por Alberto López Girondo | May 16, 2016 | Sin categoría
En mayo de 2010 Lula y el entonces premier turco Recep Tayip Erdogan anunciaban un acuerdo con el presidente Mahmud Ahmadineyad para la limitación y control del plan nuclear iraní. Hacía poco más de un año que Barack Obama estaba en el poder y el acuerdo fue celebrado por el mandatario estadounidense. Irán, y especialmente su presidente, eran la encarnación del mal sobre la tierra, y el documento representaba una posibilidad de evitar una guerra como la que alentaban la derecha norteamericana y el gobierno israelí. Pero el acuerdo fue abortado por la secretaria de Estado Hillary Clinton, según revelaron en aquel entonces fuentes diplomáticas brasileñas a este diario .
Lula era para la mayoría de los medios un líder de fuste y la economía de Brasil lo ubicaba como uno de los más influyentes a nivel internacional. Brasil aspiraba a un puesto permanente en el Consejo de Seguridad en la ONU y tenía con qué. Incluso se unió al grupo BRICS, con Rusia, India, China y Sudáfrica, llamados a ser las potencias del siglo.
En junio de 2009, el golpe contra el presidente hondureño había enfrentado a Lula y la ex primera dama. Aquel respaldó a Manuel Zelaya y ordenó alojarlo en la embajada brasileña en Tegucigalpa, mientras que Hillary decidió reconocer a los golpistas de inmediato. En 2012, un golpe similar derrocó en Paraguay a Fernando Lugo. Dilma fue una de las adalides de la expulsión de ese país de los organismos regionales, aplicando la cláusula democrática.
En septiembre de 2013 Dilma pospuso un viaje a Washington acordado con la antelación que exige el protocolo, luego de las revelaciones del analista de la CIA Edward Snowden sobre el espionaje de las agencias estadounidenses al gobierno brasileño y la empresa Petrobras. Una insolencia quizás para Obama, que en enero había comenzado su segundo período y esperaba una reconciliación, luego del entredicho por Irán y el acercamiento de Brasil a las potencias emergentes.
En 2014 Dilma ganó la reelección con 54 millones de votos, 3,3 puntos o 3 millones de votos más que el conservador Aecio Neves. Suficientes para ganar –de hecho, la diferencia es mayor a la de Mauricio Macri sobre Daniel Scioli– pero la derecha pidió recuento de votos y denunció fraude. Una estrategia común de los partidos antipopulares de la región.
En enero de 2015 Dilma asumió su segundo mandato. En septiembre el gobierno de Obama y los miembros del Consejo de Seguridad más Alemania anunciaron un acuerdo nuclear con Irán muy análogo al que había alcanzado Lula cuatro años antes.
El jueves la «santa alianza» de medios dominantes y legisladores venales, con una chorrera de causas por corrupción, sobre sus cabezas desplazaron a Dilma. Luego de meses de acoso judicial sobre la dirigencia política y especialmente el partido de la. El PT encabeza la lista de los enemigos a combatir por O Globo, que cuando se cumplieron 50 años del golpe militar de 1964 publicó un editorial de arrepentimiento por aquel «desliz» ¿Habrá que esperar otros 50 años para que se arrepienta de este?
Tiempo Argentino
Mayo 15 de 2016
por Alberto López Girondo | Abr 1, 2016 | Sin categoría
El presidente del Banco Credicoop y diputado nacional del Partido Solidario por la Ciudad de Buenos Aires pasa revista a la situación política y económica del país. A más de cien días de la asunción de Mauricio Macri, Carlos Heller destaca, para empezar, que no hay demasiados motivos para sorprenderse. «Tengo algunas notas y entrevistas que me hicieron antes de las elecciones donde anticipo qué podía pasar si ganaba Cambiemos y creo que es lo que está pasando –señala–. Más allá de algunos giros demagógicos de los últimos días de la campaña, uno podría decir que lo que está haciendo Macri es lo que anunció. Por un lado, lo que ellos llaman ´entrar en el mundo´, que es abandonar la política de relaciones regionales como eje principal de nuestro posicionamiento internacional y cambiarlo por algo que no llamarán ´relaciones carnales´ pero que se trata de eso, de relaciones privilegiadas con Estados Unidos y Europa. Macri dijo todo el tiempo que creía en el mercado y que había que desregular, liberar el tipo de cambio, que había que abrir la economía al comercio mundial, que había que eliminar las restricciones que, según ellos, ahogaban a la economía, y habló de eliminar y bajar las retenciones; también dijo que había que pagarles a los buitres al contado y ´normalizar´ las relaciones con el FMI. Hizo casi todo lo que dijo que iba a hacer».
–En el gobierno decían que luego de las primeras medidas iba a aparecer una lluvia de dólares para mover la economía y nada de eso sucedió. ¿Diría que hay un plan económico o van a los tumbos?
–Cuando se leen las cosas que se dijeron en la época de la dictadura con José Alfredo Martínez de Hoz, lo que se dijo en los 90, uno ve que se repiten los eslóganes acerca de lo que quieren corregir y las bondades de lo que va a venir, con alguna adecuación a los cambios de lenguaje y de época. Todos ellos hablaron de achicar el Estado y agrandar la nación, todos han hablado de que el principal problema es la inflación y de que se la combate con políticas monetarias. No sé si hay un plan o van a los tumbos, lo que sí sé es que los ejes hacia donde van están establecidos. Después plantean lo que para mí son antinomias falsas, como eso de shock o gradualismo. Como dicen los chicos, si esto es gradualismo, el shock dónde está… En definitiva, creo que están cumpliendo con los ejes de lo que plantearon, desde un gobierno armado con ejecutivos de las corporaciones. En el ultimo coloquio de idea, Macri, aún candidato, dijo: «El año que viene, si gano, vamos a estar acá todos juntos porque vamos a estar tomando decisiones compartidas».
–Aparte del sistema de alianzas empresarias hay también un sistema de alianzas políticas con sectores del peronismo, y el grueso del fpv aparece como verdadera oposición. ¿Lo ve así?
–Tengo claro que se ha conformado una gran coalición aunque no se la ha explicitado así. Una coalición que comparte los ejes centrales de este proyecto, más allá de los discursos. Lo vimos en el debate por el pago a los fondos buitre, cuando algunos decían «los buitres son carroñeros, se negoció mal, es un acuerdo horrible, estamos pagando más de lo que se debe pagar, pero es necesario, hay que asumirlo y no hay más remedio». Desde luego que los legisladores oficialistas no pueden decir lo mismo, pero el que no está en el gobierno se cuida para decir algún día «yo no estuve de acuerdo, yo fui alternativa a eso».
–¿Por dónde pasarían entonces las grandes líneas divisorias?
–Creo que más allá de los sellos, el gran agrupamiento tiene que ver con esos ejes: alineamiento internacional, rol del Estado, política de derechos humanos, rol del mercado interno, política de distribución del ingreso. Con eso uno puede determinar dónde están alineadas las fuerzas políticas, lo demás es follaje. Cuando alguien dice que hay que votar esta ley porque así van a venir los capitales que estamos necesitando, que así vendrá la lluvia de dólares, el bienestar y se van a generar puestos de trabajo, yo digo que es lo mismo que se viene diciendo desde 1976, con la única interrupción de los primeros años de Raúl Alfonsín. Esto es algo que recordaba estos días al revisar las Memorias del banco de 1979 a la fecha. Es notable cómo se repiten estos discursos, excepto cuando asumió Alfonsín, que dijo lo mismo que decimos nosotros sobre una política independiente, revisar la deuda externa, suspender el pago de la deuda, discutir nuestras relaciones con el fmi. Me acuerdo cuando el entonces ministro de Economía, Bernardo Grinspun, enfrentó al FMI, pero después todo se vino abajo con el Plan Austral.
–Los gobiernos populares de la región sufren furiosos ataques. ¿Cuál es su análisis de esta situación?
–No es casual la judicialización de la política en la Argentina, Brasil, incluso Venezuela. Hay un eje común y está claro que estamos en presencia de una contraofensiva destinada a romper una alianza regional que había avanzado muchísimo. Esa política no ha tenido posibilidad de consolidación debido a muchos factores internos y también por la pérdida de líderes, que eso también juega. Y porque, además, como dice Álvaro García Linera, es una idealización creer que los proyectos son siempre positivos y siempre se trata de ganar y ganar, porque eso es suponer que del otro lado no hay nada.
–Y lo que está del otro lado…
–Claro, lo que está del otro lado es lo hegemónico, lo que domina. Creo que no hay que vivir estas situaciones como derrotas sino como parte de ese proceso en el que probablemente haya retrocesos, pero también es cierto que nuestros pueblos han hecho una experiencia concreta en estos años y han asumido derechos. Para mucha gente, a esos derechos no se los puede tocar nadie y quizás cuando comprueben que sí se los pueden tocar, modifiquen sus posicionamientos políticos. Los gobiernos de derecha no vienen a generar bienestar ni pleno empleo ni pobreza cero. En una campaña no hay que discutir los qué sino los cómo, porque nadie te va a decir «vengo a aumentar el desempleo, a incrementar la pobreza, a destruir la salud y la educación».
–Muchos de los ataques se basan en denuncias por corrupción. ¿Cómo impacta esa circunstancia en estos proyectos políticos?
–Yo diría que no hay una corrupción de izquierda y una de derecha. Es un fenómeno en sí mismo, pero las corporaciones mediáticas no tratan igual a los fenómenos de corrupción de España que a los de Brasil. No tengo ninguna duda de que todo lo que sea ilegal debe ser sancionado con severidad, venga de donde venga. Jamás diría que estoy a favor de nada que sea ilegal o corrupto, lo que pasa es que soy prudente, reacio a comprar todo lo que me dicen. Cuando algún ilusionista mediático pone una pick up con bolsas de consorcio negras y me dice «ahí va el dinero de los Kirchner», lo que hay es ilusionismo. Ahora, digo yo: se habla muy poco de los negociados de los amigos del poder, parece que no fueran tan graves. Pareciera que para determinados formadores de opinión, el tratamiento de la corrupción tiene una vara distinta, se mide de una forma bastante diferente. Hay que ser cuidadoso, a mí que se investigue la corrupción me parece bien, ahora que el que investiga sea un juez que va a las marchas contra el gobierno, como sucedió con Lula da Silva en Brasil, me parece inaceptable. A nuestro gobierno le parece mal que haya funcionarios que sean militantes políticos y sin embargo no le parece mal que haya jueces militantes, siempre y cuando militen para ellos.
–Al descontento en Brasil con el PT se suma que en Bolivia el gobierno perdió un referendo y en la Argentina ganó la derecha.
–Creo que son situaciones distintas. Evo no perdió una elección sino la posibilidad de volver a presentarse. Esto no quiere decir que si se presentara no sería votado. Aquí, Daniel Scioli perdió pero no estoy seguro de que Cristina hubiera perdido si era candidata, lo digo aceptando las reglas de juego que establece la Constitución Nacional. Además, el impacto de lo mediático es de una importancia notable. La construcción de sentido común que realizan los medios hegemónicos es fenomenal. Todo termina entrando en una lógica terrible donde el imaginario popular colectivo consume determinadas cosas que aunque la gente sepa que se las están exagerando, piensa que todo no puede ser mentira. También creo que hay cosas que en la Argentina se podrían haber hecho mejor y que habrían evitado la irritación de muchos sectores.
–¿Cosas como cuáles?
–El impuesto a las ganancias. Mediante un decreto se liberó del pago a todos los que ganaban menos de 15.000 pesos a agosto de 2013 y dejó afuera a un 10% de los trabajadores registrados en relación de dependencia y a los que entraron después de ese día. Para esos trabajadores lo que quedó estaba lleno de arbitrariedades. Eso se pudo haber resuelto sin un costo fiscal importante, lo que habría evitado el mal humor de ese 10%, de ese millón de personas. Cuando uno mira el resultado electoral puede pensar que eso tuvo un peso importante. También se pudo haber resuelto mejor el tema de las economías regionales. El problema de la producción de frutas del valle de Río Negro o las aceitunas de La Rioja o la vitivinicultura se podía haber resuelto con una política diferenciada. Hay herramientas que no requieren afectar a toda la economía con una devaluación del 60% y que permiten resolver situaciones concretas. Eso habría generado seguramente mejor humor en mucha gente que estoy seguro de que votó contra sus intereses y que, con el paso del tiempo, irá tomando conciencia de ello.
–¿Cómo ve el futuro cercano, con las paritarias en ciernes, en medio de inflación y desempleo crecientes?
–Las devaluaciones tienen como objetivo cambiar los precios relativos principalmente para que uno de esos precios, que es el del trabajo, se atrase con respecto a los otros. Para que sea exitosa, la devaluación tiene que generar atraso salarial, por eso ellos ponen metas de inflación y dicen que los salarios se van a ajustar hacia adelante según una banda de entre 20% y 25%. Esto sería una enorme pérdida de poder adquisitivo del salario y es lo contrario de lo que se hizo en los doce años anteriores, donde a través de paritarias libres se recompuso con creces el valor del salario. Por otro lado, hay que preguntarse por qué hay inflación.
–¿Usted se refiere a las causas?
–Yo siempre digo que la inflación es a la economía lo que la fiebre a una persona. Vos no te enfermás de fiebre, tenés fiebre y el médico te diagnostica para darte el remedio. Con la inflación pasa lo mismo, no se la puede atacar sin decidir cuál es el diagnóstico. Para los monetaristas, para los defensores del mercado, la inflación es producto del exceso de demanda y del exceso de liquidez y moneda. Para nosotros es fundamentalmente producto de la puja distributiva. Tenés políticas públicas de recomposición del salario y no tenés políticas suficientemente eficaces para impedir que todo vuelva a los precios, entonces los precios recuperan parte de lo que mejoró el salario de la gente. Este gobierno puede tener éxito en reducir la inflación, como pasó en los 90. Porque si el poder adquisitivo se achica, en un punto los precios tienen que dejar de aumentar porque cae el consumo. Ya la rentabilidad se incrementó vía devaluación, entonces puede darse que la inflación comience a disminuir, lo que puede no ser una buena noticia para la ciudadanía. Porque puede haber una economía con poca inflación y un poder adquisitivo reducido, menos posibilidades de comprarse cosas y además con mucha más gente sin trabajo. Es cierto que la inflación tiene toda la mala prensa del mundo, y yo digo ahora que puede ser que tengan éxito con la política antiinflacionaria, pero el costo va a ser altísimo en términos de políticas de distribución, en pérdida de puestos de trabajo y en achicamiento del producto bruto, pero si todo se achica también se achica el ingreso fiscal. En un país donde el 70% del presupuesto es gasto social, ¿a dónde van a ir a recortar? A las jubilaciones, a los servicios sociales. Ya hay señales en tal sentido.
–En el marco del sistema de alianzas del que hablaba antes, ¿cómo ve a la oposición real al gobierno?
–Es prematuro decirlo. Insisto en que se ha armado una gran coalición superestructural de fuerzas que no aceptaron hacer una gran paso, pero no fue por cuestiones ideológicas. Podrían haber estado en el mismo combo tranquilamente, por lo tanto no veo grandes diferencias entre ellos. El resto va estar representado por los que creemos que el rumbo anterior era bueno y eso va a ir conformándose. Probablemente todavía estemos viviendo una etapa en que los gobernadores son chantajeados y a su vez presionan a los legisladores. Creo que se trata de un proceso de reacomodamiento que hay que ver cómo termina. Me parece que el espacio de lo que es el Frente para la Victoria y sus aliados, aun con alguna merma que pueda darse en estos reacomodamientos, será la referencia de quienes creemos que el proyecto kirchnerista era un proyecto bueno y positivo, lo cual no quiere decir que fuera perfecto. Quiere decir que el rumbo era el correcto.
Revista Acción
Abril 1 de 2016
La foto es de Jorge Aloy
por Alberto López Girondo | Mar 15, 2016 | Sin categoría
Stella Calloni es una referente para toda la región por su tarea constante y persistente en busca de eso que los poderes reales ocultan debajo de la alfombra. Es, como se acostumbra a decir, una cronista de nuestra época. Y lo es desde hace mucho, como que su obra más profunda y determinante es la investigación sobre la Operación Cóndor, aquel plan criminal de las dictaduras del Cono Sur para el exterminio de miles de latinoamericanos en los años ’70. En un momento de reflujo luego de una década larga de gobiernos progresistas, era bueno conocer lo que pensaba de este momento histórico, con un presidente de derecha en Argentina, una Venezuela acosada por una asamblea antichavista y con un gobierno en Brasil bajo fuego, no solo contra la figura de Dilma Rousseff sino, ahora, fundamentalmente, en Lula da Silva.
–¿Podría hablarse de un Plan Cóndor II o es una exageración?
–La gente se agarra de estas cosas, pero no es lo mismo. En un sentido figurado, sí, hay un Plan Cóndor mediático, porque hay una unidad en el esquema de los medios, están unificados y bajan todos un mismo enfoque y un mismo objetivo, con diarios que actúan todos a la vez en toda la región y hasta en Europa, porque lo mismo repiten allá. En esta debilidad propia usaron un tema de la vida privada para desgastar la figura de Evo y en Brasil van contra la dirigencia del PT y ahora contra Lula.
–Pero los ataques se basan en denuncias de corrupción y del uso de dineros públicos de manera oscura. ¿Cómo se debería actuar en estos casos que involucran a los gobiernos populares?
–En países con una gran clase media, hay gente que se moviliza muy rápidamente, pero nadie dice de dónde vienen los fondos para la movilización, que es muy costosa. Sin embargo hay documentos suficientes tanto en Bolivia como en Venezuela y Brasil de que se han puesto millones para derrocar a los gobiernos pero también para destruir con un efecto demolición todo lo que puede quedar de esos gobiernos. Nosotros, por esas confusiones que tuvimos con el tema del peronismo, esa historia de la persecución la vivimos después del golpe de 1955. Hay que recordar que te podían llevar preso por decir Perón o Evita, que sacaron a miles de personas de sus trabajos, lo que les pasó a los sindicatos, todo fue muy fuerte. Ahora no hemos podido encontrar un camino para poder parar esta situación o por lo menos para que tuviéramos los medios nosotros. Ahora te das cuenta de que no tenés un medio para responder a esto. Tendríamos que tener canales de televisión, radios. El único que armó algo fue Venezuela a través de Telesur, que ha servido muchísimo en la toma de conciencia de lo que está sucediendo en el mundo, algo que esté silenciado en todas partes. Fijate en Europa, donde los diarios no dicen nada de lo que ocurre, viven en otro mundo.
–¿Qué hace falta decir en los medios de Europa?
–No tener información cierta les hizo pensar a los europeos que lo que tenían era para toda la vida. Creían que el Estado de bienestar era para siempre. Si hubieran estado conscientes Europa no hubiera tenido que participar en estas guerras coloniales que han producido los primeros grandes genocidios del siglo XXI. El resultado es los millones de desesperados que huyen de la guerra a estos países que fueron los culpables de esta situación. Pero en Europa no tienen idea de cuánto le costó esta guerra a su bienestar porque ellos ponen la plata y Estados Unidos les vende las armas.
–En Venezuela el gobierno también perdió elecciones en una derrota que puede ser determinante.
–Pero Venezuela tuvo una situación que ninguno sufrió, de golpe continuó, desde 2002. Desde entonces siempre hubo reacciones golpistas. Y cuando se dan cuenta de que Hugo Chávez va a morir empiezan a crear como 200 nuevas ONG. Creo que la debilidad nuestra estuvo en no precisar cuál era el enemigo verdadero contra el que estamos luchando los gobiernos populares de la región.
–¿Contra qué se lucha?
–Contra una decisión de Washington que ya estaba escrita desde el Plan Colombia y Plan Mérida de retomar el control de América Latina. En un proceso tan expansivo y global, la expansión iba a estar muy bien dirigida a Venezuela por el petróleo y ahora van por los recursos. Toda la movida en Medio Oriente y en nuestros países es para controlar recursos y territorios. Cuando John Kerry dice hace dos años lo de que somos el patio trasero, volvimos al mismo esquema directo. Ahí empieza el golpismo permanente. Hay toda una red de fundaciones que han manejado millones de dólares que están distribuidas en varios sectores de la sociedad. Cuando necesitan policías, usan policías; cuando necesitan del sistema judicial, lo usan. Esto es lo que se llama golpe suave, y significa mover multitudes. Lo pueden hacer mucho mejor en grandes países, con ciertos elementos de riqueza. En Brasil anda mucho mejor que en Bolivia. Porque puede mover millones de personas.
–Además de la influencia que tienen esos países sobre el resto de las naciones. Y ahí viene el tema de la corrupción, que se fue instalando desde hace mucho tiempo. Hubo espionaje a Petrobras y a Dilma Rousseff, como reveló Edward Snowden. Y tras el escándalo en la petrolera, ahora se lo implica a Lula en cosas muy fáciles de presentar mediáticamente.
–Pero que son difíciles de probar también.
–Es cierto, pero sucede que yo denuncio a alguien de corrupto y si necesito más de dos oraciones para defenderlo la batalla ya está perdida. Si alguien dice que Lula tiene un departamento que no pueden justificar, por más que muestre la escritura y sus cuentas ya quedó estigmatizado.
–Este es el problema de la debilidad que se tuvo porque hubo muchas advertencias. Hubo un momento en que se dieron pasos gigantescos pero faltó consolidar las bases. Como dice el vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, este proceso fue totalmente nuevo. Tomaron el gobierno frente a situaciones que en detalle se desconocían y era lógico equivocarse. Pero nadie dice nada de la enorme corrupción que traía Petrobras desde hace mucho tiempo. Y son los mismos señores que supuestamente están peleando contra la corrupción.
–El PMDB es un socio incómodo para el PT, además, porque sólo lo mueve el dinero.
–Hubo debilidades que hay que admitir.
–La detención de José Dirceu fue un hecho grave.
–Haber dejado que se llevaran preso a Dirceu sin prueba alguna, solamente por la denuncia de los medios, ya constituye un flanco débil y por ahí fueron. Estuvieron equivocados contra quién peleaban, acá no hay derechas locales, ya no hay la vieja oligarquía, porque todavía manejamos esos términos, esta es una derecha que se suma a la derecha internacional, es la derecha que surge en las dictaduras, las que ganaron en la Argentina con la estatización de la deuda privada. En este gobierno la gente se preocupa por los gerentes, los CEO, pero es más que eso. No hay casi ninguno que no pertenezca a una ONG o una fundación de EE UU. En Venezuela primero esmerilaron al gobierno y luego aplicaron un sistema de paramilitarismo desde Colombia, donde hay siete bases militares. Venezuela es el país más castigado por la guerra económica, por la baja del petróleo.
–Con la baja también castigaron a Rusia y a Brasil. La pregunta es si es una crisis o es una enorme operación.
–Es una enorme operación, sí. Pasó con Richard Nixon en otro período histórico. Pero hay que decir que luego de semejante guerra de baja intensidad Venezuela ha resistido bastante. El mayor problema que tiene EE UU es que como esta derecha surge de la corrupción, es una derecha muy burda.
–Justamente por eso es que no se entiende por qué no causa indignación que quienes se dicen defensores de la honestidad tengan tales historiales de corrupción personal.
–Porque no se sabe.
–Pero se ha difundido, el ejemplo es Telesur y otros medios masivos.
–La ofensiva ha sido muy fuerte. Yo siempre hago la comparación de lo que la desinformación y los miedos pudieron hacer con un pueblo culto como el alemán, donde se hacían esas manifestaciones fabulosas detrás de Hitler. Si vos pensás eso te das cuenta de adónde se puede llegar. Nosotros creemos que mucha gente ve Telesur, pero son sectores. La población en general ve otra cosa. Además, falta Hugo Chávez y no hubo quién reemplazara ese motor de la integración.
Tiempo Argentino
Marzo 15 de 2016
por Alberto López Girondo | Ago 1, 2014 | Sin categoría
Los candidatos opositores van dejando cada día más en claro lo que se juega en la campaña para las elecciones brasileñas de octubre: la continuidad no sólo de un modelo político y económico sino de la unidad regional. Así lo dejaron en claro los principales postulantes a la renovación de mandato de Dilma Rousseff, Aecio Neves y Eduardo Campos, quienes adelantaron que en caso de desplazar al partido de los Trabajadores (PT) luego de 12 años de gestión, dejarán de tener en sus oraciones al «eje Mercosur-Unasur» para inclinarse hacia conversaciones directas con Estados Unidos y la Alianza del Pacífico. Si no bastara con esto, deslizaron señales claras en un encuentro con la poderosa Confederación Nacional de la Industria donde endulzaron los oídos de las patronales con promesas de bajas de impuestos y de una mayor independencia del Banco Central.
El Brasil que encuentra esta renovación presidencial es bien diferente del que tomó el líder sindical Luiz Inazio Lula da Silva cuando ganó por primera vez, en 2002. Este Brasil se sienta en la mesa de las grandes discusiones, integra la selecta lista de los que suelen figurar en el podio en todos los foros y sueña con una banca en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. No es casual que a la final del Mundial de Fútbol hayan acudido los principales mandatarios internacionales y que algunos de ellos se hayan quedado para la Cumbre de los BRiCS, el clan de los mayores emergentes que tiene al país sudamericano como uno de sus pilares.
Pero si estos comicios hasta no hace tanto podrían haber sido considerados como un mero trámite para la reelección –así lo reflejaban las encuestas, que daban ganadora a Dilma en primera vuelta– la expectativa se fue empañando lentamente. Las protestas por el aumento del boleto de transporte en San Pablo generaron las primeras movilizaciones masivas en décadas. A estas demandas se sumaron grupos que pusieron en las calles el debate, que no se había dado en otros estamentos políticos, sobre los gastos de la realización de la máxima competencia futbolística. Más violentas que las anteriores y más extendidas en el país al punto que hicieron repensar la relación del partido creado por Lula en los 80 con los jóvenes de Brasil, esos que habían crecido al amparo de las políticas de inclusión que se desplegaron desde el Palacio del Planalto, la sede del gobierno federal en Brasilia, a la llegada del metalúrgico aquel primero de enero de 2003.
Pero cuando comenzó a «rodar la bola» en el Maracaná esos fuegos se fueron apagando. Ni el catastrófico resultado ante Alemania en semifinales alcanzó para que se repitieran. Lo que queda de ahora en más es campaña electoral hecha y derecha.
Cuestiones económicas
Luego del Mundial volvieron a la luz algunos problemas que el gobierno debe atender. Entre ellos la inflación y una baja en el crecimiento económico que preocupa al gobierno tanto como deja flancos abiertos para la oposición. Rousseff se entusiasma mostrando un dato: que Brasil figura entre una media docena de países del G20 –el otro foro que lo cuenta como protagonista– que más crecieron el año pasado, con un 2,3%. Los analistas del mercado que suelen aparecer en los grandes medios señalaron que el incremento de precios rondará el 6,4%, poco menos del 6,5% que se establece como límite para la meta anotada a inicios de año, que fue de un 4,5% más un 2% de tolerancia. «La cifra está en el techo de la meta. Vamos a quedarnos en ese techo», puntualizó la presidenta.
Pero la cuestión de la desaceleración de la economía venía siendo tema de inquietud desde fines del año pasado y no sólo fronteras adentro, puesto que una parte sustancial de la caída en la producción industrial argentina se explica por el declive en la economía brasileña, destino del grueso de las exportaciones automotrices, por ejemplo. Se supone que el PBI de Brasil de este año crecerá apenas 1%, lo que, contrastado con el índice de crecimiento demográfico, muestra una baja real en el ingreso promedio de la población.
Por supuesto que estos datos engolosinan a los gurúes comunicacionales de la oposición, pero mucho más tela le dieron para cortar a una analista del Banco Santander brasileño, la que provocó la tirria tanto de Dilma como de Lula. Un informe elaborado por un departamento de la entidad de capitales españoles, que se envió a los clientes que cuentan con ingresos mensuales superiores a 4.500 dólares, afirma que si Dilma resulta electa en octubre, la situación se agravará y el país caerá en recesión.
En un envenado texto titulado Usted y su dinero, el banco de la familia Botin, que es el quinto de Brasil, el primero entre los extranjeros, y además obtiene el 20% de sus ingresos globales de los negocios que maneja en el gigante sudamericano, dice que son un grave problema «el bajo crecimiento, la inflación alta, el déficit en cuenta corriente y la inseguridad jurídica». Añade también que si el Bovespa, el indicador de la Bolsa de San Pablo tomado como referencia para los inversores, tuvo un alza en los últimos meses es sólo porque cayó la popularidad de las encuestas.
«Si la presidenta se estabiliza o vuelve a subir en las encuestas –alerta el informe– un escenario de recesión puede surgir. La moneda se volverá a desvalorizar, los intereses subirán de nuevo, el índice Bovespa caerá, dejando atrás las subas recientes. Este último escenario estaría de acuerdo con el deterioro de nuestros fundamentos macroeconómicos. En función de este panorama, converse con su gerente de Relacionamento Select para colocar sus inversiones de la manera más adecuada a su perfil».
Una evaluación semejante no podía recibir otra respuesta que la proporcionada por el gobierno. «Es lamentable lo que sucedió, es inadmisible, ningún país debe aceptar una intromisión de ninguna institución financiera de ningún nivel», retrucó la presidenta. «La ejecutiva que escribió el informe no entiende nada de Brasil ni del gobierno de Dilma Rousseff», sentenció Lula, para pedir luego que la despidieran. Rui Falcao, integrante del equipo de campaña del PT, fue más lejos y catalogó al fúnebre análisis como «terrorismo electoral». El banco se limitó a pedir disculpas oficialmente y señalar que ignoraba el contenido de ese informe.
Liderazgo mundial
No es la única pelea que llevaba adelante Dilma Rousseff desde que Alemania obtuvo la última copa mundial de fútbol en tierras cariocas. Para entonces los ataques israelíes en la Franja de Gaza habían generado más de un millar de muertos en la población palestina y protestas por doquier. El gobierno de Brasil fue particularmente duro con la política belicista seguida por el derechista primer ministro israelí Benjamin Netanyahu. «Lo que está ocurriendo en Gaza es peligroso. No creo que se le pueda llamar genocidio, pero estoy segura de que esto es una masacre. Se produce un uso desproporcionado de la fuerza», publicó el Folha de São Paulo, uno se los medios más influyentes de Brasil, citando a Dilma.
Ni lerdo ni perezoso, el vocero de la cancillería de Israel, Yigal Palmor, tildó a Brasil, ante los medios escritos en Tel Aviv, de ser un gran país pero un «enano diplomático». Más tarde, y frente a un micrófono radial, fue más agrio: «Dicen que es desproporcionada la respuesta contra Hamas. Desproporcionado es el 7 a 1 (del seleccionado brasileño contra Alemania en el Mundial)». A esta altura, Brasil había llamado en consulta a su embajador en Tel Aviv y forzaba una declaración del Mercosur contra la escalada militar en Oriente Medio en la cumbre que se desarrolló en Caracas.
No era la primera vez que Dilma mostraba los dientes ante un gobierno extranjero en una actitud propia de una potencia que quiere dar cuenta de su importancia. Ante las revelaciones del espía estadounidense Edward Snowden sobre el espionaje de la agencia NSA al gobierno brasileño y a la propia mandataria, Dilma Rousseff impulsó la creación de alternativas tecnológicas para la circulación de información por Internet.
Los países del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) estudian una conexión desde Fortaleza a Ciudad del Cabo que lleve hasta Vladiovostok el flujo de la red sin pasar por Estados Unidos. Al mismo tiempo, se acordó con la Unión Europea tender un cable de fibra óptica a Lisboa con el mismo objetivo. Ya se había plantado frente a Barack Obama al cancelar en octubre pasado una entrevista programada en la Casa Blanca. Un desplante que muestra no tanto un enojo personal como el rol que juega Brasil en este momento de la historia internacional. Un papel que el oficialismo busca mantener y profundizar, pero que desde la oposición intentan cuestionar animando las posibles ventajas de otras alianzas.
Los opositores
Según los últimos sondeos, Dilma Rousseff ganaría la primera vuelta con un margen considerable sobre su inmediato perseguidor, el senador del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) Aécio Neves. Pero todo indica que habrá un balotaje donde el PSDB se tiene confianza. El principal apoyo político de Neves –el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, quien gobernó entre 1995 y 2002– dijo en un reportaje a la revista Istoé que hace dos años «no creía en la posibilidad de una derrota electoral del gobierno», pero que las multitudinarias protestas previas al Mundial le fueron haciendo cambiar de idea. Para Cardoso, que le entregó la banda presidencial a Lula, las aspiraciones insatisfechas de los brasileños de mejoras en la educación, la seguridad y el transporte muestran «un malestar que se puede reflejar en las urnas». Claro que no lo recomienda como tema de campaña porque, evalúa, el electorado lo podría interpretar como un oportunismo político.
Neves fue gobernador del estado de Minas Gerais entre 2003 y el 2010 y asumió una banca en el Senado en 2011. La revista guía del establishment financiero internacional The Economist tiene en Neves a su preferido y resalta la «gestión de shock» que desarrolló cuando llegó a la gobernación, con recortes de gastos, impulso a los ingresos tributarios y «racionalización de las compras». Destacan que, por ejemplo, se bajó su salario en un 45%.
Aecio es nieto de Tancredo Neves, un socialdemócrata que llegó a ser primer ministro de João Goulart entre 1961 y 1962 y tras el golpe del 64 se unió a la oposición permitida del Movimiento Democrático Brasileño en aquel remedo de Congreso que sostuvo el andamiaje legal de la dictadura. En 1985 resultó elegido presidente en una fórmula con José Sarney, pero no llegó a asumir porque cayó gravemente enfermo y murió a poco de que su vicepresidente se calzara la banda presidencial. Sarney todavía ejerce, como presidente casi vitalicio del Senado, y es un fuerte aliado del PT en el Congreso.
El otro rival, que se ofrece, como para captar votos de centroizquierda, es Eduardo Campos, hijo del periodista y escritor Maximiano Campos y de la actual ministra del Tribunal de Cuentas, Ana Arraes. Campos es miembro del Partido Socialista Brasileño (PSB) y en 2004 ocupó el cargo de ministro de Ciencia y Tecnología en el primer mandato de Lula. Era el más joven del gabinete –ahora tiene 48 años– y se jacta de haber elaborado la planificación estratégica y el programa espacial y nuclear de Brasil. Fue gobernador de Pernambuco en 2006 y en 2010 obtuvo para la reelección un 80% de los votos, un verdadero récord. Lleva como compañera de fórmula a la ecologista Marina Silva, quien también acompañó a Lula en su primera gestión como ministra de Medio Ambiente, y alcanzó casi el 20% de votos en 2010.
Revista Acción, 1 de Agosto de 2014
Comentarios recientes