por Alberto López Girondo | Nov 3, 2021 | Sin categoría
A un año exacto de las elecciones que Donald Trump todavía asegura que le birlaron, los republicanos celebran un triunfo quizás determinante en Virginia, un estado que los demócratas computaban como propio luego de más de una década. Fue un golpe duro para Joe Biden porque el resultado puede complicar más aún al primer mandatario estadounidense, que en un año enfrenta elecciones de medio término con perspectivas poco halagüeñas y no logra que sus proyectos más ambiciosos sean aprobados en el Congreso. Para peor, un artículo de Huffington Post computó que al menos seis integrantes del Partido Republicano que el 6 de enero pasado participaron del intento de toma del Capitolio para rechazar la nominación de Biden resultaron electos el legislaturas estatales, tres obtuvieron puestos locales y otros 57 se postularán para el 2022.
La caída de los demócratas en Virginia es estruendosa si se tiene en cuenta que en 2020 Biden había ganado por 10 puntos de diferencia. Ahora, el multimillonario Glenn Youngkin se impuso sobre Terry McAuliffe por dos puntos que valen oro: 50.7% a 48.5%. Los analistas entienden que el inquilino de la Casa Blanca defraudó a sus votantes y que no es mucho lo que cambió desde que llegó al gobierno. Para colmo, la retirada de Afganistán supo ser aprovechada por los republicanos, que la tildaron de desastrosa y afirmaron que ellos nunca se hubieran ido del país asiático, a pesar de que Trump hizo los primeros acuerdos con los talibán para que las tropas de EEUU no siguieran empantanadas en una guerra que no podría ser ganada.
Youngkin tiene un patrimonio de unos 440 millones de dólares y es uno de los principales accionistas de Carlyle Group, uno de los grupos inversores más grandes del mundo. Cercano a Trump -un poco por cuestiones comerciales y otro por miradas comunes sobre el mundo – en los últimos tiempos tuvo la perspicacia de despegarse del expresidente y convocar como acompañante de fórmula a Winsome Sears, la primera afrodescendiente en ocupar ese cargo en la historia del estado y también la primera no nacida en EEUU, ya que es jamaiquina. Trump festejó el triunfo que había apoyado con fervor estas últimas semanas, cuando las encuestas pronosticaban un resultado como el que se dio.
El golpe para los demócratas es mayor porque normalmente Virginia puede ser una señal de alarma para el futuro y un aliciente para los republicanos, que potenciarán sin dudas el bloqueo al que están sometiendo al gobierno de Biden, que ya tuvo que ceder en sus iniciativas más “peronistas” para reactivar la economía y repotenciar a Estados Unidos a los primeros planos internacionales.
Es cierto que la diferencia en Virginia no es tanta, pero fue interpretada por los medios y la dirigencia como impactante. Porque por otro lado en Nueva Jersey peleaban voto a voto el gobernador Phil Murphy con el desafiante republicano Jack Ciatarelli, un trumpista que se bajó del caballo luego del 6E y tras esgrimir el argumento de que le habían robado la elección, ahora elige el silencio sobre el tema. También cambió las declaraciones xenófobas por un perfil más moderado para conseguir los votos de comunidades latinas.
Los sectores progresistas en cambio pudieron celebrar el triunfo de Michelle Wu para la alcaldía de Boston. Descendiente de taiwaneses, Wu tiene 35 años y un perfil de defensa del medio ambiente que la lleva no solo a plantear la conversión del transporte público de la ciudad a electricidad sino a proponer que el viaje sea gratuito. Cobijada bajo la mirada de la senadora Elizabeth Warren, Wu es la primera no “blanca caucásica” y también no nacida en Boston – es oriunda de un suburbio de Chicago – en ser electa para comandar los destinos de la “Capital de la Nueva Inglaterra”.
Las elites de los demócratas también festejan el triunfo del expolicía Eric Adams en Nueva York. Recostado en el ala más conservadora de los demócratas, Adams será un alcalde amigo de los poderes financieros que rondan Wall Street. Lo contrario de la representante Alexandria Ocasio-Cortez, pero así son las cosas. Para compensar, el progresista Ed Gainey será nuevo alcalde de Pittsburg, el primer afrodescendiente en ese distrito.
Tiempo Argentino, 3 de Noviembre de 2021
por Alberto López Girondo | Ago 28, 2021 | Sin categoría
Estados Unidos se despide de Afganistán con el ataque a un objetivo del grupo yihadista ISIS-K a días de terminar la evacuación desde el aeropuerto de Kabul, de lo que queda del personal que colaboró con la ocupación. Mientras tanto, en Bagdad. el presidente Emmmanuel Macron sellaba una alianza con el primer ministro iraquí, Mistafa al Kazimi, para lo que aspira sea un renacimiento del sueño imperial francés en esa región del mundo tras la huida estadounidense.
Un mensaje en Telegram se adjudicó a nombre de Estado Islámico de Khorasan (ISIS-K) el atentado del jueves en las inmediaciones del aeropuerto de la capital afgana que causó alrededor de 90 de muertos y más de 160 heridos. Desde entonces, ese movimiento fanático aparece como el gran competidor y enemigo interno de los talibanes en ese país. Con lo cual, para medios y dirigentes occidentales, la caída de Kabul se convierte en el regreso de un horror que los biempensantes deberían combatir.
Según un conocedor de los grupos yihadistas como el italiano Antonio Giustozzi, investigador del King’s College de Londres y autor de Estado Islámico en Khorasan, publicado en 2018, ISIS-K nace en esa región de Afganistán, Pakistán, Irán e India cerca de 2014. Giustozzi, habitual fuente de consulta de medios europeos a estas horas, dice que la “sucursal” de ISIS es aun más extremista que los talibanes en cuanto a la imposición de las leyes islámicas. Que recibieron financiamiento y recursos externos, y que en el camino fueron sumando talibanes descontentos con las cúpulas locales.
Otro que sabe, el francés Thierry Meyssan, creador de la Red Voltaire, sostiene que ISIS, al igual que Al-Qaeda, “son engendros de la CIA” y recibieron no solo dinero sino armas y entrenamiento de británicos y estadounidenses. La tesis ISIS=CIA se puede fundamentar en que tras la llegada de Donald Trump al poder, en 2017, cesaron milagrosamente los demenciales asesinatos yihadistas a que nos tenían acostumbrados y desapareció su amenaza en el llamado Medio Oriente Extendido. Trump fue el primero en negociar esta salida con los talibanes, además.
Cómo no interpretar que el ataque del jueves, a pesar de que murieron también 18 efectivos militares de EE UU –¿daños colaterales?–, es una buena noticia para la Casa Blanca de cara al futuro regional. Qué mejor que marcar la cancha a los talibanes con un grupo tanto o más fanatizado que ellos, con similar poder de fuego y capacidad destructiva, que alcanza visibilidad con los demócratas de nuevo en el Salón Oval.
Otra forma de disciplinamiento interno –esboza el brasileño Pepe Escobar desde las páginas de Asia Times– consiste en el ahogo financiero, algo en lo que la Casa Blanca tiene mucha experiencia. Los casos más conocidos son el bloqueo a Cuba desde hace 60 años y más recientemente a Venezuela. Así, mientras no queda claro quién estará al frente del Poder Ejecutivo en Afganistán, Washington congeló 9500 millones de dólares en reservas del Banco Central afgano y el FMI hizo lo propio con 460 millones del programa de ayuda Covid-19. Otro símil: Fulgencio Batista huyó de Cuba en 1959 con valijas cargadas con varios cientos de millones de dólares; el presidente Ashraf Ghani se escapó con 169 millones.
El escenario, para los talibanes, no pinta fácil, como se ve. A la falta de efectivo tendrán que agregarle que los países con los que necesitan arreglar para poder ejercer el liderazgo necesitan garantías y van a intentar imponer condiciones. Tanto para Pakistán como India y China, de que no buscarán extender una revolución islámica a las poblaciones de fe musulmana dentro de sus propios territorios. A Rusia, de que hará lo posible para olvidar viejos rencores de la invasión de 1979. Con Irán e Irak también tendrán que establecer acuerdos que no aviven las diferencias entre sunníes y chiítas.
Pero lo más complicado será puertas adentro. Afganistán, es un territorio diseñado en tiempos del Imperio Británico con el propósito de separar a pueblos afines bajo distintas administraciones con el principio romano de “divide y reinarás”. Dentro de los límites fronterizos afganos conviven 25 etnias –la más numerosa es la pastún, a la que pertenecen los talibanes– que, a su vez, tienen más fidelidad y sentido de pertenencia con la familia o los clanes que con la idea de una nación.
Si la invasión pretendía establecer las bases para crear un país al que los habitantes sientan como propio, ahí radicó el gran error de la Otan y el Pentágono. Confiaron en estrenar y armar a un ejército y una clase dominante con ciertas líneas de democracia occidental. Pero crearon un monstruo político corrupto y en cuanto todos notaron que se querían sacar la papa caliente de encima, todo volvió a la “normalidad”.
Los talibanes regresaron sin disparar un tiro. Si su avance era indetenible es porque nadie quiso detenerlos. Una anécdota que cuenta David Zucchino en The New York Times resulta ilustrativa: a principios de mayo un comandante talibán llamó a Muhammad Jallal, líder de la provincia norteña de Baglán. “Si no se rinden los vamos a matar”, dice que le dijeron. Todos dejaron las armas bien acomodadas al costado del camino. Joe Biden se dio cuenta, tardíamente. “Los estadounidenses no pueden ni deben luchar o morir en una guerra que los afganos no están dispuestos a luchar”. «
El negocio del escape
Erik Prince sabe ganar dinero en cualquier circunstancia. Creador de una empresa “contratista” del Pentágono que se hizo famosa como Blackwater y ahora se llama Academi –proveedora de mercenarios, básicamente– este exteniente de navío retirado tiene un ejército privado de unos 40 mil efectivos desperdigados en varios países.
Hacen normalmente el trabajo sucio que las tropas regulares no pueden y además tienen la ventaja de que si mueren, la sociedad no va a llorar ante las bolsas negras con sus restos como si fueran reclutas.
Sus esbirros resultaron acusados de crímenes de guerra en Irak pero él sigue elucubrando la manera de acrecentar su fortuna sin medir consecuencias.
El último negocio que se le ocurrió fue ofrecer una salida segura para todos los que quieren huir de los talibanes. Por la módica suma de 6500 dólares, el asiento en un avión privado. Nadie apostaría que cuando se vaya el último soldado invasor también se vayan sus mercenarios. Siempre pueden resultar útiles en tiempos caóticos.
Tiempo Argentino, 28 de Agosto de 2021
por Alberto López Girondo | Ago 21, 2021 | Sin categoría
En la última conferencia de prensa de Joe Biden se destacó la incomodidad del presidente ante la pregunta de un reportero. Apelando a una estrategia de evasión, respondió otra cosa y terminó la sesión. Es que la Casa Blanca no puede explicar el desastre que generó y deja en esa parte del mundo al cabo de 20 años de invasión. Tampoco pudo hacerlo la OTAN y otros aliados occidentales, con las manos manchadas de sangre y fracaso. Pero ellos fueron más astutos para no resultar tan salpicados.
Pedro Sánchez, el presidente de Gobierno español, se mostró orgulloso del papel que jugaron las tropas hispanas en Afganistán. “En estos 15 años, gracias al esfuerzo de todos, hemos sembrado y esperamos que en un futuro esa siembra germine en una mayor prosperidad, seguridad y libertad del pueblo afgano”, dijo desde La Moncloa, con aire de satisfacción.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, anunció que la UE no reconocería a las nuevas autoridades, aunque admitió que mantenían contactos “operativos” con los talibanes para acordar las evacuaciones de personal. Desde el otro lado del Canal de la Mancha, el jefe del Estado Mayor de la Defensa del Reino Unido, Nick Carter, pidió dejar espacio “a los talibanes para ver cómo van a gobernar. Tal vez quieran tener un gobierno inclusivo y un país inclusivo”.
Los medios occidentales baten el parche con el fanatismo extremista de los talibanes y los peligros para las libertades de las mujeres. En la primera rueda de prensa de representantes talibanes desde la toma de Kabul, el vocero Zabihullah Mujahid prometió que “no habrá problema en que las mujeres obtengan educación hasta la universidad y continúen trabajando. Sólo necesitan usar el hijab (el velo sobre la cabeza). No es necesario llevar burka (la túnica que cubre todo el cuerpo)”.
Los mensajes de apertura de los dirigentes talibán no tranquilizan a todo el mundo, pero son un gesto. El mulá Abdul Ghani Baradar, uno de los fundadores del movimiento, aseguró ayer, recién llegado a la capital, que “el Emirato Islámico de Afganistán (la nueva denominación del país) desea construir lazos diplomáticos y comerciales con todos los países, en particular con Estados Unidos”. Como otra señal, liberaron a 340 presos políticos en la provincia de Farah y otros 40 en Uruzgan.
El temor por los posibles actos de venganza es grande y tiene sus razones. Sin embargo, a la hora de hablar de violaciones a los derechos humanos no habría que olvidar los crímenes cometidos por tropas occidentales a lo largo de estas dos décadas. En primer lugar, teniendo en cuenta que una invasión es, desde su origen, un hecho violento.
Autores como el alemán Fabian Scheidler recuerdan masacres cometidas por tropas germanas, como un bombardeo a una caminata de civiles en setiembre de 2009, con más de cien muertos, entre ellos varios niños. “El proceso contra los principales responsables, el coronel Georg Klein y el ministro de Defensa Franz Josef Jung, finalizó con absoluciones”, recuerda.
Desde 2010, la información sobre crímenes horrendos cometidos por “soldados de la libertad” fue saliendo a la luz a través del trabajo de Julian Assange. Las pruebas condenatorias contenidas en 76.000 documentos clasificados como secretos fueron divulgadas en medios hegemónicos de los países con tropas en Asia Central: Alemania, Francia, EEUU, Gran Bretaña, España, Italia. Lejos contribuir a la justicia y la paz, significó persecución, la detención ilegal y la amenaza de una pena extrema para el periodista australiano.
No hay una cifra exacta de víctimas fatales de la guerra comenzada por George W, Bush. Los cálculos menos pesimistas hablan de 100.000, entre civiles afganos y soldados de más de diez naciones, principalmente bajo bandera de EEUU (aunque de origen hispano en muchos casos). Por otro lado, se sabe que muchos de los occidentales que intentaban huir de cualquier modo de Kabul eran personal especializado en “técnicas de interrogatorio mejoradas”. Eufemismo para hablar de tortura.
Baradar estuvo preso en cárceles de Pakistán hasta que hace tres años el gobierno de Donald Trump pidió que lo liberaran. Khairullah Khairkhwa, ministro del Interior del gobierno talibán entre 1997 y 1998 y seguramente con algún puesto expectante en el nuevo gobierno, pasó 12 años en una celda de Guantánamo, sin un juicio ni condena, llevado por personal de la CIA.
Tiempo Argentino, 21 de Agosto de 2021
por Alberto López Girondo | Ago 11, 2021 | Sin categoría
Ordenar la detención de legisladores opositores no suena demasiado bien para los cultores del sistema democrático occidental y cristiano. Para colmo, porque se negaron a votar una ley que restringe el derecho a voto y viajaron a la capital del país para plantear el caso ante las máximas autoridades federales. Pero la cosa cambia si el escenario no es un país subdesarrollado de Latinoamérica, África o el mundo árabe. En concreto, el presidente de la Cámara de Representantes de Texas emitió una orden de detención para más de 50 legisladores demócratas que viajaron a Washington para evitar la aprobación de un proyecto de ley que restringe más el acceso al voto en un estado ultraconservador con aires de secesionista que esta vez, con la relajación de las medidas electorales por la pandemia, vio un incremento de ciudadanos que decidieron cumplir con sus obligaciones electorales. Los 38 electores quedaron para Donald Trump, pero a un plazo no demasiado largo los estrategas republicanos temen perder la supremacía que le da un sistema que les permite gobernar a voluntad gracias a maniobras para diluir o impedir el voto que en otros distritos estadounidenses alimenta las bases del partido del burro.
Los legisladores en la mira del congreso tejano son 54 y representan el 36% de la cámara baja del segundo estado más rico de EEUU. A fines de julio decidieron fletar un charter y pedir entrevista con el presidente Joe Biden para contarle la situación.
Extraña democracia
En tiempos de Zoom no hacía falta que fueran hasta la capital estadounidense, pero era la excusa que necesitaban para no dar el quorum necesario para aprobar la normativa que los republicanos, que son mayoría en el Capitolio estadual, pretenden imponer.
Con el argumento de que se intenta hacer que “el voto sea más seguro” y en consonancia con las posiciones más duras de Trump a negarse a aceptar la derrota en noviembre pasado por supuesto fraude, la iniciativa pretende prohibir el voto en automóvil (drive-in), aplicar restricciones en los horarios de votación y el voto por correo. Trump estaba convencido de que en el voto postal estaba la posibilidad de que los demócratas lo derrotaran y quería impedirlos desde antes del comicio.
El sistema electoral estadounidense es de por si restrictivo. Se vota en un día laborable, el primer martes de noviembre, y es necesario registrarse previamente. Por otro lado, existe un artilugio muy usado que se llama gerrymandering y que consiste en dibujar los distritos electorales para compensar con límites amañados las mayorías opositoras. Así, en 2016 Trump arrebató el triunfo a Hillary Clinton, que tenía más de 2 millones de votos populares que el republicano.
Dibujo electoral
Este método tiene un capítulo complementario: para garantizar que solo lleguen a la presidencia “los buenos”, hay un colegio electoral que “regula” y dosifica la voluntad popular para adecuarla a la necesidad del establishment.
Como ejemplo de manipulación electoral, el viernes pasado se cumplieron los 56 años de la firma de la Ley del Derecho al Voto con el que Lyndon Johnson cumplió finalmente su promesa de anular las discriminaciones raciales para ejercer el sufragio universal. Y no fue una concesión graciosa de las elites sino el resultado de la lucha incesante a un costo en vidas monstruoso de la comunidad negra.
Ahora, y al cabo de pocas semanas, 17 de los 50 estados norteamericanos promulgaron 28 nuevas leyes que solo tienen como objetivo dificultar el voto libre y universal. En este contexto, el presidente de la Cámara de Representantes de Texas, Dade Phelan, firmó las órdenes de arresto para los legisladores demócratas y se las entregó al jefe de seguridad del Capitolio.
La mayoría republicana había aprobado la autorización basada en una ley que permite detener a diputados que se ausenten durante las votaciones para obligarlos a volver a la sala. La moción fue sancionada por 80 votos contra 12, algo no demasiado prolijo ya que el quorum es de 100.
“Es nuestro derecho como legisladores romper el quórum para proteger a nuestros electores”, adujo el líder demócrata, Chris Turner. “Lucharemos tan duro como podamos contra los ataques republicanos a nuestro derecho al voto”, agregó.
No está claro dónde están los legisladores rebeldes. Muchos se supone que en Washington, pero otros, como Evelina Ortega o Celia Israel, están en Texas pero aseguraron a medios locales que no piensan presentarse a pesar de las órdenes de detención.
La ofensiva contra el voto universal había recibido un espaldarazo a principios de julio cuando la Corte Suprema de EEUU ratificó leyes de Arizona impulsadas por los republicanos que para los defensores de los derechos civiles desafía la histórica ley de Johnson.
En Texas, el juez Brad Urrutia había prohibido al gobernador republicano Greg Abbott y al titular de la Cámara que emitieran cualquier orden de detención sin su consentimiento. Pero la Corte Suprema local rechazó inmediatamente “el peligroso intento de los demócratas de Texas de socavar nuestra Constitución y evitar hacer el trabajo para el que fueron elegidos”, según calificó Renae Exe, vocera del gobernador texano.
Tiempo Argentino, 11 de Agosto de 2021
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