconocieron oficialmente al gobierno legítimo de Venezuela y su nuevo presidente interino, Juan Guaidó. Estamos con el pueblo venezolano en su noble búsqueda de libertad y condenamos la brutalidad del régimen de (Nicolás) Maduro, cuyas políticas socialistas han convertido a esa nación, la más rica de Sudamérica, en un estado de pobreza extrema y desesperación. Aquí, en los Estados Unidos, estamos alarmados por los nuevos llamados a adoptar el socialismo en nuestro país. América se fundó en la libertad y la independencia, no en la coerción, la dominación y el control del gobierno. Nacemos libres, y nos mantendremos libres. Esta noche, renovamos nuestra determinación de que América nunca será un país socialista», dijo.
La acotación viene a cuento de que en la actual composición del Congreso estadounidense hay varios legisladores que reivindican el socialismo, como el senador Bernie Sanders y la representante estrella. Alexandria Ocasio-Cortez. Pero se debe destacar que Trump fue preciso en el término que usó.
América en boca de estadounidenses suele significar Estados Unidos, aunque cuando necesitan mayor especificidad hablan de USA. De hecho, en varios tramos patrióticos del mensaje de Trump la bancada oficialista interrumpió al grito de «Iu Es Ei, Iu Es EI». Y él puntualizío que «los Estados Unidos oficialmente reconocieron» a Guaidó.
Como en la frase de Monroe de 1823 -eso de «América para los americanos»- la mención de Trump debe entonces entenderse para el mercado interno como que nunca debería permitirse prácticas estatistas o populistas dentro de territorio estadounidense. Como ciertos planteos del ala izquierda de los demócratas o algunas que intenó Barack Obama.
Pero que tampoco piensa permitir esas expresiones en el resto del continente.
Así se explica mejor esta cruzada contra la Venezuela chavista pero también el giro de 180 grados sobre la política que Obama había iniciado con Cuba en diciembre de 2014 y el renovado ataque contra la Nicaragua de Daniel Ortega. Para el ideario ultraconservador de EEUU, incluso el papa Francisco tiene un toque socialista que no les cae para nada simpático, de allí la negativa a aceptar cualquier mediación del Vaticano en Venezuela..
Las cámaras enfocaron en ese tramo a Sanders, que puso cara de póker mientras se sostenía la barbilla con la mano derecha. Ocasio-Cortez, la joven de 29 años que arrasó en Nueva York el 6 de noviembre pasado, mostraba su sempriterna sonrisa, vestida de blanco, como las legisladoras demócratas este martes, en homenaje a las sufragistas, las mujeres que hace poco más de un siglo reclamaban el voto femenino.
Incluso Pelosi, sentada detrás de Trump en el estrado, junto al vicepresidente Mike Pence, vestía un trajecito blanco, todo un desafío de esta señora de 78 años que puso contra las cuerdas al presidente y promete no darle respiro en lo que le quede de mandato.
Tiempo Argentino, 6 de Febrero de 2019
por Alberto López Girondo | Ene 27, 2019 | Sin categoría
El secretario de Estado Mike Pompeo puso en funciones a Elliott Abrams como coordinador de las operaciones para la destitución del presidente venezolano, Nicolás Maduro. Halcón entre los halcones de la diplomacia de Estados Unidos, Abrams es un experto en golpes de Estado, invasiones y operaciones encubiertas, una característica que ya lo llevó a una condena por su participación en el escándalo Irán-Contras de la que luego fue indultado por George Bush padre.
Bush hijo lo designó en 2001 «ayudante especial del Presidente y Director para Democracia, Derechos humanos, y Operaciones Internacionales» del Consejo de Seguridad Nacional. Dos años más tarde se lució en la mesa chica para coordinar la invasión de Irak.
Con una mirada fría y penetrante que recuerda a Gargamel, el villano de Los Pitufos, Abrams ingresó a la política en el partido demócrata, pero pronto adhirió a Ronald Reagan, básicamente porque es un anticomunista furioso que alguna vez colgó en el despacho que ocupaba en la Casa Blanca una página enmarcada del diario cubano Granma con el título «Abrams es una bestia».
Desde entonces tuvo intervenciones claves en el apoyo a gobiernos derechistas en Honduras, Guatemala y El Salvador, y en la financiación de los grupos armados que combatían el gobierno sandinista en Nicaragua. Para burlar el control del Congreso, los fondos para esas operaciones salieron de la venta de armas a Irán –que ya estaba gobernado por los ayatolás– en su guerra contra el Irak de Saddam Hussein. El dinero obtenido fue utilizado para sustentar las actividades de los Contras. Todo esto mediante empresas truchas ligadas a los servicios de inteligencia.
Cuando estalló el escándalo, en 1986, hubo un terremoto político en Washington. Una de las esquirlas le pegó a Abrams, aunque dentro de todo la sacó barata ya que solo lo condenaron por ocultar información al Congreso. Así y todo, había tenido tiempo de organizar la invasión a Panamá, en 1989, para derrocar al presidente Manuel Noriega, a un costo más de 3000 muertos, en una operación bautizada «Causa Justa».
Cientos de miles habían sido masacrados en Centroamérica en los ’80 bajo esa mirada glacial. En esos años, militares argentinos tuvieron activa colaboración con los regímenes criminales. En ese contexto, Abrams testificó en 2012 por videoconferencia en el juicio de lesa humanidad que el gobierno de Reagan sabía que la junta militar había robado bebés de los militantes secuestrados y asesinados y los había entregado a familias cercanas a la dictadura.
Incluso su declaración confirmó que no habían sido casos aislados de apropiación de menores. «Sabíamos que no eran sólo uno o dos niños, sino que existía un patrón, un plan, porque había mucha gente que estaba siendo asesinada o encarcelada.»
En un mundillo en el que todos juegan sucio como ese en el que se maneja Abrams, no extraña que a pesar de su pasado sea figura reiterada en las gestiones republicanas. Incluso que tenga prestigio como especialista en Latinoamérica. Entre quienes en los despachos oficiales no lo quieren mucho está el almirante William Crowe, jefe del Pentágono en 1989 que se oponía a la incursión armada contra Noriega. «Esta serpiente es difícil de matar», dijo de Abrams.
Tiempo Argentino, 27 de Enero de 2019
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