por Alberto López Girondo | Mar 21, 2020 | Sin categoría
Cada cataclismo sanitario dejó cambios persistentes en la civilización. Después de la epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires en 1871, la clase alta porteña, que vivía en el sur de la ciudad, se trasladó a los barrios del norte, desde entonces un signo de distinción aristocrática, y se extendieron los servicios de agua y cloacas. El Renacimiento europeo no se puede explicar sin la peste negra, que mató a la tercera parte de la población del continente. A su término, otro mundo nació de aquellas cenizas.
Cuando el pico máximo del coronavirus aún no llegó a la Argentina y ni siquiera se sabe si lo hizo en Europa, las primeras consecuencias ya se hicieron ver en la economía mundial. El FMI estima que, en el mejor de los casos, el PBI andará este año en un 2,5%, lo que se considera al borde de una recesión.
Las bolsas más importantes se desplomaron estrepitosamente en las últimas semanas a medida que el Covid-19 hacía estragos en Italia, España, Francia y Alemania. Este viernes tuvieron una recuperación tras fuertes inyecciones de dinero tanto en Estados Unidos como en la UE. Pero sería una solución parcial para una crisis que la pandemia no hizo sino adelantar, aseguran los gurúes.
Especialistas como el estadounidense Tom Luongo venían advirtiendo sobre la situación en el mercado de los “repos”. Se llama así a esa masa de dinero a corto plazo que los bancos piden a sus pares para cubrir erogaciones puntuales. Desde fines del año pasado las entidades vienen retaceando ese tipo de préstamo. “Es que no confían en la solidez de sus pares”, indican los que saben. A ese lugar la FED, el Banco Central de EEUU, destinó cerca de 300 mil millones de dólares en setiembre pasado.
La FED agregó 1,5 billones la semana pasada para repos de hasta tres meses. “Esta es una señal de que el problema no tiene fin”, dice Luongo, quien augura que lo único que se hizo fue patear la pelota para junio.
Jeromey Powel, titular de la FED, anunció ahora la inyección de 500.00 millones para la compra de valores del Tesoro y de otros 200 mil para valores respaldados por hipotecas de agencias.
En ese mismo lapso, el Banco Central Europeo, comandado por nuestra conocida Christine Lagarde, emitió 750.000 millones de euros para la compra de deuda pública y privada. Otra forma de poner dinero en los bolsillos de los más ricos. El Banco de Inglaterra aumentó su deuda pública hasta 645.000 millones de libras. El interés bancario se acerca a 0% en todos lados. Y el petróleo, la otra variable a tener en cuenta, sigue en baja y llegó a unos 27,38 dólares el barril, tras pisar los 24 el miércoles.
Más abajo de los 50 dólares, la producción del fracking estadounidense no es rentable y la autosuficiencia energética de ese país se convierte en un sueño. Aún no se verifica una suba tras el anuncio de Trump de que llenaría las reservas estratégicas comprando casi 80 mil millones de barriles, lo que en teoría debería sostener el precio.
En este contexto, y cuando los mercados caen por el temor al día después del virus pero fundamentalmente porque cada uno de los motores económicos del planeta están prácticamente detenidos por una cuarentena global, muchos hablan de otro “momento Minsky”.
Se llama así a un colapso generalizado -como el de 1929, por acaso- que podría marcar el final de un ciclo, sin perspectiva de lo que se viene en el futuro. Lleva el nombre del economista Hyman Minsky, quien definió a los banqueros, comerciantes y agentes financieros como habituales incendiarios que ponen a la economía entera en llamas.
La Casa Blanca, en tanto, no se cansa de dar señales de que no le preocupa jugar con fuego. Y mientras Trump busca definir al causante del Covid-19 como “Virus chino”, para escándalo de científicos y alarma de los bien pensantes, el Pentágono comenzó a desplegar unas 20.000 tropas para el ejercicio militar Defender-Europe 20 a desarrollarse con la OTAN entre abril y junio.
No es un simple ejercicio de entrenamiento en un posible campo de batalla contra el enemigo que se plantean los analistas militares de Washington, esto es, Rusia. Es -según el experto Manlio Dinucci, del centro de investigación Global Research, de Canadá- un plan de acción para probar sobre la marcha el estado de los caminos y puentes de la región ante una posible contienda.
Dinucci muestra un informe del Parlamento Europeo de febrero pasado donde se destaca que “desde la década de 1990, las infraestructuras europeas se han desarrollado solo para uso civil”. El plan consiste en modificar las estructuras que no estén adaptadas al peso y las dimensiones de los vehículos militares. Para ello llevaron tanques Abrams de 70 toneladas de peso.
Hay temores de que soldados de EEUU pueden desparramar el virus o, al revés, contagiarse en su paso por cada lugar. Por lo pronto, el teniente general Christopher Cavoli, el máximo oficial del ejército de los EE. UU. en Europa, se puso en cuarentena después de una conferencia de prensa. Como medida precautoria, dijeron los voceros de la OTAN.
Mientras tanto, Trump profundiza su guerra con China. Que empezó siendo comercial, adquirió un tinte bacteriológico -o virulento, para ser más exactos- y nadie sabe en qué puede terminar. Luego del parate de estos primeros meses del año por el Covid-19 y en medio de las acusaciones cruzadas sobre el origen del virus, todo indica que lentamente reanuda la marcha de su economía. Las presunciones apuntaban a que China, por medios pacíficos, sería la potencia predominante al finalizar esta década, algo que Trump se propone evitar o al menos demorar. El cierre total de fronteras para combatir la pandemia es un golpe en el corazón de la globalización. ¿Lo será también hacia un futuro pacífico?
Tiempo Argentino, 21 de Marzo de 2020
por Alberto López Girondo | Mar 15, 2020 | Sin categoría
Donald Trump decidió lanzarse sin tapujos en la guerra del petróleo declarada por Rusia y Arabia Saudita, y anunció la compra de crudo con la excusa de que «el país necesita llevar las reservas estratégicas a su máximo, como medida precautoria ante la pandemia de coronavirus». La realidad es que el precio del barril se desplomó estrepitosamente esta semana hasta un punto en que la producción mediante la técnica del fracking, que generó el milagro de que EE UU se autoabastezca de combustible, deja de resultar viable. La compra apresurada ordenada por la Casa Blanca está destinada a sostener el valor del, por ahora, principal insumo energético del mundo capitalista para que sea rentable en territorio estadounidense.
Este 9 de marzo fue un «lunes negro» para el sistema financiero internacional, con especial impacto en el mercado petrolero. Ese día el denominado Brent se desplomó un 24,1%, la mayor caída desde la Guerra del Golfo en 1991, hasta un mínimo de 34,36 dólares por barril. La explicación fue el «no» de Rusia a una reducción en la producción propuesta por Arabia Saudita en la reunión de los países petroleros que se desarrolló en Viena la semana anterior.
La organización que nuclea a los productores es la OPEP, integrada por 14 naciones, entre ellas Iran, Irak, Venezuela, Nigeria y el país que lleva la voz cantante, el reino saudita. Del otro lado hay otros diez grandes productores que mantienen como su abanderada a Rusia.
El gobernante árabe, el príncipe Mohamed bin Salman, pretendía incrementar los recortes negociados en 2017 para sostener el precio del barril por arriba de los 50 dólares. Esperaba un acuerdo para bajar otro millón y medio de barriles en forma coordinada. Pero los representantes de Vladimir Putin dijeron que tenían el mandato de defender los mismos niveles de producción.
En el marco de la crisis por el coronavirus, esta caída del petróleo se sumó al desplome de las bolsas en todo el mundo ante la perspectiva de menor actividad económica global.
El costo de producción en Arabia Saudita ronda los 18 dólares y los rusos aseguran que aguantan un precio de entre 25 y 30 dólares por varios años sin que su economía se resienta. En esta puja por ver quién tiene más espaldas, lo que ocurre no tiene estrictamente que ver con costos y precios de venta sino con el destino que tienen los ingresos por este comercio. Para los sauditas, un precio por debajo de los 80 dólares genera un déficit fiscal que sólo pueden sustentar mediante créditos. Putin aprendió de la crisis de 2014, Rusia diversificó su intercambio exterior y no es tan dependiente de los recursos petroleros.
En todo caso, los dos contendientes patearon un tablero que llevó los precios a valores que no se veían desde 2007, con la consecuente pérdida para las grandes multinacionales y todos los negocios derivados del crudo. Pero si hay un jugador que queda descolocado es Estados Unidos, que desde hace una década se lanzó a la explotación de yacimientos debajo de una capa de piedra.
Meses atrás, Trump se ufanó de que EE UU ya no dependía de la importación de combustible. Sin embargo, parece haber cometido dos errores: uno es que el dólar es la principal moneda de reserva y comercio internacional, no por el oro que pueda acumular el Tesoro, sino porque es la que se utiliza para la compra-venta de petróleo. Los países que se quisieron escapar de esa cadena –la Libia de Khadafi, Irán, Siria, Venezuela, la misma Rusia– recibieron castigos ejemplificadores.
La monarquía saudita, en cambio, tiene carta blanca para cometer los mayores atropellos con tal de seguir vendiendo exclusivamente en dólares. Y tenía la promesa de Washington de que el petróleo de esquisto sólo se iba a vender dentro de las fronteras. Ese compromiso, se olfatea, podría no haber sido respetado a rajatabla.
En todo caso, la pelea Riad-Moscú abrió una grieta por la que se coló un viento de preocupación para las multinacionales energéticas, muy ligadas tanto a Trump como los demócratas. La respuesta del gobierno de EE UU no se demoró en llegar.
Este viernes, Trump ordenó la compra de «grandes cantidades» de crudo para reponer la Reserva Estratégica de Petróleo. Mediante esa operación se podrían retirar del mercado hasta 77 millones de barriles y mantener el precio a niveles tolerables para las empresas que explotan mediante la técnica del fracking.
Esa reserva estratégica fue creada en los años ’70 a raíz de la crisis petrolera más grande de la historia y tiene una capacidad de 713,5 millones de barriles enterrados en cuevas subterráneas a lo largo de la costa del Golfo. «Vamos a llenarlo hasta la cima, ahorrando a los contribuyentes estadounidenses miles de dólares, ayudando a nuestra industria petrolera», dijo el presidente.
Desde Moscú, en tanto, el gobierno de Putin respondió que es poco probable que en el corto plazo reanuden conversaciones con los sauditas para acordar una reducción conjunta. Habrá que ver qué sucede hasta el 1 de abril, cuando vence el convenio por el cual hace tres años se había bajado la producción en 1,2 millones de barriles.
En todo caso, esta es una guerra que recién comienza.
Tiempo Argentino, 15 de Marzo de 2020
por Alberto López Girondo | Mar 10, 2020 | Sin categoría
Con la epidemia de coronavirus como telón de fondo, Rusia y Arabia Saudita rompieron lanzas en una guerra comercial en un tablero en el que el principal afectado puede ser el negocio del fracking en Estados Unidos. Todo en un panorama internacional crítico en el que otros jugadores resultan heridos por las esquirlas de esa pelea que no estalló este lunes, sino que se venía gestando desde hace varias semanas. El de este 9 de marzo fue quizá la primera gran batalla y entre las víctimas está también la explotación argentina de Vaca Muerta, la gran esperanza para la recuperación del país por su potencial generador de divisa fuerte (ver acá).
Las crónicas informaron en abundancia de que el disparador del bajón en el precio del crudo -el denominado Brent se desplomó un 24,1% el lunes, la mayor caída desde la Guerra del Golfo en 1991- fue el «No» de Rusia a un acuerdo propuesto por Arabia Saudita para disminuir la producción en la reunión de los países productores en Viena.
La aseveración es cierta pero sólo parcialmente. La Organización de los Países Productores de Petróleo (OPEP) está integrada por 14 miembros, los que mayor cantidad de barriles aportan al consumo mundial, entre ellos Arabia Saudita pero también Irán, Irak, Nigeria y Venezuela.
Rusia no está en ese selecto club, pero si forma parte de otro grupo de 10 naciones que también tiene con qué jugar en ese mercado. La voz cantante de la OPEP la tiene Riad, la de los “marginales” Moscú. Desde 2017 vienen trabajando juntos para sostener el precio del crudo regulando la producción. Ante el avance del Covid-19 y el parate en la economía mundial, el príncipe Mohamed bin Salman (MBS para la prensa) envió a sus representantes a Viena para proponer una reducción voluntaria de 1,5 millones de barriles diarios, que se suman a 1,2 millones que ya se habían recortado en 2017.
Fue entonces que Rusia rechazó la oferta y el lunes el precio se ubicó en un piso de 34,36 dólares el barril, unos 10 dólares menos que el viernes. Cierto que este martes hubo una suba de 7,4%, hasta los 36,90 dólares. Pero eso no implica una tregua. Porque en el trasfondo de este vaivén rige una amenaza contra las firmas que explotan el esquisto en Estados Unidos.
Precisamente la gran novedad de las últimas décadas es que EEUU comenzó a ser un fuerte exportador a partir del rendimiento de sus pozos mediante la técnica del fracking sobre la roca madre. En 2014 eso comenzó a ser un problema para los socios de la OPEP y sus cófrades externos, como Rusia. De allí que juntaran voluntades para dar pelea todos juntos. Pero la monarquía saudí no se animó a ir a fondo y Moscú entonces no tenía fuerza.
Arabia Saudita es un tradicional aliado de Washington al punto que desde 1972, cuando el gobierno de Richard Nixon decidió eliminar la convertibilidad del dólar con el oro, sostiene el valor de la moneda estadounidense obligando a que el comercio de petróleo se realice en dólares.
En este toma y daca, Arabia mantiene beneficios políticos en la región y evita que su monarquía se vea implicada en los escándalos que cada tanto secunden a sus miembros. El más reciente fue el asesinato en Turquía de un periodista opositor al régimen a manos de funcionarios enviados por MBS
Ver antecedentes acá: La desaparación de un periodista.
También acá: Un heredero en apuros.
Y acá: Horrendo crimen.
Antes, las denuncias por la feroz dictadura que ejerce la familia real y las persecuciones incluso dentro de la misma dinastía resultaron silenciados por gobiernos y medios en EEUU, los mismos que suelen publicitar tropelías dentro del gobierno de Corea del Norte.
En el caso de esta guerra comercial, los analistas destacan que a menos de 50 dólares el barril, el petróleo de esquisto estadounidense deja de ser rentable. Incluso hay quienes aseguran que si no fuera por los generosos créditos de Washington y las regulaciones por demás laxas, la soberanía energética de la que Donald Trump suele jactarse se hubiera ido al demonio.
«Con los precios del petróleo al nivel actual, existe un riesgo real de que muchos de ellos simplemente quiebren», dijo al Huffington Post el experto del Instituto de Economía y Análisis Financiero de Cleveland, Clark Williams-Derry. El fracking explica el 63% de la producción de petróleo de EEUU, según cifras oficiales. Pero en el último lustro los 30 productores más grandes declararon pérdidas por 50 mil millones de dólares, de acuerdo al Wall Street Journal.
¿Cómo impacta este clima en la elección de noviembre en EEUU? Por lo pronto, Trump es un fuerte defensor de ese modo de extracción que verdaderamente no empezó con él, sino que se consolidó con Barack Obama. Su ligazón con la industria petrolera es tan evidente que su primer secretario de Estado, Rex Tillerson, fue presidente de Exxon Mobil Corporation antes de acceder al cargo. Y una de sus virtudes era su buena relación con Vladimir Putin, debida a los negocios de la firma en Rusia.
Entre los demócratas, Joe Biden tiene fuertes lazos con ese sector del mundo empresarial y su hijo Hunter es denostado por Trump luego de haber dirigido una empresa energética en Ucrania tras el golpe contra Viktor Yanukovich. Bernie Sanders, en cambio, tiene en su plataforma la defensa del medio ambiente. Es un personaje que puede complicar ese negocio de llegar a la Casa Blanca. Otra buena razón para que la elite dominante del partido lo quiera bajar de la candidatura cualquier costo.
En cuanto a Rusia, todo indica que ahora tiene espaldas para tolerar una baja de los precios. Los funcionarios del área sostienen que pueden aguantar hasta 10 años con un barril a entre 25 y 30 dólares. Para Arabia Saudita la cosa quizás no sea tan segura, ya que viene sufriendo déficits fiscales paralelos a la baja en el valor de su casi exclusivo producto de exportación. A menos de 80 dólares, su presupuesto se complica. La forma de equilibrar las cuentas sería incrementar la producción, con el riesgo de que los precios caigan aún más. El tema es hasta dónde podrán aguantar los dos contendores o hasta dónde estás dispuestos a ir.
La leve suba de este martes se relaciona con un guiño desde Moscú del ministro de Energía ruso, Alexander Novak, quien dijo que no todas las puertas están cerradas con la OPEP. Es decir, con Riad.Trump,mientras tanto, habló telefónicamente con MBS, y si bien no se informó del contenido de esa charla, no cuesta mucho imaginarlo.
En este intrincado tablero, Rusia no deja de lado que esta movida es una suerte de venganza por varias humillaciones que viene sufriendo en Europa, mediante sanciones tras la reincorporación de Crimea en 2014, y por su apoyo al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. La última fue el castigo a Rosneft anunciado a fines de enero por comercializar petróleo venezolano. Pero también tienen entre ceja y ceja el intento de bloqueo al ducto conocido como Nord Stream 2, destinado a proveer de combustible a Alemania sin pasar por Ucrania o Polonia, aliados de la OTAN y EEUU.
La respuesta militar, una amenaza más propia de la Guerra Fría, es el mayor despliegue de tropas estadounidenses en Europa de los últimos 25 años. Son 20 mil soldados que participarán en el ejercicio militar Defender-Europe 20 y que aterrizarán en sucesivas oleadas en siete países para esparcirse a lo largo de 4000 kilómetros. En plena epidemia de coronavirus.
Tiempo Argentino, 10 de Marzo de 2020
por Alberto López Girondo | Mar 8, 2020 | Sin categoría
Jair Bolsonaro busca consolidar la alianza derechista con Donald Trump en un encuentro se diría que íntimo con el mandatario estadounidense en su centro turístico de Florida, Mar-a-Lago, donde tratarán como tema central una nueva ofensiva contra el gobierno de Nicolás Maduro y la firma de un acuerdo de defensa con el Comando Sur del Pentágono.
El presidente brasileño, que viene complicado con la economía del gigante sudamericano en su primer año de gestión, trata de hallar en el exterior los apoyos necesarios para consolidarse como líder conservador en la región. Fronteras adentro de Brasil, las políticas neoliberales emprendidas con la batuta de su ministro de Economía, Paulo Guedes, mostraron un escuálido crecimiento de 1,1% en el PBI, lo que en términos reales equipara la tasa de crecimiento demográfico de la población. Es así que la oposición calificó a este PBI como un “pibiño”, una calificación que golpea en el centro de las promesas que tanto el “Chicago Boy” al frente de la cartera económica como los estrategas de campaña habían planteado antes de los comicios de 2018.
El malestar del oficialismo ante este magro resultado se refleja en que, buscando culpables, llegan a responsabilizar a Dilma Rousseff, que fue destituida en 2016. Desde oficinas del Banco Mundial y el BID le habían tirado un centro al ministro Guedes, al señalar que la baja también se podría deber en los últimos meses a las consecuencias del coronavirus en todo el mundo.
A nivel internacional, la ofensiva sobre Venezuela se inició el jueves, cuando Brasilia ordenó retirar sus diplomáticos de Caracas y pidió que se fueran los representantes del gobierno chavista de Brasil. La visita a Florida se entiende en el marco de la invitación de Trump a su emprendimiento, una forma de hacerle propaganda. Pero también porque en ese estado están gran parte de las mayores inversiones de brasileños en el exterior.
Este domingo, Bolsonaro, un excapitán del Ejército brasileño, irá a Doral, Miami, donde se asienta el cuartel del Comando Sur, las fuerzas militares que vigilan el Caribe y América Central y del Sur.
Allí firmará un acuerdo para “proyectos de investigación, prueba y evaluación” con el almirante Craig Faller, un belicoso comandante que no ve la hora de iniciar acciones armadas contra las tropas bolivarianas.
Y ya que va a estar en EE UU, participará de un seminario empresarial, donde espera encontrarse con los directivos de la fabricante de autos eléctricos Tesla, a quienes pretende convencer de abrir una planta productora en Brasil.
Tiempo Argentino, 8 de Marzo de 2020
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