La intervención militar en Níger para reponer en el poder al presidente Muhammad Bazum se volvió a demorar por «razones técnicas» mientras que los militares golpistas parecen extender su control sobre el país y multitudes de pobladores salieron a las calles en su apoyo luciendo banderas nigerinas y rusas. El domingo pasado vencía el plazo que el Estado Mayor de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) le había dado a los jefes de la revuelta para volver a los cuarteles y devolver el poder al presidente constitucional. Los líderes de esta opción intervencionista cuentan con el apoyo irrestricto de los gobiernos de Francia y Estados Unidos, los principales perjudicados por el levantamiento, y un puñado cada vez menor de naciones africanas que el viernes habían ordenado movilizar su «fuerza de reserva».
Pero Rusia es ya un jugador fuerte en esa región, lo mismo que China, y los vecinos más próximos de Níger, Malí, Burkina Faso, Chad y Argelia, ya avisaron que no aceptarán semejante aventura en el Sahel, porque quieren evitar una guerra de magnitud regional impredecible. De hecho, el Kremlin avisó que no aceptará una operación militar en esa nación sin decir nada. El más decidido belicista es el presidente de Nigeria, Bola Tinubu, que sin embargo no logró que el senado le aprobase el envío de tropas al exterior.
Este viernes, la junta militar al mando del general de brigada Abdurahamane Tchiani mantuvo la primera reunión del Consejo de Ministros, un gabinete de 21 miembros, entre ellos seis militares. Paulatinamente, los nuevos dirigentes militares van tomando control de los resortes estatales en todo el país, lo que complica las posibilidades de que regrese al poder el derrocado Bazum.
El gobierno de facto, en principio, bloqueó las exportaciones de uranio, cuyo principal destino de exportación es Francia, que tiene un 80% de centrales eléctricas nucleares. Ahora acusó al gobierno de Emmanuel Macron de haber liberado a terroristas presos y de haber violado el espacio aéreo nigerino con aviones de la Fuerza Aérea gala.
El llamado Consejo Nacional para la Salvaguardia de la Patria (CNSP), que tomó el poder el 26 de julio pasado, justificó su intervención en la necesidad de combatir con mayor eficacia al terrorismo yihadista y detuvo a Bazum bajo cargos de traición a la patria por su connivencia con franceses y estadounidenses y sobre todo con la empresa que explota las minas del elemento estratégico, Orano, en la que el 85% de las acciones pertenecen a capitales franceses y el resto el Estado nigerino.
Entre los argumentos del nuevo régimen nigerino contra los países occidentales figura el apoyo de la CIA y el DGSE, el servicio de inteligencia francés, a los grupos yihadistas que asolan a la población civil. Cifras no oficiales hablan de al menos 2000 asesinatos a manos de esos grupos en la primera mitad del año. Francia negó tanto la incursión aérea -dijo que fue una operación que había sido arreglada previamente con los militares, sin mayores precisiones- como la liberación de terroristas.
El CEDEAO había enviado un ultimátum a los golpistas ni bien se produjo la asonada militar que vencía el 6 de agosto. Pero fue evidente que no todos los países que integran ese foro estaban dispuestos a cargar con la mochila de una guerra. El CNSP tiene apoyo ruso y muchos de los manifestantes que salieron a las calles portaban banderas rusas junto con las nigerinas, aunque la posición oficial del Kremlin es que se necesita de una salida política para resolver la situación. Los últimos golpes en esa región del Sahel, en Burkina Faso y Malí, dejaron en el poder a líderes con pocas ganas de mantener la dependencia de Occidente y que ven con simpatía el nuevo juego geopolítico que se desarrolla en el mundo. Además, China ya no es un convidado de piedra, aunque formalmente conserva su distancia y reclama, también, soluciones negociadas.
La Casa Blanca, a su vez, exigió la liberación de Bazum y pidió garantías para su vida, su seguridad y la de sus familiares. «A medida que pasa el tiempo, como está aislado, es una situación que nos preocupa cada vez más», dijo Matthew Miller, vocero del departamento de Estado. Antony Blinken, el jefe de esa dependencia, cuestionó la negativa del nuevo gobierno a entregar a los familiares de Bazum. Esa sería una pieza para la negociación del CNSP.
En vista de que la amenaza de intervención no funcionó como esperaban y de que no hay acuerdo en el CEDEAO para lanzarse sin red a una guerra, el titular protempore de ese organismo, el presidente Bola Tinubu sostuvo este viernes que “la diplomacia es la mejor vía” para arreglar la crisis, aunque agregó que no se descarta ninguna otra opción. Pero por lo pronto la reunión cumbre que se iba a desarrollar ayer en Accra, la capital de Ghana, fue suspendida hasta nuevo aviso “por razones técnicas”.
La presidenta del Consejo de Ministros de Italia, la ultraconservadora Giorgia Meloni, lanzó una medida que afecta algunos de los fundamentos de su propio partido y sobre todo los intereses del mundo financiero: un impuesto extraordinario de un 40% sobre las superganancias de los bancos de los últimos dos años. Aunque por eso de que «así como te digo una cosa te digo la otra», antes había decidido eliminar la llamada «renta de ciudadanía», un beneficio que garantizaba un ingreso mínimo de entre 200 y 780 euros a familias en situación de extrema pobreza y que se aplicaba a cerca de 170 mil personas.
En un breve discurso que emitió por las redes sociales, la lideresa del partido Fratelli d’Italia (Hermanos de Italia, FdI) justificó el nuevo impuesto en que los bancos aumentaron las tasas activas como una medida para contener el aumento de la inflación, siguiendo directivas de los organismos europeos. Sin embargo, las tasas pasivas quedaron iguales, con lo que se apropiaron de esa diferencia entre lo que pagan por los depósitos y lo que cobran por un crédito. No sólo sin que la sociedad pudiera tener ningún beneficio, sino que potenciando la propia inflación de los costos.
La iniciativa anunciada el miércoles, según especificó la exministra de la Juventud de Silvio Berlusconi, se centra en las instituciones que hayan ganado en este año un 6% más que en 2022 o que el año pasado hubieran tenido ganancias superiores al 3% con respecto a 2021. Y el 40% se aplicará sobre esa ganancia extraordinaria.
«Vivimos una fase complicada y la respuesta del Banco Central Europeo fue intervenir con una política de tipos de interés muy decidida. Así aumentan los precios, el costo del dinero y las hipotecas, los préstamos existentes y conduce a una contracción de la economía. Para nosotros es fundamental que el sistema bancario se comporte correctamente». Meloni calificó de «ganancia injusta» a ese récord de ingresos bancarios y puntualizó que el impuesto será exclusivamente sobre ese «margen injusto».
Sin embargo entre el anuncio y la realidad aún falta un trecho y las quejas de los banqueros y de sus voceros políticos y mediáticos no se hicieron esperar. Antonio Tajani, vicejefe de gobierno, de Forza Italia, avisó que su partido –que fue fundado en 1994 por Berlusconi– promoverá cambios en la normativa que llegue al Parlamento. En la bolsa, los inversores dieron su parecer con una baja en la cotización de las acciones de las entidades que promedió 3%, aunque en el caso de Intesa Sanpaolo y Unicredit las pérdidas van del 8,6% al 5,9%. Sucede que el Intesa Sanpaolo, la mayor entidad privada del país, había registrado beneficios de unos 4200 millones de euros y su competidor cerca de 4400 millones.
Según la primera ministra, el monto obtenido permitirá reducir impuestos a familias pobres y de clase media para impulsar la economía de la península. Entre los apoyos políticos a la medida está el otro socio en el gobierno, el vicepresidente segundo Matteo Salvini, de la Liga del Norte. «Es una norma de sentido común usar parte de los mil millonarios beneficios de la banca para ayudar a las familias y a las empresas golpeadas por las subidas de los precios», dijo. El centroizquierdista partido Cinco Estrellas, que conduce Giuseppe Conte, recordó que desde marzo venían reclamando «una intervención sobre los beneficios acumulados por los bancos para obtener recursos que ayuden a los ciudadanos afectados por el aumento de los precios y las hipotecas».
La iniciativa se produce cuando el Instituto Nacional de Estadística (Istat) informó que el PBI italiano cayó un 0,3% en el segundo trimestre, con bajas pronunciadas en la agricultura, la silvicultura, la pesca y la industria. El índice de precios, por otra parte, registró un incremento anual de 6,4% en junio, algo menos que en mayo, que había sido de 7,6%, pero entre los mayores de la Unión Europea. El 31 de julio, el gobierno de Meloni había informado vía SMS a los beneficiarios que se les daba de baja de la renta ciudadana. Ese ingreso para los más vulnerables se había implementado hace cuatro años mediante un acuerdo entre la Liga y el partido Cinco Estrellas, pero desde el vamos Meloni mostró su rechazo por considerarlo una salida populista a la que había calificado como «la metadona del Estado».
Migrantes y la pelea de fondo Musk-Zuckerberg
Mientras frente a la isla italiana de Lampedusa al menos 41 personas morían durante el naufragio de una embarcación repleta de migrantes que venían de Guinea Conakry, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), el supermillonario Elon Musk reveló haber mantenido conversaciones con la premier italiana Giorgia Meloni y el titular de la cartera de Cultura, Gennaro Sangiuliano para «acordar una ubicación épica» al desafío que mantiene con Mark Zuvkerberg.
Musk, dueño entre otras empresas de la red social Twitter, ahora rebautizada X, mantiene un reto cuerpo a cuerpo de artes marciales mixtas con el propietario de Meta, el nuevo nombre de Facebook. «El directo en streaming será en esta plataforma y en Meta. Todo en el enfoque de cámara será la antigua Roma, así que nada moderno en absoluto (…) Todo lo que se haga rendirá respeto al pasado y presente de Italia», publicó Musk. La pelea se realizaría el 26 de agosto, de acuerdo a la propuesta de Zuckerberg.
Si el Fondo Monetario Internacional (FMI) eligió esperar hasta después de la PASO para refrendar el acuerdo por la refinanciación de la montaña de dinero que entregó a la gestión de Mauricio Macri, bien puede el Gobierno nacional esperar unos días más y recibir la sorpresa de que los países del BRICS aceptan a la Argentina como uno de los nuevos socios, lo que abriría las puertas del club que ya apunta a ser el más poderoso del siglo XXI. El grupo, integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, concentra el 42% de la población mundial, cubre el 30% de la superficie del planeta, sostiene el 20% del comercio internacional y representa el 23% del PBI total, y se prepara para una cumbre en Johannesburgo entre el 22 y el 24 de agosto que se considera clave para este momento de rediseño de la arquitectura geopolítica internacional. Fueron invitados 69 países, de los que ya dieron el sí una veintena. Se trata de naciones de Asia, África y el sur global, todo un símbolo de pertenencia que fue la excusa formidable para decirle no al mandatario francés Emmanuel Macron, que quería ser de la partida. En la ciudad sudafricana se trataría el ingreso no solo de Argentina sino, entre otros, de Arabia Saudita, Irán, Argelia, Bielorrusia, Egipto, Venezuela, Indonesia y Turquía. Pero permanece como incógnita si habrá o no ampliación, algo que debe hacerse por consenso. El BRICS viene mostrando que le da al cuero para discutir el tablero internacional más allá de los dados que cayeron al fin de la segunda guerra mundial y dieron como resultado la creación de la Organización de Naciones Unidas, con un Consejo de Seguridad integrado por cinco miembros permanentes con derecho a veto. Ya desde los tiempos de Néstor Kirchner como presidente, y en sintonía con el brasileño Lula da Silva, se intentó, por un lado, ampliar la mesa de esos «Cinco Grandes» (EE.UU., Rusia como heredera de la URSS, Francia, Reino Unido y China) para construir un mundo multipolar.
Mesa chica La otra opción, mucho más explícita durante los gobiernos de Cristina Fernández, fue pedir el ingreso a esa liga de naciones que dibujó en 2001 un poco como un juego de siglas el economista británico Jim O’Neill para explicar su teoría de que cuatro países estaban llamados a ser las mayores potencias del siglo que comenzaba. Eran los BRIC y dejaron de ser un juego cuando en 2008 los líderes de esas cuatro naciones originales decidieron recoger el guante. Dos años más tarde se sumaría Sudáfrica para agregarle la S final y una silla para el continente. Entre el 2015 y la actualidad «pasaron cosas» y Argentina quedó en stand by acerca de construir algo así como el BRICSA: el expresidente Mauricio Macri no hizo nada por buscar el ingreso. De su colega brasileño, Jair Bolsonaro, se pueden decir muchas cosas, pero nunca esbozó la menor crítica al organismo. Baste decir que, en su última intervención, en la cumbre de junio de 2022, destacó que «el grupo representa un factor de estabilidad y prosperidad en el escenario internacional, así como un modelo de cooperación basado en beneficios para todas las partes». Fue en esa asamblea en Beijing que, de manera virtual, Alberto Fernández aprovechó la invitación para pedir formalmente la incorporación de la Argentina, cosa que le prometieron estudiar. Se entiende que en la mesa chica del grupo, Argentina ahora tiene dos votos favorables, el de Brasil y el de China, y las circunstancias dan para un moderado entusiasmo de las autoridades. La crisis de reservas favoreció un intento de recurrir al Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (BNDES) en mayo de este año, que terminó empantanado porque en rigor de verdad, Lula no puede disponer a voluntad de dinero ni de esa institución ni del Banco Central, que debía ser garante de la operación. Peripecias de la independencia de la máxima entidad monetaria de un país. El líder metalúrgico tampoco pudo facilitar un crédito del recién creado Banco BRICS, que dirigía desde abril la expresidenta brasileña Dilma Rousseff, porque Argentina no forma parte del grupo. La próxima jugada del ministro de Economía Sergio Massa fue pagar parte de los vencimientos que se sucedieron con el FMI en yuanes, mediante la aplicación del acuerdo con China que data de 2009, refrendado por Cristina Fernández y luego también por Macri, pero que nunca se había utilizado hasta ahora y que se extendió al pago de importaciones con la moneda china. La «sequía» de fondos frescos también llevó a que se recurriera a créditos de Qatar y del Banco de Desarrollo para América Latina y el Caribe (CAF), una manera de resguardar los dólares que quedan en el Banco Central. La semana pasada, Lula Da Silva apoyó de manera indirecta la candidatura de Massa a la primera magistratura cuando dijo en una rueda de prensa: «Le pido a Dios que la democracia venza en Argentina y que no gane un candidato que piense que inversión social es gasto o quiere privatizar todo». La pertenencia a BRICS es un horizonte deseado y en vista de la realidad actual, hasta imprescindible para el país, más allá de quien llegue a la Casa Rosada en diciembre. Es que el grupo no solo trataría la ampliación de sus miembros, a efectos de fortalecer sus espaldas, sino a discutir la creación de una moneda de intercambio común con respaldo en oro. Sería un regreso a las épocas de Breton Woods, pero sin el dólar como moneda de reserva internacional. Una amenaza letal para la hegemonía estadounidense.
Si la lista de golpes «con olor a petróleo» se hizo particularmente extensa desde el derrocamiento del primer ministro iraní Mohammad Mosaddeq mediante una operación conjunta de la CIA con el MI6 británico, hace exactamente 70 años, el derrocamiento de Mohamed Bazum en Níger tiene aroma a uranio. Y puede desencadenar una escalada bélica en la región del Sahel de consecuencias impredecibles para el continente africano. Este domingo vence el plazo que Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (Cedeao) le dio a la junta militar del Consejo Nacional para la Salvaguardia de la Patria (CNSP) que lidera el general Abdourahamane Tchiani para reponer al presidente expulsado del poder el 26 de julio pasado.
El Cedeao se reunió este viernes para planear una intervención armada tendiente a recuperar por la fuerza las instituciones democráticas, pero algunos de los socios de esa organización ya avisaron que no serán de la partida. «Nunca intervendremos en Níger por medios militares. Preferimos el diálogo para que la estabilidad pueda volver a Níger», dijo el ministro de Defensa de Chad, Daoud Brahim Yaya. Las autoridades francesas, por su parte, pasaron de amenazar con una operación militar a «apoyar con firmeza y determinación» los esfuerzos de Cedeao por restituir a Bazum pero sin sumarse a una aventura bélica.
El retiro vergonzante de Mali el año pasado es un antecedente que no quisiera repetir la administración de Emmanuel Macron. Y con el de Burkina Faso y ahora Níger, el gobierno de Malí integra un frente antioccidental que tiene mayores cercanías con Rusia y abrió las puertas al grupo Wagner. El líder burkinés, Ibrahim Traoré, incluso, anunció que puso a su ejército en «estado de guerra». Traoré es el hombre de vistoso uniforme color terracota y boina roja que acudió a la cumbre Rusia-Africa en San Petersburgo de la semana pasada y se mostró más amistoso con Vladimir Putin.
Francia, en los papeles, es el país extranjero más directamente afectado por el cambio de mando en Níger ya que el 80% de la electricidad que consume la produce en sus 58 plantas atómicas. Más del 30% del mineral proviene del país africano, que participa con un irrisorio 15% de acciones en una empresa minera mixta, la Société des mines de l’Aïr (Somaïr). El CNSP acusa a Bazum de ser un político corrupto financiado con los ingresos de Somaïr y sin interés en el desarrollo. En Níger hay un 43% de población viviendo por debajo de la línea de pobreza.
Pero también el golpe preocupa a Estados Unidos, ya que en Níger tiene dos bases para drones desde las que parten aeronaves no tripuladas para espionaje sobre el Sahel y África Oriental. Francia aún mantiene dos bases en las que permanece un contingente de unos 1500 soldados. Tchiani ya pidió retirar a esas tropas, cerró la exportación de uranio, expulsó a los medios de información galos y se prepara ante un eventual ataque. Es que la vecina Nigeria se sumaría a una intervención y el presidente Bola Tinubú pidió al senado una autorización para utilizar a las fuerzas armadas en el exterior.
Tanto la ONU como la Unión Europea y la Unión Africana condenaron el golpe casi en bloque, al igual que Estados Unidos. Rusia, por su lado, fue uno de los países que tomó mayor distancia, aunque verbalizó la necesidad de volver a la senda institucional. Pero el canciller Sergei Lavrov aprovechó para recordarles a los países occidentales que en 2014 no pusieron el mismo énfasis democrático cuando fue destituido Viktor Yanukovich en Ucrania. China, a su vez, llamó a una resolución pacífica del conflicto. En el mismo sentido se pronunciaron Guinea y Argelia.
Un artículo del Wall Street Journal recuerda que EE UU entrenó a tropas nigerinas y las consideraban como afines a la Casa Blanca. El Washington Post, por otra parte, publicó una columna firmada por Bazum donde insta «al gobierno estadounidense y a toda la comunidad internacional a ayudarnos a restablecer el orden constitucional» y asegura que «el pueblo de Níger nunca olvidará su apoyo en este momento crucial de nuestra historia».
En 2001 Larry Sanger y Jimmy Wales fundaron lo que prometía ser una fuente de acceso veloz y confiable a todo el conocimiento de la humanidad. Era la actualización de la enciclopedia de Chambers y Diderot en el siglo XVIII, pero escrita por una comunidad libre, abierta y colaborativa. La idea era que cada artículo pudiera ser revisado por cualquier persona que aportara, corrigiera, contrastara, completara los datos disponibles. Sanger acababa de doctorarse en Filosofía, Wales era ya un experto en negocios informáticos y finanzas. Sanger bautizó el término Wikipedia uniendo una palabra hawaiana, wiki, rápido, con la terminación griega para educación o formación paideía.
Esta enciclopedia del siglo XXI es una fuente de información usada por millones de personas en todos los idiomas disponibles. Hoy sigue siendo veloz pero ya no resulta confiable, según desmenuzó el propio Sanger en una entrevista con el periodista británico Glenn Greenwald. Un par de ejemplos le sirvieron para puntualizar que su proyecto original se convirtió en un portal manipulado que sólo muestra la versión de los hechos de la CIA, el FBI, el Partido Demócrata y en general el establishment estadounidense.
«La entrada de (Joe) Biden no incluye ninguna mención al hecho de que Hunter Biden (su hijo) recibió $ 600.000 por año para formar parte del directorio de una empresa de energía ucraniana, Burisma, desde 2014 hasta 2019», dijo Sanger, aunque sí se destaca el rol de Donald Trump para que la fiscalía ucraniana investigara el hecho, lo que fue presentado como un intento de perjudicar al candidato y llevó a un pedido de juicio político en la Cámara baja.
Otro detalle: «Hay muchas personas que estarían muy motivadas para entrar y hacer que el artículo sea políticamente más neutral, pero no se les permite». De modo que el sitio «parece asumir… que sólo hay una versión legítima y defendible de la verdad sobre cualquier cuestión controvertida». Y de acuerdo al cofundador, «no es así como solía ser Wikipedia». El filósofo le dice a Greenwald (que fue el periodista que publicó en 2013 las revelaciones de Edward Snowden sobre espionaje ilegal en todo el mundo por agencias de EE UU) que «ya en 2008, las computadoras de la CIA y el FBI se usaron para editar Wikipedia, ¿Creés que dejaron de hacer eso?».
Entre las manipulaciones ostensibles figura la eliminación de la cifra de víctimas de la invasión a Irak y de imágenes de la prisión militar de EE UU en Guantánamo. «Gran parte de la guerra de inteligencia e información se libra en sitios web como Wikipedia», concluyó Sanger.
Es investigador de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) de París y uno de los fundadores en Brasil de la red Multilateralismo y Derecha Radical en América Latina (MUDRAL). Si bien Giancarlo Summa nació en Italia y ahora hace su tarea en Francia, buena parte de su trayectoria se desarrolló en Brasil, donde trabajó en las campañas de Lula da Silva. De paso por Buenos Aires, invitado por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), visitó la redacción de Tiempo para hablar del tema que lo ocupa y preocupa: el avance de derechas radicalizadas en el mundo. «Lo que las investigaciones muestran es que hay una extrema derecha ideológica que tiene un programa estructurado y que si bien no son todos iguales, tienen algunos puntos de contacto», sostiene.
-¿Cómo cuáles?
-Hay una explotación del miedo, que es un sentimiento muy fuerte, mucho más que la categoría de la esperanza, que es normalmente con la que trabaja la izquierda: la esperanza de un mundo mejor. El miedo es muy fuerte porque para nuestro cerebelo es algo primitivo de cuando estábamos combatiendo en la sabana como humanos para poder vivir. El miedo es esencial al neoliberalismo en un mundo de precariedad laboral, incertidumbre por el futuro, por si tendremos trabajo, si vamos a comer. Ante esta incertidumbre existencial una reacción es encontrar culpables de la situación. En América Latina es muy fuerte el miedo por razones de seguridad. En Europa, por los migrantes, los extranjeros, en su mayoría africanos. Otro punto es el de la comunidad homogénea. La idea de la nación o la patria como unidad en la cual unos son los verdaderos autorizados a definirse como los patriotas porque pertenecen a determinados grupos étnicos o tienen una determinada religión o piel. Es una visión del mundo también patriarcal, heterosexual.
–¿No existía eso con el nacionalismo del siglo XX?
–Eso era parcialmente verdadero en la época de la derecha tradicional, cuando el mundo era mucho menos globalizado. Hoy hay gente de todo el mundo que está en todo el mundo y en las últimas décadas hubo un muy fuerte cambio social con el feminismo y la reivindicación de los derechos LGBT. Eso pone en discusión el modelo tradicional de sociedad. Hay una reacción a todo eso.
–Lo que está en juego también es el rol del varón blanco y europeo.
–Eso es algo que percibes en Argentina, en Brasil tenemos una sociedad mucho más mestiza.
–Eso llama la atención, porque hay afrodescendientes que apoyan a Jair Bolsonaro.
–Porque no se sienten un grupo minoritario. Su principal representación no es como afrodescendientes sino como hombres, o los que trabajan para los pobres que viven de subsidios sociales. Hay una serie de categorías que se están superponiendo que no tienen que ver con la visión de clases sociales con las que nosotros trabajábamos. Hay otros niveles de percepción relacionados con cambios sociales, que son algo planetario, de desindustrialización. Si hablamos de la región, ¿Dónde están las industrias? No hay más, es algo marginal. Entonces no hay más sindicatos como había, no hay más lugar donde hombres y mujeres socializaban con compañeros.
–¿No pasó en Europa?
–Es una de las razones es la crisis de la izquierda en Europa. En América Latina teníamos que ocuparnos de otras cosas como la democratización, como los golpes militares hasta antes de ayer. Ellos tienen 15 años de delantera, pero llegamos a eso: sociedades desindustrializadas donde las agrupaciones sindicales no tienen ni la sombra del poder de negociación, de representación, de construcción de una visión del mundo. Esos son elementos centrales: un lugar homogéneo, la familia en crisis, la tradición de un pasado como lugar donde las cosas eran buenas y las relaciones sociales eran distintas.
–Donde las mujeres eran mujeres y el hombre era hombre, dirían.
–Y los países de Europa tenían su papel superior y los países del sur del mundo sabían cuál era su lugar. O como pasa en Argentina, esa cosa orgullosa de decir «nosotros venimos de Europa».
–Todas estas derechas son más radicalmente neoliberales que quienes se reivindican como tales.
–Por eso es una nueva derecha, donde hay un conservadurismo social muy agresivo, una visión nacionalista xenófoba, un rechazo racista. Las derechas tradicionales tenían una visión nacionalista pero con un papel del Estado muy importante en la mantención de sus privilegios. Esta derecha es contraria a los derechos individuales. El único derecho que reivindican es el de propiedad y la única que importa es la libertad económica. Yo analicé 30 mil tuits de (Javier) Milei, que es un ejemplo de manual, y las palabras que más presentes son «libertad carajo». ¿Pero qué libertad? La de hacer cualquier cosa sin control del Estado.
–Como vender a un hijo.
–O un riñón, sin control, sin reglas. La libertad es sólo la de emprender, el único papel que reconocen al Estado es el de arbitraje de contratos y de policía, para reprimir cualquier tipo de oposición social.
–¿Por qué no hay una nueva izquierda?
–Tenemos 40 años de la descomposición social que provocó el neoliberalismo. Es la maduración de los cambios sociales que ocurrieron debido al cambio de sistema económico global. El sistema no se estableció de la misma forma en el mundo y entonces es un fenómeno de las Américas y Europa. Y después está Internet, por lo bueno pero también por lo malo, por la aceleración de la discusión de determinadas ideas. Por nuestro lado, el de la izquierda, todavía nadie supo inventar nada nuevo después de la caída del muro de Berlín. Eso fue en 1989, y en América Latina casi no nos dimos cuenta porque se estaba celebrando la segunda vuelta de las elecciones en Brasil, cuando Lula casi ganó. Cuando la izquierda mundial decía «¿y ahora qué hacemos?» acá se decía «mira, acá la izquierda ganó las elecciones, no es problema nuestro». Después descubrimos que ahora la izquierda tiene los votos pero no tiene las ideas. ¿Cuál es el modelo que la izquierda supo proponer luego de la represión, las dictaduras, la recuperación de la democracia? Esencialmente es el mismo modelo económico un poco más civilizado. Porque no queremos que nadie se muera de hambre, y entonces tenemos algunos programas sociales.
–Un capitalismo amable.
–Funcionó en Europa, en años mejores. Los gloriosos años del 45 al 75, de la reconstrucción, pero 40 años más tarde hacemos sólo la defensa de lo que quedó. La izquierda más de izquierda desapareció de Europa. En Brasil se reeligió Lula pero por muy poco: podría haber ganado Bolsonaro. ¿Qué proponen los gobiernos progresistas? En Francia, donde la economía no está tan mal –casi pleno empleo– las fuerzas que crecen son de derecha y hay convulsión social no organizada, que no se refleja en las elecciones. Y en América Latina, luego del ciclo de dictaduras, creció la desigualdad, la desindustrialización y reprimarización de la economía.
–¿De qué manera influyen los medios?
–Desapareció la importancia de los medios en general para fijar la agenda. Trabajan para inflamar el discurso, con amarillismo, simplificando la información. Y las redes sociales son tierra de nadie, no hay regulación y son manejadas por multinacionales, los gobiernos no se animan a darles pelea. Hay una aceleración de la circulación de ideas extremas, que siempre existieron pero antes no había tecnología para difundirlas. No defiendo ni un poco que la izquierda tenga que trabajar de la misma forma sino que el camino sea justo, ético y aceptable.
–Pareciera que es para cortarse las venas.
–Para nada. El partido con la extrema derecha en América Latina aún lo estamos jugando. En nuestra región están, hoy, los partidos de izquierda y movimientos sociales más fuertes y organizados en el mundo, y la nueva derecha radical aún se está articulando. Hay espacio para resistir y hasta avanzar. Pero la izquierda y los progresistas necesitan tener respuestas a las cuestiones económicas para impulsar un cambio del modelo, salir del neoliberalismo, reducir la desigualdad y proteger el medio ambiente. Y hay que tener respuestas de verdad frente a la campaña del miedo de la derecha. ¿Qué pasó en España? Que la derecha del PPO y Vox no tuvo la afirmación aplastadora que todas las encuestas sugerían. Es cierto que el país se fue a la derecha, pero no como se temía y hubo mayor participación electoral, quizás porque los españoles democráticos, progresistas, fueron a votar a los socialistas para evitar una victoria arrolladora de la derecha dura. Quién sabe esta sea una lección importante para Argentina en octubre.
Comentarios recientes