por Alberto López Girondo | Sep 12, 2016 | Sin categoría
Visitó Buenos Aires junto con la presidenta de Telesur (ver aparte) y se puso al hombro la defensa de la dirigente jujeña Milagro Sala. Piedad Córdoba tiene un largo historial de lucha por reivindicaciones sociales y políticas en Colombia y aquí se enteró de dos novedades de gran peso específico para su propio desagravio: se cayó una de las causas que le quitó su mandato como senadora por el Partido Liberal, en 2010, y está por cerrarse otra en un par de días, al tiempo que el personaje que ordenó su inhabilitación –en un caso por 18 años y en el otro por 14–, el procurador general Alejandro Ordóñez, fue cesado del cargo por irregularidades flagrantes en su designación hace tres años. La había acusado de vínculos con el terrorismo, cuando ella es una pieza clave en el proceso de paz con las FARC que está a punto de cumplir su etapa fundacional.
–Uno de los temas pendientes para llegar a la paz pasa por desarmar a los paramilitares. ¿Cómo que se puede lograr, cuando el ex presidente Álvaro Uribe es uno de los opositores al acuerdo y uno de los impulsores de esos grupos criminales?
–Debe ser una decisión del Estado en su conjunto, porque muchas instancias del Estado están permeadas de este fenómeno paramilitar. Los acuerdos dejan planteada toda una estrategia para desmantelar a los paramilitares, pero ellos no existirían si no existieran empresarios que los cobijan, o sectores de las fuerzas militares y policiales que trabajan de la mano con ellos. Porque a pesar de que supuestamente cuando era presidente Uribe se aprobó la ley de Justicia y Paz y se hizo una desmovilización, la verdad es que siguen vigentes. En los últimos 12 años hubo muchos asesinatos de líderes y lideresas populares. No hubo realmente una voluntad expresa de terminarlos. Además, hubo una incursión paramilitar muy reciente en Venezuela que ayudó muchísimo a desestabilizar en una sociedad que no está acostumbrada a este tipo de fenómeno y un ejemplo es lo que ocurrió la semana pasada (antes de la marcha de la oposición al chavismo) cuando detuvierona a 92 paramilitares que, hasta donde tengo conocimiento, son todos colombianos. Da cuenta de un mercenarismo, de un sicariato de exportación que va a lugares donde hubo procesos progresistas como en Ecuador o Venezuela. Es un obstáculo muy grande no sólo para el acoplamiento de los acuerdos en el territorio sino para los países de la región.
–El sistema judicial, como en el resto de nuestros países, también es un factor clave.
–En Colombia se está hablando de una constituyente para hacer una reforma de justicia. Pero la gente tiene claro que la administración de justicia no funciona como debería. Aunque hay que reconocer que ha habido avances. Hubo una serie de desfalcos de grupos financieros que captan dinero y estafaron a muchas personas y la justicia puso tras las rejas a delincuentes de «cuello blanco». Grandes empresarios, industriales, “gente bien” como dicen ellos, pero que robaron a la gente. Ahí sí operó la justicia. Otro caso es cuando se denunció que el 30% del paramilitarismo se tomó el Congreso de la República, y más de 80 parlamentarios terminaron en la cárcel. Pero falta muchísimo y yo diría que en algunos casos como el del procurador general, se demora demasiado, tres años.
–En su caso, le quitaron seis años de su vida política.
–El procurador utilizó su cargo para perseguir y judicializar opiniones. Como cuando pedí en México que los gobiernos demócratas de América Latina cortaran relaciones con un gobierno paramilitar como el de Uribe. A Ordoñez le pareció que era contribución al terrorismo y fue uno de los argumentos para inhabilitarme. Otro argumento era mi amistad con (Hugo) Chávez y con Fidel. Lo que demuestra que también el aparato contencioso administrativo se utilizó para perseguir a quienes creemos de otra manera.
–A Ordoñez lo echan tres años después de haber sido reelecto en condiciones irregulares…
–Tenía que haber una terna para ese procedimiento y al renunciar una candidata, él logró manipular al Congreso para no seguir las reglas y que lo designaran. Le tienen terror y pánico: había ido contra mí, contra el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, al que destituyó, y pretendía hacer lo mismo con el congresista Iván Cepeda.
–¿Qué cambió en su vida en estos seis años?
–Mucho. Estaba acostumbrada al Congreso, donde muchas de las inquietudes que se recogen en el trabajo con la gente se lo puede volver un debate o una política pública. Fue una experiencia muy importante porque me permitió estar más con la gente, conocer más de cerca las dinámicas. En estos seis años se levantó el movimiento campesino que yo realmente conocía como demandas pero no en dinámica.
–Metió los pies en el barro.
–Realmente sí. Me permitió crecer con el movimiento estudiantil, me metí en el movimiento social con todo, y no volví ni al partido.
–¿Cambió su pensamiento, su visión del mundo?
–Adquirí más conocimiento, más argumentos, pero sobre todo más compromiso. Porque me pasaron tantas cosas: el escarnio público, el señalamiento, la macartización, prácticamente me sacaron de todas las listas porque era una persona peligrosa aliada con el terrorismo. Pero de todas maneras me dediqué a profundizar en las teorías del socialismo, a convencerme cada vez más de que eso era lo que yo debía hacer. Otra persona hubiera podido ir a buscar el poder para quitarse ese problema de encima. Yo asumí esto, demandé ante la autoridad competente y esperé tranquilamente que se dieran las cosas como se están dando.
–¿Volverá al Congreso?
–No me volveré a presentar. Hubiera querido estar en esta etapa, para eso me preparé, para eso luché tanto. Me imaginaba en los grandes debates argumentando, empujando para este proceso. Pero ya no me preocupa volver. Sí me preparo para ir a una constituyente; allí se tiene que dar cuenta de las reformas que requiere el país.
–¿Cómo la tratan los medios de comunicación que en estos años fueron lapidarios?
–Ave María, les tengo pánico. Y mucha aversión, lo tengo que reconocer. Nunca fui una persona pendiente de canjear favores para aparecer en un medio o por una entrevista. Siempre fui muy autónoma en eso y muy clara de que no iba a ser muy bien recibida. Eso no va a cambiar y tú tienes claro que un medio de comunicación es la extensión del poder financiero y que ellos se apoderan del poder político; no van a querer a personas como yo. Primero porque no voy a las fiestas sociales. Segundo, vamos a estar en la línea de quema siempre, porque siempre iremos a hablar por los pobres, a favor de los grandes cambios que tienen que darse en la sociedad y que no van de la mano del sistema financiero ni de las multinacionales. En Colombia, pensar en una ley de medios es como pegarse un tiro en la sien, pero eso lo vamos a tener que hacer. No puede ser posible que el derecho a la información, que es un derecho humano fundamental, esté birlado por quienes detentan el poder económico.
–Es curioso pero el presidente Juan Manuel Santos proviene de una familia que fue dueña del grupo El Tiempo, el principal medio gráfico colombiano.
–Sí, ahí se acunó, es un hombre del poder, indiscutiblemente, pero también creo que llegaron a un empate en que ni gana el Estado ni gana la insurgencia. Durante muchos años la insurgencia no permitió que muchas regiones muy ricas no pudieran ser totalmente explotadas ni arrasadas por empresarios o multinacionales. Nosotros vemos una paz muy distinta. Para ellos la paz es que se acabe la confrontación y los riesgos para la inversión. Para nosotros es la posibilidad de construir un sistema social, político y económico que dé garantías para el buen vivir. Al presidente Santos debo reconocerle que así sea por esa razón, pudimos llegar a unos acuerdos y a la posibilidad de cesar esa matanza, aunque no se haya tocado el modelo. Se necesita una reforma política que permita expresarse a muchos sectores que no pueden hacerlo. Me preguntará por qué. Porque los requisitos para formar un partido o para acceder al Congreso son tan altos que sólo se mantienen ellos en el poder. Algunos dicen que las FARC están tan desprestigiadas que no van a poder llegar. Pero es que no se trata de que las FARC lleguen sino de que llegue un conjunto de la sociedad.
–¿Se siente parte fundamental de este proceso de paz?
–Sí, claro, me siento así, y a pesar de que los costos fueron muy altos no me arrepiento. Diría, como el título del libro, “confieso que he vivido”. Aunque hay una cosa que no repetiría: no confiaría tanto en algunos que no debí confiar.
–¿En alguien en particular?
–Mucha gente en la que creía y que me dio la espalda. Lo más duro fue la salida del Congreso y por eso no quiero volver. Muchos de mis compañeros no me dejaron ni exponer mi defensa. Fue como una especie de entierro donde una está muerta y a la vez puede ver quién va, quien habla, quién llora.
–En cierto modo es lo que le ocurrió a Dilma Rousseff.
–Así es. Cuando me pasó, recibí mucho apoyo de Cristina y de Chávez. Yo le dije ayer (por el jueves) a Cristina que no podía dejarse meter en la cárcel porque mañana o pasado sale pero ya obstaculizaron el camino para que una lideresa como ella pueda ser la que jalone un proceso que no se puede perder. Los medios se ensañan con ella como lo hicieron en Brasil con Dilma. Parece que todo lo que pasa es culpa de Cristina. Es una matriz de noticias donde parece que lo peor que ha pasado hemos sido nosotras.
Tiempo Argentino
Setiembre 11 de 2016
Fotografía, Soledad Quiroga
por Alberto López Girondo | Sep 7, 2016 | Sin categoría
La destitución de Dilma Rousseff tenía una estricta agenda que los conspirados siguieron con precisión quirúrgica: tenía que abrirse el impeachment antes del inicio de las Olimpíadas de Río, y culminar el proceso final antes de la cumbre del G20 en China. El 5 de agosto no debía cumplirse el sueño del líder del PT, Lula da Silva -que en su momento de auge político internacional consiguió atraer para América Latina el mayor de los certámenes deportivos- con su sucesora en el gobierno. Hubiese significado darle un espaldarazo en medio del acoso mediático y judicial a que era sometida Dilma Rousseff desde que juró su segundo mandato, en enero de 2015.
El 5 de setiembre, en cambio, el que se sacará la foto consagratoria con Barack Obama y los líderes del mundo desarrollado en Hangzhou tenía que ser Michel Temer, «el destituyente». Y a eso viajó presuroso el ahora presidente, para buscar el respaldo en el gigante asiático que no puede lograr en su país, donde tiene una imagen negativa del 68% según la última encuesta de Ipsos.
Curiosa cumbre la que enfrentan los chinos, con un puñado de jefes de gobierno que estrenan cargos en medio de situaciones no demasiado claras. El caso de Temer es el más paradigmático y el jefe del PMDB -el partido de centroderecha que acompañó al PT en estos últimos doce años y se dio vuelta cuando comenzaron a soplar nuevamente vientos neoliberales- ahora encuentra el rechazo de los medios internacionales más influyentes, algo que en su país natal no le ocurre porque si llegó a ocupar el cargo fue por la presión constante de los grupos brasileños sobre la anterior gestión. Tanto el New York Times como Le Monde, que no se pueden tildar de «petistas», rechazan la forma en que la democracia brasileña resulta afectada por el golpe parlamentarios contra Dilma.
Está también el caso de la primera ministro británica, Theresa May, que llegó al 10 de Downing Street no por elecciones populares sino luego del referéndum para que el Reino Unido deje la Unión Europea, y uno que entra casi por la ventana, Mariano Rajoy. España es un invitado de cortesía a estas cumbres ya que su país no forma parte del G20.
Rajoy llega con un cargo altamente cuestionado y luego de recibir el segundo cachetazo a su investidura y ante la perspectiva de ir a una tercera elección general en menos de un año. De todas maneras, se reunirá con Temer para hablar de inversiones y prometer acercamientos que difícilmente se puedan cumplir bajo su mandato. El que en este contexto parece más «prolijo» sería el argentino Mauricio Macri, que si bien está en medio de manifestaciones en su contra en su país por su política económica, al menos puede vanagloriarse de que llegó al poder mediante el voto ciudadano.
Mientras tanto en Brasil las calles volvían a llenarse de manifestantes que en forma espontánea salían a protestar por el golpe institucional contra la presidenta elegida por 54 millones de votos hace apenas dos años. Nuevamente hubo represión policial con bombas lacrimógenas y gas pimienta en Río de Janeiro y San Pablo.
La represión es la única arma fuera de la protección mediática con que cuenta Temer para imponer un plan económico que echa por tierra con todas y cada una de las políticas inclusivas que mantuvo el PT (ver columna aparte). El poder de los medios en Brasil es de tal magnitud que en una conferencia que dio el viernes desde el Palacio de la Alvorada, que deberá dejar en un par de semanas, Dilma Rousseff reconoció que su partido se dio cuenta tarde de la influencia decisiva de «cuatro o cinco grupos de medios» sobre el conjunto de la sociedad. O Globo, de la familia Marinho, fue clave para limar el poder de su gestión, y luego forzar el imaginario popular para aceptar la destitución.
O Globo había reconocido y asumido culpas por el apoyo al golpe de 1964 cuando se cumplieron 50 años de aquel otro atentado contra la democracia, que llevó al poder a una brutal dictadura militar que mantuvo en cautiverio y torturó a la ahora ex presidenta, por entonces militante de un grupo armado.
La parábola de todo este proceso de impeachment es que aquellos militantes habían apostado por la lucha política en 1985 y así pudieron llegar a cargos durante el periodo que acaba de concluir, como en cierto modo resaltó Dilma Rousseff, y se quedan con el sabor amargo de que la derecha nunca acepta perder el control social. Ni aun cuando en estos años la gran burguesía ganó dinero como pocas veces en su historia.
En Shanghai, ni bien llegó desde Brasilia para el encuentro del G20, el canciller de la gestión de Temer, José Serra -dos veces derrotado en las urnas por el PT- se permitió sermonear a sus vecinos regionales, al responder una pregunta sobre el enfrentamiento con el gobierno uruguayo en torno al Mercosur. «Tengo certeza de que nuestras relaciones con Uruguay mejorarán, pero no tengo la misma certeza respecto de Venezuela o frente a las medidas adoptadas por Ecuador y Bolivia (que retiraron sus embajadores de Brasilia), que se están dando un tiro en el pie de ellos mismos. Espero que tengan madurez para aprender de la experiencia democrática brasileña», dijo sin inmutarse. Serra gestiona esa foto de Temer con Obama porque la considera clave para consolidarse ante el escenario internacional.
Para Obama la foto también puede ser importante. Es su último G20 y cuando asumió, en 2009, Estados Unidos venía de sufrir un duro golpe con el NO al Alca que entre Néstor Kirchner, Lula da Silva y Hugo Chávez le propinaron a su antecesor George W. Bush en Mar del Plata en 2005. Sin decir «agua va» durante su gestión se iniciaron los golpes parlamentarios primero en Honduras, ese mismo año, luego en Paraguay en 2012 y ahora en Brasil. En el medio, en Argentina ganó un amigo de Estados Unidos, abrió relaciones con Cuba y aprieta el lazo con Venezuela. Una forma de entregar el poder con el «patrio trasero» -como no olvida su secretario de Estado John Kerry- bastante ordenado. No podría pedir mucho más.
Tiempo Argentino
Setiembre 4 de 2016
por Alberto López Girondo | Ago 25, 2016 | Sin categoría
Comienza el último tramo del juicio político contra Dilma Rousseff, que en la práctica se encamina a poner fin a 13 años de gobiernos populares. No se trata esta de una evaluación sobre el voto de los senadores que deberán resolver si las acusaciones contra la mandataria electa con 54 millones de votos son válidas para expulsarla del poder. Se trata más bien de tomar en cuenta lo que ya adelantaron muchos de los legisladores, como el pastor evangélico y senador Magno Malta, que llegó a decir que el resultado de la votación “está escrito en los salmos” y obviamente será no positivo.
La presidenta no se da por vencida y viene recorriendo el país para decir su verdad. En una carta a los senadores protestó que los cargos en su contra -maniobras contables para pagos de beneficios sociales mediante otras cuentas oficiales- no son delito, porque no faltó dinero, y que por otro lado fue una operación utilizada habitualmente por otros presidentes. “No fue delito antes, no lo es ahora”, resaltó. Pero el tramo más conmovedor fue ese en el que decía que “no existe injusticia más devastadora que condenar a un inocente”. Ella, detenida y torturada por la dictadura en su juventud, bien sabe de qué habla.
La presidenta no se da por vencida y viene recorriendo el país para decir su verdad.
Este viernes el gobierno provisorio de Michel Temer cumplió 100 días y no puede mostrar sino malas señales. El índice de desocupación creció hasta el 11,3%, lo que representa alrededor de 11,3 millones de personas sin empleo. La imagen de una masiva manifestación en San Pablo frente a la planta de Mercedes Benz por el anuncio de nuevos despidos de metalúrgicos, el gremio de Lula da Silva, es todo un síntoma. La crisis se refleja también en una baja en la recaudación fiscal, que algunos atribuyen a la falta de confianza en las autoridades que asumieron el cargo en mayo, con una caída del 5,8% en el trimestre en relación con 2015.
Mientras tanto, el poder judicial sigue repartiendo acusaciones contra representantes del PT que replican los medios hegemónicos y luego quedan en la nada. Pasó con el caso de un triplex de Guarujá que suele utilizar el ex presidente Da Silva. Para la Policía Federal era motivo de sospecha y se deslizó en los medios que era propiedad de Lula a través de testaferros. Ahora la misma policía reveló que la verdadera dueña es una publicitaria y no hay motivo para dudar de ella. Pero el daño ya estaba hecho.
Queda pendiente un reclamo del PT en la OEA contra el impeachment, al que acusa de ser un complot golpista. El organismo regional ya dio aviso al gobierno de Temer sobre el reclamo, que difícilmente podrá tener influencia en decisiones “escritas en los salmos”. Dilma dijo que se presentará en el Senado para dar su testimonio el lunes 29. Una semana después del cierre de la Olimpiada de Río, ceremonia a la que no acudirá Temer para no recibir la silbatina que se oyó en la inauguración.
Ese es el Brasil de estos días.
Tiempo Argentino
Agosto 21 de 2016
por Alberto López Girondo | Jun 19, 2016 | Sin categoría
Eduardo Cunha fue el personaje clave para el impeachment contra Dilma Rousseff. Porque como jefe de la Cámara de Diputados tenía la potestad de aceptar o rechazar cualquier pedido de juicio político. Y venía amenazando desde que la presidenta asumió su segundo mandato con abrir el cauce destituyente por razones personales pero también políticas: había denuncias por sus cuentas secretas en Suiza y además integra el sector más reaccionario de la dirigencia brasileña, aunque formaba parte del PMDB, el partido aliado al PT y que gobierna desde 2003. Ahora se rasga las vestiduras porque la prensa lo tomó de punto a raíz de sus veladas amenazas contra el presidente provisorio Michel Temer si no le salvaba el cuello y designó a un grupo de abogados que también representan a sus acusadores.
La novela de Cunha es de larga data. Polémico y acomodaticio, presidió la Telerj, la empresa de telecomunicaciones del estado de Río de Janeiro, en el gobierno de Fernando Collor de Melo. Era 1991, y el hombre facilitó la excusa para la privatización al reducir sustancialmente las inversiones y encarar contrataciones onerosas. No duró mucho y en 1993, después de la destitución del presidente conservador, terminó envuelto en un escándalo por una sobrefacturación de más de 90 millones de dólares. También fue procesado por el caso PC Farías, otro personaje implicado en corrupción y por otro caso de irregularidades cuando fue secretario de Vivienda en el estado carioca.
Volcado a los medios de comunicación, se hizo locutor en radios evangélicas, fe a la que había adherido por esos años, dentro de la Iglesia Universal del Reino de Dios. La influencia de Cunha y de ese sector religioso es tan fuerte que en la última elección los diputados pentecostales sumaron 75 bancas en un Congreso de 513 representantes. Esa es un arma fundamental para forzar decisiones en un Parlamento corrido a la derecha como el actual.
Cuando avanzó la causa por corrupción en Petrobras salieron a la luz las cuentas de Cunha. Su argumento defensivo fue pueril: que no era dinero propio, que no sabía que lo tenía, que era de ingresos previos. Al mismo tiempo comenzó la tarea de demolición contra el PT, al que odiaba pero que aprovechó para ampliar sus negocios particulares. La amenaza de que podría bloquearle Temer cualquier iniciativa en la Legislatura si no frenaba las denuncias en su contra tenía ese mismo componente. Pero el 5 de mayo fue suspendido por sus propios colegas y ahora debe enfrentar los cargos que se le imputan en los tribunales. El mismo camino le espera a su esposa, la periodista Claudia Cordeiro Cruz, cotitular de las cuentas.
En su defensa, Cunha convocó a dos abogados de larga fama en los estrados brasileños, Antônio Sergio Pitombo y Fernanda Tórtima. Son los mismos que negociaron con la Fiscalía General la confesión de Sergio Machado, el ex titular de una empresa ligada a Petrobras que con sus “delaciones premiadas” viene haciendo caer uno a uno a los ministros de Temer. Para los críticos del increíble diputado, que cada vez son más, no es muy ético contratar a los mismos letrados de su acusador, de allí que se difundiera que había arreglado su delación esperando el premio de la absolución.
Pitombo ya había estado relacionado con la iglesia Pare de Sufrir en 2010, cuando el líder de esa congregación, Edir Macedo, fue procesado con otros tres líderes religiosos por lavado de dinero en Estados Unidos. La congregación es dueña de una infinidad de medios en Brasil y esa fue la razón para la alianza del PT con los grupos evangélicos: tenían medios en los rincones más lejanos del país. Pero el ardid le terminó jugando en contra. Como sea, Macedo zafó de sus imputaciones y ahora, además, es propietario del 90% de las acciones de la Red Record de televisión, productora entre otros grandes éxitos, de la telenovela Moisés y los Diez Mandamientos.
Los ataques contra Cunha por vincularse a los “abogados del diablo” lo incomodaron de tal manera que salió a defenderse por Twitter. “Nunca pregunté y nunca preguntaré al abogado que trabaja para mi quiénes son sus clientes y qué tipo de trabajo hacen con ellos”. “Si fueramos a tener que establecer que el abogado que participa de una delación no defiende a quien no participa, faltarían abogados en el mercado”.
Tiempo Argentino
Junio 19 de 2016
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