No se equivocaba Mark Zuckerberg, el Ceo de Facebook, cuando hace un par de años dijo en una charla para sus íntimos colaboradores quizás tendría que subirse al ring y pelear contra una posible limitación a los gigantes tecnológicos. Solo erró en quien sería su contrincante. Esa vez hablaba contra la senadora Elizabeth Warren, que en su campaña para las primarias demócratas proponía aplicarles las leyes antitrust. Sucede que por una vez, aunque por motivos diversos, legisladores demócratas coincidieron con sus pares republicanos y hasta el presidente Donald Trump en la necesidad de poner freno al GAFAT, el selecto club que integran Google, Apple, Facebook, Amazon y Twitter. La incógnita pasa por saber hasta dónde están dispuestos a ir.
La novedad de esta semana fue que los popes de esas empresas, crecidas aceleradamente desde principios de siglo pero que dieron un salto explosivo gracias a la pandemia, tuvieron que desfilar ante el Congreso para dar explicaciones. Como en esas viejas películas de Hollywood, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Sundar Pichai, y Tim Cook fueron interrogados en la comisión de Seguridad de la Cámara de Representantes para rendir cuentas sobre las conclusiones de una investigación parlamentaria de un año sobre sus comportamientos.
“Los padres fundadores no se inclinaron ante un rey ni nosotros deberíamos inclinarnos ante los emperadores de la economía en internet”, les espetó el titular del comité, el demócrata David Cicilline. “Como guardianes de la economía digital, estas plataformas disfrutan del poder de elegir ganadores y perdedores para sacudir a las pequeñas empresas y enriquecerse mientras ahogan a la competencia”.
A su turno, se fueron defendiendo con argumentos que chocaron contra la solidez de los reclamos, lo que hizo trastabillar a más de uno. Fue una sesión virtual, por otro lado, que como castigo, se cortó varias veces por problemas de conexión.
Más allá de esos detalles, los demócratas cuestionan en líneas generales que las compañías abusan de su posición dominante para asfixiar cualquier vestigio de competencia y los republicanos que hacen negocios con firmas chinas y con tal de ganar dinero, no demuestran demasiado patriotismo.
Como para no perderse el show, Trump tuiteó que si el Congreso no tomaba alguna medida lo haría él a través de una orden ejecutiva (los DNU estadounidenses). Este viernes se anunció que el Departamento de Justicia abrió una investigación contra Alphabet, la “casa matriz” de Google, por prácticas monopólicas. La Comisión Federal Comercial, incluso, analiza las últimas adquisiciones de Facebook, como Instagram, una plataforma que, reconoció Zuckerberg, fue comprada con el objetivo de sacar a un rival peligroso del camino.
Estos últimos meses Trump está de punta contra la red del pajarito, que borró algunos de sus mensajes por considerarlos fake-new. El presidente amenazó con incluir a Twitter bajo las leyes de medios con el argumento sencillo pero incontrastable de que si eligen qué circula sobre su plataforma entonces editan y por lo tanto son un canal de informaciones. En su partido se quejan de que FB censura mensajes de sectores conservadores. Zuckerberg ya había comparecido en 2018 para explicar su negocio con Cambridge Analytica, la consultora que usaba datos para manipular elecciones en todo el mundo.
Que las tecnológicas alcanzaron un nivel desmesurado no es novedad. Según datos publicados por el sitio elordenmundial.com, hace diez años solo Microsoft figuraba entre las diez empresas más grandes de EEUU, las dos primeras eran Exxon Mobil y Petro China, seguidas por P&G, la fabricante de bienes de consumo. Ahora, copan esos lugares Apple, Google, Amazon y Alibaba, la competidora china del gigante estadounidense.
El dueño de Amazon, Jeff Bezos, también propietario del diario The Washington Post, alegó: “Me encantan los emprendedores de garaje, yo era uno. Pero al igual que el mundo necesita pequeñas empresas, también necesita grandes”. Recibió loas de los defensores del libre mercado, incluso en Argentina. No así de la demócrata Pramila Jayapal, quien cuestionó que la firma, de acuerdo a la investigación, había usado datos de empresas que vendían a través de esa plataforma para diseñar sus propios productos similares.
La crítica contra el indio Sundar Pichai, CEO de Google desde 2015, fue que el buscador deja entrar a todos, pero como si fuera una suerte de mafia, no deja salir nada. “Nuestros documentos muestran que Google evolucionó de un torniquete al resto de la web, a un jardín amurallado que mantiene cada vez más a los usuarios dentro de sus sitios”, le dijo Cicilline. El palo contra Tim Cook, de Apple, fue que la aplicación App Store “inventa reglas en el camino y luego las interpreta arbitrariamente para beneficiar a sus productos”.
El antecedente más recordado de aplicación de la ley antitrust data de 1911, cuando la Standard Oil Company fue desmembrada por orden de la Corte Suprema, que entendió que violaba los términos de la Ley Sherman Antitrust, de 1890. El holding se dividió en 34 empresas independientes, una de ellas la Standard Oil de Nueva Jersey, luego Esso y finalmente Exxon; otra fue la Standard Oil Company de Nueva York, que se transformaría en Mobil. Las picardías de Donald
Donald Trump no se cansa de mostrarse impredecible y hasta se podría decir que disfruta de ese rol de chico rebelde para la política de Estados Unidos. En todo caso, queda claro que sabe manejar a los medios, no por nada fue por ocho años el conductor de un reality show, El Aprendiz, donde un aspirante entre 18 ganaba un contrato para dirigir una de sus empresas. A esas artes apeló este jueves cuando tres horas después de que el Departamento de Comercio anunciara una caída en la economía en el segundo trimestre del 32,9% lanzó una bomba: habría que aplazar las elecciones de noviembre porque la pandemia obligaría a ejercer el voto por correo, lo que permitiría un colosal fraude.
Se trata del mayor desplome desde 1947, tras la guerra mundial, a pesar de que no hubo una cuarentena estricta precisamente para no dañar la actividad económica. La polémica por el voto barrió debajo de la alfombra a la colosal debacle en el principal eje para la campaña presidencial, como es la recuperación de Estados Unidos como potencia mundial.
El argumento de Trump no es del todo descabellado: actualmente casi un cuarto de los votantes envía el sufragio adelantado, una práctica que se fue extendiendo ante la dificultad para sufragar en ese país. Se vota el martes posterior al primer lunes de noviembre. Es una particularidad propia de una sociedad de raigambre religiosa que aprobó esa ley -inmutable hasta ahora- en 1845. No se votaría un domingo porque es el día consagrado al Señor, y no era sencillo viajar en épocas de tormentas, de modo que un lunes podría no ser prudente.
Para una sociedad de patrones de estancia o profesionales independientes un martes es una buena opción, pero no para asalariados, que además de registrarse para ejercer su derecho, deben faltar a sus trabajos. Es así que normalmente no vota mucho más del 50% de los ciudadanos habilitados.
Trump alega que el voto por correo no garantiza que no colapse el sistema o que alguien meta la mano en el conteo. Los argumentos en su contra fueron que ni siquiera en tiempos de la guerra civil o de las guerras mundiales se pospuso un comicio. De lo que nadie quisiera hablar es del fraude en contra de Al Gore en las elecciones de 2000, cuando la Corte Suprema tardó 36 días en reconocer el triunfo del republicano George W. Bush a pesar de las impugnaciones de los demócratas porque en el estado de Florida habían votado algunos ciudadanos fallecidos. Trump quizás tema sinceramente una estocada con algunos fallecidos acudan a la oficina de correo a votar.
La confirmación de que la decana de la Corte Suprema de Justicia de EEUU está siendo tratada nuevamente por un cáncer aceleró una sorda pelea dentro del partido republicano por garantizarse una mayoría de la más rancia derecha y super leal en el máximo tribunal federal. Donald Trump trata de armar una lista de candidatos que no terminen por traicionarlo, como cree que hicieron los dos que pudo nombrar desde que llegó a la Casa Blanca. Que parecían suficientemente retrógrados y sin embargo le vienen fallando en contra en temas muy sensibles para sus votantes, como el aborto y la protección de las minorías LGBTQ. En lo personal, el presidente no les perdona que hayan dictaminado que debe mostrar sus declaraciones de impuestos, como cualquier ciudadano común, y que el cargo no le permite ocultarlos a la vista del público.
Trump ganó los favores del establishment del partido Republicano con la promesa de que pondría en la CSJ a jueces de reconocido perfil conservador. La base electoral que logró juntar el mandatario en 2016 tiene un fuerte componente de ciudadanos de tendencia religiosa que naturalmente están en contra del aborto, reconocido como legal por la corte desde un famoso fallo de 1973 que sentó jurisprudencia, el caso Roe v. Wade. Esto permitió zanjar un tema muy delicado en ese país, ya que no hay una ley federal que permita la interrupción del embarazo. Por el retiro de Anthony Kennedy, en julio de 2018 y luego de una trabajosa negociación en el Senado, Trump pudo designar finalmente a Brett Kavanaugh, que tenía un perfil de antiabortista en su trayectoria como juez de distrito. El pasado persigue al candidato.
Un año antes había podido nominar a otro conservador, Neil Gorsuch, en reemplazo de Antonin Scalia, que había muerto en 2016. Esa vez el presidente en ejercicio era Barack Obama pero los republicanos bloquearon cualquier nominación bajo el argumento de que se le vencía el mandato y correspondía esa potestad a su sucesor. Un ultraconservador resistido.
Normalmente el tribunal mantiene un tenso equilibrio entre liberales y conservadores, la vieja disputa entre garantistas y punitivistas. Como son nueve integrantes y por cuestiones de edad cada presidente tiene ocasión de designar a al menos uno durante su gestión, la CSJ pasa de 5 a 4 con mucha facilidad hacia un lado u otro. Con Trump, los liberales perdieron terreno. En estos dos años la balanza computó a Kavanaugh, Gorsuch, al actual presidente del tribunal, John Roberts, a Clarence Thomas y a Samuel Alito en el banco de la derecha. Quedaban del otro lado Ruth Bader Gisnburg y Stephen Breyer, nombrados por Bill Clinton en 1993 y 1994 respectivamente, y Sonia Sotiomayor y Elena Kagan, que asumieron en tiempos de Obama. Pero hubo varias sorpresas que dejaron trastabillando a Trump. Un golpe fuerte fue cuando el voto de Robert resultó crucial para impedir que el gobierno pusiera fin al Programa de Acción Diferida para los inmigrantes llegados en la infancia, conocida por sus siglas DACA, una normativa que permitió por décadas que jóvenes indocumentados pudieran permanecer en el país sin ser deportados.
A principios de julio, Trump recibió otros dos mandobles. En un fallo histórico la SCJ invalidó una ley de Luisiana que habría obligado a cerrar las clínicas de aborto. Ya había determinado que es ilegal despedir a una persona por su identidad de género. Gorsuch, que llegó al Palacio de Justicia con la anuencia fervorosa de los grupos evangélicos más fanatizados, dijo en su dictamen que el Título VII de la Ley de Derechos Civiles impide cualquier tipo de discriminación laboral, lo que incluye a la comunidad LGBTQ, que celebró como un triunfo este fallo inesperado. Trump salió a despotricar en las redes sobre lo que llamó una “traición” de los jueces por él designados. Prometió entonces, para ganar el favor del partido ante las próximas elecciones – cuando muchos ya anunciaron que no lo votarán por el cariz que tomó su gobierno- que elaborará una lista de candidatos que se comprometan verbalmente a defender esos valores que tanto sirven para ganar votos en algunos sectores sociales.
No se privaron de cantarle cuatro frescas los republicanos más extremos. Entre ellos figura Josh Hawley, senador por Missouri, que declaró al Washington Post que solo votará a candidatos a la Corte que se hayan pronunciado decididamente en contra del aborto. “No quiero garantías privadas de los candidatos. No quiero escuchar sus opiniones personales, de una forma u otra. No estoy buscando pronósticos sobre cómo votarán en el futuro o predicciones. No quiero nada de eso. Quiero ver, como parte de su registro, que han reconocido en algún foro que Roe vs Wade, como un asunto legal, se ha decidido erróneamente”. Pero todavía los supremos le tenían deparada una sorpresa que consumaron hace unos días, cuando determinaron que el presidente debe entregar sus declaraciones de impuestos como cualquier mortal dentro de Estados Unidos. El magnate se venía negando al requerimiento de un fiscal de Nueva York que le reclama su planilla de aportes a la agencia impositiva.
Los abogados de Trump alegaban que como mandatario tiene inmunidad. «Hace doscientos años, nuestro tribunal estableció que ningún ciudadano, ni siquiera el presidente, está categóricamente por encima del deber común de presentar pruebas cuando se le solicita en un proceso penal», señala el fallo, aprobado por 7 votos a 2.
Mientras los allegados a Trump se desviven por demostrar que la lista “blanca” no superará las 25 personas e incluso debaten si no convendrá que sean menos, la expectativa crece luego de que se supiera que la jueza Ruth Bader GInsburg, de 87 años, hace un par de meses se viene sometiendo a un tratamiento de quimioterapia por un cáncer al hígado. Reconocida liberal, defendió históricamente los derechos de género y es una suerte de símbolo de defensa de derechos ciudadanos. Eso aviva las esperanzas de que la jueza deba retirarse por enfermedad -no vivarían al cáncer porque por allá esas cosas no se dicen- para colocar a un conservador de pura raza que no le haga asco a ir contra la corriente. Pero va a resultar difícil controvertir el propio argumento de los republicanos hace cuatro años. Son sus últimos meses en la Casa Blanca, corresponde que envíe el pliego el que gane en noviembre.
En cuanto a sus asuntos impositivos, puede decirse que la SCJ le hizo precio: no lo obligó a enviar sus reportes a la IRS (la AFIP estadounidense) sino a una instancia judicial anterior, que es la que reclamaba. El fiscal a cargo de la investigación es Cyrus Vance Junior, hijo de Cyrus Vance Senior, que fuera secretario de Estado de Jimmy Carter y en ese carácter viajó a Buenos Aires para exigirle respuestas al dictador Jorge Videla sobre las denuncias por desapariciones de personas.
Vance Jr. quiere saber si con fondos de su campaña electoral de 2016 se pagó el silencio de dos mujeres que habrian tenido relaciones sexuales con él y habían sacado el caso a la luz, la actriz porno Stormy Daniels y la ex modelo de Playboy Karen McDougal. Trump sabe que el fiscal es del ala liberal de la justicia, lo sabe cercano a los demócratas y sostiene que lo persigue en el marco de la campaña electoral. Nadie en ese país, sin embargo, espera que la planilla de impuestos sea presentada antes de noviembre, cuando podría hacer daño. Sus abogados son duchos en patear la pelota afuera de la cancha y no les temblará el pulso para encontrar la forma de ganar tiempo a como dé lugar.
Nadie en ese país, sin embargo, espera que la planilla de impuestos sea presentada antes de noviembre, cuando podría hacer daño. Sus abogados son duchos en patear la pelota afuera de la cancha y no les temblará el pulso para encontrar la forma de ganar tiempo a como dé lugar.
Si es verdad, como aseguran muchos analistas, que Donald Trump necesita una guerra para recuperar terreno de cara a las elecciones de noviembre, lo pasos que está dando contra China se están pareciendo demasiado a un conflicto mundial que no se veía desde los tiempos de la Guerra Fría. Y para no desentonar, incluso el léxico que utilizan tanto funcionarios como las principales espadas republicanas va en esa línea. De una guerra comercial, decididamente buscan instalar que es contra el partido comunista chino.
La última novedad es que el gobierno ordenó el cierre del consulado chino en Houston Texas, al que acusa de cobijar a hackers y de ser un centro de espionaje, entre otros objetivos, de empresas desarrolladoras de tecnología. La semana pasada había comenzado esta etapa de demolición de los negocios de empresas chinas en Europa, como es el caso de Huawei. (Ver acá)
Este lunes, la Casa Blanca había culpado a dos ciudadanos chinos de ser piratas informáticos “que trabajan con el ministro de Seguridad de Estado de China”. Los acusados son Li Xiaoyu, de 34 años, y Dong Jiazhi, de 33, que a la sazón están en su país natal. No es claro de qué se los acusa, pero desde la secretaría de Justicia se mencionó un hackeo a una investigación sobre vacunas contra el Covid-19, sin dar mayores precisiones.
Beijing salió de inmediato a rechazar las imputaciones. “El gobierno chino es un ferviente defensor de la ciberseguridad y siempre se opuso a los ciberataques», dijo el portavoz de la cancillería, Wang Wenbin, quien pidió a Washington que «cese de inmediato sus calumnias y su difamación». Al mismo tiempo calificó el cierre del consulado de ser “una provocación política que viola gravemente el derecho internacional” y agregó la condena a “esta decisión escandalosa e injustificada”.
Beijing también advirtió que tomará medidas “legítimas y necesarias” en consecuencia. Por lo pronto, alertó a los más de 300.000 estudiantes chinos que cursan en Estados Unidos por el “riesgo de interrogatorios arbitrarios” al que los podrían someter en ese país en medio de este clima prebélico.
Trump, habitualmente muy locuaz en las redes sociales, se había cuidado de enviar algún mensaje sobre el asunto. El que si dijo fue el senador Marco Rubio, quien en un tuit dejó suficiente como para ver de qué viene esta ofensiva.
«El consulado de China en Houston no es una instalación diplomática. Es el nodo central de la vasta red de espías y operaciones de influencia del Partido Comunista en los Estados Unidos. Ahora ese edificio debe cerrarse y los espías tienen 72 horas para salir o enfrentar arresto. Esto tenía que suceder», escribió el ultraconservador Rubio.
Horas antes de estos comunicados, los bomberos habían acudido al edificio avisados por vecinos sobre un posible incendio en su interior. “No pudimos entrar porque es una sede diplomática”; se excusaron. La especulación de las autoridades es que se habían quemado documentos ante la certeza de que tendrían que irse.
China tiene cinco consulados en territorio estadounidense. El de Houston precisamente fue el primero en abrirse, en 1979, luego del histórico viaje del presidente Richard Nixon para entrevistarse con Mao Zedong y sellar un acuerdo para que el gigante asiático recuperara la representación oficial en todos los estamentos mundiales de la nación. Hasta ese momento, Taiwán ocupaba un sillón permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y el gobierno de Beijing ni siquiera estaba reconocido. Washington, a su vez, tiene otros cinco consulados en China continental y uno en Hong Kong.
El que también estuvo activo en esta escalada fue el secretario de Estado, Mike Pompeo, quien viajo el lunes a Londres para agradecer la decisión de Boris Johnson de prohibir la utilización de equipos 5G de la empresa china Huawei en el Reino Unido. De allí se cruzó a Dinamarca, donde intenta tejer una alianza contra China en el Ártico.
En Copenhague llamó a defender los valores de la “libertad, la transparencia, la soberanía y la estabilidad”. Y de argumentó que parte de esa embestida en razón de la necesidad de combatir el “robo de propiedad intelectual por el Partido Comunista chino».
La administración Trump trata de ganar adeptos a su ofensiva sobre China, pero lo hace luego de que perdió terreno en muchos aspectos durante años. Es así que, en cuanto al Ártico, el tema es que Beijing está desarrollando el proyecto de ruta de la seda por esa región y ya tentó a varios países. En ese marco apareció el año pasado la oferta -que sonó a delirante- de comprar Groenlandia, una isla de dos millones de kilómetros cuadrados administrados por Dinamarca. El primer ministro groenlandés, Kim Kielsen, viajó a China hace unos días para discutir las ventajas que dejaría en ese territorio las inversiones prometidas por Beijing.
Pompeo se reunió con a premier danesa Mette Frederiksen y luego con el canciller Jepe Kofod y las autoridades de Groenlandia y las islas Feroe. Copenhague tiene una alianza estrecha con Washington y es uno de los países que destinó tropas para las invasiones de Irak y Afganistán. Pero también tiene y necesita buenas migas con Alemania. El otro punto de divergencia que trata de limar Pompeo es el gasoducto Nord Stream 2 que abastecerá a la industria germana desde Rusia. En octubre pasado se firmó un acuerdo para que la tubería pase por aguas danesas.
Esta semana, se adelantó, recrudecerán las presiones sobre la Unión Europea, según el DOS (Departamento de Estado por sus siglas en inglés). «El embajador Philip T. Reeker, jefe de la Oficina de Asuntos Europeos y Euroasiáticos, viajará a Bruselas del 23 al 25 de julio para reunirse con sus homólogos de la UE y Bélgica para avanzar en nuestra relación transatlántica y promover prioridades bilaterales entre EEUU y Bélgica (…) subrayará la importancia de mantener el comercio transatlántico y los flujos de datos, y planificará el diálogo entre EEUU y la UE en China».
La guerra comercial entre Estados Unidos y China ingresó en una fase de convertirse en algo más real que bravuconadas de un mandatario extravagante. Además, porque ese presidente aspira a ser reelecto en noviembre y según entiende, una pelea de fondo contra su mayor competidor por la hegemonía mundial desde la desaparición de la Unión Soviética puede acarrearle votos. Se suman ahora a las cuestiones geopolíticas de toda disputa por el control del mundo, el liderazgo tecnológico y el rumbo del sistema capitalista en sí mismo. Las argumentaciones para convocar adhesiones de la Casa Blanca, sin embargo, hacen agua por todos los poros. Lo que facilita la respuesta de Beijing y una gambeta de la Unión Europea a las presiones estadounidenses.
El martes pasado, Londres anunció que desde el 31 de diciembre los proveedores británicos tienen prohibido adherir al desarrollo de la red 5G de la empresa china Huawei. Declarada enemiga de Estados Unidos por el hecho de que su fundador, Ren Zhengfei, es un exingeniero del Ejército Popular de Liberación chino, la firma también es acusada de haber creado artilugios para espiar donde se implante el servicio de alta velocidad que provee.
En su ofensiva contra la compañía –que hasta sus competidores la reconocen como la más avanzada del mundo en el desarrollo de la red 5G– el secretario de Estado, Mike Pompeo, afirmó sin despeinarse que Huawei ofrece al Partido Comunista chino una “puerta trasera” para la vigilancia global. Por si estos considerandos no bastaran, Donald Trump puso el foco en Hong Kong, donde las autoridades chinas pusieron en vigencia una ley de seguridad que generó manifestaciones de opositores en esa ciudad recuperada del control británico en 1997 pero con un estatus especial hasta 2047.
Hong Kong fue un enclave tomado tras las guerras del opio, en 1860, cuando Londres peleaba en defensa del libre comercio de la droga, prohibido por el emperador Xianfeng entre otras razones por el deterioro de los términos del intercambio. Convertido en base del capital financiero internacional, es ahora moneda de presión ya que muchos nativos no quieren formar parte de China.
Trump acusa a Beijing de no respetar los valores democráticos occidentales ni los Derechos Humanos tanto allí como contra la comunidad musulmana uigur en Xinjiang. Para empiojar más al asunto, Pompeo alienta a naciones vecinas en el marco del conflicto territorial en el mar de China. El Congreso de EE UU aprobó el jueves una ley que prevé sanciones a China “por sus acciones opresivas”. Y Trump impuso restricciones a visas de empleados de Huawei y dijo a los gobiernos que no rompieron con esa empresa, que “si hacen negocios con Huawei los están haciendo con abusadores de los Derechos Humanos”.
«Lo que hace EE UU no tiene nada de limpio. Son, simplemente, golpes bajos», cuestionó Hua Chunying, vocera de la cancillería china. «Si quieren hablar de Derechos Humanos, tendrían que preguntarle a George Floyd y a los miembros de las minorías étnicas en Estados Unidos qué tienen para decir”, añadió.
El ex analista Edward Snowden, exiliado en Rusia tras detallar cómo la agencia NSA vigila a todo el mundo, contó que entre los espiados estaban la expresidenta de Brasil, Dilma Rousseff, y la estatal Petrobras. En Europa, la principal dirigente bajo la mira era –¿es?– Angela Merkel. Tal vez de allí provenga la resistencia de Berlín y de la UE a someterse a Washington sobre los acuerdos con Huawei. Este jueves, además, la Corte de Justicia regional anuló el pacto de transferencia de datos personales entre el bloque y EE UU, llamado “escudo de privacidad”.
Luego de las denuncias de Snowden, hubo ruido de fondo en la UE. Un activista austriaco, Maximilian Schrems, presentó una demanda contra la sede europea de Facebook en Irlanda por su derecho a resguardar su intimidad. Los datos que surgen de las redes sociales son una fuente comercial incalculable, ya que así arman perfiles de clientes y gustos personales. Pero también sirven a organismos gubernamentales y políticos. El uso de esa información por la británica Cambridge Analitica fue clave para manipular elecciones en Europa, EE UU, Brasil y Argentina, en 2015.
El asesor de Seguridad Nacional, Robert O’Brien, confía en convencer a los europeos de romper con la compañía china. «Europa está despertando ante la amenaza de China», dijo desde París. «Imaginen cómo China podría interferir en las elecciones si lo supiera todo sobre cada persona en la Tierra», agregó, también sin inmutarse.
Internet nació en los años ’60 sobre la base de un proyecto del Departamento de Defensa de EE UU en plena Guerra Fría. Como sistema de uso militar que sigue siendo, por EE UU pasan todas las redes de comunicación global. Una comisión del Parlamento Europeo abrió una investigación contra la red de espionaje Echelon en 2000. Un año más tarde el emitió un informe en el que asegura que “no hay ninguna razón para seguir dudando de la existencia de un sistema de interceptación de las comunicaciones a nivel mundial» y determinó que «la finalidad del sistema es la interceptación, como mínimo, de comunicaciones privadas y comerciales». Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda integran lo que podría denominarse el Imperio Anglosajón. Conforman la red también llamada Cinco Ojos (Five Eyes, cuyo anagrama usual es FVEY), un tratado de cooperación conjunta de inteligencia de señales creado tras la Segunda Guerra mundial.Era natural que EE UU se integrara en la vigilancia mundial con las únicas naciones en las que el Pentágono puede confiar. Esta semana, Gran Bretaña le dio la espalda a Huawei en esta etapa belicosa de la Casa Blanca. Canadá ya le había dado un guiño en diciembre de 2018 cuando detuvo y procesó a Meng Wanzhou, vicepresidenta de Huawei e hija del fundador, a pedido de EE UU. En junio, los operadores de telecomunicaciones canadienses Bell y Telus anunciaron que dejarán de usar equipos Huawei. La firma tampoco hace negocios en Australia y Nueza Zelanda.
2 Mil millones de libras
Y de dos a tres años de atraso costará a los consumidores del Reino Unido la prohibición del uso de tecnología Huawei para su red de 5G, reconoce el gobierno.
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