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Natalie Portman despierta el debate por la política de Netanyahu en Gaza

Natalie Portman despierta el debate por la política de Netanyahu en Gaza

Como Padmé Amidala, el personaje que encarnó en Star War, Natalie Portman se enfrenta con la inquina de los poderosos en su lucha por la paz. No se sabe cómo sigue esta saga, pero la decisión de la actriz de no participar en la entrega de lo que se considera el Premio Nobel judío ya generó un revuelo en Israel, la tierra donde nació hace 36 años. No quiere aparecer avalando la política del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien iba a hablar en la ceremonia que se llevaría acabo el 28 de junio en Jerusalén. Desde el gabinete hay quienes la acusan de sumarse a posiciones antisemitas.

El Genesis es un premio que otorga una fundación que de ese modo reconoce el trabajo de una personalidad relevante por la comunidad. El lema es que sirva el galarón «como una inspiración para la próxima generación de judíos a través de su destacado logro profesional junto con su compromiso con los valores judíos y el pueblo judío».

Tradicionalmente el monto era de un millón de dólares que el premiado podía dirigir hacia organizaciones benéficas de su elección. Este año la cifra se duplicó gracias al aporte de Morris Khan, un multimillonario nacido en Sudáfrica pero residente en Israel desde 1956. Antes que la protagonista de Cisne Negro lo habían ganado el violinista Itzhak Perlman, el escultor Anish Kapoor, el actor Michael Douglas y el exalcalde neoyorquino Michael Bloomberg.

Sin mencionarlo, una misiva de la representante de Portman daba a entender que los últimos ataques israaelíes contra la población palestina en la Franja de Gaza, que costaron la vida de cerca de 30 personas y cientos de heridos, tienen mucho que ver con esta decisión. ¨Ella no se siente a gusto con la idea de tener que participar en actos públicos en Israel en este momento. No se encuentra en condiciones de asistir a la ceremonia con la conciencia tranquila».

Hija de un médico especialista en fertilidad, Avner Hershlag, y de Shelley Stevens -quien oficia de manager – Natalie Hershlag (Portman era el apellido de su abuela paterna) es la única hija de un matrimonio que emigró a Estados Unidos en 1984. La niña demostró su talento desde los 11, cuando protagonizó junto con Jean Reno la película El asesino perfecto, dirigida por Luc Besson.

Ahora la atribuyen un cierto «veletismo» ya que siendo estudiante de la escuela de Psicología de Harvard, en abril de 2002, envió una carta al periódico universitario (el Harvard Crimson) en la que aparecía argumentando por qué entendía que Israel no era un apartheid. Sin embargo lo que llama la atención en ese artículo es precisamente la continuidad de su pensamiento.

No era un aparthied porque muchos de los dirigentes israelíes eran de origen sefaradí, y por eso provenientes del mundo árabe, o como los llama és respuesta al artículo de otro autor, al que cuestiona- «marrones», en contraposición de los «blancos» o asquenazi.Y además hacía hincapié en que no había forma de distinguir uno de otro desde que el origen es el mismo.

Pero va más allá. «Los israelíes y los árabes son históricamente primos. Mientras no aceptemos el hecho de que somos componentes de la misma familia, nos equivocaremos al creer que la pérdida de una persona no es una pérdida para toda la humanidad».

Ahora desde su cuenta instagram dijo que ¨el maltrato de los que sufren las atrocidades de hoy no está en línea con mis valores judíos. Porque me preocupa Israel, debo oponerme a la violencia, la corrupción, la desigualdad y el abuso de poder».

De inmediato los «halcones» del gabinete de Netanyahu salieron a atacarla con el argumento de que había caído en las manos de una campaña antisemita «que solo busca la deslegitimación de Israel».

La fila de los que denostaron a la actriz pasó desde el diputado Oren Chasan, del conservador partido oficialista Likud, que exigió retirarle la nacionalidad, a la titular de la cartera de cultura, Miri Regev, que la acusó de estar uniéndose «a aquellos que ven el misterioso éxito del renacimiento de Israel como una historia de oscuridad».

La referencia es a una película que marcó el debut de Portman cono directora, Una historia de amor y oscuridad, de 2015, basada en la novela del escritor Amos Oz y realizada con actores israelíes. Oz es un afamado novelista y periodista, fundador del movimiento pacifista Shalom Aishav que propugna la convivencia entre los pueblos de la región y se opone a los asentamientos.

Otro que cargó contra las fuerzas oscuras, pero de un modo mucho más cinematográfico, fue el ministro de Seguridad Interior, Gilad Erdan, quien le dice a Natalie-Padmé que no haga como otro de los personajes de la creación de George Lucas, Anakin Skywalker, que «empezó creyendo que los caballeros Jedi encarnaban el mal y que el lado oscuro de la fuerza protegía a la democracia». Y le recomienda: «No permita que el lado oscuro triunfe».

Los detractores, casi al unísono, sospechan que detrás de lo que tildan de «conversión» de Portman está el movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) una campaña global que pretende elevar presiones contra las autoridades israelíes para que termine la ocupación de los territorios palestinos y los Altos del Golan, tomados en la Guerra de los Seis Días de 1967 y colonizados desde entonces desoyendo disposiciones de la ONU en contrario. La base conceptual de esa campaña es la misma que se utilizó contra el apartheid sudafricano pero también podría decirse que intenta aplicar la misma metodología que los bloqueos y sanciones de Estados Unidos o Europa contra Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Siria, o Rusia.

¨No formo parte del BDS y no lo respaldo. Como muchos israelíes y judíos en todo el mundo, puedo criticar a los líderes de Israel sin boicotear a toda la nación. Israel fue creado hace exactamente 70 años como un refugio para las víctimas del Holocausto, pero el maltrato de aquellos que sufren las atrocidades actuales no concuerdan con mis valores judíos¨, respondió Portman desde las redes sociales. Simplemente, «no quería aparecer como alguien que respalda a Benjamin Natanyahu, que iba a dar un discurso en la ceremonia», aclaró.

Pero su prédica no cayó en saco roto dentro de Israel y el exterior y más bien fue una nueva razón para que los grupos de izquierda o pacifistas volvieran a sentar posición, en el marco de gobiernos y medios influentes sumidos en la prédica belicista y expansionista.

Jeremy Ben Ami, presidente de la organización J-Street, un foro estadounidense en favor de Israel pero pacifista, señaló que «Natalie Portman tiene todo el derecho de escuchar su conciencia y expresar sus preocupaciones cuando se trata de las políticas actuales y la dirección de Israel y su gobierno, preocupaciones que son compartidos por tantos judíos estadounidenses y seguidores de Israel en todo el mundo «.

En términos similares se expresó el rabino Jill Jacobs, de la organización Trua’h, quien le dio las gracias a la protagonista de Jackie «por esta fuerte declaración de que el apoyo a Israel puede y debe incluir oponerse al gobierno actual y a sus ataques a la democracia y la consolidación de la ocupación».

Netanyahu no solo es criticado por su política de expansión de colonias a costa de territorios que para las Naciones Unidas pertenecen al Estado Palestino, sino también por múltiples denuncias en el poder judicial de su país por casos de corrupción.

La negativa de Natalie Portman obligó a suspender la ceremonia que se iba a hacer en julio en Jerusalén.

Hace algunas semanas otra Natalia, pero rioplatense, Oreiro para mas datos, alegó enfermedad para suspender un recital que tenía programado para el 20 de marzo en Tel Aviv. Fue después de que crecieran los pedidos para no avalar con su presencia la política del gobierno israelí en el marco del proceso que un tribunal militar seguía contra la adolescente palestina Ahed Tamimi, de 17 años, presa tras una manifestación contra la detención de menores en una aldea de Cisjordania.

Tiempo Argentino, 24 de Abril de 2018

A 30 años de la Primera Intifada, crece la tensión en Palestina

A 30 años de la Primera Intifada, crece la tensión en Palestina

El anuncio de Trump de trasladar la embajada de EEUU a Jerusalén provocó enfrentamientos que dejaron un saldo de dos muertos y unos 200 heridos. El líder de Hamás llama a una nueva revuelta como la que en 1987 dejó un saldo de 1258 palestinos y 150 israelíes muertos.

El líder de Hamás, Ismael Hanniya, llamó a una tercera Intifada luego de la decisión de Donald Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel y de trasladar la embajada de Estados Unidos a esa ciudad sagrada para tres religiones monoteístas. Los primeros escarceos no se hicieron esperar y ya hubo dos muertos y más de 200 heridos en Cisjordania, Jerusalén y la Franja de Gaza, según reveló el vocero de la Media Luna Roja, la versión árabe de la Cruz Roja.

Los enfrentamientos se produjeron contó Erab Fuqaba a Sputnik, luego de la oración del viernes y coincide con la víspera de la celebración de los 30 años de la primera Intifada, el 9 de diciembre de 1987.

Aquella vez, el “incendio” comenzó cuando un camión conducido por un israelí chocó a dos vehículos llenos de trabajadores palestinos en inmediaciones del campo de refugiados de Jabaliya, en Gaza y provocó la muerte de cuatro personas y una decena de heridos.

Al otro día el clima de repudio fue creciendo y el ejército israelí reprimió a la población palestina provocando la muerte de ocho manifestantes. Intifada, en árabe, es levantamiento o revuelta y en este caso el armamento utilizado por la población fueron piedras. Por eso esa primera Intifada fue conocida como la “guerra de las piedras”. La imagen icónica fue “piedras contra balas”: multitudes que utilizaban piedras y palos contra el muy bien pertrechado ejército israelí.

Solo para los negadores de la situación de extrema opresión que vivía la población palestina el levantemiento podía resultar sorpresivo. Un año antes, el ministro de Exteriores de Israel, Abba Eban, ya había advertido a su gobierno sobre el marco de castigos y represión violenta en que se vivía en las comunidades locales.

Se había cumplido hacía poco los 20 años de la Guerra de los Seis días, que se desarrolló entre el 5 y el 10 de junio de 1967 entre Israel y la coalición árabe formada por Egipto, Jordania, Irak y Siria y que culminó con la ocupación israelí de territorios que de acuerdo a la ONU debían ser para la formación del estado palestino, como Cisjordania, Jerusalén del Este y la Franja de Gaza.

Para muchos historiadores, aquella Intifada de 1987 fue realmente la primera guerra real entre el pueblo palestino e Israel. Terminó recién en 1993 cuando la Organización para la Liberación Palestina (OLP), dirigida entonces por Yaser Arafat, firmó en Oslo los acuerdos para la autonomía de su patria con el primer ministro israelí Yitzhak Rabin. En ese lapso, 1258 palestinos habían muerto a manos de tropas israelíes. La cuarta parte de las víctimas tenía menos de 16 años. En la revuelta también perdieron la vida 150 israelíes.

Arafat y Rabin, junto con Shimon Peres, recibieron por ese proceso de negociaciones el Premio Nobel de la Paz en 1994.

Pero el acuerdo dejó un tendal de descontentos y en noviembre de 1995, Rabin sería asesinado por un ultraderechista israelí, Yigal Amir. Poco antes había hablado en un acto por la paz y había reconocido que durante la Primera Intifada más de 100.000 palestinos habían pasado por las cárceles israelíes.

La Segunda Intifada se desató en setiembre del 2000, cuando el jefe de la derecha israelí, Ariel Sharon, visitó la explanada de las Mezquitas en Jerusalén del Este, en una acción considerara desafiante por la comunidad palestina. El Ejército de Israel volvió entonces a ocupar las principales ciudades palestinas. Se retiraría recién en 2005.

Existe desde hace décadas una política constante de los distintos gobiernos israelíes de autorizar la ocupación de territorios para la construcción de viviendas en zonas que corresponden al estado de Palestina y en contra de varias resoluciones de la ONU y de la Convención de Ginebra.

A raíz de estas aprobaciones sobre zonas ocupadas militarmente, hay más de 200 asentamientos con una población de unas 600.000 personas.

En los últimos días, la televisión israelí informó que el gobierno de Benjamin Netanyahu autorizó la construcción de otras 14.000 viviendas en Jerusalén, al mitad de las cuales estarán en Atarot y Pisgat, al norte de la ciudad sagrada, en una zona ocupada desde 1967.

La suma de una decisión estadounidense que, en la práctica no podría ponerse en marcha en menos de dos años, y esta constante ocupación israelí, hace prever que el llamamiento del líder de hamás encontrará eco en la población palestina, con el costo en vidas que se puede prever.

 

Tiempo Argentino  Viernes 8 de Diciembre de 2017

Burbujas de Coca Cola fabricada en la Franja de Gaza

Burbujas de Coca Cola fabricada en la Franja de Gaza

La inauguración de la primera planta elaboradora de Coca Cola en la Franja de Gaza reaviva las tensiones entre Israel, el dueño de la franquicia de la popular bebida gaseosa –un palestino cristiano que tuvo que emigrar hace medio siglo y ahora es un millonario inversor con ciudadanía estadounidense- y la multinacional con base en Atlanta, en el estado norteamericano de Georgia.

El empresario Zahi Khouri ya había instalado varias plantas en territorio palestino desde hace 25 años. Al recibir un premio en Oslo el año pasado, Khouri destacó que “cuando volví a Palestina en 1991 para sentar las bases de la nueva economía palestina, uno de los logros que más me enorgullece fue convencer a The Coca-Cola Company para que abriera una empresa embotelladora en Palestina.

Hasta la fecha, la Compañía Nacional de Bebidas de Palestina sigue siendo la mayor inversión de capital no árabe en Palestina. Pensé que si The Coca-Cola Company reconocía Palestina, el mundo pronto seguiría”.

El reconocimiento al estado de Palestina fue creciendo en el mundo pero no por el papel que desempeñó Coca Cola, uno de los emblemas de Estados Unidos.

Cierto es que el apoyo en la Organización de Naciones Unidas aumentó y actualmente son más de 130 países, incluida la Argentina y el resto de los países latinoamericanos.

Pero si Palestina no es reconocida como estado miembro de la ONU -es apenas un estado observador- es por la negativa de Israel pero fundamentalmente de Estados Unidos. Esa situación representa una anomalía para las reglas que los países ganadores de la Segunda Guerra Mundial se fijaron a formar la ONU, en 1945.

Es que si algo había quedado establecido entonces es que no se permitiría que ningún país ocupara territorialmente a otro por fuera de las fronteras reconocidas hasta entonces. La división de Palestina, que había sido protectorado británico desde la desaparición de imperio otomano en la Primera Guerra, quedó específicamente determinada en 1948 entre un estado judío en Israel y otro árabe palestino.

En 1967, tras la Guerra de los Seis Días, Israel ocupó militarmente Cisjordania y la Franja de Gaza, y desde entonces fue extendiendo colonias de ciudadanos israelíes en territorios a todas luces ocupados ilegalmente.

Es así que en noviembre de 2015 los países de la Unión Europea acordaron que todo producto que ingrese en el continente desde esas colonias debe tener una identificación que indique que proviene de asentamientos ocupados desde 1967 y no reconocidos como parte del territorio israelí. Lo que generó las consabidas protestas del gobierno de Tel Aviv. La ocupación Coca Cola se comenzó a fabricar en Israel en 1966.

No hubo demasiados problemas religiosos ya que desde 1935 el rabino Tuvia Geffen, vecino de la central de la firma en Atlanta, había determinado que era aceptada como bebida kosher. Fue una decisión complicada, cuenta la historia, porque tenía que encontrar la forma de aceptarla sí o sí en vista de que había sido adoptada como bebida de consumo masivo por la comunidad judía estadounidense.

La forma fue muy sencilla: Coca-Cola le aseguró al rabino Geffen que utilizarían exclusivamente el azúcar de caña durante la Pascua y se comprometió a no usar otro ingrediente que el sacerdote no consideraba kosher. Y asunto arreglado.

Para los árabes la cosa fue más complicada, ya que el apoyo estadounidense a las reclamaciones y a las posiciones más extrema de los sucesivos gobiernos de Israel llevó a que por grandes períodos hubiese un boicot contra la popular gaseosa.

Bloqueo en Gaza

Desde enero de 2008, y tras una serie de enfrentamientos que terminaron con una desigual cantidad de víctimas de uno y otro lado (el conflicto de 2014, sin ir más lejos, dejó un saldo de 35 veces más víctimas palestinas que israelíes, 2310 contra 66) Israel decretó un bloqueo total a la Franja de Gaza.

Cuando en 2010 una nave turca con activistas sociales quiso romper el bloqueo fue bombardeado desde una nave israelí y fueron muertos 9 militantes, generando un incidente de proporciones con el gobierno de Tayyip Recep Erdogan.

Gaza, para intelectuales y dirigentes incluso israelíes, es una cárcel de 365 kilómetros cuadrados, apenas más grande de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Los palestinos no disponen siquiera de agua potable propia, la que es abastecida por una empresa privada israelí, ni de los servicios más esenciales, como la electricidad.

No pueden ingresar por las fronteras material de construcción con el argumento de que algunos de ellos pueden tener aplicación bélica. Y es muy restringido el ingreso de alimentos y venidas en general.

El millonario Khouri fue acusado en los últimos tiempos, sobre todo desde el anuncio de la planta de Coca Cola en Gaza, de compartir valores antisemitas con algunas organizaciones que plantean un boicot contra productos israelíes.

La explicación de esas instituciones es que promueven medidas económicas para forzar a que Israel reconozca y facilite la formación del estado palestino, lo que implica que abandone la ocupación de esos territorios.

Khouri fundó en 1998 la National Beverage Company (NBC), y para el 2006, tenía tres plantas de embotellado y siete centros de distribución en Cisjordania que empleaban a 400 trabajadores en forma directa y a otros 4,000 de manera indirecta. La sede central está en Ramallah.

El desafío más grande fue convencer a Coca Cola de hacer una fábrica en Gaza, donde emplearía a 120 personas con una inversión de 20 millones de dólares.

Boicot y algo más

Para cuando se anunció la instalación de la fábrica, la francesa Orange, de telecomunicaciones, también había anunciado una fuerte inversión en ese territorio.

El CEO de la empresa, Stephane Richard, primero se sumó a esos grupos de presión pero pudo más el lobby del gobierno de Benjamin Netanyahu y finalmente tuvo que recular. Khouri, en cambio, se llamó a silencio sin por ello haberse bajado de la inversión que, asegura, es con sus propios fondos ya que Coca Cola trabaja mediante franquicia.

«La instalación de nuestra nueva fábrica en Gaza muestra nuestro continuo compromiso para invertir y apoyar el progreso de las sociedades de todo el mundo», dijo arte el presidente de Coca-Cola, Muhtar Kent, al inaugurar la embotelladora gazebí.

Al otro día en su despacho recibió una carta del centro jurídico The Shurat Hadin de Israel. “Esa carta es una advertencia a la empresa Coca-Cola para que rescinda el contrato de franquicia que mantiene con la Compañía Nacional de Bebidas de Palestina, encabezada por Zahi Khouri, quien defiende abiertamente sanciones contra Israel,” amenaza el titular de la organización, Nitsana Darshan-Leitner.

El magnate está acusado de haber dado su apoyo al Movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel (BDS por sus siglas en inglés), una de aquellas instituciones que reclaman el reconocimiento de Palestina y la devolución de territorios y que para los sectores más radicales de Israel son antisemitas..

BDS también pide indemnizaciones por los daños generados. En la Franja de Gaza, gobernada desde 2007 por Hamas, la organización política a la que Israel considera terrorista, viven casi 1,9 millones de habitantes.

El PBI fue en el 2008 de unos 6.641 millones de dólares, lo que dejaría un PBI de poco más de 6000 dólares anuales. Puede ser un potencial mercado para muchos productos y la apuesta de Coca Cola va en ese sentido.

La bebida de la “alegría” se fabrica en todo el mundo, y bien mirado no hay razones para que no tenga una embotelladora en ese castigado territorio. Habrá que ver cuáles serían las consecuencias para una marca que gasta el 25% de su presupuesto en políticas de marketing para que nada salpique su sacrosanta imagen.

tiempoar.com.ar
Diciembre 2 de 2016

Otra oportunidad a la paz en Medio Oriente

Otra oportunidad a la paz en Medio Oriente

En las últimas horas se fueron sumando reclamos desde varias regiones del mundo por una activa intervención de Naciones Unidas para detener la escalada de violencia en la Franja de Gaza. A la inicial declaración del gobierno de Estados Unidos, el principal aliado de Israel, que pide un cese el fuego con el expreso reconocimiento «del derecho a defenderse de los ataques con cohetes» provenientes del otro lado de la frontera, se agregó en las últimas horas una declaración de la vocera del Departamento de Estado, Jennifer Psaki, donde se advierte al gobierno de Benjamin Netanyahu que «nadie quiere asistir a una invasión de Gaza por parte de Israel».
En una línea similar, México mostró su preocupación por el incremento de los ataques, tanto por los cohetes como por la respuesta israelí, y computó acongojado la cantidad de palestinos muertos y, sobre todo, que entre ellos había niños.
Los países árabes, en tanto, llamaron a una reunión de emergencia de la ONU para detener el bombardeo sobre Gaza. «Queremos que el Consejo de Seguridad asuma su responsabilidad y detenga esta agresión contra nuestra gente», resumió el enviado palestino ante ese organismo internacional, Riyad Mansur.
El secretario general de la entidad, Ban Ki-moon, alertó sobre el «riesgo de una escalada total, con la amenaza todavía palpable de una ofensiva terrestre». Y para rematar. señaló que «la región no puede permitirse otra guerra (…). Es más urgente que nunca intentar encontrar comunes denominadores para que vuelva la calma y se consiga un entendimiento para el alto al fuego».
Mientras tanto, en la región sudamericana algunos gobiernos emitieron comunicados con un grado de rechazo mayor hacia la intervención israelí. «El gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia expresa su enérgica condena por los nuevos actos de violencia, perpetrados por Israel en contra del Estado de Palestina, durante los últimos días», resalta un comunicado de la Cancillería boliviana. «Hacemos un llamado urgente al cese inmediato de hostilidades. Se deben respetar y cumplir los acuerdos y tratados internacionales vigentes», finaliza el comunicado.
El gobierno uruguayo expresó a su vez una «enérgica condena a los ataques militares efectuados por Israel en la Franja de Gaza, que han provocado decenas de muertos y heridos en la población civil, en una respuesta desproporcionada al lanzamiento de cohetes contra territorio israelí por parte de grupos armados palestinos». Chile, por su lado, condenó «enérgicamente los ataques de Israel en la Franja de Gaza» y proclamó su preocupación por el incremento de la violencia. «Los condenables secuestros y muertes de tres jóvenes israelíes y de un joven palestino, no pueden servir de excusa ni para iniciar acciones terroristas, como tampoco para atacar áreas densamente pobladas por civiles», dice el comunicado de la Cancillería.
Las autoridades venezolanas, también como es de prever, tuvieron la expresión más radicalizada al condenar la ofensiva militar «injusta e ilegal» de Israel en la Franja de Gaza, aunque al mismo tiempo puntualizaron su repudio al crimen de los tres chicos, por lo que pidiieron una «profunda investigación» de esos asesinatos que desencadenaron esta situación.
La escalada bélica en Medio Oriente no es un tema de debate y llamados de atención solamente fuera de la zona o en los sitios donde los palestinos encuentran mayores apoyos. Dentro del propio territorio israelí se levantan voces que piden moderación y hasta un cambio profundo en su política de relaciones exteriores para poder alcanzar en algún momento la paz que los pueblos judío y palestino demandan.
David Grossman es un escritor y ensayista israelí conocido por su prédica por la paz. En una columna que publicó el diario Haaretz, lamenta que se haya perdido el horizonte y la esperanza de llegar a una convivencia pacífica, «como si estuviera hablando en nombre de una ley de la naturaleza, un axioma que afirma que entre estos dos pueblos nunca podrá haber paz, que la guerra entre ellos es un decreto divino, y que, en definitiva, esto siempre será malo aquí, nada más que malo».
Grossman cuenta el clima que se vive en el país para quienes mantienen la esperanza de llegar a una convivencia pacífica. «En el mejor de los casos (es tratado) de ingenuo o de un soñador iluso, y en el peor, de ser un traidor que debilita los recursos de Israel, alentando a dejarse seducir por falsas visiones.»
La explicación que encuentra el autor de La sonrisa del cordero es que la derecha israelí ganó el debate. Que logró inculcar en la mayoría de la población una visión del mundo que él llama pesimista y que, agrega, «está impulsando a Israel a la parálisis en la zona más fatídica para su supervivencia, un área donde necesita más audacia, flexibilidad y creatividad. La derecha ha vencido a Israel aplastando lo que alguna vez pudo haber sido llamado ‘el espíritu de Israel’, esa chispa, esa capacidad de rehacernos a nosotros mismos, el espíritu del ‘sin embargo, el coraje. La esperanza».
Grossman dedica su texto a la memoria de Ron Pundak, «el arquitecto de los Acuerdos de Oslo y de la Iniciativa de Ginebra», dos posibilidades concretas de llegar de algún modo hacia la paz, en 1993 los primeros, impulsados por el gobierno de Bill Clinton; una hoja de ruta de 2003 la segunda, desarrollada por intelectuales y activistas de Israel y Palestina. ¿Por qué esas posibilidades no llegaron a fructificar? Más allá de cuestiones militares y políticas –incluso de internas en la coalición gobernante de Israel, que también las hay–, el suizo israelí Carlo Strenger le añade su óptica psicológica. «Los israelíes, al igual que todos los seres humanos, son guiados principalmente por la aversión a la pérdida», evalúa, también desde las páginas de Haaretz. «La mayoría de los israelíes temen que la situación en Gaza se repita: Israel se retiró de Gaza en 2005, y el sur de Israel quedó expuesto a los ataques con cohetes desde entonces. El abandono de los controles de Israel sobre Cisjordania podría abrir los centros de su población al mismo peligro. Esta última hipótesis no es una fantasía paranoica. Irak y Siria se han convertido en focos de organizaciones yihadistas, y si Israel ya no controla el valle del Jordán y grandes partes de Cisjordania, los combatientes de Al-Qaeda podrían quedar a distancia de tiro de Tel Aviv, Kfar Sava, Herzliya y todo el centro de Israel», analiza Strenger.
Otros dos aspectos que toma en consideración el psicoanalista se relacionan con «la necesidad de una narrativa de identidad positiva y la necesidad de una ideología que nos ayude a soportar el peligro y la incertidumbre», dos «fatalidades» que los israelíes también comparten con el resto de los seres humanos.
Es así que, como una vuelta de tuerca sobre lo que piensa Grossman, el especialista de la Universidad de Tel Aviv, reconocido pacifista también –y muy crítico del rol muchas veces reñido con la moral que suelen desplegar tropas israelíes en territorios palestinos–, cuestiona que la izquierda israelí no haya dado respuesta a esta visión «preocupada» que muy bien, en cambio, aprovechó la derecha. «La izquierda ha perdido progresivamente terreno en Israel, ya que no se ha ocupado de estos temores con valentía y claridad suficiente. Con demasiada frecuencia hemos dicho a los israelíes que necesitamos poner fin a la ocupación por el bien del carácter democrático de Israel. Hemos señalado cuán racista Israel se está convirtiendo como resultado de la ocupación, y seguimos advirtiendo que Israel va a terminar siendo un Estado paria si la ocupación no termina.»
Sin embargo, abunda, «los israelíes de a pie ven a la izquierda como un grupo de elitistas y arrogantes que están desconectados de la realidad y se preocupan más por los palestinos que por su propia familia. También piensan que los gentiles, particularmente en Europa, simplemente disfrutan odiar a los judíos y tirarnos debajo de un autobús cuando las cosas se ponen difíciles. En consecuencia, cada vez más israelíes compran las ideologías de extrema derecha de la intolerancia y el racismo para racionalizar la ocupación y el aislamiento internacional de Israel.»
El debate puertas adentro de Israel alcanza ribetes que los grandes medios no acostumbran reflejar. Estas son apenas un par de perlitas para entender lo difícil que es darle una oportunidad a la paz, como pedía John Lennon. Y que van más allá de la geopolítica o las apetencias políticas de las dirigencias.

Tiempo Argentino, 11 de Julio de 2014