por Alberto López Girondo | Oct 13, 2019 | Sin categoría
Donald Trump se defiende como gato entre la leña ante la amenaza de ser destituido por un juicio político y, como parte de su estrategia, no duda en revelar el trasfondo real de esta embestida para expulsarlo de la Casa Blanca. «Ir a la guerra en Medio Oriente fue la peor decisión que se ha tomado en la historia de nuestro país», señaló en una cadena de tuits, su medio de comunicación predilecto y al que recurrió de un modo compulsivo por estos días. «Fuimos a la guerra –en Irak en 2003– bajo la premisa falsa ahora refutada de armas de destrucción masiva», agregó, luego de detallar que el costo de «estar vigilando» en esa región fue de ocho trillones de dólares.
Sólo militantes o intelectuales de izquierda se atreven en Estados Unidos a plantear esa posición sobre la invasión estadounidense luego de los atentados a las Torres Gemelas, el 11S de 2001. Y la primera consecuencia ahora fue el retiro de tropas y un acuerdo con el gobierno de Recep Tayyip Erdogan que permitió la ocupación turca del norte de Siria con el objetivo de terminar con los últimos focos de terrorismo de Estado Islámico. De paso, Erdogan aprovechó para atacar a pobladores kurdos asentados en esa región y que contaban hasta ahora con protección estadounidense (ver aparte).
Mediante la costumbre de incomodar a la audiencia, desde que llegó al gobierno Trump usó la red social para mantener un diálogo descarnado con el público. Muchos tuits mostraron su talante xenófobo y misógino. Pero otros muestran el revés de la trama que se cocina en el Capitolio y exponen el verdadero rostro de una nación empeñada en extender su imperio a cualquier precio. Y sobre todo, arrincona al aparato industrial-militar sobre el que ya advertía Dwight Eisenhower en 1959, antes de dejar el gobierno a John Kennedy.
Desde este lugar, se comprende también que el impeachment no trata solamente sobre una amenaza de Trump al presidente Volodimir Zelenski para que la Justicia de Ucrania investigue maniobras económicas del hijo del ex vicepresidente Joe Biden, precandidato demócrata a la presidencia en 2020.
Una conversación telefónica del 25 de julio pasado entre Trump y Zelenski dio los motivos que demócratas y el establishment mediático necesitaban para sostener un deseo que tienen desde que sorpresivamente el empresario inmobiliario se convirtió en primer mandatario, en noviembre de 2016.
En esa charla, el estadounidense le pedía que tomara en cuenta la investigación que dejó pendiente el fiscal Yuri Lutsenko, quien fue expulsado presuntamente por presiones de los demócratas. Hunter Biden, el hijo del precandidato, ocupó un cargo directivo en una petrolera ucraniana luego del golpe contra Viktor Yanukovich, en 2014.
Acusado de haber recibido apoyo ruso para llegar al poder, Trump pretende un giro en la política exterior estadounidense que va en contra del llamado Estado Profundo, el aparato burocrático que guía a EE UU más allá de quien tenga la firma como presidente.
Al retirar tropas de Medio Oriente, Trump cumple con una promesa de campaña… de Barack Obama en 2008 y por la que recibió el Premio Nobel de la Paz hace justo diez años.
Pero ahora tanto demócratas como muchos legisladores de su propio partido, quieren frenar a Trump antes de que su giro en política exterior sea irreversible. Bastante golpeados quedaron luego de su acercamiento al líder norcoreano, uno de los enemigos acérrimos del Departamento de Defensa por décadas, entre otras «impertinencias».
La denuncia por aquella llamada telefónica del 25 de julio fue presentada por un agente de la CIA, a la que ahora se agregó la presentación de otro miembro de los servicios de inteligencia. Ambos estamentos son parte fundamental del Estado Profundo.
«No creo que sea un denunciante en absoluto. Creo que esta es una fuente anónima para el personal demócrata en la Cámara de Representantes –tuiteó Trump el miércoles–. Esto es un insulto para los verdaderos denunciantes. Los denunciantes de irregularidades continúan con sus vidas dadas vuelta», completó, arrobando a John Kiriakou, un exagente de la CIA condenado a 30 meses de prisión en 2013 por pasar información a un periodista.
La palabra para denunciante es «whistlerblower», literalmente, soplón. En esa misma condición están Julian Assange, preso en Gran Bretaña por filtrar documentos secretos estadounidenses, y Edward Snowden, exagente de la agencia NSA exiliado en Rusia tras revelar la forma en que las agencias de EE UU espían ilegalmente en todo el mundo. De un modo insólito, los mismos dirigentes políticos que se rasgaban las vestiduras contra WikiLeaks, que habría beneficiado a Trump en 2016, ahora le dan entidad a presentaciones contra el mandatario.
Mientras tanto, Eric, el tercer hijo de Donald Trump, también usó Twitter para castigar a Biden Jr. «Los miembros de la junta de Exxon Mobil (una de las compañías de energía más grandes y prestigiosas del mundo) ganan U$S 330 mil al año. A Hunter Biden, sin conocimiento de la industria ni obligaciones, se le pagaban U$S 600 mil anualmente».
Según publica el periodista Rob Crilly en Washington Examiner, al menos uno de los «soplones» trabajó junto a Biden cuando era vicepresidente de Obama. «
Las farmacéuticas, otro enemigo del presidente
Días antes de esa conversación con el presidente ucraniano, Donald Trump presentó un plan para facilitar la importación de medicamentos de Canadá, una forma de presionar a la industria farmacéutica para que bajen los exorbitantes precios de los remedios en Estados Unidos. Al mismo tiempo, firmó una ley que permite acelerar la autorización para genéricos.
La industria farmacéutica es tan influyente en la financiación de la política como la militar. Y los precios, para el paciente, son astronómicos. Un tuit del Consejo de Asesores Económicos del presidente dice este jueves que los medicamentos bajaron un 2,3% por el aumento de aprobaciones de genéricos.
Este organismo de asesores presidenciales presentó ese día un informe de 27 carillas donde detalla la “inflación de la prescripción de drogas” y cómo la utilización creciente de genéricos y de la competencia de laboratorios de otro país impacta para la baja de los remedios.
Las farmacéuticas, otro enemigo del presidente
Días antes de esa conversación con el presidente ucraniano, Donald Trump presentó un plan para facilitar la importación de medicamentos de Canadá, una forma de presionar a la industria farmacéutica para que bajen los exorbitantes precios de los remedios en Estados Unidos. Al mismo tiempo, firmó una ley que permite acelerar la autorización para genéricos.
La industria farmacéutica es tan influyente en la financiación de la política como la militar. Y los precios, para el paciente, son astronómicos. Un tuit del Consejo de Asesores Económicos del presidente dice este jueves que los medicamentos bajaron un 2,3% por el aumento de aprobaciones de genéricos.
Este organismo de asesores presidenciales presentó ese día un informe de 27 carillas donde detalla la “inflación de la prescripción de drogas” y cómo la utilización creciente de genéricos y de la competencia de laboratorios de otro país impacta para la baja de los remedios.
Tiempo Argentino, 13 de Octubre de 2019
por Alberto López Girondo | Sep 29, 2019 | Sin categoría
Donald Trump calificó como una «guerra» al intento de los demócratas de someterlo a juicio político por sus presiones contra el mandatario ucraniano para que investiguen en aquel país al hijo del ex vicepresidente, Joe Biden, precandidato con fuertes posibilidades de ser el aspirante por la oposición a la Casa Blanca en 2020. «Estamos en guerra. Estas personas están enfermas», se lo ve decir en un video que publicó la agencia Bloomberg. Pero se trata de una guerra entre tahúres, ya que Hunter Biden aparece ocupando un cargo muy bien remunerado en una compañía energética ucraniana tras el golpe contra el prorruso Viktor Yanukovich, en 2014. Más aun, Biden padre habría forzado a la renuncia del anterior fiscal general de Ucrania porque estaba investigando las andanzas del párvulo en otros negociados en esa nación, devastada por un conflicto armado en la región oriental, más cercana a Moscú, y que luego perdió el control sobre Crimea a partir de esos avatares geopolíticos.
El escándalo salió a la luz a partir de un testigo oculto –whistleblower, como se los denomina en inglés– que filtró a congresistas demócratas las medidas inusuales que el entorno del presidente tomó luego de una charla con el jefe de estado de Ucrania, el comediante Volodymyr Zelensky. Lo habitual es que todo lo que se dice en el Salón Oval sea grabado y el informante notó una especial preocupación acerca de las transcripciones de la conversación del 25 de julio pasado.
Cuando consiguió una copia, su preocupación fue mayor. «Quiero que me hagas un favor», le pide el empresario al humorista, sorpresivamente elegido presidente de Ucrania en mayo. «Se está hablando mucho del hijo de Biden, y de que Biden detuvo una acusación, y mucha gente quiere saber de eso, así que cualquier cosa que pudiera hacer con el fiscal general (de EE UU) sería maravilloso», agrega, para avisar luego que su abogado, el exalcalde neoyorquino Rudolf Giuliani, se pondría en contacto para arreglar los detalles.
Fomentar una investigación contra un posible oponente en la elección suena grave. Mucho más porque Trump sugiere que la ayuda podría aceitar el otorgamiento de 400 millones de dólares fondos para la compra de armamento y pertrechos estadounidenses, muy útiles para Kiev en el contexto de su guerra en el este. Los voceros demócratas, con la jefa de la Cámara Baja, la experimentada Nancy Pelosi, mostraron su inmediata indignación.
Los archivos periodísticos muestran la otra cara del caso. Las agencias de inteligencia y el Departamento de Estado fueron los responsables del golpe contra Yanukovich durante la presidencia de Barack Obama y con Biden como coequiper. Uno de los amigos del derrocado presidente ucraniano fue el fundador de Burisma Holding, la petrolera que se convirtió en una presa para el hijo del ex vicepresidente, que a la sazón se llama Robert Hunter. Roberto Cazador, en inglés.
Ucrania es un tópico muy transitado en Washington en los últimos años y una muestra de las oscuras relaciones de EE UU en ese intrincado tablero de la frontera rusa. Filtraciones de llamadas entre la que fuera secretaria para asuntos de Europa del gobierno de Barack Obama, Victoria Nuland, con el embajador Geoffrey Pyatt mostraban el involucramiento directo de Biden en el golpe. Poco después, el vice de Obama brindó apoyo irrestricto al proceso de Kiev para alejarse de la influencia rusa y acercarse a Occidente.
Para esos tiempos, Trump se lanzó a la presidencia y contó con un asesor de campaña, Paul Manafort, del que pronto tuvo que desprenderse porque había sido colaborador del destituido Yanukovich. El consultor se declaró culpable de dos cargos criminales y conspiración tras un arreglo con el fiscal Robert Mueller hace un año. Mueller fue el encargado de investigar la presunta connivencia de Trump con agentes rusos para que lo ayudaran a ganar la elección de 2016. Hace dos meses declaró ante el Congreso que no hay certeza de que Trump no cometió delito, una frase ambigua que el mandatario interpretó como absolutoria.
La empresa Burisma parece haber sido un botín con el que, quienes ayudaron a los sectores antirrusos, se cobraron su colaboración para derrocar a Yanukovich y formatear la política ucraniana. El daño colateral fue la anexión de Crimea y el levantamiento de Donetsk y Luganks contra Kiev, lo que causó cerca de 4000 muertos desde abril de 2014. Junto con Biden Jr. ingresaron a la firma íntimos de la familia del secretario de Estado, John Kerry. Otra nativa de EE UU, Natalie Jaresco, quien había ocupado cargos en Washington desde que egresó de la Escuela de Gobierno John Kennedy, en 1989, apeló a su doble nacionalidad debida a sus padres para asumir como ministra de Finanzas del premier Arseniy Yatsenyuk, en marzo de 2017.
El martes, Pelosi se cargó a sus hombros la irritación de sus correligionarios, que ya le venían contando las costillas a Trump desde que llegó al poder. No les funcionó con sus denuncias sobre la injerencia rusa en los comicios del 2016 ni con los escándalos sexuales del empresario. Ahora, creen haber encontrado una fisura en el blindaje presidencial. Los antecedentes muestran que sólo dos inquilinos de la Casa Blanca pasaron por un juicio político: Andrew Jackson en 1868 y Bill Clinton en 1998. Los dos lograron zafar. Richard Nixon renunció el 9 de agosto de 1974 cuando su suerte ya estaba sellada por el caso Watergate.
No da la impresión de que prospere el enjuiciamiento de Trump. Los demócratas dominan la Cámara de Representantes, pero la Cámara Alta está en manos de los republicanos y para la expulsión necesitarían el voto de 2/3 de los senadores. Lo peor para los demócratas sería que si no lo pueden matar, lo terminen fortaleciendo. «
Raúl Castro prohibido en EE UU
En la larga historia del bloqueo a Cuba, ningún otro presidente había llegado tan lejos. Hasta que Donald Trump cruzó todo límite al anunciar sanciones contra el líder del Partido Comunista de la isla y ex presidente Raúl Castro y su familia, quien hace cinco años se reunió con Barack Obama para reanudar relaciones diplomáticas. Para Trump, el hermano de Fidel, de 88 años, «supervisa un sistema que detiene arbitrariamente a miles de cubanos y que retiene actualmente a más de 100 presos políticos», y tiene prohibido el ingreso a Estados Unidos. El mismo castigo tiene Mariela Castro Espín, su hija.
Tiempo Argentino, 29 de Septiembre de 2019
por Alberto López Girondo | Sep 23, 2019 | Sin categoría
Comienza la 74 Asamblea General de las Naciones Unidas con una fuerte exigencia de líderes juveniles en pos de actuar cuanto antes para combatir el cambio climático. Es que la cuestión ambiental será un eje primordial en el inicio de esta nueva ronda de debates y quienes abren de manera ritual serán en estricto orden: Jair Bolsonaro y Donald Trump, son dos negacionistas de las consecuencias de la emisión de gases de efecto invernadero.
En la cumbre del clima que se desarrolla este lunes, se espera que unos 75 países anuncien nuevos compromisos ambientales. La Organización de Naciones Unidas pretende que se reduzcan las emisiones en un 45% hacia 2030 y una neutralidad de carbono 2= años mas tarde, 2050 con lo que espera reducir el alza de la temperatura a +1,5ºC, en relación al siglo XIX. Si todo sigue como hasta ahora, el mundo enfrenta un calentamiento global de al menos +3ºC.
Esta cumbre, en la que el argentino Bruno Rodríguez, de 19 años, descolló con un discurso en el que consideró que «la crisis del clima y ecológica es la crisis política de nuestros tiempos, la crisis económica de nuestros tiempos, y la crisis cultural de nuestros tiempos», es una preparación hacia la COP25 en Chile en diciembre. Rodríguez, sentado junto a la activista sueca Greta Thunberg, de 16 años, dijo que la juventud impulsa el fin de las energías fósiles, cuya explotación considera responsable de 500 años de «saqueos» en Latinoamérica.
Formalmente, la UNGA (por sus siglas en ingles) comienza este martes. Bolsonaro será el primero en hablar. Es tradición que el presidente brasileño inicie la Asamblea. Un gesto de los ganadores de la Segunda Guerra para el único país latinoamericano en enviar tropas para combatir al nazismo. Luego hablará el dueño de casa.
El mandatario de Brasil tendrá que hacerse cargo de las críticas por su actuación en los incendios que asolaron Amazona estas ultimas semanas. Para los ambientalistas, la política de autorizar desmontes a mansalva es la causa principal de la devastación del principal pulmón del planeta, una definición que Bolsonaro no avala y llegó a culpar a las ONG ambientalistas por la tragedia.
Este lunes, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, la canciller alemana Angela Merkel, el colombiano Iván Duque y el chileno Sebastián Piñera se reunieron para discutir políticas en común para la Amazonia.
Trump, a su turno, es un abanderado del negacionismo climático y ni bien asumió su cargo retiró a EEUU de los Acuerdos de Paris, lo que provocó un cimbronazo en cuanto a políticas globales impulsadas por el resto del mundo ya que implicó un giro de 180 grados en relación con su antecesor, Barack Obama.
Trump dejará mucha tela para cortar, ya que son varios los temas que afectan a su gestión: Irán, Medio Oriente, Arabia Saudita y Yemen seguramente estarán en su mensaje. Salvo que busque una tangente, como hizo el año pasado, en que usó gran parte de su tiempo para alabar sus propias acciones para «Hacer Grande a EEYY Nuevamente», como es su lema de campaña.
Un foco que seguramente no dejará de tocar Trump es Venezuela, y allí coincidirá con varios jefes de gobierno latinoamericanos, como Mauricio Macri, en lo que, todo indica, sería su última aparición como presidente de los argentinos.El país caribeño representa un problema difícil de resolver para varias naciones que se alinearon automáticamente con Washington sin medir consecuencias. Porque para la ONU, como reconocen todos, el gobierno legítimo es el de Nicolás Maduro, pero un puñado de gobiernos reconocieron al diputado Juan Guaidó como interino.
El opositor no viajará a Nueva York, donde en cambio irá un «canciller”, pero que no tendrá viso alguno de representatividad. La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, que cuestionó la política de DDHH de Caracas, dio una clara señal sin embargo cuando admitió que el «presidente electo» de Venezuela sigue siendo Maduro, y reclamó el diálogo para resolver la crisis política.
Otro tema caliente es la situación con Irán, otro giro copernicano en la posición estadounidense a la llegada de Trump, ya que también tiró a la basura en acuerdo que habían hecho los países del Consejo de Seguridad de la ONU junto con Alemania para establecer un control sobre el plan nuclear iraní. “Las tensiones en el Golfo serán el telón de fondo de muchos eventos y reuniones”, dicen funcionarios de ese organismo en voz baja.
La delegación persa tuvo problemas para obtener la visa de ingreso a EEUU por las sanciones de Trump y solo podrán estar dentro del vidriado edificio conocido como Turtle Bay (Bahía Tortuga) por su ubicación en Manhattan, obra a regañadientes conjunta de los arquitectos Oscar Niemeyer, brasileño, y Charles Le Corbusier, suizo-francés.
¿Podrían encontrarse en esos transitados pasillos Trump y Hasan Rohani? Todo indica que será difícil. El estadounidense viene tratando de esquivar una guerra abierta como le proponen los halcones de la Casa Blanca luego de los ataques en la refinería saudita, no tiene demasiado plafond como para un diálogo. Pero todo podría ocurrir.
Tiempo Argentino, 23 de Septiembre de 2019
por Alberto López Girondo | Sep 22, 2019 | Sin categoría
Que Donald Trump hubiese designado Consejero de Seguridad Nacional a un experto en negociaciones de rehenes como Robert O’Brien puede significar una señal auspiciosa para quienes aspiran a una paz duradera en esa extensa región que va de Afganistán a Siria y que a partir del 11 de setiembre de 2001 se convirtió en una suerte de patio trasero para EE UU. Pero que un halcón como John Bolton haya sido expulsado de la Casa Blanca no implica que los señores de la guerra hayan salido de Washington. En tal sentido, la bandera de la agresividad exterior está por estas horas en manos del secretario de Estado, Mike Pompeo, aunque hay otros dos adalides: el vicepresidente Mike Pence y el enviado especial para el «caso Venezuela», Elliott Abrams.
El peligro de que sigan cerca del presidente es que la escalada contra Irán termine en un conflicto bélico de imprevisibles consecuencias que envuelva a las principales potencias, como China y Rusia. Habrá que ver qué ocurre esta semana, cuando los protagonistas de esta saga se crucen en la Asamblea de la ONU en Nueva York.
Se sabe que Trump, que no suele ocultar sus sentimientos, echaba chispas contra Bolton desde que en mayo pasado fue evidente que su estrategia para derrocar a Nicolás Maduro había fracasado. La situación era irrespirable, dijeron cerca del Salón Oval, porque Bolton tampoco es de callarse y apuraba definiciones en favor de una intervención contra Irán, uno de los objetivos de su vida como funcionario. A principios de este siglo había trabajado codo a codo con Donald Rumsfeld, el secretario de Defensa de George W. Bush que pergeñó una doctrina junto con el vicealmirante Arthur Cebroswski que promueve la destrucción de las estructuras estatales en los países que no se sometan a los designios del poder imperial. La llegada de Barack Obama frustró ese plan, porque en 2014 el presidente logró un acuerdo entre las cinco potencias nucleares y Alemania con Irán para el control del proyecto atómico de la nación persa.
Ni bien Trump se mudó a la Casa Blanca, empezó a dinamitar tanto ese acuerdo así como los que venían negociándose con Cuba (ver aparte). Allí vieron un lugar bajo el sol un grupo de neoconservadores aguerridos y brutales. Entre ellos descollaba Bolton, pero también Pompeo, que al principio dirigió la CIA. El primer secretario de Estado, Rex Tillerson, era un Ceo de Exxon. Pompeo está ligado también a la industria petrolera aunque a través de sus sponsors, los hermanos Koch, ultramillonarios ultraconservadores de Wichita.
Trump se maneja de un modo que parece errático, aunque a su favor habría que decir que en estos dos años y medio de gestión, no inició ninguna guerra y abrió negociaciones con un viejo «enemigo» de Washington, el líder norcoreano Kim Jong-un. La gota que rebasó el vaso para los «neocons» parece haber sido la invitación a sentarse a dialogar con los talibanes. Peor aun, había invitado a sus representantes a reunirse en Camp David, la residencia presidencial de verano, para el 11 de setiembre.
También estaba planificando un encuentro en Suecia con miembros de los huties, el grupo yemenita que se enfrenta con el régimen de Abd Rabbuh Mansur al Hadi y que es ferozmente combatido por una coalición comandada por Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Una afrenta inadmisible para los halcones que consiguieron tras dos actos aparentemente desconectados, bloquear ambas iniciativas de paz: un ataque en Kabul en que murió un soldado estadounidense y otras 11 personas y el bombardeo a una refinería saudita que dejó fuera de servicio a la planta que produce el 6% del petróleo que circula por el mundo desarrollado.
O’Brien es conocido como un hombre de modales suaves y encantadores. Pero tampoco es un pacifista. Por lo pronto, se formó junto con el mismo Bolton en un despacho de la ONU. Pero conoce el tema Afganistán ya que participó en el comité que elaboró la Constitución de ese país en 2007. Y en Suecia, hace algunas semanas, negoció con la Justicia el caso de un rapero detenido por pelear en una calle de Estocolmo. O’Brien «podría ser tan agresivo como Bolton, pero ciertamente no es un pugilista», lo definen. Por esas curiosidades de la vida, O’Brien estudió en el Colegio Cardenal Newman de Santa Rosa, en California, para egresar como abogado de la Universidad de ese estado.
La férrea sociedad Washington-Riad no se rompió tras el asesinato del periodista Jamal Khasshoggi como no lo había hecho en estos últimos cinco años a pesar de las denuncias por los crímenes de guerra cometidos en Yemen por sus tropas. Más aun, Trump esgrimió como argumento para no castigar al príncipe Mohamed bin Salman, responsable del crimen, en que el país compró más de 100 mil millones de dólares en armas. Y que habían pagado al contado. Pero se nota su rechazo a condenar con vigor a Irán por el atentado en la refinería de Abqaiq. La versión que defiende Pompeo es que el golpe fue con drones o misiles lanzados por Teherán, a pesar de que los huties se lo atribuyeron como represalia a la invasión saudita.
Afganistán, en la práctica, es una guerra que EE UU no pudo ganar y Trump está tratando de salirse de allí de cualquier modo. Obama ganó la presidencia con la promesa de retirar las tropas de ese país y de Irak, y se fue sin cumplir. La industria armamentística necesita de la guerra para mantener sus acciones en alto, pero ese no parece ser el negocio del presidente. El caso es si podrá vencer a los que a su alrededor pugnan por mantener ardiendo los campos de batalla. Hasta ahora, les concedió un endurecimiento de sanciones, ahora contra el Banco Central de Irán.
Inéditas agresiones a Cuba
«EE UU muestra desde hace dos años una agresividad inédita contra Cuba, reflejada especialmente con las medidas sobre los suministros de combustible», dijo el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla. Se refería al incremento de las sanciones contra la isla desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca, lo que definió como un «uso desvergonzado de estas herramientas», que, en el caso del bloqueo, causó pérdidas, insistió, por 922.630 millones de dólares en los 60 años que lleva en vigencia. Y que Barack Obama había prometido eliminar cuando en diciembre de 2014 se propuso descongelar las relaciones entre ambos gobiernos.
Tiempo Argentino, 22 de Septiembre de 2019
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