Norberto Palese, conocido popularmente como
Cacho Fontana, murió el 5 de julio de 2022, a los 90 años, sin haberse enterado
aún de que un día antes había muerto la madre de sus hijas, de la que se había
separado hace 40.
Me crié en un conventillo de Pepirí y
Famatina, en Parque Patricios, frente al club Piraña, para más datos. Se
escuchaba a todo volumen el Fontana Show y los radioteatros de lo que era Radio
Porteña, hoy en el dial de Continental. Las voces de Héctor Larrea y Antonio
Carrizo se mezclan con la nostalgia de aquellos tiempos.
Mi vieja me dijo que escribiera una carta
al programa de Cacho Fontana, que sorteaba aparatos electrodomésticos. A las
pocas semanas aparecen dos señores preguntando por mi. En la cama, mi viejo
dormía la siesta. Los tipos no creían que el del nombre que les habían anotado
era yo. Tenía 10 años.
«Ganaste el sorteo de una heladera, un
lavarropas y una cocina Eslabón de Lujo y un televisor Standard Electric,
pibe», me dicen, con una sonrisa de vendedores de peines, mientras
preguntaban por algún adulto mayor. Igual que aquella emisora, esas marcas ya
no existen.
Cuando le avisé a mi viejo, respondió con
desdén: «Dejate de joder que me levanté a las 4 de la mañana». Era
colectivero en la línea 404, que ahora es 44 y tiene otros colores. Y no me
creía, pensaba que era otra de mis tonterías infantiles. Pero era cierto.
Recuerdo la entrada al edificio de Radio El
Mundo, donde ahora está Nacional. Un Cacho Fontana con cara de cansado, sin
afeitar pero muy amable y paternal que me dijo que me olvidara que del otro
lado había gente escuchando. Me llevó al estudio donde grabaron la primera vez
que hablé frente a un micrófono. Entrevistado por el tipo más famoso de la
radio.
Nunca pude escucharme. El día que pasaron
la entrevista estaba en el colegio. Dicen que estuve bien, que no parecía
nervioso. Esa grabación también se perdió en el tiempo.
El día que vinieron a entregar las cosas
había una multitud en la calle. Fue el acontecimiento del barrio. ¿ya dije que
el programa lo escuchaba literalmente todo el mundo? Como estábamos cerca de
fin de año, los vecinos me llevaron a las casas de lotería para que les eligiera
un número. Si alguien ganó algo nunca me enteré.
Los aparatos no cabían en la pieza donde
vivíamos todos: mis viejos, mi hermano y yo. El televisor quedó arriba de la
heladera, con dos agujas clavadas en una papa como antena. El lavarropas y la
cocina no se pudieron usar hasta dos años más tarde, cuando nos mudamos a un
lugar donde había gas y una pileta individual en el patio.
Hasta antena pudimos poner.
Los aparatos se fueron descomponiendo o
quedando obsoletos. Hasta que se fue
para siempre, mi vieja usó la heladera. Aún la conservo y la pongo en marcha
cuando voy a una casita que tenemos en Monte. Funciona al pelo, solo le
cambiamos el burlete y no le queda nada de la pintura original. Pesa una
barbaridad, “es puro fierro, ya no se hacen de estas”, me dijo el fletero que
la llevó.
Dicen que ahora las heladeras usan la
energía de una manera más racional, no como las que se hacían hace 59 años.
Si es verdad que el origen de la definición de derecha e izquierda en política es la ubicación de los bloques progresistas o reaccionarios en la Asamblea Francesa de 1789, bien se podría decir que las legislativas que se disputaron en el país galo en junio reflejan el estado de situación de la democracia occidental en los tiempos que corren. Si en 2017 Emmanuel Macron pudo ufanarse de haber construido un partido de «extremo centro» que marcaría el futuro de varias generaciones, lo que quedó fue una izquierda que regresa con nuevos bríos para disputar poder, de la mano de Jean-Luc Mélenchon, y una derecha xenófoba creciente, encabezada por Marine Le Pen, no muy preocupada por sostener los juegos políticos como se los conoce desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. En el mismo fin de semana, Colombia mostró una imagen parecida. El balotaje en el país del vallenato dio ganador por poco más del 50% a Gustavo Petro con una coalición de fuerzas de izquierda y progresistas. Del otro lado no estaba el «uribismo» tradicional sino un político de planteos cercanos a Le Pen, Rodolfo Hernández, que alcanzó un nada despreciable 47,3% de votos. Para encontrar algo parecido no hay que ir muy lejos. En noviembre pasado en Chile el exlíder estudiantil Gabriel Boric derrotó con casi 56% de los sufragios al derechista José Antonio Kast. Las urnas españolas también son ilustrativas de este escenario. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la comunidad de Madrid desde 2019, logró un fuerte espaldarazo en mayo de 2021. Cierto es que debió apelar a un discurso que hacía quedar como moderados a los representantes de VOX, el bullanguero partido del neofranquismo. Pero el resultado alentó a Alfonso Fernández Mañueco a ensayar una jugada similar en Castilla-La Mancha en febrero pasado. No le fue tan bien y desde abril se resignó a cogobernar junto con la ultraderecha, que por primera vez llega al poder en España en esta etapa democrática. Al PP, en Andalucía, el electorado le dio otra vez su apoyo. Llegó a 58 escaños, 32 más que hace tres años, suficientes para tener amplia mayoría en una cámara de 109 diputados. También en estos días una comisión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos investiga el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2020. El principal acusado es el expresidente Donald Trump, paradigma de esta nueva derecha que se extendió por el mundo en lo que va del siglo y que si por algo se caracteriza, es por no tener vergüenza de decir lo que piensa, por brutal que eso sea. El empresario inmobiliario alentó a sus seguidores a desconocer el resultado de la elección de noviembre que ungió al demócrata Joe Biden y ese día el Congreso debía certificar el resultado del Colegio Electoral. «Se trataba de unas elecciones amañadas y robadas, y de un país que estaba a punto de ir al INFIERNO», escribió en su propia plataforma Truth Social, lanzada en febrero ante el bloqueo de sus cuentas en las otras redes sociales. En octubre, un acólito de Trump, el brasileño Jair Bolsonaro, disputará su deseo de reelegirse contra el dos veces presidente Lula da Silva. También en el país vecino la disputa es entre el progresismo y la ultraderecha. Sin avenidas intermedias.
Las consecuencias del conflicto bélico en Ucrania y las sanciones contra Rusia se hacen sentir cada vez con más rigor en Europa. Francia, por ejemplo, decidió recuperar el control de la mayor empresa de electricidad y envió al parlamento una ley para implementar medidas que garanticen la soberanía energética. Alemania avanza hacia restricciones al consumo de energía y el Gobierno alerta sobre los riesgos para el próximo invierno, mientras colapsan las empresas proveedores y por primera vez en 30 años la «locomotora» del continente tiene déficit comercial. En los Países Bajos, los agricultores bloquean rutas y se enfrentan con la policía contra medidas por el cambio climático que en este escenario les resultan más gravosas.
Lo de Francia es la declaración de una «economía de guerra». El gobierno de Emanuel Macron impulsa una ley de «poder adquisitivo» destinada a evitar que los precios de la energía, se desmadren. Para eso ya anunció la renacionalización de Electricité de France (EDF), la instalación de una terminal de Gas Natural en Le Havre, la reapertura de la central de carbón de Saint-Avold, y un proyecto para revisar el programa nuclear por 51.700 millones de euros, que incluye la construcción de 14 reactores para el 2035.
La primera ministra francesa, Elizabeth Borne (apellido adecuado para hablar de electricidad) dijo en la Asamblea Nacional que se necesita garantizar la independencia energética y agregó que para combatir el cambio climático se requiere energía nuclear. Pero hasta no hace nada, esa era una opción B. La primera era la provisión de gas desde Rusia, algo cada vez menos posible habida cuenta de las sanciones por la invasión a Ucrania.
La privatización parcial de EDF en 2005 se justificó en la eficiencia que ganaría la principal operadora de energía de Francia. Con más de 165.000 trabajadores e ingresos por unos 85.000 millones de euros, EDF era una de las joyas de la corona. Pero desde entonces no hubo inversión y la infraestructura nuclear, de los años ’80, fue quedando obsoleta y hasta se convirtió en un activo peligroso por la falta de mantenimiento en las instalaciones. En ese contexto, la nacionalización tiene gusto a disimular el fracaso de la privatización.
En Alemania, el gigante Uniper, proveedora de gas de la rusa Gazprom, pidió ayuda al gobierno de Olaf Scholz para evitar la quiebra. Ante la baja en el acceso al fluido, tuvo que acceder a otros mercados, donde los precios le resultan imposibles de solventar. La firma, con sede en Düsseldorf, tiene 12.000 trabajadores. Su principal accionista es el grupo Fortum, una empresa pública con participación del estado finlandés de casi el 51% de sus acciones. El director general de Uniper, Klaus-Dieter Maubach, dijo que no caminan hacia la quiebra, pero que necesita de forma urgente un rescate en base a la nueva ley de seguridad energética.
A raíz del incremento en el costo de la energía (87,1% anual), los precios industriales aumentaron un 33,6% en mayo, récord desde 1949. El índice de precios al consumidor se incrementó un 7,9% anual en el mismo mes, el mayor desde 1970. En mayo también, el déficit comercial fue de 1.000 millones de euros. Desde 1991, a poco de la reunificación alemana, el gran exportador europeo no perdía en el intercambio internacional.
Un modo de paliar esta debacle, asume Berlín, es reducir el consumo energético. La política ambiental de las últimas décadas pasó por eliminar gradualmente las plantas nucleares. Tres fueron desactivadas en diciembre pasado y para este año se debían cerrar las últimas tres. El sustituto básico sería el gas ruso mientras se producía la reconversión a energías sustentables.
El Ministerio de Economía elaboró un plan de ahorro de energía que fue aprobado por el Bundestag. Con un lenguaje de tono ambientalista, explica las medidas recomendadas en función del cambio climático y “la ansiada independencia de las energías fósiles”. Propone soluciones que hacen recordar a las recetas de ahorro del expresidente venezolano Hugo Chávez, que tantas burlas recibió de los voceros de la derecha.
Aconseja “reducir nuestro tiempo de ducha a un máximo de cinco minutos y bajar un poco la temperatura del agua”. Apagar el horno cuando todavía falta para la cocción, cosa de aprovechar la energía remanente, y no pasar de 20 grados la temperatura ambiente durante el invierno. Algunos van por más y la inmobiliaria Vonovia, la mayor del país, informó a los inquilinos de las propiedades que administra que a partir del otoño regulará la temperatura de la calefacción hasta un máximo de 17 grados.
El Reino Unido también debatía una nueva legislación para el mercado energético. Buscan evitar shocks de alto impacto en los bolsillos británicos a medida que se acerca el invierno y cambie el precio del gas. Se supone que deberá ser una política de Estado para cualquiera que reemplace al renunciante Boris Johnson. También en este caso el plan en danza está imbuido de un toque ecológico. Pero la idea, dice Daly Mail, sería desenganchar el precio de la electricidad del costo del gas.
Foto: AFP
El tema de la transición energética, una aspiración de la Unión Europea con un cronograma estricto hasta 2030, genera daños colaterales por la emergencia por la guerra en Ucrania. Ganaderos y agricultores de los Países Bajos salieron a bloquear rutas contra la decisión de obligarlos al cierre de establecimientos y la reducción de ganado para disminuir las emisiones de nitrógeno y de amoniaco, las principales fuentes de emisión con los fertilizantes y el estiércol. Las compensaciones, juran, no son suficientes. Los enfrentamientos con la policía casi fueron entre iguales. Carros de asalto contra cosechadores y tractores, gases contra granos de maíz, como se vio en Heerenveen, en la autopista A50 cerca de Apeldoorn.
Según la policía, los chacareros neerlandeses «intentaron atropellar a los oficiales y vehículos de servicio» lo que obligó, afirman, a realizar «disparos de advertencia y dirigidos». No hubo heridos pero sí una veintena de detenidos. Para los ambientalistas, se trata de una protesta de «dueños de fábricas de ganado masivo» y contaminan mucho más que otro tipo de cultivos .«
Decae el interés en los ucranianos
El Estado Mayor ucraniano confirmó este sábado que continuaban los ataques de artillería rusos en Járkov y se registraba una ofensiva terrestre en Dolomitne, cerca de Bakhmut, en el este del país. «Toda la línea de frente está bajo un bombardeo incesante», reconoció el gobernador regional de Donetsk, Pavlo Kyrylenko.
Mientras tanto, salvo las promesas de envío de más armamento de la Casa Blanca y la oferta de entrenamiento para soldados ucranianos por el Reino Unido, no parece haber otros gestos de apoyo a las posiciones de Kiev en el conflicto. «Los ojos de todos los movimientos y regímenes políticos agresivos en el mundo están puestos en lo que nos hace Rusia», escribió Volodimir Zelenski en su cuenta de Instagram donde advierte sobre la inacción de sus «amigos».
Pero esa inacción quizás refleje otra cosa. Un cable de la agencia francesa AFP cuenta la historia de una ucraniana que vive en República Checa desde hace 20 años. Pidió una donación de zapatos por Facebook para unos niños refugiados, sin suerte. «Las reacciones a los pedidos son más lentas. Al principio del conflicto, la gente era de una gran reactividad», lamenta Ruslana Hrytskiv.
«La propensión a ayudar ha disminuido desde el inicio de la guerra» señala a AFP Eszter Bakondi Kiss, voluntaria de la ONG húngara Habitat for Humanity. «Es un efecto natural. Una causa de plena actualidad genera mucho compromiso. Luego el interés decae», corrobora Svilena Georgiev, directora de la fundación búlgara Za Dobroto. Empresas y particulares «han agotado sus presupuestos», agrega Lavinia Varodi, de Save the Children en Rumania.
Resultaba conmovedor verlo a Joe Biden presentar este viernes el decreto con el que pretende proteger el derecho al aborto, anulado por el fallo de la Corte Suprema del 25 de junio. «Por el amor de Dios, hay elecciones en noviembre, ¡voten, voten, voten!», les imploró a las mujeres, en un recurso desesperado por conseguir -dijo- los dos senadores que necesitan los demócratas para dictar una ley federal.
El miércoles, Biden visitó Cleveland, corazón industrial de Ohio y reducto difícil últimamente para los demócratas. «Hice campaña para restaurar la columna vertebral de este país, la clase media y los sindicatos», insistió. Luego, con un impecable “ah, pero Trump”, recordó que «la administración anterior perdió más empleos en su mandato que cualquier otra desde Herbert Hoover».
Salvo distinciones honoríficas a tres soldados que combatieron en Irak y Afganistán -dos de ellos fallecidos- no aparecieron mensajes del presidente relacionados con Ucrania estos días. ¿Será que las cosas no están saliendo como dicen los burócratas de la Otan y el secretario de Estado, Antony Blinken? ¿O que el oficialismo se encamina a una derrota en noviembre y la guerra no “garpa”?
La reunión de cancilleres del G20 en Bali puede dar un indicio. Se trata de una previa a la cumbre de jefes de Estado de noviembre y los medios hegemónicos auguraban avances para sacar a Rusia del grupo. Es cierto que el tema Ucrania fue central, pero no hubo una condena a Moscú por la invasión, solo una diplomática “profunda preocupación por las consecuencias humanitarias de la guerra”.
Santiago Cafiero sintetizó el clima cuando llamó a «construir un multilateralismo solidario como instrumento de paz». Porque el fin del unipolarismo es precisamente lo que ebulle desde hace tiempo y eclosionó el 24F. “La voluntad política y la colaboración global son fundamentales para garantizar que el multilateralismo funcione”, resumió la ministra de Exteriores de Indonesia, Retno Marsudi, anfitriona del evento, para concluir: “el multilateralismo beneficia a todos los países”.
Si no hubo choques directos fue porque cuando hablaban los representantes de Ucrania -invitada especial-, Alemania, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, el canciller ruso, Sergei Lavrov, se fue de la sala. Una devolución de gentilezas luego de que ellos faltaron a la cena de bienvenida. “No entienden la cortesía y las normas de etiqueta», criticó Lavrov.
Su vocera, Maria Zajárova, fue al hueso: “Hubo un intento de boicotear a Rusia pero comprendieron que quedaban en minoría absoluta: si de 20 restan 7 quedan 13, y estos trece no querían organizar ningún boicot, pensaban trabajar de modo constructivo. De ahí que el boicot fracasó y desembocó en el aislamiento del grupo de los siete».
A pesar del tono belicista de la Cumbre de Madrid, donde la Otan catalogó a Rusia de enemiga y a China como “desafío”, este martes la secretaria del Tesoro, Janet Yellen y el viceprimer ministro chino, Liu He, mantuvieron un diálogo virtual. “Discutieron los desarrollos macroeconómicos y financieros de Estados Unidos y China, las perspectivas económicas mundiales en medio de los crecientes precios de los productos básicos y los retos de la seguridad alimentaria”, explicaron desde Washington. «Las dos partes acordaron que mantener la estabilidad de la industria global y las cadenas de suministros es del interés de ambos países y de todo el mundo», dijeron desde Beijing. Este sábado, Blinken dijo que había tenido una reunión «muy constructiva» en Bali con su homólogo chino, Wang Yi.
Dicen en el Reino Unido que así como los Kennedy son una imagen representativa de Estados Unidos, bien los parientes de Alexander Boris de Pfeffel Johnson representan a la dirigencia política británica así como los Windsor son el sello de la monarquía imperial.
Nacido en Nueva York en junio de 1964, el renunciante primer ministro británico tenía doble ciudadanía hasta que en 2016, por cuestiones de incompatibilidad -aún era alcalde de Londres pero aspiraba a más- y de aportes impositivos, renunció al pasaporte estadounidense.
Los Windsor, en ese sentido, se le parecen: en julio de 1917, plena primera guerra mundial y en el fragor del enfrentamiento del Reino Unido contra el Imperio Alemán, no quedaba bien que la casa real fuera la de Sajonia-Coburgo y Gotha y decidieron “nacionalizarse” con el nombre del milenario castillo del condado de Berkshire que ocupaban los monarcas cuando se hastiaban de Buckingham. Fue entonces que la familia Battenberg pasó a ser Mountbatten, como fue el esposo de Isabel II, Felipe, que murió en febrero del año pasado a los 99 años y diez meses. Ambos apelllidos significan Mone o Montaña de Batten, que el condado germano de donde proviene originariamente esa rama dinástica.
El caso es que Johnson desciende de una estirpe ligada al imperio otomano por parte de madre, se educó en los colegios más refinados del Reino Unido, como el exclusivo Eton, y tiene una gran cultura que le viene de cuna. La madre, la pintora Charlotte Fawcett, fue profesora de Filología en la facultad de Oxford Lady Margaret Hall. Su padre, Stanley Johnson, fue catedrático en Economía en la Universidad de Columbia, aunque luego hizo carrera entre los conservadores británicos. Sus seis hermanos pueden considerarse brillantes, cada uno de su rubro, desde periodistas -como él mismo lo fue en su juventud- cineastas o empresarios.
De cuna también le vienen esos arrestos de soberbia, rebeldía sin causa e intemperancia de que lo acusan quienes lo padecen de cerca. Es cierto que su caída se fue acelerando luego de que se difundieran las fiestas que hizo en el momento de las restricciones por la pandemia, y que al principio eligió considerar al coronavirus como una gripezinha, al igual que su amigo Donald Trump y el brasileño Jair Bolsonaro. O que los whatsapp con el millonario David Brownlow pidiendo «colaboración» para la remodelación de su residencia generaron rechazo en la sociedad.
La gota que rebasó el vaso, dicen, fue la designación de Chris Pincher como responsable de disciplina parlamentaria de los tories, o sea, el que tenía el látigo para azuzar a los de su mismo partido para que le votaran sus propuestas. Porque se difundió que el individuo había toqueteado “inapropiadamente” a dos señores en un club privado. Y no era la primera vez.
Pero si por escándalos fuera, los Windsor ya hace tiempo deberían haber justificado el nacimiento de una república. Vean The Crown, sino. Por poner un par de ejemplos cercanos, el 13 de enero pasado el príncipe Andrés -el mismo que tuvo su “bautismo de fuego” en la guerra de Malvinas- fue virtualmente exonerado de la sucesión por casos de pederastía en las fiestas que armaba el empresario Jeffrey Epstein. De hecho, aceptó indemnizar en unos 14 millones de euros a una de las víctimas de aquellas tropelías, Virginia Giuffre. Unas semanas más tarde se supo que su mamá, la reina Isabel, le iba a ayudar con el dinero.
Ni qué decir del Megxit, como se conoció a otra expulsión real, la del príncipe Harry y su esposa, la exactriz Meghan Markle. Harry es hijo de Carlos y Diana Spencer, pareja que fue famosa por los escándalos que rodearon la relación -con las infidelidades del heredero de la corona en primer lugar- como bien reflejan filmes, series de televisión y cientos de publicaciones.
En resumidas cuentas: no es que la dirigencia británica se hizo puritana de un día para otro. Más aún, quizás para permanecer en esa casta privilegiada hay que compartir esos valores. Pero el secreto es que no se note tanto.
Y la difusión de esta sucesión de picardías del primer ministro había comenzado a horadar la base electoral de los tories. Jonhson había arrasado en 2019, pero los laboristas ganaron con amplitud en las municipales de mayo pasado. Y en política todo se perdona, menos una derrota que, además, hace prever mayores caídas a nivel general.
¿Se puede esperar un gran cambio en el Reino Unido a partir de ahora? No conviene apostar a eso. Cualquiera que reemplace a Johnson dentro de su partido está tan comprometido como él en una sociedad indivisible con EEUU, de modo nada será diferente en el apoyo a Ucrania contra Rusia. Y si se dieran elecciones y ganara el Partido Laborista, el actual líder, Keir Starmer, comparte esa misma posición.
Para proteger nuestros valores y nuestra seguridad debemos ser firmes en nuestra oposición a la agresión rusa. Debemos apoyar a nuestros aliados ucranianos. Y debemos poner nuestra propia casa en orden.
Escribió Starmer ya en enero.
En cuanto a un asunto crucial para Argentina, tampoco en el caso Malvinas habría que esperar algo diferente. El laborista dijo ni bien asumió el cargo, en abril de 2020, que esa agrupación sostiene el derecho de los isleños a la autodeterminación. Con su antecesor en el cargo, Jeremy Corbyn podría haberse esperado otra cosa. Pero pronto se lo sacaron del medio a base de fake-news–
El otro tema candente para cualquier nuevo inquilino en el 10 de Downing Street es el del diálogo con Europa sobre Irlanda del Norte, a partir de las consecuencias del Brexit. Y allí Johnson también supo cosechar enemigos que ahora se relamen.
El reinado de Boris Johnson termina en desgracia, al igual que su amigo Donald Trump. ¿El fin de una era de populismo transatlántico? Ojala. Las relaciones entre la UE y el Reino Unido sufrieron enormemente con la elección de Brexit de Johnson. ¡Las cosas sólo pueden mejorar!
Tuiteó el belga Guy Verhofstadt, excoordinador del Brexit en el Parlamento europeo.
En otro contexto, la presentación del nuevo Concepto Estratégico de la Otan, en la cumbre presidencial que se desarrolló en Madrid los dos últimos días de junio, hubiese pasado como un documento de actualización de planes destinados a justificar el enorme presupuesto de la Organización Atlántica y los nuevos objetivos hasta el 2030… en el resto del mundo. Como las amenazas del terrorismo en el que se centró el encuentro en Lisboa de noviembre de 2010, cuando se presentó el séptimo plan de defensa, el primero desde los atentados a las Torres Gemelas y hasta ahora en vigencia. La alianza militar ya había tenido una participación letal en las guerras balcánicas que disolvieron Yugoslavia y en las invasiones a Irak y Afganistán, pero aún no habían incursionado en Libia y Siria. Como siempre, bajo la batuta de Estados Unidos.
Esta vez, el compromiso tiene un cariz más dramático, al punto que el principal tema fue la guerra en Ucrania, la nueva expansión hacia el oeste de la Otan, con el acuerdo para comenzar el trámite de incorporación de Suecia y Finlandia, ad referéndum de que Turquía vea efectivamente satisfechas sus exigencias sobre refugiados de origen kurdo en ambas naciones. Básicamente, Madrid fue el marco para que los líderes europeos “pongan el gancho” en un papel que certifica una vieja aspiración de los estrategas del Pentágono y las agencias de inteligencia estadounidenses: plantear quiénes son los nuevos enemigos de Occidente en el siglo XXI. Que como a nadie sorprende, tienen su cabecera en Moscú y Beijing.
El principal adversario designado en el documento, que establece lineamientos por los próximos ocho años, es claramente Rusia, definido como “la amenaza más significativa y directa para la seguridad de los Aliados y para la paz y la estabilidad en el área euroatlántica”. En la capital portuguesa, hace apenas 12 años, la Otan había concebido una “alianza estratégica” de la coalición con Rusia. China ni figuraba en la mesa de arena occidental. Ahora le pusieron el brulote de «desafío sistémico a nuestros intereses, seguridad y valores» al gigante asiático.
El plan militar occidental, entre otras cuestiones, establece el compromiso común de elevar al 2% del PBI el presupuesto de cada miembro destinado a defensa, subir la cantidad de efectivos entrenados para despliegue rápido de los actuales 40 mil soldados a 300 mil. Solo Estados Unidos llevará 100 mil tropas adicionales al continente. Además, estuvieron de acuerdo en establecer varias bases de la Otan en Europa central y oriental, algunas de ellas en territorio de Polonia, que se va convirtiendo en fortín con una frontera de poco más de 200 kilómetros con Rusia, en Kaliningrado.
Respuestas cruzadas
El presidente Joe Biden aludió en su discurso en Madrid a la sólida unidad de la alianza atlántica. Pero esa unidad muestra algunas piezas un tanto agarradas con alfileres. El ingreso de los dos países bálticos –rompiendo una tradición centenaria de no enfrentamiento con el vecino de la Unión Soviética primero y ahora de la Federación Rusa– está condicionado por el gobierno turco. El sí de Recep Tayyip Erdogan apareció a horas del inicio de la Cumbre. Pero Ankara pide la extradición de militantes del PKK, el partido kurdo acusado de terrorismo. Estocolmo y Helsinki aceptaron “luchar contra la presencia y las actividades de organizaciones terroristas” en sus países. Sin embargo, aseguran que la entrega de los imputados por Turquía está en manos de la Justicia.
“Por supuesto, las promesas son importantes, pero para nosotros, la implementación es más importante. Nos movemos con cautela como un país que ha sido apuñalado por la espalda montones de veces en su lucha contra el terrorismo. Por lo tanto, seguiremos muy de cerca si se cumplen estas palabras”, dijo Erdogan al regreso a su país.
Desde Moscú, el canciller Sergei Lavrov definió a la nueva estrategia de la Otan como “una nueva cortina de hierro” que está cayendo entre Rusia y Occidente, en referencia a una frase que acuñó el ex primer ministro británico Winston Churchill para definir el cerco entre la URSS y Europa durante la Guerra Fría. «Que tengan cuidado y no se pellizquen los dedos en ella», bromeó Lavrov, para luego advertir que el Kremlin analiza las decisiones tomadas en la capital española, que podrían, aclaró, ser violatorias del Acta Fundacional firmada a la caída de la Unión Soviética para mantener en nuevo statu quoy adelantó que el gobierno de Vladimir Putin «decidirá dependiendo de hasta qué punto y cómo se plasmen en la realidad las decisiones adoptadas y anunciadas por la Alianza Atlántica».
Desde Beijing respondió el vocero de la cancillería, Zhao Lijian. «Este supuesto documento de Concepto Estratégico de la Otan ignora la realidad y presenta los hechos al revés. Se empeña en manchar la política extranjera china», dijo Zhao. Pero no se quedó ahí: «China no es en absoluto el desafío sistémico que se imagina la Otan. En realidad, es la Otan la que constituye un verdadero desafío sistémico para la paz y la estabilidad mundiales». Y recordó la intervención de la alianza en Afganistán, Libia y el bombardeo de la embajada de China en Serbia, en 1999, donde murieron tres periodistas chinos, un hecho que no olvidan en Beijing. «Las manos de la Otan están manchadas de sangre de los pueblos del mundo», concluyó.
En los campos de batalla, en tanto, las fuerzas separatistas de Lugansk con el apoyo de las tropas rusas que cruzaron la frontera desde el 24 de febrero pasado informaron tener rodeada la ciudad de Lysychansk, lo que les permitiría cerrar el control de esa parte del Donbass. Kiev negó la veracidad de esta información, al tiempo que confirmó haber tomado completamente la Isla de las Serpientes, en la región de Odesa, y haber destruido equipamiento ruso encontrado en ese lugar.
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